sábado, 30 de junio de 2018

Luis Eduardo Aute - "Slowly" (1992)


Los que vivíamos en 1992, recordamos aquél año como la consolidación internacional de España como país moderno, democrático y totalmente acogido por los organismos internacionales. Los países que históricamente miraban a los pobres españoles por encima del hombro, a partir de aquél momento, considerarían a España como 'uno de los nuestros'. O al menos algo así nos quisieron vender.
Pasó la expo de Sevilla, las olimpiadas, con el rey (entonces príncipe) portando la bandera, el arquero de fuego, Curro, Cobi, las colas en la isla de la cartuja, el AVE... quedó lo de siempre: humo de un rescoldo que dejó en evidencia que la hoguera no era tan prominente perdiéndose en el cielo sevillano sobre unas instalaciones que se convirtieron en un desierto urbano que recordaba al paisaje de un mundo apocalíptico, un 3% en comisiones (cómo no) que aún colea y por el que nadie paga, la habitual crisis económica, casos aislados de corrupción, entonces observados por muchos menos medios y sin internet, una novela de Montalbán en la que nos mete a Carvallo en  medio de un sabotaje olímpico, Freddie Mercury y la Caballé cantando, Los Manolos haciendo rumba (eso sí, muy moderna y sonando a The Beatles)... como pueden ver, nada demasiado original.
Lo que estaba claro, es que aquella España que azotaba la modernidad y que se sentía puntera, ya no era refugio para cantautores, tocaba ser moderno pero internacional; nada de 'movidas' y pelos cardados, colores chillones y locas arrastrando el culo en la madrugada por el suelo de Malasaña, echando a perder las medias de rejilla compradas en el rastro.


Luis Eduardo Aute entendió esto a la perfección, así que culminó con "Slowly" la metamorfosis que empezó a mediados de los ochenta, apartando de si la imagen de poeta cargado con razones humanistas que transmitir con su voz de cura y una guitarra acústica, ya no se podía 'parecer' aburrido. Con este disco certificó que se podía ser cantautor y moderno, y sonar como los tiempos exigían: elegante, popero y sofisticado, como un Miguel Bosé, pero diciendo cosas serias.
Así que Aute se mete en el estudio con un puñado de canciones que se encargan de vestir de soft-pop, e incluso de dream-pop los técnicos Gonzalo de las Heras y Suso Lopez. Y, ¿qué quieren que les diga?, el resultado da el pego y mucho más, porque "Slowly" consigue su objetivo, y es más, lo sigue consiguiendo, no se ve humo ascendiendo sobre rescoldos de oportunismo, sigue ardiendo la hoguera de "Slowly".
Es un disco con unas marcadas coordenadas temporales, eso es cierto, pero también es verdad que entre los melifluos arreglos, las atmosféricas secuencias de sintetizadores, y las ingrávidas vestimentas sónicas que rodean la voz inconfundible de señor siempre abrigado por las dudas de Aute, se esconden canciones magníficas, hermosas e inspiradas; y también esta el Aute de siempre: metafísico, nostálgico, incomprendido incluso por él mismo, agazapado en el fracaso, liderando la avanzadilla hacia la quimera, lírico, maldito, cómodo en la derrota, pero siempre con la fuerza necesaria para seguir.
Queda claro que Aute es en "Slowly" un ejemplo del pret-a-portet de la España del momento desde la portada, con una foto suya en la que parece un modelo del Corte Inglés, gafas de sol incluidas, en lugar de con un cuadro suyo. También el primer single que dio título al disco es un producto poco Aute: "Slowly" es un bonito medio tiempo romántico que concentra al Aute romántico y seductor, con incorporación de bailables baladas anglosajonas bastante impensable en el Luis Eduardo anterior.
Pero las grandes canciones estaban escondidas en el tracklist: "De tripas corazón", tal vez el tema más ortodoxo teniendo en cuenta la producción previa del autor y una magnífica canción.
"Jackes", un alarido de soledad en medio de la noche, en una habitación de Paris que va mermando, con esa lírica de perdedor dejándose rodar por las peligrosas cuestas de la madrugada que conducen al precipicio, con piano y jazz, un monólogo más de Aute disparado contra el espejo.
Los sones marineros, mediterráneos y cubanos, étnicos de "Prodigios", las esencias desérticas, árabes y brujas de la noche de Alá en "Hafa café", el canto de amor, sorprendido y aterrado del bonito dream-pop "¿Quién eres tú?"...


