viernes, 10 de febrero de 2017

Cinco canciones de mis madrugadas en el mítico Umore Ona


Hubo un tiempo en el que el "Rock and Roll way of life" era algo más que una forma de vida aplicable a las rock stars. En ese tiempo, en Bilbao había un garito (nada de local ni cosas de por el estilo) donde no existía la linea divisoria entre el día y la noche, el reloj estaba al servicio de la parroquia y siempre marcaba la misma hora: "La hora del rock and roll".
En el Umore Ona la oscuridad no importaba, todos íbamos iluminados, y seguíamos absorbiendo luz conforme la decadencia de la madrugada escupía hedonismo, lujuria, cultura underground y toneladas infectadas de rock and roll. Se encontraba esa luz por doquier: en los vasos, en el baño (intercambiable entre ellos y ellas), en los rincones manchados de polvo, en la esquina del fondo, donde las manos de ellos y ellas también se intercambiaban en la misma coordenada espacio-temporal, en el huracán que escapaba furibundo y a tumba abierta de los amplis del equipo de Xuxo, dueño y alma de aquella Meca, en el humo contaminado de sueños y quitapenas, en la compañía... Eran las noches del Umore Ona.
Las noches en las que el mundo podía acabar afuera, en la calle, que no importaba. El lugar donde los cantantes callaban, los poetas empezaban a llorar porque no se acordaban de los versos que habían imaginado y el rock and roll había decidido pasar la noche con los más degenerados portadores de su gloria, con los desertores del batallón de lo correcto.


En el Umore Ona estaba Xuxo, sin él no hubiera existido. El Keith Richards del botxo hacía girar el mundo de su local con el terremoto de sus caderas tras la barra. Su garito tenía su propio ritmo de rotación y translación. Cómo dijo Galileo, y se notaba más y más a cada trago, a cada giro al ritmo de los Zepp, a cada beso desconocido que sabía a cuero y Telecaster y encerraba un ambiguo amor urgente, a cada canción crápula... uno terminaba irremisiblemente claudicando al: "Y sin embargo se mueve".
Todos iban al Umore, cuando terminaban los conciertos en las salas de la ciudad, el rock empezaba allí. El rock desprovisto de neón y parafernalia, el rock demócrata y visceral. El Umore era el último recodo en el camino por el que circulan juntos y revueltos los músicos y los fans, los buenos y los malos, los que tienen canciones prendidas del corazón que se desprenden a cada nuevo abandono, a cada fracaso; los que olvidaron abrir el desagüe de la pena y dejan que ésta se pudra a remojo de alcohol y fluidos atascados; los que aman sobre todas las cosas, los que sólo follan, los que no pueden amar por miedo a perder y los que pierden incluso antes de amar; los poetas cautivos de tres acordes que no saben administrar; los guitarristas mancos a los que les sobran poesías en el alma, los hijos, nietos y bastardos del rock and roll... Todos íbamos a visitar a Xuxo cuando la realidad cerraba sus puertas a una noche en la que los sueños se alquilaban en los video-clubs.
Xuxo era el rock and roll. Hizo de su tugurio un lugar legendario. La burocracia y los horarios acabaron con el Umore, no con Xuxo. Las restricciones a los sentimientos no controlados por el lector de almas susceptibles de convertirse en cachorros de la sumisión, fueron demoledoras. Cercenaron la materia con que está fabricada la noche. Pusieron hora de retirada al rock, al vicio, a la poesía, a la épica, a la lírica y al desahogo carnal.
Hoy, no sé porqué, he recordado aquellas noches. Lo que allí ocurrió, lo que allí se vivió, casi se diría que con prisa, antes de que acabase el ansia de desgastarse. Y he recordado a Xuxo, su actitud, su magisterio callado y etílico, su labor impagable por el rock and roll. Y las canciones.
Hubo un tiempo en que el corazón de la noche palpitaba al ritmo de las canciones que sonaban en el Umore Ona.
Hoy he recordado algunas canciones que me llevan diréctamente a las madrugadas de mi vida, os dedico cinco. "Recuerdos del pelo largo..."

1. Parálisis Permanente - "Autosuficiencia".
De vez en cuando Xuxo nos proponía una noche en castellano, de aquellas noches, especiales y mis favoritas, el tema que se tornaba eje central del desparrame era esta POM de Parálisis.




2. The Rolling Stones - "Luxury".
No creo que haya existido un Stoniano mayor que Xuxo, La banda más grande no faltaba a su cita cada noche, cada madrugada. Le solíamos pedir un tema: "Hey Xuxo tío, ponme el "Luxury" de los Stones". Siempre, en las docenas de veces que se la pedí, contestaba lo mismo: "Te la voy a poner por rara colega".




3. Led Zeppelin - "Black dog".
Otra banda que se coló en mi piel por culpa de Xuxo y su garito de luminosa perdición fueron los Zep. Sonaban sus himnos más rotundos en aquellas noches. Recuerdo hacer cosas malas al ritmo de ésta.




4. Janis Joplin - "Piece of my heart".
Cuando la noche llegaba a ese punto de ebullición en el que la ceguera es la mejor opción, sonaba la reina. Era el momento para sacar a las miradas a pasear, al final, el mundo entero podía encerrarse en un baño con la bombilla fundida, en cualquier artería de la ciudad... Sólo arriesgabas un trozo de corazón.




5. Leño - "La noche que te conté".
En aquellas noches en la lengua de Cervantes, el rockerío patrio se vestía de prima donna de los bajos fondos y ponía sus mejores latigazos al servicio de los feligreses vampiros que hacíamos nuestras ceremonias en el Umore. Leño eran parte imprescindible de aquella pira.




Un nuevo ejercicio de nostalgia nos ha llevado a los noventa, al Umore Ona, a los tiempos en los que lo incierto del mañana era un motivo para no perder el tiempo hoy.

6 comentarios:

  1. Qué bien preñada de palabras, de imágenes y de recuerdos te ha quedado este breve texto, corto por la extensión pero alargado como un tiempo recobrado, bien guardado en los archivos más luminosos. También tuve mis garitos de última hora, donde escogíamos la opción de quemar el final de la noche con buen rock, no queríamos otra cosa. Y también cerraron muchos de ellos, incompatibles con las normas municipales que entonces empezaron a cuajar en unos escenarios que ya dejaban de ser tan nuestros. La fiesta tuvo que continuar, según pasaban los años, en las casas de los más intoxicados.
    Abrazos,
    JdG

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    1. Me temo Javier que los que estamos infectados no nos retiramos antes de rockear un rato y otras cosas nocivas para la salud pero beneficiosas para el alma.
      Lugar mítico donde los haya que desapareció.
      Gracias y un abrazo.

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  2. Puedo decir que estuve allí una noche de julio de 2013 y que me lo pasé muy bien. Una pena que ya no exista.

    Abrazos.

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    1. Efectivamente, aunque tu estuviste en el segundo Umore, ya no estaba Xuxo al frente, pero seguía molando. Un madrileño en el Umore, parece una canción.
      Abrazos.

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  3. Un grandísimo post. Debió ser un sitio auténtico. Y además sonó Autosuficiencia. Abrazos.

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    1. Aunque en una época distinta, allí disfrutamos de un impagable "Me gusta ser una zorra" de Vulpess que seguro que recuerdas. En los noventa era una meca, imprescindible. Los Parálisis pasaban todas las noches por allí.
      Abrazos.

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