viernes, 6 de diciembre de 2013

AMERICAN AQUARIUM - “BURN. FLICKER. DIE”. 2012.

Algunas veces me pongo a repasar la lista de discos que poco a poco he ido confeccionando con la esperanza de tener un poco controlada la imparable entrada de música en el disco duro, en los discos duros de mis ordenadores mejor dicho, por diferentes canales.
Es un torrente que por unas causas u otras no soy capaz de detener o por lo menos canalizar, priorizar o razionalizar, pues tener docenas y docenas de discos durmiendo el sueño de los justos en el vientre de un ordenador o en la plastica barriga de un pen-drive no es una actitud razonable, y a veces pienso que tampoco respetuosa con la obra ni con los artífices de la misma.


Nos empeñamos, o mejor dicho, hablaré por mi, me empeño en poseer más música de la que puedo escuchar, de la que puedo escuchar físicamente, pues tengo un trabajo que me permite escuchar música mientras trabajo y ademas prestarle bastante atención, en casa todo el día esta sonando el equipo y en el coche elijo la música antes de girar la llave del contacto….resumiendo, que no tengo tiempo material para escuchar todo lo que tengo y menos aún para escucharlo como Dios manda.
Esto produce lo que yo llamo “El Efecto Quemado”, es decir, que cuando descubres un disco o un solista, que entre la jungla de material que suplica tu atención desde su prisión en la blanca pantalla del ordenador, consigue excitar tu curiosidad y adviertes que tras la primera escucha reclama, además tu atención más pormenorizada, lo que haces es obedecer a ese ruego, y atiendes a esta exigencia de forma obsesiva, no dejas de escuchar el disco en cuestión, o los discos cuando se trata de la obra un artista en general, paseas con esa música recién llegada a tu corazón con el MP3 enchufado a tus oídos, en casa suena en los amplis mientras haces la cama, cocinas o escribes esta crónica, (como es el caso en este momento), sus canciones te besan mientras conduces, te acompañan mientras trabajas y te acarician cuando estas quedandote dormido, osea, que quemas el material en tiempo record, se lo recomiendas a todo el mundo y sientes que has incorporado un elepé o, mejor aún la obra de un artista o banda para siempre, y que formará parte del historial musical más selecto, aquel que encierras bajo llave de oro en lo más profundo de su sensibilidad, donde reinan los reyes del rock.
A veces así es, y es genial además, otras veces, seamos sinceros, otro disco, otro guitarrista o la aparición del nuevo material de algún clásico que, por ser quien es y por los servicios prestados, tiene derecho a llegar y triunfar en tu equipo y tu alma, sin esperar cola, sin pasar por el purgatorio de la blanca pantalla del ordenador.
El caso es que el disco que tanto te ha excitado, que te ha hecho incluso soñar, sin saber cómo vuelve a recuperar su lugar, deprimido y aburrido en su parcela de lcd, y su situación alfabética, en la lista.


Espero que esto no ocurra con esta banda que llevo días “Quemando”, se trata de American Aquarium, un grupo de southern rock con retazos countrys y blues que esta haciendo las delicias de mis meninges gracias a su rock de sólida base rítmica que sujeta una estructura que transmite fortaleza gracias a unas rocosas guitarras y fluidas melodías conducidas por la voz de un vocalista aguerrido y de evidente actitud, BJ Barham, todo salpicado con detalles southern y countrys, acústicas que hacen de guía al ritmo que imponen las eléctricas sutiles y autoritarias, aullidos guitarreros de generosa dotación y steels guitars o fiddles que hacen ocasionales apariciones dejando impronta de su ser en temas de fiable y segura construcción, mas, mucho mas que interesantes estos American Aquarium.
El último lanzamiento de esta formación se trata de un disco excelente, publicado en el año 2012, es el evidente resultado de la vida en la carretera, transmite en todo momento la realidad vivida y sentida en la piel, esa piel que se ve quemada tras su exposición al ardoroso sol del sur tras horas descansando junto al alféizar de la ventanilla de la furgoneta.


