martes, 30 de octubre de 2018

Carolina Otero & Mike Grau - "Superfruit" (2018)


"La unión hace la fuerza", esta expresión mil veces repetida no es, y no por falta de sentido común en su más intrínseca significación, el motivo (o eso creo yo) que ha llevado a Carolina Otero (Carolina Otero & The Someone elses, Carolina & Lil' Knife) y a Mike Grau (Mad Robot, Furious Planet) a unir sus fuerzas y talentos para facturar estas ocho canciones y empaquetarlas en un trabajo denominado "Superfruit".
Digo que no se han regido bajo la consejera literatura popular por un motivo obvio: desde hace tiempo que ambos colaboran musicalmente, llegando al punto de que en no pocas ocasiones, su participación es en reciprocidad, habitual y sin duda venturosa.
Pero en esta ocasión firman el disco con sus propios nombres, y lo mismo ocurre con las ocho canciones que lo forman, bueno con siete, pues no les tiembla el pulso para despedir el disco versionando "Lovesong", el tema de The Cure que el dúo consigue hacer suyo, logrando que suene de manera coherente con el resto del álbum y que al tiempo no pierda la esencia del original.
Se graba el artefacto en The Room, lugar donde Mike Grau hace sus maldades; Carolina pone la voz y entre los dos hacen rugir las guitarras, también mezclan y producen; un auténtico DIY (Do It Yourself), pero que ya querrían muchos con mayor apoyo económico y mediático acercarse a los resultados musicales, sónicos y de composición que alcanza este "Superfruit".


Porque el disco tiene su fuerte, como debe ser, en las canciones. Y también por supuesto en la interpretación y personalidad de las mismas. Un rock de guitarras, encendida base rítmica y unas melodías más que adherentes, con primorosos estribillos y un poso sónico que recuerda a los noventa sin ser (ni pretenderlo) revival de nada, pero aceptando las influencias (Sonic Youth, Pavement), música alternativa, intuitiva e independiente que suena a lo que los autores quieren, y suena como un tiro.
Hay un baño pop que sienta genial a la furia de los arranques eléctricos y una empeñada sutilidad en la voz, a pesar de golpear con distorsiones industriales que se mezclan con bajos burbujeantes en el tema que abre fuego: "Night wolves".
El riff de "Tied to you" engancha y hace de hilo conductor de todo el tema que estalla en un estribillo perfecto, una de las joyas del elepé que en directo será un punto álgido.
También "Badtimes" contiene pegamento melódico, lo que hace que la canción se filtre por las fibras y no abandone al oyente, aquí se entiende esa película pop que tiene el disco mejor que en otros temas, también excelente.
"Grey" es un tema que encaja mucho conmigo, lo confieso, ese rock de nebulosas guitarras y bajos que reptan con un cierto aire artificial es muy de mi línea, y lo mismo debo decir de "Our way" que incorpora unos sintetizadores, un tema que me recuerda mucho a Mad Robot, cosa que en modo alguno es algo negativo.



La oscura y corrosiva "Boy" que recuerda al grunge más primigenio y la más sedosa "Gravity" parecen jugar al gato y al ratón, contradiciendose sónicamente la una a la otra, pero consiguiendo su lugar dentro de la excelencia que domina el disco.
El mentado cover de The Cure finiquita un disco que sin duda será de lo mejor que se ha producido en la piel de toro durante este año: equilibrado, variado dentro de una tónica general, con personalidad, matices y estupendas canciones...
Por fortuna sigue habiendo gente que quiere, sobre todo, hacer música, y si pueden y les dejan, tocarla en vivo, y nos nutren de canciones, discos y bolos. Los suficientes seguiremos disfrutando de productos nuevos y de calidad gracias a artistas como Carolina Otero y Mike Grau.

Spotify donde escuchar Superfruit: https://open.spotify.com/album/4fkSe6386TTC40o30NNREE

lunes, 29 de octubre de 2018

Los lunes... escenas de cine - "Campanadas a medianoche".


Desde adolescente Orson Welles era admirador de la obra de William Shakespeare. Siendo muy joven emigró a Irlanda para conocer allí el teatro y empezar a representar obras del genio inglés.
Cuando volvió a Estados Unidos fue para debutar en Broadway con "Romeo y Julieta". No es por tanto de extrañar que en su obra cinematográfica Shakespeare fuese un autor recurrente, adaptó "Macbeth" en 1948 y "Otello" en 1952, ambas de forma brillante.
Pero es en 1965 cuando consigue la cinta sobre textos del enorme dramaturgo británico, cuando logra su mejor y más inviolable cota con "Campanadas a medianoche".
Se trata de una producción hispano-suiza en la que Welles, además de dirigir y escribir/adaptar el guión, se introduce en la piel del grotesco Sir John Falstaff, personaje recurrente en la obra de Shakespeare.
Lo que hace de "Campanadas a medianoche" una creación singular es que no se trata de la adaptación de una obra concreta de Shakespeare, sino que introduce partes de diferentes obras: "Enrique IV", "Ricardo III", "Enrique V" o "Las alegres comadres de Windsor" y añade al texto diferentes personajes de otras tantas obras para crear una cinta donde se respira de manera única el universo Shakesperiano.
Si a esto añadimos la lectura un tanto cruda y vulgar de los textos, muy alejado de la visión refinada que en Inglaterra suelen plasmar de los diálogos y situaciones del inmortal don Guillermo, nos encontramos ante una experiencia insólita y atrayente, un Shakespeare
trasladado al siglo de oro español en aspecto y verbalidad.
Una obra maestra, otra más, del enfant terrible del cine americano, que por aquél entonces ya asentado en Europa, despachaba sus proyectos mas abstractos y delirantes.
¡Feliz semana!

domingo, 28 de octubre de 2018

Los domingos photosong - Fracción ddp - "Vías".


Hace unas cuantas semanas hablábamos de la banda leonesa Fracción ddp (pinchar). Explicábamos la historia del grupo y como su disco, engendrado en los primeros años ochenta, inspirado tras el último concierto de Parálisis Permanente, precisamente en León, veía la luz más de treinta años después de su nacimiento.
Durante los días que he pasado de vacaciones en Rusia, ha llegado a mi casa el vinilo. En cuanto llegué a casa desenvolví el paquete y rápidamente lo pinché.
Estaba claro que tenía que ser el vinilo elegido para este domingo de fotos y canciones. La elección de la canción era secundario, pues todos los temas del disco son notables.
Pero como había que elegir un tema, pues vamos con este "Vías" para amenizar esta mañana de cambio horario, frío y lluvia.
¡Feliz domingo!



sábado, 27 de octubre de 2018

Cinco años sin Lou Reed - "Berlin" (1973), La belleza del horror (reposición).


