miércoles, 19 de septiembre de 2018

Ya están aquí The Mani-las. 2x1 The Mani-las/The Exciters - "He's got the power"


Os propongo un 2x1 con doble intención. Por un lado, como siempre confrontar dos versiones de un mismo tema; y por otra parte presentaros, si es que alguno a estas alturas no conocéis, a un nuevo power-trio que pinta de película: The Mani-las.
Banda de rock and roll formada, de manera aparentemente bastante espontánea y precipitada (ésto me gusta), por Maika Makovski (guitarras/voz), Olaia Bloom (guitarras) y Mariana Pérez (batería).
No son precisamente unas neófitas en la materia, todas ellas tienen una respetable trayectoria y las hemos visto todos en diversos proyectos.


Se presentaban hace varias semanas gracias a una iniciativa de SOS Estrella Galicia (cojonuda cerveza, la verdad), y facturaban una versión canalla y rockera del clásico de The Exciters, banda sesentera de pop/soul no demasiado recordada pero que dejó un buen ramillete de buenas canciones, como ésta con la que dan el pistoletazo de salida The Mani-las y que se titula "He's got the power".
Ya están presentando en directo ésta y otras canciones, que serán agrupadas en un elepé que no tiene fecha de salida que yo sepa, pero al que habrá que seguir la pista.
Sospecho que este proyecto puede ser una bocanada de aire fresco, siempre sienta de miedo un poco de rock canalla y gamberro, unas gotas de garaje, de surf, y guitarras bramando a las órdenes de una base rítmica que despierte a los muermos y los eché a la calle.
Directas, urgentes y marchosas, yo no me las pierdo el sábado 20 de octubre en Bilbo.
Aquí os dejo las dos versiones de "He's got the power", vosotros elegís.





lunes, 17 de septiembre de 2018

Los lunes... escenas de cine - "El espíritu de la colmena"


De los tres largometrajes que nos regaló Victor Erice, cualquiera de ellos es digno de mención y de admiración, pues son obras francamente magistrales. Con el tiempo irán apareciendo por esta bitácora en la sección de los lunes, pero como hay que empezar por una, lo haremos de manera cronológica en cuanto a su estreno.
"El espíritu de la colmena" (1973) es una película de una belleza radiante. Filmada en un pueblo de Segovia, con una luz mágica y casi con olores, nos habla de unas hermanas de ocho y diez años que vivían en un pueblo castellano en lo más duro de la posguerra, en los cuarenta.
En el pueblo proyectan un día la película "El doctor Frankenstein", lo que provoca una fuerte impresión en las niñas, en especial en Ana, la pequeña. Ante las preguntas de la niña a su hermana mayor, Isabel, esta le dice que el monstruo vive y que está oculto cerca del pueblo.
Película maravillosa, en la que debuta la actriz Ana Torrent en el papel de la niña pequeña. El extraordinario guión es obra del propio realizador y Ángel Fernández Santos.
Como anécdota, citar que ante la incomprensión que suscitaba en la pequeña Ana  el hecho de que sus nombres cambiasen en la película, Erice decidió cambiar los nombres de todos los personajes para que se llamasen igual que en la vida real.
Nos quedamos con "El espíritu de la colmena" del gran Víctor Erice.
¡Feliz semana!

domingo, 16 de septiembre de 2018

Los domingos photosong - The Dream Syndicate - "Still Holding On To You"


Esta mañana me he levantado tarde, la noche se estiró y una de las finalidades del fin de semana es el descanso, cosa que me he tomado en serio esta mañana.
Pero una vez en pie, tocaba hacer girar el plato con algún disco de esos que luego son fotografiados para inmortalizar la jornada dominical en esta vuestra casa.
He intentado contestar una de esas preguntas que me atosigan desde hace años: ¿Cuál de los dos primeros discos de The Dream Syndicate me gusta más?.
Hoy le ha tocado el turno a "Medicine show", y tras dos vueltas sobre el plato a buen volumen tengo que decir que la pregunta sigue sin respuesta, es lo que tienen las obras maestras como éstas. Lo dejaremos para otra vez haber si girando "The days of wine and roses" finiquitamos la cuestión, aunque creo que no...
De momento lo dejamos aquí, sonando la maravillosa "Still holding on to you" que abre el grandioso "Medicine show".
¡Feliz domingo!



