lunes, 24 de junio de 2019

Los lunes... escenas de cine - "La Vaquilla"


"La vaquilla" era un viejo proyecto del maestro Berlanga, varias veces frustrado por culpa de la censura, que llega por fin a las pantallas en el año 1985 con un presupuesto de 250 millones de pesetas, convirtiéndose en la película más cara de la historia del cine español.
Rodada en el precioso pueblo aragonés de Sos del rey católico, con numerosos extras y un elenco de lujo encabezado por Alfredo Landa, José Sacristán, Santiago Ramos, Agustín González, María Luisa Ponte o Violeta Cela entre otros, la película habla en un tono irónico y al tiempo condenatorio de la abominable circunstancia social de la guerra civil española, que enfrentó a amigos y familiares en una ilógica y pútrida lucha por la libertad o el orden fascista.
En clave cómica se suceden las desventuras de un grupo de soldados republicanos infiltrados entre las líneas fascistas con la intención de robar la vaquilla con la que piensan celebrar el encierro del pueblo en fiestas en el que éstos tienen su puesto.
Las situaciones hilarantes, los diálogos surrealistas y la costumbrista vida y tradición rural que se abre paso entre las vicisitudes de la guerra crean un ambiente que en el fondo esconde una mordaz crítica a una guerra que nunca debió existir, y que se hace extensiva a la guerra en general.
Supuso un enorme éxito en taquilla, hoy la recordamos aquí.
¡Feliz semana!



domingo, 23 de junio de 2019

Los domingos photosong - Danny and The Champions of The World/Stray Cats - "Precious cargo"/"Baby blue eyes".


Vuelven los domingos fotográficos después de una semana de descanso. Hoy, cansado tras el periplo por el ARF, y con los ecos de Danny and The Champions of The World de ayer y de Stray Cats de la agotadora jornada del viernes, toca recordar los buenos ratos pasados, los amigos y el buen rollo, como siempre, a pesar de los pesares, ha merecido la pena.
No me decidía entre la banda de Brian Setzer y la de Danny Wilson, así que por una vez y sin que sirva de precedente, hoy elegimos dos discos para la fotografía dominical.
Nos vamos con mi tema favorito de "What kind of blue", el estupendo disco de hace unos años de nuestro Danny, "Precious cargo"; y con la gloriosa "Baby blue eyes" con que se abre el segundo elepé de Stray Cats, "Gonna ball"...
Y sin más, sigo disfrutando del domingo soleado que nos ha regalado hoy la primavera.
¡Feliz domingo!!!





viernes, 21 de junio de 2019

Se anuncia un nuevo disco de David Lowery, "In the shadow of the bull".


David Lowery, líder de bandas tan incontestables como Cracker o Camper Van Beethoven se lanza con un disco en solitario que titulará "In the shadow of the bull" y que será publicado el próximo 6 de julio.
Lowery anuncia una tirada única de 1000 ejemplares que serán vendidos exclusivamente en los conciertos de las dos bandas que el norteamericano comanda.
El autor ha comunicado que este primer álbum es una primera parte de lo que será una biografía musical multi-disco, por lo cual se supone que llegarán nuevos trabajos que irán apareciendo sucesivamente.
"In the shadow of the bull" contará con siete cortes y no se sabe si habrá posibilidad de conseguirlo por medio de descarga digital, pues la compra física parece francamente complicada.
La portada es un diseño del artista Jeremy Fetzer. David ha facilitado un enlace en el cual se pueden escuchar algunos fragmentos de "In the shadow of the bull" (pinchar).

jueves, 20 de junio de 2019

Son Volt - "Union" (2019).



 Si el precedente álbum hacía hincapié estilístico en el blues y el blues-rock, en este es el folk, el country y el folk-rock lo que escuchamos repartido en trece pistas.

No está siendo el último trabajo de Jay Farrar al mando de sus Son Volt el que más está gustando a la prensa especializada, especialmente en USA.
Tal vez esto tenga que ver con las dichosas comparaciones, en concreto con su anterior catálogo, el magistral "Notes of blue" (2017).
O quizá por el carácter monotemático del disco, basado, casi en su totalidad, en canciones de rasgado acústico y letras de fuerte (aunque comedido y un tanto contemplativo) tono político, donde condena diversas y evidentes injusticias sociales y a la actual administración americana.
El caso es que yo voy a hacer de abogado del diablo defendiendo "Union", que a todo esto es como se titula el noveno disco de Son Volt.
Defensa que viene argumentada por la calidad que un servidor aprecia en los temas que conforman el trabajo. Si el precedente álbum hacía hincapié estilístico en el blues y el blues-rock, en este es el folk, el country y el folk-rock lo que escuchamos repartido en trece pistas.
Es posible que la producción -del propio Jay Farrar- no abogue por la diversidad y que, como apuntaba más arriba, el rasgado acústico que sustenta melodías lentas, sea la tónica general y casi exclusiva en el apartado sónico.
Pero además de unos textos incisivos, críticos y de sosegada ira que merecen una escucha que invitará a la reflexión, en "Union" nos encontramos con preciosos cortes que llevan en su ADN crepúsculos, carreteras y praderas en la anochecida, sonidos fronterizos y sensaciones campestres.
"While Rome burns" indica la senda que ha de seguir el resto del disco, y en "The 99" Farrar ya nos habla bien a las claras de ese 1% que acumula más riqueza que el resto 99% de la sociedad a los que se refiere la canción.



En ese tono se suceden temas como "Devil may care", "Union", "The reason" o "Holding your own", aunque a un servidor le gusta especialmente la preciosa "Reallity winner".
En "Union" nos encontraremos temas protesta, acústicas y letanías de steels, un Farrar que a pesar de todo canta en un tono suave y añejos sonidos de interior, y épica a la que se hubiese apuntado el mismísimo Woody Guthrie, o lo toman o lo dejan, yo he decidido hacer mío el mensaje y los sonidos de "Union", y de momento no me arrepiento.

Se recomienda visitar la reseña sobre este mismo trabajo publicada por Juanjo Mestre para el Exile SH Magazine pinchando AQUÍ y Nikochan para Nikochan Island pinchando aquí.

martes, 18 de junio de 2019

2x1 - "Don't ever change" - The Beatles/Bryan Ferry

















Este pasado fin de semana ha estado lleno de emociones y música, más hablada que escuchada, eso es cierto. Y también comprada, el otro día me encontré rebuscando en los estantes de segunda mano de Power Records con un disco de mi admirado Bryan Ferry; más concretamente su primer disco en solitario: "These foolish things", datado en el año de 1973.
Se trataba de un disco de versiones que siempre quise tener en vinilo. Y aunque un servidor no es muy afín a este tipo de discos, en este caso, como ocurriría con el "Pin ups" de Bowie, publicado en este mismo año, hago una excepción por considerar que los covers que atesora son sumamente personales y muy destacados, por calidad y por la selección de temas escogida.
Uno de las canciones que Ferry se lanza a reinventar es uno de los cortes menos populares de los Fab Four, más concretamente "Don't ever change". Compuesta por Gerry Goffin y Carole King en 1961, fue interpretada por los de Liverpool en un programa de la BBC y publicada finalmente en 1994 en el disco "Live at BBC". Creo que resume bastante bien el posicionamiento de aquél joven Bryan Ferry a la hora de encarar estas versiones.
Nos quedamos con este 2x1.





lunes, 17 de junio de 2019

Los lunes... escenas de cine - "Al final de la escapada"


Obra destacada de la nouvelle vague, con guión de François Truffaut y dirección de Jean Luc Godard, la película que hoy traemos aqui, "El final de la escapada", sorprendió en el 1960, año de su estreno, por su propuesta atractiva al tiempo de osada y novedosa.
Revolucionaria desde el punto de vista narrativo, destaca la utilización de la cámara en mano o la particularidad de ver a los personajes hablando directamente a la cámara.
Michel (Jean Paul Belmondo) roba un coche en Marsella y viaja hacia Paris en busca de Patricia (Jean Seberg), una americana a la que quiere seducir. La polícia va tras sus pies, y él trata de cobrar un dinero que se le debe para poder ir a Roma con Patricia.
Todo se complica cuando en su huida mata a un agente.
Extraordinaria película, filmada bajo un estado intuitivo, con estupenda fotografía y magníficas interpretaciones. Una forma de hacer que hoy resulta impensable pero que abrió puertas y rezumaba libertad creativa y de proceso.
¡Feliz semana!

jueves, 13 de junio de 2019

And libros by Addison de Witt - "Canciones de cuna y de rabia" - Juan Miguel Contreras.



