miércoles, 20 de junio de 2018

Yellow Big Machine - "See you next time" (2018)


Hace un par de meses que veía la luz el quinto trabajo de la banda bilbaína Yellow Big Machine titulado "See you next time". Para registrar estas ocho canciones se han desplazado a los estudios Tío Pepe en Urduliz (Bizkaia), se han encargado de la producción junto a Iñigo Ezkauriaza, y finalmente han lanzado el álbum bajo su propio sello: Fiebre amarilla records.
Este larga duración llega tras el EP de hace un par de cursos "Always with you" del que ya hablamos aquí. Con el dolor aún palpitante por la terrible pérdida de su productor de siempre y amigo Aingeru Malaxetxebarria, el cuarteto aprieta los dientes y logra facturar una vez más un estupendo disco.
Se intuye una vuelta a los orígenes, cuando la juventud irradiaba instintos más hard-rock y esencias más canallas y aguerridas, pero no se trata de un auto-revival, en "See you next time" hay diversidad en cuanto a sonoridades, por lo cual se aprecian espirales psicodélicas y atmósferas garajeras, dentro de una independencia total acompañada de calidad, melodía y una cada vez mayor relevancia en los textos.


Aparecen riffs, ritmo desenfrenado, algunos teclados, una acción en las voces más ambiciosa y la calidez, actitud, ilusión y empuje que siempre se vislumbra en la Yellow. 
Con el raka-raka guitarrero de ínfulas grunge y las teclas industriales de "Don't complain" empieza un banquete sonoro que continúa con la hardrockera aunque sutil y sugerente "The old days".
Continúan con un tema atmosférico y etéreo, con salpicaduras lisérgicas titulado "The way I feel" para continuar con el psico-pelotazo que lanzó el disco "The next time"
Guitarras fibrosas y acercamientos post-punk en la estupenda "Strange connection" a la que sigue la urgente y frenética "Adapt & survive", de poco más de un minuto y que nos hace difícil no recordar a Iggy Pop y sus Stooges.
Imponente festín sonoro el que nos reglan con la excelente "Happens all the time" para terminar con el momento más lírico, psicodélico y sixtie de la encantadora "Take me back to your wonderful world", tema de refinado coro en el estribillo y cadencias orientales.
Un disco que demuestra que la realidad del indie no está en los grandes festivales ni el los premios de la música escondido en camisas de leñador, está en bandas con ilusión y fuerza como Yellow Big Machine; no se vayan de vacaciones sin darle una escucha a este "See you next time", y si los pueden ver en vivo, entenderán aún más lo que les digo.
Bandcamp donde escuchar y adquirir (a inmejorable precio) este fantástico disco: Yellow Big Machine.




lunes, 18 de junio de 2018

Los lunes... escenas de cine - "El retrato de Dorian Gray"


Una de las novelas que más me ha impresionado, si no la qué más, ha sido "El retrato de Dorian Gray". Leí la historia victoriana ideada por Oscar Wilde muy joven, tal vez demasiado y con el paso de los años he repetido, así que cuando me enfrenté a la película por primera vez no las tenía todas conmigo.
Existen dos versiones de la historia del pérfido Dorian Gray, una moderna que no merece ningún comentario, y otra filmada en 1945 por Albert Lewin que es francamente excelente.
Si hay una sensación que se desprende de la lectura del clásico de Wilde, esa es la inquietud, y la película logra que este estado invada al espectador durante el visionado de la misma. El guión es ciertamente fiel al texto original y tanto las interpretaciones, en especial cómo no la del inconmensurable George Sanders recreando al travieso y cínico Lord Henry Wotton, son adecuadas y notables.
También la ambientación es excepcional, se recrea el Londres victoriano de manera notable y también el lóbrego ambiente de los bajos fondos. Los ingredientes de que se nutre la novela son puestos sobre la cinta y exhibidos de forma contundente, el fino tono erótico/lujurioso del personaje central, las sutiles referencias a la homosexualidad, los instintos mezquinos y egoístas de la burguesía londinense, la hipocresía y también el miedo a lo que dicte el destino.
Literatura y cine, una combinación perfecta cuando funciona, como es en el caso de "El retrato de Dorian Gray".
¡Feliz semana!