sábado, 15 de septiembre de 2018

M. Ward - "What a wonderful industry" (2018)


Conocí a M. Ward hace varios años gracias a su proyecto junto a Zoey Deschanel. Tras flipar con "Transfiguration of Vincent", me cautivó y acuarteló para siempre en su ejército de seguidores con "Hold time".
Le conseguí ver en directo en el Azkena Rock de hace unos años, y después repetí en la sala Azkena  en Bilbao, en un concierto agridulce en parte por el carácter del artista y en parte por la actitud absurda y maleducada de una parte (ínfima) del público.
Sus dos últimos trabajos, sin ser malos discos en absoluto, debo admitir que me decepcionaron un poco y tal vez no les he dado mucho recorrido, es especial a "Hard rain".
Este 2018, en la frontera que limita entre el final de la primavera y el principio del verano, sin anuncio previo y por sorpresa, publicaba "What a wonderful industry", un trabajo en el que ironiza, con cierto tono de amargura pero sin que ya le afecte demasiado, sobre la industria del disco, sus tejemanejes y sus negocios, ¿qué les voy a contar?.


El disco no supone grandes novedades en cuanto a sonido y esencia, sigue sonando a folk y a pop elegante y atmosférico, a country alternativo y con ese aire crooner tan especial y gaseoso, sigue sonando a M. Ward, y ésto, de inicio ya es una buena noticia.
Pero las buenas noticias no acaban aquí, continúan en cuanto van transcurriendo canciones. Desde el inicio fuertemente marcado por la guitarra twangy de "Arrivals chorus" que encandila y pone en aviso al oyente sobre lo que está por venir.
Y es que un servidor entiende que este disco gana a sus predecesores por las canciones, por las composiciones, manteniendo la excelencia en lo que envuelve a estas, que no es otra cosa que el inconfundible sonido y la vaporosa voz de M. Ward.
Canciones que apenas superan los tres minutos y medio y que poseen un poder de adherencia importante, como demuestran los estribillos de "Miracle man" y "Sit around the house", la cálida brisa que parece orear la bonita melodía de "Motorcycle ride", o la magia de la pradera de sus tonadas más country-folk como "Kind of human", "war & peace", "Poor Tom", o la fronteriza "Return of Neptuno's net".
"A mind is the worst thing to waste" es un tema marca de la casa, y no puedo olvidar los temas más íntimos y acariciadores como son las magistrales "Shark" y "El rancho".



Se cierra el disco con la estupenda y optimista "Bobby" que me recuerda al Bowie de su época folk.
El nuevo disco de M. Ward es una compilación de temas estupendos, que suenan a lo que tienen que sonar y que inciden de manera afilada y sin ambigüedades sobre la industria de la música y los tiburones tigre que deambulan por ella, tragando sin degustar y asistiendo a terapia.

viernes, 14 de septiembre de 2018

Tav Falco's Panther Burns vuelven a girar por España la semana próxima.


No hace tanto que disfrutamos de una gira que trajo al gran Tav Falco por estos lares y ya está aquí de nuevo. Viene al frente de su banda Tav Falco's Panther Burns y nos traerá su psychobilly, género poderoso e infrahumano del que es, junto a The Cramps, genuino pionero y activista por los años de los años.
La gira empezará a finales de la semana que viene y dejará su huella por las salas de seis ciudades españolas.
Una nueva oportunidad para volver a disfrutar, y en muchos casos descubrir, a uno de los artistas más infravalorados de el mundillo. Llega en su "New order world tour" y dichosos aquellos que puedan (podamos) acudir a alguna de sus ceremonias.
Las ciudades, salas y fechas del paso de Tav Falco por aquí es el siguiente:

21 de septiembre de 2018 - A Coruña - Mardi Gras.
22 de septiembre de 2018 - Bilbao - Sala Azkena.
26 de septiembre de 2018 - Sevilla - Sala X.
27 de septiembre de 2018 - Valencia - Loco Club.
28 de septiembre de 2018 - Madrid - Fun House.
29 de septiembre de 2018 - Irun (Gipuzkoa) - Irun Rock Jaialdia.

