viernes, 23 de agosto de 2019

La docena de doce de... 1970 (Discos).


El verano avanza a paso ligero, ya estamos en plena Aste Nagusia en Bilbao, aunque un servidor no está viviendo demasiado el ambiente festivo por culpa del trabajo.
Hoy, fiesta mayor de la semana grande bilbaína, tengo libre y me he decantado por pasear y sentarme a leer y escribir un rato, con el último de los Redd Kross sonando de fondo.
En estas estaba cuando se me ha ocurrido improvisar una de mis veraniegas listas de la docena de doce...
No se me ocurría nada original (será el asfixiante calor que tenemos hoy en el botxo), así que me he decantado por una lista recurrente: la docena de doce de 1970, un año redondo en lo numérico y en lo musical.
Vamos con ello, como siempre se aceptan y agradecen aportaciones y polémicas, siempre dentro de un orden.



1. Neil Young - "After the gold rush".


Son tantos los discos magistrales que nos dejó el más grande en la década de los 70s que nunca consigo decidirme por cuál es el que más me gusta. Pero algo si tengo claro: "After the gold rush" fue mi segundo disco de Young y el que me terminó de convencer de que este tipo del sur de Canadá sería quien habría de cambiar mi concepción musical para siempre jamás, por eso va el primero.


2. Led Zeppelin - "III".


El denominado disco acústico (o folk) de los Zepp no hubiese aparecido tan arriba hace unos años, pero es un disco que ha crecido en mis predilecciones en los últimos años. Una vuelta de tuerca de la banda de Page que no fue comprendida en su momento, pero que es indiscutible hoy.


3. The Kinks - "Lola versus powerman and the moneygoround".


Mi favorito de los de Muswell Hill, el trabajo más reaccionario y rompedor. En este catálogo se concentra toda la idiosincrasia creativa en cuanto a estilo y textos de la banda del gran Ray Davies. Me gusta hasta la portada.


4. Van Morrison - "Moondance".


Me ocurre algo parecido a lo que comentaba con Neil Young, no sé cuál de sus discos míticos es el que más me encandila, pero "Moondance" es el que me convenció de que lo que hacía este irlandés no era cualquier cosa, y desde entonces, este elepé es la guía sobre la cual busco la luz dentro de la música del león.


5. Creedence Clearwater Revival - "Cosmos Factory".


Una idea de lo bestial que fue aquella época nos viene dada por el hecho de que una obra maestra como "Cosmos Factory" no sea el primer disco de la añada. Una inapelable colección de temazos como ésta, debería ser el faro musical de un año cualquiera, pero es que aquellos años estaban llenos de atalayas.


6. The Stooges - "Fun house".


Otra obra inquebrantable. Un disco demoledor, donde el fuego de la juventud se une al nihilismo de la nubilidad para desde allí construir un proyecto de destrucción de los cánones establecidos en la música para, sin pretenderlo, pero de manera inexorable, asirse a ellos, pero transformándolos en algo de diferente naturaleza, brusquedad y pureza.


7. The Velvet Underground - "Loaded".


Parece que tras la experimentación más intrincada e inspirada de los precedentes, donde la oscuridad y la intelectualidad más underground despuntaban en obras cenagosas pero mágicas, este último intento de VU se quedaba en un trabajo menor, nada de eso, la tercera vía musical era buscada aquí por uno de los más influyentes fracasos comerciales convertidos en leyenda que ha dado el mundo del arte.


8. John Lennon - "Plastic Ono Band".


¡Vuelta la mula al trigo!!! Cuando nos referimos a la edad de oro de la música en la última centena, nos tenemos que encontrar por fuerza con aparentes despropósitos como éste. Que la obra magna de Lennon en solitario se encuentre en el puesto ocho de su añada solo significa que eran años de una desorbitada creatividad por parte de muchos. Que nadie se haga líos, esto es una POM.


9. The Band - "Stage fright".


Tal vez no alcance el estratosférico nivel de los dos primeros discos de The Band, pero la tercera intentona de la banda canadiense es un trabajo grandioso, además fue el que más copias vendió. Sellaban uno de los tercetos de elepés más gloriosos de la historia y su escucha sigue siendo edificante y sublime.


10. Free - "Fire and water".


Otro que tal baila, una obra sublime, resultado de un momento de inspiración excepcional construido gracias al talento inacabable de unos vocalistas e instrumentistas de excepción. Un disco que siempre me parece percibir que no está tan valorado como creo que merece.


11. George Harrison - "All things must pass".


¡Pues miren, no!!!. No creo que éste sea el mejor disco de un beatle en solitario, ya sé que lo que prima es defender esta opción pero yo no la defiendo. Lo que si tengo claro es que se trata de un disco grandioso, repleto de canciones gloriosas y que pone a Harrison en la órbita de sus compañeros (aunque solo por esta vez).


12. Santana - "Abraxas".


Solo caben doce, y podrían entrar en el farolillo rojo de la lista muchos discos, pero se me antoja que sea "Abraxas". Disco que conocí muy tarde y que no me llamaba la atención, pero que una vez vencidas las reticencias se ha convertido en uno de los discos que más han sonado en casa en los últimos años, cerramos con él.

jueves, 22 de agosto de 2019

Riverboy - "S/T" (2019)



 Navegando sobre acústicas, con torbellinos de colores formados por guitarras y teclas, vaporosas armonías, detalles y efectos que suman pero no saturan...

Carlos Yañez, cantante de la banda sevillana The Milkyway Express, ha decidido este 2019 iniciar un camino en paralelo a su grupo. Y lo hace bajo la nomenclatura: (Charly) Riverboy, el pistoletazo de salida lo da con once temas que agrupa bajo un elepé de título homónimo.
Lo de proyecto paralelo no admite réplica, pues lo que se oferta en este trabajo no tiene nada que ver con lo que habitualmente practica la banda madre, es decir, un rock de ínfulas americanas y sureñas.
Aquí Charly Riverboy salta el charco y se planta en el viejo continente, se ubica en plena época sixtie, cuando la psicodelia azotaba el mundo del pop y del rock, y también, cómo mayoritariamente observamos aquí, el folk británico.
Ecos de Pentangle, Fairport Convention, Soft Machine o Donovan, aunque no se desliga completamente del influjo gringo, observándose efluvios del Gene Clark más lisérgico o del espíritu sónico del San Francisco del verano del amor.
Empapa mayoritariamente las radiantes luminarias sónicas el folk, y también el pop, aunque algún ataque guitarrero nos deja entrever al rockero que hay detrás del experimento.
Las composiciones están a la altura de lo que la osadía de este ensayo merece, y forman, junto a una exquisita y erudita producción, un trabajo en el que la belleza y la espiritualidad se funden con el carácter y la fe ciega que se advierte que ha sido depositada en todos y cada uno de los cortes, redondeando finalmente un equilibrado y suculento catálogo.
Navegando sobre acústicas, con torbellinos de colores formados por guitarras y teclas, vaporosas armonías, detalles y efectos que suman pero no saturan, se van despachando temas de diversa envergadura: "A riddle in a pocket"; "The other side"; la barroca "Golden flash of light"; la agitada "Lightning horse" o la cálida "Cigar man".
Más ortodoxa se muestra "Dragonfly's yard" o "To you", ambas muy británicas en su esencia mesetaria, con mención aparte para la ambiciosa e intensa "Rusty knives".
Aunque son los instantes más bucólicos y pastoriles los que más me conquistan, con las magníficas y hermosas: "Damned", "Pati""The wind in the willows"; que a un servidor le recuerda al Gene Clark del "No other".
Rotundo debut en solitario de Charly Riverboy, con un disco de fuerte y reconocible esencia, facturado con conocimiento de causa, gusto y buenas canciones, lo que lo convierte en un destacado cancionero dentro de lo que podremos encontrar este curso.



