viernes, 21 de noviembre de 2014

His Golden Messenger - "Lateness of Dancers" (2014).

No digo que sea lo normal, pero no es extraño en absoluto que la irrupción de un disco traído a la blogosfera por algún camarada de postín, como en este caso el Señor del Cierzo, don Jesús, termine pasando por los oídos de los diferentes blogeros que la formamos, comunidad que parece amplia pero que realmente no lo es tanto, y cause un pequeño alboroto en el que todos, o casi, coincidimos en elogios y parabienes para con el artefacto en cuestión.


Esto es lo que hasta hace poco estaba ocurriendo con el último álbum: "Lateness of Dancers" de este dúo de Carolina del Norte que responde al nombre de Hiss Golden Messenger y que reconozco hasta hace unos meses desconocía del todo.
Y debo decir que me he volcado con el disco tras conocer las apasionadas crónicas y comentarios que he leído e incluso escuchado a viva voz a mas de un comentarista musiquero sobrádamente respetado y admirado por mi.
Tal vez las expectativas previas causaron un equívoco en mis deseos que propiciaron una composición de lugar que no tenía demasiado que ver con lo que finalmente escuche en la hora de la verdad de pinchar el disco.


Pues lo que escuché es un disco de bonitas canciones cantadas con una hermosa y broncínea voz por M.C. Taylor, autentica alma de la formación, que miran a la tradición folk del país del Tío Sam, líricos lamentos flotando en los aires cálidos de la pradera y bellos deseos que duermen su amanecer a las orillas del Mississippi, esperando el crepúsculo para brillar en todo su esplendor y desperezarse.
Entre las corcheas que construyen los temas nos encontramos las sombras de JJ Cale, muy presente en la apertura, la bonita "Lucia". En los huecos de magia que quedan entre voz y violines susurra al oído de Taylor, el mas campestre Bob Dylan, insuflando su fraseo mágico, que es recogido por nuestro protagonista de forma admirable: "Drum" es un buen ejemplo de lo que digo, canción que cierra el disco dejando un muy buen sabor de boca.



"Mahogany Dread" es posíblemente el corte que mas me gusta de todo el disco, perféctamente identificable dentro de la atmósfera de un hipotético "Harvest" del siglo XXI, es un precioso medio tiempo cantado con un delicado fraseo y avellanado timbre.
Preciosa balada de piano: "Day O Day (A Love So Free)", con unos coros de órdago para embelesar el estribillo.
El blues viene de visita en un par de temas, mas atenuado de lo que nos acostumbran los texanos ZZ-Top, pero con similar actitud en la firme y machacona "I'm A Raven (Shake Children)", y también hace un guiño, escondido tras la húmeda melodía de "Souther Grammar", blues que suena como cuando Dylan los canta reinventando el género.




Country con piano en "Saturday Song" y profundidad en la elegante y oscura: "Lateness of Dancers", también con el piano como protagonista y nuevamente vocalidad arenosa y quemada por el sol, me recuerda al Neil de pajar y mazorca de maíz, estupenda.
Completan el trabajo "Chapter & Verse" y un tema que bien podría esperarse en aquel Bruce que parece perdido para siempre, cuando miraba en blanco y negro las infinitas carreteras que atraviesan "Nebaska", el épico "Black Dog Wind (Rose of Roses)".



Alguno pensará: - Pues no ha puesto tan mal el disco -; No!...es que no es en absoluto un mal disco, la diferencia entre esta reseña, hecha con respeto y sinceridad, y otras, creo que estriba en la pasión, no tan presente en mis lineas ni en los latidos habidos en mi mientras las escribía, y evidéntemente si en lo aportado por amigos que desprendían felicidad y emoción en sus comentarios.
Tampoco me parece un disco en el que encontremos nada especialmente nuevo, si bueno, bueno en construcción y ejecución, agradable paseo melódico con una voz excelente de protagonista, pero no mucho mas, no me ha sorprendido llegando hasta mi corazón como un estilete de dulzura como si hicieron los últimos trabajos de Jason Isbell, Danny & The Champions of The World o Malcolm Holcombe, que pueden tener ciertos puntos en común.
En estos aspectos radica, entiendo, la diferencia, y ciertamente lamento establecerla precisamente yo, lo he intentado de veras, quería sentir lo que mis amigos, e incluso mi hermano también (otra voz autorizada), esta encantado con este artefacto, pero gustándome, pareciéndome un muy buen disco, no me alcanza como otros...bueno me imagino que en estas cosas está también la gracia de todo esto ¿no?.

Reseña escrita para el blog musico-cultural ZRS y publicada con fecha 19/11/2014, y que es posible visitar, publicación y en consecuencia blog pinchando aquí.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Lucinda Williams - "Down Where The Spirits Meets The Bone" (2014)...Existe.


EXISTEN CANCIONES...

