sábado, 20 de octubre de 2018

Presentación del libro "1050 Discos cardinales" de Juanjo Mestre, hoy en Loco Club


Aunque estoy de vacaciones  no puedo evitar recordar el magno acontecimiento que tendrá lugar hoy en la capital del Turia.
Mi admirado Juanjo Mestre, pluma privilegiada de las letras rockeras patrias y axioma de independencia publica su primer libro : "1050 Discos cardinales".
Lo hará acompañado de amigos  con música a cargo de dos cartas ganadoras de la música valenciano y mundial como Manolo Bertran (Doctor Divago) y Cisco Fran (LGEB).
Será en la sala Loco Club  a partir de las cinco y media y habrá jugoso debate.
Aunque no podamos estar presencialmente, mi ánimo e ilusión estará con los afortunados que estén presentes.

domingo, 14 de octubre de 2018

Fin de curso, buscando horizontes y saltar abismos.


Recuerdo que en mis lejanos días de estudiante defendía que los años eran el periodo de tiempo que transcurría desde que empezaba el curso hasta el comienzo de las vacaciones. El periodo vacacional era por tanto una especie de tiempo extra, un paréntesis reservado por el destino para dedicarlo a todo tipo de hedonismos fuera de cartel.
En cierto modo este pensamiento no me ha abandonado nunca, y a día de hoy sigo sintiendo que el año acaba cuando me enfrento a las vacaciones, siendo la nochevieja un día de celebración familiar en el que desde hace muchos años que ni siquiera salgo de casa después de comer las uvas.
Precisamente, recién empezadas mis vacaciones, me encuentro en ese lugar psicológico en el que suelo hacer balance de lo que ha ocurrido durante los últimos meses, lo que siento qué ha sido el devenir de la vida y mis circunstancias particulares.
Por hacer un resumen claro y conciso, diré que el último curso (mejor denominarlo así) lo puedo reducir a una palabra: "distancia", o tal vez más concretamente "distanciamiento".
Me da la sensación de que durante los últimos meses muchas cosas de las que consideraba seguras están más lejos, no sé si me he desplazado yo, o por el contrario he permanecido estático sin advertir el abismo que empezaba a abrirse entre yo y parte del mundo, pero hoy siento que algunas situaciones y personas no están, o tal vez soy yo el que no está.
Intentar recuperar sensaciones cuando la apetencia de hacerlo no es real no parece que tenga demasiado sentido, y tal vez por eso he permitido, indolente, que transcurra el tiempo y aplique esa falsa cualidad de solución mágica que solemos atribuirle.
Siempre pienso que a estas alturas del año, a punto de volver a colgar la mochila a la espalda para refrescar la vista dejando que se pierda en horizontes nuevos y (espero) venturosos, la capacidad de análisis que puedo ofrecer no es del todo nítida, pues seguramente será perdido en lejanos parajes donde mi cabeza, cada vez más terca y encajonada en la costumbre cobarde que se aferra a nuestro comportamiento, pueda por fin ordenar las cosas para resetear a un tipo que cada vez pasa menos controles de calidad vital, o eso creo.
Siento que la esperanza, sagrada palabra en la que siempre he intentado sustentar mis pasos por muy cenagoso que fuese el camino, me ha terminado desesperanzado, creo que la utilización de la misma me ha resultado, finalmente y perdida en muchos aspectos la sustancia de su valor intrínseco, frustrando.
Lo cierto es que siento que en muchos aspectos no hay esperanza, y así lo demuestra el descabalgar que he ceremoniado en la oscuridad de mi naufragio durante los últimos tiempos: perezoso ante la batalla que tan avezado me mostraba a plantar no hace tanto tiempo, mirando hacia otro lado cuando mi natural oficio era el de fijar la mirada y enfrentar los molinos de viento que este canalla y Cervantino país y sus necias costumbres ponía cual espectros ante mi, Quijote de pacotilla que terminaba con la osamenta dolorida acurrucado en el suelo mientras las aspas seguían girando, haciendo harina de mis ilusiones, aquellas que hoy me parecen quimeras de caballero andante con el cerebro enajenado.
Los besos que antes se repartían con la alegría irresponsable del pobre que da lo que tiene, son ahora, o así lo parece, administrados como las monedas de un viejo usurero Dickensiano que conserva lo único que la vida le ha dado, por si algún día pudiera con ellas comprar favores a un destino aciago, quedando como fin único: la vida sin vivir, los favores sin cobrar, y los besos sin repartir.
Posiblemente esté cansado, aturdido y un poco desconfiado, aunque no tengo motivos para desconfiar de nadie.
Pero he de admitir que la porción de suerte que el azar me ha asignado sigue en forma de unos cuantos amigos (alguno confío que lea esta perorata y sonría ante la avalancha de pesadumbres que se le pueden ocurrir a un servidor cuando está agotado), y que el cosquilleo de su cabello en mi pecho sigue siendo la sensación más maravillosa que existe, y que sigo celebrando que huela tan bien -como dije en cierta ocasión- a papelería de barrio, a hierba recién cortada... que la música me resucita de mi mismo cada vez que una canción enciende la luz roja de mi corazón y llama a la batalla a una piel que se excita, que en cada concierto vivo en la compañía de amigos que son regalos, que los libros me siguen enseñando lo ignorante que soy, y me sumerjo en ellos como cuando de niño soñaba con ser Athos, Ivanhoe o 'Dick' Shelton... y que me consta que hay alguien al otro lado de la puerta, esa que suelo mantener cerrada, celoso de que mis pensamientos no se escapen, pero que cuando la abro suele entrar la primavera.
Pronto salgo de viaje, compartiremos horizontes y visiones, ordenaremos sensaciones y sentaremos prioridades, caminaremos en busca de lo impregnado de espontaneidad y dejaremos que los aires de novedad despeinen mi cabello y me doten de un poco de sabiduría y, espero, bondad, y que a la vuelta pueda reducir distancias y saltar el abismo.
¡Hasta la vuelta!