Se recomienda visitar la reseña sobre este mismo trabajo publicada por Juanjo Mestre para el Exile SH Magazine pinchando AQUÍ.

martes, 20 de agosto de 2019

Entrevista: Gonzalo Aróstegui Lasarte nos habla de "La figura de cartón"


Hola Gonzalo, un placer poder departir contigo otra vez a propósito de un libro tuyo. Parece mentira que hayan pasado siete años desde que comentamos los pormenores de “En los antípodas del día”, tu segunda novela.
En esta ocasión vamos a hablar de tu libro de relatos “La figura de cartón”, que ha visto la luz siguiendo un camino diferente al tomado en tus dos novelas precedentes.
“La figura de cartón” ha sido publicada gracias a una campaña de mecenazgo, o crowdfunding. El proceso ha sido llevado a cabo con la editorial Libros.com, que se dedica a este tipo de operaciones con campaña de mecenazgo y posterior publicación. 



ADDISON: ¿Qué tal la experiencia del mecenazgo y del proceso de impresión con esta editorial?
GONZALO: En general bien, pero se me ha hecho un poco larga la espera hasta ver el libro publicado. El mes en sí de mecenazgo fue muy estresante. La idea me la dio Juanmi Contreras, que publicó su excelente novela “Canciones de cuna y de rabia” antes que yo en libros.com.


AD: Imagino que es poco menos que imposible que una editorial apueste por la obra de un autor no consolidado o bendecido por diversas deidades. ¿Es necesario ser un valiente para lanzarse a publicar?
G: Imposible no, pero sí muy difícil. Si realmente quieres publicar lo puedes conseguir; eso sí, hay que ser muy tenaz.


AD: Se me antoja que las semanas de búsqueda de mecenas es dura, estresante. ¿Cómo lo viviste?, ¿Hay que convertirse en vendedor, al menos un poco?
G: Sí, como te he comentado es muy estresante. Lo de vendedor es tal cual, como anécdota que puede ilustrar el proceso te diré que un amigo me comentó que se sentía presionado. Y no le faltaba razón, me convertí en un auténtico azote para familiares, amigos y conocidos, ja, ja, ja.



AD: Si te parece vamos con “La figura de cartón”. Subdividida en tres actos: “Relatos de juventud, dolor y violencia”. Al leerla se aprecia cierta cronología, ¿es así? Quiero decir, fueron escritos cronológicamente, o la cronología se ha impuesto a posteriori, aunque fueron escritos en momentos aleatorios en el tiempo.
G: La cronología vino después, me pareció buena idea agruparlos así para dar una unidad al libro.


AD: Los relatos incluidos en la sección “Juventud”, ¿son los más cándidos?, escritos cuando aún no habías respirado demasiado veneno social, cuando los sueños eran algo asumible, ¿o son ejercicios de nostalgia?
G: Yo creo que son más los ejercicios de nostalgia que dices. Cuando eres joven tienes ilusiones, esperanzas, la emoción está a flor de piel. Eres, ciertamente, más cándido.


AD: Aquí dejas claro -más que en las otras divisiones- tu amor por el rock and roll. Me consta que es así, ¿Qué porcentaje de vivencia hay en estos relatos?... especialmente en el primero y el tercero.
G: Son los relatos con más componente autobiográfico, aunque las vivencias reales se mezclen con otras totalmente ficticias. El resultado es, sí o sí, ficción, la verdad de las mentiras, que diría Vargas Llosa.


AD: también hay en “Juventud” un cierto tono canalla, reaccionario. ¿Imagino que es prerrogativa de la edad en la que están circunscritos estos textos?
G: Lo dice el protagonista de “Bob Dylan y Lou Reed en una isla vasca”, “cuando eres joven eres estúpido, engreído y pretencioso, pero al menos eres algo”.


AD: Los relatos de la sección “Dolor” son los más duros. Hay opinión social y política, o lo parece. Y también exhalan cierta conciencia social, frustración y por supuesto dolor. ¿Corresponden a un ir despertando a la vida?
G: La vida es, principalmente, dolor y frustración, creo que queda reflejado en esos relatos. Mi conciencia social es sabida por quien me conoce, pero no me gustaría que los relatos trasmitiesen adoctrinamiento alguno.


AD: Además de dolor, siento también tristeza. El relato de “El triunfo de las máquinas” me parece tremendo, triste y descorazonador, me recordó a “Metropolis” de Lang. ¿Hay, efectivamente, esta tristeza en estas historias?
G: Me parece que la hay sin duda alguna. Me has dejado pensando con la comparación con el clásico de Lang, gracias por el halago.


AD: ¿Y decepción?, con el mundo, con los que nos han contado milongas que no eran sino cantos de sirena.
G: Quizá haya decepción en “Autoedición”, en el resto de relatos y personajes no la veo. Pero tu visión es igual de válida, si no más, que la mía.


AD: Es que creo que en este espacio de “Dolor” es donde más nos encontramos a Gonzalo Aróstegui Lasarte, el ser humano. Parece que disparas más que escribes, no sé, igual es cosa mía. ¿Cómo llegan estas letras a convertirse en texto, bajo que sentimientos?
G: Son tus sentimientos más profundos los que te empujan a escribir, pero una vez lo estás haciendo (y corrigiendo) la exigencia debe ser principalmente estética. Es decir, lograr un texto literariamente válido.


AD: Me ha gustado mucho “Asumo”, ¿frustración y crítica hacia una sociedad sumisa y acobardada? Una sociedad fea que todos contribuimos a hacer real.
G: Lo escribí tras conocer la historia de una chica a la que le había pasado algo similar a lo que narro, y me puso los pelos de punta. El capitalismo en su forma neoliberal ha ganado su batalla, la degradación de la sociedad es extrema. Lo resumiría en dos vocablos: desasosiego y miedo.


AD: Y por supuesto “Autoedición”. ¿Se basa en la publicación de alguna de tus dos novelas?, ¿es tan jodida la cuestión de editar un libro?, por qué a uno se le quitan las ganas.
G: Sí, está basado en la publicación de mi primera novela, pero con varios añadidos y exageraciones. Está difícil la cosa, sí.


