domingo, 30 de junio de 2019

Los domingos photosong - Los Bichos - "Lluvia y luna"


La ola de calor pasó por Bilbao el miércoles y el jueves para después dejar al botxo en paz. Este domingo disfrutamos de una temperatura envidiable y es una gozada poder pasar la mañana en pantalón corto, con la ventana abierta y pinchando discos.
Precisamente me encuentro con el primer artefacto grabado por Josetxo para los infravalorados Los Bichos, un inclasificable disco titulado "Color hits".
De entre el anárquico y atenazador complejo de temas y sonoridades que atesta los surcos de "Color hits" he elegido la tranquila "Lluvia y luna".
Nos quedamos con un magnífico disco y una excelente portada.
¡Feliz domingo!



viernes, 28 de junio de 2019

Luther Russell - "Medium cool" (2019)



 Reconocerán el fraseo, las guitarras lechosas y enroscadas, el bajo, la batería y en especial la esencia que entronca de la mítica cualidad sónica de la gran estrella...

Podríamos considerar a Luther Russell como un alumno aventajado de Alex Chilton. Ésto se puede extraer tras la contemplación de una carrera que ya apuntaba hacia una dirección clara en sus primeros pasos noventeros con The Freewheelers y posteriormente con sus discos en solitario. Tras la fugaz y satisfactoria experiencia, junto al único miembro vivo de Big Star, Jody Stephens, que se materializó con un proyecto denominado Those Pretty Wrong, esa sensación, incluso se amplificó.
Ahora vuelve con un nuevo disco solo, más de siete años después de aquél "The invisible audience".
Y tras escucharlo durante varios días, la sensación a la que hacía referencia en la entrada de esta reseña se consolida totalmente, pues "Medium cool" es un disco que exhala el aroma del inolvidable músico de Memphis por los cuatro costados.
Reconocerán el fraseo, las guitarras lechosas y enroscadas, el bajo, la batería y en especial la esencia que entronca de la mítica cualidad sónica de la 'gran estrella', todo ello crea un entorno sumamente agradable, dando como resultado un muy disfrutable disco.
Habrá quien pueda echar de menos una aportación del autor en cuanto a personalidad propia, pero entiendo que lo que se oye es lo que Luther Russell es, un músico que sigue bajo el influjo del power-pop y el pop que marcaron a tantos y tantos, hablen si no con el gran Paul Westerberg.
En cuanto al tracklist, debemos decir que hay un poco de todo, lo que compone un mosaico equilibrado y al tiempo variado, ésto hace de la escucha del elepé un ejercicio ameno y que se puede repetir en bucle.
Diez canciones compuestas por el propio Russell y que encajarán a la perfección con los anhelos de todos los que enloquecen (enloquecemos) con lo que suena en "Radio city", el mítico disco de Big Star, que es del que más similitudes y esencias encuentro en este "Medium cool".
Así creo que lo entenderán ustedes, y lo advertirán desde el primer rasgado a las guitarras del tema de apertura, "Deep feelings". Tampoco el riff del single de lanzamiento "Corvette summer" dejará demasiado lugar a la duda.



Y el círculo se va cerrando en torno a los elementos ya comentados, con temas refulgentes como las rockeras: "Can't be sad" o "Sad lady", esta última con gotas ácidas que chorrean de su reconocible riff; las armonías irrenunciables de "The sound of rock and roll" que a muchos recordarán a los míticos Replacements; las acústicas de la bucólica copla folk "At your feet" y de la pieza que cierra el álbum, "Can't turn away".
"Have you heard" es latente e identificable, igual que el medio tiempo "Talking to myself" o la bonita y con un punto psicodélico, "Blue balloon".
Cierro la reseña como la abrí: Luther Russell demuestra, una vez más, que es un alumno aventajado de Alex Chilton, en sus espíritus revolotean similares inquietudes y esencias musicales, y a pesar de los pesares, entiendo que "Medium cool" es más, mucho más que un disco propio de una banda tributo, como a primera vista, tal vez pueda parecer.

Reseña publicada el pasado 31 de marzo en el Exile SH Magazine.

jueves, 27 de junio de 2019

Robert Forster - "Inferno" (2019)



 El piano y cierta bruma -muy berlinesa en lo atmosférico- son, junto con la adición de violines, las principales premisas sónicas del trabajo...

Cuatro años ha tardado el australiano Robert Forster en presentar "Inferno", su sexto álbum en solitario.
La ciudad elegida para la grabación fue Berlín, con esa carga sónica y épica asociada por historia y logros musicales a la ciudad alemana. El alma y guia de los Go-Betweens sigue demostrando que el arte y maña de componer canciones no tiene secretos para él, y que si cabe, el paso de los años no hace sino acrecentar la perfección de las líneas melódicas y la arquitectura de cada pieza que moldea.
Es por ello, que en un año en el que a un servidor tanto le está costando encontrar discos reseñables, la última entrega de Robert Forster destaca con cierta claridad entre lo que se viene ofreciendo en este mundillo en aparente proceso de expiración que es el rock and roll.
El piano y cierta bruma -muy berlinesa en lo atmosférico- son, junto con la adición de violines, las principales premisas sónicas del trabajo, y ambas se aprecian en la magnífica "One bird in the sky", colofón del disco que nombro en primer lugar por parecerme la gran joya del tracklist.
Pero en la apertura también podemos apreciar esas teclas y cuerdas aludidas en la no menos excelente "Crazy Jane of the day of Judgement", adaptación de un poema del literato irlandés William Butler Yeats.
La elegancia pop de tendencia ochentera se hace fuerte en "No fame", mientras que en "Inferno (Brisbane in summer)" se respira la esencia de la escena berlinesa con claras alusiones a Reed, Velvet e incluso Bowie.



