viernes, 29 de noviembre de 2013

America - "America", 1971. Una rica acedonia de ambrosías.


Con America me ocurre una cosa curiosa, no es la única formación con la que me ocurre, pero quizás el efecto derivado de esta situación es mas acusado es este que en cualquier otro caso.
Lo que me ocurre es que nunca me acuerdo de que existen, nunca llego a casa, después del trabajo y me digo a mi mismo, -venga vamos a pinchar algo de America...-, ¿Porque no?, me gustan, tengo unos cuantos discos de ellos y en los setenta hicieron algunos álbunes de incuestionable calidad, varios de ellos producidos además por el gran George Martin del que sobra cualquier tipo de presentación.
Cuando me los encuentro entre la montonera de vinilos, o me sorprende alguno de sus CDs que se ha mostrado a mis ojos mientras buscaba otro y decido pincharlo, siempre me pregunto porque razón no los pincho mas a menudo, su escucha suele ser agradable y en muchos casos tonificante.
No tenía ni idea de que disco hablaros en este espacio hace un par de semanas, y empecé a rebuscar y menear vinilos en busca de inspiración, de que alguno me gritara desde la estantería que él debía ser el elegido, que no podía encontrar otro que mejor se adaptase a mi estado de animo, y apareció el primer disco de los angloamericanos America, titulado como la banda: "America".


En cuanto lo vi mi animo se iluminó, claro coño, este tiene que ser, es fantástico, ligero y entretenido, digerible y lleno de virtudes, muy folk, con alguna letanía country en algún tema, además, siempre me ha parecido detectar un hechizo un pelin psicodelico.
Eran los primeros setenta, la psicodélia cotizaba a la baja pero el espíritu hippy y pacifista aún aguantaba, Crosby, Stills & Nash seguían en la brecha, endulzando el principio de la década con sus emocionales lineas tonales y sus coros de deliciosa textura, lo hacían tanto en formación como cada uno por su lado, Joni Mitchel insistía en usar sus acústicas como armamento de bendición masiva y lo mismo hacía Neil Young cada vez que tenía la ocasión, aunque este solía hacerlo desde la corriente eléctrica con que inundaba las proclamas pacifistas, libertarias y de sed de justicia, igualdad y libertad acompañado de ese tóxico sonido que emanaban los amplis de Crazy Horse.
El rock sinfónico empezaba a hacerse un hueco en el panorama mundial y estábamos en la antesala de su edad de oro, quizás no venían buenos tiempos para el sonido mas racial y embrujador de la raza americana, pero los últimos sones de la dulcificación sónica todavía no se habían evaporado envueltos en riffs hard-rockeros y los sones de triadas de guitarras southerns; aún había espació para cantar con voces de seda, para entonar con mimo, para exprimir melodías hasta que la última gota de hermosura que pudiese esconderse en sus sencillos pentagramas cayese en el vaso contenedor del delicioso zumo que posteriormente fuese filtrado al vinilo y desprendiese tranquilidad, paz y dulzura.
Y bajo Gerry Beckley, Dewey Bunnell y Dan Peek.
estas premisas fue concebido y creado el primer disco del trío formado por
Doce temas alimentan esta macedonia de ambrosías, todas ellas elaboradas sobre la intensa y delicada maceración del caldo de intensos efluvios que destilan unas guitarras acústicas de triste cadencia y brillantes colores.
Edulcorando el néctar que empapa el plato con los evocadores tonos de cremosa textura sónica que otorgan unos órganos y las refrescantes notas de unos sutiles pianos que se intercalan con tímida actitud.
El carácter duro pero de suave paso por paladar lo dan las especias de una base rítmica de cadencioso discurrir y pacificador latido con el fantástico Ray Cooper a la percusión y las ocasionales baterías de silencioso palpito de Dave Atwood,y por supuesto las intensas y emotivas armonías vocales del trío protagonista, que crean momentos de inolvidable lirismo y acariciador efecto sonoro, siempre envueltas en hermosas melodías perfectamente elaboradas y sutilmente transcritas por la ágil y apropiada producción de Iam Samwell quien en todo momento acierta con la tecla a tocar para hacer de cada momento una exquisita cucharada de la sabrosa y revitalizante macedonia que es este disco debut de America.
Destacar algún tema sobre otro en tan regular obra no sería justo pero entre los doce cortes, seis compuestos por Bunnell, tres por Beckley y otros tres por Peek en una repartición bastante justa de talento compositivo destaca la beatlemana "I Need You", hermosa y de bellos y brillantes colores instrumentales que es cantada con auténtico gusto por Beckley que además es el compositor de la misma.
Juguetón comienzo y caribeña percusión en la bella y acústica "Riverside", que es un exquisito ejercicio de canto coral y armónico, bajo la construccion melódica en esta ocasión de Bunnell.
Bunnell precisamente demuestra la belleza nasal de su timbre en la hermosa y rubricada con efectos de fina psicodelia en la parte central y final en la bonita "Sandman".