Y por supuesto "L'amour avec toi", simplemente una de las canciones de mi vida, un canto profundamente nostálgico, un reencuentro entre antiguos amantes, una maldición al tiempo perdido, una remembranza triste y desfasada sobre lo que pudo haber sido y no fue, y no va a ser ahora.
Precisamente en este tema nos encontramos una frase que creo que ilustra el porqué de este "Slowly", el porqué de este Aute, el auténtico secreto del destino y la vida y lo que nos hace a todos iguales: "...Y sin darnos cuenta, como mercenarios han entrado a saco los noventa...".
Hay muchas imágenes catódicas e impresas del 92, muchos recuerdos e historias, mucha literatura y canciones, pero para mi volver a 1992 es escuchar, una vez más. "Slowly".

jueves, 28 de junio de 2018

Superchunk - "What a time to be alive" (2018),


Escuchando el último trabajo de Superchunk: "What a time to be alive", da la sensación de que los años no pasan para los de North Carolina, y que conservan, veintiocho años después de su debut, la incisiva urgencia propia de la juventud.
Su tercer elepé en la presente década nos devuelve a la banda de Mac McCaughan en plena forma, sin pretender redescubrirse ni hacer vertiginosos giros estilísticos, pero conservando toda la fuerza juvenil y el granito sónico que exhibía en los noventa, cuando refulgía entre la maraña de bandas de rock alternativo, grunge, punk-rock e indie que trillaban el mercado en el frenético final del milenio.
Así que no diremos que Superchunk sorprenden con este álbum, tampoco lo pretenden, y haberlo intentado posiblemente no hubiese tenido demasiado sentido y ahora no estaríamos hablando de un nuevo artefacto lleno de rock guitarrero, con frenesí de percusiones, velocidad e intrepidez, textos feroces y reaccionarios y ese añejo sabor a años noventa del que se niegan a renunciar y que muestran sin complejos e incluso con orgullo; lo dicho, que los años no pasan para Superchunk.
Todo lo comentado se certifica con la escucha del tema que da título al disco -y vaya título- y que ha sido el elegido para lanzar el trabajo, una explosión vertiginosa con un texto incendiario y feroz.



Y como este tema de furibundo estribillo es un claro botón de muestra que resume perfectamente lo que esconde el elepé, y que como podrán observar es como retroceder veintipico años en el tiempo, no tiene mucho sentido detenernos en cada tema, pues repasar este tracklist es un ameno y reconocible camino por las esencias del rock alternativo más arraigado a la tradición que marcó el nacimiento del grunge y del indie cuando en sus inicios parecía que se hablaba de algo realmente cierto.
No puedo obviar destacar temas como la colérica "Lost my brain", la melódica y pegadiza "Break the glass", el tema de estadio "Erasure", la rabiosa arenga política "Reagan youth" o la punkarra "Cloud of hate" de poco más de un minuto.
Es de celebrar la vuelta de Superchunk, sin sorpresas pero con la misma actitud de siempre, una épica juvenil insobornable y buenas canciones. 

miércoles, 27 de junio de 2018

La docena de doce de... The Smiths.


Ya está aquí el verano, y como cada año en estas fechas llegan las tradicionales listas estivales de "La docena de doce". Y para inaugurar la sección este año, se me ha ocurrido recurrir a una de mis bandas fundamentales, de las que nunca dejan de sonar en mi equipo, de las que pusieron banda sonora a algunos de los mejores recuerdos de mi vida, vamos con la docena de doce del cuarteto de Manchester The Smiths.

1. "Reel around the fountain" - "The Smiths" (1984).




2. "Paint a vulgar picture" - "Strangeways here we come" (1987).




3. "Sweet and tender hooligan" - "Louder than bombs" (1987).




4. "Please, please, please let me get what I want" - "Hatful of hollow" (1984).




5. "There is a light that never goes out" - "The queen is dead" (1986).




6. "I know it's over" - "The queen is dead" (1986).




7. "The headmaster ritual" - "Meat is murder" (1985).




8. "Panic" - "The world won't listen" (1987).




9. "This charming man" - "The Smiths" (1984).




10. "Bigmouth strikes again" - "The queen is dead" (1986).




11. "Well I wonder" - "Meat is murder" (1985).




12. "Last night I dreamt that somebody loved me" - "Strangeways here we come" (1987).



martes, 26 de junio de 2018

Ya llega la novena edición del Rust Fest en Gandia.