Fuente: Rock and Roll Army.com (pinchar)

jueves, 13 de septiembre de 2018

Vidas encadenadas bajo el sol - Las paranoias de Addi.


Ernesto había oído hablar en diversas ocasiones del miedo a la página en blanco, desde hacía unas semanas, sabía de qué se trataba ese sentimiento en carne propia. La página luminosa y blanca del portátil hacía tiempo que le petrificaba con su tibio temblor electrónico.
Salpicaba con letras el espacio para la escritura del word para en pocos minutos borrar lo escrito entre resoplidos de frustración.
Tenía un encargo pendiente y debía dos meses de alquiler. Cuando dejó el pueblo y la granja de Teodoro para escribir, para hacer sus sueños realidad y poder contarlos en libros que no dudaba que iría desgranando su imaginación de manera fluida, no pensaba que iba a terminar embarrancado en una página en blanco: inmóvil, asustado, azarado, huidizo.
Edurne había cumplido los cuarenta y siete. A pesar de los malos ratos pasados durante la enfermedad de su hija, seguía manteniendo un rostro atractivo y fresco. No quería llorar más, por eso dejó una nota escueta e insuficiente pero explicativa de la situación en la mesilla de José Luis y abandonó el que había sido su hogar durante los últimos veinticuatro años.
En la calle, el sol bañaba a peatones y coches, un sol de septiembre que aún poseía la fuerza suficiente para obligar a retirar del cuerpo prendas superfluas.
Se asomó al tráfico desde la orilla de la acera, soltó la maleta y levantó el brazo izquierdo a modo de visera para atisbar el tráfico en busca de un taxi, al ponerse de puntillas lamentó haber salido hacia el exilio con aquellas sandalias de medio tacón.
Todo fue muy rápido, un empujón precipitado y un joven del que sólo pudo distinguir unos jeans rojos y una camiseta azul se hizo con la maleta y huyó a toda velocidad perdiéndose entre el bullicio, empujaba la maleta, o más bien la arrastraba por el suelo por el lado frontal, el de las cremalleras, quedando la parte dura del fondo de la maleta en contacto con el asfalto pero por el lado donde no hay ruedas, éstas en la zona alta giraban sucias e inútiles.
Silvia entró en una cafetería y pidió un cortado y un pastel de arroz, dejó la mochila en la silla vacía junto al ventanal y se sentó a su lado. Llevaba toda la mañana intentando que alguien en la gran ciudad quisiera escucharla. Los fanzines que le había dado en padre Miguel no llamaban la atención de los viandantes y nadie quería conocer su historia, estaba empezando a pensar que lo de la evangelización no era lo suyo.
Mientras observaba el tránsito de peatones por el ventanal, pensaba en si misma año y medio atrás. Cuando la leucemia estaba a punto de acabar con ella apareció un donante compatible, una médula anónima le salvó la vida para dejarla, una vez recuperada y con nuevo cabello dando vida a su preciosa cabeza, tan sola como lo estaba antes de la enfermedad. Durante las sesiones de quimio sus padres se habían dado una tregua. A veces pensaba que aquellos fueron los meses más felices de su vida, los tres juntos como cuando era niña, sin asomo de la guerra que había empezado tiempo atrás. Ahora, que la vida había vuelto a ella, la belicosidad había desembocado en una guerra fría, silenciosa y tibia, desordenada y oxidada, en una espera sorda del estallido que acabará con todo.
En estos pensamientos estaba Silvia, con las lágrimas asomando a sus bonitos ojos color miel, cuando un joven pasó corriendo y mirando hacia atrás, un ruido metálico siguió a su fugaz paso por delante del ventanal, un alarido, y luego un silencio agorero e intranquilizador.
Salió a la calle con su mochila al hombro para descubrir a un joven tirado en una cata abierta en la acera, se apretujaba, extendido a lo largo, entre las tierras de la pared del agujero y una roñosa tubería de agua, la sangre empapaba su camiseta azul.
José Luis comentaba el partido de fútbol con su compañero de patrulla. Como veterano no le tocaba conducir, sostenía un sandwich de gasolinera, era insípido y sólo una salsa de extraño color que la etiqueta rezaba como de marisco parecía darle un cierto sentido químico pero extrañamente nutritivo.
