domingo, 30 de abril de 2017

Los domingos photosong - The Beatles - "Being for the Benefit of Mr. Kite!"


Dentro de poco más de un mes, este disco cumplirá cincuenta años. No diré, porque mentiría, que se trate de mi disco favorito de los Fab-Four, pero es indiscutible que se trata de álbum icónico que marca en cierto modo un antes y un después.
Aunque su tracklist me parece un tanto irregular (dentro de unos parámetros de grandeza colosales), cosa que no ocurre, en mi opinión, con mis absolutos favoritos: "Rubber Soul", "Revolver", "Abbey Road", "The White Album"; no es menos cierto que cuenta con temas únicos y magistrales como "A Day in the life" o este grandioso: "Being for the benefit of Mr. Kite!". Desde siempre es uno de mis temas favoritos del grupo. Me cautivó hace muchos años cuando la descubrí, antes que el propio disco, en un excepcional documental sobre la banda de Liverpool que visioné mil veces por lo menos en una cinta Beta, sobre el año 1985, cuando un servidor era muy, muy, muy joven...
Así que tras una semana como ésta, donde la podredumbre se amontona. tapando una escoria con otra aún mayor, bueno me parece solazarnos con una celebración como esta y un tema circense maravilloso.
¡Felzi domingo!!!



sábado, 29 de abril de 2017

Viviendo en los libros (I). - Las paranoias de Addi.


Desde muy niño, Alberto decidió vivir sus días cogiendo prestadas las aventuras y desventuras de los personajes que leía en los libros. Su cuerpo infantil, con tendencia al sobrepeso, su escasa habilidad para los deportes, un tartamudeo leve pero incontenible, producido por los nervios y el pánico a hablar en público, la falta de una actitud de represalia ante las burlas e incluso agresiones que recibía de los clásicos abusones saturados de complejos del colegio, un bigote como de piel sucia de melocotón que se instaló inoportunamente temprano sobre su labio...: todo ello eran factores que no hacían de Alberto Baroja el chico más popular de su quinta.
Su afición a la lectura tampoco ayudaba. Muchos no entendían la costumbre del joven de llevar libros para leerlos durante el recreo, mientras el resto de los chicos jugaban al fútbol o se peleaban entre ellos, en la infinita olimpiada por ser el más duro, el macho dominante de la manada. Consideraban aquella afición propia de un blando, un "pitagorín", y desde luego asociaban el libro del recreo, aquél en el que se sumergía como medio de escape, con los libros de texto del colegio. En definitiva, que le acoplaron el San Benito de empollón -sacaba excelentes notas- y por añadidura pelota y chivato, cosas ambas que en absoluto era.
Gerardo era un chico más alto y desarrollado que los demás. El acné hizo presa de él, y lo cierto es que los granos y espinillas daban a su rostro un aspecto aún más fiero, pues la naturaleza le dotó de un cráneo pequeño y sin apenas frente, una expresión enjuta y unas mandíbulas prominentes. Estas características dotaban a su testa de un rictus feroz y demente. Escondía su torpeza y mediocridad bajo un parlamento obsceno de descalificaciones y humillaciones, y marcaba un estado de sometimiento sobre los más débiles que sostenía a base de amenazas y no pocas bofetadas.
Alberto era su víctima favorita. Cuando tenían once años obligó al apocado muchacho a comerse la página en la que da comienzo el torneo de Ashby, su momento favorito de Ivanhoe. Este reprobable acto dio la idea a Alberto: ¿Por qué no vivir a través de los personajes de los libros?
Gerardo había introducido a Ivanhoe, a Rebeca y al Príncipe Juan en su interior, a la fuerza y depositando sus intrigas, amores y valentonadas en su estómago. El haría lo contrario: se introduciría en los libros, viviría las aventuras y amoríos de sus héroes literarios. Sería la libertad absoluta, pues podría elegir el personaje que quería abordar, incluso podría cambiar de rol según le apeteciese más o menos, dependiendo del día o del estado de ánimo, e incluso sería posible improvisar a tenor de lo que iba ocurriendo.


