viernes, 30 de noviembre de 2018

Cuando había música en TV - The Sound - La edad de oro.


En 1984, la banda británica The Sound visitó España e hizo una parada por "La edad de oro". En los estudios de Prado del Rey se grabaría la entrevista que Adrian Borland y los suyos concedieron a Paloma Chamorro y después un concierto de prácticamente una hora de duración donde la magnífica e injustamente infravalorada banda de post-punk deleitaría al personal con catorce temas extraídos de sus primeros discos y EPs, además de algún adelanto del disco que publicarían en 1985, el estupendo "Heads and hearts".
Empezaremos con la entrevista, solo la he encontrado en inglés, sin subtítulos, así que queda para los que dominen el inglés, lo siento en el alma.



En cuanto al concierto, diremos que ofrecieron tres temas del EP de reciente publicación en aquél 1984, "Shock of daylight",a saber: "Golden soldiers" (1), "Dreams then plans" (3) y "Counting the days" (5); del larga duración de 1985 "All fall down" tocaron "Monument" (10); del magnífico "From the lions mouth" de 1981 interpretaron: "Winning" (6), "Fire" (9), "Sense purpose" (12) y "Silent air" (14); y de su debut de 1980, "Jeopardy" sonó "Heartland" (13). Además adelantaron algunos temas del disco que tenían preparado para 1985, "Heads and hearts": "One thousand reasons" (2), "Wildest dreams" (4), "Total recall" (7), "Under you" (8) y "Burning part of me" (11).



Igual son cosas mías, pero me da la sensación de que The Sound es una banda semi-olvidada. No resulta fácil encontrarse reseñas sobre el legado e historia del grupo en la prensa especializada, ni tampoco suelen recordarse sus discos. Incluso en su época fueron bastante minusvalorados, dando más relieve a muchas bandas que no alcanzaban el extraordinario nivel que si conseguían los del inolvidable Adrian Borland. Sirva esta post de homenaje a Borland y a The Sound.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

El último salto de John Lennon a un escenario - John Lennon & Elton John, New York, 28/11/1974


Cuando John Lennon abandonó su casa, se instaló en California y decidió rodar por la pendiente del hedonismo y la decadencia en lo que fue bautizado como el 'lost weekend' no estuvo solo. Entre sus compañeros de andanzas se encontraba Elton John. El pianista, cantante y compositor británico se encontraba en la cima de su carrera y también de su escalada de excesos, John fue compañero de Elton en muchas aventuras durante aquellos 18 meses.
Aquél famoso 'fin de semana perdido' culminó para Lennon con la publicación del recopilatorio "Walls and bridges" en octubre de 1974.
En el disco cabía la posibilidad de incluir algún tema inédito. John barajaba la posibilidad de incluir una canción titulada "Whatever gets you thru the night", aunque no tenía demasiada fe en ella.
Elton John la escuchó y le pareció magnífica, convenció a Lennon para que la grabara, y lo hizo lanzándole un reto, o más bien una apuesta: si el tema llegaba al nº 1, cosa de la que Elton estaba convencido, John aceptaría tocarla con él en un concierto de Elton como invitado, el ex-beatle aceptó.
"Whatever gets you thru the night" se convirtió en nº 1 en Billboard el 16 de noviembre de 1974, a Lennon le tocaba cumplir con su promesa.
Fue el 28 de noviembre de aquél mismo año, día de acción de gracias, en un concierto que Elton John celebraba en el Madison Square Garden neoyorquino, John saltó al escenario para interpretar junto a su amigo este tema y otros dos, a saber: "Lucy in the sky with diamonds" y "I saw her standing there".
Después del concierto, John volvió con Yoko, tuvo otro hijo, Sean, y optó por alejarse de la vida loca y poblada de excesos de los últimos tiempos.
Decidió entregarse al cuidado de su hijo, dedicarse a él a tiempo completo, intentando resarcirse como padre tras el catastrófico comportamiento que mantuvo con su primer hijo Julian.
Durante cinco años John no dio señales de vida, ni musical ni públicamente. Cuando volvió en 1980 con el disco "Double fantasy", volvió a recoger las mieles del éxito, aunque apenas pudo degustarlas, pues como todo el mundo sabe el 8 de diciembre de aquél nefasto 1980, el genio británico fue asesinado a la puerta de su casa.
Quién podría imaginar aquél 28 de noviembre de 1974, -hace hoy 44 años- que aquellas tres canciones junto a Elton John serían las últimas que John cantara en directo, que aquella fue su última aparición pública sobre un escenario.
Recordamos aquél momento que tuvo lugar hace hoy cuarenta y cuatro años.



martes, 27 de noviembre de 2018

Pájaro - "Gran poder" (2018)


Hace muchos meses que vengo retrasando la reseña que ahora, porqué siento que tiene que ser ahora o nunca, me dispongo a escribir. Hace mucho tiempo que el tercer disco de Andrés Herrera, conocido como Pájaro desde que decidió volar sólo y buscar su sol particular en el saturado cielo de la música contemporánea, entra y sale del equipo en secuencias de varios días de adicción auditiva para pasar a un momentáneo olvido que nunca llega a calar en mi subconsciente, por lo cual siempre vuelve a inyectar su pócima adictiva en el consciente de un servidor.
"Gran poder" el el título de este disco, con el que ¿se cierra una de esas dichosas trilogías tan de moda, y que servidor nunca sabe si son en realidad trilogías?.
El caso es que el disco es un mosaico de raciales ínfulas sónicas, combinadas con la natural genialidad de quien no es consciente (o no quiere serlo) de que le acompaña un talento inequívoco, pero que si tal vez empieza a abusar de la contemplación frente al espejo de Narciso, tal vez éste se difumina y disuelva en la temida pretensión.
Pero evidentemente nada de esto ocurre en "Gran poder", un trabajo que despliega sabores y aromas apegados al suelo de tierra, ese firme que dibuja caminos y alimenta raíces, creando historia y tradición.
Sonidos fronterizos que emulan el spaghetti western, rock de raíz y pradera, de camino y burdel, de sol de la mañana y noche poblada de fantasmas, rock que sabe a verdad y sentimiento, a opinión y quimera. Hay golpeteos country, blues, rockabilly e incluso una suerte de tango sobrevuela algún momento del trabajo.
Desde la frontera y la soledad de la sierra nos saluda el instrumental "Corre, chacal corre" para dar inicio a la pira de sabores y olores ya comentada. El demoledor texto de "Los callados", un necesario recuerdo en clave de rock sureño y crepuscular a los que ya no están, a los que se perdieron en cunetas dando lo mejor de ellos mismos por la libertad.



Un rock que recuerda en parte a los viejos Gabinete que se titula "Rayo mortal" da paso a la eufórica "A galopar", excepcional revisión del tema de Paco Ibáñez con letra de Rafael Alberti.
"Lágrimas de plata" es uno de mis momentos favoritos, un homenaje a los que dejaron este mundo a horcajadas del caballo de la heroína. Rockabilly de cantina y cierta espiral sórdida en "El tabernario", al que suscribe le recuerda a los ubetenses Guadalupe Plata, y blues eléctrico en "Yo fui Johnny Thunders".
Un tenue eco porteño se empaña en el "Tangos del mentidor" con cierta deriva vagabunda, y finiquita el álbum una sorprendente y reubicada lectura de "Let's go away for a while" de los Beach Boys, rebautizada como "Migrar".
Celebro saldar una deuda que evitaba reparar en ella desde hacía demasiado tiempo. Un disco que merece una reseña elogiosa, pues se trata de un estado de ánimo musicalizado, una coordenada espacio-musical de excepción que por fin he puesto en negro sobre blanco, rindiéndome eso sí, a la grandeza humilde y serena que atesora.

lunes, 26 de noviembre de 2018

Los lunes... escenas de cine - "Cuentos de Tokio"


Una pareja de ancianos viaja desde el Japón rural a la gran ciudad de Tokio para visitar a sus hijos. Una vez allí comprueban que éstos no tienen tiempo para ocuparse de ellos, por lo cual les mandan a pasar unos días a un balneario.
A la vuelta, el matrimonio pasa una noche con una nuera, viuda de uno de sus hijos. En casa de ésta descubren el cariño y afecto que no hallaron en sus hijos, este episodio afecta de manera positiva a la madre.
"Cuentos de Tokio" es una de las obras maestras que filmó el inconmensurable Yasujiro Ozu, en esta ocasión nos cuenta (el guión fue escrito por el maestro junto a Kogo Nora) una historia sencilla pero que no entiende de fronteras ni de culturas. Su posicionamiento es neutral, como mero observador sin entrar en valoraciones morales y sin hacer juicios de ningún tipo.
Aunque la película no tuvo una especial aceptación en el año de su estreno, la llegada a Europa de la misma vino bendecida con innumerables premios y buenas críticas, esto la hizo ganar enteros en su país y según han ido transcurriendo las décadas se ha ido engrandeciendo, siendo mayor su importancia según avanza la vida y el mundo. Una historia eterna y una cinta absolutamente imprescindible.
¡Feliz semana!

