miércoles, 5 de junio de 2019

The Chameleons - "Strange times" (1986)



 ...brillo bruñido a base de capas de sonidos tintados de negro, de ritmos sincopados y espirales claustrofóbicas e introvertidas...

Esta semana tenemos a The Chameleons de gira por España reproduciendo íntegro su tercer disco, el celebrado, que no célebre en el sentido extricto de la palabra, "Strange times" (1986).
Me parece motivo suficiente para rememorar, antes del concierto del domingo (en Bilbao), el disco en cuestión, una de las ambrosías de los ochenta que a pesar de gozar de cierto lustre popular, no alcanzó ni mucho menos la fama y reconocimiento que merece, que es incalculable.
Los tres primeros trabajos de Mark Burgess y sus secuaces son para escuchar y escuchar en busca de sensaciones místicas, que sin duda llegarán navegando por sus oleajes sonoros: ambiguas atmósferas formadas por la batalla de las dos guitarras absorbentes y sonoras que conforman la base de su propuesta sónica, las etéreas sensaciones propiciadas por la base rítmica en comandita con la sugerente voz de Burgess, el tono oscuro y nebuloso, los textos de brumoso romanticismo...
Con los antecedentes fijados en el post-punk y las oscuridades que los seminales New Order y Joy Division convirtieron en un lenguaje musical que habría de marcar una franja temporal, para modificar y delimitar la dirección de la historia musical inmediatamente posterior y que troquelaron una denominación de origen sonora propia en los denostados años ochenta.


The Chameleons siguieron en la senda y alargaron la marcha en el tiempo, penetrando en el interior de la década hasta más allá de su ecuador, batallando contra sintetizadores, fairlights y baterías electrónicas, dejando escarificado en la historia y la memoria de muchos un terceto de discos que culmina con este magnífico y determinante "Strange times" que esta semana recordaremos en directo.
Perla negra de la década de los ochenta, brillo bruñido a base de capas de sonidos tintados de negro, de ritmos sincopados y espirales claustrofóbicas e introvertidas, voces de ahogado delirio que declaman poesía maldita y onírica, siempre visto el elemento emotivo con una cierta distancia que incide más en la prudencia que en el cinismo, en el respeto que en la inconsciencia.
Y canciones, claro: auténticas hazañas melódicas y estilísticas, temas de fuerte calado, íntimas y distantes, pero de un enfermizo poder de reclutamiento emocional que alcanzan el éxtasis en muchas ocasiones, logrado más por afinidad y adoctrinamiento sónico que por claudicación ante lo puro y soberbio que anida en lo clásico, pues no creo que "Strange times" pueda militar nunca en el batallón serio y pre-establecido de lo 'clásico', se me antojaría una antítesis de muy poca gracia.
Pocas opciones de resistencia quedan cuando un disco empieza con un torbellino eléctrico como el que da comienzo a "Strange times" en la grandiosa "Mac Jack", claramente influenciada por los primorosos Smiths, en la cumbre de su gloria en aquél 1986, las cartas están puestas sobre la mesa y sólo queda ir volteando naipes, para con el tiempo de escucha estimado descubrir ases, uno tras otro hasta diez.
Y según se avanza por la incierta vereda que nos ofrece esta propuesta, somos acosados por los alaridos hieráticos de la grandiosa "Soul in isolation" que vive, muere y resucita durante más de siete minutos, antes llegaron "Tears" que siempre me ha sonado victoriana, un tema que habría gustado cantar a Dickens en alguna de sus noches de insomnio, "Caution", nuevamente con los de Manchester en el cuajo del brebaje y otra vez superando los siete minutos.



En cinco se quedan los pellizcos eléctricos y los soplidos de "Swamp thing" y su portentosa melodía central; embravecida masa sónica en la impecable "Time the end of time" que da paso a una pieza que parece viajar de polizón en este barco, la bonita "Seriocity".
Teclas y vaporosidad en otro momento de inquietante atmósfera como es "In answer", y también lo es, aunque con más luz "Childhood"; para despedir este románico paseo bajo las estrellas con la etérea cualidad física de "I'll remember".
Disco imprescindible de los ochenta, donde los elementos conviven en total equilibrio para conformar una experiencia musical que nutre las meninges de todos aquellos que percibimos la poética de una época en los tonos más oscuros, en la sinuosidades románticas más teatrales y en las turbadoras voces que se baten en duelo con primorosas melodías, todo bajo el manto de una noche de estrellas errantes.

5 comentarios:

  1. Hola. Los Chameleons me parecen un grupo infravalorado. Sus dos guitarristas me parecen extraordinarios, capaces de envolverte con sus melodías. Los ví cuando se reunificaron allá por el 2000 y estuvieron muy bien. Los de ahora no son los Chameleons, sólo queda Burguess, el batería murió y los dos guitarristas desaparecieron. No sé qué será de ellos. ME quedo con ese recuerdo.
    Saludos

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    1. Estoy de acuerdo contigo. Grupo infravalorado y disco grandioso. Efectivamente solo Burgess queda la formación de Chameleons, pero la pasión que un servidor siente por este disco puede con todo. Gracias.
      Saludos.

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    2. Te aseguro que los guitarristas que acompañan a Mark dan plena justicia al sonido del grupo y el disco.
      Me permito adjuntar la crónica que a propósito del concierto escribí para la publicación Exile SH Magazine. Gracias.
      http://www.exileshmagazine.com/2019/06/cronica-del-concierto-de-chameleons.html?m=1

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  2. hola Witt.. curioso, pero ayer veía en la página de Noel Gallagher que recomienda este disco... a buscarlo, gracias por la recomendación... saludos...

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    1. Es un disco enorme, tal vez sea más conocido en Europa que en América. Te lo recomiendo sin reservas.
      Saludos.

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