sábado, 18 de noviembre de 2017

El día que la esperanza se marchitó. Un día de terror en Cracovia.


Decidí pasear, para relajar los nervios y purificar las sensaciones, por la orilla del Vístula. A mi izquierda y mirando al cielo, que ya teñía de oscuro Cracovia, veíase el Castillo de Wawel, que desde la altura nos vigilaba.

Al llegar frente a la cueva del dragón -smok wawelski, como lo llaman en aquellas tierras- me quedé observando la amenazante figura de bronce, que sigue custodiando la entrada a las profundidades de la tierra. En un momento dado, el ser mitológico empezó a escupir fuego, una llamarada que permitía ver, entre la oscuridad que iba ganando terreno al día, sus fauces y una terrible expresión de maldad, de crueldad, como me imaginaba al Obersturmbannführer Hoess; después la llama desapareció y sólo quedó en el ambiente un leve pero perceptible olor a gas.

El fuego, el rostro de la bestia y el gas me devolvieron a las nueve de la mañana, al principio de aquél día maldito, de aquél día de confirmaciones y dolor, de incredulidad y -al menos en mi caso- batalla contra mi mismo para no dejarme dominar por el odio; aunque confieso que si me venció la rabia, la pena, la incomprensión, la impotencia.
Los setenta kilómetros que separan la bella Crakovia de la yerma planicie donde se extendió el campo de Auchwitz-Birkenau, parecen, vistos desde la ventanilla del autobús, una inhóspita ladera aguijoneada por eucaliptos y abedules, que fantasmagóricamente parecen convivir con una niebla perenne, húmeda y fría, que puede entenderse como prólogo de una maldad infinita escrita en la historia, y que se incrusta en el corazón y el cerebro de cualquiera que se sienta humano.


Frente a la puerta de Auchwitz, el escalofrío otorgaba a mi costado derecho una heladora sensación, como si alguien me acuchillara con una daga de escarcha. El cerebro en cambio hervía, atrapado por unos auriculares, por los cuales la voz, pequeña, afectada, aún incrédula de Mónica, nos narraba unos episodios que con 16 años apenas, empecé a conocer tras leer "Holocausto" de Gerald Green, siempre he pensado, que era demasiado joven.
Lo que más duro, no por esperado ni por tener pleno convencimiento de ello, se me hizo, fue la constatación de la veracidad de lo que decían aquellas páginas que me aterraron cuando de adolescente, empapaba de dolor mi cama con las vivencias de unos personajes que se iban desintegrando por ser quienes eran, sin explicaciones ni piedad, sin juicio ni sentencia, como si su suerte fuese la voluntad de algún dios macabro.
Ver el horror con unos ojos que sólo lo habían conocido de manera indirecta, por medio de libros, o con pantallas de por medio, dando una nota de geometría artística al entorno, fue lo que me hizo hincar la rodilla, agotar el crédito que aún le daba al género humano. Por unos momentos, nada parecía tener sentido, nada parecía real, sentía que formábamos parte de un teatro, aquél de Calderón, tal vez, donde todos formábamos parte de un elenco elegido al azar por algún caprichoso y cruel ser infectado de maldad en estado puro, sólido, líquido y gaseoso.
En el trayecto de vuelta intenté relajar mi conciencia, que por motivos obvios se sentía culpable, todos lo somos me repetía una y otra vez, leyendo "Yo confieso", estupenda novela de Jaume Cabré, que fue la elegida para mi viaje por Polonia, no ayudaba precisamente. Apagué el E-Book, y me quedé con los ojos congelados y la cabeza apoyada en la ventanilla, mirando los árboles, que me hacían muecas tristes, como diciendo: ya te lo advertimos.


Me di media vuelta y desanduve lo andado. Ahora el castillo se extendía a mi derecha, recortaba su silueta sobre una nube gris azulada que parecía resistir ante la negrura del cielo, ya completamente volcada sobre la ciudad. Pensé que nada podía hacerme sentir humano aquella noche: las vías del tranvía me invocaron a aquellas que se estrellan contra la puerta del infierno de Birkenau, la puerta de la muerte, de la desesperanza, del final impuesto por el odio a nada, a nada, a nada...no encuentro a qué...no existe un qué.