domingo, 25 de noviembre de 2018

Los domingos photosong - "The Velvet Underground & Nico - "Femme fatale"


A pesar del amor que profeso por el platanazo, a pesar de considerar la ópera prima de la Velvet Underground como la obra musical más excitante e influyente del último siglo, a pesar de que debería ser su escucha y análisis materia docente en las escuelas e institutos de todo el planeta... a pesar de todo eso, un servidor vivía en pecado al no tener el platanazo en vinilo.
Ayer, aprovechando el jodido viernes negro, me lo traje a casa, donde debería estar desde hace años. Es por eso que no hay ninguna duda sobre quién debería ser el protagonista de la foto dominical, por supuesto el platanazo de la VU, el elepé que cambió la orografía de la música contemporánea y trazó una nueva ruta en el devenir del rock y demás géneros anexos durante el resto de la historia.
Por supuesto lleva toda la mañana sonando y provocando que los fieles sigamos la liturgia que imponen sus ceremoniales himnos inmortales.
Nos quedamos, por ejemplo, con "Femme fatale", en una excelente toma en vivo.
¡Feliz domingo!



sábado, 24 de noviembre de 2018

091 - "Tormentas imaginarias" (1993) - Mis discos de los noventa.


Ya tocaba un disco en castellano en esta sección de mis discos de los noventa. Seguimos además seleccionando elepés que en su día no alcanzaron la repercusión que merecían. Alguno dirá que 091 es un grupo importante y conocido, digamos que lo primero es incuestionable, lo segundo es más o menos cierto desde hace un par de años y gracias al extraordinario e imprevisible éxito que cosechó aquella "maniobra de resurrección" que muchos vivimos con pasión y profusión.
Pero lo cierto es que "Tormentas imaginarias", que es el disco del que vamos a hablar hoy, no consiguió en 1993 el éxito que lo que albergaba en su interior hubiese hecho normal y lógico.
Tampoco debe extrañar a nadie, pues ningún disco de los Cero consiguió un éxito de ventas y popularidad importante, a pesar de las buenas críticas que siempre recogieron por parte de la prensa especializada y de tener en cada actuación un grupo de fanáticos incondicionales de cierta enjundia coreando sus baladas e himnos. Porque 091 hacía baladas sentidas y líricas, pero sobre todo los de Lapido nos dejaron himnos, que nadie se haga líos, de esos que se pueden corear a voz en grito gracias a inflamables estribillos, que hacen cabecear al respetable al son de los riffs fibrosos característicos de su sonido y que encienden pasiones con sus afilados y curvilíneos textos.
Y creo que en ningún otro disco de los granadinos nos encontramos ésto, baladas e himnos, en cantidad y calidad tan profusa como aquí.
Cuando un disco empieza con tres trallazos como "La calle del viento", "Zapatos de piel de caimán" y "Huellas" está poniendo la cosa muy difícil al resto del tracklist; pues estamos hablando de tres coplas absolutamente pletóricas, explosivas y dotadas de una melodía pegadiza y unos estribillos demoledores, lo dicho, himnos.



Pero nos encontramos ante lo mejores Cero, los más inspirados y empecinados en la fe que sustentaban ante su fórmula musical y todo en el disco rueda de manera fluida y vertiginosa. La voz de 'Pitos' está como siempre afinada y se muestra poderosa y brillante, las guitarras, la base rítmica... todo está bendecido y aupado por alguno de los mejores temas que escribió José Ignacio Lapido durante su etapa con 091.
Hay hueco para temas más calmos como "Todo comienza a girar", "El fantasma de la soledad", la maravillosa "Un cielo color vino" y por supuesto la mágica "Tormentas imaginarias".
Pero lo que prevalecen son los temas con carácter de directo, con vocación de mostrarse ante las multitudes enfervorecidas: "Sin raíces""Otros como yo", "Para impresionarte", "Mi sombra y yo" e incluso no faltan temas rockeros que se acomodan en la lija sónica que mira al punk como una favorita personal, "Cayendo" o la histérica "Es solo una señal". Termina el disco con las armonias de "Es hora de enloquecer".
Tal vez el disco más completo y redondo de la banda, donde alcanzan el equilibrio total y nos dejan un buen número de temas míticos, de esos con los que los fans podemos desgañitarnos en los conciertos, o incluso en nuestras casas ante el equipo.
Y en glorioso castellano, otro de mis discos de los noventa.

viernes, 23 de noviembre de 2018

Argentina, la revolución musical de los sesenta: Astor Piazzola, 'El polaco' Goyeneche y el tango de vanguardia.

Astor Piazzolla

En Argentina los años sesenta arrastraron un torrente de renovación musical a lo largo y ancho del país. De esta renovación no se libró ningún palo de la vasta tradición musical del país de Gardel, el folklore quedó retratado con nuevas coordenadas dentro del llamado nuevo cancionero folklórico.
La  enorme importancia de esta revolución musical se traduce en el manifiesto que en febrero de 1963 dieron a conocer para la fundación del movimiento artistas tan incontestables como: Tito Francia, Armando Tejada Gómez, Manuel Oscar Matus, Juan Carlos Sedero o Mercedes Sosa.

Mercedes Sosa

También el rock se vio inmerso en una renovación a pesar de su aún corta edad, nació en aquella época el llamado rock nacional que abanderaba una forma natural y particular de acometer las soflamas musicales llegadas del norte del continente. Maestros como Litto Nebbia, Ciro Fogliatta, Charly García, Roque Narvaja, Luis Alberto Spinetta o Miguel Abuelo inundaron la Argentina de un rock de raíz puramente porteña e independiente a cualquier otra concepción que de la música del diablo se hiciese en ningún otro lugar del planeta.

Litto Nebbia

En cierto modo, las dos corrientes anteriores propiciaron una pérdida de protagonismo y de peso popular del tango. Aunque algunos renovadores como Mariano Mores u Horacio Salgán ya empezaron a experimentar con nuevas fórmulas en la década de los cincuenta, fue la irrupción del Marplatense Astor Piazzolla lo que supuso el punto de inflexión que dio como resultado el nacimiento del tango de vanguardia.
Genio indiscutible, combinó en una misma paleta musical sus diversas influencias, que contemplaban la música clásica, era un gran amante del arte de Bela Bartok o Igor Stravinski, y que se enriquecían con su experiencia como arreglista en la gran orquesta de Anibal Troilo, contempló además estilos como el bolero o la cumbia. Así mismo, Piazzolla era un gran conocedor del tango, tanto de la guardia vieja como de la guardia nueva, destacó como bandoneonista y pronto empezó a desarrollar composiciones propias que irían renovando el género hasta crear una forma de entender el tango absolutamente revolucionaria. Introdujo armonías disonantes y bases rítmicas nerviosas y claramente diferenciadoras con la visto hasta su llegada. Todo esto fue aceptado por un público que pronto se embarcó en la vieja nave del tango, que gracias a diversos artistas que subieron a su estela volvió a ocupar el lugar que siempre le correspondió y siempre le corresponderá.
Por supuesto este movimiento despertó debates de todo tipo. Muchos consideraron que aquello no era tango y pronto se produjo una escisión entre renovadores y tradicionalistas que alcanzaría su éxtasis en 1969, cuando definitivamente triunfó la propuesta de Astor Piazzolla.

Roberto 'Polaco' Goyeneche

Fue en el Festival de la canción de Buenos Aires celebrada en Luna Park. En aquella ocasión Piazzolla se fusionó con el gran poeta uruguayo Horacio Ferrer para escribir canciones/tangos. Pero fue el tema "Balada para un loco" lo que hizo temblar la tierra. El escándalo fue tal que la organización cambió las reglas del certamen para impedir que ganase "Balada para un loco", pero la juventud acepto sin dudar aquella nueva forma de entender el tango y el éxito de ventas fue imposible de parar, y el paso a la inmortalidad fue, y sigue siendo un hecho.
La noche del estreno en el festival, la canción fue interpretada por Amelita Baltar y grabada por ella misma en el mes de noviembre de aquél 1969 por CBS; un mes después la canción sería grabada de nuevo, y esta vez por RCA e interpretada por la Orquesta de Astor Piazzolla y con el gran Roberto 'Polaco' Goyeneche poniendo voz a una de las más inmortales, intensas, líricas, dramáticas, sentidas, sobrecogedoras y suntuosas grabaciones musicales jamás realizadas.
"Balada para un loco" es una obra maestra donde se pone de relieve una onírica y extravagante visión de algunas de las cosas que nos hacen, o pueden hacer felices, atributos que no parecen tener cabida en la vida diaria como la fantasía, el amor, la locura, la esperanza y la poesía.
Una de las canciones que más me han hecho llorar, de pena, de alegría y de emoción, y que por fortuna cambió el devenir del tango e hizo inmortal a tres genios como Astor Piazzolla, Horacio Ferrer y Roberto 'Polaco' Goyeneche.




