lunes, 23 de abril de 2018

Los lunes... escenas de cine - "Corazonada"


Hoy me lanzo con uno de los mayores fiascos de la historia del cine. Me refiero a fiasco comercial y también económico, pues le supuso la ruina a su realizador Francis Ford Coppola, que ha estado pagando las deudas que generó el tropezón hasta hace muy poco tiempo.
Durante años fue considerado un fiasco también artístico, hoy creo que muchos han reculado de esa afirmación para ceder a la evidencia, revisitado el film, de que se trata de una magnífica película.
Fue el proyecto más personal de un loco como Coppola, y como ya había pasado en ocasiones precedentes, un fracaso en toda regla: Welles o Fellini saben bien de qué hablo.
Una de las películas más bellas de ver, filmada en su totalidad en un estudio, al modo de los años treinta y cuarenta, la recreación de Las Vegas es bellísima.
La historia no es especialmente original, un cuento romántico, pero majestuoso en atmósferas y lleno de momentos mágicos, además de la música, es un film musical, a cargo de Teddy Edwards y el gran Tom Waits, que nos deja momentos de intensa emoción.
Hay que destacar dos nombres, Dan Tavoularis en la dirección artística y el inmenso Vittorio Storaro en la maravillos fotografía.
Me confieso un ser enamorado de "Corazonada", la más bella y mágica película de Francis Ford Coppola y en opinión del qué suscribe, una obra maestra.
¡Feliz semana!

domingo, 22 de abril de 2018

Los domingos photosong -Barna Howard - "Indiana rose".


Amanece un día soleado y muy bonito en Bilbao. Apetece pasar la mañana dando un paseo, en un entorno de naturaleza con el susurro de la brisa y los sonidos de los pájaros, con los olores propios de la primavera que refulge y se desliza entre los árboles.
Y por supuesto apetece escuchar tonadas que vayan en sintonía con estos sentimientos tan armónicos, canciones bonitas y sencillas, de esas que hablan de cosas eternas, en apariencia poco importantes, pero en realidad cruciales y definitivas.
Así que me he acordado de un disco que me subyugó hace unos años, y lo sigue haciendo, me refiero al precioso elepé que publico Barna Howard en 2015 titulado "Quite a feelin'".
Lo he extraído de la estantería, lo he pinchado y ahora el círculo se ha cerrado.
Disfrutaremos de esta soleada mañana dominical con Barna Howard y la bonita "Indiana rose".
¡Feliz domingo!



sábado, 21 de abril de 2018

Llueve sobre mojado - Conciertos Vs público.