Existen canciones que son Rock and Roll porque no pueden ser otra cosa, el rock vive en ellas, ha nacido en ellas cuando fueron alumbradas, empezó a latir y darles vida cuando las parió el creador de las mismas. Son canciones que vienen al mundo marcadas, con una marca a fuego, embrionaria y sublime que las dignifica en lugar de humillarlas como a las reses, ese embrión es puro y transmite realidad y verdad porque es hereditario, se hereda por el ADN, pasa de creador a obra. Nada ni nadie puede evitar que canciones así sean lo que son: Rock and Roll.
Existen canciones como: "Protection", "Burning Bridges", "Foolishness", que son rock and roll, muy buen rock and roll y existen porque están en "Down Where The Spirits Meets The Bone", el último disco Rock & Roll de Lucinda Williams.




Existen canciones en las que habita el soul, lo hace oculto o a las claras, seguro de si mismo, habita y delimita los bordes de la canción con su influjo, mágico y poderoso, cubriéndolo todo con su fino y ligero manto de seda, son canciones nacidas para la caricia y el susurro, también para la sincera exaltación de sentimientos o ideas.
Existen canciones como: "Big Mess", "Temporary Nature (Of Any Precius Thing)", "One More Day" en las que habita el soul, y reina, pero es un rey generoso y tolerante que deja que todo el mundo entre en su corte dotándola de un mestizaje y riqueza que crea maravillas sonoras, y existen porque están en "Down Where The Spirits Meets The Bone", el último disco soul de Lucinda Williams.



Existen canciones en las que late un corazón de country, un Heart of Gold, de oro por el color dorado del sol que las alumbra y atempera, de oro por el valor intrínseco de su fluir, cual oro fundido, de oro, color del trigo y el maíz cuyo pan da olor y sabor a tan oreados temas, corazón campesino de entregado aldeanismo y grandeza de miras, miradas al crepúsculo, canciones grandes como los corazones de la gente buena, como los corazones de oro.
Existen canciones como "It's Gonna Rain", "Walk On", "This Old Heartache" que llevan dentro un corazón country que brilla como el sol, canciones que hacen que entornes los ojos en busca de un horizonte anaranjado y lleno de esperanzadas buenaventuras...¿porque no creerlo?, al menos mientras suenan tan dorados temas, y es que las meigas existen, porque están en "Down Where The Spirits Meets The Bone", el último disco country de Lucinda Williams.



Existen canciones que reptan por el lado oscuro de nuestro interior llevando como peso y vehículo al viejo blues, ese bebedizo que contiene el sortilegio malvado y a veces venenoso que atrapa y duele, esa magia negra que sale de las aguas oscuras y acechantes del Delta para atrapar a los débiles, a los que no pueden con la vida, y que muchas veces termina salvando, ese invitado callado y huraño que convierte la visita en una sugestiva aventura de silencios rodeados de música, dolores rodeados de esperanzas, horror rodeado de belleza sangrante.
Existen canciones como "West Memphis""Everything But The Truth", "Something Wicked This Way", que son arrastradas a un abismo que puede ser malo o no, lo que si son es palpitantes, escurridizas y bellas, y existen porque están en "Down Where The Spirits Meets The Bone", el último disco blues de Lucinda Williams.



Existen canciones luminosas, que irradian la claridad del optimismo, canciones en las que los sonidos de las guitarras sonríen y los ritmos son aquellos que emulan una danza feliz y volátil, temas golpeados por el sol y acariciados por la luna, se estiran sintiéndose bien como un bebe al despertar, nadie les hace envejecer ni oscurecer porque en su mirada cristalina no cabe la edad ni la sombra, son dueños sin saberlo de los suspiros de placer y del pulso de la esperanza.
Existen canciones como " Stand Right By Each Other", "When I Look At The World", "Stonaway In Your Heart", que tienen la vida a flor de piel, que se escapa por las costuras de las risas en forma de arpegios y los suspiros rítmicos que forman la comunión de batería y bajo, y existen porque están en "Down Where The Spirits Meets The Bone", el último disco luminoso de Lucinda Williams.




Existen canciones especiales y valientes que emocionan, que destilan dolor, magia, respeto, amor/desamor, o gritan una verdad, una injusticia o un clamor, existen canciones fabricadas con vísceras y sangre, no con músculo y saliva, canciones que se lo ponen difícil a la conciencia y al sentimiento, canciones que viven inténsamente su crudeza o su ansia de verdad, existen canciones que son francamente buenas, francamente especiales, francamente valientes.
Existen canciones como "Magnolia", "Compassion", "East Side Of Town", que se diferencian por la falta de miedo, porque se miran en el espejo de la verdad, ese que esta trucado para reflejar el dolor, la soledad, la verdad o el adiós, canciones con vida aún después de levantar la aguja, y existen porque están en "Down Where The Spirits Meets The Bone", el último disco especial y valiente de Lucinda Williams.






