Esta semana hablaba con un compadre musiquero sobre los felices ochenta y la relevancia social que tenía entonces la música, independientemente de que gustase más o menos lo que entonces se hacía a nivel hits.
Hablamos de la explosión de The Beatles que llegó a rebufo del asesinato en diciembre de 1980 de John Lennon, a consecuencia de la cual muchos descubrimos la música de los Fab Four.
Hablamos de la eclosión y abuso de los sintetizadores y de lo que afectó a las producciones de bandas y solistas de cualquier índole. Y hablamos de algunos fenómenos de masas que en aquella época lograron unos niveles de popularidad que tras aquella década no se volvió a vivir en esa dimensión.
Y claro, salieron nombres como Madonna o Prince, y por supuesto, Michael Jackson. Y claro, hablando de Michael Jackson, salió el drama de sus últimos años de vida, llenos de historias truculentas - y yo siempre he pensado que falsas - y de su trágica muerte.
Diecisiete años hace ya de su muerte, me comentó mi amigo, y yo, que me negaba a pensar que era tanto tiempo (parece que fue algo acontecido hace relativamente poco) lo comprobé y efectivamente, este mes de junio hará diecisiete años que se fue Michael.
Toda esta chapa viene a colación de la canción, artista y disco que hoy vamos a dar protagonismo en la fotografía dominical, efectivamente, Michael Jackson, que nunca antes había pasado por la sección.
A pesar de los pesares, mi disco favorito suyo fue (desde siempre) y sigue siendo (después de los años) "Bad", y en el mismo hay una canción que si no puedo afirmar que sea mi preferida, desde luego es una de las que más me gusta, me refiero a "Smooth Criminal".
Nos quedamos en este domingo de junio con ella y su muy ochentero (y carísimo videoclip), y es que en los ochenta las estrellas no reparaban en gastos a la hora de grabar videoclips.
¡Feliz domingo!

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