viernes, 23 de agosto de 2019

La docena de doce de... 1970 (Discos).


El verano avanza a paso ligero, ya estamos en plena Aste Nagusia en Bilbao, aunque un servidor no está viviendo demasiado el ambiente festivo por culpa del trabajo.
Hoy, fiesta mayor de la semana grande bilbaína, tengo libre y me he decantado por pasear y sentarme a leer y escribir un rato, con el último de los Redd Kross sonando de fondo.
En estas estaba cuando se me ha ocurrido improvisar una de mis veraniegas listas de la docena de doce...
No se me ocurría nada original (será el asfixiante calor que tenemos hoy en el botxo), así que me he decantado por una lista recurrente: la docena de doce de 1970, un año redondo en lo numérico y en lo musical.
Vamos con ello, como siempre se aceptan y agradecen aportaciones y polémicas, siempre dentro de un orden.



1. Neil Young - "After the gold rush".


Son tantos los discos magistrales que nos dejó el más grande en la década de los 70s que nunca consigo decidirme por cuál es el que más me gusta. Pero algo si tengo claro: "After the gold rush" fue mi segundo disco de Young y el que me terminó de convencer de que este tipo del sur de Canadá sería quien habría de cambiar mi concepción musical para siempre jamás, por eso va el primero.


2. Led Zeppelin - "III".


El denominado disco acústico (o folk) de los Zepp no hubiese aparecido tan arriba hace unos años, pero es un disco que ha crecido en mis predilecciones en los últimos años. Una vuelta de tuerca de la banda de Page que no fue comprendida en su momento, pero que es indiscutible hoy.


3. The Kinks - "Lola versus powerman and the moneygoround".


Mi favorito de los de Muswell Hill, el trabajo más reaccionario y rompedor. En este catálogo se concentra toda la idiosincrasia creativa en cuanto a estilo y textos de la banda del gran Ray Davies. Me gusta hasta la portada.


4. Van Morrison - "Moondance".


Me ocurre algo parecido a lo que comentaba con Neil Young, no sé cuál de sus discos míticos es el que más me encandila, pero "Moondance" es el que me convenció de que lo que hacía este irlandés no era cualquier cosa, y desde entonces, este elepé es la guía sobre la cual busco la luz dentro de la música del león.


5. Creedence Clearwater Revival - "Cosmos Factory".


Una idea de lo bestial que fue aquella época nos viene dada por el hecho de que una obra maestra como "Cosmos Factory" no sea el primer disco de la añada. Una inapelable colección de temazos como ésta, debería ser el faro musical de un año cualquiera, pero es que aquellos años estaban llenos de atalayas.


6. The Stooges - "Fun house".


Otra obra inquebrantable. Un disco demoledor, donde el fuego de la juventud se une al nihilismo de la nubilidad para desde allí construir un proyecto de destrucción de los cánones establecidos en la música para, sin pretenderlo, pero de manera inexorable, asirse a ellos, pero transformándolos en algo de diferente naturaleza, brusquedad y pureza.


7. The Velvet Underground - "Loaded".


Parece que tras la experimentación más intrincada e inspirada de los precedentes, donde la oscuridad y la intelectualidad más underground despuntaban en obras cenagosas pero mágicas, este último intento de VU se quedaba en un trabajo menor, nada de eso, la tercera vía musical era buscada aquí por uno de los más influyentes fracasos comerciales convertidos en leyenda que ha dado el mundo del arte.


8. John Lennon - "Plastic Ono Band".


¡Vuelta la mula al trigo!!! Cuando nos referimos a la edad de oro de la música en la última centena, nos tenemos que encontrar por fuerza con aparentes despropósitos como éste. Que la obra magna de Lennon en solitario se encuentre en el puesto ocho de su añada solo significa que eran años de una desorbitada creatividad por parte de muchos. Que nadie se haga líos, esto es una POM.