EXISTEN DISCOS...



Existen discos que cuando llegan no se quieren ir, por mas que lo intentemos no se dejan arrastrar fuera de las entrañas del escuchante, porque se alimentan de la pasión humana, así crecen y se fortalecen adquiriendo vitola de inmortalidad, pero al mismo tiempo inyectan a quien los deja permanecer junto a él vitaminas de moral, de vida, nos dejan menos solos de lo que estamos, nos dejan en compañía del Rock & Roll, del soul, del country, del blues, de la luz y del valor.
Discos que son tan buenos que los invitados a su creación son privilegiados y los dirigentes de la creación seres especiales agradecidos por su legado, discos deudores del arte que ennoblece a la raza humana, y existen porque existe "Down Where The Spirits Meets The Bone", el último disco de Lucinda Williams.

martes, 18 de noviembre de 2014

Hush 'n Rush - "Tales Never Told" (2014). Fuerza acústica.


El otro día hablaba de esta banda griega recién llegada a mi vida, y comentaba su primer disco de 2013: "Kick Over The Traces" en esta misma bitácora (pinchar aquí para acceder a la mencionada reseña).
En ella destacaba la sorprendente autenticidad del sonido, un conglomerado de blues, rock y funky perféctamente combinado que crea un conjunto de perfecta ortodoxia genuinamente americana a pesar de su llamativa procedencia helena.
El disco despide raza y fuerza, plasmada en guitarras eléctricas fibrosas y ritmos indómitos, un sonido clásico que tanto se acerca a los sureños outlaws como a los blueseros malditos y contaminados afines a los Zep.


Tras aquél vino un segundo larga duración titulado: "Dogs & Vultures" publicado en este 2014 y que presenta similares credenciales que el debut, y también dentro del presente año, aparece este tercero de titulo: "Tales Never Told" en el que apuestan por la misma fuerza y disposición pero desenchufando las guitarras y apagando amplis para ceder el protagonismo a las acústicas.
Pero que nadie se líe, este desenchufado no quiere decir que los chicos liderados por Stavros Papadopoulos facturen un disco de tendencias folk, o country, cediendo el protagonismo a las baladas de lírico tono y a las melancolías crepusculares tan idóneas a las guitarras desprovistas de watios...no, hay baladas en el tracklist pero sus pretensiones son transmitir la fuerza de sus acometidas eléctricas en un formato mas suave sónicamente pero sin perder las señas identificativas de ese rock y blues principálmente que tan firmemente se impone en sus dos primeros trabajos.
Diré que lo consiguen de forma mas que admirable, en primer lugar la voz de Stavros suena como si la luz eléctrica la rodease en lugar del airecillo desprendido de la vibración de las cuerdas de nylon, no cambia ni su desgarro rockero ni su arenosidad tímbrica, no influye el sonido acústico en su forma de frasear ni de emitir la voz, fuerza transmitida por la garganta de Papadopoulos.
En cuanto a la sonoridad que rodea este vendaval canoro: pues escobillas en lugar de baquetas y ausencia de distorsiones como es normal, base rítmica de enjundia a pesar de la falta de decibelios e incorporación de slides ocasionales, que si aportan un leve, solo leve, toque country a ciertos temas.
Pero la intencionalidad de la banda no varía, solos de guitarra de auténtico delirio y fuerza en los rasgados que transmiten toda la fuerza que concentran las composiciones.
Composiciones que hacen un número de doce, como en anteriores entregas sin pretender inventar nada, únicamente intuyéndose en las mismas vocación de autenticidad y verdad musical, actitud y buenos trabajos melódicos, el resto es raza y oficio.
Ambas virtudes quedan de manifiesto desde el principio, empezando por el blues-rock aspero y rudo que enseña las cartas de lo que será el álbum y que se titula "Not Another Day".



Característica en este disco que se repite en los dos anteriores es la duración de los cortes, casi todos por debajo de los dos minutos, así es en la excelente apertura y también en la continuación, la mas melódica y popera "On Your Own" de excelente trabajo guitarrero por parte del magnífico Panagiotis Zampourlis, quien ya demostró su clase y virtuosismo en formato eléctrico, pero que aquí demuestra un tacto latente no exento de fiereza, a tener muy en cuenta.
Tema digerible, mas calmo melódicamente y rematado con un estribillo redondo y perfecto, se trata de "Wannabe", estupendo medio tiempo de guitarras abiertas y sonoras y voz que hiere por la crudeza del color.