"The morning" es otro momento especial, bello y estremecedor a partes iguales, la adición en ciertos pasajes de una voz femenina crea un entorno sónico ciertamente sutil y etéreo, con la sombra de Reed extendiéndose sigilosa.
Un servidor cree percibir una esencia caribeña, o al menos marítima en "Life has turned a page", contrasta la anterior con "Remain", velvetiana y con cierta subyugación oscura y densa, reaparece el violín y se agradece.
Otra copla notable es la abatida pero hermosa "I'll look after you", como también embauca por la acústica y el eco underground muy berlinés "I'm gonna tell it".
Robert Forster es un seguro de calidad, elegancia y profundidad lírica. "Inferno" vuelve a incidir en sus principales y más destacadas bondades artísticas, además de introducir sutiles novedades, y sin duda, se colocará entre los discos más meritorios del año en curso.

Se recomienda visitar la reseña sobre este mismo trabajo publicada por Juanjo Mestre para el Exile SH Magazine pinchando AQUÍ.

martes, 25 de junio de 2019

Crónica Azkena Rock Festival: jornada del viernes y sábado sesión vermú.


Danny & The Champions of The World 
Sigo fiel a mi cita con el Azkena Rock Festival. Cierto que de unos años a esta parte solo me quedo un día, la organización no termina de cuajar carteles que me seduzcan como antaño, pero no me puedo resistir a volver a las campas de Mendizabala, creo que son demasiados años e inmejorables recuerdos para no seguir visitando Gasteiz y a los grandes amigos que allí tengo, cuestión de nostalgia me temo.
Este año el concierto estrella venía el sábado de la mano de Wilco, aunque yo me decanté por la jornada del viernes, principalmente para ver a Stray Cats.
Y es que, aunque a alguno le extrañe, no me gusta Wilco, apenas algún disco de los inicios del grupo, pero no tienen para mi el tirón que me consta que tienen para muchos.
Eso sí, el sábado por la mañana no me perdí a Danny & The Champions of The World, que dieron un bolo en La Virgen Blanca de absoluta referencia, sacaron a la luz del sol del mediodía todo su potencial rock (dejaron el soul un poco aparcado) y en modo sexteto levantaron a la ciudad, inyectaron actitud y brillo e hicieron bailar y disfrutar a todos, el propio Danny se estaba dando cuenta desde el escenario de que la cosa estaba carburando de una manera bárbara, un momento en la Virgen Blanca para guardar en el recuerdo, como ya ha pasado en otras memorables ocasiones en el mismo emplazamiento a la hora del vermú.


Lucero 
En cuanto al viernes, tras el encuentro con amigos y las consabidas charlas musiqueras con todos ellos, la jornada musical empezó con Lucero. Una banda que practica el género americana tan de moda con total solvencia, con cercanías al country y sonidos fronterizos, parecía perfectamente ejecutado, pero el sonido parecía quedar pequeño para una ubicación de semejante tamaño, y se ahogaban las guitarras y todo parecía sonar demasiado bajo, me quedé con la sensación de que ese mismo recital en una buena sala hubiese sido una historia totalmente diferente.


Stray Cats 
El concierto de Stray Cats presentó un aspecto de público imponente, propio de las grandes ocasiones y las bandas míticas, y claro, Brian Setzer, Slim Jim Phantom y Lee Rocker, la formación titular y original, son una banda mítica.
Y lo demostraron durante su pase: se les veía a gusto, con química entre ellos, y perfectamente engrasada su austera pero demoledora maquinaria, despacharon un set pletórico y vibrante, sonaron canciones de su último trabajo y no faltaron cortes indispensables que hicieron bailar al personal. Un auténtico espectáculo el ofrecido por tres músicos impecables que se mantienen en perfecta forma, mereció la pena.


Blackberry Smoke 
Tras los Stray Cats nos pasamos a ver a Blackberry Smoke, me perdí su anterior visita a Mendizabala, y tras su tercer disco les fui perdiendo la pista, aunque sus tres primeros elepés me gustan mucho. Dieron un bolo enérgico, fibroso y rotundo, con su poderío sureño intacto y sus reminiscencias de bandas como Lynyrd Skynyrd o Black Crowes. Todo sonó fuerte y bien, hubo actitud y entrega, con momentos de alto octanaje, me gustaron y creo que retomaré sus últimos discos.
El cansancio hacía mella y me acerqué a ver que ofrecía B52. La gente estaba disfrutando con la propuesta freak de los de Athens, tanto mi compañero de correrías como yo no encontrábamos el sitio en el concierto y no nos estaba gustando nada, así que decidimos ir a descansar a sabiendas de que Danny y los Champs nos iban a hacer bailar al día siguiente.
Me quedo con Stray Cats, Danny y Blackberry Smoke, fueron conciertos de altura, por ellos tres mereció la pena el desplazamiento anual a Vitoria, y por supuesto por volver a encontrarme con amigos que me son muy queridos, a pesar de todo, el ARF vuelve a aprobar y no me cabe ninguna duda de que el año que viene volveré (otra vez).

lunes, 24 de junio de 2019

Los lunes... escenas de cine - "La Vaquilla"


"La vaquilla" era un viejo proyecto del maestro Berlanga, varias veces frustrado por culpa de la censura, que llega por fin a las pantallas en el año 1985 con un presupuesto de 250 millones de pesetas, convirtiéndose en la película más cara de la historia del cine español.
Rodada en el precioso pueblo aragonés de Sos del rey católico, con numerosos extras y un elenco de lujo encabezado por Alfredo Landa, José Sacristán, Santiago Ramos, Agustín González, María Luisa Ponte o Violeta Cela entre otros, la película habla en un tono irónico y al tiempo condenatorio de la abominable circunstancia social de la guerra civil española, que enfrentó a amigos y familiares en una ilógica y pútrida lucha por la libertad o el orden fascista.
En clave cómica se suceden las desventuras de un grupo de soldados republicanos infiltrados entre las líneas fascistas con la intención de robar la vaquilla con la que piensan celebrar el encierro del pueblo en fiestas en el que éstos tienen su puesto.
Las situaciones hilarantes, los diálogos surrealistas y la costumbrista vida y tradición rural que se abre paso entre las vicisitudes de la guerra crean un ambiente que en el fondo esconde una mordaz crítica a una guerra que nunca debió existir, y que se hace extensiva a la guerra en general.
Supuso un enorme éxito en taquilla, hoy la recordamos aquí.
¡Feliz semana!



domingo, 23 de junio de 2019

Los domingos photosong - Danny and The Champions of The World/Stray Cats - "Precious cargo"/"Baby blue eyes".