domingo, 17 de junio de 2018

Concierto: Mendizabal - Cotton Club (Bilbao), 16/06/2018


En estos tiempos de festivales multitudinarios, giras alrededor del mundo donde parece importar más el merchandising que la música y ventas a espuertas de toneladas de humo, un concierto donde la materia prima con que se construyen las sensaciones son cosas tan en declive como: sensaciones, emociones, sinceridad, cercanía o poesía, desgraciadamente no es de esperar que sea el evento del sábado más comentado en la ciudad.
Txema Mendizabal se acercó a Bilbao en la tarde/noche de ayer sábado para dar un recital repleto de sinceridad, poesía, cercanía, emoción y sensaciones, en efecto no fue lo más comentado de la ciudad, pero si lo más bonito que ocurría en un Bilbao iluminado y jolgoreado en la ya famosa Noche Blanca.
Llegaba el bilbaíno afincado en Valencia a su tierra chica, empapado de una evidente, comprensible y confesada emoción, con la cariñosa presencia de los suyos y unos cuantos ajenos que nos unimos a la fiesta de las canciones que esperábamos encontrar (y que encontramos) en el histórico Cotton Club, lo hizo acompañado de una escueta pero más que suficiente banda compuesta por Alex Casal (bajo), Luis Alcober (teclados) y Thomas Varus Mantovani (batería).
El pase dio buena cuenta del excelente "Golpe de estado", disco debut de Mendizabal del que ya hablamos aquí y cuyas canciones fueron desglosadas con la humildad de los sinceros de corazón y con una breve y amena explicación del origen de cada una que en más de una ocasión arrancaron sonrisas y gestos de asentimiento por aquellas frases que no terminas de encajar, y que ahora ya lo hacen.
Además pudimos escuchar algunas canciones del que será su próximo elepé, que empezará a ser grabado en otoño, y que la verdad es que pintan genial habida cuenta de que con una única escucha ya impactaron y dejaron huella "Pequeña Irene" o "Boca del lobo" entre el respetable.
Txema se vio un poco limitado por algún problemilla con la garganta que le hizo tirar de oficio y ganas en la parte final del bolo, pero que no restó emoción a canciones como "Golpe de estado", "El día que te liberes" o "Cuatro".
Como no puede ser de otra manera hubo bises, más concretamente "A corcheas" y "Claridad y certeza" que supusieron un perfecto colofón a un estupendo y emotivo concierto que todos los asistentes disfrutamos y así lo expresamos en los típicos coloquios improvisados tras la finalización del mismo.
Anoche no hubo un gran merchandising, ni decibelios, ni cañones de luz... ni humo; anoche hubo canciones, muy buenas canciones.

sábado, 16 de junio de 2018

Cecilia Payne - "S/T" EP (2018)


Conocí al cuarteto Cecilia Payne hace unos meses cuando fueron los encargados de telonear a Ron Gallo en su pase por el Kafe Antzoki bilbaíno. No suelo ser de los que pasan de los teloneros aunque no los conozca de nada, y presté atención a la banda, y la verdad es que me gustó bastante lo que presentaron sobre el escenario Lucía (guitarra y voz), Jone (bajo y voz), Barezi (guitarra y voz) y Ander (batería).
Les seguí la pista y pronto empecé a ver su nombre en algunos eventos, tocaron en el último Maz Basauri y lo harán en el BBK Live, pero lo cierto es que parece que empiezan a tener presencia, al menos en la geografía bizkaina.
A pesar de su juventud (francamente indignante para los que ya arrastramos varias décadas), ya han formado parte de proyectos musicales anteriores a éste (Die Wagen, Downtown Brigade), aunque bajo la actual nomenclatura es con la que han conseguido meterse en el estudio para grabar sus primeras canciones.


Tuvieron lugar las sesiones en octubre del pasado año, bajo la mano sabia del inolvidable Aingeru Malaxetxebarria, que aquí firmó (desgraciadamente) su último trabajo, brillante como siempre.
Así que con título homónimo, el pasado mes de mayo vio finalmente la luz este EP en el que podemos encontrar cuatro cortes de arquitectura rock, con un denso tono oscuro y garajero, con pinceladas surf  y esencias noventeras que rememoran a algunas de las bandas de referencia de la última década del pasado siglo.
Guitarras que se retuercen y bajos que burbujean, voces susurrantes, acariciadoras y muy sugerentes y hábilmente enredadas y solidez rítmica en la percusión, éstas pueden ser algunas notas identificativas de un disco que subyuga, que no premoniza la juventud de sus autor@s y que posee más intensidad y profundidad que muchos discos de bandas mucho más veteranas que no consiguen las atmósferas y espirales sónicas que advertimos aquí.
Desde luego el EP sabe a poco, cosa que dice mucho a favor de estos temas, de los cuales "Fuck you" fue el elegido como tema de lanzamiento y presentación, y con el que os dejo para que os hagáis una idea de lo interesante que es el concepto que presenta Cecilia Payne.
Bandcamp donde escuchar y adquirir este estupendo EP pinchando AQUÍ.



viernes, 15 de junio de 2018

Dan Baird and Homemade Sin vuelven a España en septiembre.


