sábado, 25 de noviembre de 2017

Ópera: "Manon" - Jules Massenet (1884) - Plasson, Cotrubas, Kraus (1982)


Ayer, Alfredo Kraus hubiera cumplido 90 años. Por supuesto no he visto ningún comentario al respecto en los telediarios, ni ningún titular en los periódicos, pudiendo hablar un poco más de fútbol...
El tenor canario es uno de esos ejemplos de grandeza, en este caso artística, que esta abecerrada España no se merece.
Pero yo voy a recordarle trayendo a esta bitácora una de sus encarnaciones más grandiosas: El caballero Des Grieux de la ópera "Manon" del inconmensurable Jules Massenet.
Jules Massenet es uno de los máximos exponentes del estilo francés. Desarrolló su carrera durante el último tercio del XIX y las primeras décadas del XX. Su influencia en autores, curiosamente veristas, como Leoncavallo o Mascagni es tan evidente, como en principio, inexplicable; pues no son pocos los aspectos que hacen de ambos estilos, algo antagónico.

Jules Massenet

En un país como éste, muy apegado a las óperas de la escuela italiana (en cualquiera de sus distintas escuelas), el repertorio francés ha sido aceptado únicamente a medias, sólo han triunfado algunos títulos, los más cercanos a Italia. Tal vez, este sea el motivo de que Massenet sea, precisamente, uno de los autores más queridos y representados en España del maravilloso género francés de la época romántica.
Lo cierto es que la ópera más popular de Massenet es "Wether", y también según muchos, éste ha sido el rol en el que don Alfredo más ha destacado (dicen que era su favorito). Desde luego el Werther de Kraus no tiene parangón en los últimos sesenta años (tal vez Nicolai Gedda, sea su principal rival), pero exactamente lo mismo ocurre con su Des Grieux (nuevamente con la rivalidad del magnífico Gedda), pero si me lo permiten, voy a elegir la ópera "Manon", por ser una de mis favoritas del repertorio francés (si no mi favorita), y porqué es menos obvia que la versión operística del célebre personaje escrito por Goethe.

Nicolai Gedda

El estilo francés es, el estilo francés; quiero decir que no es estilo italiano, no se canta como a Verdi, ni mucho menos como a Puccini; error que han cometido muchos cantantes durante décadas, como Franco Corelli.
Esta escuela requiere un canto de fraseo aristocrático, con un control total de la respiración para cantar largas lineas en legato, esto exige una técnica prodigiosa para apoyar la voz en tesituras altas, mientras se canta así, un dominio total del canto en la zona del passaggio, y un buen gusto exquisito. Aquí no valen valentonadas, jadeos, exageraciones, ni ningún otro recurso de los que, por otra parte, muchos abusan en la ópera italiana, en especial en el verismo.
Con todo lo dicho, es perfectamente comprensible el porqué Kraus ha sido, bueno, es, el mejor tenor de ópera francesa (junto a Gedda, insisto), de las últimas muchas décadas.


Acto I.

El noble De Bretigny (barítono), llega acompañado del travieso político Guillot (tenor) a la terraza de una posada acompañados de tres jóvenes actrices. Mientras les sirven la cena, la plaza empieza a llenarse de gente, acuden a la llegada de la diligencia. Entre el gentío se encuentra Lescaut (barítono) que ha de recibir a su prima Manon (soprano), que llega para ingresar en un convento.
Inmediatamente el libertino Guillot comienza a cortejarla, le propone irse juntos en su carruaje, Lescaut llega con el equipaje y aconseja a su prima que mantenga un comportamiento apropiado. Cuando la vuelve a dejar sola, esta no tarda en envidiar los bonitos vestidos de las actrices, canta: Voyons, Manon..
Otro pasajero es el caballero Des Grieux (tenor), que pensaba visitar a su padre el Conde Des Grieux (bajo). Al ver a la joven, queda prendado instantáneamente de ella. Se acerca, y pronto es correspondido por la joven, como se puede corroborar en un encendido y bello dueto: Et je sais votre nom.
Finalmente, ambos deciden renunciar a sus planes iniciales y huir juntos a París, para lo cual utilizan el carruaje del soez Guillot.


Acto II.