Los años me han convencido de la grandeza de Lou Reed. Lo que en un principio fue la respuesta de mi 'yo' rebelde y contestatario a una esencia demasiado romántica de mi concepción artística y plástica, con el tiempo se ha ido convirtiendo en la máscara de nocturnidad y desafío que escondía el auténtico rostro del romanticismo, en clave salvaje y descarnada, pero más pura y refinada que otras más acarameladas.
Cuando Lou se fue hace ya cinco años, ¡cinco años!, mi lado salvaje ya había asumido la realidad romántica del mito del underground, y la resistencia había definitivamente derribado las murallas de Jericó de mi juventud aún rellena de temores.
Entonces escribí de manera un tanto entregada a la irresponsabilidad este texto que hoy, para rendir culto al mito, repito sin modificar ni una sola coma.
Cada día más vivo...

Lou Reed - "Berlin" (1973) - La belleza del horror.


"Ninguna voz divina la tormenta aplacaba
ninguna luz propicia brillaba entre las olas
y cuando toda ayuda eficaz nos faltaba
perecíamos a solas.
Pero yo bajo aguas mas iracundas
y sumergido en simas mas profundas..."


Estos versos del británico William Cowper siempre me han producido una especie de presión de angustia y congoja en el corazón. Un sentimiento de oscuridad y recreo en el sufrimiento propio, como la auto-contemplación de una desesperanzada pérdida de ganas de seguir adelante, una vez perdido, o creído haber perdido todo.
En cambio también me ha parecido siempre descubrir una sombra de belleza entre tanto dolor como el que irradia el poema. Como si en la auto destrucción hubiese una suerte de romántica beldad, una sutil y escondida evocación de hermosura: La belleza del horror.
Y algo así es lo que mi interior detecta en cada escucha de “Berlin”: una belleza que intenta filtrar parte de su verdad entre el cargado y nebuloso ambiente de las calles tóxicas e infectadas por las que desfilan los enfermizos personajes que Reed nos presenta en esta cruda y mortecina historia de dolor y perdición.



“Berlin” es, como sin duda todos sabéis, un disco conceptual en el cual el de Conney Island nos arrastra, prendidas sus garras de nuestros sangrantes corazones, por las tortuosas vivencias de dos seres, habitantes de un submundo contaminado por la degradación humana más febril y dolorosa. Por medio de su angustiosa historia nos vemos envueltos, “gracias” a la decadente textura de la música de Reed, en sobrecogedores pasajes sónicos que derraman violencia, sadismo existencial, adicciones, y también romanticismo.
Se trata de la historia de amor entre una prostituta alemana llamada Caroline y un norteamericano yonqui de nombre, Jim.
Estos nos abandonan en su zigzagueante devenir vital en decadentes ambientes, pútridos cabarets y húmedas aceras en las que las bacterias propiciadoras del dolor se mezclan con las portadoras del horror, para trepar hasta las almas de los que han perdido la esperanza y con ella las defensas contra tan despiadados virus.
Y para conseguirlo Lou se traslada a Londres y allí deja fluir todo su veneno underground, su poesía maldita y entregada a la desesperación en diez temas de tenues melodías donde se confunden los sonidos jazzisticos con la música cabaretera más sucia y barata. Los ritmos rockeros de enfermizo palpito con las sonoridades orquestales de musical años treinta, y todo cobijado en un manto de sobrecogedor pesimismo y decadente existencialismo.
Se rodea de músicos de excepción que logran recoger todas y cada una de las enfermas sensaciones que invaden el alma de cada corte, a cual más oscuro y más bello, más profundo y más agorero, para crear un disco absolutamente imperecedero, donde el horror es el protagonista, el horror humano, pero con esa luz lejana y divina -como la que buscaba Cowper en su poema- de belleza. Un disco que se resume en la mencionada frase: La Belleza del Horror.



Jack Bruce al bajo, Steve Winwood a los teclados o Aynsler Dumbar a la batería son algunos de los nombres de excepción, profesores que ponen su talento indiscutible al servicio de las tétricas y bellas melodías que el neoyorkino recoge de su alma maldita para plasmarlas, bajo la excepcional y realista -cual film de Murneau- producción de Bob Ezrin.
Todo está en sintonía con la desesperación reinante en la existencia de Caroline y Jim. Desde la emocionante presentación de la prostituta en la fina “Lady Day” y del yonki en la álgida “Man of Good Fortune”, hasta las patéticas y estremecedoras “Caroline Says II” o la terrorífica y escalofriante “The Kids”, de subyugante final con el desgarrador llanto de un bebé que le pone el corazón en un puño al más acerado oyente.
Poderosas instrumentaciones vodevilescas en “How Do You Think It Feels” y “Oh Jim”. Sin olvidar la escalofriante “The Bend”, evocando el suicidio de la protagonista y el deslumbrante y brillante final con la soberbia “Sad Song”, la cual da fin a esta desesperada semblanza al amor, pero al amor psicótico, al amor extremo y tóxico; y al desprecio, al desprecio a la vida. Se trata en definitiva del retrato oscuro y derrotista a la no creencia en la posibilidad de redención, a la renuncia a la búsqueda de la esperanza, y de fondo, la belleza, la belleza que se encuentra en el interior del hombre, por muy negra que sea su existencia y por muy doloroso que sea su sentir, la belleza que sin embargo no logra salvar a Caroline y Jim.
Sirva el comentario emocionante de esta obra maestra total y absoluta para rendir homenaje al gran Lou Reed, mis amigos y colegas de la blogosfera han dicho tanto, y tan atinado sobre el poeta de la oscuridad que ya no me queda nada más que añadir.
Hasta la próxima!!!



Como todos los jueves os recuerdo qua ayer miercoles aparece la reseña del jueves en el fabuloso ZRS, si os interesa leerla alli solo tenéis que pinchar aquí, darse una vuelta por ZRS, siempre merece la pena, os lo aseguro.

viernes, 26 de octubre de 2018

Se publica el libro: "The Beatles, The White Album - Canción a canción" de Tomás Crespo.


La ocasión la pintan calva, o eso se suele decir. Como todos ustedes saben el mítico disco "The Beatles", más conocido como "The White Album" cumple en esta añada el medio siglo de vida. Durante el año en curso han aparecido diversos productos relacionados con esta efeméride, más interesantes para el vendedor que para el comprador la verdad, pues la mayoría no son sino los típicos saca-dineros que poco o nada aportan a la obra original.
Pero cuando el año del aniversario empieza a ver el final del chollo, aparece algo que parece que, esta vez sí, tiene un evidente interés para los aficionados a la música.
Se trata del libro titulado "The Beatles, "The White Album" - Canción a canción" (California Editorial) del autor Tomás Crespo, quien ya publicó otros interesantísimos libros que giraban en torno a los Fab Four como: "La manzana envenenada" o "Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band - Canción a canción".
En esta publicación, el autor intentará desgranar los días en los que se llevaron a cabo las grabaciones de todas y cada una de las canciones que formaron el doble disco blanco de The Beatles.
Eran tiempos convulsos para la banda, muerto Brian Epstein, llegaron cada uno por su lado y cada cual con sus ideas propias, acababan de crear una empresa/emporio como Apple Records y las relaciones personales de los Fab Four no atravesaban su mejor momento. No parecía el mejor caldo de cultivo para hacer algo importante, aún así, lo hicieron.
Esta publicación nos cuenta cómo consiguieron grabar tan magna obra en aquél 1968.
El libro se puede adquirir en las plataformas habituales.
Fuente: Rock and Roll Army.com

jueves, 25 de octubre de 2018

La ciudad de agua y mármol, el anillo perdido, la grandeza de San Petersburgo.

