miércoles, 22 de marzo de 2017

Bash & Pop - "Anything could happen" (2017)


El bajista de los míticos The Replacements: Tommy Stinton ha resucitado a su banda de principios de los noventa: Bash & Pop. No se me equivoquen, un servidor ignoraba hasta hace poco que el señor Stinton tuviese una formación posterior a la capitaneada por el comandante Westerberg. Si conocía vagamente su trayectoria en solitario, aunque nunca seguí ninguno de sus proyectos. Tampoco me era desconocida su temporal participación en bandas como Soul Asylum.
Pero me detengo en esta banda gracias a esta vuelta a la actualidad titulada: "Anything could happen" que fue destacada y reseñada en el Espacio Woody/Jagger que regenta my friend: Johnny JJ.
Evocar a la legendaria escuadra de Minneapolis es suficiente para que el que suscribe empiece a fantasear y se le haga la boca agua. Por tanto no tardé en acceder al disco en cuestión, y menos tardé aún en sucumbir a su contenido.
Con la fórmula mágica del espíritu Replacements, más algunos arranques rockeros de pionero cuño, melodías cuidadas y de ocasional tendencia powerpopera, y ambiente pubrockero del que siempre mola, se desarrolla un equilibrado y suculento catálogo.


Nos encontramos rock cabalgando sobre incendiarias bases rítmicas en: "Not this time", "Never wanted to know", la gamberra: "Unfuck you", o la clásica y efectiva: "Jesus loves you".
En estos mismos parámetros rockeros se desarrolla la excepcional pieza que da título a todo el lote.
Más ambiental pero sin perder pegada: "On the rocks" es revitalizante y desbocada.
Cierto toque fronterizo por el tratamiento de guitarras posee "Breathing room", y las acústicas dan un efecto folk a cortes como "Can`t be bothered", quizás la menos interesante bajo mi punto de vista, la preciosa balada que cierra el Lp: "Shortcut", o la también bonita: "Anytime soon", salpicada de pellizcos eléctricos y espiral melancólica.
La infecciosa: "Bad news" se filtra por la piel gracias a una construcción melódica impecable, y la envolvente: "Anybody else" atrapa con su manto sónico y su sugerente fraseo vocal y melódico.
La sombra de los Replacements es alargada y parece que su néctar no caduca ni resulta rancio a pesar del paso del tiempo, y un año más nos deja muestras de su exquisito bouquet. Muchos lo celebramos degustándolo con algarabía.

martes, 21 de marzo de 2017

Diario onírico de un solitario. Las paranoias de Addi.


Cuando llegó a casa hacía más de dos horas que la noche dominaba el firmamento. Cerró la puerta por dentro y dejó la llave de seguridad incrustada en la cerradura. Todas las noches repetía la misma maniobra. Sabía que era la mejor fórmula para no dejarse las llaves dentro de casa. Al salir al día siguiente tendría por fuerza que volver a abrir el cerrojo y en ese momento introduciría el manojo de llaves en uno de sus bolsillos, exactamente en el bolsillo delantero izquierdo de los vaqueros.
Muchos años atrás, cuando decidió irse a vivir solo, una compañera de trabajo cuyo nombre no conseguía recordar, y que le aventajaba en unos seis o siete años, le advirtió con un tono que nunca conseguía recordar:
-En cuanto empieces a vivir sólo, olvídate de dormir como hasta ahora. Yo nunca he vuelto a dormir como en casa de mis padres.
Por supuesto no hizo el menor caso a aquella teoría, basada únicamente en una experiencia personal. Siempre durmió como un lirón, y no tenía planeado que el cambio de residencia fuese a dar al traste con una de sus aficiones favoritas. Gustaba de dormir hasta el mediodía los fines de semana, aunque se hubiese acostado temprano la noche anterior.
Muchas veces pensaba en aquellas palabras y les daba el justo reconocimiento de premonitorias que merecían. Pues en efecto, nunca volvió a dormir como de zagal, como cuando la seguridad del hogar paterno parecía velar sus sueños. Hoy, muchos años después, la esperanza de dormir más de cinco o seis horas por noche, en el mejor de los casos, era inexistente, y los sueños eran prácticamente lo único que le hacía pensar que permanecía en el mundo de los despiertos. Aunque pueda resultar paradójica aquella sensación, así lo sentía cada vez que se enfrentaba a la hoja en blanco con alguno de sus sueños debidamente reformado para transcribir al formato narrativo.
Se preparó un sándwich con queso, jamón y una rodaja de tomate, y calentó un tazón de leche a la que añadió una cucharada de cola-cao. Después de cenar frente a la televisión decidió, como cada noche, sentarse delante del ordenador. Tenía un sueño que escribir, otro extraño sueño incomprensible y delirante.