Además de estos dos últimos Dewey Bunnell demuestra su destreza en labores compositivas en la bonita y activa "Three Roses" que cuenta con un espectacular solo de guitarra acústica que cierra el tema, en "Children" donde vuelve el canto en grupo, y como no, en la megaconocida "A Horse With No Name", probáblemente el tema mas famoso de la formación que barrió en las listas de éxitos de 1971 y que supone un notable ejemplo de barroca visión del folk, realmente un tema enorme.
Además de en "I Need You", Gerry Beckley deja impronta de su clase como compositor y de la enorme belleza de su timbre en los temas por el firmados "Here", bella semblanza en la que el baritonal timbre de Beckley en convinación con la habilidad del conjunto para las partes corales dan como resultado un tema en el que el principal instrumento son las privilegiadas voces del cuarteto, bella y romántica "Clarice" cierra la aportación del texano en esta opera prima de la banda.
Tres temas firma también Dan Peek, empezando por la mas instrumental y country "Rainy Day", la cual es acompañada durante todo su recorrido por una lejana y crepuscular steel guitar y es cantada en un susurro acariciador con, como no, otra demostración de elegancia coral en el estribillo.
"Never Found The Time" vuelve a traernos los aires mas countrys del trabajo y la voz mas lírica, mayor carga instrumental y una construcción melódica menos inspirada, y cierra Peek su aportación con "Donkey Jaw" donde las guitarras crean una especie de tela de araña enredando sus sonidos en una suerte de experimento folkprogresivo que resulta un tanto denso y que es matizado con una eléctrica de sabor añejo y cálido acento.
Fabuloso albúm que es una gozada recordar y una dosis de paz y tranquilidad en estos tiempos que no corren sino que vuelan, bellas voces y bonitas melodías en un entorno acústico e intimista que siempre sienta bien tras extresses y demás historias modernas, daros un baño de paz y tomaros un tónico trago de sensualidad tonal con este "America" de America.






6 comentarios:

  1. Si me encanta si bien para esos momentos suelo recurrir al primero de bread que igualmente es aconsejable 100%. Sin querer abusar recomiendo, si no lo conoces , a JEFF LARSON colaborador habitual de Gerry Beckley y con unos cuantos discos en este estilo formidables

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    1. Aprovecharé esta mañana de domingo para hacer caso a tu recomendación sobre Jeffe Larson, te comentaré algo y a lo mejor hasta si mola se hace una entradita hombre...
      Buen domingo.

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  2. Las canciones de America rememoran sábados por la noche, baños calientes, esperanza e ilusión. Para mí también son especiales.

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    1. A eso me refiero, que es una música que actua como tonico, muy buen albú¡um.
      Buen domingo.

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  3. El nombre de America va ineludiblemente unido a "A horse with no name"; pero este es una obra completa, de principio a fin.
    Un abrazo, amigo!

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    1. Ya sabes querido Evánder que hay temas que en ocasiones se terminan comiendo la obra de un artista o banda, y eso no es bueno por muy bueno que sea el tema, pero...
      Un abrazo y feliz domingo amigo...

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