9. The Band - "Stage fright".


Tal vez no alcance el estratosférico nivel de los dos primeros discos de The Band, pero la tercera intentona de la banda canadiense es un trabajo grandioso, además fue el que más copias vendió. Sellaban uno de los tercetos de elepés más gloriosos de la historia y su escucha sigue siendo edificante y sublime.


10. Free - "Fire and water".


Otro que tal baila, una obra sublime, resultado de un momento de inspiración excepcional construido gracias al talento inacabable de unos vocalistas e instrumentistas de excepción. Un disco que siempre me parece percibir que no está tan valorado como creo que merece.


11. George Harrison - "All things must pass".


¡Pues miren, no!!!. No creo que éste sea el mejor disco de un beatle en solitario, ya sé que lo que prima es defender esta opción pero yo no la defiendo. Lo que si tengo claro es que se trata de un disco grandioso, repleto de canciones gloriosas y que pone a Harrison en la órbita de sus compañeros (aunque solo por esta vez).


12. Santana - "Abraxas".


Solo caben doce, y podrían entrar en el farolillo rojo de la lista muchos discos, pero se me antoja que sea "Abraxas". Disco que conocí muy tarde y que no me llamaba la atención, pero que una vez vencidas las reticencias se ha convertido en uno de los discos que más han sonado en casa en los últimos años, cerramos con él.

jueves, 22 de agosto de 2019

Riverboy - "S/T" (2019)



 Navegando sobre acústicas, con torbellinos de colores formados por guitarras y teclas, vaporosas armonías, detalles y efectos que suman pero no saturan...

Carlos Yañez, cantante de la banda sevillana The Milkyway Express, ha decidido este 2019 iniciar un camino en paralelo a su grupo. Y lo hace bajo la nomenclatura: (Charly) Riverboy, el pistoletazo de salida lo da con once temas que agrupa bajo un elepé de título homónimo.
Lo de proyecto paralelo no admite réplica, pues lo que se oferta en este trabajo no tiene nada que ver con lo que habitualmente practica la banda madre, es decir, un rock de ínfulas americanas y sureñas.
Aquí Charly Riverboy salta el charco y se planta en el viejo continente, se ubica en plena época sixtie, cuando la psicodelia azotaba el mundo del pop y del rock, y también, cómo mayoritariamente observamos aquí, el folk británico.
Ecos de Pentangle, Fairport Convention, Soft Machine o Donovan, aunque no se desliga completamente del influjo gringo, observándose efluvios del Gene Clark más lisérgico o del espíritu sónico del San Francisco del verano del amor.
Empapa mayoritariamente las radiantes luminarias sónicas el folk, y también el pop, aunque algún ataque guitarrero nos deja entrever al rockero que hay detrás del experimento.
Las composiciones están a la altura de lo que la osadía de este ensayo merece, y forman, junto a una exquisita y erudita producción, un trabajo en el que la belleza y la espiritualidad se funden con el carácter y la fe ciega que se advierte que ha sido depositada en todos y cada uno de los cortes, redondeando finalmente un equilibrado y suculento catálogo.
Navegando sobre acústicas, con torbellinos de colores formados por guitarras y teclas, vaporosas armonías, detalles y efectos que suman pero no saturan, se van despachando temas de diversa envergadura: "A riddle in a pocket"; "The other side"; la barroca "Golden flash of light"; la agitada "Lightning horse" o la cálida "Cigar man".
Más ortodoxa se muestra "Dragonfly's yard" o "To you", ambas muy británicas en su esencia mesetaria, con mención aparte para la ambiciosa e intensa "Rusty knives".
Aunque son los instantes más bucólicos y pastoriles los que más me conquistan, con las magníficas y hermosas: "Damned", "Pati""The wind in the willows"; que a un servidor le recuerda al Gene Clark del "No other".
Rotundo debut en solitario de Charly Riverboy, con un disco de fuerte y reconocible esencia, facturado con conocimiento de causa, gusto y buenas canciones, lo que lo convierte en un destacado cancionero dentro de lo que podremos encontrar este curso.