"Dirty Love" suena silvestre en cuerdas y como en los demás cortes efectiva y feroz en vocalidad, otro rock aspero y racial, de sonoridad y elegancia perfectamente mezcladas en dos minutos y medio.
Aires countrys en "Born Again", mas amable en tono y acariciadora en melodía, se trata de una balada rock de delicado estribillo; mas guitarras de fina estampa para el comienzo del medio tiempo "Shine", nuevamente triunfa el ritmo, atinado y efectivo y el trabajo perfecto de Stavros como vocalista.
Otro medio tiempo de luminosas guitarras, estribillo de tiranteces dramáticas y melodía tópica pero efectiva para este corte que mira a los Zep mas líricos y nebulosos en la estupenda "Get Away".
Balada típica de templada temperatura vocal esta vez y sedoso tratamiento melódico en la evocadora "I Need You" que tiene su continuidad en "A Runaway", un estupendo rock de medias tintas rítmicas y ronca tonalidad que únicamente aporta un quintal de clase y una melodía sobria y elegante, un auténtico pelotazo.




Apenas nos dejan disfrutar dos minutos de la frenética y encendida materia inflamable de que esta rellena la extraordinaria "Take it As It is", recuerdos de clásicos de altos vuelos, con la CCR en el horizonte.
Guitarras jugando a hacer encajar el funky en un recipiente rockero y dejándose acariciar por el blues, un tema realmente fabuloso y de carácter este "Ball and Chain" con los mismísimos AC/DC como imágenes acústicas reflejadas en el espejo sónico de los griegos.
Y despedida con "Butterfly", precioso tema que lleva en su interior la mas pura esencia poética y medieval de las baladas Zeppelinianas, una pasada para terminar este disco extraordinario.



Realmente me tiene sorprendido este cuarteto, practican un rock de tremenda calidad, cercanía y tradicional poso, que desbordan fuerza con el interruptor en "On" y exactamente lo mismo cuando la palanca esta en "Off", sorprenden por la delicadeza de sus baladas y dominan tempos de forma admirable gracias a la fabulosa base rítmica formada por Giorgos Filopelou (bajo) y Lazaros Simitsis (batería), además de los ya comentados Stavros Papadopoulos, espectacular cantante y teclista y un fantástico guitarrista Panagiotis Zampourlis. entre todos están facturando trabajos sorprendentes que os recomiendo sincéramente pues creo que podemos estar ante una formación que nos de muchas alegrías, de momento este "Tales Never Told" desborda fuerza acústica.



lunes, 17 de noviembre de 2014

Hace 15 años, "La Calle del Olvido" cambió de Nombre, Recuerdo a Enrique Urquijo.


No sabía que hacía tanto tiempo, este (el tiempo), como siempre va a su puta bola y me lo ha vuelto a demostrar por enésima vez, él funciona con unas coordenadas propias, tienen un ritmo diferente al del cosmos y eso tiene que ser lo que produce ese extraño y continuado desfase que se origina en nuestro cerebro, cuando se relaciona con pesares, en nuestro corazón.
El caso es que el sábado me pegue de lleno con la realidad de haber sido víctima de una nueva estafa por parte de esas coordenadas espacio-temporales de las que hablo, tubo lugar en el Kafe Antzokia, en el concierto de Quique/Lapido en un momento pleno de emoción en que Quique recordó la figura de Enrique, recordó que hacían ya 15 años que desde un telediario se nos relataba la sorprendente muerte del miembro de Secretos, una muerte que esta si que no estaba anunciada, ni siquiera intuida por nadie...Quique nos hizo compartir latidos y lágrimas en el bolo recordando a su amigo Enrique Urquijo...momento emotivo de veras.
No es menos cierto que unas pocas semanas antes vi actuar a Enrique con sus Problemas en TV y me pareció demacrado y con aspecto enfermizo, me sorprendió pero lo olvidé, un mal día, enfermedad común.
Enrique pertenecía al club de los rockeros buenos, buenos chicos que cantaban y escribían bajo la luz de los sentimientos limpios y sinceros, una poesía repleta de lírica pero carente de esa épica malota de otros mas cercanos a eso que llamamos Rock & Roll Way of Life...Enrique era tan modesto, tan humilde, tan discreto que nadie pensó que él, el que cantaba a su Amiga Mala Suerte, que vivía Colgado¿?, que dormía A tu lado...que inauguró La Calle del Olvido y que paseo por ella tantas veces amenazando esta con encerrarle mientras no despuntaba, injustamente, su otro proyecto, aquellos Enrique y Los Problemas, nadie pensó digo, que un final así estuviese escrito para él.
El caso es que apareció, como nunca debió ser la filmada por la memoria colectiva la desaparición de tan gran artista, con la tristeza intrínseca de sus textos, con la injusta letanía que rodea a los héroes perdedores de sus temas, como si de una de sus canciones de dolor y desesperanza se tratase, y ahora camina en la memoria de todos los que disfrutamos y seguimos haciéndolo con su música, con su arte, con su poesía...Memoria, así se llama para mi aquella canción, de aquel disco, aquel que trajo a su banda a la primera linea tras una travesía en el desierto injusta, tras grandes discos que fueron ignorados por muchos, aquella Calle del Olvido que de bella duele y de mojada por la lluvia de la melancolía resbala.
Hoy Enrique Urquijo siguen viviendo en la calle..En La Calle del Recuerdo...y yo quiero recordarle un poco, pero sin tristeza, como se recuerda a los amigos que siempre están presentes a pesar de la distancia, como a los seres que nunca desaparecen del todo...

