viernes, 7 de septiembre de 2018

Las Muñecas de Calle Feria - "S/T" (2013)


Dice la leyenda que el marino Willem Van der Decken amaba tanto el mar que firmó un pacto con el diablo por el cual podría surcar los mares y océanos por siempre sin que ningún maremoto o tempestad pudiese interponerse entre él y su deseo. Cuenta también la epopeya que Dios, al enterarse del trato ilícito firmado a sus espaldas, condenó al viejo capitán a vagar por esos mares que tanto amaba sin rumbo y sin tocar nunca tierra, el viejo navegante fue llamado para toda la eternidad: El holandés errante.
Las Muñecas de Calle Feria son, vistos desde la distancia en kilómetros de tierra que contemplamos desde el norte, algo parecido al holandés errante: una banda fantasma que alberga la poética maldita y espectral de los que nunca llegaron a arribar en puerto multitudinario alguno, y cuya obra navega sin rumbo fijo, al albur de un encuentro azaroso en el inmenso mar de canciones e historias, como si una condena divina les sentenciase a errar por un laberinto de desconocimiento, como un castigo a su osadía, a la pretensión de cantar al glamour y al oficio de vivir -cual Dorian Gray fotografiado con flash y vestido de cuero-, y por pretender hacer perversión del arte de sobrevivir, disfrute lujurioso del amor empapado en queroseno, y hogar dulce hogar de la noche poblada de vicios y perdiciones saturadas de placer, galopando sobre los impulsos libidinosos de una excitante aunque definitiva cuenta atrás.
Gracias a mi amigo Isidoro Lora, que me facilitó las coordenadas precisas para encontrarme con la nave de cuatro mástiles comandada por estos tipos, miembros de grupos hispalenses como Sick Buzos, La Mula o Milkyway Express, he podido zambullirme en el pecado causante de la sentencia divina, osea, sus canciones.


Las Muñecas de Calle Feria grabaron un EP en 2012, y un LP en 2013... después el silencio, o tal vez la maldición, éso no lo sé.
Entre los miembros del grupo he conseguido descubrir bajo apelativos que pretendían sin duda burlar al malvado dios, algún nombre importante del circuito rockero andaluz como Chencho Fernández, Pablo Caravaca, Miguel Díaz o Antoñito Picante.
Las Muñecas de Calle Feria practican un rock and roll nocturno y hedonista, con una fuerte carga de purpurina y un adictivo olor a una mezcla venenosa de tequila y pachuli, o tal vez Chanel. El glam y la poética underground nocturna con lírica de vivir deprisa, pero en el entorno luminoso de los neones, donde los vampiros hacen sus conquistas, es el caldo en el que se cuecen las canciones de la banda.
Descubrimos a Burning, T-Rex, David Bowie, Roxy Music, Lou Reed o New York Dolls enredados en las costuras sónicas de cada una de las canciones que rellenan ese cóctel molotov cargado de nihilismo que es su elepé, de hecho descubrimos versiones de los Dolls, Reed o Mick Ronson en el catálogo.
Producido por la propia banda y Álvaro Suite que también colabora con algunas guitarras, no hay tema que no sea un pecado carnal: "Rubia de cuero", "Me gusta ser un chulo", "Comandante Maribel", un tema adictivo con trago largo de nostalgia y amargura, de los que se pegan como un Alien a tu cerebro, o a tu corazón...
Si les apetece desafiar a dioses, tempestades, maldiciones y bestias marinas a cambio de un dorado en modo de canciones de las que nunca podrán deshacerse, no se lo piensen, apunten coordenadas y embarquen en el buque fantasma, junto al capitán Van der Decken y Las Muñecas de Calle Feria, seguro que no se arrepienten: BANDCAMP.

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