Palacio de Invierno y Museo Hermitage

La luz blanca del amanecer se coló por debajo de las gruesas y pesadas cortinas beige del hotel Rus. El cielo volvía a iluminar el laberinto de canales de agua que sin duda debía ser la ciudad a vista de pájaro, y creaba ese ambiente de frescor húmedo, limpio y luminoso que se sentía como un corazón latiente sobre el suelo crispado por las heladas de San Petersburgo.
Karina dormía boca abajo, la besé en el omoplato, gruñó en ruso algo intranscribible a la lengua de los cristianos y resopló rindiéndose al sueño. Me vestí con cuidado y me deslicé por la moqueta azul Bilbao de la quinta planta del Rus hacia el ascensor, apreté el botón del bajo y la tierra heróica que soportó durante novecientos días el sitio nazi sin rendir la ciudad se acercaba a mis pies dejando arriba, sobre mi cabeza, el séptimo cielo.
El sol lucía más pálido que a orillas del mediterráneo, proyectando su luz amarilla sobre la hierba cubierta de hojas marrones y ocres que el otoño se encargaba de esparcir por el suelo, acariciaba ese sol la piel de mi rostro sin agredirla, con una sensación extraña de calor fresco, y el paseo por la orilla de cualquier canal se convertía en un ejercicio de contemplación de la vida al rumor del agua que discurre tranquila, como si ya conociera el recorrido que le ha asignado la orografía de la ciudad.

Canal que baña la Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada

La avenida Nevski refulge de actividad a las nueve de la mañana, las tiendas están abriendo y los cafés despiden olor a comida de desayuno: té de jazmín, café y tortillas francesas. El metro, a más de ochenta metros de profundidad es una ciudad paralela, un río de humanidad y mármol cuyo cauce discurre bajo los canales, durante cinco minutos el viajero se aferra a la escalera mecánica que parece no llegar nunca a su destino subterráneo. Cuando lo hace finalmente entrega al pobre viajero a la magnificencia de unas columnas de cristal y mármol que hacen pensar en un palacio bajo tierra, a los bustos de héroes locales y a los hermosos mosaicos llenos de simbolismo socialista. Los oriundos pasean sus prisas y bostezos por aquellos pasajes tan conocidos que no llaman la atención de unas pupilas acostumbradas a pasear la rutina entre fastos palaciegos.
Nuestra Señora de Kazan, incrustada en el corazón de la avenida Nevski, obliga al paseante foráneo a hacer un alto en el camino, sortear el bullicio y penetrar en la más arraigada liturgia ortodoxa, las mujeres cubren su cabello con hermosos pañuelos y los hombres se santiguan ante las imágenes siempre planas y en bellas policromías de sus santos y vírgenes más queridos.

Nuestra Señora de Kazan

El final de la avenida coincide con una nueva explosión de luz e historia. Girando hacia la izquierda la magnífica catedral de San Isaac se impone, rodeada de columnas y presidida por la incuestionable cúpula, la terraza en la que los turistas se amontonan para disparar sus cámaras y sus hieráticas puertas de bronce. El interior es un torbellino de imágenes santas, el bronce y el lapislázuli se convierten en color y poder de santidad. Sorprenden las columnas marmóreas y las filigranas doradas que se retuercen formando intrincadas realidades brillantes que sirven de soporte a las bóvedas que representan las más arrebatadas imágenes bíblicas, obligando a los pescuezos a dislocarse y a los ojos a nublarse por efecto de unas lágrimas emocionadas que insisten en salir, una de ellas se deslizó hacia la comisura de mis labios dotando a mi paladar de una santa sensación de mar y frescor.

Interior de la catedral de San Isaac

Al salir del templo el sol insistía en rociar con su luz el parque anexo que tras una tela de ramas y hojas en descenso otoñal va poco a poco, paso a paso, descubriendo a unos ojos ansiosos la imponente plaza de la victoria, con su arco doble, su columna de Alejandro y el monumento homenaje a los héroes de Leningrado; allí permanece inalterable, bramando respeto y proclamando su suficiencia soberbia de grandeza asumida. Frente a las fachadas que forman un semicírculo perfecto se levanta egregio el Palacio de Invierno, la que fue residencia de los despóticos y hedonistas zares, que vivió en 1905 el terrible Domingo Sangriento y que sucumbió definitivamente ante la revolución bolchevique en octubre de 1917, para pasar sus muros a contener la catarata de riquezas acumuladas por la casta malvada y ególatra de los aristócratas y dar muestra de la ruindad de éstos, y al tiempo asombrar al mundo con la belleza de su legado ignominioso. El Palacio de Invierno alberga también hoy el indescriptible Museo del Hermitage, donde una vida y dos ojos no son suficientes para acometer tanta belleza y tanta obra maestra; y un cerebro no alcanza a divisar tal montante histórico de hitos y miserias.

Museo Hermitage


Sopa Borscht
Se revela el tiempo, acondicionado por los aires de revolución que se respiran en semejante entorno y la hora se nos echa encima aún en ayunas. Las tripas protestan y los ojos se arrugan, incapaces de absorber un lienzo más, no querían mis retinas ser desleales a Tiziano, Murillo o Van Eyck, no prestándoles la atención debida y el agotamiento no les permitía la mínima concentración, la visita, aunque incompleta había llegado a su fin, era lo justo y también lo honesto.
La comida fue cena, ya nos alimentamos de arte durante la jornada, y un restaurante pequeño de madera me ofrecía ambiente de roble, cerveza fría y la deliciosa sopa borscht.

