martes, 5 de mayo de 2015

Homenaje al Bilbao de mi niñez...Las paranoias de Addi.


En el Bilbao de mi niñez siempre había charcos, era impensable no llegar a casa con las botas de goma mojadas tras haberse pasado la tarde mancillando la impávida calma de aquellos charcos que jalonaban el camino del colegio a casa, chapoteando y haciendo saltar su agua turbia...¿poqué era tan divertido chapotear?, ¿porqué sigue siéndolo?...cierto que hoy no chapoteo, odiaría mojarme los pies y pasar el día con los calcetines húmedos, también es verdad que ya no calzo botas de goma, ya no tengo katiuskas.
Recuerdo que aquellos charcos oficiaban de espejo del cielo plomizo del Bilbao de mi infancia, un cielo con los tejados de los edificios recortados sobre su vapor gris de conaminación, hoy también hay charcos pero parecen televisiones en color que dan pop al pavimento de la ciudad.
Aquel Bilbao de entonces se regodeaba de su propia negrez, fardaba de inquietante oscuridad y oficiaba de botxo con orgullo de amama reflejada en los azules ojos del nieto recién nacido.
Aquel botxo sacaba pecho ante las solitarias calles que convivían en paralelo a la ría, a aquella ría marrón que un buen día y sin saber porqué, decidió salir de su camino sembrando dolor e inquietud entre las gentes que tanto la querían, que tanto la quieren.
Cuando era chiquillo el corazón de la ciudad era atravesado por el tren de La Naja...imposible olvidar aquellos ruidosos jinetes de hierro con sus cuerpos pintados como el barrio de Pedro Pico y Pico Vena, todo Clash...todo Kinks que portaban en su interior la sana vida que hacía latir el municipio, jóvenes con pesadas carteras de cuero camino de los institutos y FPs, hombres (y no tan hombres) con la tartera metálica en una bolsa de Simago y el buzo recién lavado, mujeres con el monedero atrapado entre el brazo y el lateral del pecho en busca del pescado que garantizaba el Mercado de la Ribera a un precio mas asequible.
La alegría viajaba por las arterias de la ciudad entonando Bilbainadas en las tabernas, en La Casilla o Rekalde, en Las Siete Calles las alegres canciones de la tarde se mezclaban con la narración radiofónica de la nueva gesta del Athletic, poco a poco se iban convirtiendo los gozos en nostalgias, en Habaneras y lamentos de desamor en la lejanía, melancolías regadas por no pocos txikitos de vino y alimentadas por pintxos de bonito y aceitunas...en aquel Bilbao, no se le cerraban las puertas a la alegría, ni tampoco a la tristeza de la madrugada, no había hora para dejar de disfrutar.


El corazón latía cada vez con mas dificultades a la orilla de la ría, la época de esplendor había pasado y el color del nuevo mundo post-franquista no se terminaba de reflejar en los moribundos monstruos que recogían los contenedores de los buques que llegaban a la villa cada vez en mas contadas ocasiones, los latidos se apagaban, asesinados por una reconversión brutal e injusta que se cebó con los de siempre, dejando en dorados retiros en la margen derecha a...también los de siempre.
Aquella ciudad que puede parecer tan sórdida no lo era, tenía el glamour de la humanidad inténsamente asentada en su epidermis, el encantador sonido de la fe y el amor a la tierra y el paisaje que puede parecer triste e inquietante no lo era, tenía la lírica fuerza de lo que esta vivo, el gris encanto de la épica paisana y honrada, la desesperada pero bella autosuficiencia del que se sabe en decadencia pero esta dispuesto a hacer de ésta un capítulo que engrandezca su caída e inicie el dorado amanecer de su resurrección...