Desde entonces vivió vidas prestadas y nunca desarrolladas de forma física. Llegaba a casa, hacía los deberes y merendaba, dedicaba un rato a sus estudios -años después sería consciente de su natural facilidad para asimilar conceptos matemáticos o textos sobre historia o química-, y se infiltraba en los cuerpos de papel, tinta y fantasía de sus personajes favoritos de la literatura. Contaba con once años y el mundo era la excepción para Alberto.
Así pasaron varios años. Mientras los demás chicos jugaban al fútbol, se iniciaban en el magisterio erótico visionando películas a escondidas, sentían las curiosidades propias de la edad y daban comienzo a los flirteos, Alberto disolvía su soledad en los libros. Desenmascaró a no pocos criminales ataviado con el estúpido atuendo de Hércules Poirot, incluida la cabeza de huevo y el ridículo bigote empapado de fijador, estridencias propias del célebre detective belga.
Fue pasando uno a uno por la piel y los trajes de seda de todos y cada uno de los hijos de Don Corleone. Persiguió durante décadas el amor de Stella, se convirtió en caballero por ella, y fue derrotado ante la venganza autodestructiva de la pobre Srta. Havisham.
Vio caer su avión en una isla en la que, junto a otros chicos y a golpe de caracola, transcribirían a pequeña escala insular todas las indecencias del mundo global y organizado, observando lo incurable del virus que, incrustado en el germen del hombre, causa la falta de humanidad propia del ser humano.
Fue Robinson Crusoe, Tim -nunca quiso ser Dick-, El gran Gatsby, Tomas buscando su identidad y la realidad de la felicidad de la vida en pareja en la Praga de 1968. Trató de huir de la deformación de la actualidad y el pasado a la que El Gran Hermano sometía a Winston, hasta que el amor por Julia, y la lujuria -ésta incluso más- vencieron aunque no derrotaron al partido... Y así cumplió dieciocho, sin saber que había un mundo más allá de sus estudios, sus libros y su enfermiza huida de la realidad.
No era consciente de que llegaría el día en el que el enfrentamiento con lo mundano sería impostergable. Ese día no podría salvarle ninguno de sus amigos: no tendría a La Compañía del Anillo para ayudarle, ni aparecerían tres mosqueteros para resucitar y perpetuar el dolor, como le ocurría al infatigable de desvivir Athos. Tampoco le salvaría el amor, ni la magia, ni el caballero...
En la universidad todo fue más fácil. Cada uno iba a lo suyo y nadie reparaba demasiado en el chico que no hablaba, que solo leía. Alberto ni siquiera se había dado cuenta de que los años habían sido generosos con su anatomía: medía casi un metro ochenta y tenía un cuerpo sano y fuerte, aunque no esculpido por el deporte se mostraba equilibrado y bello. Los años de lectura deformaron sus ojos, haciéndolos huidizos pero intensos, con un halo de misterio y un color miel poco frecuente en varones. El cabello, fuerte y de un intenso color azabache. y unos labios gruesos y sensuales que nunca abría para mostrar una dentadura impecable, completaban un rostro anodino pero hermoso, inexpresivo pero intenso. Temeroso, misterioso, prometedor.
Elena decía a Lucia que la verdad que se escondía detrás de la pétrea expresión de aquel rostro, no la dejaba dormir, ni comer, ni estudiar, ni vivir. Estaba dispuesta a descubrir aquella verdad oculta al mundo, quien a su vez parecía no interesarse lo más mínimo por ella.
El día que Elena abordó a Alberto al salir este de la biblioteca, el joven no encontró ningún referente en los libros que le indicase el camino para llegar a alcanzar aquellos labios. Unos labios que desde el primer instante derrumbaron su mundo de fantasía, evasión, tinta y miedo.