Bares de carretera que han escuchado sus temas con decreciénte emoción, mientras corría la sangre de los parroquianos tras las faldas de las camareras y no tras las corcheas de las canciones de estos tipos que inasequibles al desaliento continúan desgranado trocitos de corazón y dejándolos esparcidos para que sean pasto de las botas, ahora bailarinas, de un público que ama la música, la cerveza y las chicas a partes iguales...como todos.
En este ambiente se forjan temas como los que encontramos en este disco, temas en los que se filtra el polvo del camino, el sol que barre en llamaradas las mesetas marrones que atravesadas por una carretera suenan a country sudoroso y pasional, a noches de triunfo besando los frescos labios de la chica que empezó bailando con otro pero que se terminó rindiendo a la actitud rockera y de deliberada indiferencia del guitarrista del grupo...esa es la masa de la que esta hecho este pan señores, la masa del rock and roll.
Y por eso nos encontramos con un disco que es eso, sureño, americano y directo, real y sin dobleces, sincero.
Todo esto es lo que alimenta temas como: “St. Mary’s”, “Burn, Flicker, Die”, “Northern Lights” o “Saturday Nights”, temas en los que el whisky rebosa por los contornos de la voz de Barham, donde se cuelan chicas meneando insinuantes sus caderas mientras sus labios se mojan con tequila esperando ser besados por otros que creen un coctel con bourbon de fatales consecuencias.
Ritmos rockeros en unas, como la guitarrera y de áires countrys “Cape Fear River”, la rockera clásica, de genial hammond y ritmo Drive By Truckers que te mueve si o si: “Abe Lincoln” o la nerviosa y acústica, divertida y vertiginosa “Savannah Almost Killed Me”.
Baladas de sentido y plañidero acento, escritas cuando la bilis visita las bocas resacosas y solitarias de las mañanas que toca perder, en temas de inspiración country y folk como las estupendas “Lonely Ain’t Easy”, ortodoxia al poder, al servicio de la sinceridad estilística y melódica, precioso corte, similar comentario se ajusta a la más oscura y orquestal “Harmless Sparks”, más densa e introspectiva, y a vibrar con la emocional y entregada “Casualitis”, tema de excitada y orgullosa vocalidad, donde el rock and roll termina siendo el inevitable protagonista. temazo también.
Disco sin desperdicio, atesora una joya titulada “Jacksonville”, hermoso tema sobre la promesa hecha a alguien si consiguen que la banda salga con vida de Jacksonville, melodía de perfecta construcción, prestaciones vocales impolutas y construcción sónica de ajustados tintes, es un tema realmente emocionante que por sí solo justifica la existencia de este, fabuloso disco, que estoy quemando y que deseo seguir quemando dentro de muchos años, junto con la discografía anterior y la que esta por venir de esta fantástica banda llamada American Aquiarium, y que espero de corazón que se queden para siempre.





Como ya muchos sabéis, cada miercoles me congratulo de colaborar con el fantástico blog Zeppelin Rock Sabbath escribiendo una crónica sobre un disco, este de los prometedores American Aquarium a sido mi última participacion este pasado miercoles, si alguien desesa leerla en ZRS solo tiene que pinchar aquí y de paso se pega una vueltecita por allí, le gustará.

2 comentarios:

  1. Me gustó mucho Small Town Hymns y el disco en solitario de su frontman y expresivo cantante BJ Barham que salió casi al mismo tiempo que aquel gran disco que exprimí a tope ; este lo escuché pero ceo que no le presté la debida atención : demasiada dispersión , demasiadas referencias querido Addison que no nos permiten detenernos ; lo voy a rescatar de nuevo , tus palabras han contagiado un nuevo interés en ellos .
    Un Abrazo !
    AH ! Free ( y los primeros Bad Company ) son uno de los grupos de mi vida , llegué tarde a tu entrada ; ya insistiremos en ellos , son ESENCIALES .

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  2. Suenan bastante bien no me extraña que te hayas quedado con ellos. si yo tambi´en soy un acumulador de horas musicales

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