Vuelven los domingos fotográficos después de una semana de descanso. Hoy, cansado tras el periplo por el ARF, y con los ecos de Danny and The Champions of The World de ayer y de Stray Cats de la agotadora jornada del viernes, toca recordar los buenos ratos pasados, los amigos y el buen rollo, como siempre, a pesar de los pesares, ha merecido la pena.
No me decidía entre la banda de Brian Setzer y la de Danny Wilson, así que por una vez y sin que sirva de precedente, hoy elegimos dos discos para la fotografía dominical.
Nos vamos con mi tema favorito de "What kind of blue", el estupendo disco de hace unos años de nuestro Danny, "Precious cargo"; y con la gloriosa "Baby blue eyes" con que se abre el segundo elepé de Stray Cats, "Gonna ball"...
Y sin más, sigo disfrutando del domingo soleado que nos ha regalado hoy la primavera.
¡Feliz domingo!!!





viernes, 21 de junio de 2019

Se anuncia un nuevo disco de David Lowery, "In the shadow of the bull".


David Lowery, líder de bandas tan incontestables como Cracker o Camper Van Beethoven se lanza con un disco en solitario que titulará "In the shadow of the bull" y que será publicado el próximo 6 de julio.
Lowery anuncia una tirada única de 1000 ejemplares que serán vendidos exclusivamente en los conciertos de las dos bandas que el norteamericano comanda.
El autor ha comunicado que este primer álbum es una primera parte de lo que será una biografía musical multi-disco, por lo cual se supone que llegarán nuevos trabajos que irán apareciendo sucesivamente.
"In the shadow of the bull" contará con siete cortes y no se sabe si habrá posibilidad de conseguirlo por medio de descarga digital, pues la compra física parece francamente complicada.
La portada es un diseño del artista Jeremy Fetzer. David ha facilitado un enlace en el cual se pueden escuchar algunos fragmentos de "In the shadow of the bull" (pinchar).

jueves, 20 de junio de 2019

Son Volt - "Union" (2019).



 Si el precedente álbum hacía hincapié estilístico en el blues y el blues-rock, en este es el folk, el country y el folk-rock lo que escuchamos repartido en trece pistas.

No está siendo el último trabajo de Jay Farrar al mando de sus Son Volt el que más está gustando a la prensa especializada, especialmente en USA.
Tal vez esto tenga que ver con las dichosas comparaciones, en concreto con su anterior catálogo, el magistral "Notes of blue" (2017).
O quizá por el carácter monotemático del disco, basado, casi en su totalidad, en canciones de rasgado acústico y letras de fuerte (aunque comedido y un tanto contemplativo) tono político, donde condena diversas y evidentes injusticias sociales y a la actual administración americana.
El caso es que yo voy a hacer de abogado del diablo defendiendo "Union", que a todo esto es como se titula el noveno disco de Son Volt.
Defensa que viene argumentada por la calidad que un servidor aprecia en los temas que conforman el trabajo. Si el precedente álbum hacía hincapié estilístico en el blues y el blues-rock, en este es el folk, el country y el folk-rock lo que escuchamos repartido en trece pistas.
Es posible que la producción -del propio Jay Farrar- no abogue por la diversidad y que, como apuntaba más arriba, el rasgado acústico que sustenta melodías lentas, sea la tónica general y casi exclusiva en el apartado sónico.
Pero además de unos textos incisivos, críticos y de sosegada ira que merecen una escucha que invitará a la reflexión, en "Union" nos encontramos con preciosos cortes que llevan en su ADN crepúsculos, carreteras y praderas en la anochecida, sonidos fronterizos y sensaciones campestres.
"While Rome burns" indica la senda que ha de seguir el resto del disco, y en "The 99" Farrar ya nos habla bien a las claras de ese 1% que acumula más riqueza que el resto 99% de la sociedad a los que se refiere la canción.



En ese tono se suceden temas como "Devil may care", "Union", "The reason" o "Holding your own", aunque a un servidor le gusta especialmente la preciosa "Reallity winner".
En "Union" nos encontraremos temas protesta, acústicas y letanías de steels, un Farrar que a pesar de todo canta en un tono suave y añejos sonidos de interior, y épica a la que se hubiese apuntado el mismísimo Woody Guthrie, o lo toman o lo dejan, yo he decidido hacer mío el mensaje y los sonidos de "Union", y de momento no me arrepiento.

