lunes, 22 de enero de 2018

Los lunes... escenas de cine - "Cinema Paradiso".


Dice Google que hoy hace 120 años que nació Eisenstein, desde luego las técnicas de narración cinematográfica le deben mucho a este cineasta visionario, crudo y magistral.
Pero no voy a traer ninguno de sus dramas ni de sus epopeyas hoy aquí. Lo que si voy a traer es un film que es en si mismo un homenaje nostálgico, poético, y en parte agridulce a aquél cine; al cine del pueblo, de la gente, al cine de las historias, al cine de los galanes, de las horoinas, de aventuras, de besos en la pantalla amputados por el cura, de finales felices, de las grandes estrellas de la pantalla, del glamour y de la serie-B, al cine cuando era una maravillosa forma de conectar con la gente, al cine que Eisenstein ayudó a crear.
Pero "Cinema Paradiso", debut de Giuseppe Tornatore, -esta es la película que hoy recordamos-, es la crónica de una Europa, Italia más exactamente, de post-guerra, con su pobreza, su decaimiento moral y sus esperanzas difuminadas por la realidad dura del recuerdo de los que no volvieron.
Una Europa de pueblo, de lutos y cotilleos, de miserias y noblezas, de seres humanos aguantando el tirón.
Y por supuesto una historia de amistad, de la grandeza de la infancia, con sus sueños aún relucientes. Y una historia de amor, al cine, a la vida contada para que el mundo la pueda ver desde la butaca. Porque también es un homenaje al cine, al edificio, a aquellos cines maravillosos de los años cincuenta, aquellos reductos oscuros donde por un par de horas Europa olvidaba lo que era el día a día de la vuelta a la normalidad, sumergiendose en los amoríos y aventuras que veían y sufrían y lloraban en la pantalla.
"Cinema Paradiso" es una preciosa película que hoy traemos a la cabecera del blog.
¡Feliz semana!

domingo, 21 de enero de 2018

Los domingos photosong - Rod Stewart - "Seems like a long time"


Siempre me ha resultado sorprendente que Rod Stewart consiguiera mantener una ascendente carrera como solista, al tiempo que ejercía de vocalista de Faces.
Lo cierto es que durante prácticamente un lustro, así fue. Si bien es cierto que prefiero, en general, los discos de Faces, admito que los primeros álbumes de Rod en solitario están a un nivel similar.
Mi favorito sin duda es el tercero que lanzó el rubio y desinhibido rock star: "Every picture tells a story".
En 1971 Stewart exhalaba poderío, no solo vocal, también era un ciclón sobre el escenario, un cañonazo de testosterona, un lujuriosa versión de Casanova en clave de rock and roll, un auténtico rock and roll hero.
Así que para un domingo como éste, de tibieza general, en el clima y en el sentimiento, creo que viene como anillo al dedo el segundo y maravilloso corte del referido elepé.
Un quejido a el maldito tiempo, a su prisa por llevarnos en busca de nuestro destino y a las cosas que arrastra a su paso.
Nos quedamos disfrutando de la hermosa "Seems like a long time".
¡Felíz domingo!



sábado, 20 de enero de 2018

Berri Txarrak - "Infrasoinuak" (2017).


El noveno larga duración del power-trio navarro Berri Txarrak, de título "Infrasoinuak", vio la luz a lo largo del pasado año sin ser comentado en esta santa casa. Heme aquí pues, para solucionar el entuerto en estos primeros días de 2018.
Tras el arriesgado proyecto de 2014: "Dembora da poligrafo bakarra", un disco triple, con tres conceptos diferenciados, cada uno con un título y productor distinto, la formación navarra, capitaneada por Gorka Urbizu despliega su poderío en 2017 con "Infrasoinuak", disco producido por Bill Stevenson, quien fuera el encargado del tercer paquete de su mastodóntico experimento anterior.
El productor, miembro de bandas de punk-rock como The Descendents o Black Flag, y productor de grupos como Rage Against o NOFX, sitúa la acción de este nuevo catálogo en un plano casi antagónico a lo que supuso su propuesta en el 1/3 que le tocó del anterior proyecto.
Si en aquella ocasión, la actitud era de inmediatez y vértigo, golpeando las canciones de forma directa, sin concesiones, aquí éstas circulan por cauces más ponderados, delimitados dentro del estilo del grupo, y dando como resultado una redondez sónica y una actitud, que sin mirar a tiempos pasados, es resolutiva, potente y al tiempo melódica.


