domingo, 14 de octubre de 2018

Fin de curso, buscando horizontes y saltar abismos.


Recuerdo que en mis lejanos días de estudiante defendía que los años eran el periodo de tiempo que transcurría desde que empezaba el curso hasta el comienzo de las vacaciones. El periodo vacacional era por tanto una especie de tiempo extra, un paréntesis reservado por el destino para dedicarlo a todo tipo de hedonismos fuera de cartel.
En cierto modo este pensamiento no me ha abandonado nunca, y a día de hoy sigo sintiendo que el año acaba cuando me enfrento a las vacaciones, siendo la nochevieja un día de celebración familiar en el que desde hace muchos años que ni siquiera salgo de casa después de comer las uvas.
Precisamente, recién empezadas mis vacaciones, me encuentro en ese lugar psicológico en el que suelo hacer balance de lo que ha ocurrido durante los últimos meses, lo que siento qué ha sido el devenir de la vida y mis circunstancias particulares.
Por hacer un resumen claro y conciso, diré que el último curso (mejor denominarlo así) lo puedo reducir a una palabra: "distancia", o tal vez más concretamente "distanciamiento".
Me da la sensación de que durante los últimos meses muchas cosas de las que consideraba seguras están más lejos, no sé si me he desplazado yo, o por el contrario he permanecido estático sin advertir el abismo que empezaba a abrirse entre yo y parte del mundo, pero hoy siento que algunas situaciones y personas no están, o tal vez soy yo el que no está.
Intentar recuperar sensaciones cuando la apetencia de hacerlo no es real no parece que tenga demasiado sentido, y tal vez por eso he permitido, indolente, que transcurra el tiempo y aplique esa falsa cualidad de solución mágica que solemos atribuirle.
Siempre pienso que a estas alturas del año, a punto de volver a colgar la mochila a la espalda para refrescar la vista dejando que se pierda en horizontes nuevos y (espero) venturosos, la capacidad de análisis que puedo ofrecer no es del todo nítida, pues seguramente será perdido en lejanos parajes donde mi cabeza, cada vez más terca y encajonada en la costumbre cobarde que se aferra a nuestro comportamiento, pueda por fin ordenar las cosas para resetear a un tipo que cada vez pasa menos controles de calidad vital, o eso creo.
Siento que la esperanza, sagrada palabra en la que siempre he intentado sustentar mis pasos por muy cenagoso que fuese el camino, me ha terminado desesperanzado, creo que la utilización de la misma me ha resultado, finalmente y perdida en muchos aspectos la sustancia de su valor intrínseco, frustrando.
Lo cierto es que siento que en muchos aspectos no hay esperanza, y así lo demuestra el descabalgar que he ceremoniado en la oscuridad de mi naufragio durante los últimos tiempos: perezoso ante la batalla que tan avezado me mostraba a plantar no hace tanto tiempo, mirando hacia otro lado cuando mi natural oficio era el de fijar la mirada y enfrentar los molinos de viento que este canalla y Cervantino país y sus necias costumbres ponía cual espectros ante mi, Quijote de pacotilla que terminaba con la osamenta dolorida acurrucado en el suelo mientras las aspas seguían girando, haciendo harina de mis ilusiones, aquellas que hoy me parecen quimeras de caballero andante con el cerebro enajenado.
Los besos que antes se repartían con la alegría irresponsable del pobre que da lo que tiene, son ahora, o así lo parece, administrados como las monedas de un viejo usurero Dickensiano que conserva lo único que la vida le ha dado, por si algún día pudiera con ellas comprar favores a un destino aciago, quedando como fin único: la vida sin vivir, los favores sin cobrar, y los besos sin repartir.
Posiblemente esté cansado, aturdido y un poco desconfiado, aunque no tengo motivos para desconfiar de nadie.
Pero he de admitir que la porción de suerte que el azar me ha asignado sigue en forma de unos cuantos amigos (alguno confío que lea esta perorata y sonría ante la avalancha de pesadumbres que se le pueden ocurrir a un servidor cuando está agotado), y que el cosquilleo de su cabello en mi pecho sigue siendo la sensación más maravillosa que existe, y que sigo celebrando que huela tan bien -como dije en cierta ocasión- a papelería de barrio, a hierba recién cortada... que la música me resucita de mi mismo cada vez que una canción enciende la luz roja de mi corazón y llama a la batalla a una piel que se excita, que en cada concierto vivo en la compañía de amigos que son regalos, que los libros me siguen enseñando lo ignorante que soy, y me sumerjo en ellos como cuando de niño soñaba con ser Athos, Ivanhoe o 'Dick' Shelton... y que me consta que hay alguien al otro lado de la puerta, esa que suelo mantener cerrada, celoso de que mis pensamientos no se escapen, pero que cuando la abro suele entrar la primavera.
Pronto salgo de viaje, compartiremos horizontes y visiones, ordenaremos sensaciones y sentaremos prioridades, caminaremos en busca de lo impregnado de espontaneidad y dejaremos que los aires de novedad despeinen mi cabello y me doten de un poco de sabiduría y, espero, bondad, y que a la vuelta pueda reducir distancias y saltar el abismo.
¡Hasta la vuelta!



8 comentarios:

  1. Qué bien que sigas ahí a pesar de todo, Addi. Tu blog son ya años de pasión e inteligencia, de buena música y buen cine. Un espacio virtual más importante de lo que tú quizá supongas. Disfruta de las vacas, como dice el amigo Bernardo.

    Un abrazo.

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    1. Lo que mola es que amigos como tú sigan pasando por casa Un honor y alegría. Gracias Gonzalo
      Un abrazo

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  2. Ya estarás volando hacia tu nueva aventura.
    A disfrutar, que aquí quedamos esperando noticias y mas música por supuesto.
    Muxu!

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    1. Ya estamos por aquí. Todo muy bien pero al final del día cansado.
      Muxus

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  3. Aunque tarde pero qué gustazo leerte. Los finales de curso siempre tienen cosas buenas y cosas que no son tanto. Grande!!!!

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    1. Yo como nostálgico y melancólico irreconducible, siempre hago balances al final del año, cuando estoy un tanto cansado, o como este año, agotado. Luego, después de un viaje y un descanso me doy cuenta de que no estaba tan oscuro el camino.
      Muchas gracias.
      Abrazos.

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