(Continuará).

viernes, 28 de abril de 2017

Ghost Number & His Tipsy Gypsies - "From Dawn to Dust" (2017)


Conozco el proyecto: Ghost Number & His Tipsy Gypsies gracias, como no, a internet. Me llama inmediatamente la atención y decido rebuscar hasta que doy con su disco de debut: "From Dawn to Dust", álbum que no he podido evitar escuchar una vez tras otra durante los últimos días. Finalmente decido traerlo aquí y presentárselo a la parroquia (a los que no conozcan el grupo claro).
El proyecto nace en 2014, y pretende explorar la música americana de raíz de principios del siglo pasado. Añade a esta base sonidos extraídos del folclore de europeo de interior y esencias tribales e incluso caribeñas.
Con un sonido en su totalidad acústico, sin electricidad de por medio, su música tiene como escenario onírico las históricas plazas públicas donde el arte se funde con la vetustez del mobiliario pétreo y la naturaleza explosiva; las hogueras que alumbran las noches brujas y sensuales de la pantanosa Nueva Orleans, o algún tugurio de mala nota que herve al ritmo del cajun durante las noches locas y psicóticas atravesadas por el Mississippi en los años de Huckleberry Finn.
Difícil no evocar a Pokey LaFarge, The Devil Makes Three, C.J. Chenier o el propio Seasick Steve, cuando se escucha la música incendiaria de nobleza y esencia silvestre de este conjunto formado por el cantante y banjo-man: David Pisabarro (a.k.a. "443"), quien congregó alrededor de esta idea a los músicos: Jokin Zapa (guitarra), Jon Ander Burgos (trompeta), Elena Arteagoitia (violín), Iñaki Lopez (contrabajo) y David Olano (percusión).


Bajo estas premisas, lo que nos ofrece este debut ya os lo podéis suponer, un producto alejado de lo esperado por estos lares, osado y muy personal. Otra cosa diferente es que se desarrollen estas aventureras incursiones musicales con calidad. Pues así es, os lo aseguro.
Nos encontramos ante un disco sorprendente, excitante, divertido, genuino y nostálgico. Se combinan momentos oscuros con luminarias rellenas de sol; incursiones en la tradición callada y reflexiva con pataleos de danza emocional, y todo transcurre como si tal cosa. Desde el principio se asimila naturálmente, y no se crean estructuras que hagan difícil el tránsito de unos instantes sónicos a otros.
Así que se recoge con igual regocijo las bailables y optimistas coplas canallescas: "It's over" o "Dark night stomp" que el vals silvestre y pantanoso: "Typsi Waltz".
Encajan a la perfección la melancólica: ·"Desert siren's song" como la romántica y deliciosa: "Wendy".
Como si naciesen de la tierra, por esencia americana de viejo cuño, en el caso de "My first happy song" o germinada en la extrema Europa en "Proud of my sins", tal vez los momentos más introvertidos.



Mágica y suntuosa: "Shady Lady", magnífica. "Looking for gold" tiene un título evidente, evoca a los viejos buscadores de oro solazando instintos tras un día removiendo el río y agujereando el planeta.
Y el instrumental con que cierran -o casi parece que entierran- el álbum titulado como este: "From dawn to dust"...
Y les sugiero que sigan buscando en el tracklist, pues aún hay más e igual de bueno, no os lo voy a adelantar todo.
Excelente trabajo, parece de allí pero es de aquí. No se lo pierdan porque merece mucho la pena.
Adjuntamos enlace con el bandcamp del grupo donde se puede escuchar y adquirir el estupendo "From Dawn to Dust".

jueves, 27 de abril de 2017

Scott H, Biram - Gira española en junio.


El hombre orquesta Scott H. Biram estará entre nosotros con su rock sucio de carretera, su blues acústico empapado de la humedad del delta, su gospel ancestral, su country crepuscular...
Viene para presentar su último disco: "The Bad Testament" del que ya hablamos aquí.
Con sus inequívocas influencias blues-metaleras insuflará el aire de polvo del camino y olor a alcohol barato.
Magnífica ocasión para degustar el arte de un músico íntegro y auténtico. Serán cinco citas durante el mes de junio y bien valdrá la pena no perderse lo que promete que será un recital enraizado y genuino. Yo no lo haré.

La lista de ciudades afortunadas, salas y fechas:

6 de junio:  Kafe Antzokia (Bilbao).
7 de junio:  Sala Acapulco (Gijón).
8 de junio:  Boite Live (Madrid).
9 de junio:  Zaragoza.
10 de junio: Rocksound (Barcelona).

