miércoles, 5 de agosto de 2015

The Libertines - "Up the bracket" (2002)


La vuelta a la actividad de muchas bandas del  pasado se esta plasmando con desiguales resultados, tanto en la forma que estas exhiben encima del escenario, como en cuanto a la calidad de sus nuevos trabajos (cuando los hay).
Para lo que si que esta sirviéndonos a muchos estos retornos es para recuperar discos que llevan unos cuantos años en un injusto retiro, así ha pasado recientemente con la vuelta al ruedo de los británicos The Libertines. Cierto que aún no he escuchado su reciente disco: "Anthems for doomed youth", que llega once años después de aquel estupendo "The Libertines" (2004), pero me ha venido de perlas para volver a pinchar su debut de 2002, el demoledor: "Up the bracket", pudiendo corroborar que sigue siendo un pelotazo de mucho cuidado a pesar de los trece cursos transcurridos desde su publicación.


La dupla formada por Pete Doherty y Carl Barat, ambos compositores, cantantes y guitarristas, contó con la adición de una base rítmica explosiva y desaforada compuesta por John Hassall (bajo) y Gary Powell (batería), entre los cuatro lograron cotas de intensidad pocas veces vistas en el presente siglo, desarrollando un sonido básico de guitarras y voces aplicadas según los cánones de la tradición pop británica de antaño, pero dando un vigor y una energía al sonido que rallaba en el punk mas destructivo de los setenta,  si a esto le añadimos unas cuidadas y digeribles melodías, y unos textos desatados, y en ocasiones irreverentes, nos encontramos con un coctel que convenció a casi todos los que se arrimaban a sus enloquecidas y sobradas de actitud actuaciones en vivo, que pronto fueron comentadas  por todos en las islas.


Uno de los que enloqueció con el ruido eléctrico y pegajoso de los chicos fue el histórico guitarrista de The Clash: Mick Jones, tanto es así que produjo este primer disco que hoy comentamos llamado: "Up the bracket".
Todo lo apuntado es lo que encierran la docena de canciones que completan el disco, empezando por "Vertigo", tema de guitarras roncas y vocalidad de la que no se arruga, estribillo puramente británico que recuerda la forma de construir de los ancestros del brit-pop o rock.
Misma actitud de salivazos eléctricos en las guitarras, voz juvenil y socarrona, y ritmo intrépido en la excelente: "Death on the stairs".
Mas contundencia y baterías disolutas en "Horrorshow", y "Time for heroes" tiene un espíritu mucho mas pretérito y pop a pesar de una voracidad sónica irrefrenable, uno de los himnos del grupo, un tema urgente que vuela, y "Boys in the band" es una suerte de tema sixtie, melodía sublime que no diluye el ruido y con una esencia mod deliciosa.



Tras el oxidado folk :"Radio America" llega otro himno: "Up the bracket", corrosiva, urgente y casi diabólica, corre como veneno por las arterias, imprescindible.
"Tell the king" viene con aires de grandeza y unas guitarras grasientas, la voz desgrana la letra desganada y sofocada.
El punk más suburbial llega con "The boy looked at Johny" que de repente se convierte en un canto Kinkiano, estupenda.
Llega, golpea y huye "Begging" para dejarnos callejeando con "The good old days" donde el olor a tugurio propio de la VU copula con el sentido asfáltico de Kinks o Who.



Termina este recorrido por el lado eléctrico y ruidoso de las bondades musicales nacidas en la pérfida Albion con "I get along" en la que conviven desde los más enloquecidos punkarras del 77 a The Smiths.
Creo que voy a convivir una temporada con este disco, uno de los artefactos más irresistibles, poderosos, anárquicos y vertiginosos paridos por las islas británicas en lo que llevamos de milenio, veremos lo que nos ofrecen estos eternos y díscolos teenagers en este 2015.

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