El sol había abandonado el cielo de San Petersburgo, la noche extendía su manto de decadencia aderezada con fruslerías y romanticismos. La camarera me sirvió un vaso de vodka que me quemó la garganta y envalentonó el espíritu. Entonces me dí cuenta de que había perdido mi anillo, el anular de mi mano derecha estaba vacío y la ausencia de éste se hacía notar en el dedo, más delgado donde mi viejo anillo plateado vivió durante años. Tal vez sea la escusa perfecta y absurda para volver algún día a San Petersburgo: ¡recuperarlo!.

miércoles, 24 de octubre de 2018

John Hiatt - "The eclipse sessions" (2018)


Tenía claro que el primer disco que abriría la nueva temporada de Rock and more sería el nuevo cancionero de John Hiatt. Las nuevas canciones del de Indianápolis han acompañado a un servidor en sus paseos por Rusia durante los últimos diez días (entre otros artistas, claro), y tal vez por eso estas canciones gozarán de un aliciente extra que dispondrá mi ánimo y cariño de manera preferente hacia las mismas para siempre.
No obstante y se mire por donde se mire, John Hiatt lo ha vuelto a hacer: recopilar un ramillete de canciones impolutas, emocionantes y que nacen con esa característica de atemporalidad que sólo los muy grandes son capaces de transmitir, simplemente siendo ellos mismos, sin buscarlo.
Grabadas bajo la magia del eclipse que en agosto de 2017 recorrió Estados Unidos, estas once coplas fueron registradas en aquellos días en un formato de trío que incluía al propio Hiatt, al bajista Patrick O'Hearn y el baterista Hiatt Kenneth Blevins, con la producción de Kevin McKendree; de ahí el título elegido para el elepé: "The eclipse sessions".


Desde el primer segundo el oyente reconoce el estilo de Hiatt. De inmediato celebra que la voz, aunque más cascada que en los tiempos de "Bring the family", siga sonando a autenticidad y discurra, filtrándose por la fibra sónica de las canciones, con la fluidez de siempre y el limpio y bello color de antaño; (como en el caso de Thompson, no haremos innecesarias e injustas referencias a la edad de John Hiatt, éste no lo necesita, no ha pasado el tiempo para su música).
Sólo queda pues, deleitarse con las nuevas composiciones del autor de "Master of disaster". En esta ocasión y como siempre, a su rock de acento sureño, le añade pinceladas de blues y soul, de folk y country, dotando a sus coplas de la luz del crepúsculo, sintiéndose la emancipación de los viejos sonidos en alas de lo íntimo y personal, formando una estructura de perfección geométrica donde los engranajes de voz, melodía e instrumentación encajan sin ningún tipo de trabas, rodando todo dentro de la más absoluta fluidez, y lo más importante: naturalidad musical.
Destacan sus temas más 'marca de la casa' como la dulce y nostálgica "Cry to me", que suena como un sollozo en medio de la pradera; también la reflexiva "Aces up your sleeve"; el maravilloso folk de emotividad cotidiana titulado "Nothing in my heart" (no abundan los compositores capaces de crear algo así); "Over the hill" está empapada de soul y blues; más soul que blues anida en "Outrunning my soul" y folk melancólico y dolorido en la bonita balada "Hide your tears" o en la que cierra el lote titulada "Robber's highway".
Un rock de esencia southern cabalga sobre las escobillas en "Poor imitation of god"; y el blues más pantanoso del delta en "I like the odds of loving you"; mientras el poderío sonoro se concentra en las guitarras irritadas, el ritmo machacón y el piano honky-tonk de "One stiff brezze".
Pero deseo dejar para el final mi lugar favorito del álbum, uno de esos folk, soul, blues tan hermosos que suele regalar Hiatt, una de esas coplas que para el tiempo, una canción que me emociona especialmente y que se titula "All the way to the river" y que siempre me recordará al frío y acogedor murmullo que acompaña al río Nevá.



La arruga es bella dice my friend Joserra. Tiene razón, siempre la ha tenido, pero creo que este año 2018 más que nunca, pues salvo honrosas excepciones son los mariscales de la arruga los que están dando la de cal y haciendo que esta añada pueda ser recordada, un botón de muestra es éste, el nuevo disco de John Hiatt.

sábado, 20 de octubre de 2018

Presentación del libro "1050 Discos cardinales" de Juanjo Mestre, hoy en Loco Club


Aunque estoy de vacaciones  no puedo evitar recordar el magno acontecimiento que tendrá lugar hoy en la capital del Turia.
Mi admirado Juanjo Mestre, pluma privilegiada de las letras rockeras patrias y axioma de independencia publica su primer libro : "1050 Discos cardinales".
Lo hará acompañado de amigos  con música a cargo de dos cartas ganadoras de la música valenciano y mundial como Manolo Bertran (Doctor Divago) y Cisco Fran (LGEB).
Será en la sala Loco Club  a partir de las cinco y media y habrá jugoso debate.
Aunque no podamos estar presencialmente, mi ánimo e ilusión estará con los afortunados que estén presentes.

domingo, 14 de octubre de 2018

Fin de curso, buscando horizontes y saltar abismos.


Recuerdo que en mis lejanos días de estudiante defendía que los años eran el periodo de tiempo que transcurría desde que empezaba el curso hasta el comienzo de las vacaciones. El periodo vacacional era por tanto una especie de tiempo extra, un paréntesis reservado por el destino para dedicarlo a todo tipo de hedonismos fuera de cartel.
En cierto modo este pensamiento no me ha abandonado nunca, y a día de hoy sigo sintiendo que el año acaba cuando me enfrento a las vacaciones, siendo la nochevieja un día de celebración familiar en el que desde hace muchos años que ni siquiera salgo de casa después de comer las uvas.
Precisamente, recién empezadas mis vacaciones, me encuentro en ese lugar psicológico en el que suelo hacer balance de lo que ha ocurrido durante los últimos meses, lo que siento qué ha sido el devenir de la vida y mis circunstancias particulares.
Por hacer un resumen claro y conciso, diré que el último curso (mejor denominarlo así) lo puedo reducir a una palabra: "distancia", o tal vez más concretamente "distanciamiento".
Me da la sensación de que durante los últimos meses muchas cosas de las que consideraba seguras están más lejos, no sé si me he desplazado yo, o por el contrario he permanecido estático sin advertir el abismo que empezaba a abrirse entre yo y parte del mundo, pero hoy siento que algunas situaciones y personas no están, o tal vez soy yo el que no está.
Intentar recuperar sensaciones cuando la apetencia de hacerlo no es real no parece que tenga demasiado sentido, y tal vez por eso he permitido, indolente, que transcurra el tiempo y aplique esa falsa cualidad de solución mágica que solemos atribuirle.
Siempre pienso que a estas alturas del año, a punto de volver a colgar la mochila a la espalda para refrescar la vista dejando que se pierda en horizontes nuevos y (espero) venturosos, la capacidad de análisis que puedo ofrecer no es del todo nítida, pues seguramente será perdido en lejanos parajes donde mi cabeza, cada vez más terca y encajonada en la costumbre cobarde que se aferra a nuestro comportamiento, pueda por fin ordenar las cosas para resetear a un tipo que cada vez pasa menos controles de calidad vital, o eso creo.
Siento que la esperanza, sagrada palabra en la que siempre he intentado sustentar mis pasos por muy cenagoso que fuese el camino, me ha terminado desesperanzado, creo que la utilización de la misma me ha resultado, finalmente y perdida en muchos aspectos la sustancia de su valor intrínseco, frustrando.
Lo cierto es que siento que en muchos aspectos no hay esperanza, y así lo demuestra el descabalgar que he ceremoniado en la oscuridad de mi naufragio durante los últimos tiempos: perezoso ante la batalla que tan avezado me mostraba a plantar no hace tanto tiempo, mirando hacia otro lado cuando mi natural oficio era el de fijar la mirada y enfrentar los molinos de viento que este canalla y Cervantino país y sus necias costumbres ponía cual espectros ante mi, Quijote de pacotilla que terminaba con la osamenta dolorida acurrucado en el suelo mientras las aspas seguían girando, haciendo harina de mis ilusiones, aquellas que hoy me parecen quimeras de caballero andante con el cerebro enajenado.
Los besos que antes se repartían con la alegría irresponsable del pobre que da lo que tiene, son ahora, o así lo parece, administrados como las monedas de un viejo usurero Dickensiano que conserva lo único que la vida le ha dado, por si algún día pudiera con ellas comprar favores a un destino aciago, quedando como fin único: la vida sin vivir, los favores sin cobrar, y los besos sin repartir.
Posiblemente esté cansado, aturdido y un poco desconfiado, aunque no tengo motivos para desconfiar de nadie.
Pero he de admitir que la porción de suerte que el azar me ha asignado sigue en forma de unos cuantos amigos (alguno confío que lea esta perorata y sonría ante la avalancha de pesadumbres que se le pueden ocurrir a un servidor cuando está agotado), y que el cosquilleo de su cabello en mi pecho sigue siendo la sensación más maravillosa que existe, y que sigo celebrando que huela tan bien -como dije en cierta ocasión- a papelería de barrio, a hierba recién cortada... que la música me resucita de mi mismo cada vez que una canción enciende la luz roja de mi corazón y llama a la batalla a una piel que se excita, que en cada concierto vivo en la compañía de amigos que son regalos, que los libros me siguen enseñando lo ignorante que soy, y me sumerjo en ellos como cuando de niño soñaba con ser Athos, Ivanhoe o 'Dick' Shelton... y que me consta que hay alguien al otro lado de la puerta, esa que suelo mantener cerrada, celoso de que mis pensamientos no se escapen, pero que cuando la abro suele entrar la primavera.
Pronto salgo de viaje, compartiremos horizontes y visiones, ordenaremos sensaciones y sentaremos prioridades, caminaremos en busca de lo impregnado de espontaneidad y dejaremos que los aires de novedad despeinen mi cabello y me doten de un poco de sabiduría y, espero, bondad, y que a la vuelta pueda reducir distancias y saltar el abismo.
¡Hasta la vuelta!