Nos quedamos con un tema de su último disco titulado: "Train Wrecker".



miércoles, 26 de abril de 2017

Copernicus Dreams - "The Honeymoon" (2017)


Turno para Copernicus Dreams. Hace varias semanas, realmente desde antes de navidad, y estamos casi en mayo -¡como pasa el tiempo!- que venimos hablando en esta santa casa del nuevo proyecto de Copernicus Dream.
Titulado "The Honeymoon", Llega con unas expectativas tan ilusionantes como poco proporcionales a los méritos, evidentes tras catar el producto, en cuanto a difusión general, (típico). Es finalmente desenvuelto y colocado en la pletina para desarrollar lo que lleva dentro.
Cierto que tenía una idea bastante aproximada de lo que contenía este "The Honeymoon". La mañana que pasé con los Copernicus grabando los teclados, y alguna demo que me había enviado via wasap my friend Chus, me tenían sobre la pista y no esperaba grandes sorpresas.
Aún así, los buenos discos siempre sorprenden, y este caso no ha sido una excepción.
Se aprecia una evolución en el grupo. Se evidencia en la redondez del sonido, más centrado y coherente, con más matices y un poco más guitarrero -cosa que los apegados a canalladas sonoras como yo agradecemos SIEMPRE-. No es que estas cuestiones fuesen rémoras por las cuales atacar a su anterior trabajo "Sunrise", ni mucho menos, era aquél también un excelente álbum (pinchar reseña), pero siempre es bienvenida y muy gratificante la evolución, maduración y enjundia que se consigue con el paso del tiempo y la experiencia (en cualquier orden de la vida); y es una gozada comprobar como Copernicus Dreams consiguen mejorar su anterior entrega de forma sutil pero incuestionable, según mi parecer.


Que Chus González (voz, guitarras) haya producido el disco me parece un punto clave para la consecución de esto que comento. Por supuesto también el impecable trabajo de Jon Asier Zubelzu (al que agradezco el trato y la info sobre micros vintage). Igualmente las incorporaciones de Maki Soto al bajo e Igotz Aramendi a la guitarra por fuerza tienen que influir en sus cometidos: soulero y como de puntillas el bajo, y determinante la guitarra (de lo que más me gusta del disco es como suenan esas guitarras).
Continúan brillantes como siempre: Pablo Gil a las teclas (sesenteras y finamente psicodélicas), Javier Santurde a la batería y Chus acompasando guitarras y voz, que sin ser fuerte si se siente firme, de elegante fraseo y cálido timbre.
El tracklist es excepcional, no se observan grietas ni momentos de desinfle. Se aporta variedad y coherencia al tiempo. Recuerdo aquella mañana en los estudios Gaua, conversar con Chus sobre la importancia del orden definitivo del set, pues creo que el comienzo de "The Honeymoon" es absolutamente demoledor, con dos pelotazos como: "The Wedding day", donde aparecen las steels -otro elemento definitivo en el buen devenir sonoro del disco-, un tema de carretera cálido como la brisa de la pradera y que destila felicidad; y "The honeymoon song" romántico texto que viaja por lo más lírico de USA y con aparición estelar de armónica y teclas, enamorado de ella desde que la escuché por wasap hace varios meses.
"Mysterious woman" es más acústica, cálida y acogedora, finalmente Pablo consigue cuadrar con matricula su solo de hammond. Como el Springsteen más de carretera, el que se acopla al asiento de cuero de su Cadillac mientras conduce y sueña, así suena "Even roses die".
Mas reposada se ofrece "Like I do", y también "How we miss you", un recuerdo a Luis en clave de soul y sol, excelente tema.



Reflexiva y más progresiva: "For you from you". Íntima, acariciadora, con pianos y guitarras cristalinas la preciosa balada: "Cheers to those days".
Otro tema que pude degustar por móvil, y ya anunciaba lo que escondía es: "Big Star", otra favorita personal, impoluto homenaje a la banda powerpopera de la vida.
Y nos vamos con "Run baby run!!" pop optimista y radiante que Chus dedica a su sobrino, y que es perfecta para despedirnos con una sonrisa en los labios. Queda una sorpresita simpática y que define el espíritu alegre y optimista de la formación, que omitiremos en esta reseña (sorpresa).
Muy contento con el disco de mis compadres de Castro, los Copernicus Dreams. Artefacto que sin dudarlo recomiendo desde aquí.
Pueden acceder al mismo en este enlace, no se lo pierdan: "The Honeymoon".