 ...es una magnífica novela que habla de personas en crisis, y sobre los valores embusteros que inocularon a una generación que creció al albur de la transición...

No recuerdo cuál fue el proceso que me empujó a hacerme mecenas de "Canciones de cuna y de rabia", tal vez una recomendación de alguien, o que su argumento me sedujo tras leerlo en Libros.com, editorial basada en la publicación por medio de campañas de crowdfunding, el caso es que terminé participando en el proyecto de Juan Miguel Contreras.
Cuando, en plena campaña de captación, mi amigo Gonzalo Aróstegui Lasarte, en una de nuestras charlas telefónicas, me recomienda precisamente esta novela, que él ya había leído, entonces supe que había acertado de pleno.
Juan Miguel Contreras, pertenece, por fecha de nacimiento, a la conocida 'generación X'; es decir, que ha nacido en los primeros años setenta. En su tercera novela disecciona algunas de las notas identificativas de los que pertenecen (pertenecemos) a dicha generación.
Repasa una educación en la que los resquicios del franquismo aún campaban por sus respetos por las aulas de las escuelas españolas, nos hace recorrer de manera fugaz los ochenta, los grupos y las canciones de aquella época y nos hace mirar a unos noventa en los que nos atrapaba la modernidad y el descubrimiento de la sexualidad emergente en la sociedad española, la vida laboral, con esa inefable precariedad patria que tanto parece gustar al currelilla español, el amor -al fin y al cabo se trata de otra historia de amor- y sus trucos perversos, la crisis de los cuarenta, la acumulación de fracasos o desengaños, la incertidumbre...
Y lo hace mientras nos cuenta la historia de Abel Román, apodado por el falangista y lunático profesor de la escuela como 'Machin'.
Abel es un profesor que no consigue aprobar la oposición, y que vaga de una interinidad a otra, siempre como profesor de escuelas de pueblo, permaneciendo alejado de su mujer y su hija mayor, a las que solo ve los fines de semana; hasta que consigue, gracias a su suegro -un odioso burgués que le ayuda como táctica de humillación ante su familia- una plaza en un colegio concertado religioso.
Cuando escribe un artículo en el que cuenta que en la iglesia de su pueble, su tío abuelo, pintor que murió sin reconocimiento, pintó un retrato de Cristo, en el que su abuelo (un republicano, que cumplió condena en Cuelgamuros y que es ateo) puso cara a un Jesús herido de muerte y que el propio Abel posó siendo niño para poner rostro a un angelito, el centro educativo en el que trabaja le abre un expediente que le condena a una situación de suspensión de empleo y sueldo y a pasar todo el verano en una insoportable incertidumbre sobre su futuro.
Entonces decide volver al pueblo, reformar la casa familiar y esperar a que su mujer y sus dos hijos se reúnan con él durante el verano.
Un compañero del colegio, encarcelado por corrupción, le hace una extraña petición: que le vaya a visitar a la cárcel.
Mientras pinta la casa, se ve atrapado por los recuerdos, rememora su historia con Silvia, su mujer, sus primeros años, la precariedad que hubieron de soportar y la ruleta rusa emocional que en realidad es toda relación.
Se reúne con Roberto, el amigo de la infancia que nunca deja de serlo a pesar de la distancia y el tiempo, que hacen un fatídico tándem que trabaja en pos del olvido, y con el que rememora los años de escuela y filosofan sobre la vida, el presente y el futuro. Roberto disecciona su generación, hace una mordaz radiografía de la sociedad viciada de la actualidad, de lo endeble de algunas palabras como democracia o libertad y escarba buscando el sentido de los pasos que vamos dando.
Pronto Abel se da cuenta de que su vida se desmorona ante él, y que su parálisis no ayuda, que el pasado le marcó de forma indeleble y que el mañana no parece halagüeño, cuando Silvia se reúne con él, la cosa no mejora.
"Canciones de cuna y de rabia" es una magnífica novela que habla de personas en crisis, y sobre los valores embusteros que inocularon a una generación que creció al albur de la transición, que soñó con un futuro brillante y a la que la España del 92 deslumbró con sus fuegos de artificio.
"Canciones de cuna, y de rabia" es una historia de amor, y también de amistad, y el relato de un derribo vital, una semblanza donde mandan los reencuentros.
Escrita con una prosa poderosa, con una fluidez narrativa que hace que el lector vuele sobre los renglones respirando las soflamas de Roberto, los recuerdos de Abel, la situación de Silvia, el olor del salitre...
Me ha gustado mucho "Canciones de cuna y de rabia", y dudo que a cualquiera -especialmente de cierta edad- no le guste, difícil no verse en la piel de los personajes que merodean por ese pueblo costero al sur del mediterráneo y no sentir el aguijón de incertidumbre que asola a Abel como propio.
Además por el relato, entre otros muchos grupos y solistas muy queridos por estos lares, se cuelan nuestros favoritos 091 (obviamente).

martes, 11 de junio de 2019

The Rolling Stones - "Out of our heads" (1965) - Obras menores de artistas mayores.



 ...los temas compuestos por el grupo, se empieza a evidenciar la textura sónica que pronto sería propiedad artística de sus satánicas majestades.

Estos últimos días he desempolvado un disco de los Rolling Stones que hacía tiempo que no escuchaba: "Out of our heads" grabado y publicado en 1965.
El tercer elepé en UK y cuarto en USA de sus satánicas majestades -antes de ser así bautizados- por algún motivo que no termino de comprender, ha sido vilipendiado por parte de la crítica de manera continuada, tachándolo como un 'disco menor' de la banda ¿?.
Ciertamente, hay cierto barullo con respecto a la versión inglesa y la americana, con distintos tracklist y diferentes portadas también, no es la única ocasión en que ocurre esto con los lanzamientos de los Stones.
Algunos de los temas de la versión inglesa fueron incluidos en USA en el disco titulado "December's children (and everybody's)" publicado solo en Estados Unidos seis meses después y con la misma portada que la versión británica de "Out of our heads", un follón, la verdad.
Aquí, si no les importa, nos vamos a ceñir a la versión que la banda publicó en USA, que como saben incluía "One more try" cerrando el disco y "(I can't get no) satisfaction" abriendo la cara B del vinilo.


Leer los créditos de este disco da auténtico vértigo: la producción a cargo de Andrew Oldham, auténtico creador del concepto de banda Rolling Stones; la participación de músicos como Phil Spector o Jack Nitzsche; Ian Stewart, el sexto stone a las teclas o Glyn Jones en tareas de ingeniero dan una idea de la fauna que paseaba por los estudios durante las sesiones de "Out of our head".
Andrew Oldham empezó a insistir en que la banda debía componer sus propios temas, así en este disco combinan versiones -como ocurría con los primeros trabajos del grupo- con temas propios, en una relación de cinco covers por siete canciones propias. El posterior "Aftermath" ya incluiría un pleno de temas 'Jagger-Richards'.
Pero en "Out of our heads" la banda continua versionando temas de otros, como "Mercy, mercy" de Don Covay, evidente espejo en el que Mick se miraba para confeccionar su estilo a la hora de cantar. Otras canciones que adaptaron sin grandes alardes pero empapando su estilo característico en las mismas, fueron "Hitch, hike" de Marvin Gaye, "Good times" de Sam Cooke; "Cry to me" que popularizó Solomon Burke o "That's how strong my love is" que interpretó el inolvidable Otis Redding. Todas ellas, canciones con un evidente poso soul, alejándose un tanto de referentes incontestables hasta entonces como Chuck Berry o Muddy Waters, mucho más apegados al blues.
En cuanto a los temas compuestos por el grupo, se empieza a evidenciar la textura sónica que pronto (a partir de "Aftermath", como punto de inflexión) sería propiedad artística de sus satánicas majestades.
Con una esencia más rhythm & blues y blues, el grupo empieza a asomar la patita con bombazos como "The last time", el soberbio blues del delta "The spider and the fly" o la genuina "One more try". Por no hablar de "Satisfaction", de la que no creo necesario hacer ningún comentario, por aquello de no ser redundante. Todas ellas firmadas con el mítico (Jagger-Richards).