AD: El otro día, hablando por teléfono, me dijiste que los libros los entienden mejor los lectores que lo propios escritores, me dejó un tanto perplejo. Explícanos un poco por favor.
G: Es por una cosa que decía Borges, cuesta más leer un libro que escribirlo. Puede parecer una boutade, pero si lo piensas no le falta razón. Los lectores atentos tienen una perspectiva más amplia que la del autor, ven cosas que éste, ensimismado en su creación o en su mundo, no es capaz de ver. Es importante, de todos modos, recalcar lo de “atentos”.


AD: Vamos con el final, “Violencia”. A pesar del título, creo que es donde más sentido del humor hay, incluso donde más relajados aparecen los sentimientos, utilizas una prosa más cauta, menos afilada, ¿es así?
G: Lo del humor es una apreciación tuya que me parece muy interesante, yo no lo veía así, pero creo que tienes razón. Lo aplicaría a “Antidisturbios” y a “La figura de cartón”, eso sí. “Febrero de 1977” no tiene humor, al menos en mi opinión, de hecho podría ser parte del apartado de “Dolor” sin problema.


AD: Creo que aquí se encuentra el mejor relato (he cambiado de opinión, tras volver a leer los dos relatos en conflicto), “La figura de cartón”, es una ocurrencia que me dejó atónito que esté basada en algo que realmente se hace. Cuéntanos.
G: Fue una noticia que leí hace tiempo: el departamento equis del ejército de Estados Unidos enviaba figuras de cartón (o material similar) a las familias de los marines que estaban ocupando Irak o Afganistán, para que les recordaran mientras mataban o torturaban a la población del país. Iba a ser un relato realista, pero la historia me llevó por terrenos alegóricos e incluso surrealistas. Que la realidad supera a la ficción es un tópico bastante cierto. Digamos que la ficción es realidad enmascarada, envasada y ordenada para que el lector se la coma como otra cosa.


AD: Lo de los “Antidisturbios” es muy fuerte, irónico y frenético. Y creo que algo de eso hay, ¿tanta experiencia tienes en manifestaciones?
G: Mucha, ja, ja, ja. Sí recuerdo que de joven en el colegio iba a mi curso el hijo del delegado de del gobierno central en Navarra y nos contaba lo que escuchaba en casa de cómo se preparaban los antidisturbios antes de salir a cargar. No es algo nuevo, siempre hemos oído de los soldados bebiendo antes de la batalla para que el alcohol les insuflara los ánimos que era difícil tener de otro modo.

AD: El compilatorio me parece muy variado y equilibrado. Eran los relatos que tenías escritos, o has hecho una selección, si es así, ¿en qué principios te has basado para quedarte con éstos?
G: Tenía dos relatos más y los descarté, eran ingeniosos pero no casaban con el resto ni tenían la exigencia formal necesaria. Me alegra que me digas lo del equilibrio, pensé mucho el orden de los relatos y su adecuación al conjunto. Es un viaje de ida y vuelta, pues eran los propios relatos los que marcaban el tono que a su vez les iba a permitir mantenerse o salir. Los dos que comento tuvieron que salir.


AD: El estilo entronca con tus dos novelas, eso quiere decir que has conseguido un estilo propio, cosa que no me parece fácil, y además hay literatura, con ese don se nace ¿verdad?
G: Seguramente, se tiene o no. Te agradezco mucho que consideres que tengo un estilo propio.


AD: Vamos con el futuro. ¿Qué planes tienes?, ¿piensas volver a publicar? Repetir la experiencia de mecenazgo. Cuéntanos un poco que podemos esperar del escritor Gonzalo Aróstegui Lasarte.
G: Me gustaría publicar un libro de poesía (¿algún editor se anima?) y seguir ampliando mi blog, Ragged Glory, que ya tiene once años a sus espaldas. Escribir sobre la música que me gusta es un placer inigualable.


AD: Creo que nos hacemos una idea de lo que esconde “La figura de cartón”. Ha sido un placer poder charlar este rato, si quieres decir algo más, habla ahora o calla para siempre.
G: El placer ha sido mío, de verdad. Espero que los lectores disfruten del libro.


Muchas gracias Gonzalo, un abrazo fuerte.


Otro abrazo para ti.

lunes, 19 de agosto de 2019

Los lunes... escenas de cine - "Marty"


"Marty" (1955) es un film de tremenda sencillez, casi se podría denominar como una humilde construcción dramática creada con personajes de perfil bajo y un argumento simple y rutinario.
Pero lo cierto es que esta cinta, debut del realizador Delbert Mann es mucho más de lo que parece.
Marty, un extraordinario Ernest Borgnine, es un carnicero treintañero que vive con su madre en la zona italiana del barrio del Bronx. Tímido y apocado, nunca ha tenido ninguna relación amorosa. Su familia, amigos y las clientas de la carnicería le atosigan a este respecto, instándole a casarse, pues ya tiene treinta años.
Cuando conoce a Clara, Betsy Blair, una maestra de escuela de similar edad y personalidad, inicia con ella una relación. Ambos saben que no forman la pareja más atractiva de la ciudad, lo que le cuesta a Marty la no aceptación de Clara por parte de la familia y los amigos.
Retratados quedan los prejuicios de la sociedad, y también la crueldad, la hipocresía y el abuso como arma para salvaguardar el ego propio.
Magníficas interpretaciones, estupendo ritmo narrativo y preciosa, a pesar de lo simple, historia que supone una total contradicción con los romances habituales en Hollywood formados por atractivos galanes y pluscuamperfectas señoritas.
¡Feliz semana!



sábado, 17 de agosto de 2019

Los domingos photosong - Salto - "Hopefully"


Hay que apoyar a la gente de aquí. Esta es una premisa que mantengo y creo que, en la medida de mis ínfimas posibilidades, cumplo con ella.
Ya he dicho varias veces que este año no hay demasiado material que me estremezca precisamente, así que durante 2019 estoy haciendo girar muchos discos de años anteriores, y también de décadas pasadas.
Hoy me voy a decantar por fotografiar uno reciente, de hace un par de años, y que cumple la premisa comentada más arriba, de alguien de aquí, de Madrid más exáctamente.
El segundo disco largo de Salto es capaz de superar al primero, cosa que no era en absoluto sencilla. Llenó los surcos del vinilo de psicodelia y pop de esencia sixtie y buenas melodías; además lo acompañó con un directo demoledor.
Justo me parece por tanto el recordatorio a "Far from the echoes", que es como se titula el elepé en cuestión.
Vamos a quedarnos con un tema de folk soleado y un tanto cítrico, una preciosa canción titulada "Hopefully".
¡Feliz domingo!



viernes, 16 de agosto de 2019

Ojos, felicidad, sueños y huída - Las paranoias de Addi.