lunes, 24 de abril de 2017

Robyn Hitchcock - "Robyn Hitchcock" (2017)


El trabajo número 21 en solitario de Robyn Hitchcock es el primero que lleva título homónimo. También es el primero desde la época con Soft Boys en el que Hitchcock no se cuelga una acústica, utilizando la plantilla sónica habitual en los chicos suaves: dos guitarras eléctricas, bajo, batería y armonía.
Grabado en Nashville junto al productor Brendan Brenson, se trata de un trabajo introvertido, reflexivo y observante desde el punto de vista del autor, de ahí que finalmente se decantase por un título homónimo.
Tras un fin de semana haciéndolo sonar casi en bucle, creo que me atrevo a afirmar que este trabajo se ha de convertir en uno de mis favoritos para esta añada a la que aún le quedan sus dos terceras partes.
Me siento muy a gusto escuchando este disco. Vamos a ver si me explico: desde el primer instante el disco ha sido aceptado de forma instantánea por un servidor. Como las piezas de un puzzle que van encajando unas con otras sin mostrar ningún tipo de resistencia, hasta que de forma sorprendentemente fácil se culmina el juego, siendo el lienzo resultante inmediatamente recibido con admiración.


Diez temas que se suceden como si hasta el orden elegido para las mismas haya sido concebido bajo un estado de inspiración divino, pues todo (como en el puzzle) parece aparecer en el momento justo y ocupar el lugar idóneo.
No hay complicaciones produccionales, los momentos más ambientales o místicos se resuelven con artesanía instrumental, como ocurre en la maravillosa: "Sayonara judge".
Es posible que muchos no encuentren en los intestinos del trabajo demasiados motivos de exaltación. Al fin y al cabo solo se trata de exactas contrucciones melódicas, deliciosas guitarras que arpegian con deleite, lineas de bajo suculentas pero poco pretenciosas, ritmos atinados que casi pasan desapercibidos y algunas electricidades rugientes que acarician. Complétenlo todo con la flexible voz de Hitchcock despiezando las notas que conforman ese hermoso paisaje resultante del puzzle, y por lo demás, nada de especial.
Tono reflexivo en los textos y guiños a diversos estilos como el pop de esencia beat de "Detective Mindhorn", los aullidos fronterizos de las steels de "1970 in Aspic", el suave rock de tasca de "Time coast", las esencias setenteras de rugientes guitarras de "Virginia Woolf" o el country crepuscular de "I pray when I'm drunk".
Después de cuatro décadas estamos en disposición de afirmar que Robyn Hitchcock no falla. No estoy seguro de que esta reseña sea compartida por muchos, pero el disco, que indefectiblemente recordará a Soft Boys más que otros en solitario del de Paddington, a mi me parece encantador, equilibrado, de enjundia literaria, que desborda clase y con canciones excelentes. A tener muy en cuenta.



Los lunes... escenas de cine - "La Regla del Juego"


Jean Renoir es uno de los realizadores más grandes de la historia. Recordar sus películas es un motivo evidente para reafirmarse en la opinión respecto de lo pequeño, vulgar y mediocre que son el cine actual y sus hacedores de películas.
Tras esta ventolera, hoy traemos una de sus grandes cintas: "La Regla del Juego". Película en la que es indispensable tomar como punto de referencia el año en que fue filmada: 1939. Fiel reflejo de una época vista desde el indecente y deformado por la miseria punto de vista de la aristocracia centro europea.
Film comprometido, como es habitual en su autor, nos relata esa decadencia moral y unos estereotipos aún mantenidos, y la insistente actitud de hedonismo y abstracción de la realidad de las altas clases acomodadas europeas que permanecen inmóviles ante el ascenso y consolidación del fascismo. Todo filmado desde una perspectiva de vodevil y comedia romántica, un tono ácido que imprime Renoir a la película, un contrapunto narrativo brillante.
Aunque no fue bien acogida en su época, "La Regla del Juego" es una película magnífica, muy recomendable en etapas como la actual, puede resultar didáctica, si es que interesa modificar conceptos podridos en esta Europa que se desvanece.
¡Feliz semana!