Se recomienda visitar la reseña sobre este mismo trabajo publicada por Juanjo Mestre para el Exile SH Magazine pinchando AQUÍ.

martes, 20 de agosto de 2019

Entrevista: Gonzalo Aróstegui Lasarte nos habla de "La figura de cartón"


Hola Gonzalo, un placer poder departir contigo otra vez a propósito de un libro tuyo. Parece mentira que hayan pasado siete años desde que comentamos los pormenores de “En los antípodas del día”, tu segunda novela.
En esta ocasión vamos a hablar de tu libro de relatos “La figura de cartón”, que ha visto la luz siguiendo un camino diferente al tomado en tus dos novelas precedentes.
“La figura de cartón” ha sido publicada gracias a una campaña de mecenazgo, o crowdfunding. El proceso ha sido llevado a cabo con la editorial Libros.com, que se dedica a este tipo de operaciones con campaña de mecenazgo y posterior publicación. 



ADDISON: ¿Qué tal la experiencia del mecenazgo y del proceso de impresión con esta editorial?
GONZALO: En general bien, pero se me ha hecho un poco larga la espera hasta ver el libro publicado. El mes en sí de mecenazgo fue muy estresante. La idea me la dio Juanmi Contreras, que publicó su excelente novela “Canciones de cuna y de rabia” antes que yo en libros.com.


AD: Imagino que es poco menos que imposible que una editorial apueste por la obra de un autor no consolidado o bendecido por diversas deidades. ¿Es necesario ser un valiente para lanzarse a publicar?
G: Imposible no, pero sí muy difícil. Si realmente quieres publicar lo puedes conseguir; eso sí, hay que ser muy tenaz.


AD: Se me antoja que las semanas de búsqueda de mecenas es dura, estresante. ¿Cómo lo viviste?, ¿Hay que convertirse en vendedor, al menos un poco?
G: Sí, como te he comentado es muy estresante. Lo de vendedor es tal cual, como anécdota que puede ilustrar el proceso te diré que un amigo me comentó que se sentía presionado. Y no le faltaba razón, me convertí en un auténtico azote para familiares, amigos y conocidos, ja, ja, ja.



AD: Si te parece vamos con “La figura de cartón”. Subdividida en tres actos: “Relatos de juventud, dolor y violencia”. Al leerla se aprecia cierta cronología, ¿es así? Quiero decir, fueron escritos cronológicamente, o la cronología se ha impuesto a posteriori, aunque fueron escritos en momentos aleatorios en el tiempo.
G: La cronología vino después, me pareció buena idea agruparlos así para dar una unidad al libro.


AD: Los relatos incluidos en la sección “Juventud”, ¿son los más cándidos?, escritos cuando aún no habías respirado demasiado veneno social, cuando los sueños eran algo asumible, ¿o son ejercicios de nostalgia?
G: Yo creo que son más los ejercicios de nostalgia que dices. Cuando eres joven tienes ilusiones, esperanzas, la emoción está a flor de piel. Eres, ciertamente, más cándido.


AD: Aquí dejas claro -más que en las otras divisiones- tu amor por el rock and roll. Me consta que es así, ¿Qué porcentaje de vivencia hay en estos relatos?... especialmente en el primero y el tercero.
G: Son los relatos con más componente autobiográfico, aunque las vivencias reales se mezclen con otras totalmente ficticias. El resultado es, sí o sí, ficción, la verdad de las mentiras, que diría Vargas Llosa.


AD: también hay en “Juventud” un cierto tono canalla, reaccionario. ¿Imagino que es prerrogativa de la edad en la que están circunscritos estos textos?
G: Lo dice el protagonista de “Bob Dylan y Lou Reed en una isla vasca”, “cuando eres joven eres estúpido, engreído y pretencioso, pero al menos eres algo”.