Me sentí reflejado en sus ojos, como treinta años ha. Parecía que se habían encontrado, que ya no eran unos ojos de perdida. Tras la batalla me miraban grandes, expansivos, alertas, parecían sofocados y dichosos después del sexo, pero también abiertos a una comunicación que murió una tarde gris de abril. Y otra vez volví a descubrir el camino, mi camino, en ellos; ahora que nadie lo entenderá, que otras vidas en la cuneta pueden perder el suyo por culpa de una audacia que nunca tuve y hoy parece aflorar, ahora que tal vez sea tarde, aunque tal vez no.
Descubrí cuando ya no tenía remedio, que el camino financiado por los agentes de la felicidad y el destino que prometían los anuncios y los artículos sobre economía, no eran los más adecuados para alguien con vocación de tropezar por sendas más abruptas. Me dí cuenta el día después del fin de la juventud, de que la magia no se encuentra en la artificialidad del consumo ni en la alquimia de las cifras. Que pasarlas putas es, en el fondo, un vehículo mucho más cercano a la felicidad, pues ésta es vecina del miedo y de la inseguridad, duerme en la misma cama que el desamor, y la melancolía es esa amante que entra desnuda y chorreando a formar un trío libidinoso y obsceno, que arriesgarse a sufrir es la única manera de sentir, de entrar en el lecho donde se fabrican los mejores recuerdos.
Reciclé mis sueños, como me dijeron. Los hice pasar por el tamiz del sentido común, de la madurez y de la responsabilidad, por la trituradora del porvenir y de la inteligencia, cambié arte y amor por otros principios serios, para así, aburrirme de no sufrir, de no sentir. Y conseguí con la transformación de mis deseos un estatus óptimo, una situación privilegiada de admiración, y una tropa de desconocidos disparando respeto y 'ustedes' en mi dirección, pero que no tenían ningún interés por conocerme, por vivirme. Encontré un lugar en el limbo urbano que me otorgó una envidiable situación de (in)seguridad, (in)felicidad y (in)satisfacción que hoy creo que merezco plenamente.
Podría haberlo hecho, pero no lo hice. Podría haberme quedado contigo, pero me fui. Podría haber vuelto a la cama, pero huí a hurtadillas, enfundado en las primeras luces del amanecer, sin hacer ruido, sin despedirme. Podría haber disuelto mis miedos en los fluidos de tu amor, pero me aferré a la abrupta textura del pánico y sucumbí. Podría haber sido valiente, pero siempre me dio miedo enamorarme. Podría haberte despertado y besado y acompañado al lugar que me habías marcado en el mapa, a aquél paraje junto al purgatorio en el que podríamos amarnos mientras caminábamos por el cable del funambulista, pero querías hacerlo sin red y la cercanía del infierno me asustó. Podría haber buscado la melodía lejos de casa, pero equivoqué la balada de Isolda con los cantos de sirena de Ulises, y una vez más escapé, escuchando una anodina canción en la radio del coche. Podría haberte olvidado, pero no puedo.

"Algunos hemos apagado las luces (...) hemos preferido morirnos de miedo en la oscuridad en vez de estar donde vuelan los ángeles..."
                                                                                                                             (Bob Dylan)


miércoles, 14 de agosto de 2019

Los Bonsáis - "Hinoki" (2019)



 ...hablamos de urgencia y frenesí vital, estribillos que enganchan y toneladas de frescor y lozanía

Hoy me apetece recuperar la reseña que hace unos meses escribí en mi otra casa, el Exile SH Magazine, a propósito de un grupo asturiano llamado Los Bonsáis, decía así:
No es el estilo de este dúo lo que más se estila en el Exile, tampoco es ésta una expresión musical a la que un servidor preste demasiada atención, pero después de escuchar bastantes veces durante estas vacaciones de semana santa su primer disco largo, titulado "Hinoki", debo decir que me he terminado acostumbrando a estas canciones, me he divertido y que, además han hecho de desengrasante frente las tensiones y malos rollos cotidianos; en definitiva, que he disfrutado y sigo haciéndolo con el disco.
Podríamos decir que lo que practica esta pareja es un pop alternativo de pocas prestaciones sónicas en principio, pero con un encanto muy especial: actitud naif y desenfadada, juvenil, optimista y vitalista. Ella, Helena Toraño, canta como lo haría una niña, con aparente inocencia, y me la imagino haciendolo delante del espejo de su cuarto, tras salir del instituto, soñando despierta mientras canta aún con el uniforme del cole.


Los textos van en ese mismo sentido: aburridas tardes en casa, miradas al cielo, ocurrencias juveniles, visitas al novio, un cóctel de frivolidad, ingenio, encanto, optimismo, luz y esperanza que resulta sumamente revitalizante, al son de una base rítmica incisiva y unas guitarras cristalinas y primaverales.
De los once cortes que se apretujan en el disco, sólo tres superan los tres minutos; hablamos de urgencia y frenesí vital, estribillos que enganchan y toneladas de frescor y lozanía.
Podemos dar una vuelta de tuerca y nombrar a modo de paralelismos a bandas ochenteras como Fresones Rebeldes o los fugaces Los Romeos, e incluso incidir en una cierta esencia pop/mod extraída del aura del Swinging London, al estilo de su vecino de sello (Elefant Records) Cooper.
Las composiciones, compartidas por Helena y Nel González, tienen referencias más actuales también en agrupaciones como Le Mans o La buena vida, pero Los Bonsáis tienen definitivamente su espacio sónico propio.
Dar un repaso a sus canciones no es sino un recorrido por las actitudes apuntadas, que se hará con una sonrisa en la boca y ese apacible sentimiento de bienestar que nos hace recuperar sensaciones juveniles. No hay pretensiones, pero si mucha realidad que bien mirada, no es tan ingenua y en parte, agrupa esencias vitales en las que anidan esos efímeros momentos de felicidad.
No veremos "Hinoki" en las listas de lo mejor del año, y tampoco aparecerá reseñado con grandes titulares en las publicaciones más sesudas que se encargan del rock patrio, pero yo lo recomiendo, pues no solo de grandes obras vive el hombre y la mujer, y este disco es francamente disfrutable.
Página donde escuchar y adquirir "Hinoki" pinchando AQUÍ.



Reseña publicada el pasado 22 de abril de 2019 en el Exile SH Magazine.

martes, 13 de agosto de 2019

Doug Tuttle - "Dream road" (2019)



 En media hora exacta, este norteamericano de Massachusetts, despacha una decena de canciones que encandilan gracias a la pulcritud de su construcción melódica...

Si hay un artista en estos últimos años que está demostrando un crecimiento artístico francamente notable, ese es Doug Tuttle.
Da la sensación que en cada nuevo trabajo nos ofrece algo más, de que sus canciones se van haciendo más corpóreas y que la música fluye mejor; que sin abandonar las señas con las que abandera su estilo, aparecen matices nuevos y sutiles que sin significarse expresamente van redondeando una propuesta sónica, haciendo que sus canciones sean cada vez mejores.
Digo esto, porque su último álbum, "Dream road", se me antoja el mejor y más equilibrado de los cuatro discos que ha publicados hasta la fecha.
Los meses precedentes han sido un goteo de singles y adelantos que ya hacían presagiar lo bueno que resultaría lo que estaba por llegar, y sin duda así ha sido.