(Recitado)
Las tardecitas de Buenos Aires tienen ese qué sé yo, ¿viste? Salís de tu casa, por Arenales. Lo de siempre: en la calle y en vos. . . Cuando, de repente, de atrás de un árbol, me aparezco yo. Mezcla rara de penúltimo linyera y de primer polizón en el viaje a Venus: medio melón en la cabeza, las rayas de la camisa pintadas en la piel, dos medias suelas clavadas en los pies, y una banderita de taxi libre levantada en cada mano. ¡Te reís!... Pero sólo vos me ves: porque los maniquíes me guiñan; los semáforos me dan tres luces celestes, y las naranjas del frutero de la esquina me tiran azahares. ¡Vení!, que así, medio bailando y medio volando, me saco el melón para saludarte, te regalo una banderita, y te digo...
(Cantado) Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao...No ves que va la luna rodando por Callao; que un corso de astronautas y niños, con un vals, me baila alrededor... ¡Bailá! ¡Vení! ¡Volá! Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao...Yo miro a Buenos Aires del nido de un gorrión; y a vos te vi tan triste... ¡Vení! ¡Volá! ¡Sentí!...el loco berretín que tengo para vos: ¡Loco! ¡Loco! ¡Loco! Cuando anochezca en tu porteña soledad, por la ribera de tu sábana vendré con un poema y un trombón a desvelarte el corazón. ¡Loco! ¡Loco! ¡Loco! Como un acróbata demente saltaré, sobre el abismo de tu escote hasta sentir que enloquecí tu corazón de libertad...¡Ya vas a ver!
(Recitado) Salgamos a volar, querida mía; subite a mi ilusión super-sport, y vamos a correr por las cornisas ¡con una golondrina en el motor! De Vieytes nos aplauden: "¡Viva! ¡Viva!", los locos que inventaron el Amor; y un ángel y un soldado y una niña nos dan un valsecito bailador. Nos sale a saludar la gente linda...Y loco, pero tuyo, ¡qué sé yo!: provoco campanarios con la risa, y al fin, te miro, y canto a media voz:
(Cantado) Quereme así, piantao, piantao, piantao...Trepate a esta ternura de locos que hay en mí, ponete esta peluca de alondras, ¡y volá! ¡Volá conmigo ya! ¡Vení, volá, vení! Quereme así, piantao, piantao, piantao...Abrite los amores que vamos a intentar la mágica locura total de revivir...¡Vení, volá, vení! ¡Trai-lai-la-larará!
(Gritado) ¡Viva! ¡Viva! ¡Viva!Loca ella y loco yo...¡Locos! ¡Locos! ¡Locos!¡Loca ella y loco yo

jueves, 22 de noviembre de 2018

Lanuca - "Rémora" (2018)


Parece un deja vu. Y van tres en unos años, no demasiados. Y la secuencia de esta repetición patológica que dicen que es un fallo del cerebro no es una imagen o sucesión de imágenes, es un sonido, un susurro, un aliento, una serie de estados metafísicos con forma de canciones... es un nuevo trabajo de Ángela Bonet, que distribuye su brujería bajo el seudónimo de Lanuca.
Y les aseguro que no se trata de ningún fallo de mi cerebro. Se equivocará en otras ocasiones (en demasiadas me temo), pero no en ésta. Y lo digo con tanto convencimiento porque es imposible que paladear y sentirse bien, alegre y etéreo escuchando la música de Lanuca sea un fallo, un error o una tara. Es más bien una suerte cósmica que parece adjudicada a unos cuantos afortunados entre los que me encuentro.
Todo empezó con "Gran mandíbula", después me atrapó "Tibia Turbia" y ahora el ciclo (casi) onírico continua con "Rémora", que es como se titula el último disco de Lanuca, publicado hace unas pocas semanas por el sello Bonavena Música.
En este nuevo catálogo la valenciana se hace acompañar de un grupo de sensibles músicos (imprescindible cualidad si se quiere hacer justicia a la inspiración especial y natural de esta artista) que la ayudan a crear la atmósfera requerida para dar sentido a sus composiciones y textos, estos son: Manolo Bertrán (guitarras), Ana Santos (sintetizadores), Vanessa Juan (chelo), Ernest Aparici (trompeta) y Santi Serrano (batería).
Una vez más Lanuca me hace adoptar una postura auditiva compleja, o más bien diferente, dejando a un lado mi habitual actitud y predisposición. Es necesario hacer eso que se dice ahora de 'abandonar la zona de confort', aunque la presunta incomodidad apenas dura un suspiro, pues con los primeros aleteos de "Durazno" desaparece cualquier molestia o perturbación, para caer en un fino y sugestivo bienestar, y todo lo impuro parece ser absorbido por la espiral que emana la canción.
Adoptan los sonidos en esta ocasión una tesitura más etérea, tenue y esbelta que el precedente trabajo del pasado curso. 
Nos acompañan programaciones electrónicas que se dejan envolver por carantoñas sónicas y tránsitos de guitarras eléctricas, cuerdas y sintetizadores; la penumbra se ve rajada por el rayo de luz que supone la voz de Lanuca, que parece separar las aguas como el viejo liberador del pueblo egipcio, liberando ella la esencia de la obra y elevándose hasta el "Himalaya", título del segundo corte de "Rémora".


Y entre frondosos y enigmáticos efluvios se van sucediendo temas, sensaciones y rumores. En "Hasta Orion" nos despereza la guitarra de Manolo, en "Polvo raso" no es difícil retroceder a unos ochenta que se veían invadidos por la electrónica primigenia, como ocurre también con el instrumental "19.49". "El monte de Venus" gravita sobre una especie de vacío sónico que se rompe eléctricamente, "Piel con piel" resulta sumamente sensual a la vez de delicada, mientras "150 Km/h" es un instrumental de carácter velvetiano en el que habita una cierta tensión refugiada. El tercer tema instrumental, "8000m²" se muestra más luminoso y tórrido. 
Finaliza este deja vu de pálidos colores auditivos con "Sacramento", tal vez mi favorita, por ese pop evocador y solemne que dibuja formas geométricas y nuevamente sensuales.
Recordar es renacer, rejuvenecer y además descubrir que el paso del tiempo puede ser nutritivo cuando del arte se trata, pues Lanuca no escapa a la cronología de los años -nadie lo hacemos- pero recicla esta inevitable actuación para redecorar su sueño musical y ofrecer a los suficientes (parafraseando a my friend Johnny) un deja vu cada vez más intenso y siempre diferente pero indiscutible. Una vez más atrapado por Lanuca.
Enlace donde adquirir este hermoso sueño AQUÍ.

miércoles, 21 de noviembre de 2018

Concierto: Maderita - Tulsa Café, Valencia 17/11/2018 - Bajo el dictado de la magia.