Menos mal que en el mundo hay locos; o más bien locuelos que con sus ocurrencias entre disparatadas y lúcidas, su ilusión impermeable al desfallecimiento y una bendita terquedad que deja en una posición de mera observadora a la quimera, cuajan un mantra, un tónico mágico que tras su ingesta vía internet, intereses musicales y redes sociales, hacen de timón y motor para los que adolecemos de ese espíritu y nos puede la 'oxidada' secuencia de días copiados y pegados que conforman nuestras semanas. Gracias por rescatarnos de lo indiferente.
Los chicos y chicas del Rust Fest son un ejemplo claro de locuelos maravillosos. Hace unos cuantos años se introdujeron en la bonita portada del quinto disco de estudio de Neil Young, "On the beach", y crearon una web/blog para hablar sobre el más grande entre los grandes, llamaron al lugar En la playa de Neil, sigue siendo plaza de referencia sobre la actualidad e información rustie.
De ahí a crear un festival era cuestión de tiempo, y como la ilusión, cuando es verdadera acostumbra a tumbar contrariedades, en poco tiempo dieron inicio a un festival que no tardaría en convertirse en referente. Plantaron sus bártulos en la playa de Valdoviño (A Coruña) y dieron inicio a algo que año tras año se ha ido perpetuando en un encuentro rustie clásico e itinerante.
Este año, por novena ocasión, los rusties patrios tienen la ocasión de volver a vivir unos días de pasión y emoción por la música y legado del tío Neil, será una vez más cerca del mar, en Gandía (Valencia) y tendrá lugar los días 5, 6, 7 y 8 del próximo mes de julio, osea, en poco menos de dos semanas.
Como en ocasiones precedentes habrá música, fraternidad y afinidades musicales, grupos y colaboradores de todo tipo que desde cualquier parte del país procesionarán hasta la playa, como si de La Meca se tratase para hablar del maestro y tocar los himnos del viejo Neil.
Cita más que recomendable, todos serán bienvenidos y nadie conocerá el aburrimiento y si recogerá buenos motivos para hacer de esos días una experiencia inolvidable.
Tenéis toda la información de este IX Rust Fest en la página del evento que podéis consultar pinchando AQUÍ.

lunes, 25 de junio de 2018

Los lunes... escenas de cine - "La familia"


"La Familia" es una película del gran realizador Ettore Scola que se desarrolla en un enorme piso burgués de interminables pasillos, siempre oscuros, las habitaciones no reciben luz solar pero son testigos de confesiones, secretos, enfrentamientos, rutinas, miedos, y silencios.
El abuelo Carlo (Vitorio Gassman), un intelectual romano, cumple ochenta años y sella el momento con una fotografía, a su alrededor su familia, y con ella los restos de lo que ha sido una vida que se ha desarrollado entre rutina y pasiones. Nace bajo el reinado de los Saboya, ve la instauración de la república, vive la primera guerra mundial, le intimida la sombra de la llegada del fascismo, sufre la segunda gran contienda y las penurias que deja tras de si y las vicisitudes de los peores años de la historia reciente de Europa, hasta la década de los ochenta, momento en que se ubica la narración en flash back de la vida de Carlo, de Italia y de aquél enorme piso que va cambiando con los protagonistas.
Se contrapone la fotografía de Carlo con aquella en la que siendo un bebé es tomada ocho décadas antes, en ese mismo piso y siendo sostenido por su abuelo (también el gran Vitorio Gassman).
Me gusta especialmente la relación de Carlo con Adriana (Fanny Ardant), tanto se amaron que ahora su pasado se hace nebuloso, y su historia calla y flota en silencio entre aquellos pasillos y cuartos en semioscuridad y callan, como si nunca hubiera ocurrido, pero siguen, en secreto, anhelando lo que no fue, lo que nunca ocurrió.
"La familia" es una película excepcional, y bella, de ello se encarga el director de fotografía Ricardo Aronovich que crea un entorno visual sugerente y conmovedor, también la música de Armando Trovajoli es densa y hermosa.
El reparto está a la altura, y todos están soberbios, pues cada rol tiene la importancia de dar soporte al resto de los personajes, brillan con luz propia Stefania Sandrelli y Philippe Noiret.
Nos sumergimos en las conspiraciones vitales de "La Familia" de Ettore Scola.
¡Feliz semana!

domingo, 24 de junio de 2018

Los domingos photosong - Scorpions - "Rock you like a hurricane".


Recién llegado del Azkena es hora de hacer balance de lo vivido, sentido, escuchado y comentado. Compañía inmejorable, buenos conciertos en general y un milagro sonoro protagonizado por Steve Wynn y sus Dream Syndicate, y risas, muchas risas...
Blanco de no pocos dardos envenenados fueron los míticos Scorpions, se rememoró el flojísimo concierto que dieron en el festival en 2014 y no hubo en general demasiada piedad con los alemanes.
Llegaron a ser comparados con Mecano... bueno, cosas y casos festivaleros.
Hoy he recordado la animosa y divertida charla en la que aparecieron y me he animado a seguir un poco con el cachondeo, así que he recordado que había por ahí un disco de ellos, tal vez el más memorable de los ochenta, y claro, tocaba pinchar una canción para el domingo fotográfico.
Que no se enteren mis compañeros de festival que tengo en casa este "Love at first sting" (todos hemos sido adolescentes, ¿no?), del que vamos a escuchar un tema que sonó en la campa de Mendizabala hace cuatro años: "Rock you like a hurricane".
¡Feliz domingo!!!



sábado, 23 de junio de 2018

Cuando había música en TV - The Dream Syndicate - La edad de oro.