Pues efectivamente, llueve sobre mojado, y lo que es peor, empieza a llover sobre una inundación. Y es que empieza a resultar ciertamente complicado poder disfrutar de un concierto, que para los menos duchos diré que es una representación artística y cultural, en un ambiente propicio para lo que debería ser el propósito de un evento así, escuchar música en vivo.
Ayer volvimos a vernos bajo el chaparrón, fue en el concierto que ofrecía la banda vizcaína The Travellin' Brothers. En cuanto vi que se colgaba el 'sold out' me eché a temblar, me temí lo peor, otro concierto en un ambiente de insufrible actitud por una parte importante del respetable, que acude a los conciertos a todo menos a escuchar música.
Efectivamente se cumplieron mis peores presagios, y en un Kafe Antzoki abarrotado, el público que allí se concentró se tomó el evento como una verbena el día grande de las fiestas del pueblo.
The Travellin' Brothers practican un rythm & blues de Big Band agradable, oreado por la brisa del Mississippi y con aromas Nuevaorleanescos, interpretado con ímpetu y energía, tienen buenas canciones y un cantante que es un frontman de esos que levantan al público y le animan a intervenir en el show activamente; hasta ahí todo correcto.
Otra cosa es que los que allí se congregaron se sientan en el derecho de convertir el acontecimiento en una fiesta en cuadrilla, molestando y perturbando a los que queríamos, además de bailar y disfrutar del show, escuchar música.
Ya con la banda que hacía de telonera, Mississippi Queen & The Wet Dogs, el murmullo era constante y molesto, en momentos más que murmullo era jaleo, y no faltaron instantes en lo que alcanzaba cotas de escandalera.
Pero fue aparecer la banda principal y aquello se convirtió en un auténtico sindios, gente haciéndose selfies durante todo el evento, delante de nosotros, con flash, en grupo y gritando, charlas constantes sobre temas de todo índole, empujones al estar moviéndose para hablar con uno u otro, que a un servidor le dan ganas de marcharse o soltar cuatro voces a los impertinentes vecinos que tocan en suerte.
No digo yo que en un concierto como el de ayer haya que estar como en misa, es evidente que lo suyo es disfrutar de un show que promueve el baile y el despiporre general, ¡pero coño!, dentro de un orden. Que muchos dirán que han pagado su entrada, si, y yo la mía y quiero escuchar las canciones, al grupo, que se puede bailar sin montar un follón como el de ayer, y el de otros días últimamente, que como digo llueve sobre mojado.
Resumiendo, que lo de ayer no es nuevo, que no sé que se podría hacer y que empieza a resultar reiterativo lo de no poder disfrutar de un concierto, que no puedo entender que la gente se comporte de forma tan irrespetuosa y desconsiderada, con los artistas y con el público que desea disfrutar de un acontecimiento artístico en paz.
¿Qué quieren que les diga?, que estoy hasta los mismísimos de que no me dejen ver los conciertos y que todo sea que me tenga que pensar acudir a ciertos eventos, porque es tirar el dinero. Una pena.

viernes, 20 de abril de 2018

Fernando Rubio - "Cheap chinese guitar" (2018).


Hace un par de días comentaba en esta misma bitácora a propósito de la reseña sobre el nuevo trabajo de Nap Eyes, que el disco de los canadienses me había exigido un buen número de escuchas hasta que conseguí hacerme con él.
Esto no siempre es necesario, y ocurre también todo lo contrario, que desde un principio un disco es asimilado y disfrutado como si llevase semanas sonando, y en apenas media docena de pases la conjunción y armonización entre sonido y escuchante es absoluta y natural.
Esto ocurre, al menos en mi caso, con el nuevo disco del cartagenero Fernando Rubio que lleva por título "Cheap chinese guitar". Pero si no les importa vamos a remontarnos a cómo y cuándo tomé contacto por vez primera con Fernando Rubio. Era el año 2016 y me enfrentaba a mi primera actuación, obviamente como público, de una de mis bandas patrias predilectas, Bantastic Fand. Era en el mil veces mentado y muchas más añorado y recordado Último Vals de Frías. Allí me enteré que la banda comandada por Nacho Para estrenaba guitarrista, un tal Fernando Rubio y cartagenero como ellos; fue una de las sorpresas -por positiva- del concierto. Lo fue para tipos como yo, separados de Cartagena varios cientos de kilómetros, pues poco tardé en conocer la verdad con respecto a Fernando, y es que en su tierra y entorno se trata de una leyenda viva del rock patrio, del arte de las seis cuerdas y de la composición. Tras varios conciertos en los que he vuelto a asistir como público ante él, debo decir que el prestigio de Fernando es más que comprensible y merecido.