Se recomienda visitar la reseña sobre este mismo trabajo publicada por Juanjo Mestre para el Exile SH Magazine pinchando AQUÍ y Nikochan para Nikochan Island pinchando aquí.

martes, 18 de junio de 2019

2x1 - "Don't ever change" - The Beatles/Bryan Ferry

















Este pasado fin de semana ha estado lleno de emociones y música, más hablada que escuchada, eso es cierto. Y también comprada, el otro día me encontré rebuscando en los estantes de segunda mano de Power Records con un disco de mi admirado Bryan Ferry; más concretamente su primer disco en solitario: "These foolish things", datado en el año de 1973.
Se trataba de un disco de versiones que siempre quise tener en vinilo. Y aunque un servidor no es muy afín a este tipo de discos, en este caso, como ocurriría con el "Pin ups" de Bowie, publicado en este mismo año, hago una excepción por considerar que los covers que atesora son sumamente personales y muy destacados, por calidad y por la selección de temas escogida.
Uno de las canciones que Ferry se lanza a reinventar es uno de los cortes menos populares de los Fab Four, más concretamente "Don't ever change". Compuesta por Gerry Goffin y Carole King en 1961, fue interpretada por los de Liverpool en un programa de la BBC y publicada finalmente en 1994 en el disco "Live at BBC". Creo que resume bastante bien el posicionamiento de aquél joven Bryan Ferry a la hora de encarar estas versiones.
Nos quedamos con este 2x1.





lunes, 17 de junio de 2019

Los lunes... escenas de cine - "Al final de la escapada"


Obra destacada de la nouvelle vague, con guión de François Truffaut y dirección de Jean Luc Godard, la película que hoy traemos aqui, "El final de la escapada", sorprendió en el 1960, año de su estreno, por su propuesta atractiva al tiempo de osada y novedosa.
Revolucionaria desde el punto de vista narrativo, destaca la utilización de la cámara en mano o la particularidad de ver a los personajes hablando directamente a la cámara.
Michel (Jean Paul Belmondo) roba un coche en Marsella y viaja hacia Paris en busca de Patricia (Jean Seberg), una americana a la que quiere seducir. La polícia va tras sus pies, y él trata de cobrar un dinero que se le debe para poder ir a Roma con Patricia.
Todo se complica cuando en su huida mata a un agente.
Extraordinaria película, filmada bajo un estado intuitivo, con estupenda fotografía y magníficas interpretaciones. Una forma de hacer que hoy resulta impensable pero que abrió puertas y rezumaba libertad creativa y de proceso.
¡Feliz semana!

jueves, 13 de junio de 2019

And libros by Addison de Witt - "Canciones de cuna y de rabia" - Juan Miguel Contreras.



 ...es una magnífica novela que habla de personas en crisis, y sobre los valores embusteros que inocularon a una generación que creció al albur de la transición...

No recuerdo cuál fue el proceso que me empujó a hacerme mecenas de "Canciones de cuna y de rabia", tal vez una recomendación de alguien, o que su argumento me sedujo tras leerlo en Libros.com, editorial basada en la publicación por medio de campañas de crowdfunding, el caso es que terminé participando en el proyecto de Juan Miguel Contreras.
Cuando, en plena campaña de captación, mi amigo Gonzalo Aróstegui Lasarte, en una de nuestras charlas telefónicas, me recomienda precisamente esta novela, que él ya había leído, entonces supe que había acertado de pleno.
Juan Miguel Contreras, pertenece, por fecha de nacimiento, a la conocida 'generación X'; es decir, que ha nacido en los primeros años setenta. En su tercera novela disecciona algunas de las notas identificativas de los que pertenecen (pertenecemos) a dicha generación.
Repasa una educación en la que los resquicios del franquismo aún campaban por sus respetos por las aulas de las escuelas españolas, nos hace recorrer de manera fugaz los ochenta, los grupos y las canciones de aquella época y nos hace mirar a unos noventa en los que nos atrapaba la modernidad y el descubrimiento de la sexualidad emergente en la sociedad española, la vida laboral, con esa inefable precariedad patria que tanto parece gustar al currelilla español, el amor -al fin y al cabo se trata de otra historia de amor- y sus trucos perversos, la crisis de los cuarenta, la acumulación de fracasos o desengaños, la incertidumbre...
Y lo hace mientras nos cuenta la historia de Abel Román, apodado por el falangista y lunático profesor de la escuela como 'Machin'.
Abel es un profesor que no consigue aprobar la oposición, y que vaga de una interinidad a otra, siempre como profesor de escuelas de pueblo, permaneciendo alejado de su mujer y su hija mayor, a las que solo ve los fines de semana; hasta que consigue, gracias a su suegro -un odioso burgués que le ayuda como táctica de humillación ante su familia- una plaza en un colegio concertado religioso.
Cuando escribe un artículo en el que cuenta que en la iglesia de su pueble, su tío abuelo, pintor que murió sin reconocimiento, pintó un retrato de Cristo, en el que su abuelo (un republicano, que cumplió condena en Cuelgamuros y que es ateo) puso cara a un Jesús herido de muerte y que el propio Abel posó siendo niño para poner rostro a un angelito, el centro educativo en el que trabaja le abre un expediente que le condena a una situación de suspensión de empleo y sueldo y a pasar todo el verano en una insoportable incertidumbre sobre su futuro.
Entonces decide volver al pueblo, reformar la casa familiar y esperar a que su mujer y sus dos hijos se reúnan con él durante el verano.
Un compañero del colegio, encarcelado por corrupción, le hace una extraña petición: que le vaya a visitar a la cárcel.
Mientras pinta la casa, se ve atrapado por los recuerdos, rememora su historia con Silvia, su mujer, sus primeros años, la precariedad que hubieron de soportar y la ruleta rusa emocional que en realidad es toda relación.
Se reúne con Roberto, el amigo de la infancia que nunca deja de serlo a pesar de la distancia y el tiempo, que hacen un fatídico tándem que trabaja en pos del olvido, y con el que rememora los años de escuela y filosofan sobre la vida, el presente y el futuro. Roberto disecciona su generación, hace una mordaz radiografía de la sociedad viciada de la actualidad, de lo endeble de algunas palabras como democracia o libertad y escarba buscando el sentido de los pasos que vamos dando.
Pronto Abel se da cuenta de que su vida se desmorona ante él, y que su parálisis no ayuda, que el pasado le marcó de forma indeleble y que el mañana no parece halagüeño, cuando Silvia se reúne con él, la cosa no mejora.
"Canciones de cuna y de rabia" es una magnífica novela que habla de personas en crisis, y sobre los valores embusteros que inocularon a una generación que creció al albur de la transición, que soñó con un futuro brillante y a la que la España del 92 deslumbró con sus fuegos de artificio.
"Canciones de cuna, y de rabia" es una historia de amor, y también de amistad, y el relato de un derribo vital, una semblanza donde mandan los reencuentros.
Escrita con una prosa poderosa, con una fluidez narrativa que hace que el lector vuele sobre los renglones respirando las soflamas de Roberto, los recuerdos de Abel, la situación de Silvia, el olor del salitre...
Me ha gustado mucho "Canciones de cuna y de rabia", y dudo que a cualquiera -especialmente de cierta edad- no le guste, difícil no verse en la piel de los personajes que merodean por ese pueblo costero al sur del mediterráneo y no sentir el aguijón de incertidumbre que asola a Abel como propio.
Además por el relato, entre otros muchos grupos y solistas muy queridos por estos lares, se cuelan nuestros favoritos 091 (obviamente).