Entré en un bar, era como una cueva, muy bonito y acogedor, estuve escuchando a Billie Holiday, y a Marvin Gaye, y la maravillosa versión de "Isn't it's romantic" de Ellia Fitzgerald.
Recurrí a lo de siempre: música y cerveza, libros y fantasía, humanidad y amistad. El día 20 de octubre de 2017 nada funcionaba, fue el día que la esperanza se marchitó para siempre en mi corazón, así lo sentí aquella tarde, frente a unos vasos vacíos mientras la Fitzerald lo intentaba, pero no, no es esta una historia romántica.



viernes, 17 de noviembre de 2017

Salto - "Far from the echoes" (2017)


Estaba advertido, lo habían comentado todos y cada uno de los cronistas musiqueros que habían escrutado, antes que un servidor, el último trabajo de Salto. Es por eso, que cuando hace una semana, tras el concierto que nos trajo a la banda a Bilbao para su presentación, y empecé a introducirme en sus surcos, no me pilló por sorpresa la inicial - aunque fugaz- barrera que se interponía entre el cancionero y el escuchante.
Y es que este "Far from the echoes" no es "Salto" (2015); quiero decir, que la inmediatez en cuanto a la aceptación de las coplas de aquél excelente debut -puro pop sixty y powerpop de esencia Big Star- desaparece en esta segunda intentona.
El motivo no es otro que una mayor apuesta sónica que pretende, y consigue, enriquecer unas melodías, retorcer el envoltorio que decora la lírica voz de Germán, y aportar gramos de psicodelia 'made in 1968' a un disco, que en esencia sigue perteneciendo al pop y al powerpop.
Conseguido el éxito artístico, queda por demostrar la resistencia ante la impaciencia, del personal; digamos que las primeras escuchas sirven para adaptarse a un universo que no es todo lo confortable que se esperaba, a tenor del primer capítulo de la carrera de Salto. Pero tampoco hay que desesperarse, en la segunda escucha empieza a verse la luz (de cambiantes y ruidosos colores), y se empieza a aceptar la atmósfera sónica de "Far from the echoes" de forma natural.
Para conseguir este especial recubrimiento, Salto ha contado con una banda de enjundia, y con la adhesión de sitares, campana, cellos, violines, trompetas y trombones.
Justo es por tanto, resaltar la producción de Rams y Martí Perarnau.


En cuanto al tracklist, una vez dejamos arrastrarnos por el oleaje colorista y 'extraño' del sonido, nos vamos tropezando con temas de deliciosa melodía, ricos en su aparente simplicidad: "Everything", un triste canto al final de una historia, con piano, acústicas y coros; que de repente marca el camino a seguir para el resto del elepé.
Como si de un final feliz tras la hecatombe se tratase, "Home again" acarrea sol y luz, calor y esperanza, un tema que es difícil que no encandile. En cambio es imposible no recordar a Big Star cuando se recorre "Her man".
Los sitares y una mezcla de esencias orientales y africanas dan carta de naturaleza a la lisérgica: "Moving".
Los Fab Four del 67/68 se nos muestran en una reencarnación patria, que desde Madrid desparrama reflejos catadriópticos con la sensacional: "It`s all abaut you".
La cara B del vinilo da comienzo con "Such a waste of time", una preciosa balada, más accesible y 'ortodoxa', a la que sigue la maravillosa: "You were always waiting", una melancólica y nostálgica pieza en tono folk. "Mary", tal vez mi corte favorito, por su alegría prudente (que creo descubrir) y sus elegantes teclas.
Continúan las baladas, que dominan esta cara B del vinilo, con: "Hopefully", para la que Salto cuenta con la colaboración de Carolina de Juán (Morgan). Vuelven ecos de la Gran Estrella con la triste pero hermosa "Haters".



Y termina el paseo por este universo sonoro tan especial y delicado con "Song for Ollie", donde se aúna la esencia más densa y una base folk deliciosa; este es el tema más controvertido y ambicioso, con un pasaje instrumental que se cuece en un caldo de tintes lisérgicos.
"Far from the echoes" es el segundo disco de un proyecto musical osado y con evidente vocación de crecer, de evolucionar, pero sin perder pureza, lírica y personalidad; la que vislumbramos de modo claro en el primer disco, y que ahora se hace sabrosa y más suntuosa.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Hellsingland Underground visita España en enero


Los suecos Hellsingland Underground visitarán España después de las navidades. Pudimos verles por última vez el pasado mes de junio en el Azkena Rock Festival, y ahora vuelven dentro de la gira en la que continúan defendiendo su último disco de 2016: "Understanding Gravity".
La gira parará en muchas ciudades, por lo cual muchos tendremos la posibilidad de asistir a sus conciertos y disfrutar con su rock enérgico y vitalista.
No hacían un tour por este país de estas características desde el año 2013, salvo citas puntuales en alguna ciudad de manera dispersa.
Buena ocasión para bajar los turrones y mazapanes bailando con los suecos.
Lista de actuaciones de Hellsingland Underground:

Miércoles 17 de enero: Barcelona, Rocksound.
Jueves 18 de enero: Valencia, Loco Club.
Viernes 19 de enero: Madrid, Boite Live.
Sábado 20 de enero: Sevilla, Sala X.
Domingo 21 de enero: Estepona, Louie Louie.
Lunes 22 de enero: Aldemayor de San Miguel, El Zagal de S. Martín.
Martes 23 de enero: O Burgo (A Coruña), Forum Celticum.
Miércoles 24 de enero: Avilés, La Factoría Cultural.
Jueves 25 de enero: Santander, El Almacen de Little Bobby.
Viernes 26 de enero: Bilbao, Back Stage.
Sábado 27 de enero: Zaragoza, La Lata de bombillas.




martes, 14 de noviembre de 2017

Concierto: Chuck Prophet, Kutxa Beltza (Bilbao), 12/10/2017.

Tercera cita de un servidor con Chuck Prophet, y no se si será por la inmediatez de esta última, pero me da la sensación de que la del pasado domingo ha sido la mejor de todas.
Se presentaba el californiano en Bilbao, dentro de la gira de presentación de su último disco: "Bobby Fuller died for your sins", y había expectación, a tenor del llenazo que adornaba la sala, y el magnífico ambiente que se vivió.
Para la defensa de este, se hace acompañar de una formación clásica: The Mission Express, con guitarra, bajo, batería y teclados; que arropa perfectamente a Chuck, y se muestra engrasada y con el repertorio dominado al dedillo. Una más que solvente formación, que sonó como una apisonadora en los pasajes más rockeros, y sutil y con clase en momentos más calmos.
El profeta se mostró, como es habitual, simpático y cercano, muy bien de voz y demostrando que es un excepcional guitarrista.
A pesar de tratarse de la gira de presentación del último catálogo del artista, no suenan demasiadas coplas del mismo: el tema homónimo, que abre el set, tras una breve intro, "Bad times for rock and roll", que resultó arrolladora; la trepidante y excitante: "In the mausuleum" o la magnífica: "Jesus was a social drinker", dentro de la sección que ofrece con la acústica colgada en detrimento de su machacada telecaster blanca.
No se olvida de sus obras precedentes; así de "Night surfer" nos ofreció: "Countrified Inner-City Technological Man", "Lonely desolation" o la magnífica y contagiosa: "Wish me luck" con participación entusiasta del público junto a un esplendido y desatado Chuck Prophet.
Tampoco faltó la aportación del fantástico "Temple beautifull", del que sonaron el título homónimo -de nuevo con adición del personal a la fiesta-, y la preciosa: "Willie Mays Is Up At Bat".
También se dejaron caer algún viejo tema como: "Summertime thing" de "No other love" o "Doubter Out Of Jesus (All Over You)" del no siempre valorado "Soap and water".
Por supuesto, el final fue, como era de esperar, una fiesta rockera, con el público coreando el inminente y correoso estribillo del clásico de los Groovies, y también desde hace años del profeta: "Shake some action".
Rock and roll de alto octanaje, diversión y buen rollo, gran ambiente y todos los ingredientes necesarios para poder afirmar que la del domingo fue otra gran noche de rock and roll.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Los lunes... escenas de cine - "La Strada"


La película que catapultó a Federico Fellini a una suerte de paraíso creativo del que ya nunca se bajo. Uno de los principales exponentes de neo-rrealismo, y ganadora de multitud de premios y reconocimientos. Es difícil olvidar los penetrantes personajes principales, el cruel y descarnado Zampanó y la luchadora e incomprensible Gelsomina; brillantemente interpretados por Anthony Quinn y Giulietta Masina.
Fue además un film que despertó numerosos debates, tanto en su concepción artística, como estilística; y también en cuanto a su filosofía y posicionamiento político y social.
De cualquier manera es una cinta conmovedora, bella y triste, dura en la concepción de personajes, realidades y donde queda plasmada la ardua vida en la calle, su adictivo románticismo y su épica.
Uno de esos films que permanecen en las retinas para siempre, y uno de los más imponentes logros del genial Fellini.
Nos quedamos con un hermoso fotograma de "La Strada".

domingo, 12 de noviembre de 2017

Los domingos photosong - Joni Mitchell - "Chinese cafe/Unchained melody".