AD: Los relatos de la sección “Dolor” son los más duros. Hay opinión social y política, o lo parece. Y también exhalan cierta conciencia social, frustración y por supuesto dolor. ¿Corresponden a un ir despertando a la vida?
G: La vida es, principalmente, dolor y frustración, creo que queda reflejado en esos relatos. Mi conciencia social es sabida por quien me conoce, pero no me gustaría que los relatos trasmitiesen adoctrinamiento alguno.


AD: Además de dolor, siento también tristeza. El relato de “El triunfo de las máquinas” me parece tremendo, triste y descorazonador, me recordó a “Metropolis” de Lang. ¿Hay, efectivamente, esta tristeza en estas historias?
G: Me parece que la hay sin duda alguna. Me has dejado pensando con la comparación con el clásico de Lang, gracias por el halago.


AD: ¿Y decepción?, con el mundo, con los que nos han contado milongas que no eran sino cantos de sirena.
G: Quizá haya decepción en “Autoedición”, en el resto de relatos y personajes no la veo. Pero tu visión es igual de válida, si no más, que la mía.


AD: Es que creo que en este espacio de “Dolor” es donde más nos encontramos a Gonzalo Aróstegui Lasarte, el ser humano. Parece que disparas más que escribes, no sé, igual es cosa mía. ¿Cómo llegan estas letras a convertirse en texto, bajo que sentimientos?
G: Son tus sentimientos más profundos los que te empujan a escribir, pero una vez lo estás haciendo (y corrigiendo) la exigencia debe ser principalmente estética. Es decir, lograr un texto literariamente válido.


AD: Me ha gustado mucho “Asumo”, ¿frustración y crítica hacia una sociedad sumisa y acobardada? Una sociedad fea que todos contribuimos a hacer real.
G: Lo escribí tras conocer la historia de una chica a la que le había pasado algo similar a lo que narro, y me puso los pelos de punta. El capitalismo en su forma neoliberal ha ganado su batalla, la degradación de la sociedad es extrema. Lo resumiría en dos vocablos: desasosiego y miedo.


AD: Y por supuesto “Autoedición”. ¿Se basa en la publicación de alguna de tus dos novelas?, ¿es tan jodida la cuestión de editar un libro?, por qué a uno se le quitan las ganas.
G: Sí, está basado en la publicación de mi primera novela, pero con varios añadidos y exageraciones. Está difícil la cosa, sí.


AD: El otro día, hablando por teléfono, me dijiste que los libros los entienden mejor los lectores que lo propios escritores, me dejó un tanto perplejo. Explícanos un poco por favor.
G: Es por una cosa que decía Borges, cuesta más leer un libro que escribirlo. Puede parecer una boutade, pero si lo piensas no le falta razón. Los lectores atentos tienen una perspectiva más amplia que la del autor, ven cosas que éste, ensimismado en su creación o en su mundo, no es capaz de ver. Es importante, de todos modos, recalcar lo de “atentos”.


AD: Vamos con el final, “Violencia”. A pesar del título, creo que es donde más sentido del humor hay, incluso donde más relajados aparecen los sentimientos, utilizas una prosa más cauta, menos afilada, ¿es así?
G: Lo del humor es una apreciación tuya que me parece muy interesante, yo no lo veía así, pero creo que tienes razón. Lo aplicaría a “Antidisturbios” y a “La figura de cartón”, eso sí. “Febrero de 1977” no tiene humor, al menos en mi opinión, de hecho podría ser parte del apartado de “Dolor” sin problema.