Cuando la magia está de nuestra parte todo puede ocurrir. Este fin de semana he descubierto que la magia flota, y es más, se hace más intensa y sorprendente ante la presencia del líquido elemento. Y es que en Valencia, este fin de semana pasado, les aseguro que agua no ha faltado, y magia desde luego tampoco.
Solo así se pueden explicar los maravillosos momentos vividos, el sentimiento de amistad y respeto, de ilusión ante las charlas con amigos a los que no se les puede ver lo a menudo que uno quisiera, las sonrisas y los recuerdos que se comparten, los planes de futuro y el intercambio de discos, y las canciones escuchadas, degustadas en el coche, bajo la lluvia, siempre la música como nexo y leit motive.
Así surgió la palabra, entre las conversaciones que se mezclaban en la sobremesa, después de devorar con buenos amigos una exquisita paella: Maderita.
Y Maderita, que un servidor ignoraba qué era, es un cuarteto improvisado -nuevamente la magia- hace unos años en la capital del Turia, y que con el cantautor y leyenda local Julio Bustamante al frente, grabó en 2010 un disco, convertido en joya de la lírica folk musical, reservado para unos pocos degustadores de sentimientos y que se tituló "Ver para creer".
Y alguien dice, esta noche tocan en el Café Tulsa, y alguien responde que no se puede faltar, que será un sueño más que llevarse a la mochila de la vida. Y allí que me dejo llevar, porque cuando se comparten cosas con sabios, nada puede ir mal; eso y que la espiral del destino estaba sometida a la alquimia de la lluvia y del momento.
Y nos plantamos en el agradable Tulsa Café, y conocemos a don Julio Bustamante, y a dos de los tres escuderos del maestro: Xema Fuertes y Jorge Pérez, el cuarto mosquetero, Cayo Bellveser no pudo estar presente.
Y la magia que sigue haciendo de las suyas cuando Julio nos dice que Maderita ofrece un concierto al año y coincide con mi visita a Valencia, y me siento afortunado y lleno de curiosidad, y con una extraña sensación de regocijo y bienestar.
Maderita empiezan a interpretar sus canciones, las voces, las acústicas y esa poética puramente mediterránea que se balancea entre los juncos de la albufera y mira hacia adentro, hacia el corazón con un bello y luminoso parlamento, lleno de imágenes cristalinas amarilleadas por el sol de la tarde, con tonos aguamarina y olores a azahar, con verdad sencilla pero inagotable, con belleza discreta, nada pretenciosa ni pedante, sino solidaria y fresca, paisana.
Y las melodías, hasta entonces desconocidas, hacen presa de mi, me embaucan y me llevan al huerto (nunca mejor dicho), y clavan frases en mi corazón que me hacen sonreir algunas: "Alguien me dijo una vez/tratar mal a la gente trae mala suerte", sentir que la esperanza es casi un logro al alcance de la mano en otras ocasiones: "Lo que no puede ser/lo que no está bien/se nos llevó a paraísos de ilusión" y en esta misma maravillosa canción "¿Cómo cambiar el mundo/sin soñar, sin amar?", comprender que un hechizo es la guia que me lleva a la deriva: "Por la absoluta magia de está siendo/en vez de no haber sido en absoluto".
Y me estremezco con la versión de la Dylaniana "It ain't me babe" sublimemente transcrita con el título de "No te equivoques", y disfruto con las dos coplas que Julio Bustamante nos regala para dar carpetazo a tan sanador recital: "Mundo sereno" y "Hablando de Van Morrison".
Y vuelta a la realidad, a buscar el disco de Maderita y repetir en bucle los temas que encuentro en la red, y agradecer de corazón a los amigos que estuvieron conmigo por mostrarme lo que esconde el joyero musical valenciano, y depositar en el muro de recuerdos del alma todo lo ocurrido, y sentirme afortunado por ser uno de los bendecidos por la magia que rondaba entre las gotas de lluvia este fin de semana en Valencia, y esperar un nuevo encuentro, y seguir completando el puzzle de la vida.
Gracias.

martes, 20 de noviembre de 2018

Concierto: La Gran Esperanza Blanca/José Ignacio Lapido - 16 Toneladas, Valencia 16/11/2018


Admito que la lluvia con que nos recibió Valencia y que no dejó de agredir los caminos, parques y calles de la ciudad y su provincia me hicieron temer por la celebración de la presentación del libro de Juanjo Mestre "1050 Discos Cardinales", y por tanto de los conciertos de LGEB y Lapido que deberían celebrarse (ambos eventos) en la sala 16 Toneladas.
Finalmente, aunque con algunas bajas por culpa de las tormentas que provocaron cortes de carretera en diversos puntos, pudieron celebrarse ambos episodios, que deben ser descritos como 'magnos acontecimientos'.
Tras la emotiva presentación del ya imprescindible "1050 Discos Cardinales", tocaba el turno al concierto en horario nocturno.


Los primeros en saltar al escenario fueron Cisco Fran y sus chicos: Fede Ferocce, Chuso y Chiti. Demostraron el porqué de la fama de gran acústica que pasea la sala 16 Toneladas, sonaron a gloria, eléctricos y rotundos. Desplegaron un repertorio formado por temas de su último disco hasta la fecha, aquél magnífico "Tren fantasma": "Aquí estoy (en vía muerta)", "Tu risa", "Los años de felicidad", "El chico del tren" y "Música antigua". Mi favorita "Ruptura" deslizada de su estupendo "Derrota". Hay que estirar el tiempo hacia atrás hasta el 2002 y el disco "Harry Dean", de éste ofrecieron dos temas como "Lento" y "Noche de bodas". Completaron el set con algún tema nuevo, culminando con la henchida de orgullo valencianista (hablamos de fútbol) "Sarriá '71" que me encantó y que es una muestra viva de que fútbol y lírica pueden vivir y ser felices juntos.
Una nueva demostración de rock, folk y country de la albufera gracias al arte de un grupo imprescindible como La Gran Esperanza Blanca.


Tras los valencianos le tocaba pegar a José Ignacio Lapido; aún tenía en el recuerdo el grandioso concierto que el granadino ofreció en Bilbao hace unos meses (pinchar). En 16 Toneladas, El Poeta Eléctrico modificó el setlist y repitió las sensaciones de aquel sábado en la sala BBK (y en tantas y tantas ocasiones). La banda que le acompaña tiene su ADN totalmente cifrado por la clave musical y lírica de Lapido, y suenan como una banda atómica, pletórica en los himnos más rockeros y gustándose en los momentos calmos y reflexivos.
Pudimos escuchar muchos temas de su último disco "El alma dormida", como mandan los cánones. Como me ocurrió en Bilbao, me encantan estas canciones pasadas por el filtro eléctrico y más rockero del directo, así que volví a vibrar con "Nuestro trabajo", "Mañana quién sabe" "Lo que llega y se nos va" y "Cuidado". En la segunda parte del bolo encadenó cuatro temas de este último disco referido, comenzando por mi favorita personal "En la escalera de incendios" y continuando con "Dinosaurios", "Estrellas del purgatorio" y "La versión oficial".
Tras una década de aquella obra maestra titulada "Cartografía", era lo preceptivo que sonaran algunos temas de aquél sublime álbum, así fue y nos deleitamos con: "Largo de contar", "Nunca se sabe", "Cuando el ángel decida volver", "Algo me aleja de ti" y mi favoritísima "En el angulo muerto".
Pero es tan amplio e inexpugnable el repertorio del alma de los Cero que completó el ensueño con temas como: "Luz de ciudades en llamas", "Lo creas o no", "No queda nadie en la ciudad", "El principio del fin", "La antesala del dolor" o la furiosa "Cuando por fin".
Finalizó la fiesta con "Noticias del infierno" y la otrora acústica copla de los Cero "Espejismo nº 8", que truena electrificada ahora.
Una noche mítica, un día inolvidable en el que la lluvia quiso ser protagonista, pero lo consiguió sólo en parte. Los que triunfaron fueron los amigos, los encuentros y reencuentros y por supuesto la música.
Una muy especial e inolvidable noche de rock and roll.

lunes, 19 de noviembre de 2018

Los lunes... escenas de cine - "El verdugo"


En España, aunque muchos no lo sepan o no se hayan preocupado en enterarse, un señor llamado Luis García Berlanga que nació en Valencia, -la tierra que me ha acogido este fin de semana-, goza de un lugar de privilegio entre los grandes maestros en el arte y oficio de hacer películas.
Y entre las muchas obras maestras que nos dejó, podríamos decir que una de las más especiales y mordaces; críticas y clarificadoras, e inteligentes para zancadillear la vileza de la censura franquista fue "El Verdugo", que don Luis dirigió en 1963.
Me van a permitir que en esta ocasión no diga nada sobre esta película magistral. Creo que lo preceptivo es dejar que mi admirado amigo Gonzalo Aróstegui Lasarte lo haga por mi. Recientemente Gonzalo en su imprescindible blog Ragged Glory dejó en negro sobre blanco la más brillante, afilada  y vibrante reseña que jamás haya leído un servidor a propósito de "El Verdugo".
Me enorgullece dejaros con las incisivas y certeras palabras de Gonzalo.



"El Verdugo" - Reseña de Gonzalo Aróstegui Lasarte publicada en Ragged Glory el 17 de octubre de 2018.