Enrique Urquijo 15-03-1960/17-11-1999







sábado, 15 de noviembre de 2014

The Cars - "Heartbeat City" (1984) - ¡Vivan los 80's!!!

A alguno de esos pérfidos personajes que acostumbran a convertir a sus semejantes en esclavos de sus palabras, el vítore del titulo les puede servir para hacer escarnio público de un servidor...pues bien...adelante, ¡Me da igual!



La verdad es que a veces uno se mira a si mismo y no puede evitar sentir un pequeño complejo de pedantería, demasiada actividad de arqueologia musiquera en pos de la búsqueda de bandas y discos sorprendentes y nuevos, demasiada disección en ocasiones excesívamente sesuda de clásicos venerados como dioses griegos y ocasionálmente un exceso de literatura pretendidamente bohemia para expresar con las palabras mas sangrientas lo que tal riff o tal voz hace sentir al cronista de turno.
Evidéntemente hablo de mi, que nadie se de por aludido, es que algunos días siento la necesidad de bajar a los infiernos de lo mundano y venial para encontrarme en sintonía con el ciudadano que siente de forma mas atenuada las agresiones que el arte dirige a la sensibilidad, parece que dando mas fuerte en la diana de aquellos que la tenemos mas al descubierto, (la sensibilidad digo).
Ruego que nadie entienda mal mis palabras, la intensidad en el sentir es subjetiva y no quiero decir que el uso y abuso de esta sea una actitud mas meritoria o noble con respecto a nada, me imagino que es un característica nata que con el paso de los años se va intensificando debido al entrenamiento, los tipos como yo estamos pirrados por la música, el cine o la literatura como otros lo están por el deporte, los coches o el aeromodelismo...lo importante es disfrutar de lo que nos gusta, y en eso estamos.


Pero a veces tengo la sensación que de tanto buscar manjares aderezados con las sales mas extravagantes, las especias mas profundas que se hagan dignas de combinar con carnes nunca cocinadas previamente o investigar para dar con técnicas de guiso que se acercan a la química mas que a la vieja receta que pasa de abuela/o a nieta/o...al final olvidamos que un buen plato de huevos fritos con patatas y pimientos puede regalarnos goces que teníamos en el olvido de tanto que obviamos y ninguneamos el aceite brillante de las papas, la aspera rebaba del pimiento o esos bordes requemados de los huevos, recordando en una cena de carácter excepcional que todo el conjunto crea una POM gastronómica que además esta al alcance de cualquiera que no dedique tiempo y dioptrías a la búsqueda de algún Santo Grial culinario.


Y para mi los ochenta son muchas veces esos huevos fritos dados por superados por paladares altivos o esas patatas que se consumen sin mirarlas y se disfrutan sin gratitud, tan fáciles, tan corrientes, incluso se venden en bolsas de plástico...los ochenta parecen comunes, sinsorgos y horteras, llenos de defectos sónicos y bandas olvidadas asiendo su recuerdo a un tema, a un éxito que hoy suena desfasado, viejo de tan cargado de ultima tecnología como fue concebido.
Y es cierto que eso ocurre con mucho material de aquella década, muchos clásicos además naufragaron entre sintetizadores y baterías electrónicas en aquellos años, perdieron sus bondades sónicas entre los circuitos de aquellos fairlights que parecían la panacea y se quedaron en licuadoras de pureza, zumos malos de lo que fueron sanas y nutrivivas frutas. Otros nacieron en aquel conglomerado de cables y tardaron demasiado en comprender que por ellos corría la electricidad y no la música, duraron lo que la moda del electrosonido aguantó en el interior de las testas de los jóvenes del momento.