Ya quedaba claro en su anterior entrega discográfica, el estupendo "Tides" de 2009, que lo de Fernando Rubio es la música americana cocida a fuego lento y con múltiples aderezos estilísticos, finura en la interpretación y buen hacer en las melodías, el resto se redondea con oficio y amor por lo que se hace, talento e ilusión, con todo ello entenderán que el resultado es difícil que no sea la excelencia.
En esta nueva entrega, producida por el propio artista que además compone todos los temas del mismo, intervienen compañeros de Bantastic como Paco del Cerro (baterías), Paloma del Cerro y Nacho Para (coros), Carlos Campoy (hammond y piano), Chencho Vilar (bajo en "Winter sun"), Iván Estefanía (mandolina en "Winter sun"); en definitiva que Fernando se ha visto muy bien acompañado a la hora de facturar estas doce canciones en Pijama y en los estudios Mirage; no obviemos que el propio firmante del disco canta y además se encarga de guitarras, bajo, armónica y piano eléctrico.
El disco se desarrolla como el latido tenue y natural de la pradera: como el cuadro de un paisaje trazado con finas pinceladas, eligiendo la paleta de cada color con mimo y tendiendo a tonos relajantes, puros y sedantes; un paisaje donde la armonía y el equilibrio destacan por encima de acometidas reaccionarias o jactanciosas.
Desde el tema inicial que bautiza el disco, muy en la onda de Bantastic Fand, con la armónica y las acústicas dejando impronta de crepúsculo, el cancionero va dejando notas de delicias country-folk en exquisiteces como: "Meteor showers", "Thank you for being there", "Winter sun", "Sad sad day" o la preciosa tonada que cierra el disco "I don't want to take you home".



Un rock suave y campestre aderezado con teclas y cierto tono soul/funk como "Bloody black soul" también es un aspecto notable en el tracklist, este mantra sónico se repite aún más implícito en el funk en la bailable y pegadiza "Inner demons" y en la ácida "Love song".
El corte bluesero por excelencia lo encontramos en la magnífica "Carry on blues" y los momentos de más recogimiento melódico en la maravillosa "It ain't an easy thing". No nos olvidamos de la excelente pieza de envolvente rock&soul de piano y burbujas "Come into my dreams".
"Cheap chinese guitar" es un disco extraordinario, de esos que si los firma algún pezzonovante texano u oriundo de Tennessee seguramente despertarían oleadas de elogios, Fernando Rubio es de Cartagena (que no está nada mal) y su disco suena a America y a gloria, no se lo pierdan.
Bandcamp donde escuchar y adquirir este magnífico disco: "Cheap chinese guitar".

jueves, 19 de abril de 2018

And libros by Addison de Witt - "Sangre en la luna" - James Ellroy

No había alcanzado apenas popularidad James Ellroy en España hasta que en 1998 un film (extraordinario) basado en una novela suya fue un éxito total de crítica y público. Nos referimos a la excelente adaptación que de "L.A. Confidencial" realizó en aquella añada Curtis Handsome.
A partir de ese momento la obra de Ellroy se fue dando a conocer entre los más asiduos al género negro. Primero la atención se centró en la 'tetralogía de Los Angeles' a la que pertenecía "L.A. Confidencial" (tercer capítulo), y que además incluía cronológicamente: "La dalia negra", "El gran desierto" y "Jazz blanco".
En aquellas postrimerías del siglo XX, eran (éramos) pocos los que conocían su obra precedente, aunque el escritor angelino ya había destacado -y escandalizado- en su país de origen, y la onda expansiva había llegado a unos pocos.
Su debut en 1981 con "Requiem por Brown" ya había puesto sobre aviso de lo que se cernía sobre nosotros, un escritor apocalíptico en su estilo: directo, enfermizo, violento, despiadado, sanguinario, psicótico, febril, descarnado, obsesivo, cinematográfico, sádico, sórdido, alucinado y cuantos adjetivos quieran poner a un método literario que hace al lector volar vertiginosamente sobre los renglones, encogiéndose con las inclementes descripciones de cuerpos mutilados, sudando ante las penetrantes y perturbadas personalidades que nos presenta en cada uno de sus personajes, asqueándonos observando la corrupción y depravación con que decora a policías y políticos,  temblando en cada situación de violencia extrema, desatada y provocando excitación y pudor cuando nos coloca como voyeurs de las explícitas y, a menudo, retorcidas escenas de índole sexual que salpican de fluidos -literarios- sus historias oscuras y claustrofóbicas.
Antes de la famosa tetralogía referida, Ellroy ya había alcanzado fama y reconocimiento en USA con alguna novela previa -su debut no llegó a alcanzar el éxito masivo, aunque si le dio a conocer- y en especial con la trilogía dedicada a su primer personaje importante: el sargento Lloyd Hopkins.
La primera parte de esa trilogía era "Sangre en la luna" (1984), le seguirán "A causa de la noche" (1984) y "La colina de los suicidas" (1985); aunque las tres son excelentes, nos detendremos en la primera.