Luis García Berlanga ya había ironizado sobre la España cateta y atrasada en la que le había tocado vivir al rodar títulos como Bienvenido, Mister Marshall (1953) o Los jueves, milagro(1957), pero Plácido (1961) y El verdugo (1963) convirtieron el sainete en esperpento al acentuar el humor negro de los argumentos y aumentar la sátira y el absurdo con el uso de sus famosos planos secuencia en los que se agolpan los personajes. La realidad grotesca y agobiante de un país gobernado por la ignorancia y el sectarismo fue perfectamente retratada por la técnica cinematográfica de Berlanga en dos cintas antológicas que, partiendo de guiones del director y el impagable Rafael Azcona, multiplican con su puesta en escena las posibilidades del texto escrito mientras hacen comedia del drama más profundo.
El verdugo es en mi opinión la creación más redonda del autor de Calabuch (1956), a la altura de las obras maestras de Billy Wilder o Federico Fellini, bien por su implacable estructura narrativa, la riqueza inagotable de sus imágenes o el surrealismo injertado en la realidad castiza del Madrid de entonces. La historia de un tipo que no quiere ser verdugo pero que se ve arrastrado a serlo es, al mismo tiempo, un retrato de las mezquindades e hipocresías de la sociedad española bajo la dictadura, un alegato contra la pena de muerte y una descripción universal del monigote que, al no saber defender o imponer su criterio, acaba convertido en la más vil de las personas. Constantemente, el no de José Luis (Nino Manfredi) se convierte en un sí, mezcla de debilidad y estulticia que puede ser delirante (la escena en la que va con su yerno Amadeo —Pepe Isbert— a la firma de libros de un escritor para conseguir una recomendación) o aterradora (el momento perentorio, rodado en un impresionante plano general, en que es conducido a regañadientes a ajusticiar al condenado).
Sin embargo, la brillantez absoluta de la película se debe a que ninguno de sus fragmentos tiene desperdicio. Secuencias como la de la Guardia Civil buscando a José Luis en las cuevas del Drach, donde asiste a un espectáculo musical con su mujer Carmen (Emma Penella), o la visita de estos dos en compañía de Amadeo al piso en construcción que van a adquirir, amén de las mencionadas arriba, pueden quedar especialmente grabadas en la retina del espectador, pero es en el perfecto acabado de cada una de las partes, en la coherencia de la ilación de todas ellas y en la información que tácitamente dan las elipsis que produce dicha trabazón donde reside el secreto de uno de los mejores largometrajes españoles de todos los tiempos. La fotografía de Tonino Delli Colli y el reparto que completan secundarios de lujo como José Luis López Vázquez, Alfredo Landa, Lola Gaos, Chus Lampreave, Saza o Agustín González ponen la guinda a El verdugo, a la que no faltan la habitual mención al Imperio austrohúngaro de Berlanga y la pelea, no menos corriente, con la censura franquista. Censura que nada pudo con la maestría del realizador valenciano y sus colaboradores.

jueves, 15 de noviembre de 2018

Richard Thompson - "Mirror blue" (1994)


Volvemos a los noventa con otro disco que un servidor entiende que merece ser destacado. Otro trabajo que se desplaza lateralmente de lo que en aquellos tiempos sonaba y era tendencia.
En 1994, el mundo vivía sacudido por las guitarras impúdicas y encendidas de los nuevos mesías del rock and roll que no eran otros que los grupos grunge e indie. En la tierra de Richard Thompson -que es nuestro protagonista de hoy- se experimentaba con el brit pop, que también vivía una resurrección y transformación en aquellos años años noventa.
Pero nuestro protagonista se aventuró en aquél año del señor con un disco que nada tenía que ver ni con unos, ni con los otros. Se trataba de un disco 'al uso' de Richard Thompson, y lo tituló "Mirror Blue".
Por supuesto aquél trabajo no formó parte de los carruseles de vídeos de la MTV, tampoco apareció el Sr. Thompson en las portadas de las revistas de la época y no fueron muchos los que se hicieron eco de la aparición del disco. Pero hoy, veinticuatro años después, recuperar aquél trabajo nos obliga a ciertas reflexiones que se podrían resumir en una: A la vista de lo que ofrece el último disco de Thompson publicado este mismo año y titulado "13 Rivers" (pinchar), nos queda claro que el tiempo es algo que no afecta al talento del gran cantautor y guitarrista británico, pues perfectamente podríamos permutar en el tiempo aquél "Mirror blue" y este "13 Rivers" que nadie notaría el salto de años que hubieren sufrido. Esto demuestra que la edad no tiene porqué tener una influencia directa en la calidad de un producto obra del talento de un creador.
En "Mirror blue" nos encontramos con otro ramillete de brillantes composiciones del londinense. Nuevamente rociadas de una suerte de sonido folk con arrebatos rockeros y blueseros, donde las letras invitan a la reflexión y la lírica.
Producido por Mitchell Froom y el propio Thompson, el disco resulta a todas luces atemporal, incrustando soflamas rock and rolleras de genuino y pionero poso sónico como "Shane and Dixie".
Pero la envoltura dominante se crea en base a guitarras roncas y bases rítmicas sosegadas. Sobre una enredadera acústica trepa la magnífica guitarra de Thompson y su expresiva y broncínea voz, creando temas de gran enjundia que son 'marca de la casa', en clave folk: "I can't wake up to save my life", "MGB-GT" con adición de gaitas, "Easy there, steady now", la tabernaria "Fast food" o la enraizada y celta "Beeswing".
En clave rock y blues: "For the shake of Mary", la magnífica "For way that it shows", la pantanosa "Mingus eyes", "I ride in your slipstream" o la elegante y neoyorkina "Mascara tears".
Sin olvidar dos baladas de oro como son las hermosas y bucólicas "King of Bohemia" y "Talking my business elsewhere".
En resumidas cuentas, un disco extraordinario, como siempre cuando de un trabajo de Richard Thompson se trata, que sin duda es otro de mis discos de los noventa aunque no se hable demasiado de él.




martes, 13 de noviembre de 2018

And libros by Addison de Witt... - "1050 Discos Cardinales" - Juanjo Mestre


Todavía me cuesta trabajo no añorar Rusia. Y eso que hace ya unas semanas que regresé de mis vacaciones. Allí tuve una muestra de qué es y dónde está la excelencia, me explico:
Tuve la ocasión de probar el caviar de beluga, sólo una pizca en el centro comercial moscovita GUM, y porque me chivaron donde se podía degustar a modo de cata promocional (osea, gratis). Desde luego, para muchos este artículo es la excelencia: por la textura del mismo, el sabor a pescado y mar, la frescura y aroma, el golpe relampagueante en el paladar... no seré yo quién lo ponga en duda.
Pero en cambio, un tipo como yo, prefiere la sopa Borsch. Muchos dirán que es un plato hogareño, humilde y para el consumo diario: se trata de una sopa de remolacha que se sirve caliente y que va aderezada con diversas verduras. Pero espanta el frío y provee de vitaminas y cosas beneficiosas para el organismo de los sufridos hombres y mujeres que para desarrollar sus vidas necesitan de energía vital.
Esa diferencia es la que deseo explicar:
Por un lado está lo que ensalza determinados valores y nos hace parecer de lo más cool, para lo que es inigualable el frío y fugaz refinamiento del caviar, pero que estando genial, no es para todos los días. Y por otra parte está lo que sirve para acompañar los momentos (buenos y malos, pero sobre todo buenos) de esta vida, para no pensar en el tiempo y su vertiginosa actividad, para estancarse en lo eterno o vivir al día cual intuitivo teenager, para saber siempre quién eres, qué eres y lo que realmente te hace feliz; para esto les aseguro que la sopa rusa Borsch es perfecta, por cálida, sabrosa y austera, y porqué siempre nos va a apetecer otra taza.
Pues para que me entiendan, el libro de Juanjo Mestre García: "1050 Discos Cardinales" es una fusión de bolitas de caviar y su intenso e inigualable savoir faire y un montón de tazones de la deliciosa, paisana e inagotable fuente de venturas que supone la deliciosa sopa Borsch.
El libro es un erudito compendio de discos, alguno tan exclusivo como las huevas del esturión, pero donde predominan las cucharadas de sopa proletaria, humeante y casera. Alejado de cánones oficiales en cuanto a qué debe estar y qué no, Juanjo enumera discos de toda la vida, digamos 'discos de beluga' que siempre son diamantes en el joyero de la música mundial, pero junto a estos abundan otras joyas que con menos brillos y oropeles y sin tantos perfiles rematados por manos artesanas, rezuman verdad y poseen auténtico sabor y olor, grandeza y pasión.
"1050 Discos Cardinales" descubrirá a muchos la grandeza que se esconde tras mucho nombre 'de perfil bajo' y tras las carátulas de muchos discos humildes como la sopa, - que el caviar todos sabemos lo qué es. Los últimos sesenta y pico años serán revisitados en las directas y sintéticas reseñas de Johnny, afiladas y únicas, dotadas de una verbalidad personal y muy amena, además de impactante. Todo amante de la música tendrá la oportunidad de descubrir (o recuperar) algunos de los discos más grandes de este invento que es el rock and roll, que a su autor, según él, le salvó la vida (no es al único), y que a muchos otros se la ha hecho más intensa y mejor. Y lo hará con incuestionable gusto, y sobre todo, independencia. Una independencia que nunca, y lo repito: nunca, había visto antes en ningún libro sobre discos, demostrando que se puede comer caviar y sopa borsch con la chupa de cuero puesta.
Además el libro está salpicado con las maravillosas ilustraciones de Cristina Benavente, incluida la portada y contraportada.
No se pierdan este magnífico, único, cercano y exclusivo libro de Juanjo Mestre que pueden adquirir pinchando AQUÍ.