Pero en el elepé nos encontramos otras tres piezas señaladas como obra de un tal Nanker Phelge, que no es otro que un seudónimo que escondía a los propios Rolling Stones: temas compuestos por el grupo de manera teóricamente coral. Nos referimos a excelentes temas que ya señalan el camino de única dirección que iniciaba la banda: "I'm all right", registrada en (aparente) directo; el rhythm & blues "The under assistant west coast promotion man" y la bonita balada de esencia pop "Play with me", con el órgano de Jones como contrapunto a las acústicas de Keith.
Eso si, el disco, a pesar del enorme éxito de "Satisfaction", no consiguió arrebatar el nº 1 a "Help", teniendo que conformarse con un nº 2 de consolación.
Pronto llegaron los discos maestros del grupo, las obras inmortales y las canciones que harían de ellos leyendas, pero si bien "Aftermath" es la consolidación, "Out of our heads" es el prólogo de la historia que se estaba a punto de escribir. Un disco que en mi opinión, tampoco es tan menor.

lunes, 10 de junio de 2019

Los lunes... escenas de cine - "Quién puede matar a un niño?"


La muerte de Narciso Ibáñez Serrador "Chicho" nos ha llevado a todos a recordar su legado en TV, y también en cine. Dos son las películas más características del creador del mítico 1,2,3: "La residencia" y "¿Quién puede matar a un niño?".
Nos vamos a quedar con esta última, tremenda y angustiosa cinta basada en la novela de Juan José Plans, filmada en diversos lugares del Mediterráneo, con una sordidez en su argumento que sirve perfectamente de precedente claro a la obra de Stephen King, pero con el paisaje y localismo patrio.
La película fue un gran éxito en 1976 y cruzó las fronteras que delimitan España para triunfar en otros lugares del planeta.
Un matrimonio extranjero llega a una isla del Mediterráneo para descansar antes del alumbramiento de ella, embarazada de su tercer hijo. Pronto advierten que en la isla solo hay niños, ni rastro de personas adultas. La tensión irá creciendo según avanza la acción y llegan al hotel, donde parece que hay hospedado una pareja sueca.
Ibáñez Serrador pasará a la historia por el famoso concurso televisivo de los viernes, pero su talento iba más allá, como demuestra esta extraordinaria y terrorífica película. DEP.
¡Feliz semana!

domingo, 9 de junio de 2019

Los domingos photosong - Neil Young - "Southern Pacific"


Hace unos años, en un viaje a Berlín, me tropecé con un mercadillo en la avenida Unter den linden, a la altura del teatro de la ópera, vendían libros, fanzines y vinilos.
Los libros y fanzines estaban escritos, obviamente, en alemán, así que me concentré en los discos, compré tres, uno de ellos "Re-Ac-Tor", uno de los elepés más denostados de Neil Young, no es su mejor trabajo realmente, más bien todo lo contrario, pero me costó un euro, y claro, no pude rechazar aquella oferta.
Siempre me ha parecido un disco flojo, como hecho sin orden ni control, desequilibrado y desde luego poco memorable, más aún tratándose de un gigante como Neil Young.
Hoy lo he vuelto a pinchar después de años sin hacerlo, y me he encontrado este "Southern Pacific" de más de siete minutos, y la verdad es que es un temazo que justifica más que sobradamente aquél euro que pagué por "Re-Ac-Tor" hace algunos años en la calle más bonita de Berlín.
¡Feliz domingo!



sábado, 8 de junio de 2019

"Time waits for no one" - Las paranoias de Addi.


Es habitual, al menos en mi caso, sentir la necesidad de escribir para salvar mi alma, escupir el veneno que yo mismo genero y evitar el ahogo tóxico producido por ciertas acciones incomprensibles, o decisiones más equivocadas que malintencionadas.
En cierto modo es un ejercicio de supervivencia, o tal vez de autoengaño, en cualquier caso debo admitir que no se trata de generosidad, ni siquiera afición por el ejercicio de escribir, es una manera cobarde, traidora y mezquina de empaquetar el marrón a otro, u otros, aunque en la mayoría de los casos solo sea la página en blanco del ordenador la que reciba la sacudida.
Decorar las estupideces con una película de lirismo, dramatismo o romanticismo es una trampa, seguramente inofensiva pero una trampa al fin y al cabo. La página en blanco ofrece muchas más opciones de evasión que el espejo, y desde luego resulta mucho más conveniente que un retrato al estilo Dorian Grey, al menos puedes ser tú el que embadurne el folio, aunque sea de coartadas para evitar la auto-condena por estulticia, todo depende de tí, la verdad o mentira que quieras resaltar y proyectar, no hay reflejos impertinentes ni pinturas y colores maldecidos por gatos mágicos.
Mecerse por la versión oficial de los hechos no es una política heróica, pero es pragmatismo puro. Si se sacia la sed de perdón, daremos por bien empleado el esfuerzo, la terapia; eso sí, debemos saber que desde ese momento hemos de esperar el retorno.
Dar capotazos al toro de nuestros tropiezos vitales, es un truco con fecha de caducidad, por muy lindo que resulte como ejercicio narrativo, pictórico, musical... se trata, no nos engañemos, de un boomerang que antes o después exigirá ser acogido por la mano que lo lanzó con la esperanza de quitarse de en medio lo feo, y ese día, tocará examinar, en el umbral de lo irremediable, el tiempo perdido, ¡que si!... que se trata de eso, del tiempo perdido, de la vida que vuela y que llega un momento en que el reloj se vuelve contra tí, y lo que era una carrera sin freno hacia el futuro, se torna en un retroceso, en el que las manecillas viajan hacia atrás, volviendo sobre los errores cometidos, los trenes perdidos y entonces te sientes en el andén vacío y silencioso, solo y sintiendo en las tripas la punzada del vértigo que no se ha sabido conjugar y que hace que todo sea irremediable, ha llegado el momento de fijar la vista en el ayer, el mañana empieza a revelarse muy poco aventurero.
Pero el tiempo sigue su curso, el que incide en la vida común, el tiempo real, y Fausto ya fracasó en su búsqueda de la marcha atrás, y además Margueritte está con otro, con uno que no escribía, prefería darse él, que con las palabras no se siente nada en la piel.

jueves, 6 de junio de 2019

Hand Habits - "Placeholder" (2019)



...un cálido, melancólico y quebradizo disco en el que esta joven cantante y compositora nos habla de decepciones, anhelos, del perdón o de tragedias pretéritas...

Este año, debo decir que hasta la fecha, las mujeres son las principales protagonistas de mis escuchas musicales.
Hoy traigo a otra dama a la palestra: Se trata de la neoyorquina afincada en L.A. Meg Duffy, que lidera como único miembro estable, la formación Hand Habits que hace escasas fechas ha puesto en circulación su segundo disco largo, "Placeholder", que supone un más que feliz alargue del estupendo "Wildly idle (Humble before the void)" de hace dos ejercicios.
Duffy no es una neófita en el mundillo: ha actuado como músico de estudio y en directo junto a referencias bastante incontestables como The War on Drugs o Kevin Morby.
Si bien su debut en formato elepé fue grabado en su propia casa y aprovechando ratos libres entre actuaciones, para esta continuación se ha metido en un estudio, con un experimentado grupo de músicos y vuelve a producir ella misma el material, aunque en esta ocasión con la ayuda de Brad Cook.
El resultado de las sesiones es un cálido, melancólico y quebradizo disco en el que esta joven cantante y compositora nos habla de decepciones, anhelos, del perdón o de tragedias pretéritas; siempre en un tono de desánimo aparente pero dentro de la luminosidad vocal que desprende su candorosa y tierna voz.
Sobre un mantra sónico que podría calificarse como un folk de efluvios eléctricos con adición de órganos o saxos que suenan en la letanía, acurrucados entre los sentimientos que exhala cada copla de las doce que nutren "Placeholder".
Con analogías sónicas y dramáticas que empastan la música de la neoyorquina con arquetipos como Sufjan Stevens o Kevin Morby, el disco supone un recorrido afligido y un tanto lineal (quizá su único pero) que empapará los sentidos y embaucará gracias a unas bondades melódicas y sónicas que se harán evidentes según se apiñen las escuchas en el tiempo.
El disco fue presentado con la canción que da título al disco primero, y con la preciosa "Can't calm down" después, una acongojada copla sobre el arrepentimiento.



Pero el tono pesaroso y atribulado recorre todos los rincones y piezas del trabajo: "Jessica" es otro bonito tema en el que se relata una tragedia pasada, y en la también estupenda "What lovers do" nos habla de un doble y sensual amor.
Aunque tal vez mis momentos favoritos vengan con las tiernas "Yr year reprise", "Are you serious" o la pesarosa copla acústica "Wildfire", sin olvidar la maravillosa y refulgente "What's the use".
Un 'intermezzo' electrónico y bastante superfluo titulado "Heat" divide en dos el disco y es posiblemente lo único que perturba la desazonada atmósfera de este precioso disco que desde aquí recomiendo sin reservas.