martes, 11 de junio de 2019

The Rolling Stones - "Out of our heads" (1965) - Obras menores de artistas mayores.



 ...los temas compuestos por el grupo, se empieza a evidenciar la textura sónica que pronto sería propiedad artística de sus satánicas majestades.

Estos últimos días he desempolvado un disco de los Rolling Stones que hacía tiempo que no escuchaba: "Out of our heads" grabado y publicado en 1965.
El tercer elepé en UK y cuarto en USA de sus satánicas majestades -antes de ser así bautizados- por algún motivo que no termino de comprender, ha sido vilipendiado por parte de la crítica de manera continuada, tachándolo como un 'disco menor' de la banda ¿?.
Ciertamente, hay cierto barullo con respecto a la versión inglesa y la americana, con distintos tracklist y diferentes portadas también, no es la única ocasión en que ocurre esto con los lanzamientos de los Stones.
Algunos de los temas de la versión inglesa fueron incluidos en USA en el disco titulado "December's children (and everybody's)" publicado solo en Estados Unidos seis meses después y con la misma portada que la versión británica de "Out of our heads", un follón, la verdad.
Aquí, si no les importa, nos vamos a ceñir a la versión que la banda publicó en USA, que como saben incluía "One more try" cerrando el disco y "(I can't get no) satisfaction" abriendo la cara B del vinilo.


Leer los créditos de este disco da auténtico vértigo: la producción a cargo de Andrew Oldham, auténtico creador del concepto de banda Rolling Stones; la participación de músicos como Phil Spector o Jack Nitzsche; Ian Stewart, el sexto stone a las teclas o Glyn Jones en tareas de ingeniero dan una idea de la fauna que paseaba por los estudios durante las sesiones de "Out of our head".
Andrew Oldham empezó a insistir en que la banda debía componer sus propios temas, así en este disco combinan versiones -como ocurría con los primeros trabajos del grupo- con temas propios, en una relación de cinco covers por siete canciones propias. El posterior "Aftermath" ya incluiría un pleno de temas 'Jagger-Richards'.
Pero en "Out of our heads" la banda continua versionando temas de otros, como "Mercy, mercy" de Don Covay, evidente espejo en el que Mick se miraba para confeccionar su estilo a la hora de cantar. Otras canciones que adaptaron sin grandes alardes pero empapando su estilo característico en las mismas, fueron "Hitch, hike" de Marvin Gaye, "Good times" de Sam Cooke; "Cry to me" que popularizó Solomon Burke o "That's how strong my love is" que interpretó el inolvidable Otis Redding. Todas ellas, canciones con un evidente poso soul, alejándose un tanto de referentes incontestables hasta entonces como Chuck Berry o Muddy Waters, mucho más apegados al blues.
En cuanto a los temas compuestos por el grupo, se empieza a evidenciar la textura sónica que pronto (a partir de "Aftermath", como punto de inflexión) sería propiedad artística de sus satánicas majestades.
Con una esencia más rhythm & blues y blues, el grupo empieza a asomar la patita con bombazos como "The last time", el soberbio blues del delta "The spider and the fly" o la genuina "One more try". Por no hablar de "Satisfaction", de la que no creo necesario hacer ningún comentario, por aquello de no ser redundante. Todas ellas firmadas con el mítico (Jagger-Richards).



Pero en el elepé nos encontramos otras tres piezas señaladas como obra de un tal Nanker Phelge, que no es otro que un seudónimo que escondía a los propios Rolling Stones: temas compuestos por el grupo de manera teóricamente coral. Nos referimos a excelentes temas que ya señalan el camino de única dirección que iniciaba la banda: "I'm all right", registrada en (aparente) directo; el rhythm & blues "The under assistant west coast promotion man" y la bonita balada de esencia pop "Play with me", con el órgano de Jones como contrapunto a las acústicas de Keith.
Eso si, el disco, a pesar del enorme éxito de "Satisfaction", no consiguió arrebatar el nº 1 a "Help", teniendo que conformarse con un nº 2 de consolación.
Pronto llegaron los discos maestros del grupo, las obras inmortales y las canciones que harían de ellos leyendas, pero si bien "Aftermath" es la consolidación, "Out of our heads" es el prólogo de la historia que se estaba a punto de escribir. Un disco que en mi opinión, tampoco es tan menor.

lunes, 10 de junio de 2019

Los lunes... escenas de cine - "Quién puede matar a un niño?"