lunes, 12 de noviembre de 2018

Los lunes... escenas de cine - "Pat Garrett y Billy the Kid"


Era el año 1973 cuando el excelente y tristemente infravalorado director Sam Peckinpah filmó la crepuscular y fúnebre obra maestra sobre la vida de Billy el niño a la que tituló "Pat Garret & Billy The Kid".
La cinta cuenta la historia de William Bonney, conocido como Billy el niño (Kris Kristofferson), tras huir de prisión dejando tras de sí varios cadáveres, escapando de esa manera de la horca, llega a Mexico, alli su antiguo compinche, ahora el sheriff Pat Garrett (James Coburn) será el encargado de perseguirlo.
Filmada con intenso y pastoso pulso narrativo, violenta y árida, crepuscular y dramática, se trata de uno de los films más importantes de Peckinpah.
En el reparto aparecía Bob Dylan en un breve papel (Alias). Según se dice, el realizador necesitaba una canción de unas determinadas características para la escena de un asesinato. Decidió pedirle al músico (que estaba en un periodo de inactividad musical) que compusiera una pieza para ese trágico momento. Parece ser que Dylan volvió en un abrir y cerrar de ojos con una breve canción, al director le encantó y decidió utilizarla. El tema evidentemente es "Knockin' on heavens door".
Nos quedamos con la extraordinaria "Pat Garrett & Billy the Kid".
¡Feliz semana!

domingo, 11 de noviembre de 2018

Los domingos photosong - Poco - "Heart of the night"


Desde mi ventana miro hacia el cielo, lo veo encapotado aunque no parece que amenace lluvias, o al menos no de manera inminente. Se prevé un día típico de otoño, con ese sentimiento blando de tristeza y modorra.
Busco un disco, algo que pueda ir acorde con la sensación que me ha dejado el color blanquecino amenazante del cielo, pero que al mismo tiempo pueda teñir el día con un cierto colorido.
No funciona nada estridente ni urbano, nada que se enclave en cielos vislumbrados a través de metálicos skylines, nada underground ni canlla, nada plastificado ni cosmopolita, algo más de pradera y crepúsculo.
De entre el montón, como una llamada a navegantes, aparece el mítico "Legend" de Poco. El disco que no estaba destinado a ser firmado por Poco, pero que al final fue publicado bajo este nombre por motivos administrativos y que bajo el liderazgo de Paul Cotton y Rusty Young se convirtió en el mayor éxito de la banda californiana, si, es el disco que necesito.
Elegir una canción no es tarea difícil, todas son magníficas. Pero me quedo con este tema firmado y cantado por Paul Cotton y titulado "Heart of the night".
¡Feliz domingo!



sábado, 10 de noviembre de 2018

Concierto: Cooper - Stage Live - Bilbao, 09/11/2018


Tercera visita de Alejandro Díez Garín, más conocido como Cooper, a Bilbao en un año. No pudimos verle en el set acústico que ofreció hace unos meses en la sala Shake!, ni tampoco pudimos asistir a su pase por el BBK Live. Así que la visita que nos rendía ayer en la sala Stage Live era poco menos que obligatoria, pues desde el concierto del 30 aniversario en el año 2016 no volvía a ver al leonés, que además, en esta ocasión venía con nuevo disco bajo el brazo, él aún no reseñado "Tiempo, temperatura, agitación".
Con puntualidad británica (londinense) saltó Cooper al escenario, armado con una bonita Rickenbaker vintage y acompañado por una formación clásica de guitarra, teclado, bajo y batería; a los que se sumaban dos elementos de viento para algunos de los temas que desgranaron ayer.
Inmejorables prestaciones de la banda, suena compacta y engrasada, las guitarras limpias y primaverales pero con enjundia, la base rítmica intensa y resuelta y los teclados en su sitio justo; cuando entraban los vientos el efecto era ciertamente demoledor y energético. Nos anunciaron a última hora que Cooper estaba aquejado de unos problemas gripales que afectaban a su voz, lo cierto es que no se notó nada y cantó perfecto de tono, volumen y afinación, el apartado sónico resultó ciertamente impoluto.


Siempre me ha gustado que los artistas defiendan en vivo sus últimos discos. Esto no siempre ocurre, en especial con músicos de trayectoria dilatada. Ayer Cooper basó el repertorio en las canciones de su último trabajo, y ciertamente en el mismo hay material para defender y lucirse sobre un escenario, sonaron: "Ya llegó el verano", "Graciela", la maravillosa "El último tren", "Infinito", "Islandia", "Salto", "Provisional", "Dos grados bajo cero"...
Por supuesto las últimas canciones fueron intercaladas por temas de discos precedentes, alguno ya clásico en el repertorio de Alex como: "Un nudo en la garganta", "Yo sé lo que te pasa", "El asiento de atrás", "La señal", la favorita personal "Cierra los ojos", "Hyde Park", "Rabia"...
También versionaron el tema "Me conformo" del grupo bilbaíno de los setenta Los Mitos, y cómo no, alguna gema de los míticos Flechazos: "Atrapado en el tiempo", "A toda velocidad" o "Luces rojas" con la que terminaba el concierto, aunque tras la insistencia del respetable volvieron para interpretar la cálida "Entre girasoles".
Cierto que se hubiese agradecido un concierto algo más largo, apenas alcanzó los noventa minutos, pero nos ceñiremos a la tontería aquella de 'lo bueno si breve...'
Para un servidor siempre es un placer reencontrarse con Cooper, y con él emprender un viaje a mi adolescencia, a los veranos pasados, vividos y añorados en León con Los Flechazos como BSO.
Celebramos hoy, lo que ayer fue otra gran noche de rock and roll.

viernes, 9 de noviembre de 2018

Jennifer Castle - "Angels of death (Paradise of Bachelors)" (2018)


Me da la sensación de que la canadiense Jennifer Castle no consigue, a pesar de contar con éste que hoy pretendemos reseñar, con cinco discos en su haber, alcanzar el respeto y repercusión que su arte merece. Intentaremos hacer justicia (subjetivamente por supuesto) a esta magnífica cantante y compositora oriunda de Toronto.
En su quinto trabajo, titulado "Angels of death (Paradise of Bachelors)", Jennifer Castle nos propone un tema eterno: 'la muerte'. Reflexiona sobre la pérdida de seres queridos, o sobre la muerte en sí y su influencia en la cultura, sin duda peliagudo tema que tiñe de tristeza en muchos de los cortes del disco.
Utiliza como soporte de transmisión su hermosa y cristalina voz, así como un fraseo sumamente melífluo e indicado en cada momento. Extiende su instrumento natural sobre un acompañamiento de pianos y acústicas principalmente, creando hermosas canciones de esencia folk, pero también dream-pop o incluso country.
Cuando la vida empieza a ser acosada y acorralada por la muerte, de eso habla la preciosa "Tomorrow's mourning", una maravillosa pieza al piano que podría justificar un álbum por si sola.
No le va a la zaga "Crying shame", otro elevado momento con el piano como co-protagonista junto a la excelsa voz de Castle; ambos temas suponen un principio sobrecogedor y emotivo difícil de ver en estos días.