Berri Txarrak ofrece, como siempre, un ramillete de excepcionales composiciones. Los estribillos explosivos, y coreables; los riffs musculados y el enganche melódico del que hacen gala, siguen siendo activos del grupo veintipico años después de su fundación.
El disco pasa como un suspiro, desde la guitarra stoner que sacude la inicial "Dardararen bat" y que sirve de potente pistoletazo de salida.
Los temas más puramente punk-rockeros de aceradas distorsiones llegan en cortes como la magnífica "Zuri", los bajos espumajean y el estribillo repta como una serpiente en "Infrasoinuak", otro pelotazo irresistible.
"Hozkia" continua con la acción ruidosa de guitarras, en una espiral punk que se conecta con la urgente "Led sex", de menos de dos minutos.
Riffs mucho más amables son los que se escuchan en "Spoiler!", un corte noventero de esencia brit. Siguen, más apartados de las violencias sónicas del punk, con "Zaldi zauritua", en la que destacan los coros del estribillo, y también en el power-pop: "Beude".
"Katedral bat" es un corte que empieza con guitarras rasgadas de suave efecto para acelerarse y crear una letanía melódica que encandila; y finalmente "Zorionaren lobbya" despide el álbum con esencias noventeras y melódicas.
Con "Infrasoinuak", Berri Txarrak siguen haciendo historia, hace años que se postularon como una banda de rock, punk y hard de referencia, no sólo a nivel nacional, y siguen su camino, sin dejarse arrastrar por los tiempos de gloria y confeccionando disco tras disco, una leyenda.



viernes, 19 de enero de 2018

Cuando había música en T.V. - Siniestro Total - La edad de oro.


En abril de 1983, tras el impredecible éxito de su primer disco, el inolvidable: "¿Cuando se come aquí?", el cantante de Siniestro Total, Germán Coppini, abandona el grupo para enrolarse en las filas de otra formación viguesa, la capitaneada por Teo Cardalda: Golpes Bajos.
Esto no hizo que la banda se desintegrase, ni que perdiese mordiente, ni gamberrismo. Miguel Costas se puso frente al micrófono, tomó el relevo de Germán, y junto a Julián Hernández, que se sentó en la banqueta frente a los parches, y Alberto Torrado que siguió tocando el bajo, se lanzaron a la grabación del que será segundo disco de los Siniestro: "Siniestro Total II: El regreso".
Este segundo elepé vería la luz en el mes de noviembre de aquél 1983, pero antes, el veinte de octubre, el trío se paseó por el programa de Paloma Chamorro: La edad de oro, para ofrecer un mini-concierto, en directo por supuesto, y conceder una divertida, gamberra e hilarante entrevista. Vamos con ella.



Tras esta particular entrevista, los Siniestro subieron al escenario para interpretar un set de once temas, por supuesto de forma vertiginosa, practicamente sin superar ninguno de los cortes los dos minutos, sucios, guitarreros y punkarras.
En el set presentan temas de su segundo disco, además de un par de canciones anteriores: "Los esqueletos no tienen pilila" y "Me pica un huevo". El resto del repertorio correspondía al segundo álbum, que sería publicado unos pocos días después.
Vamos con el mini-concierto, cuyo setlist fue el siguiente:

1. "Superavit".
2. "Los esqueletos no tienen pilila".
3. "El sudaca nos ataca".
4. "Naturaleza".
5. "Me pica un huevo".
6. "Oye nena, yo no soy un artista".
7. "No somos de Monforte".
8. "Non credo en el amore".
9. "Más vale ser punkie que maricón de playa".
10. "Opera tu fimosis".
11. "O tren".



Como siempre, y más en aquellos años, los Siniestro se mostraban totalmente delirantes, con una puesta en escena, una actitud y un repertorio, bastante difícil de describir.
No obstante, muchos los queríamos, tal y como eran, unos chalados.
Primer recuerdo de 2018, a ritmo punk-galaico, de cuando había música en TV.

jueves, 18 de enero de 2018

Waxahatchee - "Out in the storm" (2017).