Un año más llega el Azkena Rock Festival y un año más acudimos a la cita con el rock and roll en la campa de Mendizabala de Gasteiz.
Debo confesar que este año he tenido muchas dudas y que poco me ha faltado para quedarme en casa. La verdad es que han sido tres los motivos que me han decidido a volver un año más.
En primer lugar el poder estar con buenos amigos, eso siempre es un buen motivo, pasar el día y disfrutar con ellos de la música. Por otro lado que después de tantos años me da pena no ir, que me pongan falta. Y en tercer lugar por volver a presenciar a The Dream Syndicate en directo, una de las bandas definitivas y de las que me considero más fan y devoto admirador.
Así que antes de salir de casa rumbo a Gasteiz, he querido recordar, -porque hoy es el día- la visita que la banda de Steve Wynn rindió en 1984 a La Edad de Oro, el mítico programa de Paloma Chamorro en el que ofreció un recital de más de una hora de duración, interpretando diez temas de sus dos primeras obras magnas: "The days of wine and roses" (1982) y "Medicine Show" (1984).
De hecho la presencia de la banda en el estudio de Paloma Chamorro se debía precisamente para presentar ese segundo, e igualmente magnífico elepé. No cabe duda de que este concierto tuvo lugar en el momento más brillante de tan descomunal banda, por lo que el documento es de primer orden y de obligatorio visionado periódico.
Los Syndicate que nos encontraremos esta tarde en Mendizabala no serán los del vídeo, pero estoy seguro, a tenor de mis anteriores experiencias con el grupo, de que volverán a demostrar porqué es una de las bandas de rock americano más descomunales de la historia.
Contando los segundos, mientras tanto os dejo con Dream Syndicate en un registro único de cuando había música en TV.

Setlist (Madrid, 9 de octubre de 1984).

1. Tell me when it's over ("The days of wine and roses").
2. Daddy's girl ("Medicine show").
3. Bullet with my name on it ("Medicine show").
4. When you smile ("The days of wine and roses").
5. The medicine show ("Medicine show").
6. John Coltrane stereo blues ("Medicine show").
7. Merrittville ("Medicine show").
8. Still holding on to you ("Medicine show").
9. The days of wine and rose ("The days of wine and roses").
10. Halloween ("The days of wine and roses").



viernes, 22 de junio de 2018

Chris Richards & The Subtractions - "Peaks and valleys" (2018)


Más de tres décadas avalan a Chris Richards, cantante, guitarrista y compositor que durante sus muchos años de carrera se ha embarcado en numerosos proyectos, todos con el común denominador de poner sus miras en sonidos power-pop, con las voces y las guitarras brillantes y cristalinas como núcleo de un modo de hacer que engarza en una misma pieza lo lírico y armonioso con las vitaminas y los arrojos de energía.
En su último proyecto: The Subtractions, con el que ha publicado su tercer trabajo, "Peaks and Valleys" en el año en curso y que es el que hoy traemos aquí, comparte aventuras con Todd Holmes (bajo) y Larry Grodsky (batería); y para este último catálogo se les ha unido el guitarrista y teclista Andy Reed, con quien ha coproducido este elepé y con el que comparte su proyecto paralelo Legal Matters.
No es por tanto previsible tropezarnos con demasiadas sorpresas cuando de la escucha de "Peaks and valleys" se trata: la referida combinación de voces y guitarras, melodías empapadas de luz y vida y las esperadas influencias desprendidas de referencias como The Beatles, Cheap Trick o Matthew Sweet.


Abren los de Michigan con "Half asleep", un tema energético que bebe de la fuente vocal beatlemana y que abre el tarro de las esencias de este "Peaks and valleys".
La bonita pieza de medio tiempo "Just another season" es el contrapunto perfecto a la anterior y nos muestra la cara y la cruz de un trabajo que desde los primeros sones promete.
Y con las cartas sobre la mesa de van desglosando el resto de las canciones: la guitarrera "The coast is clear" que sirvió de tema de lanzamiento; mi favorita y demoledora "In a sense"; las acariciadoras baladas: "Wrapped in a riddle" y "Thirteen"; las coplas de encendido power-pop en la onda Cheap Trick: "The end of me" o "Call me out", sin hacer ascos a un corte de rugientes guitarras como "Maybe that's all" o a la intensa, de fuerte sonoridad y hermosas armonías que finiquita el álbum: "Weekend".
Muchas de mis escuchas, en esta primavera que ya nos ha abandonado, han correspondido a este disco, sin duda la referencia powerpopera para un servidor en este irregular curso 2018. Muy recomendable.
Bandcamp donde escuchar y adquirir este estupendo "Peaks and valleys" -con el añadido a modo bonus track del cover del tema de Matthew Sweet: "Someone to pull de trigger"- pinchando AQUÍ.

jueves, 21 de junio de 2018

Paul McCartney presenta dos nuevos temas: "I don't know"/"Come on to me"


Como informa hoy la publicación Efe-Eme, Sir Paul McCartney ha puesto en circulación, a partir de hoy, un nuevo single con dos temas inéditos, a saber: "I don't know" y "Come on to me".
Esto confirma en realidad los rumores en torno a la publicación, de cara al curso que viene, de un nuevo disco del legendario ex-Beatle, que según parece se titulará "Egypt Station" y que será publicado el próximo 7 de septiembre.
La confirmación oficial a este respecto, viene entendida por supuesta cuando Paul estrenó hace unos días en directo y de forma sorpresiva el tema "Come on to me" en un pub de Liverpool.
Como entrar en disquisiciones con respecto la calidad de los trabajos en solitario de Macca suele suponer entrar en territorio de alto riesgo, no me meto en el jardín de opinar a propósito de estas nuevas canciones, y adjunto los clips que hoy han visto la luz para que cada cual se haga su propia idea de lo que ofrecen estos temas.

