The Jesus and Mary Chain - "Darklands" (1987)

Crítica: The Jesus and Mary Chain - "Darklands"
"Darklands" es más accesible, pero las canciones siguen manteniendo unas coordenadas donde la belleza se recrea en la oscuridad, la melancolía y el entorno sinuoso de sus perfiles sónicos...
Por Jorge García.


No es facil dar continuidad a un debut como el que The Jesus and Mary Chain protagonizó en 1985 con "Psychocandy", obra magna que por sus características provoca unas enormes expectativas de cara a su continuación. Nos referimos a un álbum que dejó a muchos anhelando nuevos ataques en clave de experimentación e incremento en cuanto a intensidad, algo que tal vez no sea justo exigir. Pero el público es codicioso y exigente, y cuando le han roto el corazón una vez, pide una repetición - si es posible in crescendo - para seguir recomponiendo en el pecho los pedazos exparcidos tras la explosión.

Decir que en el año 1987 los hermanos Reid lo consiguieron no sería dar justa medida a la realidad de los hechos, pero lo que tampoco se puede negar es que "Darklands" consigue sobradamente mantener el nivel de calidad general, sin entrar en disecciones escrupulosas en cuanto a las fuentes, los experimentos y riesgos, las atmósferas y los zarpazos que a ese corazón al que hacía referencia más arriba, llegaban desde la densa oscuridad, para devastarlo, sin ser advertidos de la turbación que llegaba.


"Darklands" es más accesible, siempre que pongamos el listón en la enmarañada tela de araña sónica que es "Psychocandy", pero las canciones siguen manteniendo unas coordenadas donde la belleza se recrea en la oscuridad, la melancolía y el entorno sinuoso de sus perfiles sónicos, como especies tratando de sobrevivir a un entorno hostil.

El post-punk y su borboteante espacio atmosférico, la quietud de un pop elaborado y brillante, la experimental simbiosis punk de la Velvet Underground y el arrojo kamikaze de MC5 marcan el espíritu de esta decena de canciones que se exponen mostrando sus trazos melódicos con mayor claridad y sin recogimientos, activando una intensidad basada en la búsqueda de un estado anímico sin recurrir a efectos noise ni a guitarras retorciendose entre sí, desnudando su privado mensaje en un discurso bello y sugerente.

Desde las primeras notas eléctricas del tema homónimo con el que se abre la puerta de esta habitación oscura y afligida, sabemos que la tristeza y la tribulación que se agazapan en el interior, despiertan esperanzadas con la posibilidad de fluir y flotar entre sonidos tranquilos que no sencillos. 


Y según pasan los minutos y las canciones: "Deep one perfect morning", "Happy when it rains", "Down on me"... vamos fusionándonos con esas siluetas y esa tersura que acaricia y al tiempo se escurre, alcanzando, como los viajeros que buscaban Sangri-La, un lugar en el tiempo y el espacio, que al tiempo sea impermeable a la ruda y venial realidad.

"Darkland" no causa desgarrones internos ni rompe moldes previamente establecidos, o no lo hace en la medida que lo hizo el celebérrimo precedente, pero es un viaje íntimo y reflexivo a traves de un conducto con su propio éter, donde la melancolía y el sentir se exparcen en libertad y piden ser acogidos, y creo sinceramente que merece la pena ser hospitalario con estas bellas canciones.

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