Pero también quedaron buenas cosas, cosas que contenían las maldades de aquella manera de grabar, producir y sonar, pero maldades finamente administradas y obligadas a convivir con rudimentos del pasado, que fueron aplicadas a esquemas ya existentes y sin quererlo crearon algo sugerente e inmortal, algo que, como en el disco que menciono en el título del post, no pasa de moda, no suena a nada que no sonase hace 30 años y sin embargo suena a algo que cualquiera puede hacer hoy, algo que reivindica que no fueron tan malos los sintetizadores y las percusiones enlatadas, que en muchas ocasiones (no en todas), los malos eran los usuarios de aquellos artefactos que olvidaron que para ser efectivos necesitaban ser alimentados por música, por melodías, por canciones.
The Cars vuelven tras un descanso y graban diez temas perfectos de construcción, melódicamente sobresalientes y de letras agudas y poéticas, gamberras y divertidas, y lo graban utilizando los recursos de moda en 1983, sintetizadores, baterías electrónicas, efectos sónicos y guitarras liquidas y de golosa sonoridad...¿saben que?...que graban un disco que a un servidor le gusta tanto o mas que los huevos fritos con patatas y pimientos, graban una POM musiquera nacida de la suma del aceite pegajoso de las teclas, de la rebaba de las percusiones que suenan a PVC y de lo requemado de los contornos sónicos de unos temas que suenan como grabados en un vacío...pero las canciones son tan buenas, tan frescas, tan directas y adictivas...tan pegadizas...molan tanto que amo a The Cars y su quinto Lp, este "Heartbeat City".


Los diez cortes fueron compuestos por el líder de la formación (título que el negaba y rehuía) Ric Ocasec, que canta siete de los cortes, dejando para el bajista Benjamin Orr la inovidable balada "Drive", perfecta y romántica, bella y eternamente ochentera, dotada de una textura bohemia y lujosa que la hace verosímil sonando en cualquier anuncio de esos en que una star de Hollywood en ropa interior intenta convencernos a golpe de escote y muslamen que su perfume huele mejor que los demás, uno de los indiscutibles éxitos del grupo.



Otro corte interpretado por Orr es"Stranger Eyes", tema influenciado por los últimos Roxy Music y que destaca por sus coros, su actividad en guitarras y bajos y su estribillo, otro muy buen tema.
Y culmina la actividad canora de Orr con la sintetizada "It's Not The Night" que canta con sensibilidad y voz de entregado timbre, y que va mutando a una suerte de rock suave muy digerible.
El grueso del tracklist fluye de la garganta de Ocasec, desde la incendiaria y sublime "Hello Again", tema de ritmo machacón y que se adhiere a las caderas, provist de guitarras enrolladas con teclas para arropar el canto nervioso de Ric hasta explotar en el famoso estribillo, contaba además con un excelente clip dirigido por Andy Warhol que también aparece en el mismo, estupenda.
Pegadiza melodía y sensual canto que unen sus fuerzas en otro estribillo pleno de intensidad en la también excelente "Looking For Love". Canción deslizante, de melodía escurridiza dotada de guitarras setenteras vecinas del glam, se trata de la exitosa "Magic", imposible no mecerse en sus brazos de metacrilato, famoso el clip también.




Juguetón y epiléptico éxito fue la elegante y popera "You Might Think" que se disfruta y pasa como si tal cosa, igual que la electrónica "Why Can't I Have You", tema lento de texturas románticas y sedoso canto pleno de sensualidad, otro bonito estribillo.
"I Refuse" es rutinaria en su ritmo de batería enlatada y estribillo bonito y apocado, excesivamente mecanizada tiene en cambio una bonita linea melódica y como siempre buenos coros que dan paso a la despedida de la mano de "Heaarbeat City", tópico registro con sintetizadores creando un gaseoso entorno a la voz susurrante y de sugerente fraseo de Ocasec, comercial, electrónico y enlatado, suave y con reminiscencias setenteras, llamenlo New Wave, Soft Rock o como quieran, es un material puramente década de los 80 al que el paso del tiempo le es impermeable y se mantiene como una gozada de música adictiva y que yo suelo utilizar para redimirme conmigo mismo cuando se me va la olla y olvido que la música también es para disfrutar libre y sanamente, para ser un poco frívolo y para eso los ochenta son lo más, cuando de discos como este se trata solo puedo decir: ¡Vivan los 80's!!!



viernes, 14 de noviembre de 2014

Los Glosters - "Gritos" EP, (2013)...¡Vivan los 60's!!! - Discos en la Lengua de Cervantes.



No me preguntéis como llego a mi este clip: "Vestida de Negro", de unos tipos llamados Los Glosters porque no lo recuerdo, y no porque haya ocurrido hace mucho tiempo, ¡que vá!...si esto ha sido hace un par de semanas o así, es que es tanto lo que nos llega por los diferentes cauces de transmisión de que disponemos hoy en día en la red, que no es posible checkear todo lo que acaba en el correo o en cualquiera de las redes sociales que nos rodean y en las que unilateralmente nos hemos auto-encerrado.
Lo cierto es que casi todo lo que recibimos acaba en la papelera, pero algo de vez en cuando asoma la cabeza entre la maraña de material amontonado, y justo antes de pinchar en eliminar, decides dar marcha atrás y ojear que es eso que parece destacarse del resto en el montón...
Eso ocurrió con este clip, inmediátamente me atrajo y me dejo el careto pegado al portátil durante los poco mas de dos minutos y medio que dura el vídeo.