* "I don't know":




* "Come on to me":



miércoles, 20 de junio de 2018

Yellow Big Machine - "See you next time" (2018)


Hace un par de meses que veía la luz el quinto trabajo de la banda bilbaína Yellow Big Machine titulado "See you next time". Para registrar estas ocho canciones se han desplazado a los estudios Tío Pepe en Urduliz (Bizkaia), se han encargado de la producción junto a Iñigo Ezkauriaza, y finalmente han lanzado el álbum bajo su propio sello: Fiebre amarilla records.
Este larga duración llega tras el EP de hace un par de cursos "Always with you" del que ya hablamos AQUÍ. Con el dolor aún palpitante por la terrible pérdida de su productor de siempre y amigo Aingeru Malaxetxebarria, el cuarteto aprieta los dientes y logra facturar una vez más un estupendo disco.
Se intuye una vuelta a los orígenes, cuando la juventud irradiaba instintos más hard-rock y esencias más canallas y aguerridas, pero no se trata de un auto-revival, en "See you next time" hay diversidad en cuanto a sonoridades, por lo cual se aprecian espirales psicodélicas y atmósferas garajeras, dentro de una independencia total acompañada de calidad, melodía y una cada vez mayor relevancia en los textos.


Aparecen riffs, ritmo desenfrenado, algunos teclados, una acción en las voces más ambiciosa y la calidez, actitud, ilusión y empuje que siempre se vislumbra en la Yellow. 
Con el raka-raka guitarrero de ínfulas grunge y las teclas industriales de "Don't complain" empieza un banquete sonoro que continúa con la hardrockera aunque sutil y sugerente "The old days".
Continúan con un tema atmosférico y etéreo, con salpicaduras lisérgicas titulado "The way I feel" para continuar con el psico-pelotazo que lanzó el disco "The next time"
Guitarras fibrosas y acercamientos post-punk en la estupenda "Strange connection" a la que sigue la urgente y frenética "Adapt & survive", de poco más de un minuto y que nos hace difícil no recordar a Iggy Pop y sus Stooges.
Imponente festín sonoro el que nos reglan con la excelente "Happens all the time" para terminar con el momento más lírico, psicodélico y sixtie de la encantadora "Take me back to your wonderful world", tema de refinado coro en el estribillo y cadencias orientales.
Un disco que demuestra que la realidad del indie no está en los grandes festivales ni el los premios de la música escondido en camisas de leñador, está en bandas con ilusión y fuerza como Yellow Big Machine; no se vayan de vacaciones sin darle una escucha a este "See you next time", y si los pueden ver en vivo, entenderán aún más lo que les digo.
Bandcamp donde escuchar y adquirir (a inmejorable precio) este fantástico disco: YELLOW BIG MACHINE.




lunes, 18 de junio de 2018

Los lunes... escenas de cine - "El retrato de Dorian Gray"


Una de las novelas que más me ha impresionado, si no la qué más, ha sido "El retrato de Dorian Gray". Leí la historia victoriana ideada por Oscar Wilde muy joven, tal vez demasiado y con el paso de los años he repetido, así que cuando me enfrenté a la película por primera vez no las tenía todas conmigo.
Existen dos versiones de la historia del pérfido Dorian Gray, una moderna que no merece ningún comentario, y otra filmada en 1945 por Albert Lewin que es francamente excelente.
Si hay una sensación que se desprende de la lectura del clásico de Wilde, esa es la inquietud, y la película logra que este estado invada al espectador durante el visionado de la misma. El guión es ciertamente fiel al texto original y tanto las interpretaciones, en especial cómo no la del inconmensurable George Sanders recreando al travieso y cínico Lord Henry Wotton, son adecuadas y notables.
También la ambientación es excepcional, se recrea el Londres victoriano de manera notable y también el lóbrego ambiente de los bajos fondos. Los ingredientes de que se nutre la novela son puestos sobre la cinta y exhibidos de forma contundente, el fino tono erótico/lujurioso del personaje central, las sutiles referencias a la homosexualidad, los instintos mezquinos y egoístas de la burguesía londinense, la hipocresía y también el miedo a lo que dicte el destino.
Literatura y cine, una combinación perfecta cuando funciona, como es en el caso de "El retrato de Dorian Gray".
¡Feliz semana!