Hacía tiempo que había decidido dormir con una libreta y un boli en la mesilla de noche, junto al despertador, la lámpara flexo y un par de galletas Chiquilín. Cada vez que algún sueño le despertaba en mitad de la noche, encendía la lamparita flexo y anotaba lo que había sucedido en su sueño mientras daba cuenta de las galletas, fuese lo que fuese y por muy extraño que pudiese resultar. Lo describía lo más fielmente que la modorra le permitía, pero se tomaba su tiempo. No le importaba la hora. Era consciente que de no hacerlo así, a la mañana no recordaría nada de lo soñado.
Por la noche recuperaba la libreta y releía lo escrito. Era bastante habitual que se tratase de batiburrillos sin sentido, pero no se resignaba a arrojar aquellas anotaciones al olvido y siempre sacaba algo de ellas.
Lo transcribía como podía para hacerlo verosímil, y finalmente escribía una historia con ello, un relato de no más de dos o tres cuartillas. Después lo archivaba en el disco duro, en una carpeta que tituló: "Diario onírico de un solitario".
Eligió un disco, como cada noche, para despiezar sus historietas inconscientes. Le pareció que un poco de jazz podía resultar conveniente para relatar la extraña ocurrencia que su imaginación traidora le pasó, como si de una película se tratase, la madrugada anterior.
Finalmente pinchó "I just dropped by to say hello" de Johnny Hartman, y empezó a escribir, dejándose guiar por las anotaciones de su libreta y por los susurros que un vaso de bourbon Four Roses deslizaba sobre su cerebro:
<<Por algún motivo desconocido -los sueños no exigen explicaciones a respecto de localizaciones- me encontraba en Puerto Banús. En la zona del muelle, las tiendas de lujo se alinean como piezas de un dominó prestas a caer, como en una de esas divertidas performance que suelen salir a última hora del telediario, antes del fútbol. Caminaba entre la gente VIP, ataviado con mi mono azul mahón de trabajo, unas sandalias viejas que cubrían mis pies embutidos en unos calcetines color rosa, y una gorra de baseball de los San Diego Padres, equipo del que en estado de consciencia ignoraba su existencia.
Poco a poco me iba situando. Según parecía, el motivo de mi presencia en Marbella era la necesidad de adquirir unas gafas. El último reconocimiento médico me había detectado una incipiente presbicia, cosa propia de la edad, y era necesario por tanto hacerme con unas gafas bifocales para corregir el defecto. Estaba en una zona de comercios, por lo cual me parecía el lugar apropiado.
Entré finalmente en una lujosa tienda. Me llamó la atención una alfombra morada que se extendía en la acera. No podía dejar de pensar en el calamitoso estado en que quedaría si empezaba a llover; claro que en Marbella la lluvia tendrá que pedir permiso a los dueños de los yates y a los ricos que pagan siete pavos por un café en las terrazas de la calle José Meliá. Eso me imaginaba mientras accedía con paso firme al establecimiento, esquivando las expresiones de escándalo que dibujaban los ojos de las dependientas, posiblemente extrañadas por mi singular atuendo.
Una vez frente a la encargada, una mujer de mediana edad, pintada como una momia egipcia y con un color de pelo inverosímil, le relaté mi problema. Me indicó que aquella era una tienda exclusiva de moda, famosa por sus carísimos zapatos. También tenían gafas, de diseño y muy caras. Supuso la reencarnación de Nefertiti que un servidor no dispondría del pecunio suficiente para adquirir alguna de las lentes que allí se vendían. Y lo cierto es que tenía razón.