El regusto por la melodía, la voz lírica y con tono de falsete no forzado, la musicalización basada en recursos de pop psicodélico sesentero y ciertos tonos folk y dream pop, siguen siendo las credenciales que presenta como propias, y cada vez más características, Doug Tuttle.
En media hora exacta, este norteamericano de Massachusetts, despacha una decena de canciones que encandilan gracias a la pulcritud de su construcción melódica, la fina y lisérgica instrumentación y la liviandad flok, casi pastoral del armazón sónico de sus coplas.
Desde los adelantos aparecidos meses ha, como "I'll throw it all again", tema que bien hubiera podido presentar George Harrison; la luminosa y bucólica "Twilight"; la bonita y psicodélica "Did you need someone" o la brumosa y apacible atmósfera de "Fade", el óptimo resultado se veía venir.
Y el resto de temas confirman la predicción: excelencias energizantes y catadióptricas, con gran protagonismo vocal en "Long day to your home", armonías con ácidos reflejos country al estilo The Byrds en "But not for you"; o intrincadas soflamas cítricas como "Well I guess" evidencian la coherencia del disco dentro de una variedad que es de agradecer.
Más maridaje vocal en "Can you feel it" y misticismo folk en "All alone". Aunque confieso que mi favorita es la irresistible pieza de euritmia electro acústica y belleza natural titulada "In this world alone".



Sigue sumando Doug Tuttle en una carrera de clara línea ascendente, y dejando trabajos de reconocible belleza y personalidad. Este 2019 vuelve a destacar dentro de la producción discográfica y a buen seguro esto se verá refrendado a final de año.

Se recomienda visitar la reseña sobre este mismo trabajo publicada por Juanjo Mestre para el Exile SH Magazine pinchando AQUÍ.

lunes, 12 de agosto de 2019

Los lunes... escenas de cine - "Eva al desnudo".


Algún día tenía que llegar este momento. "Eva al desnudo" es la obra más importante del realizador Joseph L. Mankiewicz. Rodada en 1950 y ganadora de múltiples premios, tuvo un éxito de taquilla enorme y supuso la vuelta al cine de la gran Bette Davis, quien encarna a la actriz madura Margo Channing.
Una interpretación que la elevó al nivel de estrellato que había abandonado durante unos años, precisamente al alcanzar la edad madura, siendo una víctima más del machismo imperante en Hollywood.
Además de una cinta sobre el mundo del teatro, con sus descarnadas guerras de egos y vanidades, es una extraordinaria alegoría sobre la soberbia, la envidia y la ambición. La crueldad y la codicia que pueden destrozar a un ser humano aunque le alcen a una suerte de aparente paraíso.
La amistad y la traición se entremezclan con la astucia sucia y manipuladora del crítico Addison de Witt, interpretado por el grandísimo actor británico George Sanders.
Eva Carrington, el personaje rastrero y trepa al que da vida la actriz Anne Baxter, no es sino un ejemplo de tantos ídolos que han financiado su carrera con los costos extraídos de una vida miserable y vacua.
Nos quedamos con la magnífica "Eva al desnudo".
¡Feliz semana!
l

sábado, 10 de agosto de 2019

La docena de doce de... Mis tenores favoritos.


Volvemos con otra docena de doce para amenizar un sábado estival más. En esta ocasión volvemos al mundo de la lírica, que tanta presencia está teniendo este verano.
No obviaremos que la cuerda vocal más popular es la de tenor. Los motivos de esta predilección del público por los tenores han sido muchas veces analizados: los personajes que interpretan los tenores suelen ser jóvenes amantes (líricos, ligeros), heroicos y viriles enamorados (líricos-spinto) o íntimos y controvertidos roles plenos de intensidad (dramáticos). Además están los tenores que interpretan los muy heroicos personajes Wagnerianos, que ocupan una categoría vocal y en cuanto a color totalmente diferente, los helden tenores.
Voy a elegir, un poco a boleo, mi docena de doce tenores favoritos, sin diferenciar por colores o tipos diferentes de tenor, los que más me gusta escuchar, los que más me llegan y los por qué.
Vamos a ello.

1. Jussi Bjorling (lírico, lírico-spinto).
Bjorling es indiscutiblemente uno de los más grandes tenores del siglo XX. Elegante, con una técnica impoluta, un fraseo inigualable y una de las voces más bellas de la historia. Capaz de interpretar a Verdi, el verismo o la ópera francesa, aunque solía pecar de frialdad era inigualable, un coloso.




2. Alfredo Kraus (ligero, lírico).
Auténtico maestro del arte del canto. Su técnica es legendaria, su capacidad para el legato mítica, lo que hacía de él uno de los mejores cantantes del estilo francés que jamás han existido. Fraseo aristocrático, respiración milagrosa, lo que cantaba (pocos papeles), lo hacía como nadie. Estilo francés y bel canto no tenían rivales para el gran maestro.




3. Carlo Bergonzi (lírico, lírico-spinto).
El mejor cantante verdiano de las últimas muchas décadas. Su timbre era opaco, poco brillante, pero su fraseo era impecable, su buen gusto reverencial y su conocimiento del universo y la técnica verdiana sublime. Tampoco le hacía ascos al verismo, que lo interpretaba con una casi inadecuada elegancia, uno de mis favoritos sin duda.




4. Beniamino Gigli (lírico-spinto).
Una leyenda del canto. Una voz poderosa de sabroso color vocal, viril y heroico, pero también juvenil. Con el verismo como principal argumento, prácticamente creó una forma de interpretar este estilo y a Puccini también (yo no considero a Puccini verista), una escuela basada en lo carnal aunado con la elegancia, todo sustentado por una voz privilegiada, ya no existen cantantes de este perfil.




5. Plácido Domingo (lírico-spinto, dramático).
Una bestia de la naturaleza. Nadie ha cantado tantas óperas en la historia, puede con todo. En un tiempo fue capaz de compaginar "Otello" con Rodolfo en "La Boheme", cosa al alcance de 'sólo él, que yo sepa'. Técnica, afán de superación, superprofesional, y una gran voz. Creó junto con Maria Callas el concepto de actor cantante. No distinguimos preferencias, lo ha cantado absolutamente todo, desde Bellini o Donizetti hasta Wagner, de otra galaxia.




6. Nicolai Gedda (lírico).
Otro todo terreno, pero dentro de un repertorio más concreto. El magnífico tenor sueco era el principal rival de Kraus dentro del estilo francés, aunque Gedda dominaba Mozart o el barroco. Como a Kraus, le traicionaba un timbre tosco, pero un canto sublime, maravilloso e inolvidable.




7. Jon Vickers (dramático, helden tenor).
Un genio, sobre el escenario dicen que el canadiense era sobrecogedor, un cantante de una personalidad tremenda. Pocos le hacen sombra cantando a Wagner, su voz era como un volcán en erupción, pero al tiempo era bella. Interpretó papeles italianos como "Turandot" o "Aida", pero sobre todo "Otello", rol con el que durante décadas compitió con Domingo sobre la titularidad mundial del mismo.




8. Juan Diego Florez (ligero, lírico).
Siendo muy joven, imprevisiblemente joven, ya destacaba en los grandes teatros. El mejor del mundo desde hace años, sigue la estela de Kraus, Schipa o Gedda. Técnicamente soberbio, belleza en el fraseo y aristocracia en el decir. Voz de oro y agudos mágicos, un diamante que podemos disfrutar en estos tiempos, y por muchos años.