sábado, 13 de octubre de 2018

Elliott Smith - "XO" (1998) - Mis discos de los noventa.

Sigo recordando mis discos favoritos de la década de los noventa. Cierto que hace algo más de tres años ya hablamos aquí de este disco, que no es otro que "XO", uno de mis trabajos favoritos de ese grandioso talento encerrado en un hombre repleto de dolor y amargura que fue Elliott Smith.
Es por ello que pensé en un primer momento omitir esta referencia, pero me lo he pensado mejor: ¡no me da la gana dejar fuera este disco!, lo adoro, me estremece y emociona tanto que no sería justo ni sincero por mi parte.
Así que recordamos la reseña que en su día escribí sobre "XO" sin ningún tipo de modificación, pues sigue siendo válida.
Recordamos al gran Elliott Smith y su maravilloso "XO", otro de mis discos favoritos de los noventa.


A menudo me he preguntado porque nunca me he acercado a Elliott Smith en este mi rincón, siendo como es, uno de los cantautores que mas consigue penetrar en mi de todos los que han torturado sus almas en busca de destilar su dolor supurando canciones por sus gargantas, corazones e incluso por sus poros, en los últimos lustros.
No voy a entrar en su truculenta y corta vida, sus adicciones y sus depresiones son conocidas y nos dejaron sin uno de los mas talentosos creadores de canciones de las últimas décadas. Por supuesto omitiré comentar nada a propósito de su triste y extraño final.


Este final, no obstante, da la sensación de que se venía anunciando en todos y cada uno de los renglones que discurrían sobre la aterciopelada senda de sus armonías acústicas y la vaporosidad de sus melodías, que nos venía adelantando el terrible acontecimiento en sus canciones.
Siempre me ha dado la sensación de que las canciones de Elliott Smith eran el resultado de una batalla, un enfrentamiento invisible entre elementos, la confrontación entre el fuego de un corazón, el de este artista, que arde incapaz de ahogar el incendio que en él provoca toda la basura que le llega del exterior, toda la fealdad del mundo en general y, imagino que la del mundo de Elliott en particular, fuego que era combatido con el arma mas poderosa con que cuenta un ente sensible, con su alma, y el alma de Elliott Smith era de seda, seda fina, gaseosa y hermosa, yo me la imagino blanca pero cada cual...seda que el fuego no consigue convertir en cenizas aunque lo intenta una y otra vez, en cada trago, en cada dosis, pero el alma de un poeta es fuerte y lucha, de esa pelea, de ahí parten las canciones, vacunas contra el dolor que incendiaba su corazón, dosis de belleza que consiga disfrazar lo feo, lo doloroso, lo hipócrita...no le salvó pero dejo un legado de enorme belleza y definitiva emotividad.


Vale como muestra cualquier botón de su discografía, yo he escogido este "XO" como podría haber optado por otro, pero aquí encuentro el punto en el que Elliott Smith empezaba a librar la batalla definitiva, esa que mantuvo durante unos años mas, unos discos mas, unas bellas canciones mas.
Primer disco con el sello Dream Works y producido por él mismo junto a Rob Snachpf Tom Rothrock, compuestos todos los temas por Smith y en el que no faltan sus habituales voces dobladas creando sublimes coros de fragil energía, sus melodías de perfecta formación, de artesana elaboración acústica, de poco intrincado organigrama sónico, la voz, la tenue orquestación, los coros referidos y la pasión, los restos de la batalla antes comentada son sufiecientes para dotar a sus composiciones de todo el fuego y toda la seda que necesitan para ser especiales, dolorosas, únicas.
Es por todo lo expuesto que el temario de este álbum no encierra demasiadas novedades con respecto al resto de su producción, cortes de gran belleza y sobrantes de emoción y pasión.
"Sweet Adeline" abre el disco y el camino que deben seguir los que con el de Nebraska quieran caminar por este sendero que es "XO".
Tras el estribillo de voces dobladas y golpeteos de teclas llega la celestial "Tomorrow Tomorrow" con similares credenciales pero mas folk. Bellísimo vals, compaginando voces y teclas, y el ritmo del vals deslizandose en una melodía irresistible, es la maravillosa: "Waltz #2 (XO)".
El pop puro, nítido y pétreo de "Baby Britain", preciosa y Beatlemana, la sosegada y susurrada "Pitseleh", la mas rítmica y popera "Independence Day" y el pop mas suntuoso y ochentero de la ambiental "Bled White", se apuntan a la caminata sumando beldades sonoras y febriles textos.
Bella y onírica "Waltz #1" no deja lugar a dudas sobre la sensibilidad que se escondía en aquel joven de alma torturada.







