martes, 29 de enero de 2019

500 Miles to Memphis - "Blessed be the damned" (2019)


Se podría decir que de casualidad he llegado a trabar conocimiento con la banda 500 Miles to Memphis. Grupo curioso donde los haya, sus inicios se remontan a 2003 y su nombre hace alusión a la distancia que media entre la localidad de nacimiento de su líder Ryan Malott y la denominada ciudad de las canciones.
Tanto el nombre del grupo, como muchos de los instrumentos que utilizan para fabricar canciones: banjos, lap steel, mandolinas, violines... pueden llevarnos a pensar que se trata de una formación country. No sería correcta esta suposición, o al menos, no del todo correcta.
En este disco (el quinto), el grupo dice haber alcanzado el sonido buscado durante años, y en la mezcla resultante encontramos además del country y bluegrass que podríamos entender primigenios, ramalazos rhythm & blues, folk, punk, rock, incluso gospel... todo ello forma una simbiosis sónica que resulta excitante y muy marchosa, divertida y agradable.


En esta ocasión Ryan Malott compone las canciones junto a Noah Sugarman (bajo, guitarra, teclados), quien otorga a algunos temas esa esencia rhythm & blues.
El productor elegido también está en el ambiente country-rock, pues se trata de John Pedigo, productor habitual de The Od's o The Old 97's entre otros.
Base rítmica excitante y nerviosa, guitarras, órgano, la voz de Malott y apoteosis de coros cierran el círculo de una propuesta fresca a la vez de elaborada, que recubre a unas melodías que funcionan a las mil maravillas y unos explosivos estribillos que conseguirán su objetivo puramente lúdico.
Precisamente con sones gospel da comienzo el disco, con la exuberante "The river", una inyección de vitaminas que hace las veces de tema de presentación.



Una batería trotona al más puro estilo rockabilly, que se combina con violines, guitarras, banjos y una vertiginosa actuación vocal dan forma a la irresistible "Bonnie". Más rockera y suburbial se muestra "Hold on tight", mientras en "I said babe" se encierran en un tono más popero hasta que llega el aguerrido y gamberro estribillo.
Montañoso, el son de los Apalaches que da título al disco, que contrasta con el siguiente corte, el punk-rock "No doubt about it".
El brevísimo y juguetón bluegrass "Piggie boy" nos lleva a la desquiciada hiperactividad country-rock de la urgente y también breve "In my chest", menos de tres minutos entre los dos temas.
Da comienzo la estupenda y favorita "Save me" con el sonido de un órgano, para sumergirse de inmediato en aguas contaminadas por diversos géneros, vuelve el punk histriónico y radioactivo con "What a waste", para terminar con un tema bucólico y en cierto modo melancólico, el canto de amor perdido "I'm a bastard".
Una grata sorpresa este disco de los hasta ahora desconocidos por mi 500 Miles to Memphis, primera reseña de un disco de 2019 y me ha parecido bien hacerlo con un cóctel de sonidos enraizados y un poco anárquicos, pero que encubren una actitud de garra y diversión no exenta de calidad. Muy recomendable.

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