Seguimos con trabajos del año pasado. Este que hoy nos ocupa, firmado por la norteamericana de Alabama: Katie Crutchfield, conocida artísticamente como Waxahatchee, llegó a mi conocimiento gracias una vez más, al imprescindible Espacio Woody/Jagger que pilota mi amigo Johnny.
El disco, titulado "Out in the storm" tardó demasiado en girar en mi reproductor, y ese, y sólo ese, ha sido el motivo de que se quedase fuera de la lista de favoritos.
De otro modo hubiese tenido su hueco, pues bondades no le faltan a este cancionero, cuarto -por cierto- de esta joven cantante y compositora.
Con un sonido y unas cadencias puramente noventeras, pero con recursos propios, el disco sorprende por la frescura que rezuma, sin adolecer a pesar de ello de una madurez y coherencia absolutas.
La voz nítida, firme y de bonito timbre de Katie, posee además el estoicismo necesario para transmitir estados de ánimo que van a lo largo del trabajo desde la melancolía derivada de la superación de una ruptura, hasta el espíritu juvenil arremangado, rehogado con guitarras mordaces y melodías serenas y veristas.
En lo que respecta al tracklist, destaca el equilibrio y la variedad, pues nos encontramos con temas de rugientes y fibrosas guitarras como: "Never been wrong" cantada con hierática actitud; "Siver", de sugestiva fiereza; "Brass beam", de cierto acento country-rock y, tal vez, mi favorita; el rudimento industrial del fuzz de "Hear you" o la rotundidad hipnótica de "No question".
Momentos más dominados por la melancolía, con acompañamiento acústico y voz mortecina en "A little more" y "Fade", ambas estupendas.
Uno de mis momentos favoritos es el medio tiempo "8 ball", al que creo descubrir una lejana esencia southern. También la bonita "Sparks fly" con irresistible entrega vocal y la atmosférica y sobresaliente "Recite remorse", de refulgente sonido.



Excelente disco, que atrapa y se incrusta en las zonas menos localizadas de la sensibilidad del oyente. Una mezcla de aire puro, con conciencia de estilo y que demuestra que la música independiente y alternativa es una cosa y el 'indie' actual es otra totalmente distinta, preferimos cosas como las que ofrece Waxahatchee en este estupendo "Out in the storm".

miércoles, 17 de enero de 2018

The Doors - "S/T" (1967).


The Doors es una de las bandas que mayor controversia ha levantado y levanta en este invento del rock. Adorada por muchos, pero considerada sobrevalorada y aburrida por otros tantos, el grupo californiano no deja indiferente a casi nadie de los que se acercan a su vera.
Cuando en 1967 publican su disco debut, de título homónimo, y al contrario de lo que ocurrió con la Velvet Underground aquél mismo año, con tremendo éxito; muchos se sintieron atraídos por tan extravagante oferta, otros en cambio, mostraron su rechazo.
El cuarteto ofrecía en su presentación un conjunto de canciones encerradas en un exótico espacio sonoro, The Doors hacían una fusión de rock, blues, jazz, música de vodevil y psicodelia. Acentuaba su capacidad de seducción una espiral de poesía, malditismo y cosmopolitismo ácido.
Es imprescindible hacer hincapié en la imponente labor de Paul A. Rothchild en la producción del álbum, así como la del ingeniero de sonido Bruce Botnick; ambos son tan responsables del impresionante resultado de este debut como los propios componentes del grupo.
Por supuesto es definitiva la capacidad de seducción de Jim Morrison, hablamos de seducción vocal, y también de su personalidad: atractivo, subyugante, maldito, visceral, bohemio, nihilista, transgresor...