A punto estaba de abandonar el tiendorro cuando me tropecé con una señora cuyo rostro me parecía familiar. Al disculparme me di cuenta de que se trataba de Isabel Pantoja. Sí, como oyen. Isabel Pantoja se encontraba ante mí aceptando mis disculpas por el incidente y haciéndome ojitos.
-Disculpas aceptadas caballero, pero ¿se puede saber qué hace vestido de esa guisa en una de las boutiques más caras de Puerto Banús?- Me preguntó con una sonrisa que me pareció encantadora.
-Necesito unas gafas para corregir un problema de vista cansada, de presbicia ¿sabe usted?, y como aquí venden gafas...
-Y ¿cuál es el problema? -preguntó con evidente interés.
-No tengo suficiente dinero para pagarlas, son muy caras. Creo que el hecho de que estén decoradas con brillantes tiene algo que ver con el precio, ¡que me parece desmesurado la verdad!- Isabel sonrió. Creo que a estas alturas la intimidad despertada entre nosotros me autorizaba a llamarla Isabel.
Y me propuso con total resolución:
-Vamos a hacer una cosa. Yo vengo a comprar unos zapatos. Si usted me recomienda unos bonitos, que me convenzan a la primera, yo conseguiré sus lentes. ¿Qué le parece?-. Como no tenía nada que perder, accedí.
Nos acercamos a un estante donde unos zapatos que eran tocayos del mamarracho de mi jefe se exponían dentro de unas vitrinas de cristal limpísimo -recordé que las ventanas de casa necesitaban una limpieza urgente.
Elegí unos blancos, con piedras verdes salpicadas por las tiras de cuero del empeine, y una hebilla que brillaba mucho. Lo mismo eran de oro, pensé.
-Me encantan. Qué buen gusto tiene mi pordiosero amigo. Póngamelos por favor, me los llevo puestos-. Y mirándome con agradecimiento, me acarició la mejilla mientras decía:
-Le toca elegir a usted unas gafas. - Parecía dispuesta a cumplir con su parte del trato, para que luego digan...
Elegí las primeras que había visto antes del encontronazo con mi amiga la coplista. Unas bastante discretas, azules con brillantes y una línea dorada que subrayaba la patilla hasta perderse entre los pelos que cubrían mis orejas.
Tras la compra, mi nueva amiga se deslizó hacia el centro del establecimiento con un giro de cadera felino y se plantó allí con mucho embrujo. Como quien no quiere la cosa apareció una señora con cara de pocos amigos -también me sonaba de algo- que le tendió una bata de cola roja y oro. Apareció una orquesta formada por cinco ministros del PP. Tras ellos, Mariano Rajoy vestido de faralaes entró en escena con una silla de madera y mimbre. La depositó junto a Isabel y se sentó sujetando una guitarra española que evidentemente no sabía por dónde agarrar.
La tienda se llenó de gente. Todos gritaban al unísono:
-¡¡¡Isabel!!!, ¡¡¡Isabel!!!, ¡¡¡Isabel!!!
Entonces la viuda de España empezó a cantar "Marinero de luces" ante la emoción de los presentes, que empezaron a llorar desconsoladamente.
Decidí abandonar el lugar aprovechando el tumulto provocado por el improvisado recital. Ya en la calle me crucé con Paquirrín. Estaba vendiendo uno de sus discos de oro a un tipo que se parecía a Toni Montana -el de "Scarface" ya saben.
Corrí por la avenida hasta una esquina, que doblé tras un derrapaje que acabó con una de mis sandalias en el centro de la calzada... y entonces me desperté.>>
En ese momento terminaba Johnny Hartman de cantar "How sweet it is to be in love". Era el momento de irse a la cama.
-Tal vez me espere algún sueño esta noche...- pensé.




Reparaciones y andamiaje gramatical a cargo de Paco Evánder.

lunes, 20 de marzo de 2017

Los lunes... escenas de cine - "El demonio de las armas"


No habíamos tocado en los lunes cinéfilos el mítico cine de Serie-B. Estas películas, que se rodaban para aprovechar recursos sobrantes y para mantener una especie de cantera en Hollywood, ha dejado films absolutamente grandiosos.
Su estética, muy particular y definida. y sus historias, igualmente singulares y diferenciadas, hacen de la Serie-B algo que con los años se ha revelado interesante y único.
Entre muchos títulos filmados durante varios lustros, me decanto por "El demonio de las armas". Film de Joseph H. Lewis, con Peggy Cummings y John Dall en los papeles principales: una pareja obsesionada por las armas, que termina deslizándose al mundo del crimen y siendo perseguidos por todo el país.
El guión de Donald Trumbo, sobre una historia aparecida en una publicación, escrita por MacKinlay Kantor, figuró bajo el seudónimo Millard Kaufman, al estar Trumbo perseguido por el Macarthismo.
Gran film que define perfectamente la estética y ritmo de las películas calificadas como Serie-B.
¡Feliz semana!