Un poco mas de brío en la breve y densa "Amity" que da paso a una balada de cuerdas secas y tristes que bien podría haber parido John Lennon, hablo de "Well Okay", deliciosa. Ritmos y voces en falsete que rompen cuerdas de las que sujetan órganos internos, violines y celos que rugen y evocan, batería que acaricia pero con firmeza los parches, un tema fantástico este: "Bottle Up & Explode".
Mas electrica y oscura, rockera pero sin rugidos, no es "A Question Mark" de mis favoritas del disco. Tablas entre fuego y seda en la sugerente y refulgente orquestación de "Everybody Cares, Everybody Understands" que consigue no resultar empalagosa a pesar de la producción excesivamente aparatosa.
Y final de caminata con la sensitiva y delicada "I Didn't Understand", tema que cuenta con la multi-vocalidad de Smith meciéndose en una lastimera melodía, triste como el oyente ante el inminente final del recorrido.




Disco peleado por el interior déspota que agitaba la vida de aquel joven que tenía demasiadas cosas bellas que expresar envueltas en seda pero que no sabían como sortear el fuego que desde el exterior arrasaba un corazón que escondía la cabeza debajo de un ala de autodestrucción.
Piel de gallina y sospechas de pesares entre los pliegues de estos temas que destilan dolor y pasión, fuego y seda.

jueves, 11 de octubre de 2018

Malcolm Holcombe - "Come hell or high water" (2018)


Si me lo permiten, me gustaría lanzar una pregunta al aire: ¿cuántos artistas en la última década, han dejado un legado discográfico de la enjundia del que nos está regalando Malcolm Holcombe?.
Un servidor tiene clara la respuesta: pocos, tal vez ninguno. Y es que en este curso 2018, Malcolm Holcombe también ha dejado constancia de la impresionante etapa de creatividad por la que está atravesando desde hace lustros, a pesar de superar ya las seis décadas de vida, y nos regala un nuevo y magnífico disco (y van...) titulado "Come hell or high water".
En el nuevo cancionero, la voz árida y resquebrajada de Holcombe incide nuevamente sobre las venturas y desventuras del mundo actual, el que le rodea de manera física y el que va más allá de su campo de visión, pasando por ser una especie de existencialista del siglo XXI que cabalga sobre una guitarra acústica y repta por los caminos en busca de un auditorio que se sienta permeable a su oferta de sensibilidades, amarguras, reflexiones, nostalgias y pesimismos.


Se rodea de un equipo formado por Iris DeMent (piano y voces); Jared Tyler (guitarras, dobro, mandolina); Marco Giovino (batería y producción) y Sonny Barbato (acordeón); además de la colaboración en las voces de Greg Brown. Aunque en este catálogo, es la voz de Iris DeMent, que acompaña y sombrea la quejumbrosa reflexión en voz alta de Holcombe lo que le da al disco una dimensión superior y especial, algo que no habíamos escuchado antes y que resulta en algunos momentos dulcificador y en otros evocador.
Este trovador de los caminos, rastreador de historias escondidas en las mesillas de noche de los moteles de carretera y observador paciente y circunspecto del mundo y la existencia humana nos vuelve a sobrecoger con letanías y leyendas que rugen de verdad y ronca poética. Con los epígrafes que describen el germen de la música americana tatuados en el alma, sin distinción de palos; pues todos arden en la misma pira crepitando sonidos enraizados y nobles que dan calor y color a sus coplas sangrantes, siempre emocionantes, íntimas, épicas y desbordantes de ternura.
Malcolm Holcombe vuelve a inmiscuirse con sus canciones en las obsesiones, tristezas, nostalgias y preocupaciones humanas, con sentido poético y errante, con esa suerte de realidad cruenta que acompaña a su lírica, y vuelve a resultar profundamente emocionante, firmando un nuevo trabajo mágico.




miércoles, 10 de octubre de 2018

The Molochs - "Flowers in the spring" (2018)


Hace aproximadamente un año y medio hablábamos de un grupo que recientemente había llegado a mis oídos, se trataba del dúo californiano The Molochs y lo hacíamos a propósito de su disco de 2017 "America's velvet glory" (PINCHAR).
Recuerdo que el disco me gustó bastante, pero debo admitir que lo quemé pronto, y por algún motivo no lo volví a retomar, fue un disfrute fugaz, no sé si por causa mía o porque el disco no ofrecía más recorrido.
Tal vez esta ha sido la razón para que con su nuevo trabajo titulado "Flowers in the spring" me haya mostrado más cauteloso a la hora de escribir sobre él. Lo cierto es que esperaba un buen disco (reseñas había que así lo calificaban), pero temía que ocurriese lo mismo que el pasado año y el disco se difuminara rápido y perdiese interés al cabo de unas cuantas escuchas.
Es por eso que me he entretenido más con él, y ahora puedo decir que no se ha repetido aquél episodio y que tras varias semanas haciendo girar este cancionero, no sólo me ha gustado más que el anterior trabajo tras la primera escucha, sino que sigue sonando y haciéndose querer como el primer día.


Siguen sonando frescos, con una base melódica sencilla y un estilo que se mueve entre el folk electroacústico con leves salpicaduras de psicodelia puramente californiana y una película sónica dominante sesentera y merseybeat.
Se aprecia mayor madurez y equilibrio, y las canciones están mejor terminadas por lo que resultan más nutritivas y con más matices.
El tracklist ofrece una serie de títulos que se disfrutan y tienen un regusto que nos acerca a Sudden o Soft Boys por un lado, o a Smiths y Kinks por otro, como ejemplos patentes.
Guitarras radiantes que resuenan rasgadas en canciones como "To kick in a lover's door", la estupenda copla de reminiscencias Jacobitas "A little glimpse of death", "Shadow of a girl" o "Wade in the water" que a un servidor le evocan a The Smiths, "Too lost in love" o la Kinky "All the things that happen to me". Suena la acústica, maravillosamente tierna en "Flowers in the spring", y continúa con irresistibles acentos folk y aporte de cuerdas en "And she's sleeping now".
Hay momentos más tensos, con bajos que retumban en "I wanna say to you", en la densa "Pages of your journal" o en la efímera "She glows".
Aunque debo admitir que mi momento favorito llega con la delicada y encendida "First time I saw you" de primoroso encanto.
Repiten y mejoran The Molochs su anterior disco, dotando a esta continuación de un mayor empaque que permite apreciar una evolución por el buen camino sin perder las bondades ya adquiridas en pretéritos trabajos, un disco notable que merece una recomendación.

martes, 9 de octubre de 2018

"Bowie, Glastonbury 2000" - Se anuncia un nuevo disco en vivo de David Bowie.