La introducción del órgano de Manzarek, como soporte sónico y seña de identidad, elemento clave para crear una atmósfera única y claustrofóbica, también es determinante en la personalidad de la banda, en éste, y en ulteriores trabajos.
Si a todo esto le sumamos unos textos retorcidos, osados y provocadores, difuminada su intelectualidad en humo y empapada su poética en ácido, nos terminamos encontrando con una propuesta personal que no dejaba demasiado margen para tibiezas a la hora de calificarla y aceptarla (o todo lo contrario).
Supone este disco, uno de los más gloriosos debuts que se han conocido, un disco marcado por las características comentadas más arriba y con la adición de un ramillete de excelentes composiciones.
Con dos versiones, portentosas, de enorme calado y totalmente abducidas por el universo particular del grupo: "Alabama song (whisky bar)", inflamable recreación de la composición vodevilesca de Kurt Weill y Bertolt Brecht y el blues de Willie Dixon y Chester Burnett "The back door man", a la que Jimbo arrastra a un estado nocturno y oscuro, de lacerante pulso y polvoriento escenario sónico.
Se suman los singles de éxito: "Break on throug (to the other side)", primer single de la banda y tema emblemático, de enorme sugestión y poderoso núcleo instrumental, a la ferocidad de la interpretación de Morrison hay que unirle una base rítmica impagable, además la absurda censura de un ínfimo detalle de su estribillo la hizo aún más popular; "Light my fire" es un pegadizo tema de esencia sencilla que subraya el órgano de Manzarek, haciéndola irresistible.



Otros temas de gran enjundia son: "Soul kitchen", un soul calenturiento; "The crystal ship" es una bonita balada acariciada por la voz de Morrison; la siempre efectiva y circense: "Twentieth century fox"; en "I looked at you" se fijan en los grupos de la invasión británica; vuelve la sugestión enigmática y nebulosa con "End of the night" y el rock se esencia brit de "Take it as it come".
El final llega con la extensa y magnética "The end", alegórica de finales y mitos, de excesos intelectuales mojados y comprimidos por la juventud y la locura artificial, un tema excelente y excitante que forma parte del legado del rock.
Hoy me ha dado por recordar el debut de The Doors, uno de esos debuts que dejó una muesca en la historia de la música del diablo, que hizo mover las cabezas en su dirección y activar neuronas en busca de fondos y formas alternativos y que sigue sonando personal e inimitado, un clásico y maravilloso álbum.

lunes, 15 de enero de 2018

Los lunes... escenas de cine - "Furia".


El vienés Fritz Lang rueda en 1936 su primera película en tierra americana: "Furia". Deja tras de si un impresionante legado cinematográfico, tanto en films sonoros como mudos, en Europa. Una base sobre la que se edificó gran parte de lo que después se dió a conocer como la edad dorada del cine, influyendo definitivamente sobre lo que en un principio era una profesión, pero a partir de realizadores como Lang, se convirtió en arte.
En "Furia" vuelve a dirigir su objetivo hacia una problemática social, con cierto nexo común con "M, El vampiro de Dusseldorf", -que ya apareció aquí- en cuanto a lo que de juicio penal con trasfondo social y psicológico se refiere, aunque con diferencias manifiestas, por supuesto.
Basada en un relato del también guionista Norman Krasna, que entusiasmo al entonces productor Joseph Leo Mankiewicz, Lang compone un guión, junto a Bartlett Comack, donde acomete un episodio -bastante habitual en la América de la época- del linchamiento.
Un hombre tranquilo y bonachón: Joseph Wheeler (Spencer Tracy) llega a un plácido pueblo para casarse con su novia (Sylvia Sidney). Sin tener nada que ver con el caso, se ve detenido como sospechoso del rapto de una joven de la localidad. El sheriff, un charlatán y fanfarrón, presume en la localidad de haber dado con el culpable. Encerrado en espera de ser juzgado, muchos vecinos del pueblo deciden tomarse la justicia por su mano, en unas escenas de tremendo impacto, la jauría enloquecida y sedienta de venganza incendia la cárcel en la que se encontraba el pobre Wheeler.
Dado por muerto, se inicia un proceso judicial contra los exaltados, el cadáver no aparece y se da por entendido que el fuego no dejó ni rastro de él, pero lo cierto es que Wheeler vive, está escondido y consumido por el odio y la sed de venganza.
Obra maestra absoluta, rodada de manera excepcional, con momentos cercanos al documental, con un ritmo y un pulso impresionantes y una historia real y aterradora, un toque de atención sobre la irracionalidad del ser humano cuando es conducido por sus instintos primarios y en la fortaleza cobarde de la muchedumbre, a acometer atrocidades escalofriantes.
Tras esta, por supuesto, Lang repitió y dejó, también en Hollywood, una incontestable filmografía que se encuentra entre las más gloriosas de la historia del cine.