sábado, 13 de octubre de 2018

Elliott Smith - "XO" (1998) - Mis discos de los noventa.

Sigo recordando mis discos favoritos de la década de los noventa. Cierto que hace algo más de tres años ya hablamos aquí de este disco, que no es otro que "XO", uno de mis trabajos favoritos de ese grandioso talento encerrado en un hombre repleto de dolor y amargura que fue Elliott Smith.
Es por ello que pensé en un primer momento omitir esta referencia, pero me lo he pensado mejor: ¡no me da la gana dejar fuera este disco!, lo adoro, me estremece y emociona tanto que no sería justo ni sincero por mi parte.
Así que recordamos la reseña que en su día escribí sobre "XO" sin ningún tipo de modificación, pues sigue siendo válida.
Recordamos al gran Elliott Smith y su maravilloso "XO", otro de mis discos favoritos de los noventa.


A menudo me he preguntado porque nunca me he acercado a Elliott Smith en este mi rincón, siendo como es, uno de los cantautores que mas consigue penetrar en mi de todos los que han torturado sus almas en busca de destilar su dolor supurando canciones por sus gargantas, corazones e incluso por sus poros, en los últimos lustros.
No voy a entrar en su truculenta y corta vida, sus adicciones y sus depresiones son conocidas y nos dejaron sin uno de los mas talentosos creadores de canciones de las últimas décadas. Por supuesto omitiré comentar nada a propósito de su triste y extraño final.


Este final, no obstante, da la sensación de que se venía anunciando en todos y cada uno de los renglones que discurrían sobre la aterciopelada senda de sus armonías acústicas y la vaporosidad de sus melodías, que nos venía adelantando el terrible acontecimiento en sus canciones.
Siempre me ha dado la sensación de que las canciones de Elliott Smith eran el resultado de una batalla, un enfrentamiento invisible entre elementos, la confrontación entre el fuego de un corazón, el de este artista, que arde incapaz de ahogar el incendio que en él provoca toda la basura que le llega del exterior, toda la fealdad del mundo en general y, imagino que la del mundo de Elliott en particular, fuego que era combatido con el arma mas poderosa con que cuenta un ente sensible, con su alma, y el alma de Elliott Smith era de seda, seda fina, gaseosa y hermosa, yo me la imagino blanca pero cada cual...seda que el fuego no consigue convertir en cenizas aunque lo intenta una y otra vez, en cada trago, en cada dosis, pero el alma de un poeta es fuerte y lucha, de esa pelea, de ahí parten las canciones, vacunas contra el dolor que incendiaba su corazón, dosis de belleza que consiga disfrazar lo feo, lo doloroso, lo hipócrita...no le salvó pero dejo un legado de enorme belleza y definitiva emotividad.