En las calles del Bilbao solitario de tarde de domingo junto a la ría solo faltaba ver aparecer la scooter de un joven y desafiante mod entre los humos y vapores que exhala el Nervión, en la visión en travelling del cielo en blanco y negro, encapotado y poblado de sirimiri se adapta como anillo al dedo el rugido de la telecaster de Strummer, musicalizando los truenos de una tormenta inminente, las gotas de lluvia golpeando los adoquines en las oscuridad de la noche del sábado en los rincones mas underground se acomoda cualquiera de los himnos sangrantes e infecciosos de Reed, en la algarabía callejera y tabernaria de las cantarinas tarde-noches de los txikiteros, seguro que encuentra su sitio cualquiera de los himnos a la vida de The Dubliners...en el día a día del Bilbao de mi niñez suenan: The Kinks...

Hoy he querido hacer un homenaje a la ciudad que me vió nacer y que yo vi caer para reinventarse en el impresionante lugar que hoy es...








12 comentarios:

  1. Estuve en Bilbao en el '83 y la verdad es que me pareció una ciudad oscura, sombría y desangelada. Volví hace 3 años en un puente largo con la excusa de visitar el Gugenheinn y mi percepción fue otra, vaya cambio de ciudad, ese paseo junto a la ria, esas cafeterías tan majas, en fin un lavado de cara total.
    Salud socio

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    1. Eso es típico, gente que vino hace 30 o 40 años y que cuando vuelve no conocé la ciudad ni la relaciona con la del pasado, si casi no la conocemos nosotros jajaja.
      Un saludo.

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  2. Tiene que ser la ostia estar orgulloso de la transformacion de tu ciudad. Pocos ciudades cambian pensando en sus verdaderos habitantes... Yo hace muchos años que salí (afortunadamente) de mi ciudad. Allí sólo se pensó en organizar un escaparate para turistas. Desaparecieron las tascas, los futbolines, los billares, los locales de música en vivo, las barracas y los quinquis. Ahora todo huele a Chanel y hemos cambiado los ladrillos por el metacrilato y el aluminio.... Echo de menos a mi perro cagando en el Parque Guell...!!

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    1. Puedo decir con alegría al menos, que en Bilbao estamos por lo general contentos del resultado de la transformación, nos gusta nuestra ciudad y aunque hubo muchas reticéncias entre la gente el que mas y el que menos hemos reconocido el gran trabajo hecho, es una suerte que me consta que en otros sitios no se ha producido.
      Lo importante es estar contento del lugar en el que vives, aunque no sea tu ciudad, te diré también que futbolines quedan pocos en Bilbao también.
      Abrazo.

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  3. Mi padre viajaba mucho en aquellos años a Bilbao y me contaba cómo era entonces, hace 40 años más o menos. Yo la he visto ahora y la verdad es que el cambio ha sido abismal.

    Un precioso post, amigo. Felicidades.
    Un abrazo!

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    1. Muchas gracias Evánder.
      Bilbao hoy en dia mola mucho, y es genial ver como la gente que nos visita se va contenta de Bilbao.
      Abrazo.

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  4. Beti izango dugu Bilbao, que diría Muguruza.

    Un abrazo, Addison.

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    1. Pues te espero por aquí que sabes que tienes tu casa.
      Gran tema además ese de Fermín.
      Un abrazo.

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  5. Unas líneas muy emocionantes Addison, me ha alegrado que dediques una entrada a nuestra querida ciudad.
    Bilbao tiene mucho que ofrecer y hay que disfrutarlo.
    Muxus!!

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    1. Es increible pasear por Bilbao y echar la vista atrás cuando paseas por deterrminadas calles, aunque en cierto modo mi Bilbao fue aquel.
      Muxu.

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  6. Encantado con tu homenaje que demuestra una gran sensibilidad. Grande.

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    1. Gracias tío, la verdad es que los que tenemos unos añitos ya hemos vivido en dos ciudades a lo largo de nuestra vida, una que alcanza hasta mediados de los noventa y la actual, y tenemos la suerte de decir que las dos molan.
      Un abrazo.

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