9. José Carreras (lírico, lírico-spinto).
Su carrera no fue todo lo larga que hubiese podido. Su enfermedad a finales de los ochenta le lastró. Pero también su inadecuada elección de papeles, que le hizo perder el brillo a una bellísima voz de tenor lírico por la obsesión (habitual) de convertirse en spinto, y cantar a los grandes héroes romántico de la ópera: Calaf de "Turandot", Manrico de "Il Trovatore", Radames de "Aida", "Andrea Chenier"... Pero mientras duró fue tan grande y bello del todo.




10. Franco Corelli (lírico-spinto).
Lo tenía todo: una voz grande, hermosa y viril a la vez que joven, unos agudos portentosos y poderosos. Además era atractivo y con una planta impecable. Pero tenía aquella tendencia al exabrupto, le fallaba la dicción y el fraseo, pero sobre todo la confianza en sí mismo. Sufría antes de cada representación, temeroso de tal o cual agudo. Aún así escucharle en ciertos roles es un auténtico espectáculo.




11. Luciano Pavarotti (lírico).
Absolutamente privilegiado por la diosa natura. Voz pura de tenor lírico, perfecto para Donizetti, con el que triunfó en sus primeros años. Los agudos más fáciles de la historia, una emisión uniforme, una leyenda. Era frío y no interpretaba nada, eso es así, pero con esa voz milagrosa lo solucionaba todo. No siempre elegía bien los papeles, pero no ha habido mejor Rodolfo de "La Boheme" que él, ni mejor Ricardo de "Un Ballo in Maschera", uno de los más grandes.




12. Richard Tucker (lírico, lírico-spinto).
Soberbio tenor verdiano, tal vez el mejor junto a Bergonzi. No triunfó como otros debido a su voz seca y de timbre no muy agraciado, pero su brío y dominio del legato en la zona del passaggio le hacían perfecto para interpretar a Verdi, debe estar en la lista.

jueves, 8 de agosto de 2019

And libros by Addison de Witt - "La figura de cartón" - Gonzalo Aróstegui Lasarte.


Mucho me temo que con esta reseña voy a dar razones a los que critican a los que escribimos sobre música (y cultura en general), de que ya no se escriben malas críticas.
Los motivos para esgrimir esta afirmación son el colegueo entre redactores y artistas o autores, el buen rollismo y el flujo de doble dirección de favores y parabienes.
Tal vez tenga razón, en parte. Aunque creo que estas deben dirigirse a los profesionales que se ganan la vida con esto y pueden tener ciertos contactos. Los blogueros, ni somos profesionales, ni nos debemos a clientes, y por supuesto no tenemos tantos conocidos en el mundillo como para hacer de esas prácticas un modus operandi habitual.
En cambio hoy voy a hablar de la obra, en este caso un libro, de un autor que si es amigo mío, lo digo para ahuyentar posibles reticencias con respecto al contenido de la reseña que me dispongo a escribir que algunos puedan tener, dicho queda.
Y para que se complete la hipotética confabulación entre redactor y autor, diré que la reseña es buena, pero lo crean o no, lo es por un solo motivo: "La figura de cartón", que es el título del libro de relatos que acaba de autoeditar con Libros.com, Gonzalo Aróstegui Lasarte (la otra parte de la ecuación), es francamente bueno (era de esperar), y ahora sí, me dispongo a explicar el por qué de esta conclusión:
Subtitulado: "Relatos de juventud, dolor y violencia", este tercer libro -tras las novelas "Madrid 3" (2004) y "En los antípodas del día" (2012)- de Gonzalo, nos trae una docena de relatos divididos en periodos vitales y cronológicos conforme a la existencia del autor.
La prosa de Gonzalo es fácilmente reconocible para todos aquellos que hayan leído sus dos novelas. Con esa facultad para utilizar la escritura literaria que caracteriza a este escritor, pero con un impacto directo sobre el lector gracias a frases cortas y contundentes, explicativas y casi visuales, que alejan su estilo de enredos retóricos y pantallas que mueren en una insípida pedantería.
Gonzalo parece haber encontrado la vereda que lleva a la línea recta, que es la menor distancia existente entre autor y lector, sin perder riqueza en el léxico empleado ni esa sensación de literatura implícita que los que anhelamos escribir, tanto envidiamos.
En la subdivisión 'juventud', nos encontramos con los relatos más cándidos, menos agresivos y desquiciados (algo de lo referente al significado de este adjetivo encontraremos más adelante), en los que afloran los primeros amores del joven Gonzalo (la música). Nos cuenta con un tono high school las sensaciones despertadas tras un histórico concierto punk, aunque la guinda (una de las tres del recopilatorio) es la magnífica historia en una isla alavesa en la que el protagonista, aún menor de edad, pasó un verano trabajando y descubriendo cosas agradables, y no tanto, de la vida que estaba al llegar, bajo los sones de dos invitados muy especiales.
La parte del 'dolor' creo que es la más personal, la más "Blood on the tracks", la que hace temblar las sienes y en la que llega el desquiciamiento. El descubrimiento de la realidad y la toma de medidas para posicionarse ante ella. Aquí descubrimos al Gonzalo en plena fase de conversión al gran y valiente ser humano que hoy es. Creo que el relato que cierra este acto, "Autoedición" es soberbio y mi favorito sin duda, no digo nada que luego me acusan de lanzar spoilers, ¡leanlo!.
En cuanto al 33% restante, 'violencia', creo que es la más cómica, aunque pueda parecer lo contrario a tenor del título, yo lo he visto así. También en cierto modo donde más se expone con ciertos puntos de vista osados y subjetivos. Pero creo detectar unas importantes dosis de ironía (fina por supuesto). Además termina con otro relato sobresaliente, el que dá título a toda compilación, "La figura de cartón", insisto en el asunto de los spoilers, y también en la recomendación de que lo lean.
Arañan muchos de los relatos aquí contenidos, reivindicativos y explicativos de alguna ignominia, húmedos y encharcados por sus posicionamientos y directos, pero con esa belleza del lado underground -por qué son relatos underground, no les quepa ninguna duda- también dibujarán sonrisas y podrán hasta disentir.
Este redactor ya ha cumplido con la mascarada, y ha hablado bien del libro de su amigo, pero creanme y déjense de monsergas, "La figura de cartón" es un magnífico florilegio de relatos, que si no es en esta referencia, no la van a leer igual en ninguna otra, no se arrepentirán.
Enlace donde poder adquirir este libro: "La figura de cartón".

miércoles, 7 de agosto de 2019

Burning - "No mires atrás" (1993) - Mis discos de los noventa.


