The Sound - "Jeopardy" (1980)

Crítica: The Sound - "Jeopardy" (1980)
...una suerte de vuelta de tuerca a lo suscrito hasta ese momento, señalando un camino que, sin restar en sentimientos agónicos y sombríos, abría un puerta a sonidos más blancos, fríos y nítidos...
Por Jorge García.

Otra banda de las denominadas de culto y que todavía no había pasado por las páginas de Rock and More es la malograda y maltratada en su día (y todavía hoy) The Sound.

Formada desde los restos del naufragio punk acaecido en los estertores de la década de los setenta, el introvertido cantante, guitarrista y compositor Adrian Borland agrupa en torno a la marca The Sound a un grupo de músicos formado por Michael Dudley (batería), Graham Bailey "Green" (bajo) y Belinda "Bi" Marshall (teclados).

Participan activamente de la corriente siniestra que recorría Inglaterra en aquella frontera entre las décadas de los setenta y ochenta, unos años oscuros para U.K. que se veía hundida en una crisis social, laboral y económica que la mano de hierro de la infame Margaret Thatcher sumió en una triste y agobiante espiral de conservadurismo extremo y amenazas a un futuro de libertad, un horizonte poco proclive para la creación artística. 


A rebufo del llamado post-punk, sobre el que ya había actuado con éxito bandas como The Cure o Joy Division, The Sound parten de esas estructuras sónicas ya conocidas, pero aportando un toque personal que hacía de lo que se escucha en su primer álbum, "Jeopardy", una suerte de vuelta de tuerca a lo suscrito hasta ese momento, señalando un camino que, sin restar en sentimientos agónicos y sombríos, abría una puerta a sonidos más blancos, fríos y nítidos, que bien podían empastar con otras formaciones como The Strangers o The Misfits.

La introversión de su líder Adrian Borland se hace patente en sus textos, basados en agonías existenciales, búsquedas de una luz cuasi quimérica y una visión lúgubre pero reaccionaria, aunque siempre teñida de un cetrino pesimismo.

Desde la inicial y tribal "I can't escape myself", en la que Borland dibuja un croquis bastante explicativo de su personalidad, hasta temas que nos retrotraen a su seminal esencia punk como mi favorita del disco "Words fail me" o la furiosa "Heyday".

Tampoco la sombra de la guerra fría y la amenaza nuclear escapaba a las agoreras inspiraciones de The Sound, como se puede observar en la extensa y desenfocada "Missiles". Por otra parte, "Heartland" o "Resistance" invocan a una luz que mira hacia el punk y un rock de riffs eléctricos y ácidos.


Quedan los momentos más sombríos y cavernosos, con bajos borboteantes y fatídicos para excelencias como "Jeopardy" o "Night versus day" donde se evoca en clave Lo-Fi a la mismísima Velvet Underground.

"Jeopardy" no obtuvo una buena recepción por parte del público, la hipotensión de muchos de los temas, cuya introversión sónica, textual e inspiracional no casó con una audiencia que necesitaba encastrar el pesimismo reinante con la deflagración nocturna de los instintos, actitud que no parecía encontrar el necesario punto de apoyo en este - por otra parte - sublime disco.

Los años no afectan al espíritu y determinación de esta colección de canciones, auténtico muestreo de los sonidos y anhelos de una época, un recorrido por algo más que post-punk en blanco y negro para adentrarse en el art-rock, el punk e incluso el rock, todo con una cohesión íntima y sincera que hace que lo sórdido resulte batallador y no rendido, un disco maravilloso que sigue siendo un desconocido, pero que era inaceptable que no hubiera pasado por estas páginas.

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