"Texas" es otro momento especialmente intenso, en ella y en un entorno mucho más folk y acústico, con pinceladas dream, nos narra como viajó a Texas para despedirse de su abuela.
Las guitarras eléctricas y un hammond dan un misticismo especial a "Angels of death" y termina la primera parte del álbum con un breve colofón instrumental, "We always change reprise, Part 1".
Da comienzo la segunda parte del elepé con el precioso country sentimental titulado "Rose Waterfalls", donde pone en duda la existencia de las musas y emociona gracias a unos delicados aullidos de steel. Fantasmagórica y agorera y casi en narrativa "Grim reaper" es un extraño momento, mientras en "Stars of milk" vuelve con un folk delicado en el que domina el sentimiento de aceptación, acústicas y teclados que dan un toque abisal y etéreo, otro gran momento.
Más de siete minutos se extiende la densa y envolvente "Tonight the evening", otra preciosa canción con una ingrávida sensación de vacío. Finaliza este magnífico álbum con "We always change reprise, Part 2" donde Castle repite sobre un fondo de teclas "Si te conviertes en árbol/Me balancearé/Me balancearé contigo".
Como decía al principio de esta reseña, no termino de comprender como es posible que una artista dotada de tan fina sensibilidad, que canta de manera tan sublime y con tal capacidad para la composición puede pasar tan desapercibida, al menos en esta piel de toro.
Desde aquí, recomendamos con toda efusión este precioso disco titulado "Angels of death (Paradise of Bachelors), obra de la canadiense Jennifer Castle.



miércoles, 7 de noviembre de 2018

Carolina & Lil' Knife - "As I fade out" (2018)


La música valenciana se ha hecho fuerte en los aledaños de mi equipo de música, y desde mi vuelta de las vacaciones prácticamente no dejan entrar en las tripas de mi CD a nadie que no more a orillas del Turia.
El otro día hablábamos del disco de Carolina Otero y Mike Grau titulado "Superfruit" (pinchar). Ahora el protagonismo dirige su foco hacia la dama, que vuelve tres años después de "Diastema girls", liderando una formación con nueva nomenclatura: The Lil' Knife, ¿A qué suena más afilada que The Someone Elses?.
Pero que nadie se despiste que Mike Grau no está lejos, exactamente detrás de los tambores y al frente de los controles en tareas de arreglos, ingeniería etc...
Completan el equipo que ha facturado "As I fade out" (que es cómo se titula el disco que nos disponemos a reseñar) Dani Gurrea (guitarras), Nick Simpson (bajo) y por supuesto Carolina Otero a la voz, guitarras, escritura y composición.


Evitaremos hacer comparaciones sesudas con el anterior trabajo de la valenciana, pero dejaremos claro, que como ocurre con el nuevo nombre de la formación, las nuevas canciones suenan más afiladas, o si lo prefieren aceradas, que en la anterior (y excepcional también) entrega.
Los textos también presentan una mayor y más profunda reflexión, con tintes agridulces y un punzante talante observador y analítico de diversas cuestiones de la vida y también de la actual escena artística, tan organizada en redes sociales, tan etiquetada por ingenieros de la imagen pública y tan saturada de retórica millennial que juega al despiste del personal.
En definitiva, que Carolina Otero se muestra más hierática sónicamente, más rotunda y fiera en distorsiones y riffs, y con una base rítmica más contundente. Esto no hace que pierdan geometría sus melodías, ni en los más enfervorizadas soflamas eléctricas: "Mad media monster", la incisiva "We dance to the sound of a dollar", la histérica "Mango chutney", la intrínseca "20" o la oscura "The dream of you", uno de mis lugares favoritos del disco; ni tampoco en los momentos más calmos, donde la arquitectura melódica queda más en evidencia: "The night of my heart", la radiante y brillante "Searching for the spanish stars..." cuyo texto entronca directamente con lo comentado más arriba y que sirvió de adelanto al elepé o la 'dulce' "The sweaters".
Pero este trabajo es además variado, un antídoto contra el tedio, y maduro, el más redondo que ha ofrecido Carolina Otero hasta ahora (en mi opinión) y además donde mejor canta, y es por eso que el resto del tracklist no desentona en absoluto: la intro "Patatas fritas""Miguel", la excitante "An arrow to your mind" o la que cierra el disco y favorita personal, "The hummers".
Este otoño se muestra propicio para guitarreos poderosos y febriles, melodías corrosivas pero adherentes y dibujos vocales femeninos, y la voz de la estación de las lluvias es, sin duda, la de Carolina Otero, lo celebramos como la ocasión lo merece y recomendamos "As I fade out" sin ningún tipo de reserva.

Bandcamp donde escuchar y adquirir este estupendo "As I fade out".

martes, 6 de noviembre de 2018

¿Merece la pena?. Gritando frente a un agujero negro.


¿Merece la pena?... Hasta hace unas semanas esta pregunta no había aparecido. En los casi siete años que está a punto de cumplir esta bitácora, nunca me había preocupado el tema estadístico de la misma, es más, me sigue sin preocupar en absoluto.
Pero últimamente cada texto que escribo me parece que es como lanzar un alarido desde el borde de un agujero negro. Desde que empecé a escribir y publicar, lo único que realmente me importaba era que lo que escribiese fuese puro e independiente. Y también verdad. No me refiero a una verdad universal y duradera, ni a la verdad absoluta y sin mácula, también la verdad recogida de un momento determinado, de una debilidad o una situación concreta ha formado parte de alguno de mis textos. Una de esas verdades sujetas a la azarosa voluntad de los vaivenes de la vida, una de ésas que tras la tempestad descubres que no es tan cierta como lo parecía bajo el chaparrón, pero que en su nacimiento no dejó de ser en su momento pura, verdadera.
Cuando se crea algo, es imprescindible creer en ello, en el resultado final y en el tránsito que lleva a ese resultado. Si no hay traición no tiene porqué haber verguenza, por muy malo que sea el valor de lo creado, por muy mejorable que sea, por muy enclenque que pueda parecer a unos ojos eruditos.
Desde ese punto de vista, creo que podemos decir que hacemos algo digno; yo siempre he procurado mantener esa dignidad, y acompañarla de la pureza y la independencia a la que hacía alusión más arriba.
Siempre he querido creer que esas cualidades daban razón de ser al ejercicio de escribir, y que de una manera u otra defendían a mis textos de caer en un olvido absoluto y negro, presiento que estaba equivocado.
Estampar gramos de dignidad, pureza e independencia sobre algo que extraes de ti para regalarlo, puede ser en ocasiones agotador, y la sensación de que todo ese montante humano y personal obliga a que una parte de uno mismo nos abandone definitivamente, puede causar un vacío penoso y dañino si te cercioras de que nada te será devuelto, que todo rendirá pleitesía al olvido y la indiferencia, y por lo cual morirá, llevándose al interior del agujero negro la parte alícuota de tu ser que iba en la composición.
Me imagino gritando desde la cornisa de ese agujero negro, estallando en un trueno que extraigo de lo más hondo de mi mismo, escupiendo dignidad, pureza e independencia, vociferando verdad o al menos veracidad; después llega la pesadilla viendo como los gases y substancias se arremolinan alrededor de mi alarido, lo solidifican y lo presentan con forma indefinida ante mi, para después desintegrarlo hasta que ni siquiera queda un leve rumor con que el agujero negro se pueda alimentar.
A veces siento algo parecido cuando escribo, que el agujero negro de la indiferencia desintegra lo escrito y lo enclaustra en el olvido, llegando al punto de no existir, de hecho, hasta yo olvido muchos de los textos que he escrito en estos años, o los recupero y descubro que el olvido es lo justo, pues no los recordaba tan malos.
Hoy seguramente esté en uno de esos momentos de verdad sometida a un mal día, o a una época de confusión, de hacer preguntas de difícil resolución, o que ya ha contestado una fuerza superior ante la tozuda desidia o cobardía que mantenía. Que mañana veré las cosas de otra manera y me lamentaré de haber escrito ésto, o tal vez no, tal vez este escrito sea atomizado ante la absoluta apatía general, reciclado en 'nada' dentro de la argamasa de otro agujero negro.
Lo cierto, lo puro, lo digno es que hoy no puedo evitar preguntarme si merece la pena.

lunes, 5 de noviembre de 2018

Los lunes... escenas de cine - "Fellini, ocho y medio"


La pasada semana, más concretamente el miércoles 31 de octubre, se cumplieron 25 años sin Federico Fellini. El inmenso realizador italiano nos dejó tras su marcha una inconmensurable obra, con varias obras magnas que han pasado a la historia del séptimo arte (¡qué tiempos aquellos!).
Elegir una para este lunes lluvioso era un problema que dada la efemérides que trato de señalar, y el homenaje que intento hacer con este post, fue resuelto ponto: sólo podía ser "Fellini, ocho y medio".
La película más personal del gran Federico, la que nos sumerge en su universo cinematográfico y artístico al tiempo que personal más que ninguna otra; y en la que al fin y a la postre habla de él: Fellini hablando, o contándonos el mundo de Fellini.
Un sueño, una aventura onírica en la que la nebulosa que separa realidad de fantasía, o mejor aún, delirio, es la tónica general que se respira y que absorbe al espectador. Imágenes bucólicas y hermosas que se funden con intensos planos grandilocuentes, momentos oníricos y el sentido abstracto de una realidad esquiva, y de fondo la música maravillosa de Nino Rota.
Guido Anselmi (Marcello Mastroianni), es un director de cine (Fellini?) que está a punto de empezar una película, para ello se instala en un balneario. Lo cierto es que no sabe que hacer con la película, la inspiración le ha dado la espalda. Constantemente se refugia en sus recuerdos y paranoias para huir de la realidad que le oprime, el mundo del cine, los satélites de la industria, las mujeres del realizador... todo se reune en una espiral de verdades y mentiras, ilusiones y recuerdos filmados con imponente ritmo y una concepción estética única. Un film eternamente moderno y seductor, único.
Nos quedamos con la escena del baile que años después fusiló Tarantino para su "Pulp Fiction".
¡Feliz semana!

domingo, 4 de noviembre de 2018

Los domingos photosong - Rip Masters - "Rockabilly man".