Repasando en la red las novedades y próximos lanzamientos musicales, me encuentro con que a alguien se le ha ocurrido que los melómanos no podríamos vivir sin un registro más de David Bowie en vivo: el concierto que el susodicho ofreció el 25 de junio de 2000 en el festival de Glastonbury.
Aquél concierto, rebautizado ahora como "legendaria actuación", nos será ofrecido, siempre por nuestro bien y para que no sufra nuestra alma sedienta de sensaciones rockeras, en formatos de lujo, ya saben: estuches muy chulos con DVD, doble DC, también con posibilidad de triple LP...
Nos comentan que todas las ediciones incluirán el diario que David Bowie escribió en su día para Time Out en el que nos cuenta cómo se preparó para esta "gran actuación", y es que claro, Bowie en 1990 apenas había ofrecido conciertos y la ocasión merecía toda esta parafernalia.
Serán 21 hits, 21 de las canciones más populares del Duque blanco, presentadas como el último gran documento de Bowie, hasta que aparezca el siguiente en breve.
Por supuesto que hablamos de algo imprescindible a pesar de llevar muchos de los temas de aquella actuación rulando por YouTube desde hace años (de acuerdo, no están los 21), incluido el programa que ofreció la BBC de 37 minutos y siete canciones.
Se sigue haciendo caja con lo que dejaron tras de sí los grandes ausentes de la historia del rock, con el señuelo de honrar su memoria por supuesto, pero así como Dylan o Young están publicando registros ocultos de manera voluntaria y controlando ellos mismos el proceso, con otros muchos se hace business editando documentos que los artistas en vida no vieron la necesidad ni tuvieron el deseo de hacerlo, pero así funciona el tema.
Aunque no seré yo el que pase por caja, entiendo y respeto que a muchos este directo puede interesar, así que a partir del 30 de noviembre estará disponible (me imagino que a unos cuantos euros) para todo aquél que quiera llevarse a casa este "Bowie, Glastonbury 2000".


Tracklist de "Bowie, Glastonbury 2000":

CD 1

Wild Is The Wind
China Girl
Changes
Stay
Life On Mars?
Absolute Beginners
Ashes To Ashes
Rebel Rebel
Little Wonder
Golden Years

CD 2


Fame
All The Young Dudes
The Man Who Sold The World
Station To Station
Starman
Hallo Spaceboy
Under Pressure
Ziggy Stardust
Heroes
Let’s Dance
I’m Afraid Of Americans






lunes, 8 de octubre de 2018

Los lunes... escenas de cine - "Pero, ¿quién mató a Harry?"


La película que hoy traigo a la cabecera del blog no es ni mucho menos de las más comentadas, elogiadas ni recordadas del maestro Hitchcock, soy consciente de ello, pero un servidor siempre ha sentido un profundo cariño por ella.
"Pero, ¿quién mató a Harry?" es una brillante comedia negra filmada por don Alfredo en 1954. Me encanta su textura dotada de un color maravilloso y su atmósfera deliciosamente siniestra sin dejar de resultar bucólica, plácida y campestre.
El protagonista de la cinta no dice ni mú, pues Harry con sus coloridos calcetines aparece muerto en medio del campo, un viejo capitán que estaba cazando lo encuentra y se cree responsable del homicidio por culpa de alguno de sus disparos, así que decide enterrar el cuerpo temeroso de que le culpen. No tiene suerte el desafortunado cazador, pues antes de poder proceder al enterramiento, el cadáver es descubierto por otras personas del pueblo, las cuales tienen unas reacciones, cuando menos extrañas, ante semejante descubrimiento.
Las relaciones entre los vecinos del pueblo que se topan con Harry empiezan a ganar la partida argumental al hecho de que un pobre hombre está muerto sin saber que ha ocurrido con él.
Además en esta película debuta la maravillosa Shirley McLaine a quien dedicamos la cabecera por que no me puedo resistir a ello.
Con ella pasamos la semana y con la intrigante e hilarante historia del pobre Harry.
¡Feliz semana!

domingo, 7 de octubre de 2018

Los domingos photosong - Elvis Costello - "Punp it up"


Tengo la firme intención de tomarme este domingo como jornada de descanso en toda la concepción de la palabra. Muchas ganas de las vacaciones y muchos conciertos que me he perdido últimamente debido a mis horarios de trabajo, el tema me tiene un tanto quemado, la verdad.
Así que hoy pienso dedicarme a escuchar música, leer y escribir y no pensar en los momentos perdidos, ya no tiene remedio.
Me he levantado de la cama casi a las once, cosa totalmente increíble en mi, no recordaba la última vez que hice algo así, desayuno, ducha y me he sentado frente al ordenata con un buen disco girando en el plato (otra cosa pendiente, el nuevo plato).
Así que mientras escribo esta perorata suena el segundo y fantástico disco de Elvis Costello, "This year's model" publicado en 1978 y producido por el gran Nick Lowe.
Tardé años en subirme al carro de Costello, un servidor siempre tan apegado a las guitarras blueseras y a los riffs frenéticos y flamígeros en su juventud, no dio demasiado margen de confianza al tipo con traje y gafas que sacaba una foto al que se acercaba a la portada de "This year's model".
No fue hasta entrado el presente siglo y los nervios de un servidor iban calmándose, que entré en el interior de un disco de Costello por primera vez ("Armed forces"), me gustó mucho, así que decidí tomármelo con calma y acceder a sus discos poco a poco, escuchando cada elepé durante un tiempo, conocerlo como si fuese un fan de antiguo, de hecho aún no conozco la discografía de este señor completa, me faltan bastantes, pero sigo en mis trece de ir despacio.
Como lo que está sonando esta mañana es su segundo trabajo, no me complico, saco la foto al vinilo que ya está fuera de la estantería y elijo un tema como este "Pump it up" que siempre me ha gustado mucho por ese acento de elegante y furioso rock and roll pasado por la máquina de exclusivización que es el cerebro de Elvis Costello.
¡Feliz domingo!



viernes, 5 de octubre de 2018

Cheap Trick - "S/T" (1997) - Mis discos de los noventa.


Con "Dream Police" (1979) el cuarteto norteamericano Cheap Trick cerraba una primera época gloriosa en la que obtuvieron importantes ventas y dejaron como legado cuatro excepcionales discos.
Con la llegada de los años ochenta, Cheap Trick sufrió esa especie de síndrome que aquejó a tantas bandas que triunfaron en las décadas de los setenta y sesenta, y las cosas empezaron a torcerse.
Así fueron despachando discos en los que la banda parecía perder la esencia de su sonido para refugiarse en sonidos AOR y pop-rock que no terminaban de convencer a sus antiguos seguidores. El gran bajista Tom Petersson dejaba la banda para volver años después, definitivamente las cosas no eran como antaño a pesar de algún éxito esporádico, como el tema de 1988 "The flame" o de contar con la colaboración en tareas de producción de nombres tan prestigiosos como los de George Martin o Todd Rundgren.
Como ocurrió con otros nombres icónicos de la historia del rock, los noventa parecen reactivar también a Cheap Trick, que tras un disfrutable "Woke up with a monster" (1994), de nuevo con Petersson en la formación, en el que se notaba una sensible recuperación, llega en 1997 el magnífico "Cheap Trick".