Vale como muestra cualquier botón de su discografía, yo he escogido este "XO" como podría haber optado por otro, pero aquí encuentro el punto en el que Elliott Smith empezaba a librar la batalla definitiva, esa que mantuvo durante unos años mas, unos discos mas, unas bellas canciones mas.
Primer disco con el sello Dream Works y producido por él mismo junto a Rob Snachpf Tom Rothrock, compuestos todos los temas por Smith y en el que no faltan sus habituales voces dobladas creando sublimes coros de fragil energía, sus melodías de perfecta formación, de artesana elaboración acústica, de poco intrincado organigrama sónico, la voz, la tenue orquestación, los coros referidos y la pasión, los restos de la batalla antes comentada son sufiecientes para dotar a sus composiciones de todo el fuego y toda la seda que necesitan para ser especiales, dolorosas, únicas.
Es por todo lo expuesto que el temario de este álbum no encierra demasiadas novedades con respecto al resto de su producción, cortes de gran belleza y sobrantes de emoción y pasión.
"Sweet Adeline" abre el disco y el camino que deben seguir los que con el de Nebraska quieran caminar por este sendero que es "XO".
Tras el estribillo de voces dobladas y golpeteos de teclas llega la celestial "Tomorrow Tomorrow" con similares credenciales pero mas folk. Bellísimo vals, compaginando voces y teclas, y el ritmo del vals deslizandose en una melodía irresistible, es la maravillosa: "Waltz #2 (XO)".
El pop puro, nítido y pétreo de "Baby Britain", preciosa y Beatlemana, la sosegada y susurrada "Pitseleh", la mas rítmica y popera "Independence Day" y el pop mas suntuoso y ochentero de la ambiental "Bled White", se apuntan a la caminata sumando beldades sonoras y febriles textos.
Bella y onírica "Waltz #1" no deja lugar a dudas sobre la sensibilidad que se escondía en aquel joven de alma torturada.







Un poco mas de brío en la breve y densa "Amity" que da paso a una balada de cuerdas secas y tristes que bien podría haber parido John Lennon, hablo de "Well Okay", deliciosa. Ritmos y voces en falsete que rompen cuerdas de las que sujetan órganos internos, violines y celos que rugen y evocan, batería que acaricia pero con firmeza los parches, un tema fantástico este: "Bottle Up & Explode".
Mas electrica y oscura, rockera pero sin rugidos, no es "A Question Mark" de mis favoritas del disco. Tablas entre fuego y seda en la sugerente y refulgente orquestación de "Everybody Cares, Everybody Understands" que consigue no resultar empalagosa a pesar de la producción excesivamente aparatosa.
Y final de caminata con la sensitiva y delicada "I Didn't Understand", tema que cuenta con la multi-vocalidad de Smith meciéndose en una lastimera melodía, triste como el oyente ante el inminente final del recorrido.




Disco peleado por el interior déspota que agitaba la vida de aquel joven que tenía demasiadas cosas bellas que expresar envueltas en seda pero que no sabían como sortear el fuego que desde el exterior arrasaba un corazón que escondía la cabeza debajo de un ala de autodestrucción.
Piel de gallina y sospechas de pesares entre los pliegues de estos temas que destilan dolor y pasión, fuego y seda.

jueves, 11 de octubre de 2018

Malcolm Holcombe - "Come hell or high water" (2018)


Si me lo permiten, me gustaría lanzar una pregunta al aire: ¿cuántos artistas en la última década, han dejado un legado discográfico de la enjundia del que nos está regalando Malcolm Holcombe?.
Un servidor tiene clara la respuesta: pocos, tal vez ninguno. Y es que en este curso 2018, Malcolm Holcombe también ha dejado constancia de la impresionante etapa de creatividad por la que está atravesando desde hace lustros, a pesar de superar ya las seis décadas de vida, y nos regala un nuevo y magnífico disco (y van...) titulado "Come hell or high water".
En el nuevo cancionero, la voz árida y resquebrajada de Holcombe incide nuevamente sobre las venturas y desventuras del mundo actual, el que le rodea de manera física y el que va más allá de su campo de visión, pasando por ser una especie de existencialista del siglo XXI que cabalga sobre una guitarra acústica y repta por los caminos en busca de un auditorio que se sienta permeable a su oferta de sensibilidades, amarguras, reflexiones, nostalgias y pesimismos.