Uno de los discos mas 'raros' que tengo es éste del rockero y pianista americano Rip Masters titulado "Rock that rock!". Publicado en 1981 y distribuido por un sello italiano llamado Carosello Records and Tapes y producido y arreglado por Rockin Ronny Weiser en su estudio California Rockabilly Sound Studio. Lo dicho: una rareza.
El aspecto en la portada del tal Rip Masters es otro punto a favor de este vinilo: corte de pelo setentero, coche puramente americano, bigote... una auténtica joya.
Y lo de dentro, osea las canciones, pues ¿qué quieren que les diga?, la verdad es que no está nada mal: rockabilly, puro y duro, de salón y un tanto casposo, pero puro, rítmico y molón.
La verdad es que le tengo mucho cariño a este disco, así que lo he elegido para este domingo fotográfico haciendo sonar la irresistible "Rockabilly man".
¡Feliz domingo!



sábado, 3 de noviembre de 2018

La nostalgia - Roberto 'Polaco' Goyeneche - "Naranjo en flor"


La nostalgia no es únicamente interpelar al pasado a propósito de los buenos o malos momentos vividos. La nostalgia es una forma de plantar cara a un futuro que puebla el camino de sombras, el cielo de nubarrones y los rostros de indiferencia.
Muchas veces me pregunto si es bueno el aferrarme a ese lazo que mantengo con el pasado, que siga soñando los rostros de los que fueron y las que estuvieron como cuando la juventud los daba pátina de eternidad, que siga buscando las sensaciones que erizaron mi piel, forzaron mis carcajadas y rociaron mi corazón de amor, que no termine de anochecer en los días felices de la juventud.
¿Es nostalgia o esperanza?; en unos tiempos como éstos, donde la ilusión no cotiza en el mercado de la madurez, y que se ha convertido en una palabra aplicable a la mirada de los niños la noche de reyes y poco más, el instinto tal vez me dice que la nostalgia puede ser un revulsivo de la esperanza, un querer creer que los mejores tiempos volverán.
Otras veces parece un lastre. Como una garra fantasmal que el pasado hace brotar de la tierra aferrando mi pie de apoyo, impidiendo que compruebe si tras el recodo del camino hay luz o sombra.
¿Y si fuese cobardía?: vivir de las cosas buenas del pasado es un seguro contra posibles bofetadas que el destino pueda tener preparadas y el miedo es libre que decía aquél.
O tal vez egoísmo, cerrazón que impide que me muestre ante los nuevos personajes que desfilan por mi vida tal y como soy, siempre empecinado en parecer aquél que fui, y posiblemente no consiguiendo sino ser un guiñapo desfasado y taciturno de una ilusión que la memoria se ha encargado de disfrazar de héroe lírico y juvenil, cuando en realidad nunca he sido así.
Lo que sí es cierto es que la nostalgia tiene un poder inspirador, poético y turbador que enciende las luces del alma y recoge los suspiros de otros tiempos para hacer con todo ello poemas, canciones o historias. Que mientras hay vida hay esperanza y mientras hay nostalgia hay juventud.



viernes, 2 de noviembre de 2018

Daniel Insa - "Still works" (2018)


Mi empecinamiento en recuperar, aunque sólo pueda ser en parte, el espíritu que albergaba cuando de adolescente compraba y escuchaba mis primeros discos, es decir: dedicar tiempo e ilusión (ésto la edad lo hace complicado en ocasiones) a la escucha de cada elepé, es lo que ha traído consigo el retraso que acarrean muchas de las reseñas de algunos trabajos que hace meses que están pendientes y amontonados en espera de pasar por el equipo.
Y ésta circunstancia es precisamente la que ha propiciado que un álbum como "Still works", obra del madrileño Daniel Insa y publicado hace casi de medio año, no sea hasta este recién estrenado mes de noviembre que sea puesto en negro sobre blanco en esta bitácora.

Como es habitual en las anteriores entregas de este joven cantautor, o mejor dicho songwriter, pues es de los que canta en inglés, la delicadeza en la construcción melódica es lo primero que llama la atención del oyente. Siguen las influencias folk, pop y country; aunque en esta ocasión la arquitectura creada a base de notas se ve arropada de una película sónica algo más densa, no quedando la voz tan expuesta como en otras ocasiones (pinchar). Por supuesto sin exageraciones, pues lo importante es destacar precisamente esas geometrías sonoras, la delicada interpretación vocal y un espíritu primaveral y preciosista que se evidencia antagónico a grandes delirios produccionales.
Además de acústicas, nos encontramos una tenue electricidad, coros, una base rítmica de bajo y escobillas y añadidos de teclas. Todo ello crea un entorno sónico que hace de "Still works" el mejor trabajo de Insa hasta la fecha, o si lo prefieren, el favorito de este escriba.
La inspiración del autor gira en torno a los sentimientos, y así queda expresado en los textos y también en las inflexiones de la voz, que aunque no es primorosa en tamaño ni color, si consigue transmitir lo que desea gracias a una entrega humilde pero plena de convencimiento.
La calidez y sencillez de los once cortes no hace que estos resulten anodinos ni mucho menos lánguidos, pues encajan a la perfección con los momentos calmos y de recuperación de los avatares del día, y en ocasiones puntuales pueden inducir a la sanación o la reflexión, que no es poco.
El equilibrio manda en el tracklist, y aunque mandan intimismos, medios tiempos y luces en las instrumentaciones, no se hace monótono. La escucha de temas como "When all falls down" con un cierto toque psicodélico, "A little bit of crying" que posee un leve latido country; "So full of love" que tiene la radiación de la costa oeste; las teclas que armonizan la bonita "Calling out your name" o la bucólica "Every morning" despertarán momentos plenos de encanto y emoción.
Daniel Insa, tal vez inspirado por fuerzas mayores, aquellas que protagonizan la portada y la dedicatoria, ha conseguido su trabajo más redondo, maduro y al tiempo emotivo, todo funciona y fluye de manera natural, y se siente como el campo primaveral y silvestre de la portada.

Bandcamp donde escuchar y adquirir "Still works": AQUÍ.




jueves, 1 de noviembre de 2018

The Hives - "Barely legal" (1997) - Mis discos de los noventa.


Sigo insistiendo en recuperar discos de los noventa que a día de hoy me siguen apasionando como si no hubiesen pasado los más de cuatro lustros que nos separan de aquella década tan mágica para los que formamos la Generación X dichosa.
Y seguimos rebuscando en el baúl de los menos mediáticos, premiados y reproducidos hasta la saciedad por la televisión musical más famosa del mundo, esa que celebra estos días su gala anual en Bilbao y que , por lo tanto, tiene este largo fin de semana petado de conciertos insulsos (salvo alguna excepción) mi ciudad.
Hoy sacamos de la estantería de los CDs el primer disco largo de una panda de chalados de mucho cuidado, hablo de los suecos The Hives y de su explosivo y fulminante "Barely legal" de 1997.
No vamos a entrar en quién es el condenado Randy Fitzsimmons, así que nos concentramos en las catorce catárticas piezas de irreverentes guitarras, ritmos frenéticos, desorden musical perfectamente catalizado en busca de un torrente sónico de incendiaria sonoridad y urgente actitud, la naturaleza transgresora de los textos y la inmediatez de su acción, con temas que apenas alcanzan los dos minutos y medio, varios de ellos no alcanzan los ciento veinte segundos y ningún corte llega a los tres minutos.
Rock setentero, punk y garaje, un sonido desquiciado que es la característica principal de este catálogo de endiablada promiscuidad musical y emocional.
Nunca más los suecos se mostraron tan intratables y trepidantes como en esta ocasión, no hay tregua en la escasa media hora que tardan en despachar las catorce canciones que forman "Barely legal". El contenido atañe a unos sonidos puros y rudos, apartando cualquier asomo de sutilidad y por supuesto sin apenas producción, pero el resultado es digestivo y bailable, un tanto desafiante y nihilista, pero adictivo, fiestero y profundamente libertario.
Volver a los primeros The Hives es volver a sentir cutaneamente los sonidos primitivos y garajeros más desafiantes y condenadamente caóticos, y ésa era parte de la actitud cuando la veintena envenenaba la sangre de muchos de nosotros.
Por eso "Barely legal" siempre será, y necesito que sea, uno de mis discos de los noventa.