"Malas noticias" incide en el paisaje urbano habitual del grupo, no cede a presiones en busca de frases amables y en cada renglón manda el pesimismo...
Por Jorge García.
Creo que todos estaremos de acuerdo en que la década de los ochenta fue la edad de oro del rock urbano de textura hard-rock o metalera en español. Leño, Barón Rojo, Obús, Panzer, Barricada, Rosendo y por supuesto Los Suaves, entre otros, vivieron su renacer al éxito y propiciaron la rendición de la industria ante una oferta musical e ideológica que hasta entonces habían ignorado, una propuesta que no comprendía únicamente las soflamas románticas de poperos y nuevaoleros, las palmas propias de la rumba y la copla o los coloridos y frívolos discursos de muchos que se apuntaron a la dichosa Movida, algunos con más fuste y otros, definitivamente, con menos.
Cuando llegaron los noventa, algunos de los que vieron el mundo desde la cima en la década anterior, iniciaron un lento pero, a la postre, imparable declive, llegando algunos a habitar en la odiosa alcoba del olvido durante años (muchos reviven en estos días una segunda juventud en formato directo), otros pasearían con la testa alta su más que merecido prestigio, y seguían publicando discos en los que no tenían nada que demostrar y que, tal vez por esto, no defraudaban a sus incondicionales álbum tras álbum.
En el caso que hoy nos ocupa, que no es otro que la trayectoria de la banda gallega Los Suaves, tras un estupendo "Maldita sea mi suerte" (1991), llegaría un punto de inflexión para el grupo en 1993 con la publicación de su quinto larga duración, "Malas noticias", aquí por primera vez bajo el auspicio, y también aprovechando las instalaciones y recursos técnicos, de una multinacional, concretamente Polydor.
Decir que no se nota esta novedad a la hora de grabar, no sería justo con la realidad, "Malas noticias" sería el disco que mejor suena de Los Suaves hasta aquél momento.
Se podría pensar, como ha ocurrido tantas veces, que la llegada de la multinacional con su dinero y su capacidad promocional, se cobraría sus servicios modificando la habitual idiosincrasia del grupo, moldeando sonidos hacia entornos más acomodaticios y accesibles, que limaría los aspectos más intrincados de los textos, asegurándose de no asustar, y menos aún escandalizar o molestar, a ningún posible oyente (para Polydor, cliente) e incluso suavizando puestas en escena, declaraciones públicas o aspectos de la distribución fotográfica de cara a la promoción.
Lo cierto es que nada de eso ocurrió, y la sensación es que Polydor no intervino en aspectos de imagen o creativos, para muestra un botón: la turbadora portada del disco; en la misma observamos una revisión nocturna y callejera de La Pasión, donde Yosi hace las veces del Mesías ya moribundo, bajo la mirada apesadumbrada de los Suaves, apóstoles y fieles para la ocasión, que visten camisetas de rock y chupas de cuero bajo la luz parpadeante de una ambulancia.
"Malas noticias" incide en el paisaje urbano habitual del grupo, no cede a presiones en busca de frases amables y en cada renglón manda el pesimismo y una visión casi agónica de un presente que mira a un futuro más incierto aún, si cabe.
El aspecto sónico tampoco acusa injerencias que puedan yuxtaponerse al leitmotiv propio de Los Suaves, donde el sonido, como decíamos más arriba, más tamizado gracias a la tecnología, no se mimetiza con trucos sonoros más funcionales, ni coloca trampas para cazar más público, es, de hecho, bastante significativo que la compañía dejase la producción en manos de la banda, con Alberto Cereijo a la cabeza.
Todo estaba preparado para un nuevo gran disco de Los Suaves, solo faltaban el comportamiento de la banda (uno de los mejores line up que ha tenido el grupo), absolutamente impoluto con Yosi en perfecto estado vocal y lírico, Cereijo, como siempre, impecable a la guitarra líder y Montxo Costoya a la rítmica, y la sofocante base rítmica a cargo de Ángel 'Gelo' Barrio (batería) y Charly Domínguez (bajo).
Y de esta manera, entre heroicos punteos de Alberto, demoledores latidos rítmicos e impactantes frases expulsadas de las tripas de Yosi, transcurren ocho canciones que no acusan de instantes sobrantes o bajones de intensidad, con la épica sónica del grupo y el dramatismo verista de los textos de Yosi, emocionando o arrasando conciencias, pero siempre haciendo mirar la vida desde su rincón de pesimista working class hero.
Temas que se extienden más allá de los siete (u ocho) minutos, para poder explicar el mundo que Yosi pretende dibujar con sangre y saliva y que, por nombrar - aquí desde un punto de vista totalmente subjetivo - tres favoritas personales, citaré "Como cada noche", "El último metro" (joder con esta letra) y una de mis favoritas de la banda en general "Dile siempre que no estoy".
Hace más de un año que tenía pendiente esta reseña, 2026 está siendo un año en el que Los Suaves han vuelto a ocupar un espacio importante en mis escuchas, los discos vuelven a merodear alrededor del equipo y están girando bastante, y, créanme, esta no es precisamente una "Mala Noticia"...


Siempre me ha impresionado la letra de "Malas noticias", aunque la negatividad se agarra a todas y cada una de las letras del disco. No es un grupo al que suela escuchar a menudo, pero reconozco la carga emocional de la música de Los Suaves.
ResponderEliminarUn abrazo, Jorge, espero que las noticias sean mejores a nivel personal.