domingo, 17 de junio de 2018

Concierto: Mendizabal - Cotton Club (Bilbao), 16/06/2018


En estos tiempos de festivales multitudinarios, giras alrededor del mundo donde parece importar más el merchandising que la música y ventas a espuertas de toneladas de humo, un concierto donde la materia prima con que se construyen las canciones son cosas tan en declive como: sensaciones, emociones, sinceridad, cercanía o poesía, desgraciadamente no es de esperar que sea el evento del sábado más comentado en la ciudad.
Txema Mendizabal se acercó a Bilbao en la tarde/noche de ayer sábado para dar un recital repleto de sinceridad, poesía, cercanía, emoción y sensaciones, en efecto no fue lo más comentado de la ciudad, pero si lo más bonito que ocurría en un Bilbao iluminado y jolgoreado en la ya famosa Noche Blanca.
Llegaba el bilbaíno afincado en Valencia a su tierra chica, empapado de una evidente, comprensible y confesada emoción, con la cariñosa presencia de los suyos y unos cuantos ajenos que nos unimos a la fiesta de las canciones que esperábamos encontrar (y que encontramos) en el histórico Cotton Club, lo hizo acompañado de una escueta pero más que suficiente banda compuesta por Alex Casal (bajo), Luis Alcober (teclados) y Thomas Varus Mantovani (batería).
El pase dio buena cuenta del excelente "Golpe de estado", disco debut de Mendizabal del que ya hablamos aquí y cuyas canciones fueron desglosadas con la humildad de los sinceros de corazón y con una breve y amena explicación del origen de cada una que en más de una ocasión arrancaron sonrisas y gestos de asentimiento por aquellas frases que no terminas de encajar, y que ahora ya lo hacen.
Además pudimos escuchar algunas canciones del que será su próximo elepé, que empezará a ser grabado en otoño, y que la verdad es que pintan genial habida cuenta de que con una única escucha ya impactaron y dejaron huella "Pequeña Irene" o "Boca del lobo" entre el respetable.
Txema se vio un poco limitado por algún problemilla con la garganta que le hizo tirar de oficio y ganas en la parte final del bolo, pero que no restó emoción a canciones como "Golpe de estado", "El día que te liberes" o "Cuatro".
Como no puede ser de otra manera hubo bises, más concretamente "A corcheas" y "Claridad y certeza" que supusieron un perfecto colofón a un estupendo y emotivo concierto que todos los asistentes disfrutamos y así lo expresamos en los típicos coloquios improvisados tras la finalización del mismo.
Anoche no hubo un gran merchandising, ni decibelios, ni cañones de luz... ni humo; anoche hubo canciones, muy buenas canciones.

sábado, 16 de junio de 2018

Cecilia Payne - "S/T" EP (2018)


Conocí al cuarteto Cecilia Payne hace unos meses cuando fueron los encargados de telonear a Ron Gallo en su pase por el Kafe Antzoki bilbaíno. No suelo ser de los que pasan de los teloneros aunque no los conozca de nada, y presté atención a la banda, y la verdad es que me gustó bastante lo que presentaron sobre el escenario Lucía (guitarra y voz), Jone (bajo y voz), Barezi (guitarra y voz) y Ander (batería).
Les seguí la pista y pronto empecé a ver su nombre en algunos eventos, tocaron en el último Maz Basauri y lo harán en el BBK Live, pero lo cierto es que parece que empiezan a tener presencia, al menos en la geografía bizkaina.
A pesar de su juventud (francamente indignante para los que ya arrastramos varias décadas), ya han formado parte de proyectos musicales anteriores a éste (Die Wagen, Downtown Brigade), aunque bajo la actual nomenclatura es con la que han conseguido meterse en el estudio para grabar sus primeras canciones.


Tuvieron lugar las sesiones en octubre del pasado año, bajo la mano sabia del inolvidable Aingeru Malaxetxebarria, que aquí firmó (desgraciadamente) su último trabajo, brillante como siempre.
Así que con título homónimo, el pasado mes de mayo vio finalmente la luz este EP en el que podemos encontrar cuatro cortes de arquitectura rock, con un denso tono oscuro y garajero, con pinceladas surf  y esencias noventeras que rememoran a algunas de las bandas de referencia de la última década del pasado siglo.
Guitarras que se retuercen y bajos que burbujean, voces susurrantes, acariciadoras y muy sugerentes y hábilmente enredadas y solidez rítmica en la percusión, éstas pueden ser algunas notas identificativas de un disco que subyuga, que no premoniza la juventud de sus autor@s y que posee más intensidad y profundidad que muchos discos de bandas mucho más veteranas que no consiguen las atmósferas y espirales sónicas que advertimos aquí.
Desde luego el EP sabe a poco, cosa que dice mucho a favor de estos temas, de los cuales "Fuck you" fue el elegido como tema de lanzamiento y presentación, y con el que os dejo para que os hagáis una idea de lo interesante que es el concepto que presenta Cecilia Payne.
Bandcamp donde escuchar y adquirir este estupendo EP pinchando AQUÍ.



viernes, 15 de junio de 2018

Dan Baird and Homemade Sin vuelven a España en septiembre.