La muerte de Narciso Ibáñez Serrador "Chicho" nos ha llevado a todos a recordar su legado en TV, y también en cine. Dos son las películas más características del creador del mítico 1,2,3: "La residencia" y "¿Quién puede matar a un niño?".
Nos vamos a quedar con esta última, tremenda y angustiosa cinta basada en la novela de Juan José Plans, filmada en diversos lugares del Mediterráneo, con una sordidez en su argumento que sirve perfectamente de precedente claro a la obra de Stephen King, pero con el paisaje y localismo patrio.
La película fue un gran éxito en 1976 y cruzó las fronteras que delimitan España para triunfar en otros lugares del planeta.
Un matrimonio extranjero llega a una isla del Mediterráneo para descansar antes del alumbramiento de ella, embarazada de su tercer hijo. Pronto advierten que en la isla solo hay niños, ni rastro de personas adultas. La tensión irá creciendo según avanza la acción y llegan al hotel, donde parece que hay hospedado una pareja sueca.
Ibáñez Serrador pasará a la historia por el famoso concurso televisivo de los viernes, pero su talento iba más allá, como demuestra esta extraordinaria y terrorífica película. DEP.
¡Feliz semana!

domingo, 9 de junio de 2019

Los domingos photosong - Neil Young - "Southern Pacific"


Hace unos años, en un viaje a Berlín, me tropecé con un mercadillo en la avenida Unter den linden, a la altura del teatro de la ópera, vendían libros, fanzines y vinilos.
Los libros y fanzines estaban escritos, obviamente, en alemán, así que me concentré en los discos, compré tres, uno de ellos "Re-Ac-Tor", uno de los elepés más denostados de Neil Young, no es su mejor trabajo realmente, más bien todo lo contrario, pero me costó un euro, y claro, no pude rechazar aquella oferta.
Siempre me ha parecido un disco flojo, como hecho sin orden ni control, desequilibrado y desde luego poco memorable, más aún tratándose de un gigante como Neil Young.
Hoy lo he vuelto a pinchar después de años sin hacerlo, y me he encontrado este "Southern Pacific" de más de siete minutos, y la verdad es que es un temazo que justifica más que sobradamente aquél euro que pagué por "Re-Ac-Tor" hace algunos años en la calle más bonita de Berlín.
¡Feliz domingo!



sábado, 8 de junio de 2019

"Time waits for no one" - Las paranoias de Addi.


Es habitual, al menos en mi caso, sentir la necesidad de escribir para salvar mi alma, escupir el veneno que yo mismo genero y evitar el ahogo tóxico producido por ciertas acciones incomprensibles, o decisiones más equivocadas que malintencionadas.
En cierto modo es un ejercicio de supervivencia, o tal vez de autoengaño, en cualquier caso debo admitir que no se trata de generosidad, ni siquiera afición por el ejercicio de escribir, es una manera cobarde, traidora y mezquina de empaquetar el marrón a otro, u otros, aunque en la mayoría de los casos solo sea la página en blanco del ordenador la que reciba la sacudida.
Decorar las estupideces con una película de lirismo, dramatismo o romanticismo es una trampa, seguramente inofensiva pero una trampa al fin y al cabo. La página en blanco ofrece muchas más opciones de evasión que el espejo, y desde luego resulta mucho más conveniente que un retrato al estilo Dorian Grey, al menos puedes ser tú el que embadurne el folio, aunque sea de coartadas para evitar la auto-condena por estulticia, todo depende de tí, la verdad o mentira que quieras resaltar y proyectar, no hay reflejos impertinentes ni pinturas y colores maldecidos por gatos mágicos.
Mecerse por la versión oficial de los hechos no es una política heróica, pero es pragmatismo puro. Si se sacia la sed de perdón, daremos por bien empleado el esfuerzo, la terapia; eso sí, debemos saber que desde ese momento hemos de esperar el retorno.
Dar capotazos al toro de nuestros tropiezos vitales, es un truco con fecha de caducidad, por muy lindo que resulte como ejercicio narrativo, pictórico, musical... se trata, no nos engañemos, de un boomerang que antes o después exigirá ser acogido por la mano que lo lanzó con la esperanza de quitarse de en medio lo feo, y ese día, tocará examinar, en el umbral de lo irremediable, el tiempo perdido, ¡que si!... que se trata de eso, del tiempo perdido, de la vida que vuela y que llega un momento en que el reloj se vuelve contra tí, y lo que era una carrera sin freno hacia el futuro, se torna en un retroceso, en el que las manecillas viajan hacia atrás, volviendo sobre los errores cometidos, los trenes perdidos y entonces te sientes en el andén vacío y silencioso, solo y sintiendo en las tripas la punzada del vértigo que no se ha sabido conjugar y que hace que todo sea irremediable, ha llegado el momento de fijar la vista en el ayer, el mañana empieza a revelarse muy poco aventurero.
Pero el tiempo sigue su curso, el que incide en la vida común, el tiempo real, y Fausto ya fracasó en su búsqueda de la marcha atrás, y además Margueritte está con otro, con uno que no escribía, prefería darse él, que con las palabras no se siente nada en la piel.

jueves, 6 de junio de 2019

Hand Habits - "Placeholder" (2019)



...un cálido, melancólico y quebradizo disco en el que esta joven cantante y compositora nos habla de decepciones, anhelos, del perdón o de tragedias pretéritas...