Reseña publicada el pasado 14/03/2019 en el Exile SH Magazine.

miércoles, 5 de junio de 2019

The Chameleons - "Strange times" (1986)



 ...brillo bruñido a base de capas de sonidos tintados de negro, de ritmos sincopados y espirales claustrofóbicas e introvertidas...

Esta semana tenemos a The Chameleons de gira por España reproduciendo íntegro su tercer disco, el celebrado, que no célebre en el sentido extricto de la palabra, "Strange times" (1986).
Me parece motivo suficiente para rememorar, antes del concierto del domingo (en Bilbao), el disco en cuestión, una de las ambrosías de los ochenta que a pesar de gozar de cierto lustre popular, no alcanzó ni mucho menos la fama y reconocimiento que merece, que es incalculable.
Los tres primeros trabajos de Mark Burgess y sus secuaces son para escuchar y escuchar en busca de sensaciones místicas, que sin duda llegarán navegando por sus oleajes sonoros: ambiguas atmósferas formadas por la batalla de las dos guitarras absorbentes y sonoras que conforman la base de su propuesta sónica, las etéreas sensaciones propiciadas por la base rítmica en comandita con la sugerente voz de Burgess, el tono oscuro y nebuloso, los textos de brumoso romanticismo...
Con los antecedentes fijados en el post-punk y las oscuridades que los seminales New Order y Joy Division convirtieron en un lenguaje musical que habría de marcar una franja temporal, para modificar y delimitar la dirección de la historia musical inmediatamente posterior y que troquelaron una denominación de origen sonora propia en los denostados años ochenta.


The Chameleons siguieron en la senda y alargaron la marcha en el tiempo, penetrando en el interior de la década hasta más allá de su ecuador, batallando contra sintetizadores, fairlights y baterías electrónicas, dejando escarificado en la historia y la memoria de muchos un terceto de discos que culmina con este magnífico y determinante "Strange times" que esta semana recordaremos en directo.
Perla negra de la década de los ochenta, brillo bruñido a base de capas de sonidos tintados de negro, de ritmos sincopados y espirales claustrofóbicas e introvertidas, voces de ahogado delirio que declaman poesía maldita y onírica, siempre visto el elemento emotivo con una cierta distancia que incide más en la prudencia que en el cinismo, en el respeto que en la inconsciencia.
Y canciones, claro: auténticas hazañas melódicas y estilísticas, temas de fuerte calado, íntimas y distantes, pero de un enfermizo poder de reclutamiento emocional que alcanzan el éxtasis en muchas ocasiones, logrado más por afinidad y adoctrinamiento sónico que por claudicación ante lo puro y soberbio que anida en lo clásico, pues no creo que "Strange times" pueda militar nunca en el batallón serio y pre-establecido de lo 'clásico', se me antojaría una antítesis de muy poca gracia.
Pocas opciones de resistencia quedan cuando un disco empieza con un torbellino eléctrico como el que da comienzo a "Strange times" en la grandiosa "Mac Jack", claramente influenciada por los primorosos Smiths, en la cumbre de su gloria en aquél 1986, las cartas están puestas sobre la mesa y sólo queda ir volteando naipes, para con el tiempo de escucha estimado descubrir ases, uno tras otro hasta diez.
Y según se avanza por la incierta vereda que nos ofrece esta propuesta, somos acosados por los alaridos hieráticos de la grandiosa "Soul in isolation" que vive, muere y resucita durante más de siete minutos, antes llegaron "Tears" que siempre me ha sonado victoriana, un tema que habría gustado cantar a Dickens en alguna de sus noches de insomnio, "Caution", nuevamente con los de Manchester en el cuajo del brebaje y otra vez superando los siete minutos.



En cinco se quedan los pellizcos eléctricos y los soplidos de "Swamp thing" y su portentosa melodía central; embravecida masa sónica en la impecable "Time the end of time" que da paso a una pieza que parece viajar de polizón en este barco, la bonita "Seriocity".
Teclas y vaporosidad en otro momento de inquietante atmósfera como es "In answer", y también lo es, aunque con más luz "Childhood"; para despedir este románico paseo bajo las estrellas con la etérea cualidad física de "I'll remember".
Disco imprescindible de los ochenta, donde los elementos conviven en total equilibrio para conformar una experiencia musical que nutre las meninges de todos aquellos que percibimos la poética de una época en los tonos más oscuros, en la sinuosidades románticas más teatrales y en las turbadoras voces que se baten en duelo con primorosas melodías, todo bajo el manto de una noche de estrellas errantes.

lunes, 3 de junio de 2019

Los lunes... escenas de cine - "El extraño viaje"


En 1964, un genio llamado Fernando Fernán Gómez rodó una película cuyo argumento préviamente había ideado otro genio llamado Luis García Berlanga, aunque finalmente fue puesta en negro sobre blanco en forma de guión por otro grande, Pedro Beltrán.
Basada en un crimen real, que tuvo lugar en la localidad murciana de Mazarrón y que obtuvo difusión por medio del célebre periódico "El caso".
Tres hermanos solteros viven solos, los sábados rompen la monotonía de sus vidas gracias a una orquesta que ameniza las tardes en la que toca Fernando, cuando Ignacia entabla una relación con Fernando, que a su vez estaba comprometido con Beatriz, la vida de todos ellos entra en una espiral de asesinatos y catástrofes.
Filmada con maestría por Fernán Gómez, en tono costumbrista dentro de una cualidad de sainete que retrata la España ignorante, salvaje y rural de la época. El realizador logra un ambiente sórdido y una tensión creciente gracias a claroscuros y a la atinada utilización de elementos como tormentas y penumbras claustrofóbicas.
Es muy reseñable la labor de los actores, en especial Jesús Franco y Tota Alba y la magnífica fotografía de José F. Aguayo.
Recomendamos el visionado de esta magnífica película no demasiado conocida.
¡Feliz semana!



domingo, 2 de junio de 2019

Los domingos photosong - The Police - "Too much information"


El cuarto elepé de The Police es con diferencia el que menos me gusta, aunque curiosamente fue el primero, con el que conocí al grupo. No exagero si digo que hace más de década y media que no pincho "Ghost in the machine", esta mañana lo he vuelto a escuchar.
A pesar del tiempo transcurrido recordaba todas y cada una de las canciones, lo que quiere decir que la memoria me está jugando una mala pasada y me temo que en su día escuché este disco más de lo que creía recordar.
En una cosa si que estaba en lo cierto y sigue siendo igual a como la recordaba, el tema que abre la cara B del disco, "Too much information", sigue siendo el que más me gusta de este, me reitero, peor trabajo de The Police.
El sol brilla con fuerza y es de rigor salir a pasear, tomar algo fresquito y saludar al verano que parece que viene pisando fuerte.
¡Feliz domingo!



sábado, 1 de junio de 2019

John Lennon 1970-1980(1984) - Revisitación de una obra (Parte 3 y última).


En 1975 John Lennon da por terminado el famoso lost weekend, deja a su novia circunstancial May Pang y vuelve junto a Yoko. En octubre de ese mismo año Yoko da a luz a un niño que la pareja llamará Sean.
En ese momento John decide dedicarse en exclusiva al cuidado de Sean, anuncia una retirada de la vida artística y durante cinco años se preocupa únicamente de criar y educar a su hijo, mientras Yoko continúa con su carrera.
El único paréntesis que se permitió fue en 1976 cuando compuso "Cooking (in the kitchen on love)" para el disco de Ringo "Ringo's Rotogravure" en cuya grabación también intervino.
No fue hasta el mes de junio de 1980, durante unas vacaciones en las Bermudas, donde John, feliz con su nueva vida familiar, compone un ramillete de canciones que desembocan con la publicación el 9 de octubre (cumpleaños de John) del single "(Just like) starting over", enorme canción que alcanzó el nº 1 tanto en USA como en UK.


Un mes después se pondría en circulación "Double fantasy". A pesar del éxito del single de adelanto, el disco no consiguió las ventas esperadas, alcanzando unos decepcionantes guarismos: el nº 14 en UK y el 11 en USA.
El disco, como ocurriese años atrás con "Sometimes in New York city" alterna canciones de John con otras canciones o 'performances' de Yoko, lo que le resta interés a un álbum que si contase únicamente con los temas de John debería ser considerado como una obra maestra, no en vano aglutina canciones magníficas como "I'm losing you", "Watching the wheels", "Woman", "Beautiful boy", "Dear Yoko", "Cleanup time" o la mentada "(Just like) starting over".
Cierto que las ventas se dispararon después de que el ocho de diciembre siguiente John muriese tiroteado a la puerta de su casa por un loco llamado Mark David Chapman, dando por finalizada la vida de uno de los mayores genios del pasado siglo.