Si hay un artista que asegura la actitud rockera, la entrega de los que nunca pierden la ilusión y un buen rollo repleto de marcha y entusiasmo, ese es Dan Baird. De echo, nunca es suficiente el número de ocasiones en que nos visite, pues siempre va a encontrarse ante él un nutrido grupo de seguidores que en muchos casos hemos disfrutado de sus conciertos en varias ocasiones, y tenemos el firme propósito de seguir enganchados a sus shows.
Y la siguiente visita del amigo Dan Baird será, acompañado de sus Homemade Sin, muy pronto, exactamente el próximo mes de septiembre, allí estaremos.
Viene para defender su excelente elepé del año pasado "Rollercoaster", y también el que firmó en solitario titulado "Solow".
Habrá que ir preparando las caderas para entregarse al CowPunk de irresistible y frenética actividad sísmica de Dan Baird and The Homemade Sin.

Ciudades, locales y fechas de la gira española de Dan Baird:

12 de septiembre de 2018: Bilbao - Museo Marítimo
13 de septiembre de 2018: Madrid - Sala El Sol
14 de septiembre de 2018: Valencia - Loco Club
15 de septiembre de 2018: Barcelona - Razzmatazz

jueves, 14 de junio de 2018

Aquellos discos y grupos de los noventa... Recuerdos del pelo largo.


La década de los noventa está destinada a ser la ubicación temporal de mis futuras historias de abuelo cebolleta, me explico: Fue una década un tanto rompedora. Los que durante aquel decenio cumplimos y fuimos avanzando en la veintena, la vivimos intensamente (unos más y otros menos), y a los que manteníamos unos gustos musicales más afines a las guitarras y los decibelios rockeros, y unas opiniones -en fase de constatación- más irreverentes y transgresoras, los noventa nos dieron motivos de alegrías y agitaron nuestros espíritus indómitos y efervescentes.
La llegada del grunge, que algunos entendimos como el desarrollo rupturista y radical en lo que a sonido y planteamientos ideológicos se refiere con respecto a aquella tabla de salvación que para muchos supuso años antes el nuevo rock americano, dando un portazo definitivo a los sonidos ochenteros, incluidos los sones más post-punk y nueva oleros que según avanzaban los ochenta iban perdiendo fuelle, lo interpretamos como una nueva edad de oro de la que, esta vez si, nos tocaba ser protagonistas.
Y algunos nos lo tomamos con estoicismo, nos subimos al carro de la revolución que pensábamos que se estaba desarrollando y nos empapamos de sonidos, discos, grupos y soflamas ideológico-estilísticas, nos dejamos el pelo largo y despistamos las camisas de cuadros del armario de nuestros padres para abrigarnos con ellas, éramos los impenitentes secuaces de los nuevos profetas del ocaso del milenio.
Y mientras esgrimíamos los movimientos convulsivos de nuestros pescuezos como irrefrenable danza tribal que marcase nuestro territorio, en los momentos más íntimos nos dejábamos arrasar en solitario -o con alguna compañía especial- por las nuevas pinceladas artesanas de los revisitadores del brit pop, y los orfebres y escultores de armonías que llegaban para conducirnos al cubículo donde descansa el Santo Grial, o lo que es lo mismo, la mágica triada de Big Star y demostrarnos que no todo son decibelios y actitud histérica, aunque como descubrimos después, en muchos casos no era más que el producto de un postureo impuesto por ávidos asesores de imagen y sellos discográficos, solvencia artística a precio de ganga desfilando en el interminable goteo de clips de la MTV.
Y como por instinto, devorábamos los discos de Soundgarden, Green Day, Offspring, Massive Attack o Smashing Punpkies, hasta que un día la resaca de cada escucha, cada concierto, cada lectura en la revista de turno nos propiciaba el encontronazo con el pasado, para descubrir que nuestra revolución de la modernidad no era un puñetazo en la mesa tan poderoso como pensábamos, y que otros, anteriores a nuestra veintena, e incluso a nuestra existencia, ya habían dicho y cantado, y sonado y descubierto algunos secretos de cuyo paradero creíamos ser únicos propietarios; osea, que el mapa del tesoro que nos habían vendido era una copia.
Pero por este proceso de aparente involución, aparecieron Neil Young, Velvet Underground, Jimi Hendrix o The Byrds; y con ellos nos hicimos mayores casi sin darnos cuenta, con esa crueldad traidora de la vida, que deja que te empaches sin levantar la cabeza de los placeres, anhelos y pretensiones propias de la edad, para un día decirte, de sopetón y sin diplomacia, que hasta aquí hemos llegado.
Y lo que es la vida, hoy mirando hacia atrás me doy cuenta (gracias a una foto con casettes noventeras que colgó en el caralibro el otro día mi compadre Don Guzz) de que muchos de aquellos grupos, canciones y discos, contra todo pronóstico no me han acompañado tras la veintena, que ya no me evocan más que recuerdos difuminados y -seguramente- inflados por la tramposa memoria, aventuras de tiempos en los que me reconozco sólo a medias, aunque en el fondo sé que soy yo, sigo siéndolo (creo).
Pero otros grupos, discos y canciones se han mantenido fieles a mis sentimientos de persona madura con evidente síndrome de Peter Pan, y los pincho y no necesito sentirme veinteañero para disfrutarlos y vivirlos plenamente. Curiosamente no son los discos más populares (salvo excepciones), ni fueron los más radiados, ni los más expuestos a los cortejos catódicos de la MTV.
Por eso me he planteado recordar alguno de aquellos discos, de vez en cuando, ya que no están en el imaginario popular masivo. Algunas de aquellas formaciones continúan como grupo -en activo o en resurrecciones dos punto cero con el dólar como hacedor del milagro Lazarino- o diseminadas sus partes como solistas que han corrido diferentes suertes, pero se trata de mis grupos y discos de los noventa, los que me siguen acompañando en este milenio que avanza con paso firme y que me ha convertido en cuarentón.
Seguiremos recordando.