Os recomiendo que no os lo perdáis, me parece chulísimo, con una estética de comic entre infantil-retro y vanguardista muy adecuada a la música a la que da imágenes, música que estoy seguro que a muchos de los por aquí habituales va a entusiasmar, pues se trata de un pop yé-yé de esencia patria sesentera con reminiscencias de un mod fresco y sixtie de desenfadada actitud, divertida vocación y ritmo galopante de sana intención, además de las voces juveniles, claras y de fraseo libre de Ramón, estas son las señas de identidad de Los Glosters, estupendos para amantes de bandas míticas del pop hispano como Brincos o Bravos, tampoco le harán ascos, (menos aún), los que nos volvemos locos con ritmos mods tipo Flechazos, Cooper, Elegantes o Surfin' Bichos en el espectro nacional pudiendo citar, salvando las distancias, a Small Faces o Roulettes, en el plano internacional.
La banda, que lleva tocando con este nombre desde 1997, esta formada por Carlos a la guitarra, Evan a la batería, Hector al órgano y Puri al bajo además del mencionado Ramón que canta.
Este frenético "Vestida de Negro" que llamó mi atención pertenece a un EP publicado por el grupo el pasado 2013 que lleva por título: "Gritos" y que es nada menos que su decimoquinto trabajo discográfico entre CDs, EPs y Maxis.


Y este minilp es el que me los da a conocer, vía spotify lo estoy quemando estos días y disfrutando con él, de su ritmo y su latido optimista y vitamínico.
Tema de auténticos teenagers el que da inicio al EP: "Club Yé-yé", corte de disparatada letra y martilleante estribillo...pues eso: yé-yé, que corre por las arterias como un coche robado (parafraseando a Quique Gonzalez), con tremendas y luminosas guitarras, inmejorable comienzo.
Continua con el temazo del clip: "Vestida de Negro", si habéis pinchado el vídeo seguro que habéis repetido, nuevamente martillean el estribillo y fantásticos los coros (interpretados por las señoritas Aya Sima y Adriana Prunell de la banda The Pepper Pots), melodía digerible y muy Flechazos, órgano juvenil y vigorosa base rítmica, estupendo tema, que como el anterior va al grano, entregándose sin condiciónes en apenas dos minutos y medio.
Menos aún, poco mas de dos minutos, es lo que tarda en volar la batería y el bajo que dan soporte a los gritos descontrolados y adrenalíticos del tema que da título al disco, un corte vertiginoso y adictivo de mod anfetamínico y juvenil.



El siguiente corte nos lleva a una España en blanco y negro a la que empezaban a sorprenderle luces de colores, luces que encendían maestros como Fernando Arbex (mas que recomendable esta reseña relacionada con este maestro en el blog Mi Tocadiscos Dúal), se trata del pop sesentero de evidente tufo a franquismo a punto de fenecer ante la imparable llegada de la libertad, bonito y nostálgico corte titulado: "Te Quiero".
Y punto final al disco, (parece mentira lo rápido que ha pasado todo), riffs guitarreros rockeros y fibrosos sobre base rítmica incendiaria para un rock de guateque de letra hedonista y libertina, se trata de "Chicas", tema con evocadores coros, potente y sonoro, estupenda despedida.
Me ha encantado este grupo tarraconense totalmente desconocido para mi, tal vez mis amigos mediterráneos asiduos por estos lares ya les conocían, pero por el Cantabrico no se habían hecho notar que yo sepa y me pongo a descubrir todos y cada uno de sus trabajos, pues estos tipos respiran el aire de libertad creciente, ansiada y ya casi a la vista que empezaba a imponerse en el firmamento español de los maravillosos 60's, esa época musicalemente idílica y que tanto añoramos los que no la vivímos...
Celebro este descubrimiento y como digo en el título...¡Que vivan los 60's!



El amigo Bernardo de Andrés Herrero ha sugerido incluir en el post la bandcamp del grupo para quien quiera escucharla, aquí la dejamos linkada.
http://losglosters.bandcamp.com/

jueves, 13 de noviembre de 2014

Robert Gordon - I'm Coming Home" (2014).