Aunque la obra de Lennon todavía tenía un apéndice que vio la luz en 1984: el disco póstumo "Milk and Honey". Durante las sesiones de "Double fantasy" John y Yoko dejaron en la recámara una serie de canciones con el objeto de que formasen parte de un futuro disco.
De aquél material se nutre el trabajo, seis canciones de John, entre ellas los singles "Nobody told me" y "I'm stepping out"; aunque destacan también la balada "Grow old with me" o el reggae "Borrowed time". Nuevamente los extraños cortes de Yoko lastran el conjunto. Aún así el disco fue bien recibido, alcanzando el nº 3 en UK y el 11 en USA.
Después los recopilatorios, las demos que aparecían de la nada, los directos, los registros más insospechados eran puestos en el mercado y exprimidos comercialmente... lo habitual.
El resto es historia, historia en letras de oro, las huellas de un genio que tras pasar por las garras de una fama y popularidad como nunca nadie había conocido jamás, intentó capear con el temporal, un temporal que en realidad era el mismo, y que si bien nos dejó un legado marcado por la irregularidad, no es menos cierto que contiene un importante número de canciones absolutamente memorables, como creo que hemos demostrado en este serial.





jueves, 30 de mayo de 2019

La noche de la magia, de Los Flechazos y de las lágrimas de San Lorenzo.


Lo primero que hacía al llegar a casa de la abuela en el pueblo era echar un trago del botijo. Durante las siguientes semanas no bebería agua de otra manera que no fuese así.
Retomar mi habitación, colocar el walkman en la mesilla y un paquete de pilas pequeñas, esa será mi única forma de escuchar música en los días sucesivos, abrir la ventana y respirar con fuerza, recogiendo todos los olores de cada verano para acostumbrarme desde el primer momento a ellos, eran mis primeros pasos, mis acuciantes necesidades, siniestramente olvidadas durante once meses de cemento y vidrio..
Desde la ventana enrejada de mi habitación se veía un trozo de huerta, una caseta encalada con tejado de plástico verde que se retorcía formando un oleaje tóxico y sucio donde se guardaban las herramientas y la manguera. Y a partir de ahí: el cielo; sólo interrumpía su azul León, la copa de los árboles que se levantaban tras el huerto y el chamizo.
Por la noche, escuchando un programa de radio titulado "susurros y caricias del verano" donde descubrí no pocas canciones, siempre baladas y medios tiempos, me asomaba a la ventana, con un cigarro en la boca y miraba a los murciélagos en su incansable recorrido circular y cíclico alrededor de la casa, contaba lo que tardaban en dar la vuelta y los veía recortar su tétrica silueta sobre la luna llena de agosto.
El sol flotaba como pulverizado, bañando la piel sin agredirla, pegando mi camiseta al pecho y mis bermudas a unas piernas acostumbradas a saltar y correr tras el balón en los patios traseros de un colegio cerrado por vacaciones. Allí jugábamos a baloncesto y también fumábamos, bebíamos y soñábamos con unos días que no dudábamos que podríamos moldear a nuestra voluntad dentro de una eternidad que no sospechábamos que estaba a la vuelta de la esquina.
Mi amigo Jesús me hablaba de quién había dejado el pueblo para estudiar o para trabajar: Fulano se había hecho guardia civil, mengano se ha ido voluntario a la aviación, Eva, la hermana de Paco el del bar se casa en septiembre, la ha dejado embarazada uno de Trobajo. Y yo que un año atrás la perseguía en las fiestas como poseído por sus ojos y sus caderas, sin poder pensar en nadie más.
El primer día de fiestas, por San Roque, nos encerrábamos en el patio trasero del bar de Mendo, cuando salíamos hacia la verbena nos sentíamos dioses, capaces de cualquier cosa: el hachís y la cerveza habían cumplido con su cometido.
Recuerdo aquél año que conseguí quedarme solo con Almudena, habíamos confiscado un radio cassette Sanyo y nos fuimos al otro lado de las vías: reimos, fumamos y bebimos. Me contó que no podía más con el pueblo, ni con sus padres, que ojalá pasase algo, pero nunca pasaba nada, las campanas de la iglesia solo llamaban a muertos. Yo le conté lo solo que me encontraba entre el bullicio de Bilbao, lo perdido que estaba entre tanta ilusión óptica que disparaba contra mi la ciudad y que muchas veces me refugiaba en los discos para no escuchar tanto ruido afuera, y en esos momentos la soledad se llenaba de imágenes que creaba para mi, que flotaban impulsadas por las canciones, y los acordes se dibujaban como tatuajes en mis párpados, y desde allí se colaban en mis sueños, y entonces el futuro dejaba de pesar y de apretar sobre mi yugular.
Sus pecas parecían brillar bajo la lluvia de estrellas, era la noche de las lágrimas de San Lorenzo, y al otro lado del cercado, más allá del cementerio, del lavadero y de los columpios, la orquesta tocaba "The final of countdown".
Pulsé el play en el viejo cassette robado, y mientras Alex Diez cantaba "Atrapado en el tiempo", Almudena y yo nos besábamos como si en el cielo no nos estuviesen observando miles de ojos brillantes, como si la única cosa bella de aquel bancal fuesen sus pecas y la suave curvatura de sus pechos, y Los Flechazos se convirtieron en el sonido perfecto para el momento de la verdad. Me atraparon en el tiempo, como minutos antes cantaban, y sin darme cuenta, entre respiraciones agitadas contraje con ellos una deuda eterna: la de la evocación de la magia por medio de sus canciones, ese hechizo que solo te visita en las noches de verano, cuando la juventud se siente, siquiera por un minuto, vulnerable, y necesitas el aliento de alguien estrellándose contra tu pecho desnudo, cuando amas como nunca antes a quien desde luego no está destinado para acompañarte más allá de la noche más lírica del verano, la del cielo cruzado de deseos buscando dueño, la noche de Almudena, la sombra del cementerio más allá del cerezo y la de Los Flechazos.
Muchas gracias a Alex Díez, la voz de mis veranos e inocencias bajo el cielo de San Lorenzo.



miércoles, 29 de mayo de 2019

The Dream Syndicate - "These times" (2019)



 el grupo vuelve a rechazar el apalancamiento y no se conforma con fórmulas que bien podrían hacerles pisar sobre seguro, y vuelve a apostar por innovaciones y esencias nuevas

Si me viese obligado a confeccionar un ranking con mis bandas favoritas de las últimas cuatro décadas, sin duda alguna, The Dream Syndicate ocuparía un lugar en el podio (no me mojo en cuanto a la posición, pues no lo sé).
Viene esta afirmación justificada por la soberbia discografía que presenta el grupo de Steve Wynn, equiparable en parámetros de calidad, eclecticismo, personalidad, innovación y transgresión a las de cualquiera de las más endiosadas formaciones anteriores a los denostados años ochenta.
Y esto lo mantengo a pesar de los veintinueve años de silencio que se vieron felizmente truncados en 2017 con el brillante regreso que supuso "How did I find myself here?".
Por todo ello, a nadie resultará sorprendente que un servidor se alegrase enormemente cuando se anunció un nuevo disco de los californianos que llevaría por título "These times", previsto para principios de mayo y cuya publicación venía anticipada por tres singles, a saber: "Black light", que ponía de relieve una de las características del sonido del disco, con aportaciones electrónicas; "Put some miles on", donde a lo apuntado se sumaba una espiral oscura y psicodélica que le daba un cierto cariz noise; y "The way in", tal vez el adelanto más luminoso y pegadizo.
No me duelen prendas en reconocer que los singles no terminaron de causarme la impresión esperada, y que no terminaba de encajar esos sonidos totalmente con la idiosincrasia del grupo, me parecían más concebidos para alguno de los (también magníficos) esfuerzos de Wynn en solitario.
Pero son los Syndicate, y uno de sus rasgos característicos es el desprecio que siempre han manifestado por el inmovilismo musical y sónico.
Efectivamente, el grupo vuelve a rechazar el apalancamiento y no se conforma con fórmulas que bien podrían hacerles pisar sobre seguro, y vuelve a apostar por innovaciones y esencias nuevas. Esos riesgos se pueden pagar, y yo lo pagué durante los primeros pases de "These times".