En el apartamento de Des Grieux y Manon en París, el caballero escribe a su padre pidiéndole permiso para casarse con Manon, aunque sabe que es una misión imposible. Aparece en escena Lescaut junto a De Bretigny, que viene disfrazado de policía, ambos están conchabados, aunque Lescaut disfraza la treta como una ofensa al honor de la familia.
Ambos truhanes advierten a Manon de que Des Grieux será secuestrado esa misma tarde por orden de su padre. De Bretigny ofrece a Manon su protección y un futuro luminoso junto a él.
Cuando la visita se marcha, Manon duda entre aceptar la oferta o no, advierte a Des Grieux, pero este parte a echar la carta al buzón; entonces Manon entona una hermosa aria despidiéndose de aquel apartamento en el que ha sido tan feliz junto a Des Grieux: Adieu, notre petite table.
El joven vuelve y entona la canción del sueño, hablando a Manon de un futuro juntos pero modesto. Cuando sale a investigar un ruido, es secuestrado, quedando Manon sola.


Acto III.

Cuadro I.
Es un día de fiesta, entre la multitud se encuentran Guillot y Lescaut que cantan las excelencias del juego À quoi bon l'économie?. Llega De Bretigny, que se une a Manon, ella canta al amor y a la juventud: Obéissons quand leur voix appelle.
El padre de Des Grieux, el Conde Des Grieux saluda a De Bretigny, Manon intenta descubrir si su joven hijo aún la ama, descubre que ése ha ingresado en el seminario de Saint Sulpice, y que pronto se ordenará. Guillot ha traído unos bailarines que sabe que Manon deseaba ver actuar, pues también el pérfido político la pretende. Mientras actúa el ballet, Manon tiene la cabeza en otro sitio, decide ir al seminario, quedando rabioso el deleznable Guillot.

Cuadro II.
En la capilla de Saint Sulpice, el coro canta al nuevo miembro de la congregación, aparece Des Grieux. Su padre también canta, pero luego intenta disuadir a su hijo para que abandone el seminario y se case, y así perpetúe el nombre de la familia: Epouse quelque brave fille.
Cuando el conde se marcha, Des Grieux rememora su amor con Manon: Ah! Fuyez, douce image. Aparece Manon que implora su perdón, el la rechaza, pero cede al recordar ambos su vida juntos en Paris, en un apasionado dueto.




Acto IV.

Lescaut y Guillot están jugando en un casino; entran Des Grieux y Manon, esta le declara su amor. Guillot convence al joven para jugar a las cartas, con la esperanza de arrebatarle su fortuna, ya que sabe que la ansía Manon. Des Grieux gana una vez tras otra, el político, enfurecido, acusa al caballero de hacer trampas, este lo niega. Guillot abandona la mesa para volver minutos después con la policía, ante los agentes denuncia a Des Grieux de estafador y a la joven de disoluta.
Ambos son detenidos, el conde le asegura a su hijo que intercederá por él, pero no por la muchacha. Finaliza este acto con una espectacular escena de conjunto, entre las risas del corrupto Guillot.




Acto V.

Manon a sido sentenciada a ser deportada, al ser condenada como mujer de mala fama. Des Grieux, libre gracias a la intercesión de su padre, está ahora aliado con Lescaut, arrepentido de sus perniciosas amistades pasadas que tan terrible suerte le han procurado a su prima.
Pretenden asaltar el convoy que lleva los prisioneros al puerto desde el que partirán hacia la deportación en America. Comprueban que la misión es imposible, pero Lescaut soborna a un sargento, logrando que posponga la incorporación de Manon hasta la tarde.
Junto a Des Grieux, una Manon agotada y claramente enferma rememora su amor junto al caballero, él intenta convencerla de que volverán los buenos tiempos, pero la joven, ya sin fuerzas, muere.