Se rodea de un equipo formado por Iris DeMent (piano y voces); Jared Tyler (guitarras, dobro, mandolina); Marco Giovino (batería y producción) y Sonny Barbato (acordeón); además de la colaboración en las voces de Greg Brown. Aunque en este catálogo, es la voz de Iris DeMent, que acompaña y sombrea la quejumbrosa reflexión en voz alta de Holcombe lo que le da al disco una dimensión superior y especial, algo que no habíamos escuchado antes y que resulta en algunos momentos dulcificador y en otros evocador.
Este trovador de los caminos, rastreador de historias escondidas en las mesillas de noche de los moteles de carretera y observador paciente y circunspecto del mundo y la existencia humana nos vuelve a sobrecoger con letanías y leyendas que rugen de verdad y ronca poética. Con los epígrafes que describen el germen de la música americana tatuados en el alma, sin distinción de palos; pues todos arden en la misma pira crepitando sonidos enraizados y nobles que dan calor y color a sus coplas sangrantes, siempre emocionantes, íntimas, épicas y desbordantes de ternura.
Malcolm Holcombe vuelve a inmiscuirse con sus canciones en las obsesiones, tristezas, nostalgias y preocupaciones humanas, con sentido poético y errante, con esa suerte de realidad cruenta que acompaña a su lírica, y vuelve a resultar profundamente emocionante, firmando un nuevo trabajo mágico.




miércoles, 10 de octubre de 2018

The Molochs - "Flowers in the spring" (2018)


Hace aproximadamente un año y medio hablábamos de un grupo que recientemente había llegado a mis oídos, se trataba del dúo californiano The Molochs y lo hacíamos a propósito de su disco de 2017 "America's velvet glory" (PINCHAR).
Recuerdo que el disco me gustó bastante, pero debo admitir que lo quemé pronto, y por algún motivo no lo volví a retomar, fue un disfrute fugaz, no sé si por causa mía o porque el disco no ofrecía más recorrido.
Tal vez esta ha sido la razón para que con su nuevo trabajo titulado "Flowers in the spring" me haya mostrado más cauteloso a la hora de escribir sobre él. Lo cierto es que esperaba un buen disco (reseñas había que así lo calificaban), pero temía que ocurriese lo mismo que el pasado año y el disco se difuminara rápido y perdiese interés al cabo de unas cuantas escuchas.
Es por eso que me he entretenido más con él, y ahora puedo decir que no se ha repetido aquél episodio y que tras varias semanas haciendo girar este cancionero, no sólo me ha gustado más que el anterior trabajo tras la primera escucha, sino que sigue sonando y haciéndose querer como el primer día.


Siguen sonando frescos, con una base melódica sencilla y un estilo que se mueve entre el folk electroacústico con leves salpicaduras de psicodelia puramente californiana y una película sónica dominante sesentera y merseybeat.
Se aprecia mayor madurez y equilibrio, y las canciones están mejor terminadas por lo que resultan más nutritivas y con más matices.
El tracklist ofrece una serie de títulos que se disfrutan y tienen un regusto que nos acerca a Sudden o Soft Boys por un lado, o a Smiths y Kinks por otro, como ejemplos patentes.
Guitarras radiantes que resuenan rasgadas en canciones como "To kick in a lover's door", la estupenda copla de reminiscencias Jacobitas "A little glimpse of death", "Shadow of a girl" o "Wade in the water" que a un servidor le evocan a The Smiths, "Too lost in love" o la Kinky "All the things that happen to me". Suena la acústica, maravillosamente tierna en "Flowers in the spring", y continúa con irresistibles acentos folk y aporte de cuerdas en "And she's sleeping now".
Hay momentos más tensos, con bajos que retumban en "I wanna say to you", en la densa "Pages of your journal" o en la efímera "She glows".
Aunque debo admitir que mi momento favorito llega con la delicada y encendida "First time I saw you" de primoroso encanto.
Repiten y mejoran The Molochs su anterior disco, dotando a esta continuación de un mayor empaque que permite apreciar una evolución por el buen camino sin perder las bondades ya adquiridas en pretéritos trabajos, un disco notable que merece una recomendación.

martes, 9 de octubre de 2018

"Bowie, Glastonbury 2000" - Se anuncia un nuevo disco en vivo de David Bowie.


