jueves, 4 de enero de 2018

And libros by Addison de Witt... "Riña de gatos" - Eduardo Mendoza.

Nunca terminé de entender porqué Eduardo Mendoza dejó su casa de toda la vida: Seix Barral, para unirse a Planeta en 2010. Nada más llegar al imperio editorial del inigualable y singular José Manuel Lara, éste le otorgó el famoso, aunque no necesariamente prestigioso, premio Planeta, con su primera novela para el grupo: "Riña de gatos".
Y aunque es evidente que la concesión del premio formaba parte de los términos del contrato con Planeta, la verdad es que nunca vi la visión comercial a este movimiento, pues es de todos conocido que el galardón en cuestión es meramente industrial, y sólo busca la promoción de autores de la casa, con el propósito de hacer de ellos, mediante el empujón mediático que significa el premio, autores de los denominados best sellers. Eduardo Mendoza ni era un autor en vías de crecimiento, ni necesitaba ese empujón, pues sus novelas hacía décadas que vendían ejemplares a cascoporro con la sola impresión en la portada de su nombre, pero en fin.
La cosa es que "Riña de gatos", a pesar, o como consecuencia de, no lo sé,  ganar el premio, siempre me ha parecido una novela infravalorada, como de la segunda división dentro de la exclusiva obra de don Eduardo.
Creo que no es así. En "Riña de gatos" no falta nada del universo disparatado, humorístico, aventurero, extravagante, humano, romántico, irónico, desternillante, absurdo y de patrio tono noir, que caracteriza la obra de Mendoza.
El personaje sobre el que rota la acción, el inglés Anthony Whitelands, recuerda al ignoto y alocado detective ocasional de sus obras pretéritas: "El misterio de la cripta embrujada" (1978), "El laberinto de las aceitunas" (1982), o "La aventura del tocador de señoras" (2001) y que hicieron de Mendoza un escritor admirado y de primera línea.
Y también la trama perfectamente hubiese podido ser interpretada por el anónimo y célebre personaje aludido. Eso si, en esta ocasión, la acción se remonta a los días previos al golpe de estado fascista de 1936, y la ubicación se centra en la capital del estado, Madrid. Dejamos atrás pues, los años setenta y ochenta y la ciudad condal.
No faltan en la narración episodios desatinados, situaciones inverosímiles y encuentros delirantes. La facultad del protagonista para verse enredado, muchas veces sin pretenderlo, en fuegos cruzados de tremenda enjundia, en embrollos sentimentales incomprensibles o para situarse en el epicentro de problemas de estado de vital trascendencia, es auténtica marca de la casa, y la diversión recorriendo estos acontecimientos está tan garantizada como en pretéritas y más destacadas ocasiones.
Por supuesto no falta la alusión a personajes reales, no en vano la acción se desarrolla en las cruciales semanas en las que España se debatía entre el golpe de estado, la impúdica amenaza creciente de La Falange, la violencia callejera de unos y otros, las conspiraciones ente si de los militares pugnando por ser uno u otro general quien dirija la revuelta, la intervención de la Unión Soviética por medio de espías y enviados, la nobleza, la policía, el aparato diplomático británico... y todo, a propósito de una pintura presuntamente obra de Velázquez y que es desconocida para el mundo.
José Antonio Primo de Rivera, el general Mola, Franco, Azaña... se pasean por estas páginas.

Un experto en arte español, el inglés Anthony Whitelands, gran conocedor y admirador de Diego Velázquez, llega a Madrid para autentificar un cuadro que conserva oculto un duque y grande de España.  Éste pretende, según dice, venderlo en el extranjero ante la eventual salida de él y su familia del país dada la evidencia de una guerra civil y así poder tener liquidez en el exilio.
Cuando lo comprueba, asegura que se trata precisamente de un Velázquez auténtico y además desconocido, de gran importancia y valor por tratarse, además, de un cuadro en el que se puede echar luz sobre aspectos biográficos desconocidos del gran pintor sevillano.
La realidad es otra, y el interés del duque dista de lo confesado. No obstante, Anthony advierte que está ante la oportunidad de alcanzar la fama y el prestigio general, si es él quien da a conocer la pintura al mundo.
Pronto se hace habitual de la familia del aristócrata, enamorándose en el acto de la hija mayor de éste, la hermosa y extraña Paquita, y enamorando él a su vez a la hija menor, la adolescente pero vivaracha e inteligente Lilí.
Paquita está enamorada a su vez de un amigo de la familia: José Antonio Primo de Rivera, líder de falange e hijo del dictador Primo de Rivera, aunque por la condición de éste, su amor mutuo es imposible. La rápida intromisión de personajes de los bajos fondos enredados con los bolcheviques, de chicas de mala nota, de la policía, del consulado inglés, de un terceto de generales en pugna por dirigir el golpe de estado, termina introduciendo a nuestro buen inglés en medio de una espiral política, revolucionaria, sentimental y de supervivencia absolutamente hilarante, que por supuesto pondrá al protagonista en situaciones totalmente vertiginosas.

Tal vez no se trate de la mejor novela de Mendoza, es posible que adolezca del gancho de otras por todos conocidas, pero mantiene el interés del lector, provoca no pocas sonrisas, e incluso alguna carcajada, y en parte, recuerda la situación de un país, durante unos días terribles y determinantes. Algo que para muchos hoy es un enigma, o algo que les dicen que hay que olvidar, y si es posible convencer de que nunca pasó.

2 comentarios:

  1. Me falta esta novela por leer de uno de mis escritores favoritos, y la descripción que haces de "Riña de gatos" me ha dado muchas ganas de leerla. Aparte de la ya larga serie del extravagante y desternillante detective, adoro "La verdad sobre el caso Savolta", "La ciudad de los prodigios" y "El año del diluvio".

    Un abrazo.

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    1. Si todas estas son magníficas, y en otra clave también destacaría Comedia ligera y Sin noticias de Gurb, es un grande el amigo Eduardo.
      Un abrazo

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