miércoles, 10 de enero de 2018

The Cribs - "24-7 Rock star shit" (2017).


La tormenta de lanzamientos, novedades y proyectos a los que hoy se tiene alcance desde el ordenador de casa, trae consigo cosas buenas, y también algunas un tanto inverosímiles.
Entre las segundas está, que en un momento dado, un disco que en principio sería de interés para alguien, le pase desapercibido, mimetizado en ese ciclón de material que nos tiran encima en la red.
Eso es precisamente lo que me ha ocurrido a mi con el último álbum de The Cribs, banda que siempre me ha gustado mucho, y cuya última criatura: "24-7 Rock star shit", que fue publicada en agosto del pasado curso, no ha llegado a mi conocimiento hasta los últimos días del año ya finiquitado.
Si bien en el anterior elepé, el estupendo aunque rodeado de cierta controversia: "For all my sisters", los hermanos Jarman obtuvieron unos excelente réditos comerciales, atenuando un tanto su sonido, en busca de una propuesta más 'pop', para lo cual contaron con la producción del Ric Ocasek (The Cars); para este último proyecto, el trío ha decidido volver a sus raíces, con un sonido que mira al grunge noventero sin olvidar el ramalazo punk que siempre ha caracterizado su propuesta.


Y para ello han contado con la colaboración de Steve Albini como ingeniero de sonido, buscando precisamente ese sonido referido, no en vano el norteamericano a trabajado con bandas como Nirvana o Pixies.
Desde luego se nota el giro sónico con respecto al trabajo precedente, y "24-7 Rock star shits" suena más crudo y vehemente. Aunque la banda ha adquirido una madurez que ha dejado poso en ellos como compositores, resultando las melodías más redondas y menos traumáticas y nihilista de lo que eran en sus primeros discos, especialmente antes de la estancia -fugaz- de Johnny Marr.
Están por supuesto algunos de los habituales leit motive en cuanto a los textos, grandes dosis de transgresión, feminismo, anti-fascismo y haciendo de moscas cojoneras.
Entre los momentos más hieráticos destacan el tema que abre el disco: "Give good time" de rabiosas guitarras y esencia punk; como el tema, favorito personal, que sirvió de adelanto al disco meses atrás, la callejera y orgánica: "Year of hate"; también suena fibrosa y sucia la excelente: "In your palace".
Con este terceto de apertura dejan clara sus intenciones, alejadas de "For your sisters", aunque un servidor piensa que no tanto.
Es en los entornos sonoros más punks, de ritmos lacerantes y bajos brumosos donde mejor funcionan las nuevas canciones de los chicos. Así queda demostrado en pelotazos como: "Dendrophobia", "Partisan" o "Broken arrow".



Otros temas de afilada actitud punk-rock, pero más en la onda del anterior y exitoso disco, son: "What have you don for me" y "Rainbow rigde".
Tal vez los cortes más calmos sean los menos conseguidos del disco, quedando un poco en tierra de nadie. Pues ni "Sicks not twigs" de tierna melodía, coros y una atmósfera de local de ensayo muy favorecedora, aunque un tanto desubicada; como la densa y un tanto barroca (dentro de la propuesta del conjunto) con sintetizador incluido: "Dead at the wheel", son los momentos más recordables del disco.
Vuelta al principio, sonidos punk, rock, grunge y cierto tono garajero, para un estupendo ramillete de composiciones; no obstante la madurez se ha hecho dueña de los designios de los hermanos Jardam, y no para mal, pues en 2017, y yo sin enterarme, vuelven a facturar un muy buen disco.

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