Si hay un artista que asegura la actitud rockera, la entrega de los que nunca pierden la ilusión y un buen rollo repleto de marcha y entusiasmo, ese es Dan Baird. De echo, nunca es suficiente el número de ocasiones en que nos visite, pues siempre va a encontrarse ante él un nutrido grupo de seguidores que en muchos casos hemos disfrutado de sus conciertos en varias ocasiones, y tenemos el firme propósito de seguir enganchados a sus shows.
Y la siguiente visita del amigo Dan Baird será, acompañado de sus Homemade Sin, muy pronto, exactamente el próximo mes de septiembre, allí estaremos.
Viene para defender su excelente elepé del año pasado "Rollercoaster", y también el que firmó en solitario titulado "Solow".
Habrá que ir preparando las caderas para entregarse al CowPunk de irresistible y frenética actividad sísmica de Dan Baird and The Homemade Sin.

Ciudades, locales y fechas de la gira española de Dan Baird:

12 de septiembre de 2018: Bilbao - Museo Marítimo
13 de septiembre de 2018: Madrid - Sala El Sol
14 de septiembre de 2018: Valencia - Loco Club
15 de septiembre de 2018: Barcelona - Razzmatazz

jueves, 14 de junio de 2018

Aquellos discos y grupos de los noventa... Recuerdos del pelo largo.


La década de los noventa está destinada a ser la ubicación temporal de mis futuras historias de abuelo cebolleta, me explico: Fue una década un tanto rompedora. Los que durante aquel decenio cumplimos y fuimos avanzando en la veintena, la vivimos intensamente (unos más y otros menos), y a los que manteníamos unos gustos musicales más afines a las guitarras y los decibelios rockeros, y unas opiniones -en fase de constatación- más irreverentes y transgresoras, los noventa nos dieron motivos de alegrías y agitaron nuestros espíritus indómitos y efervescentes.
La llegada del grunge, que algunos entendimos como el desarrollo rupturista y radical en lo que a sonido y planteamientos ideológicos se refiere con respecto a aquella tabla de salvación que para muchos supuso años antes el nuevo rock americano, dando un portazo definitivo a los sonidos ochenteros, incluidos los sones más post-punk y nueva oleros que según avanzaban los ochenta iban perdiendo fuelle, lo interpretamos como una nueva edad de oro de la que, esta vez si, nos tocaba ser protagonistas.
Y algunos nos lo tomamos con estoicismo, nos subimos al carro de la revolución que pensábamos que se estaba desarrollando y nos empapamos de sonidos, discos, grupos y soflamas ideológico-estilísticas, nos dejamos el pelo largo y despistamos las camisas de cuadros del armario de nuestros padres para abrigarnos con ellas, éramos los impenitentes secuaces de los nuevos profetas del ocaso del milenio.
Y mientras esgrimíamos los movimientos convulsivos de nuestros pescuezos como irrefrenable danza tribal que marcase nuestro territorio, en los momentos más íntimos nos dejábamos arrasar en solitario -o con alguna compañía especial- por las nuevas pinceladas artesanas de los revisitadores del brit pop, y los orfebres y escultores de armonías que llegaban para conducirnos al cubículo donde descansa el Santo Grial, o lo que es lo mismo, la mágica triada de Big Star y demostrarnos que no todo son decibelios y actitud histérica, aunque como descubrimos después, en muchos casos no era más que el producto de un postureo impuesto por ávidos asesores de imagen y sellos discográficos, solvencia artística a precio de ganga desfilando en el interminable goteo de clips de la MTV.
Y como por instinto, devorábamos los discos de Soundgarden, Green Day, Offspring, Massive Attack o Smashing Punpkies, hasta que un día la resaca de cada escucha, cada concierto, cada lectura en la revista de turno nos propiciaba el encontronazo con el pasado, para descubrir que nuestra revolución de la modernidad no era un puñetazo en la mesa tan poderoso como pensábamos, y que otros, anteriores a nuestra veintena, e incluso a nuestra existencia, ya habían dicho y cantado, y sonado y descubierto algunos secretos de cuyo paradero creíamos ser únicos propietarios; osea, que el mapa del tesoro que nos habían vendido era una copia.
Pero por este proceso de aparente involución, aparecieron Neil Young, Velvet Underground, Jimi Hendrix o The Byrds; y con ellos nos hicimos mayores casi sin darnos cuenta, con esa crueldad traidora de la vida, que deja que te empaches sin levantar la cabeza de los placeres, anhelos y pretensiones propias de la edad, para un día decirte, de sopetón y sin diplomacia, que hasta aquí hemos llegado.
Y lo que es la vida, hoy mirando hacia atrás me doy cuenta (gracias a una foto con casettes noventeras que colgó en el caralibro el otro día mi compadre Don Guzz) de que muchos de aquellos grupos, canciones y discos, contra todo pronóstico no me han acompañado tras la veintena, que ya no me evocan más que recuerdos difuminados y -seguramente- inflados por la tramposa memoria, aventuras de tiempos en los que me reconozco sólo a medias, aunque en el fondo sé que soy yo, sigo siéndolo (creo).
Pero otros grupos, discos y canciones se han mantenido fieles a mis sentimientos de persona madura con evidente síndrome de Peter Pan, y los pincho y no necesito sentirme veinteañero para disfrutarlos y vivirlos plenamente. Curiosamente no son los discos más populares (salvo excepciones), ni fueron los más radiados, ni los más expuestos a los cortejos catódicos de la MTV.
Por eso me he planteado recordar alguno de aquellos discos, de vez en cuando, ya que no están en el imaginario popular masivo. Algunas de aquellas formaciones continúan como grupo -en activo o en resurrecciones dos punto cero con el dólar como hacedor del milagro Lazarino- o diseminadas sus partes como solistas que han corrido diferentes suertes, pero se trata de mis grupos y discos de los noventa, los que me siguen acompañando en este milenio que avanza con paso firme y que me ha convertido en cuarentón.
Seguiremos recordando.