Intentaba ocultar su preocupación con chistes y cotilleos del departamento. Lo cierto es que hacía tres días que no veía a Edurne, cuando llegaba a casa, o no estaba, o estaba durmiendo, no se atrevía a entrar en el dormitorio, hacía meses que dormía en el cuarto de invitados; ya no se molestaban ni en darse los buenos días o informarse de los asuntos domésticos o económicos que aún compartían.
Cuando vio corriendo a un joven en la acera apartando a los peatones a empujones supo que algo ocurría. El sol de justicia hacía del coche patrulla, empotrado en un atasco, un horno, decidió salir y empezó a correr tras el supuesto ladrón que arrastraba una desvencijada maleta.
Torció hacia la derecha y lo siguió, no conseguía ganar ni un metro con respecto al huido, había perdido la forma de manera alarmante, tras rodear una terraza abarrotada, vio a unos treinta metros al joven tirado en el suelo, una señora de alarmante edad le había zancadilleado al salir de la pollería; la maleta había saltado por los aires unos metros y estaba rota por la parte dura, donde se instalan las ruedas, y algunas prendas abandonaban el interior como tripas reventadas. El chaval se levantó y siguió corriendo con una evidente cojera. Se detuvo José Luis junto a la maleta, decidió quedarse allí, hacerse cargo del objeto robado y buscar al dueño del mismo.
Se agachó y observó el estropicio, la estructura de plástico se había separado de la tela y el equipaje quedaba al descubierto, no sabía cómo proceder. Abrió una cremallera para evaluar los daños, lo que encontró le congeló la piel que ardía bajo el sol abrasador de septiembre: un cuadro que desde hacía años descansaba en la repisa sobre la tele, en la sala de casa, una foto de Silvia cuando tenía ocho años en la playa de Peñíscola.
Unas sandalias de medio tacón frenaron tras él, las acompañaba una respiración agitada y un llanto ahogado, se giró y vio a Edurne recortando su aún hermoso rostro contra el cielo azul.
Silvia ayudó a Ernesto a salir del agujero. La sangre se empezaba a coagular bajo su nariz y la ceja abierta y sangrante se veía rebozada de tierra negra. Se empezaba a extender un moratón en el mentón izquierdo y en el brazo derecho se arracimaban cortes, ulceraciones y llagas. Le ayudó a caminar, le dolía la pierna izquierda y se sentaron en un banco, en una plazuela pequeña ensartada por árboles aún jóvenes que daban una sombra luminosa por lo poco frondoso de su ramaje.
Abrió la mochila y sacó un pequeño botiquín que siempre llevaba encima, los primeros meses tras su operación solía sangrar por la nariz y tuvo algún mareo, y decidió hacer su misión bien pertrechada.
Ernesto le contó lo ocurrido mientras era curado con cariño infinito por Silvia, le explicó que no era ningún ladrón, pero que estaba desesperado y que no compraba comida desde hacía una semana, tenía hambre, y al ver la maleta en medio de la calle tuvo un arrebato, no sabía que podía encontrar dentro que le pudiese servir de ayuda, era un estúpido, y un cobarde también.
Silvia le miró con una sonrisa blanca e inocente, siempre llevaba el pelo azabache, del que ya lucía una pequeña melenita, recogido en la nuca y sujeto sobre su cabeza con una diadema violeta que le daba un aire de niña pequeña y repipi, se lo soltó y agitó la cabeza para ahuecarlo. Ernesto se quedó mirando la maniobra y pensó que era preciosa.
Ella le contó lo de su enfermedad, le dijo que después de la operación decidió ayudar a los demás. El cura de su parroquia, Don Miguel, fue muy bueno con ella y la convenció. Le dijo:
Lo realmente importante no es si Dios existe, posiblemente no exista, lo importante es el bien que puede hacer por muchas personas su figura. Dios puede que no exista, pero hace milagros, todos los días.
Si yo no me hubiese agarrado a ese clavo ardiente, no hubiera llegado al día del trasplante. Creer me dio fuerzas, Dios, o esa figura de esperanza, de fe, de fuerza hizo que encontrase dentro de mi el poder para conseguir resistir, Dios puede ser un señuelo para vivir, una necesidad para que los que están sólos resistan, tengan compañía y no desesperen, porque cuando triunfa la desesperación perdemos el control y dejamos de existir. Si quieres yo te puedo ayudar a que no estés sólo, yo también lo estoy, y te puedes apoyar en mi, y no desesperar.
Ernesto lloraba mientras escuchaba a Silvia, quiero escribir tu historia, si me la quieres contar, Silvia, sonriendo y acariciando la mano magullada de Ernesto asintió, y se fueron juntos, caminando bajo el sol radiante del final del verano.