domingo, 19 de marzo de 2017

Hasta siempre Chuck Berry (1926-2017)


08:50 AM. Entre el terciopelo de un "Egun on" susurrado se infiltra una noticia áspera. El hecho de camuflarla de esa manera ha sido algo bienintencionado y se agradece, pero el golpe ha sido brutal.
"Ha muerto Chuck Berry"... El día del padre celebramos que ya no está el padre de todo este invento, puta paradoja.
No hay tarta, un servidor no es padre, y no son horas para brindar con champán. Hacemos chocar las tazas de café, "Hasta siempre Chuck".
Un rey que no reinó. No estaba hecho para los tronos, demasiada estática se le antojaba la posición de un monarca dejándose ver sentado, luciendo corona y pose, sedas y visón. Lo suyo era agitar, esqueletos y mentes.
Esta mañana no había sido diseñada para llorar al diseñador de la actitud del rock and roll. No estaba en el guión decir adiós al creador de la ortografía con la que se habría de escribir el rock.
Gracias Chuck. Tus canciones y su silueta son el rock and roll. En mis retinas tu concierto de hace unos años, en mi corazón el riff de "Johnny B goode" acompasando su latido.
Tal vez hoy estemos ante el final de una época. Punto seguido.



sábado, 18 de marzo de 2017

"Love is love", nuevo disco de Woods para el 21 de abril.


Estos si que no paran. Si hace un año elogiábamos su extraordinario "City sun eater in the river of light" (pinchar), ahora los de Brooklyn nos sorprenden con un nuevo disco previsto para el próximo 21 de abril y que llevará por título: "Love is love".
Se trata del décimo Lp de la banda y pretende ser más luminoso y urbano, con influencia del jazz etíope, como ya ha ocurrido en anteriores ocasiones.
En boca de los miembros de la banda este disco es: "una meditación sobre el amor y lo que significa la vida en nuestros días".  Ojalá siga la racha.
Escuchamos un adelanto de título homónimo y adjuntamos el tracklist:

01 "Love is love"
02 "Bleeding blue"
03 "Lost in a crowd"
04 "Spring is in the air"
05 "I hit that drum"
06 "Love is love (sun on time)"

viernes, 17 de marzo de 2017

The Cheap Cassettes - "All Anxious, All the time" (2017)


Si gustan ustedes de propuestas energéticas y desacomplejadas como las que recientemente han protagonizado tipos como Kurt Baker, The New Trocaderos o los bambinos de Radio Days, creo que deberían probar con The Cheap Cassettes, unos chicos de Seattle que poco tienen que ver con el grunge que ha hecho famosa mundialmente a la capital de la aeronáutica.
Tres sujetos: Chaz Matthews (voz, guitarras), Kevin Parkhurst (batería) y Mike Isberg (bajo) que empatizan con los anteriormente señalados sin dejar también de hacerlo con glorias powerpoperas como The Replacements, Cheap Trick o The Buzzcocks por citar tres ejemplos que me vienen a la cabeza de manera instantánea.
Power pop guitarrero pletórico de diversión y actitud high energy, aderezado con fluidas melodías pop con Beatles, Kinks o Big Star en el ADN, salpicado de esencias rockeras pioneras que miran a Buddy Holly, y ramalazos garajeros e incluso punk. Éste es el universo sonoro y vital de The Cheap Cassettes.


Su primer disco se titula "All anxious, all the time", un disco que fue grabado entre 2011 y 2014 en enclaves tan dispares como: Boston, Madison, Hawai o Chicago, y que ahora, tras viajar por los escenarios donde a los que les han dejado subirse, el sello especialista en Power-pop: Rum Bar Records (The Connection, Tom Baker & The Snakes, Nato Cole & The Blue Diamond Band) se lo pone en la calle desde el pasado mes de febrero.
Con estas credenciales poco más se puede apuntar, salvo que el disco es vertiginoso, escurridizo e irresistible rítmicamente, como lo demuestra: "My little twin", ejemplo de precipitación y frescura de ritmo indómito que acelera latidos.