Entre el éxito del 91 tras la publicación del doble elepé "En Vivo", y la desgracia que dejo desolado al rock español en 1996 con la muerte de Pepe Risi, éste último y Johnny Cifuentes nos dejaron un disco con el que pretendían refinanciar su estilo sin dejar de ser ellos mismos, "No mires Atras". 
Disco en el que con la figura de Toño en el recuerdo, sobre volando los surcos del vinilo en todo momento, los Burning nos muestran toda la sabiduría adquirida durante tantos años de altibajos, facturando su más maduro, nostálgico y completo disco hasta entonces, y entiendo que también hasta la actualidad.
Y que nadie me entienda mal, en "No Mires Atrás" no hay nada que sea ajeno a la sincera actitud y demoledora verdad de estos señores, no, sigue ahí todo: la barra de bar que de madrugada recoge los etílicos lamentos del duro del barrio, derrotado ante la verdad de su corazón y que desgrana su tristeza ante el último vaso, justo cuando la madrugada, como él, claudica desintegrándose ante las primeras luces del día incipiente. Allí están también las chicas del club, con sus sonrisas lisonjeras y su lasciva actitud, siguen sus personajes de madrugada, de dolor y alegría disfrazada de neón.


Y están ellos, deslizando sus osamentas por las arterias de la noche, detrás de la última gota de esperanza que descansa en el culo de algún vaso que espera su llegada en la barra de zinc de cualquiera de las tabernas del barrio que se niegan a apagar sus luces. Están ellos recordando con lágrimas en los ojos al compañero que definitivamente partió, que ahora ya si que no volverá.
¿Cual es la diferencia?...Realmente ninguna, es simple y llanamente que aquí los Burning suenan a adultos, a hombres que han superado la simple y adictiva improvisación rockera que hasta ahora les arrastraba en cada tema. Ahora el blues y el soul entran a saco en sus voces, en sus guitarras, en sus teclas: "Te Quiero Tanto""Jamas Te Arrepentirás", "Ojos de Ladrón"... son temas de enorme calidad, donde se funde en la misma cuchara la adictiva melancolía de los de La Elipa con la venenosa materia prima con que esta hecho el blues y el soul.
Los canallas que se pierden tras las caderas de la última mujer fatal, que realmente siempre era la misma, pero que aquí se ha hecho mayor, ya no es una choni, es una leona que vence con una aprendida clase a nuestros héroes, a los que la edad les empieza a hacer mella: "De Vicio" o "Coge la Onda" son temas de ritmo diabólico que se englosan en esta canallesca actitud tan Burning.
Los emperadores de la marginación salen de "Weekend" a un ritmo con mas barniz que antes, bajo el sol de una cuidada y equilibrada instrumentación, que no obstante suena a lo que tiene que sonar, a Risi, a Johnny... a Burning.
Siguen teniendo a las mujeres que menos les convienen en un pedestal y sus ojos líquidos y su semblante melancólico les imploran amor desde temas como "Estrella de Noche".
Resumiendo, los Burning empezaban ha hacerse adultos, que no viejos, ni responsables, ni conservadores... pero si sabios. Las patadas dadas en tanto tugurio con Eric Burdon sonando en el viejo equipo tras la barra, las horas convinando bourbon con "Exile on Main Street", los años de desgastar cassettes de The Doors en el anticuado "loro" de la furgoneta que les lleva de bolo en bolo... todo eso se ha ido filtrando por la piel de nuestros colegas y ahora, cuando la vida baja una marcha en la palanca de cambios del corazón, empieza a salir por unos poros que sudan actitud y rock, y blues y soul.



En este disco tenemos acompañando a Pepe y a Johnny a los actuales Burning: Nacho en la batería, Carlos Guardado al bajo y Edu Pinilla a las guitarras, estos tres dicen mucho y muy bien en el resultado de este tremendo disco, mi favorito de la banda, ¿porqué no decirlo?, y son hoy por hoy, 26 años después, y mirando al definitivo adiós, unos Burnings de pleno derecho.
Se certifica el nostálgico y tierno homenaje a Toño en una frase firmada por Risi, (solo por Risi, siempre me ha llamado la atención), que reza:
"¿Quién dijo que los hombres no lloran? Hoy quiero llorar contigo, contigo sumergirme en el mar de tus ojos y cantarte un blues. A mi hermano Toño con una sonrisa." (Risi).
Melancolía es la palabra que define este disco, homenaje discreto y nostálgico a Toño, y último elepé que vio la cara al inolvidable Risi...es el final de una época, el final de unos Burning que no volverán, aunque gracias a Dios (Johnny), nunca se han ido del todo.
Por todo lo expuesto, "No mires atrás" es uno de mis discos de los noventa.

lunes, 5 de agosto de 2019

Los lunes... escenas de cine - "Bajos fondos"


Un poco tarde pero este lunes también habrá escena de cine. Y vamos con un film de un olvidado director, Samuel Fuller, quien en 1961 filmó una extraordinaria cinta de cine negro titulada "Bajos fondos".
En glorioso blanco y negro, con enorme realismo y una ambientación sórdida y brumosa. En la cinta aparecen los personajes entre la niebla y paseando por tenebrosos callejones.
Nos cuenta la historia de un joven que clama venganza contra los que asesinaron a sus padres, episodio que presenció siendo niño.
A muchos podrá recordar a Batman, pero no, aunque si hay ciertas similitudes entre el mortecino escenario urbano que recrea Fuller y la ficticia Gotham city.
¡Feliz semana!



domingo, 4 de agosto de 2019

Los domingos photosong - Radio Futura - "A cara o cruz"


Hay cosas que no puedo remediar. Pinchar de manera recurrente los discos de Radio Futura es una de ellas. Cada cierto tiempo pincho alguno, lo escucho siempre más de una vez, y creo que siguen siendo igual de buenos que en aquellos ochenta en que un adolescente conoció al grupo gracias al mega-éxito "Escuela de calor", aunque ya conocía canciones anteriores.
"La canción de Juan Perro" fue el tercero (cuarto en realidad) de una especie de trilogía ochentera, siempre me ha resultado difícil discernir cual de los tres me gusta más, aunque este que hoy viene aquí, abre una especie de puerta a una sonoridad latina que traería algunas buenas propuestas musicales en los siguientes años, y toneladas de basura también, pero eso no es culpa de los Radio.
El disco es una antología de temazos, pero siempre me ha gustado mucho "A cara o cruz", así que vamos con ella.
¡Feliz domingo!



sábado, 3 de agosto de 2019

"La huida" - Las paranoias de Addi.