Esta semana ha cumplido años Joni Mitchell, no diremos cuantos, las diosas no cuantifican su edad numéricamente, como es obvio.
Pero a un servidor se le olvidó la efeméride, y me he guardado la felicitación para esta ocasión, la del domingo fotográficomusical.
Era demasiado redundante elegir alguno de sus discos más legendarios, por lo cual me he decantado por uno de esos mal denominados 'discos menores', en concreto por el extraordinario: "Wild things run fast" (1982), cuyo título además me parece más que apropiado, pues es una realidad que se va amplificando conforme pasan esos años (salvajes o no).
Álbum maldito, porque muchos interpretaron que era una deserción de la diva al jazz, para adentrarse en senderos pop, y comerciales.
El disco no es jazz, eso está claro, pero tampoco es un elepé de pop comercial y cursi del que se empezaba a hacer en aquellos primeros ochenta, es un disco delicioso, lleno de canciones bonitas y muy elegante.
Primer disco de Joni con Geffen y primera colaboración al bajo del que pronto sería su marido Larry Klein.
Así que como además la portada me encanta, no le doy más vueltas y nos deleitamos con el primer corte del álbum, esa delicatessen titulada: "Chinese cafe/unchained melody".
Feliz cumpleaños (atrasado) reina.
¡Feliz domingo!!!



sábado, 11 de noviembre de 2017

Yellow Big Machine - "Always for you" EP (2016)


A pesar de que estamos a punto de cumplir los seis años de vida de esta bitácora, lo cierto es que aún tenemos cosas pendientes, de aquellas que en los primeros tiempos de vida del blog tenía en mente como inexorables y obligatorias.
El tiempo pasa tan deprisa que no siempre abarcamos los acontecimientos que se incorporan a la cotidianeidad, y los que eran fijos terminan quedando relegados al injusto -y ocasionalmente eterno- más adelante.
El otro día, tras el concierto de Salto, mientras un grupo de gente tomábamos un cerveza, estuve charlando un rato con Pablo Moreno, guitarrista del grupo bilbaíno Yellow Big Machine, fue una agradable conversación sobre conciertos, discos y Neil Young, ¡coño que raro!, 
Le confesé, que a pesar de ser paisanos, sólo les he visto en vivo una vez; pero lo cierto es que conozco sus discos desde hace años, y además me gustan.
Es este, uno de esos grupos que se han quedado atrapados en ese más adelante, del que hablaba antes.
Así que me di cuenta, de que el momento de dedicar unas líneas a los Yellow Big Machine había llegado.


Y como los últimos serán los primeros, me parece justo hablar del, hasta la fecha, último lanzamiento del cuarteto: el EP de 2016 "Always for you".
Para quien no esté en antecedentes a propósito de lo que ofrece esta banda, diremos que su música es un explosivo coctel de rock, garaje, surf, hardcore, soul... todo muy caliente, muy racial, y muy divertido y energético.
Con producción de Aingeru Malaxetxebarria, el EP contiene seis temas de iridiscente pálpito, equilibrio y mucha actitud, prerrogativa habitual de los bizkainos.
Da comienzo el disco con "Things", un tema que arranca con una guitarra al modo "Day tripper" de Beatles, pero que gira hacia terrenos más tórridos, garajeros y sucios, cantada por Pablo, en lugar de Álvaro.
"Fucking lie" comienza con un riff, y un tono Stoniano, que conjuga rock, soul y pop sixtie. Una de mis favoritas del set.
Sórdida, reptante y oscura: "I wish you came back" es un tema atmosférico, que encima cuenta con las voces de Cristina Lizarraga (Belako), el estribillo es adictivo, otra gema.
Rock de guitarras que rugen, cierta esencia punk, un tema muy sugestivo titulado: "Point of no return".
Mi favorita del lote es, sin duda: "Give me fire", vuelve Cristina Lizarraga; es un golpe de efecto un tanto anárquico, calenturiento e infeccioso, con un estribillo para dislocar pescuezos, irresistible.

Lo mejor que se puede decir de un EP es que se hace corto, es una putada, pero resulta clarificante: te quedas con ganas de más. Eso ocurre con "Always for you", que tras la apisonadora sónica que es "Serious compromise", uno se queda con ganas de más, y se ve forzado a repetir. (Ojo con el apéndice electrónico).
Era hora de hacer justicia a un grupo del que hace demasiado tiempo que me propuse hablar, y que aún no lo había hecho.
A veces la vida, y algunos encuentros, te empujan por el buen camino, este camino es bueno, y bailongo y lleno de acción musiquera, porque es un placer escribir un poco sobre mis paisanos de Yellow Big Machine.

Adjuntamos bandcamp donde encontrar los discos, escucharlos y descargarlos, de Yellow Big Machine.