Las melodías enganchan desde el primer tema: "All anxious, all the time", un power-pop de libro de guitarras brillantes. No es fácil resistirse a la esencia juvenil de "Wreckless" ni a los riffs rockeros de "Good and shitty".
Más acerada se entrega: "Seconds of pleausure" con cierto aire soft-heavy ochentero. "Get low" y el bonus track: "Whips and furs" son dos rugientes rock and roll de fibrosas guitarras que se enfrentan con la voz juvenil de Chaz.
El power-pop más evidente vuelve con el medio tiempo: "Sieg heil (means I love you)" de estribillo obvio pero resultón, y con la lírica: "Girlfriend", todo muy high school
Rock and roll de aire pionero nos atizan con: "Big dumb town" de enérgico estribillo y la intrépida: "Black vinyl!".
Y despiden el álbum con el pelotazo powerpopero y de cierto golpeteo Ramoniano titulado: "Disappear with you", adictiva y contagiosa.



Es mejor no resistirse, dejarse conducir por este trío, acabar en sus dominios y disfrutar de la música eléctrica y sin prejuicios que proponen tipos como estos, que no todo van a ser POMs.
Adjuntamos bandcamp de la banda donde escuchar y adquirir: "All Anxious, All the time"..

jueves, 16 de marzo de 2017

Los domingos bohemios, Otis y el fútbol.


Un alarido colectivo rompió la ensoñación producida por "I've been loving you too long".
- ¡¡¡Goooooollll!!!-
Los futboleros no parecían reparar en la presencia flotante y terapéutica de la voz de Otis Redding suministrando caricias y terciopelo a los corazones y labios de algunos presentes, dedicados más a los besos que a la pelota.
Ella sonrió cuando él, en el fondo no tan ajeno al fútbol, retiró fugazmente su mirada para ver quién había marcado. Su expresión era de alegría. Se acercó y la besó. Besos de cerveza y victoria local.
Los domingos se habían convertido en su escondrijo, como el niño que siempre recurre al mismo rincón cuando juega con sus amigos, sabedor de que ha encontrado un lugar que le hace invisible ante el mundo; una guarida que lo mismo le sirve para vencer en los juegos -como aquella noche el Athletic- que para sentirse fuera de él mismo, observándose desde un mirador ajeno y objetivo, como si otra persona le analizase desde allí sin ser vista y luego le transmitiese lo que ve por circuitos mágicos e instantáneos.
Así se sentían ellos. Cada domingo se vestían de otras personas y juntaban sus manos. Jugaban a ser novios, como si fuesen adolescentes, como cuando se conocieron en el instituto, antes de empezar a equivocarse.
Ella pintaba su mirada de mujer subyugante y enamorada y él dejaba al rockero soñador a un lado para transformarse en un misterioso y romántico intelectual ataviado con pantalones de pinzas.
Se emboscaban tras las mesas menos iluminadas de los garitos de los barrios más románticos y pedantes de la ciudad, donde nadie les conocería; los del barrio no frecuentan la zona bohemia de Bilbao. Incluso allí el fútbol era el rey.
Sabían que el juego no era tal, que cuando se triunfa en los juegos el final no se baña con lágrimas. Ellos triunfaban cada domingo, y lloraban cuando la madrugada les llamaba a acuartelarse en la normalidad, en el día a día.
Pero durante unas horas podían beberse los minutos, y dibujar paraísos en sus espaldas con las yemas de sus dedos. Durante unas horas no había cronología y el orden del día era improvisar, buscar la verdad propia en el paladar del oponente y permitir que los secretos se presentasen en papel de regalo de seda, como sorpresas lujuriosas que en la madrugada se autodestruyen.
Los domingos poseían el tiempo necesario para destripar sus días. Todas las ternuras que han visto desfilar ante si durante la semana, y que han sido almacenadas para contarselas el domingo al otro, son por fin disparadas, compartidas. Finalmente sus domingos dan razón de ser a todos sus días.
Los abrazos que les hacen temblar los párpados otorgan eternidad a sus noches. Los dientes de él se clavan en su hombro y ella parece tocar el piano con sus costillas. Los domingos por la noche beben y ríen, sueñan y recuerdan, y saben, o deben saber, que ese tiempo se acaba, que la vida envidiosa impondrá sus reglas. No les dejará ser esos novios cuarentones evadiéndose de sus vidas unas horas cada semana.
- ¿Y entonces?...
- Hasta entonces sigue besándome...

Y volvía a cantar Otis en el viejo tocadiscos de él.




Texto revisado y corregido por mi amigo Paco Evánder.