AD: Creo que aquí se encuentra el mejor relato (he cambiado de opinión, tras volver a leer los dos relatos en conflicto), “La figura de cartón”, es una ocurrencia que me dejó atónito que esté basada en algo que realmente se hace. Cuéntanos.
G: Fue una noticia que leí hace tiempo: el departamento equis del ejército de Estados Unidos enviaba figuras de cartón (o material similar) a las familias de los marines que estaban ocupando Irak o Afganistán, para que les recordaran mientras mataban o torturaban a la población del país. Iba a ser un relato realista, pero la historia me llevó por terrenos alegóricos e incluso surrealistas. Que la realidad supera a la ficción es un tópico bastante cierto. Digamos que la ficción es realidad enmascarada, envasada y ordenada para que el lector se la coma como otra cosa.


AD: Lo de los “Antidisturbios” es muy fuerte, irónico y frenético. Y creo que algo de eso hay, ¿tanta experiencia tienes en manifestaciones?
G: Mucha, ja, ja, ja. Sí recuerdo que de joven en el colegio iba a mi curso el hijo del delegado de del gobierno central en Navarra y nos contaba lo que escuchaba en casa de cómo se preparaban los antidisturbios antes de salir a cargar. No es algo nuevo, siempre hemos oído de los soldados bebiendo antes de la batalla para que el alcohol les insuflara los ánimos que era difícil tener de otro modo.

AD: El compilatorio me parece muy variado y equilibrado. Eran los relatos que tenías escritos, o has hecho una selección, si es así, ¿en qué principios te has basado para quedarte con éstos?
G: Tenía dos relatos más y los descarté, eran ingeniosos pero no casaban con el resto ni tenían la exigencia formal necesaria. Me alegra que me digas lo del equilibrio, pensé mucho el orden de los relatos y su adecuación al conjunto. Es un viaje de ida y vuelta, pues eran los propios relatos los que marcaban el tono que a su vez les iba a permitir mantenerse o salir. Los dos que comento tuvieron que salir.


AD: El estilo entronca con tus dos novelas, eso quiere decir que has conseguido un estilo propio, cosa que no me parece fácil, y además hay literatura, con ese don se nace ¿verdad?
G: Seguramente, se tiene o no. Te agradezco mucho que consideres que tengo un estilo propio.


AD: Vamos con el futuro. ¿Qué planes tienes?, ¿piensas volver a publicar? Repetir la experiencia de mecenazgo. Cuéntanos un poco que podemos esperar del escritor Gonzalo Aróstegui Lasarte.
G: Me gustaría publicar un libro de poesía (¿algún editor se anima?) y seguir ampliando mi blog, Ragged Glory, que ya tiene once años a sus espaldas. Escribir sobre la música que me gusta es un placer inigualable.


AD: Creo que nos hacemos una idea de lo que esconde “La figura de cartón”. Ha sido un placer poder charlar este rato, si quieres decir algo más, habla ahora o calla para siempre.
G: El placer ha sido mío, de verdad. Espero que los lectores disfruten del libro.


Muchas gracias Gonzalo, un abrazo fuerte.


Otro abrazo para ti.

lunes, 19 de agosto de 2019

Los lunes... escenas de cine - "Marty"


"Marty" (1955) es un film de tremenda sencillez, casi se podría denominar como una humilde construcción dramática creada con personajes de perfil bajo y un argumento simple y rutinario.
Pero lo cierto es que esta cinta, debut del realizador Delbert Mann es mucho más de lo que parece.
Marty, un extraordinario Ernest Borgnine, es un carnicero treintañero que vive con su madre en la zona italiana del barrio del Bronx. Tímido y apocado, nunca ha tenido ninguna relación amorosa. Su familia, amigos y las clientas de la carnicería le atosigan a este respecto, instándole a casarse, pues ya tiene treinta años.
Cuando conoce a Clara, Betsy Blair, una maestra de escuela de similar edad y personalidad, inicia con ella una relación. Ambos saben que no forman la pareja más atractiva de la ciudad, lo que le cuesta a Marty la no aceptación de Clara por parte de la familia y los amigos.
Retratados quedan los prejuicios de la sociedad, y también la crueldad, la hipocresía y el abuso como arma para salvaguardar el ego propio.
Magníficas interpretaciones, estupendo ritmo narrativo y preciosa, a pesar de lo simple, historia que supone una total contradicción con los romances habituales en Hollywood formados por atractivos galanes y pluscuamperfectas señoritas.
¡Feliz semana!