Repasando en la red las novedades y próximos lanzamientos musicales, me encuentro con que a alguien se le ha ocurrido que los melómanos no podríamos vivir sin un registro más de David Bowie en vivo: el concierto que el susodicho ofreció el 25 de junio de 2000 en el festival de Glastonbury.
Aquél concierto, rebautizado ahora como "legendaria actuación", nos será ofrecido, siempre por nuestro bien y para que no sufra nuestra alma sedienta de sensaciones rockeras, en formatos de lujo, ya saben: estuches muy chulos con DVD, doble DC, también con posibilidad de triple LP...
Nos comentan que todas las ediciones incluirán el diario que David Bowie escribió en su día para Time Out en el que nos cuenta cómo se preparó para esta "gran actuación", y es que claro, Bowie en 1990 apenas había ofrecido conciertos y la ocasión merecía toda esta parafernalia.
Serán 21 hits, 21 de las canciones más populares del Duque blanco, presentadas como el último gran documento de Bowie, hasta que aparezca el siguiente en breve.
Por supuesto que hablamos de algo imprescindible a pesar de llevar muchos de los temas de aquella actuación rulando por YouTube desde hace años (de acuerdo, no están los 21), incluido el programa que ofreció la BBC de 37 minutos y siete canciones.
Se sigue haciendo caja con lo que dejaron tras de sí los grandes ausentes de la historia del rock, con el señuelo de honrar su memoria por supuesto, pero así como Dylan o Young están publicando registros ocultos de manera voluntaria y controlando ellos mismos el proceso, con otros muchos se hace business editando documentos que los artistas en vida no vieron la necesidad ni tuvieron el deseo de hacerlo, pero así funciona el tema.
Aunque no seré yo el que pase por caja, entiendo y respeto que a muchos este directo puede interesar, así que a partir del 30 de noviembre estará disponible (me imagino que a unos cuantos euros) para todo aquél que quiera llevarse a casa este "Bowie, Glastonbury 2000".


Tracklist de "Bowie, Glastonbury 2000":

CD 1

Wild Is The Wind
China Girl
Changes
Stay
Life On Mars?
Absolute Beginners
Ashes To Ashes
Rebel Rebel
Little Wonder
Golden Years

CD 2


Fame
All The Young Dudes
The Man Who Sold The World
Station To Station
Starman
Hallo Spaceboy
Under Pressure
Ziggy Stardust
Heroes
Let’s Dance
I’m Afraid Of Americans






lunes, 8 de octubre de 2018

Los lunes... escenas de cine - "Pero, ¿quién mató a Harry?"


La película que hoy traigo a la cabecera del blog no es ni mucho menos de las más comentadas, elogiadas ni recordadas del maestro Hitchcock, soy consciente de ello, pero un servidor siempre ha sentido un profundo cariño por ella.
"Pero, ¿quién mató a Harry?" es una brillante comedia negra filmada por don Alfredo en 1954. Me encanta su textura dotada de un color maravilloso y su atmósfera deliciosamente siniestra sin dejar de resultar bucólica, plácida y campestre.
El protagonista de la cinta no dice ni mú, pues Harry con sus coloridos calcetines aparece muerto en medio del campo, un viejo capitán que estaba cazando lo encuentra y se cree responsable del homicidio por culpa de alguno de sus disparos, así que decide enterrar el cuerpo temeroso de que le culpen. No tiene suerte el desafortunado cazador, pues antes de poder proceder al enterramiento, el cadáver es descubierto por otras personas del pueblo, las cuales tienen unas reacciones, cuando menos extrañas, ante semejante descubrimiento.
Las relaciones entre los vecinos del pueblo que se topan con Harry empiezan a ganar la partida argumental al hecho de que un pobre hombre está muerto sin saber que ha ocurrido con él.
Además en esta película debuta la maravillosa Shirley McLaine a quien dedicamos la cabecera por que no me puedo resistir a ello.
Con ella pasamos la semana y con la intrigante e hilarante historia del pobre Harry.
¡Feliz semana!