Este año, debo decir que hasta la fecha, las mujeres son las principales protagonistas de mis escuchas musicales.
Hoy traigo a otra dama a la palestra: Se trata de la neoyorquina afincada en L.A. Meg Duffy, que lidera como único miembro estable, la formación Hand Habits que hace escasas fechas ha puesto en circulación su segundo disco largo, "Placeholder", que supone un más que feliz alargue del estupendo "Wildly idle (Humble before the void)" de hace dos ejercicios.
Duffy no es una neófita en el mundillo: ha actuado como músico de estudio y en directo junto a referencias bastante incontestables como The War on Drugs o Kevin Morby.
Si bien su debut en formato elepé fue grabado en su propia casa y aprovechando ratos libres entre actuaciones, para esta continuación se ha metido en un estudio, con un experimentado grupo de músicos y vuelve a producir ella misma el material, aunque en esta ocasión con la ayuda de Brad Cook.
El resultado de las sesiones es un cálido, melancólico y quebradizo disco en el que esta joven cantante y compositora nos habla de decepciones, anhelos, del perdón o de tragedias pretéritas; siempre en un tono de desánimo aparente pero dentro de la luminosidad vocal que desprende su candorosa y tierna voz.
Sobre un mantra sónico que podría calificarse como un folk de efluvios eléctricos con adición de órganos o saxos que suenan en la letanía, acurrucados entre los sentimientos que exhala cada copla de las doce que nutren "Placeholder".
Con analogías sónicas y dramáticas que empastan la música de la neoyorquina con arquetipos como Sufjan Stevens o Kevin Morby, el disco supone un recorrido afligido y un tanto lineal (quizá su único pero) que empapará los sentidos y embaucará gracias a unas bondades melódicas y sónicas que se harán evidentes según se apiñen las escuchas en el tiempo.
El disco fue presentado con la canción que da título al disco primero, y con la preciosa "Can't calm down" después, una acongojada copla sobre el arrepentimiento.



Pero el tono pesaroso y atribulado recorre todos los rincones y piezas del trabajo: "Jessica" es otro bonito tema en el que se relata una tragedia pasada, y en la también estupenda "What lovers do" nos habla de un doble y sensual amor.
Aunque tal vez mis momentos favoritos vengan con las tiernas "Yr year reprise", "Are you serious" o la pesarosa copla acústica "Wildfire", sin olvidar la maravillosa y refulgente "What's the use".
Un 'intermezzo' electrónico y bastante superfluo titulado "Heat" divide en dos el disco y es posiblemente lo único que perturba la desazonada atmósfera de este precioso disco que desde aquí recomiendo sin reservas.



Reseña publicada el pasado 14/03/2019 en el Exile SH Magazine.

miércoles, 5 de junio de 2019

The Chameleons - "Strange times" (1986)



 ...brillo bruñido a base de capas de sonidos tintados de negro, de ritmos sincopados y espirales claustrofóbicas e introvertidas...

Esta semana tenemos a The Chameleons de gira por España reproduciendo íntegro su tercer disco, el celebrado, que no célebre en el sentido extricto de la palabra, "Strange times" (1986).
Me parece motivo suficiente para rememorar, antes del concierto del domingo (en Bilbao), el disco en cuestión, una de las ambrosías de los ochenta que a pesar de gozar de cierto lustre popular, no alcanzó ni mucho menos la fama y reconocimiento que merece, que es incalculable.
Los tres primeros trabajos de Mark Burgess y sus secuaces son para escuchar y escuchar en busca de sensaciones místicas, que sin duda llegarán navegando por sus oleajes sonoros: ambiguas atmósferas formadas por la batalla de las dos guitarras absorbentes y sonoras que conforman la base de su propuesta sónica, las etéreas sensaciones propiciadas por la base rítmica en comandita con la sugerente voz de Burgess, el tono oscuro y nebuloso, los textos de brumoso romanticismo...
Con los antecedentes fijados en el post-punk y las oscuridades que los seminales New Order y Joy Division convirtieron en un lenguaje musical que habría de marcar una franja temporal, para modificar y delimitar la dirección de la historia musical inmediatamente posterior y que troquelaron una denominación de origen sonora propia en los denostados años ochenta.


The Chameleons siguieron en la senda y alargaron la marcha en el tiempo, penetrando en el interior de la década hasta más allá de su ecuador, batallando contra sintetizadores, fairlights y baterías electrónicas, dejando escarificado en la historia y la memoria de muchos un terceto de discos que culmina con este magnífico y determinante "Strange times" que esta semana recordaremos en directo.
Perla negra de la década de los ochenta, brillo bruñido a base de capas de sonidos tintados de negro, de ritmos sincopados y espirales claustrofóbicas e introvertidas, voces de ahogado delirio que declaman poesía maldita y onírica, siempre visto el elemento emotivo con una cierta distancia que incide más en la prudencia que en el cinismo, en el respeto que en la inconsciencia.
Y canciones, claro: auténticas hazañas melódicas y estilísticas, temas de fuerte calado, íntimas y distantes, pero de un enfermizo poder de reclutamiento emocional que alcanzan el éxtasis en muchas ocasiones, logrado más por afinidad y adoctrinamiento sónico que por claudicación ante lo puro y soberbio que anida en lo clásico, pues no creo que "Strange times" pueda militar nunca en el batallón serio y pre-establecido de lo 'clásico', se me antojaría una antítesis de muy poca gracia.
Pocas opciones de resistencia quedan cuando un disco empieza con un torbellino eléctrico como el que da comienzo a "Strange times" en la grandiosa "Mac Jack", claramente influenciada por los primorosos Smiths, en la cumbre de su gloria en aquél 1986, las cartas están puestas sobre la mesa y sólo queda ir volteando naipes, para con el tiempo de escucha estimado descubrir ases, uno tras otro hasta diez.
Y según se avanza por la incierta vereda que nos ofrece esta propuesta, somos acosados por los alaridos hieráticos de la grandiosa "Soul in isolation" que vive, muere y resucita durante más de siete minutos, antes llegaron "Tears" que siempre me ha sonado victoriana, un tema que habría gustado cantar a Dickens en alguna de sus noches de insomnio, "Caution", nuevamente con los de Manchester en el cuajo del brebaje y otra vez superando los siete minutos.