martes, 11 de septiembre de 2018

And libros by Addison de Witt - "Barbería, New York state of mind" - Cisco Fran.


Un servidor nunca ha estado en New York, aunque en alguna ocasión ha fantaseado con visitar la gran manzana. Al menos ésa era mi sensación hasta ayer. Hoy, después de haber leído "Barbería, New York state of mind", el libro de relatos de Cisco Fran, tengo una sensación distinta: siento que durante las horas que estuve sumergido en las historias que Cisco comparte con nosotros, paseé por el puente de Brooklyn, atravesé Prospect Park, me subí a un vagón en Pen Station, me bañé de luz catódica y neón en Times Square, anduve por Wall Street o la quinta avenida o avisté el perfil de New Jersey.
Me reflejé en al Hudson, fui testigo de un asesinato, presencié a un febril profeta inflamar de soflamas sectarias a los paseantes y charlé con un célebre fantasma.
Me enamoré y me despedí por carta, conocí mujeres buenas y no tan buenas, tuve relaciones sexuales satisfactorias e incluso traumáticas, tuve amores implorados que llegaron sin darse importancia y se fueron sin dejar drama tras de si; trabajé de todo en la gran manzana y conocí a famosos cantantes líricos, fui vecino de uno de mis más admirados escritores y me pelé en la barbería regentada por un viejo parlanchín que cortaba el pelo, entre otros a Woody Allen.
Todas estas cosas, y más, ocurren en "Barbería", el excelente libro de relatos de Cisco Fran. No sé cuantas historias son, la verdad, y no me voy a poner ahora a contarlas, pero ojalá fuesen alguna más.
Los que conozcan las canciones de Cisco, sabrán que te introducen en historias de forma natural, te sumerge en cotidianidades entre las que sientes que parte de la canción. Cisco transmite cercanía y verosimilitud, no es un héroe, ni tampoco un anti-héroe, es una persona de las que circulamos por las arterias del mundo, y sus personajes son, como ocurre en "Barbería", tus posibles y accesibles vecinos, amigos, conocidos, amantes, novios, novias, padres... gente.
Es fácil y fluido leer "Barbería" gracias a un lenguaje familiar y una expresividad potente. Cisco escribe con una prosa dotada de una lírica e incluso poética muy sencilla, mirando a Ford, Bukowski o Auster, su parlamento es culto pero no pretencioso, y nos cuenta las cosas sin rodeos retóricos, y además con un ácido y acariciador sentido del humor.
Me ha gustado mucho, la única pena que siento es que apenas han sido unas horas entre la noche del domingo y ayer, pero repetiremos, pues de momento no tengo intención de visitar la capital del mundo, y "Barbería" es una excursión divertida y entrañable por las calles, parques, cafés y apartamentos de New York.
Cisco Fran (Valencia, 1962) es el cantante y compositor del grupo valenciano La Gran Esperanza Blanca (pinchar), una banda mítica en la capital del Turia que lleva más de treinta años de brillante trayectoria. Así mismo Cisco ha iniciado una carrera paralela en solitario con dos EPs publicados y algún single.
Profesor de profesión, músico, devoto de Bob Dylan, literato y buena gente, ha publicado bajo el método de auto-edición algunos textos como este maravilloso "Barbería" del que hemos hablado hoy.