La prueba más irrefutable de que con este álbum la banda pretendía volver a los sonidos y sensaciones de los viejos tiempos, es que deciden bautizar el trabajo con el nombre del grupo, como también hicieron con su grandioso debut, exactamente veinte años atrás.
En este trabajo, grabado en el sello independiente Red Ant Records, vuelven las energéticas composiciones de ese genio creativo llamado Rick Nielsen, y con ellas el nutritivo cóctel que caracteriza las grandes obras del grupo que combina power-pop con rock pionero, las mimadas melodías propias del pop de la invasión británica e incluso algunas gotas de hard-rock y glam.
Vuelven a seducir y excitar al oyente con una colección de temas en los que respiran libres y poderosas influencias de referentes como The Kinks, The Beatles, The Who, The Move, CreamKiss o The Rolling Stones entre otros.
La poderosa y seductora voz de Robin Zander, 'El hombre de las mil voces', sigue sonando como lo que es: una de las más radiantes de la historia de este invento; y la base rítmica formada por los estupendos Bun E. Carlos y Tom Petersson imprimen los latidos y el vigor necesario para soportar las incendiarias guitarras de Nielsen, auténtica seña de identidad del grupo junto a la impagable voz de Zander.
El cancionero es un ecléctico derroche de proteínas sónicas y vocales, con los imaginativos riffs de otros tiempos y melodías que enganchan y se adhieren al cerebro, no hay un segundo de tregua y el disfrute es absoluto.
Así lo demuestran en temas como las de evidente influencia Who: "Hard to tell" y "Eight miles low", dos auténticas píldoras de nitroglicerina.



Por no hablar de brillantes piezas pop de esencia sesentera como: "Carnival game"; poderosas piezas de power-pop pletórico de guitarras y coros como "Anytime" o "Say goodbye", la beatlemana y sublime "You let a lotta people down" en la que la voz de Zander demuestra el porqué de su infinita reputación como cantante; el frenético tema punkarra "Baby no more"; el galopante y stoniano rock and roll de "wrong all along" o la balada con arreglos de cuerda titulada "Shelter"...
Esto y mucho más se arremolina en el tracklist de "Cheap Trick", la vuelta a los grandes discos de la grandiosa y nunca suficientemente valorada formación de Illinois, que hoy recuerdo aquí por dejar en 1997 uno de mis discos inmortales de los noventa.

jueves, 4 de octubre de 2018

Carolina & Lil' Knife, nuevo disco: "As I fade out" y single de adelanto "Searching for the spanish stars".


La cantautora Carolina Otero vuelve para presentar nuevas canciones. Había ganas de catar lo nuevo de la valenciana tras el, un tanto lejano, "Diastema girls" de 2015 sobre el que hablamos en su momento AQUÍ.
Lo cierto es que ahora retorna, y lo hace bajo una nueva nomenclatura, pues si la conocimos en su última etapa como Carolina Otero and The Someone Elses, para este nuevo trabajo se nos presenta rebautizada como Carolina & Lil' Knife. Se trata de un equipo formado por Nick Simpson (bajo), Dani Gurrea (guitarra) y Mike Grau (batería).
Su nuevo disco se titula "As I fade out" y por supuesto la noticia llega acompañada de un single de presentación que ya se puede escuchar en su bandcamp, donde además es posible adquirir todo el elepé, cosa que desde aquí recomendamos.
Se observa tras la escucha de este adelanto, titulado por cierto "Searching for the spanish stars", un sonido más liviano y cercano a un power-pop más melódico que en el disco precedente, aunque sin perder un ápice de fuerza y actitud.
Adjuntamos dirección de bandcamp donde escuchar la nueva canción de Carolina & Lil' Knife, y adquirir el prometedor "As I fade out" (pinchar).

miércoles, 3 de octubre de 2018

Waxahatchee - "Great thunder" EP (2018)


El año 2017 fue la consolidación de Katie Crutchfield, conocida artísticamente como Waxahatchee. Esta llegó gracias al notable larga duración que en la pasada añada presentó, titulado "Out in the storm" y del que en su día hablamos AQUÍ.
Tras algunos singles publicados a principios de este 2018, llega durante el pasado verano el EP "Great thunder" que no hace otra cosa que corroborar la buena estrella que parece guiar por la senda de la inspiración a la cantautora originaria de Birmingham (Alabama).
En este trabajo Katie recupera seis canciones que ya interpretó en un proyecto anterior denominado precisamente Great thunder, y que compartió junto a Keith Spencer (Swearin').
Para esta revisitación, la firmante recorta la duración de algunos temas reduciendo su texto, y ralentiza tempos y melodías, mermando algunos ruidos y fricciones sónicas, basando el sonido en la interpretación de cada canción de manera desnuda, dando protagonismo a su verista y elástica voz, con el único acompañamiento de un piano.
Así ocurre en canciones de sosegada virtud sónica y melódica como: "Singer's no star", la hermosa y entregada "You're welcome", la mística "You left me with an ocean" y la magnífica "Takes so much" tema de encendida interpretación vocal, y sin duda el más modificado con respecto a la versión de Great Thunder.



Se incorporan guitarras acústicas en "Chapel of pines", un folk que poco cambia con respecto a la versión primigenia y en la breve pero íntima y bonita "Slow you down".
Precioso disco, demasiado corto en mi opinión; y que bien puede suponer un nexo o transición en una carrera que apunta alto, y que desde luego provoca en este escriba una creciente apetencia de escuchar nuevas canciones de esta cantante, una de las voces femeninas más interesante y, de momento, prometedoras de la actual escena.

lunes, 1 de octubre de 2018

Los lunes... escenas de cine - "Dublineses (Los muertos)"


Un John Huston enfermo, conectado a una máquina que le mantenía con vida y postrado en una silla de ruedas dirige en 1987 "Dublineses" y de esta manera nos deja un legado póstumo de absoluta excepción.
Recrea el relato "Los muertos" perteneciente a la obra "Dublineses" del autor irlandés James Joyce.
Se trata de una mirada nostálgica a lo efímero de la vida, una reflexión sobre el paso del tiempo y las vicisitudes y regalos que la vida nos ofrece, posiblemente la última reflexión de Huston en unos momentos como aquellos en los que al genial director se le escapaba la vida.
La acción se sitúa en el día de la epifanía, una serie de personajes de la burguesía se reúnen para cenar, durante la velada se baila, se escuchan poemas y se establecen conversaciones entre los invitados, una canción que se escucha en las habitaciones superiores de la casa le recuerda a una de las invitadas una historia de su pasado.
Profundamente bella, reflexiva y sosegada, la película fluye como el agua de un arroyo hasta el hermoso desenlace, un canto al cine tal y como era entendido en la edad de oro de éste, la última obra maestra de un genio.
¡Feliz semana!