Si la famosa y cinematográfica epopeya de Los Angeles que Ellroy escribió tras este repaso a la vida del "Cerebro" Lloyd Hopkins transcurría en los finales años cuarenta y los cincuenta, el sargento Hopkins pasea su privilegiado intelecto por las calles de LA en los años ochenta.
Así es en "Sangre en la luna", corre el año 1982, pero los antecedentes que posibilitan la historia vienen de más atrás, de los años sesenta, cuando un grupo de adolescentes, en un instituto de la zona irlandesa de la ciudad siembra, por separado, la semilla de locura, corrupción, odio, romanticismo enfermizo y psicótico y venganza que desembocará en los continuados y 'perfectos' asesinatos de mujeres, que han pasado desapercibidos, pero superan ya la veintena.
Lloyd Hopkins, apodado "El cerebro" por su exagerada inteligencia y considerado un genio, intercepta una llamada al departamento de policía alertando sobre un terrible asesinato en un apartamento de Los Angeles. Hopkins se dirige hacia allí y decide, a pesar de las reticencias de sus jefes, resolverlo. No tarda en relacionarlo con otras muertes, consideradas en muchos casos suicidios, también de mujeres; el hecho de que en cuatro de ellos coincida la fecha diez de junio, le pone sobre una pista inicial que utiliza para construir una hipótesis sobre la cual trabajar.
A partir de entonces Lloyd se embadurna de toda la suciedad y putrefacción que envuelve al asunto, y se introduce en el pasado de un entramado de personajes que sin saberlo están atrapados en el mismo bucle temporal.
Pedófilos, prostitución, drogas, corrupción, emociones encontradas, sexo, la desastrosa vida familiar de Hopkins, una poetisa que sin saberlo es el centro de la historia, un poeta frustrado, la redención de los pecados femeninos por medio de una muerte adecuada y perpetuada por un enfermo... ingredientes habituales en la literatura y universo de James Ellroy que cuecen un relato que engancha, sobrecoge y activa emociones de difícil manejo.
Alcanza el estilo del escritor su plenitud en la 'tetralogía de Los Angeles', pero en esta trilogía se muestra más desquiciado y cruento que nunca, penetrando en el cerebro del lector y llevándole por su espeluznante infra-mundo, y haciéndole visitar sus macilentos paisajes urbanos.
Una trilogía no tan conocida de James Ellroy que entiendo que es imprescindibles para los aficionados a la novela negra, que en el caso de este psicópata de las letras, es roja como la sangre que corre por litros en sus escritos, no se pierdan las andanzas por los lodazales de la ciudad del sargento Lloyd Hopkins "El cerebro".

martes, 17 de abril de 2018

Nap Eyes - "I'm bad now" (2018).


Uno de los discos a los que más escuchas he dedicado antes de escribir sobre él ha sido el tercero y último hasta la fecha del cuarteto canadiense Nap Eyes titulado "I'm bad now". No he querido dejar nada al azar ni tener que desdecirme más adelante cuando el disco hubiese experimentado una consolidación, que sinceramente presagiaba, y que le hiciese ganar muchos enteros con respecto a la inicial sensación de decepción que me invadió tras los primeros pases.
Así que no desesperé, y el pálpito que tenía con respecto a estos temas y su margen de mejora con sucesivas escuchas se hizo realidad, y ahora, con el disco asimilado y madurado tras muchas audiencias, puedo decir que nos encontramos nuevamente ante un excelente trabajo de Nigel Chapman y compañía.
Continúan las influencias evidentes de trabajos pretéritos: Lou Reed, Velvet Underground, Pavement, Luna, Yo La Tengo, The Clean... y siguen también las melodías retorcidas y volátiles, la instrumentación de guitarras y base rítmica carente de expecacularidades y virtuosismos pero de apabullante solidez y cohesión, y una fuerte personalidad en los textos, de carácter introvertido y filosófico.