Pero no estaba dispuesto a rendirme con facilidad, insistí, y poco a poco se fue haciendo la luz entre la escurridiza textura sónica del disco, fabricada con electrónicas y psicodelias, atmósferas velvetianas y ramalazos ochenteros que miraban a la new wave o al post-punk.
Reconozco que los temas que más me iluminaron la senda fueron los más melódicos y accesibles sónicamente como "Bullet holes", canción de esencia ochentera; la guitarrera y pegadiza "Still here now"; la frenética "speedway" o la lisérgica melodiosidad de la magnífica "Recovery mode".
Comentar, como una realidad inexpugnable, que "These times" no es el mejor disco de The Dream Syndicate, (tal vez todo lo contrario), no hace sino reafirmarme en lo que exponía en el primer párrafo, pues a poco que se le dé la oportunidad, y Steve Wynn siempre se merece una y mil oportunidades, el disco terminará revelándose como un lingote de oro de algunos quilates menos de lo acostumbrado en la gloriosa discografía de The Dream Syndicate.

Se recomienda visitar la reseña sobre este mismo trabajo publicada por Juanjo Mestre para el Exile SH Magazine pinchando AQUÍ.

lunes, 27 de mayo de 2019

Los lunes... escenas de cine - "El crepúsculo de los dioses"


La casualidad ha querido que ayer domingo me tropezase con "El crepúsculo de los dioses", aunque si me lo permiten yo prefiero el título original, "Sunset Boulevard".
Hacía años que no la veía, y me gustó volver a disfrutar de su atmósfera barroca, de sus personajes excesivos y petulantes, de su historia cruel y desalmada, de las gotas de superficialidad, de la brutal encarnación del fracasado ante el último tren que nos ofrece un genial William Holden, del olor a naftalina de las viejas estrellas estancadas en los años buenos y lozanos, del ridículo que siempre supone negar el paso del tiempo o esconderse en prendas y objetos que ya no nos definen, y volver a sorprenderme ante la audacia, a la vez de osadía, de Billy Wilder a la hora de atacar con frenética ironía a la industria que le daba de comer.
Sigue encogiendo el corazón esa historia de juventud perdida, de gloria pasada y siempre añorada, de utilización y olvido, de ascenso y caída, de sueños de redención y ruptura con el fracaso, de egoísmo y crueldad.
Un vistazo al cine mudo, a las viejas estrellas que lo fueron y no son conscientes de que el olvido abarquilla su memoria, pero también de amor y lealtad, encarnada en el papel de Von Stroheim.
Una obra maestra que hoy tenía que traer aquí.
¡Feliz semana!


domingo, 26 de mayo de 2019

Los domingos photosong - Small Faces - "You'd better believe it"


Hay vinilos a los que les tienes un cariño especial, y no únicamente por la música que contienen, por el recuerdo del día que lo compraste, o dónde lo encontraste o con quién estabas o que ocurrió mientras giraba aquél día...
Este vinilo de los Small Faces es uno de ellos. "Golden hits" lo compré una mañana de sábado, una mañana de mucho sol. Cargué con él toda la mañana, tuvo su silla durante la comida en un restaurante del casco viejo y tras un día de esos en los que parece que la felicidad es una utopía realizable, aunque solo sea por unas horas, terminó quedando olvidado en el sofá, en la casa de una amiga mía que no tenía tocadiscos... Así que gracias a él volví a aquella casa, para recuperarlo y degustar unas horas más de germen de felicidad, finalmente un domingo por la noche, lo pude escuchar en mi casa, por fín sonaba "You'd better believe it"...
¡Feliz domingo!



sábado, 25 de mayo de 2019

John Lennon 1970-1980 - Revisitación de una obra (Parte 2).


En 1973 John Lennon se había alejado de sus posiciones de activismo sociopolítico. Ello no impidió que el Gobierno USA abriese contra él un expediente de deportación, ni que se viese perseguido y vigilado por el FBI. Su condena en UK sobre tenencia de cannabis tampoco ayudaba a mejorar su situación.
Este estado de cosas provocó en John un estado de estrés emocional, también afectó de una manera determinante a su relación con Yoko.
Aunque acumulaba más de un año sin componer canciones, solo necesitó una semana para escribir los temas que finalmente serían grabados en los estudios Record Plant de New York y agrupados bajo el título de "Mind games".
Durante la grabación del disco la situación de distanciamiento entre el matrimonio se intensificó, dando lugar a una separación indefinida bautizada por el propio John como 'The lost weekend'.
"Mind games" lo produce John en solitario, sin la colaboración de Phil Spector y con la intención de hacer olvidar "Sometimes in New York city", con una banda totalmente renovada: The Plastic U.F. Ono Band.


El disco se vende mejor que "Sometimes in New York City", pero la crítica no le da el aprobado, y nuevamente las reseñas son negativas. Pero si este particular fue comprensible en el precedente trabajo, no lo era en absoluto en el caso de "Mind games", el tiempo ha demostrado que se trata de un estupendo disco, sin alcanzar las cotas de grandeza de los dos primeros catálogos, pero con grandiosas canciones como la homónima o el rock and roll "Tight A$", esas preciosidades dónde duda sobre la separación de Yoko tituladas "One day (at a time)" y "Aisumasen (I'm sorry)" o la volátil "Intuition".
En pleno Fin de semana perdido, viviendo con su 'novia' May Pang, y rodeado de amistades poco recomendables: Keith Moon, Elton John, Harry Nilsson... John decide, en medio de un total caos personal, facturar un disco acústico, sin la colaboración de Yoko.
Durante esos meses colabora en discos de David Bowie o Ringo Starr; pero es Elton John el que le convence de que meta más instrumentos en el disco y se olvide del proyecto acústico inicial, así nace "Walls and bridges", que fue publicado en octubre de 1974.


Aunque el disco alcanzó el nº 1 en USA y la respuesta de la crítica fue satisfactoria, el álbum no consigue el estratosférico nivel de "Plastic Ono Band" e "Imagine".
Destacan, entre otras, la soberbia "#9 dream" y especialmente "Whatever gets you thru the night", primer nº 1 en las listas que conseguía John en años. Ambas son ejemplos de dos excelentes temas dentro de un excelente disco que se ve ensombrecido por dos obras maestras como son los dos primeros trabajos en solitario del Ex Beatle.
Valga como anécdota el hecho de que vuelva John a tocar en directo en noviembre de 1974 en el Madison con motivo de un concierto de Elton John. John pierde una apuesta cruzada con Elton, quien estaba seguro de que "Whatever gets you thru the night" alcanzaría el primer puesto de las listas de éxitos, de ser así, John se subiría al escenario para interpretar éste tema junto a Elton John (que también toco el piano en la grabación) y así fue.


El último disco dentro del periodo del 'Lost weekend" fue "Rock'n Roll" (1975). Más parecido a una pesadilla que a otra cosa, fue una obligación derivada de un proceso judicial con Morris Levy. La cosa se complicó durante las sesiones de grabación, antes de la publicación de "Walls and Bridges", con la extraña y peligrosa actuación de Phil Spector, que según parece llegó a disparar su arma dentro del estudio; y que terminó dando la espantada y llevando consigo las cintas. El caso es que finalmente nació "Rock'n Roll", un disco de versiones de clásicos de la época de los pioneros, que no obtuvo buenas críticas, aunque sí un buen resultado comercial, en parte debido al éxito de "Stand by me", cover del famoso tema de Ben E. King.
Finaliza el Lost weekend con este más que correcto disco de versiones. Seguiremos en la siguiente entrega con la vuelta al mundillo de John, su muerte y su resurrección discográfica.


viernes, 24 de mayo de 2019

Cinco canciones para celebrar el cumpleaños de Bob Dylan-


No he escrito demasiado sobre Bob Dylan en los años que llevo atendiendo a esta humilde publicación. La verdad es que siempre me ha parecido que Mr. Zimmerman tiene cronistas de sus andanzas mucho más versados que un servidor, y no he querido medir mis exiguas fuerzas a este respecto con ellos.
Alguno de estos eruditos en lo que al nobel más polémico de la historia se refiere, me son desde el punto de vista personal muy cercanos y queridos, y siempre he preferido escucharles, que hablar y no aportar.
Pero hoy es el cumpleaños del maestro, cumple 78, que no está nada mal dadas las circunstancias, y muchos más que espero que le caigan encima, y deseo felicitarle eligiendo cinco canciones de su vasta discografía que a mi siempre me han gustado de manera especial.
No quiero decir que sean sus mejores canciones, ni que marquen etapas, cambios, señalen tendencias ni nada demasiado sesudo, son simplemente canciones con las que siempre me he emocionado por diferentes motivos, y que hoy, cientos de escuchas después, siguen siendo especiales para mi.
Así que felicitamos a Bob Dylan con estas cinco canciones elegidas por un servidor.
¡Zorionak!!!