En cinco se quedan los pellizcos eléctricos y los soplidos de "Swamp thing" y su portentosa melodía central; embravecida masa sónica en la impecable "Time the end of time" que da paso a una pieza que parece viajar de polizón en este barco, la bonita "Seriocity".
Teclas y vaporosidad en otro momento de inquietante atmósfera como es "In answer", y también lo es, aunque con más luz "Childhood"; para despedir este románico paseo bajo las estrellas con la etérea cualidad física de "I'll remember".
Disco imprescindible de los ochenta, donde los elementos conviven en total equilibrio para conformar una experiencia musical que nutre las meninges de todos aquellos que percibimos la poética de una época en los tonos más oscuros, en la sinuosidades románticas más teatrales y en las turbadoras voces que se baten en duelo con primorosas melodías, todo bajo el manto de una noche de estrellas errantes.

lunes, 3 de junio de 2019

Los lunes... escenas de cine - "El extraño viaje"


En 1964, un genio llamado Fernando Fernán Gómez rodó una película cuyo argumento préviamente había ideado otro genio llamado Luis García Berlanga, aunque finalmente fue puesta en negro sobre blanco en forma de guión por otro grande, Pedro Beltrán.
Basada en un crimen real, que tuvo lugar en la localidad murciana de Mazarrón y que obtuvo difusión por medio del célebre periódico "El caso".
Tres hermanos solteros viven solos, los sábados rompen la monotonía de sus vidas gracias a una orquesta que ameniza las tardes en la que toca Fernando, cuando Ignacia entabla una relación con Fernando, que a su vez estaba comprometido con Beatriz, la vida de todos ellos entra en una espiral de asesinatos y catástrofes.
Filmada con maestría por Fernán Gómez, en tono costumbrista dentro de una cualidad de sainete que retrata la España ignorante, salvaje y rural de la época. El realizador logra un ambiente sórdido y una tensión creciente gracias a claroscuros y a la atinada utilización de elementos como tormentas y penumbras claustrofóbicas.
Es muy reseñable la labor de los actores, en especial Jesús Franco y Tota Alba y la magnífica fotografía de José F. Aguayo.
Recomendamos el visionado de esta magnífica película no demasiado conocida.
¡Feliz semana!



domingo, 2 de junio de 2019

Los domingos photosong - The Police - "Too much information"


El cuarto elepé de The Police es con diferencia el que menos me gusta, aunque curiosamente fue el primero, con el que conocí al grupo. No exagero si digo que hace más de década y media que no pincho "Ghost in the machine", esta mañana lo he vuelto a escuchar.
A pesar del tiempo transcurrido recordaba todas y cada una de las canciones, lo que quiere decir que la memoria me está jugando una mala pasada y me temo que en su día escuché este disco más de lo que creía recordar.
En una cosa si que estaba en lo cierto y sigue siendo igual a como la recordaba, el tema que abre la cara B del disco, "Too much information", sigue siendo el que más me gusta de este, me reitero, peor trabajo de The Police.
El sol brilla con fuerza y es de rigor salir a pasear, tomar algo fresquito y saludar al verano que parece que viene pisando fuerte.
¡Feliz domingo!



sábado, 1 de junio de 2019

John Lennon 1970-1980(1984) - Revisitación de una obra (Parte 3 y última).


En 1975 John Lennon da por terminado el famoso lost weekend, deja a su novia circunstancial May Pang y vuelve junto a Yoko. En octubre de ese mismo año Yoko da a luz a un niño que la pareja llamará Sean.
En ese momento John decide dedicarse en exclusiva al cuidado de Sean, anuncia una retirada de la vida artística y durante cinco años se preocupa únicamente de criar y educar a su hijo, mientras Yoko continúa con su carrera.
El único paréntesis que se permitió fue en 1976 cuando compuso "Cooking (in the kitchen on love)" para el disco de Ringo "Ringo's Rotogravure" en cuya grabación también intervino.
No fue hasta el mes de junio de 1980, durante unas vacaciones en las Bermudas, donde John, feliz con su nueva vida familiar, compone un ramillete de canciones que desembocan con la publicación el 9 de octubre (cumpleaños de John) del single "(Just like) starting over", enorme canción que alcanzó el nº 1 tanto en USA como en UK.


Un mes después se pondría en circulación "Double fantasy". A pesar del éxito del single de adelanto, el disco no consiguió las ventas esperadas, alcanzando unos decepcionantes guarismos: el nº 14 en UK y el 11 en USA.
El disco, como ocurriese años atrás con "Sometimes in New York city" alterna canciones de John con otras canciones o 'performances' de Yoko, lo que le resta interés a un álbum que si contase únicamente con los temas de John debería ser considerado como una obra maestra, no en vano aglutina canciones magníficas como "I'm losing you", "Watching the wheels", "Woman", "Beautiful boy", "Dear Yoko", "Cleanup time" o la mentada "(Just like) starting over".
Cierto que las ventas se dispararon después de que el ocho de diciembre siguiente John muriese tiroteado a la puerta de su casa por un loco llamado Mark David Chapman, dando por finalizada la vida de uno de los mayores genios del pasado siglo.


Aunque la obra de Lennon todavía tenía un apéndice que vio la luz en 1984: el disco póstumo "Milk and Honey". Durante las sesiones de "Double fantasy" John y Yoko dejaron en la recámara una serie de canciones con el objeto de que formasen parte de un futuro disco.
De aquél material se nutre el trabajo, seis canciones de John, entre ellas los singles "Nobody told me" y "I'm stepping out"; aunque destacan también la balada "Grow old with me" o el reggae "Borrowed time". Nuevamente los extraños cortes de Yoko lastran el conjunto. Aún así el disco fue bien recibido, alcanzando el nº 3 en UK y el 11 en USA.
Después los recopilatorios, las demos que aparecían de la nada, los directos, los registros más insospechados eran puestos en el mercado y exprimidos comercialmente... lo habitual.
El resto es historia, historia en letras de oro, las huellas de un genio que tras pasar por las garras de una fama y popularidad como nunca nadie había conocido jamás, intentó capear con el temporal, un temporal que en realidad era el mismo, y que si bien nos dejó un legado marcado por la irregularidad, no es menos cierto que contiene un importante número de canciones absolutamente memorables, como creo que hemos demostrado en este serial.