Es frecuente, al menos en mi caso y especialmente en estos últimos años, que empleemos gran cantidad de tiempo en la búsqueda en esta demoníaca ouija que es a veces la red, de bandas, solistas, sonidos y discos nuevos, diferentes... tal vez buscando volver a sentir lo que sentimos en aquellos días ya lejanos de la adolescencia y juventud con cada nuevo disco que asaltaba nuestras terminaciones nerviosas y cada nuevo grupo que tomaba mando y posición en nuestro corazón, muchos de aquellos para quedarse en su sitio de por vida.
Posíblemente aquello pasó y no se repetirá por mucho que lo busquemos, pues cada cosa tiene su momento y su estado, pero por intentarlo...por buscar un antídoto contra el funesto pensamiento de la acechante madurez, o incluso vejez...¿qué se pierde?.
El mayor inconveniente de esto es que muchas veces en esta tozuda búsqueda del pasado sensorial y musical nos olvidamos precisamente de los protagonistas de aquel pasado, los grupos, los solistas, las canciones...todos los condicionantes que hicieron posible que hoy añoremos algo que buscamos a tumba abierta, y esto evidéntemente, no es justo, y es, un poco, lo que ocurre con nuestro protagonista de hoy.
Y es por ello, que se me ocurre una posibilidad que, si bien seguro que no es algo definitivo, si que es al menos aliviadora, amortiguadora de pesares nostálgicos, pues es nostalgia pura y dura, ¡un anticuerpo vaya!, una solución en el disco que hoy traigo aquí, y que convenientemente administrada puede ser y hacer las veces de vacuna contra la melancolía de tiempos pasados, que como todos sabemos siempre fueron mejores (aunque también sabemos que esto no es cierto).
Robert Gordon es uno de esos artistas que nada, siempre a punto de ahogarse, entre las olas del vendaval de la memoria pero que nunca sucumbe a la tempestad, y es mas, de vez en cuando llega a la orilla, y siempre con algo bajo el brazo, algo de lo que el sabe hacer, algo de lo que en ocasiones le hizo salir del mar embravecido como un coloso y permanecer como un Robinson de éxito en las orillas mas soleadas de la costa del rockabilly y el boogie, hablo de algún disco de puro y evidente rock & roll, cierto que hace años que no asoma su encuerada silueta por ninguna playa de moda, fue el sol menos contaminado de los setenta el que mas calentó su osamenta pero ocasionalmente aparece y nos hace recordar que fue y según se ve, es, un rockero de raza y talento, que cree en lo que hace y que no sucumbe ni a tempestades ni a cantos de sirena, un marinero del rock como la copa de un pino.


"I'm Coming Home", (la vacuna de que os hablo), se titula su nuevo disco, un titulo muy adecuado, y también el título del tema que da apertura al mismo, un rock con aires de western y guitarra de sórdido latido, con él nos avisa que ha vuelto. Y así es, vuelve  como dice el tema para hacer lo que el sabe hacer, y hacerlo como le de la gana, y lo mismo le da este aire country de la apertura, que atacar a la yugular a un clásico del género como "Honky Tonk Man" de Johnny Horton originalmente y superada en los ochenta por Dwaight Yoakam, y fantásticamente recogida en este disco por Gordon, o dar caña al fenomenal tema de John C. Reilly "Walk Hard" que compuso e interpreto para el film de Jade Kasdan: "Walk Hard: The Dewey Cox Story" (2007), tampoco se arruga ante el crepuscular y elegante éxito cincuentero de Buck Owens primero y del gran Waylon Jennings después: "Under You Spell Again".
Demuestra sus tablas e intuición para el rock germinal y de sólidas convicciones en "I's Only Love" estupendo tema cincuentero que bien hubiese podido encajar en el repertorio de Buddy Holly y que para este álbum ha compuesto su amigo y colaborador: Marshall Crenshaw.
Además revisitaciones a Ricky Nelson y su famosa "It's Late" que canta de forma mas ruda que aquel pero plena de actitud, la bonita balada "Heaven", edulcorado tema que triunfo en los cincuenta y al sabe darle replica.
Incluso se atreve a colarse en la voz y teclas de Little Richard atacando: "Lucille" nada menos, y haciéndolo con éxito, fuerza de vientos y piano en segundo plano, suavidad y clase, una muy buena versión.
Nada mal suenan tampoco: "Low Down Weekend" inédito tema que recuerda los ritmos frenéticos de los inicios del rey, el clásico de Johnny Rivers: "Mountain of Love" una onírica letanía de amor adoslescente.
Se cierra el disco con la enérgica vitamina rockabbilly de "Quit This Big Old Town" y la nerviosa y palpitante "Little Pig".



Disco que transporta sentimientos a un pasado iniciático que es la base de nuestro virus, ese que anida en los corazones de todos los rockeros del mundo y que nos tiene en esta perpetua odisea en busca de aquellas viejas sensaciones que tubieron lugar hace años y cuyo origen late en los ritmos e influencias que habitan y dan sentido a este fabuloso disco de un clásico como Robert Gordon, disco que estoy seguro puede actuar de vacuna contra los males de nostalgia rockera, y en el que tal vez encontremos algo de ese palpito que nos golpeo sienes y corazones cuando aún desconocíamos la potencia del veneno que estábamos ingiriendo en pequeñas dosis de rock and roll, merece la pena hacer de conejillos de indias, no hay nada que perder y mucho que ganar pinchando este Lp.



Este artículo fue escrito originalmente para el blog ZRS, dicha entrada puede leerse pinchando aqui.