1. "It's all over now baby blue" - "Bringing it all back home" (1965).




2. "Sara" - "Desire" (1976).




3. "Lay, lady lay" - "Nashville skyline" (1969).




4. "This dream of you" - "Together through life" (2009).




5. "Stuck inside of mobile with the Memphis blues again" - "Blonde on blonde" (1966).


jueves, 23 de mayo de 2019

2x1 - The Beatles/The Chameleons - "Tomorrow never knows"

 

Aprovechando que hoy tenía pensado bajar a Power Records a comprar entradas para el concierto del próximo día 9 de junio en Bilbao donde The Chameleons interpretará íntegro "Strange times" (1986), se me ha ocurrido un 2x1 que tiene mucho que ver con el mentado evento.
En la versión en CD publicada en 1993 se incluían unos bonus de los que carecía el vinilo. Uno de ellos era una versión del tema "Tomorrow never knows", incluido como todo el mundo sabe en el portentoso disco "Revolver" de The Beatles, publicado en 1966.
Me consta que en vivo están interpretando esta versión, por lo cual, la ocasión la pintan calva, y hoy me ponen botando un 2x1 con las dos bandas británicas como protagonistas.
Escuchamos este extraño tema en la toma original de los Fab Four y en su alternativa ochentera a cargo de The Chameleons.






martes, 21 de mayo de 2019

Glenn Cardier - "Wild at heart" (2019)



 Equilibrio y diversidad son cualidades que hacen de la escucha del disco un ejercicio de disfrute y entretenimiento...

El clásico songwriter australiano Glenn Cardier no suele ser, como ocurre con otros músicos de su misma cuerda, protagonista de reseñas, halagos ni portadas. Eso no quiere decir que su obra deba ser tomada como 'menor', no es así, y su último disco, "Wild at heart" lo demuestra sobradamente.
Desde los años setenta lleva Cardier en el mundillo, siempre agazapado en la segunda división, esa que desde antaño sirve de refugio a tantos talentos del mal llamado perfil bajo, pero que atesoran carreras brillantes que parecen exclusivas para los elegidos... seamos hoy esos elegidos.
Tres años después del estupendo "Cool under fire", vuelve Cardier con un nuevo trabajo de esos que solemos decir que son los que nos gustaría que siguiese grabando el boss.
Es imposible no evocar a Springsteen cuando se escuchan las magníficas canciones que moran en los surcos de "Wild at heart", pero también se muestra, diáfano y presente el recuerdo a la lítica de Tom Petty, Elliott Murphy o Willy deVille.
Equilibrio y diversidad son cualidades que hacen de la escucha del disco un ejercicio de disfrute y entretenimiento. Son poco más de treinta y cinco minutos que vuelan al son de rocks callejeros con guitarras, saxos y pianos que parecen importadas del corazón de New Jersey como "Restless one" o "Ain't love the sweetest thing"; o bien al ritmo de tonadas canallas y cabareteras como "Love come calling" o "Party time".
Tal vez sean las baladas las que conquistan de manera especial mi corazón: "Wild at heart" o "I'll make it up to you".



Enganchan por vientos y méritos melódicos: "Take me home", "Just dropped in" o la estupenda "Roxy baby".
No olvidamos la rockera y jadeante "Bring it on" ni la curiosa y simpática "Are you Beatles, are you Stones?".
Seguirá sin amontonar reseñas, halagos ni portadas, pero pocos discos he escuchado este año con el gusto que estoy escuchando este, sonidos que me son familiares, melodías que se dejan querer y uniformidad en un disco que tiene de bonito hasta la estupenda portada.

Se recomienda visitar la reseña sobre este mismo trabajo publicada por Juanjo Mestre para el Exile SH Magazine pinchando AQUÍ.

lunes, 20 de mayo de 2019

Los lunes... escenas de cine - "Cayo Largo"


Va tocando algo de cine clásico Hollywoodiense en la sección de los lunes, algo por ejemplo de John Huston. El díscolo maestro rodó una película en 1948 que era imposible que no saliese como salió: magnífica, titánica, soberbia.
Me refiero por supuesto a "Cayo Largo", ¿y por qué digo que es imposible que "Cayo Largo" no resultase un film grandioso?. Sencillamente por el grupo humano que se juntó para hacerla posible: además del maestro tras la cámara, el guión también es obra de Huston, acompañado nada menos que de Richard Brooks; música de Max Steiner, fotografía de Karl Freund y un elenco que contaba con Humphrey Bogart, Lauren Bacall, Edward G. Robinson, Lionel Barrymore y Claire Trevor en los papeles principales, todos magníficos, pero entre todos, Edward G. se sale de la pantalla, el momento del huracán es una pequeña obra maestra de la actuación por parte de uno de los más gigantescos actores de la historia.
Claustrofóbica cinta llena de tensión del más ardiente noir que se recuerda, donde un gangster retiene a un grupo de personas en un hotel de Florida ante la llegada de una tormenta. ¡¡¡Gloriosa!!!
¡Feliz semana!



domingo, 19 de mayo de 2019

Los domingos photosong - Graham Nash - "Graham Nash You'll Never Be The Same"


Fin de semana lluvioso en Bilbao, mañana gris y domingo anodino. La mejor solución se me antoja coger un disco, pincharlo y canturrear mientras afuera llueve.
Mientras miro los vinilos en la estantería pienso en lo que más pudiera encajar en una mañana como ésta. De repente aparece "Wild tales", el maravilloso disco que grabó Graham Nash en 1974. No me lo pienso dos veces, lo pincho y cuando suena "You'll never be the same" ya no me acuerdo de la lluvia ni de la tristeza asociada a días como el de hoy.
Sin darme cuenta ya tenía canción y foto para este domingo gris.
¡Feliz domingo!



sábado, 18 de mayo de 2019

John Lennon 1970-1980 - Revisitación de una obra (Parte 1).


Existen diversas y a veces incomprensibles razones para escribir según qué cosas. Es la tendencia que algunos tienen (o tenemos) de utilizar la escritura para exorcizar duendes malos, exaltar hadas buenas, alimentar egos varios, patalear ante situaciones determinadas o simplemente aprovechar el momento para entrar en ciertos jardines de los que no siempre resulta sencillo salir.
Espero que esta última no sea la opción que de forma totalmente inocente y sin ningún tipo de alevosía, estoy acometiendo con la escritura de este post.
El caso es que desde hace algún tiempo que tengo ganas de entrar a matar con respecto a la discografía de John Lennon tras su paso por The Beatles.
No soy original, me consta: se ha escrito sobre los melenudos de Liverpool más que sobre ningún otro episodio cultural del siglo XX, no me cabe ninguna duda. Pero aquí estamos, dando un poco de aire a la burbuja informativa y documental sobre los Fab Four, por si no estuviese ya demasiado (y es posible que innecesariamente) hinchada.
Pero lo cierto es que siempre me he preguntado cuál ha sido el tránsito que ha hecho que la figura de John Lennon haya pasado de ser considerada poco menos de una santidad en cuestiones musicales y de pensamiento, a ser tenida por muchos como la estampa de un macarra paranoico, descerebrado y violento que vengo leyendo últimamente en varias ocasiones en diversas publicaciones y comentarios sueltos, llegando incluso en las más pueriles, a poner en duda su talento.
Seguramente ni una cosa ni la otra; aunque confieso que yo al John de la paz y el amor me lo creo. Cierto que dentro de los límites marcados por una creciente egolatría y con un contenido nada desdeñable de exhibicionismo. Pero creo en un John que con su música y su discurso, acuartelado en el pelotón de los que buscan la utopía, apostaba por la paz y el amor como último reducto al que asirse una especie humana en vías de descomposición (¿recuerdan el cuadro que escondía en el desván un tal Dorian Gray?).