sábado, 17 de agosto de 2019

Los domingos photosong - Salto - "Hopefully"


Hay que apoyar a la gente de aquí. Esta es una premisa que mantengo y creo que, en la medida de mis ínfimas posibilidades, cumplo con ella.
Ya he dicho varias veces que este año no hay demasiado material que me estremezca precisamente, así que durante 2019 estoy haciendo girar muchos discos de años anteriores, y también de décadas pasadas.
Hoy me voy a decantar por fotografiar uno reciente, de hace un par de años, y que cumple la premisa comentada más arriba, de alguien de aquí, de Madrid más exáctamente.
El segundo disco largo de Salto es capaz de superar al primero, cosa que no era en absoluto sencilla. Llenó los surcos del vinilo de psicodelia y pop de esencia sixtie y buenas melodías; además lo acompañó con un directo demoledor.
Justo me parece por tanto el recordatorio a "Far from the echoes", que es como se titula el elepé en cuestión.
Vamos a quedarnos con un tema de folk soleado y un tanto cítrico, una preciosa canción titulada "Hopefully".
¡Feliz domingo!



viernes, 16 de agosto de 2019

Ojos, felicidad, sueños y huída - Las paranoias de Addi.


Me sentí reflejado en sus ojos, como treinta años ha. Parecía que se habían encontrado, que ya no eran unos ojos de perdida. Tras la batalla me miraban grandes, expansivos, alertas, parecían sofocados y dichosos después del sexo, pero también abiertos a una comunicación que murió una tarde gris de abril. Y otra vez volví a descubrir el camino, mi camino, en ellos; ahora que nadie lo entenderá, que otras vidas en la cuneta pueden perder el suyo por culpa de una audacia que nunca tuve y hoy parece aflorar, ahora que tal vez sea tarde, aunque tal vez no.
Descubrí cuando ya no tenía remedio, que el camino financiado por los agentes de la felicidad y el destino que prometían los anuncios y los artículos sobre economía, no eran los más adecuados para alguien con vocación de tropezar por sendas más abruptas. Me dí cuenta el día después del fin de la juventud, de que la magia no se encuentra en la artificialidad del consumo ni en la alquimia de las cifras. Que pasarlas putas es, en el fondo, un vehículo mucho más cercano a la felicidad, pues ésta es vecina del miedo y de la inseguridad, duerme en la misma cama que el desamor, y la melancolía es esa amante que entra desnuda y chorreando a formar un trío libidinoso y obsceno, que arriesgarse a sufrir es la única manera de sentir, de entrar en el lecho donde se fabrican los mejores recuerdos.
Reciclé mis sueños, como me dijeron. Los hice pasar por el tamiz del sentido común, de la madurez y de la responsabilidad, por la trituradora del porvenir y de la inteligencia, cambié arte y amor por otros principios serios, para así, aburrirme de no sufrir, de no sentir. Y conseguí con la transformación de mis deseos un estatus óptimo, una situación privilegiada de admiración, y una tropa de desconocidos disparando respeto y 'ustedes' en mi dirección, pero que no tenían ningún interés por conocerme, por vivirme. Encontré un lugar en el limbo urbano que me otorgó una envidiable situación de (in)seguridad, (in)felicidad y (in)satisfacción que hoy creo que merezco plenamente.
Podría haberlo hecho, pero no lo hice. Podría haberme quedado contigo, pero me fui. Podría haber vuelto a la cama, pero huí a hurtadillas, enfundado en las primeras luces del amanecer, sin hacer ruido, sin despedirme. Podría haber disuelto mis miedos en los fluidos de tu amor, pero me aferré a la abrupta textura del pánico y sucumbí. Podría haber sido valiente, pero siempre me dio miedo enamorarme. Podría haberte despertado y besado y acompañado al lugar que me habías marcado en el mapa, a aquél paraje junto al purgatorio en el que podríamos amarnos mientras caminábamos por el cable del funambulista, pero querías hacerlo sin red y la cercanía del infierno me asustó. Podría haber buscado la melodía lejos de casa, pero equivoqué la balada de Isolda con los cantos de sirena de Ulises, y una vez más escapé, escuchando una anodina canción en la radio del coche. Podría haberte olvidado, pero no puedo.