A nadie se le escapa que la versión discográfica más legendaria que existe de este título, es la registrada en 1970 para Deutsche Grammofon, bajo la impecable dirección de Julius Rudel, con la irrepetible, e insuperable Manon de la gran Bervely Sills, magníficamente acompañada del caballero del sueco: Nicolai Gedda, y los magníficos: Gabriel Bacquier Gérard Souzay.
Pero como se trata de recordar al gran Alfredo Kraus, nos vamos a concentrar en el excepcional registro, muy francés, de Michel Plasson para EMI, fechado en 1982.
Versión ensombrecida por la mentada de Rudel, esta toma tiene múltiples credenciales para colocarse como una de las tres mejores "Manon" del último medio siglo, o más.
La refinada lectura orquestal, muy acorde al estilo francés, así como la adecuación de tempos y ritmos, hacen de la toma de Plasson una delicia para el oído, a pesar de incidir menos en el latido dramático. Excelente la Orquesta y Coro du Capitole de Toulouse.



Ileana Cotrubas
Manon Lescaut: La rumana Ileana Cotrubas es la encargada de encarnar a la desdichada muchacha. Si bien su dicción de la lengua de Moliére no es la más exacta, lo cierto es que recrea una Manon tierna, más acertada en los momentos dramáticos que en los ligeros. Cotrubas fue una excelente soprano, con un timbre hermoso y un canto elegante, aunque se hacen evidentes algunos problemas en las agilidades.

Des Grieux: Alfredo Kraus es un Des Grieux de referencia. Tanto su estilo, como su fraseo, como las acometidas al agudo, son simplemente perfectos, inigualables. Es tan placentero escuchar a un tenor al que las notas agudas no le hacen perder el color vocal, que no sufre tiranteces, y que emite sin exhibiciones de ningún tipo, colocando cada nota en su lugar, sin utilizar arrastres.
La sequedad de su timbre, el maestro la convierte en un activo. Transmite perfectamente los diferentes estados por los que pasa el personaje. Lo dicho, de referencia.

Lescaut: El barítono canadiense Gino Quilico se ocupa del imbécil de Lescaut. Demasiado joven en 1982, sale airoso gracias a un bello timbre, y porque ya en aquél entonces Quilico era un estupendo cantante, aunque su encarnación resulta un tanto plana, pero cumple.


Jose Van Dam

Conde Des Grieux: Podríamos hacer un copia-pega con lo apuntado sobre Kraus, y aplicarlo a lo aportado por el magnífico bajo belga Jose Van Dam. Un servidor siente auténtica devoción por este enorme cantante. A pesar de lo breve de su rol, deja impronta de su perfecto canto francés, de su delicado fraseo, de su impoluta encarnación y de una inigualable dicción: magnifique.

Tanto Charles Brules como Jean-Marie Frémeau cumplen sobradamente con sus cometidos como Guillot y De Bretigny.
El resto del elenco redondea una excelente grabación operística, que no siempre ha sido valorada como merece, pero que es más que recomendable, aunque sólo sea por la dirección de Plasson y los sobresalientes Kraus y Van Dam.

A veces da la sensación de que este país sólo reconoce como héroes a sus deportistas. No digo que esto esté mal, no lo está; pero es ciertamente irritante comprobar como los artífices de que España sea un país repleto de auténticas eminencias en el mundo del arte y la cultura, pasan totalmente desapercibidos por una sociedad, que parece entender el orgullo nacional únicamente a golpe de goles, canastas o match points.
Alfredo Kraus, como muchos otros, abanderan un desfile cultural y artístico que hace de España una primera potencia en las olimpiadas de la belleza, de la sabiduría y del pensamiento; pero parece importarle un carajo al personal.
Felicidades don Alfredo.

2 comentarios:

  1. Alfredo Kraus siempre ha estado valorado muy por debajo de su calidad, de eso no hay duda y para nada soy experto en ópera. A mi padre le encanta. Tiene un montón de discos suyos. Gracias a eso, aprendí a escucharlo y a valorarlo.

    Gran post, brother.
    Un abrazo!

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    1. Es "tipical Spanish", en Viena lo mentan como a un Dios, y en Berlin o Londres igual, aquí pues no, es que somos así.
      Fue un cantante portentoso, no en cuanto a su voz, que ni era grande ni tenía un timbre brillante, pero su técnica, fraseo y elegancia es inigualable y la disciplina para centrarse en los papeles buenos para su voz hizo de él un cantante cuya voz siempre sonaba fresca y el agudo perenne.
      Un cantante maravilloso con el que tuve la enorme suerte de trabajar.
      Un abrazo.

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