Se compró un espejo de los que solo servía para verse más guapa, un pintalabios que dibujaba sonrisas encantadoras y unas gafas de sol para que los días nublados parecieran soleados.
Se arrancó del anular de la mano izquierda el anillo que él le regaló antes de ser su esposo y lo metió en una vieja caja metálica de galletas que durante años hizo las veces de costurero, añadió el colgante que él le regaló antes de traicionarla, o tal vez al dar los primeros traspiés, el último cuaderno de su diario, el más triste y truculento, una foto de su boda y otra de su abuelo vestido de soldado, sumó al conjunto una vieja carta de amor con algunas letras empañadas por una lágrima furtiva y un mechón de cabello que durante años vivió entre las páginas de un viejo "Lord Jim" que le compró su padre en Avilés.
Lo enterró todo junto al árbol bajo cuya sombra fue concebido Andrés, a unos cien metros de la tapia trasera del cementerio de un pueblo fantasma adosado a una vieja comarcal olvidada y ya conquistada por los helechos y las malas hierbas, en un punto perdido y descatalogado en la memoria de los hombres de la meseta castellana.
Se llevó una maleta no demasiado grande, con lo justo para tapar un cuerpo aún bien dibujado, aunque menos firme que en otros tiempos, un teléfono nuevo con un número desconocido por todos, una libreta y un bolígrafo.
El plan era dejar que el destino, si es que existía, le llevase como al tablón sobreviviente de un naufragio, a un lugar no dictado por dioses ni hombres, que le dejase a merced del tiempo y el espacio, y que la vida decida.
Demasiadas frustraciones, demasiados desengaños y tantas lágrimas que habían terminado formando en sus mejillas unos canales estrechos pero profundos que desde que decidió no volver a llorar se habían agrietado formando una cicatriz negra y fina que había terminado escarificando una expresión de pétrea tristeza en un rostro que antaño difundía alegría desde la fosa juguetona e inquieta de unos hoyuelos hoy también secos y cuarteados que ya sólo aparecen a la llamada de la angustia y el dolor.
No dejaba tras de sí ninguna preocupación: su marido la tenía a ella, más joven y tersa, con la moral sin estrenar y refugiando en la modernidad de sus veinticinco años la falta de dignidad; Andrés decidió vivir en Londres, con su novio francés, su trabajo precario y la asignación que su padre le enviaba cada día 2 de mes. Las chicas del club, con las que nunca llegó a encajar, preferían mantener sus fines de semana en el balneario y sus tours por las tiendas de la milla de oro, dejando en el cuarto de los ratones de la indiferencia el orgullo y el amor propio que sus maridos alquilan a golpe de Visa Card.
Se despojó de miedos y prejuicios, abandonó a su suerte en un contenedor junto al mercado del pescado sus zapatos de tacón y sus sandalias de quinientos pavos y dejó que sus botas guiasen sus pasos, decididos y enfáticos.
Muchos la llamarían loca, buscar un trabajo a los cincuenta, ella que no había trabajado nunca, que de la carrera solo conservaba algunas fotos y los buenos momentos vividos entonces con quien sería su marido, antes de que la rutina de diamante en que asentó su día a día la devorase poco a poco, antes de la casa con piscina, el club deportivo y la colección de perfumes en miniatura que una vez viniesen de una revista pija a fotografiar.
El tren estaba a punto de partir, se fue directamente al vagón restaurante, el camarero le sirvió una cerveza con una recién recuperada sonrisa, ella le miró como a cámara lenta y vio en sus mejillas unos surcos que daban a su rostro, maduro y arrasado por la pena, una tristeza que parecía disiparse con una furtiva sonrisa.
En el dedo anular de la mano izquierda del camarero se descubría la evidencia raquítica de la ausencia de un anillo, tal vez arrancado y enterrado bajo algún árbol. Pidió otra cerveza, se miró en su espejo nuevo, se quitó las gafas y dibujo una sonrisa de carmín y esperanza en su rostro.



viernes, 2 de agosto de 2019

Quique González - Nuevo disco en octubre y primeras fechas de la gira.


El próximo 18 de octubre, el madrileño afincado en Cantabria, Quique González, publicará su nuevo disco. Se trata de un cancionero al que, a las músicas de Quique, pone texto el poeta Luis García Montero.
En principio parece un giro en la carrera del autor de "Salitre 48", pues hasta la fecha, las letras eran uno de los fuertes del madrileño, cosa que en este inminente lanzamiento pone en manos del, por otra parte, excelente poeta granadino.
Se anuncia así mismo una gira de presentación del disco que ya tiene sus primeras fechas en el calendario. También aquí se presienten cambios, pues por lo que se ve en las primeras localizaciones en directo, el nuevo show de Quique González está previsto para ser llevado a teatros, con el público sentado, en lugar de permitir al respetable cantar y bailar en una sala al uso, renovarse o morir que dice aquél.
Veremos que nos depara este nuevo proyecto de Quique González, indiscutiblemente se trata de uno de los discos más esperados del año, y desde luego la incertidumbre nos acosa a muchos de los que seguimos a este artista desde que apenas lo hacía nadie, hace casi dos décadas.

De momento adjuntamos el cartel con las primeras citas en directo.

miércoles, 31 de julio de 2019

2x1 - Jerry Jeff Walker/Nina Simone - "Mr. Bojangles"


Jerry Jeff Walker es uno de mis songwriters favoritos. Es uno de esos cantantes que parece que solo hicieron una canción, "Mr. Bojangles", pero que en realidad su obra evidencia que hicieron más, mucho más.
Pero es cierto, no lo voy a negar, que el tema con que Walker bautizó su primer disco y que a la postre fue su mayor éxito, es un tema especial, uno de esos temas que van más allá de lo que se escucha, provocando algo especial y al tiempo diferente en cada oyente. Además de su mayor éxito.
Y esto se demuestra por la enorme cantidad de intérpretes que han querido llevar a su terreno "Mr. Bojangles". Artistas de diferentes géneros que han querido hacer suya la hermosa melodía y la dramática y triste historia de la letra, con diferentes resultados.


Son sobradamente conocidas las versiones de incuestionables como John Denver, Neil Diamond, Sammy Davis J.R., Nitty Gritty Dirt Band, Bob Dylan, Whitney Houston o Robbie Williams.
Pero aquí nos vamos a quedar con la de una de las grandes damas, no solo del soul, sino de la música en general, como es la favorita personal Nina Simone, quien la grabo en 1971 para su álbum "Here comes the sun".
Me parece una inmejorable manera de terminar con este mes de julio.





lunes, 29 de julio de 2019

Los lunes... escenas de cine - "Lo que el viento se llevó".


Este sábado llegué pronto a casa y estaban pasando por TCM "Lo que el viento se llevó". Hacía muchos años que no la veía y de hecho, nunca he sido un gran fan de las aventuras y desventuras de las damas y caballeros de Tara y Los doce robles.
Me reafirmo en que el personaje de Ashley Wilkes, muy mal interpretado por Leslie Howard, es un total imbécil y lastra en gran parte la película.
Pero la verdad es que la ví con gusto y pude apreciar las muchas cosas buenas que tiene, empezando por los aspectos técnicos (todos), francamente insuperables, las magníficas interpretaciones de alguna de las estrellas que intervienen, el extraordinario guión o la sublime música de Max Steiner.
Además me resultó entretenida y emocionante por momentos, creo que hoy tengo un concepto diferente de la celebérrima "Lo que el viento se llevó".
Tiene además el muy sabroso añadido de los rumores y cotilleos de su rodaje: si fue realmente Victor Fleming quién la dirigió, si George Cukor fue quién realmente dejó los mejores momentos antes de ser despedido, el temperamento del misterioso y atrayente productor David O. Selznick...
En cualquier caso, solo por no perderse a la pareja protagonista con la maravillosa Vivien Leigh y el cínico Clark Gable en sus cometidos como Scarlett O'Hara y Rhett Butler ya merece la pena las casi cuatro horas de film.
Nos quedamos con "Lo que el viento se llevó"
¡Feliz semana!