"Algunos hemos apagado las luces (...) hemos preferido morirnos de miedo en la oscuridad en vez de estar donde vuelan los ángeles..."
                                                                                                                             (Bob Dylan)


miércoles, 14 de agosto de 2019

Los Bonsáis - "Hinoki" (2019)



 ...hablamos de urgencia y frenesí vital, estribillos que enganchan y toneladas de frescor y lozanía

Hoy me apetece recuperar la reseña que hace unos meses escribí en mi otra casa, el Exile SH Magazine, a propósito de un grupo asturiano llamado Los Bonsáis, decía así:
No es el estilo de este dúo lo que más se estila en el Exile, tampoco es ésta una expresión musical a la que un servidor preste demasiada atención, pero después de escuchar bastantes veces durante estas vacaciones de semana santa su primer disco largo, titulado "Hinoki", debo decir que me he terminado acostumbrando a estas canciones, me he divertido y que, además han hecho de desengrasante frente las tensiones y malos rollos cotidianos; en definitiva, que he disfrutado y sigo haciéndolo con el disco.
Podríamos decir que lo que practica esta pareja es un pop alternativo de pocas prestaciones sónicas en principio, pero con un encanto muy especial: actitud naif y desenfadada, juvenil, optimista y vitalista. Ella, Helena Toraño, canta como lo haría una niña, con aparente inocencia, y me la imagino haciendolo delante del espejo de su cuarto, tras salir del instituto, soñando despierta mientras canta aún con el uniforme del cole.


Los textos van en ese mismo sentido: aburridas tardes en casa, miradas al cielo, ocurrencias juveniles, visitas al novio, un cóctel de frivolidad, ingenio, encanto, optimismo, luz y esperanza que resulta sumamente revitalizante, al son de una base rítmica incisiva y unas guitarras cristalinas y primaverales.
De los once cortes que se apretujan en el disco, sólo tres superan los tres minutos; hablamos de urgencia y frenesí vital, estribillos que enganchan y toneladas de frescor y lozanía.
Podemos dar una vuelta de tuerca y nombrar a modo de paralelismos a bandas ochenteras como Fresones Rebeldes o los fugaces Los Romeos, e incluso incidir en una cierta esencia pop/mod extraída del aura del Swinging London, al estilo de su vecino de sello (Elefant Records) Cooper.
Las composiciones, compartidas por Helena y Nel González, tienen referencias más actuales también en agrupaciones como Le Mans o La buena vida, pero Los Bonsáis tienen definitivamente su espacio sónico propio.
Dar un repaso a sus canciones no es sino un recorrido por las actitudes apuntadas, que se hará con una sonrisa en la boca y ese apacible sentimiento de bienestar que nos hace recuperar sensaciones juveniles. No hay pretensiones, pero si mucha realidad que bien mirada, no es tan ingenua y en parte, agrupa esencias vitales en las que anidan esos efímeros momentos de felicidad.
No veremos "Hinoki" en las listas de lo mejor del año, y tampoco aparecerá reseñado con grandes titulares en las publicaciones más sesudas que se encargan del rock patrio, pero yo lo recomiendo, pues no solo de grandes obras vive el hombre y la mujer, y este disco es francamente disfrutable.
Página donde escuchar y adquirir "Hinoki" pinchando AQUÍ.



Reseña publicada el pasado 22 de abril de 2019 en el Exile SH Magazine.