sábado, 3 de febrero de 2018

The Beatles - "Abbey Road" (1969).


La lectura de la biografía de Paul McCartney escrita por Philip Norman está despertando en un servidor un renacimiento de aquella beatlemania que me atenazó en la adolescencia, y que tanto moldeó (para bien) mi melomanía.
En febrero de 1969, cuando Paul se reunió con George Martin para solicitarle que volviese a producir un nuevo disco de The Beatles, aquél se tomó la propuesta con escepticismo.
Los últimos meses no habían resultado ser los más apacibles y deliciosos por los que habían pasado los Fab-four, más bien todo lo contrario.
Las dolorosas sesiones de grabación en los estudios Twickenham del documental "Get back", bajo la dirección de Michael Lindsay-Hogg, y en las que se evidencia la enorme brecha que se había abierto entre los cuatro beatles, con enfrentamientos constantes, broncas y frialdad, no prometían unas sesiones de grabación alagüeñas.
Tampoco las insalvables diferencias con respecto a la asignación de Allen Klein como manager y encargado de dirigir la nave a la deriva en que se había convertido Apple Records ayudaban a la paz en el seno del grupo, pues Paul se había visto segregado por el resto de sus compañeros, que impusieron la elección del polémico Klein.


Los amagos de fuga de Ringo y George, la vida pública de John junto a Yoko, con el disparatado disco conceptual "Two virgins" y su provocativa portada con ambos completamente desnudos, además de las dos encamadas por la paz que protagonizaron en Amsterdam (su luna de miel) y Montreal, y que supusieron un fuerte escándalo, ayudaban a presagiar un buen ambiente en la hipotética vuelta a los estudios.
La boda de Paul, también rodeada de mucho ruido mediático, el fracaso del film televisivo "Magical Mystery Tour", la intromisión de terceros y un sinfín de atenuantes más, no auguraba que lo que resultase de aquellas sesiones que Paul proponía, pudiese ser algo agradable y bendecido por la calidad artística que era exigible a la leyenda de la banda.
Finalmente George Martin accedió, pero bajo la condición de que las grabaciones fuesen 'como en los viejos tiempos'. Es decir, que primase el buen ambiente, la amistad y el sentimiento que siempre había caracterizado la vida en el estudio del grupo. Paul le prometió que así sería, y el 22 de febrero dieron comienzo las sesiones de grabación de "Abbey Road".
Para redondear este compromiso de unidad del grupo, de volver a los buenos tiempos y a las grabaciones felices, se bautizó el álbum con el nombre de los estudios londinenses que habían sido testigos de las grabaciones de los discos de la banda durante los últimos casi siete años.
El milagro se produjo, y las sesiones de "Abbey Road" se desarrollaron en un ambiente de camaradería, respeto y buen humor, algún beatle incluso las consideró los días más felices de la banda.
No obstante, entre ellos primaba también un sentimiento de tristeza que se impregna en el resultado del disco. Todo el trabajo tiene ese barniz de melancolía y aflicción. Los Fab-Four sabían que vivían sus últimos días juntos, sus últimas tomas, el último disco.
De cualquier forma, "Abbey Road" continúa la línea ya abierta en "The White Album" de separación artística. Lo que el grupo denominó 'mente grupal' ya no funcionaba, y lejos de encontrarnos ante canciones con el espíritu beatles de antaño, aquí volvemos a recibir una serie de composiciones en las que cada cabeza de esa 'mente grupal' mira hacia un lado, crea su canción y es acompañado por el resto, pero las canciones de George son de George, las de John, de John y exactamente igual ocurre con la aportación de Paul.



Curiosamente, The Beatles, en aquellos días inciertos, graba su última obra maestra, una más. El álbum se lanza con "Come together", un rock compuesto por John con remaches blues y cierto tono psicodélico de tremenda pegada, infeccioso estribillo y texto controvertido, y que fue un gran éxito.
La otra aportación de Lennon fue la verista "I want you (she's so heavy)", inmensa espiral sonora de impagable intensidad, la última obra magna que entregó John al legado Beatle.
Paul, por primera y única ocasión, no entrega ningún tema de éxito a un disco del grupo, su contribución pretende mirar hacia los tiempos juveniles del grupo, para lo cual aporta temas ligeros y de cierto tono cómico como "Maswell's silver hammer" (en cuya grabación no intervino John), el corte cantado por Ringo: "Octopus's garden" o el tema de cierta esencia soul: "Oh! darling".
George es quien se lleva el gato al agua. El menor del grupo, por fin parece gozar de libertad para plantear una aportación seria y conforme a su talento, dos de los grandes éxitos del disco son suyos, y hoy, casi cincuenta años después, grandes clásicos de la historia del rock: "Something" y "Here comes the sun", no creo que sean necesarios más comentarios.



George Martin, siempre adscrito a su formación clásica, había comentado en varias ocasiones a los chicos la posibilidad de crear una especie de sinfonía, con melodías que se fusionaran entre si, creando un entorno variado pero coherente de varios minutos, sin circunscribirse a canciones delimitadas y autónomas de tres o cuatro minutos.
En esta última travesía, finalmente se salió con la suya, al contar con la aceptación del grupo. Cierto que finalmente el compromiso no fue tan evidente, y sólo Paul se tomó el desafío en serio. George no aportó nada a la idea y se limito a tocar y hacer coros y John deposito algún retazo de canción inconclusa que no compartía demasiada cohesión con el conjunto.
Sólo Paul se sumergió en la elaboración de esta sinfonía, para lo cual, junto a George Martin creó un final de disco absolutamente magistral, lleno de nostalgia, melodías maravillosas y melancolía.
En "You never give me your money" recordaba con amargura algún episodio desagradable con algunos managers, en "She came in hroug the bathroom window" rememora un acontecimiento real, pues años atrás, de esta forma entró en su casa una joven admiradora; y en "The end" tiñe de tristeza el ineludible final de una leyenda, como dijo meses después John, de un sueño.
El año que viene, "Abbey Road" cumple cincuenta años, se hablará largo y tendido de este disco, de su portada en el paso de cebra que permanece frente a los estudios, de la última sesión fotográfica que hicieron los Beatles para promocionarlo, donde se aprecia la tristeza que los invade, donde los ojos y los rostros de los cuatro fantásticos nos dicen sin palabras adiós. Se hablará, cómo no, de los días en que fue fabricado, tal vez entonces yo recupere este artículo, o tal vez no, lo cierto es que hoy me apetecía hablar de "Abbey Road", porque es un disco especial, y porqué si.



4 comentarios:

  1. Así es, Addi, una obra maestra para cerrar una década de melodías, descubrimientos y creación. Es un disco adorable, comenzando por una portada maravillosa. Tienes razón en lo de Harrison y las canciones que mencionas, pocas composiciones tan sugerentes y poéticas he escuchado en mi vida.

    Abrazos.

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    1. Gracias Gonzalo, me he adelantado un año a la riada de reseñas que nos esperan en 2019. Un disco que ha ido creciendo entre mis preferencias con los años.
      Un abrazo.

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  2. Mi favorito de los Beatles, una exquisitez que todavía has hecho más grande. Abrazos.

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    1. Mi favorito siempre ha sido Eubber Soul, pero la lectura de la bio de Macca me ha revelado detalles de éste que han hecho que el disco crezca exponencialmente desde que he leído el libro.
      Aunque siempre he pensado que es una POM absoluta y junto a RS y Revolver los tres mejores discos de la banda.
      Un abrazo y gracias.

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