martes, 12 de junio de 2018

John Prine - "The tree of forgiveness" (2018).


John Prine es un superviviente, del arte y de la vida; y un luchador también: de la justicia, la libertad y ante las adversidades. Con más de cuarenta y cinco años de carrera, y después de superar un cáncer en 1998 que dañó su voz y la oscureció, aunque desde luego no la apagó, no tiene nada que demostrar.
Pero alguien con este carácter no es fácil que se muestre demasiado tiempo en actitud de mero observador silencioso, y tras algún disco de versiones y colaboraciones como "For better, or worse" (2016) en el que une su voz a diversas féminas del mundillo country como Alison Krauss o Susan Tedeschi entre otras, con las que interpreta diversos covers, o el emotivo "Standards songs for average people" (2007) en el que interpreta algunos títulos clásicos junto al entonces octogenario Mac Wiseman, reaparece en este 2018 con un álbum repleto de nuevas canciones.
Bajo el título "The tree of forgiveness", Prine nos ofrece un disco que, como era de esperar y desear, se enmarca dentro de la ortodoxia del género del que ha sido protagonista, el country folk.
Lírica inconfundible, enraizada, de cimientos acústicos y ese espíritu que recuerda a viejos moradores del crepúsculo como Townes Van Zandt o a Jerry Jeff Walker entre muchas otras deidades.
No estuvo sólo a la hora de componer estas canciones, y contó con la colaboración en esta labor de Pat McLaughlin, Dan Auerbach, Keith Sykes, Roger Cook o incluso Phil Spector.
También se ha hecho acompañar de algunos amigos a la hora de registrar estas canciones en el estudio: junto a Amanda Shires y Jason Isbell interpreta la plácida y soleada "God only knows" que gestó junto a Phil Spector en la década de los setenta.


Junto a Brandi Carlile nos ofrece la breve y dulce "I have met my love today". Pero todo el disco es un recorrido por caminos de arena, solsticios de verano, semblanzas al amor y sacudidas de nostalgia alegre que repasa una vida desde la perspectiva del docto anciano que sabe más por viejo que por sabio (que también).
Por eso hay que entender el disco como un todo, donde cada canción tiene su sitio, su lugar y su momento, nada sobra, y nada se echa de menos.
"Crazy bone" bello poema empapado de camino y horizonte, "Summer end" con la poética del final del verano como inicio de otras cosas, "Caravan of fools" de tono fronterizo y reflexivo, la copla empecinada de paz "The lonesome friends of science", la espaciosa luminosidad de la estupenda "No ordinary blue", la romántica y acariciadora "Boundless love", la ortodoxa cadencia country de la que abre el trabajo "Knocking on your screen door" o la optimista y alegre afrenta ante la eternidad que significa "When I get to heaven" y que finiquita el trabajo.
Tengo que insistir en el término acuñado por my friend Joserra, la arruga es bella, pues se muestra como verdad flagrante en este disco; y en este caso además es el rastro que en el rostro azotado por la vida de John Prine ha dejado la sabiduría, y como decíamos al principio la supervivencia y la lucha.