No me ha resultado fácil encontrar el punto a este disco, pero la masa sónica del mismo se va fraguando con el tiempo y finalmente se muestra compacta y vigorosa. A día de hoy me resulta sorprendente la fluidez que encuentro en unas melodías que empezaron mostrándome su cara más esquiva.
Desde el primer tema, que ofició de lanzamiento al elepé: "Everytime the feeling", que singulariza la propuesta de la banda, pasando por el segundo corte, y uno de mis momentos favoritos: "I'm bad", donde la poética alcanza cotas de hosca lírica sonora; todo el recorrido al tracklist es un rudo y por momentos agotador viaje a través de propuestas de reflexión, sonidos rezumantes de densidad y belleza a partes iguales, con inclinaciones evidentes a los sonidos de interior, de tugurio y de noches largas y arrebatadas.
"Judgment" es reptante y sugerente, "Roses" es un tema que hubiese lucido a la perfección en la voz del Lou Reed más melódico, en cambio "Follow me down" baraja una opción más acústica aunque de igual impacto.
Unos pellizcos de la guitarra dan paso a unos acordes de gran belleza, que a un servidor recuerdan al último artilugio de Peter Perrett, me refiero a otro favorito personal: "You like to joke around with me". Tal vez el segundo sencillo "Dull me line" resulte más llevadero, sonoro y fluido, mientras "Sage" se convierte en otro momento especialmente querido para un servidor, con esa atmósfera tan Wareham.



Otro tema puramente Reediano es la corrosiva "Hearing the bass" y "White discipline" es más expuesta y diáfana, para terminar con la preciosa balada de corte acústico "Boats appear".
Tenía fe en este grupo y me alegra no haber sucumbido tras unas primeras escuchas poco convincentes, aunque algo me decía que la paciencia tendría recompensa, así ha sido y hoy puedo recomendar este disco sin reservas, con la advertencia de que no es fácil ni inmediato, requiere dedicación y empeño para florecer, pero cuando lo hace muestra su verdadera naturaleza, la de un gran disco que destacará en el presente curso.

lunes, 16 de abril de 2018

Los lunes... escenas de cine - "Doce hombres sin piedad".


Estos días se han cumplido siete años de la muerte de Sidney Lumet, uno de los más talentosos e incisivos realizadores de su generación a pesar de contar con menos favor popular que otros.
Me parece pues obligado dedicar un lunes a la extraordinaria obra de tan magnífico director. Podrían ser varias las elegidas, pero finalmente me he decantado por "Doce hombres sin piedad".
Basada en un guión de Reginald Rose que en principio estaba destinado a la TV e interpretada por un reparto muy televisivo, con la excepción, lógicamente, del gran Henry Fonda.
Se trata de un drama judicial, con enseñanza al espectador del funcionamiento de un jurado americano y que encierra, entre una entramada maraña psicológica, como es habitual en las películas de Lumet, una critica mordaz a ese sistema de 'doce hombres justos'.
Se plantea una reflexión ética y moral sobre aspectos humanos, legales y costumbristas, no suele Lumet conformarse con quedarse en la superficie, y es de los que gustan de hurgar en las entrañas del guión, argumento y personajes con los que cuenta.
Obra maestra del cine, de las que cada vez que se revisan siguen dejando al cinéfilo clavado ante la pantalla, y con ganas de cambiar cosas, o al menos de pensar sobre ellas.
Recordamos al gran Sidney Lumet con una de sus obras capitales.
¡Feliz semana!