Siempre se dice que ningún Beatle consigue facturar discos dignos de competir con los que grabaron los Fab Four; y es cierto, pero salvo alguna excepción en los primeros años setenta. Cuando Paul publica por sorpresa "McCartney" (1970), dando por finiquitada de forma no oficial la historia de The Beatles antes de lo que ellos habían acordado, con el consiguiente mosqueo por parte de los otros tres; se abrió la veda para que el resto de los componentes del grupo pusieran en circulación sus respectivos discos, pues también John y George tenían trabajos en el horno prestos a disparar, cual bolas de cañón, sobre el mundo, y sobre sus ex-compañeros, para iniciar así una carrera tan obtusa como inservible que aún hoy continúa.
De la resulta de aquellos discos post-Beatles, querían demostrar quién era el auténtico genio creador del grupo -aunque esto puede ser que sea cosa de la prensa y del público más que de ellos mismos- y saldar cuentas con la historia y subirse al podio redentor de la posteridad.
No es la intención de este post entrar en combate con George, y mucho menos con la otra mitad del contenido entre paréntesis más famoso de la historia, osea, Paul. Ya sé que es terreno que puede volverse resbaladizo, e incluso mutar a arenas movedizas, y yo prefiero el suelo firme.
Pero si quiero, no reivindicar sino argumentar, que la carrera en solitario de John es, dentro de las irregularidades que acompañaron a la propia existencia del artista durante aquellos setenta, de una brillantez única, traducida en una cantidad de canciones sublimes como pocos artistas son capaces de presentar, y menos aún en tan poco tiempo y con tan escasos discos publicados.


Bien es cierto que no voy a entrar a comentar (si hay algo que comentar) nada a propósito de "Two Virgins" (1968). Aunque sí sobre el tema "Give peace a chance" compuesto en el Hotel Queen Elizabeth de Montreal, durante una de aquellas descabelladas encamadas por la paz junto a Yoko, que tanto ridiculizaron los medios. Pero de una manera u otra, aquél fue el inicio del activismo político de John, y éste episodio es de incuestionable importancia en su obra lírica posterior.
Y ésta empieza en 1970 con el single de éxito "Instant karma" que precede al lanzamiento de "John Lennon/Plastic Ono Band", una obra maestra donde John compone y graba por deflagración, enfrentándose a espíritus y fantasmas con una cierta actitud beligerante. En este disco se dibuja la silueta social, política y filosófica del John más reconocible históricamente: a medio camino entre un guerrillero de la paz y las flores y un apóstol saturado de psicotrópicos que parece exhibir su cordura siempre caminando por la cuerda del funambulista. Su madre, Dios, el amor, la figura del maltratado ciudadano de a pie como la encarnación de un héroe, Yoko, la liberación de la mujer, e incluso alguna puya al amigo Paul son ingredientes que cocina John junto a Ringo, Voormann, Preston y Spector.
John está motivado y receloso del mundo y poco a poco también de sí mismo. 1971 llega con singles donde su activismo se reafirma y endurece como "Power to the people" o "Happy Xmas (war is over)" creada como tema antimilitar, y que se ha convertido en uno de los más populares villancicos del mundo, nuevamente bajo la producción de Phil Spector.


"Imagine" es una denostada canción, vapuleada por el mundo de la publicidad y por la hipocresía adherida al mercantilismo, también se ha exhibido como himno de la nostalgia industrial más dañina. Pero cuando el tema nació, desnudo, como Dios (John) lo trajo al mundo, inocente y pura, era lo que siempre será en su modo embrionario: una obra maestra.
El tema da título a su segundo disco, que nuevamente alberga una cantidad de canciones difícilmente cuestionables. Con el famoso baño de chocolate para el consumo público al que fue sometido bajo, nuevamente, producción de Spector y con participación de George Harrison, se convierte en el mayor logro comercial de John. Siguen los temas expuestos en "Plastic Ono Band", y siguen las puyas a Paul, contestando (o viceversa) a las que propina Paul a John desde sus trabajos.


John y Yoko se mudan a New York, allí se aviva su activismo político y también los problemas personales de la pareja y de John. De ello se resiente su tercer disco, producido por John junto a Spector, "Some time in New York City" muestra los primeros (y más acuciantes) síntomas de irregularidad. Un disco un tanto disparatado e incoherente, además Yoko empieza a tomar parte activa en los discos de John, cosa que para nada favorece el resultado final de los mismos. Un single como "Woman is the nigger of the world" y soflamas políticas como "New York City" con mención a Jerry Rubin o "Sunday bloody sunday" sobre el domingo sangriento en Irlanda son alguno de los momentos que marcan este disco, unánimemente rechazado por la crítica.
La segunda parte de este monográfico comenzará en 1973, habrá cambios ya plausibles en John y principios de cambios importantes. Si no han acabado hasta el gorro de esta primera parte, les espero entonces.





viernes, 17 de mayo de 2019

Cuando había música en TV - The Psychedelic Furs - La Edad de Oro


The Psychedelic Furs fue una de aquellas bandas que pasaron por los ochenta atravesandolos de punta a punta como un rayo láser. Sus inicios en la segunda mitad de los setenta fueron cercanos al punk, aunque poco a poco fueron despegándose de esa etiqueta para buscar un espacio sónico propio. Así encontraron un lugar que les adscribe a un pop elegante con retazos punk, pero que busca una mayor carnosidad sónica, con guitarras envolventes y melodías pop.
Fue entre los años 1982 y 1985 cuando alcanzaron el mayor reconocimiento a nivel comercial, gracias a sus discos "Forever now" (1982) y "Mirror noves" (1984).
Fue en aquél momento cuando el grupo ofreció un concierto en el programa de Paloma Chamorro, La edad de oro.
La grabación tuvo lugar en los estudios Roma en Madrid el 26 de junio de 1984, aunque el concierto no fue emitido hasta unos meses después, más exactamente el día de año nuevo de 1985.
Precisamente el recital tuvo como base estos dos discos, doce de las dieciséis canciones fueron extraídas de sus dos elepés más célebres.
Nos quedamos con aquél magno acontecimiento, un documento más de cuando había música en TV.

Enlace donde poder ver en buena calidad el concierto gracias a Kigonjiro.
http://www.youtube.com/view_play_list...

miércoles, 15 de mayo de 2019

Daniel Insa - "Stuck on a distant dream" (2019)



 ...bajo un manto acústico rebozado de un tenue acompañamiento sonoro, donde las melodías vuelven a ser protagonistas...

Daniel Insa es principalmente un creador de canciones. No conozco demasiado a Daniel, aunque hemos coincidido en algún evento, nunca hemos parlamentado, no hemos coincidido en el mismo grupo tal vez.
Es por ésto que quizá la impresión que sobre su persona tengo pueda resultar inconveniente y precipitada, pero me da la sensación de que es un creador que compone, escribe, canta, graba y publica sacudido por las bravatas de las tempestades internas y solazado por los encantos de los solsticios de la primavera con que a veces la vida nos premia.
Siento que sus sentimientos, vivencias, penas y alegrías son exaltadas o exorcizadas, según la naturaleza de las mismas, por medio de canciones, de poesía y de pop, de ahí que sus canciones suenen a realidad y honestidad, además de a pop, por regla general cristalino y soleado.
Acaba de poner en circulación una nueva colección de canciones, cosa que se repite con bastante asiduidad, y en principio la sensación apuntada se repite, sigo a lo mejor precipitandome y siendo un tanto impertinente, pero es lo que recibo de la escucha de las canciones agrupadas en torno al título "Stuck on a distant dream".
Algunas dolorosas circunstancias en la vida de Daniel marcan de manera indefectible el trabajo, producido en esta ocasión por el mismo autor, que bajo un manto acústico rebozado de un tenue acompañamiento sonoro, donde las melodías vuelven a ser protagonistas y la voz, que entona encendidos textos, se impone clara y plácida, nos sitúa en la órbita de un pop luminoso que mira a clásicos del género como The Kinks o The Beatles por citar nombres paradigmáticos.
Sentimientos a flor de piel desde el principio con "Lovers in the dark", nostalgia y cierto efecto fronterizo y crepúscular con una de mis favoritas como es "Trains are coming back to you". Imposible no recordar a The Byrds escuchando la fugaz "Come back to the moon" o a Tom Petty cuando acometemos "Pretty wasted doll", por no decir nada del guiño a los de Muswell Hill, evidente en el título "Pop music preservation society". Por no olvidar la sencilla y armónica "Party in heaven".
Continua Daniel Insa regalando canciones, nacidas a rebufo de la vida y sus altibajos, de la capacidad para expresarse por medio de acordes y palabras que bailan con ellos y la honestidad de un creador puro y fino. Insa compone canciones necesarias, para todos, y seguramente también para él.