martes, 12 de junio de 2018

John Prine - "The tree of forgiveness" (2018).


John Prine es un superviviente, del arte y de la vida; y un luchador también: de la justicia, la libertad y ante las adversidades. Con más de cuarenta y cinco años de carrera, y después de superar un cáncer en 1998 que dañó su voz y la oscureció, aunque desde luego no la apagó, no tiene nada que demostrar.
Pero alguien con este carácter no es fácil que se muestre demasiado tiempo en actitud de mero observador silencioso, y tras algún disco de versiones y colaboraciones como "For better, or worse" (2016) en el que une su voz a diversas féminas del mundillo country como Alison Krauss o Susan Tedeschi entre otras, con las que interpreta diversos covers, o el emotivo "Standards songs for average people" (2007) en el que interpreta algunos títulos clásicos junto al entonces octogenario Mac Wiseman, reaparece en este 2018 con un álbum repleto de nuevas canciones.
Bajo el título "The tree of forgiveness", Prine nos ofrece un disco que, como era de esperar y desear, se enmarca dentro de la ortodoxia del género del que ha sido protagonista, el country folk.
Lírica inconfundible, enraizada, de cimientos acústicos y ese espíritu que recuerda a viejos moradores del crepúsculo como Townes Van Zandt o a Jerry Jeff Walker entre muchas otras deidades.
No estuvo sólo a la hora de componer estas canciones, y contó con la colaboración en esta labor de Pat McLaughlin, Dan Auerbach, Keith Sykes, Roger Cook o incluso Phil Spector.
También se ha hecho acompañar de algunos amigos a la hora de registrar estas canciones en el estudio: junto a Amanda Shires y Jason Isbell interpreta la plácida y soleada "God only knows" que gestó junto a Phil Spector en la década de los setenta.


Junto a Brandi Carlile nos ofrece la breve y dulce "I have met my love today". Pero todo el disco es un recorrido por caminos de arena, solsticios de verano, semblanzas al amor y sacudidas de nostalgia alegre que repasa una vida desde la perspectiva del docto anciano que sabe más por viejo que por sabio (que también).
Por eso hay que entender el disco como un todo, donde cada canción tiene su sitio, su lugar y su momento, nada sobra, y nada se echa de menos.
"Crazy bone" bello poema empapado de camino y horizonte, "Summer end" con la poética del final del verano como inicio de otras cosas, "Caravan of fools" de tono fronterizo y reflexivo, la copla empecinada de paz "The lonesome friends of science", la espaciosa luminosidad de la estupenda "No ordinary blue", la romántica y acariciadora "Boundless love", la ortodoxa cadencia country de la que abre el trabajo "Knocking on your screen door" o la optimista y alegre afrenta ante la eternidad que significa "When I get to heaven" y que finiquita el trabajo.
Tengo que insistir en el término acuñado por my friend Joserra, la arruga es bella, pues se muestra como verdad flagrante en este disco; y en este caso además es el rastro que en el rostro azotado por la vida de John Prine ha dejado la sabiduría, y como decíamos al principio la supervivencia y la lucha.



lunes, 11 de junio de 2018

Los lunes... escenas de cine - "El séptimo sello"


En 1957 filma Ingmar Bergman la que posiblemente sea un obra más redonda y extraña, la más bella y al tiempo tétrica, "El séptimo sello".
El grandioso realizador sueco se enfrenta, una vez más, con sus obsesiones, con sus miedos y con sus dudas religiosas: la muerte, la existencia de dios, la naturaleza humana...
Aquí lo hace de manera surrealista, combinando humor negro con una espiritualidad enriquecida con imágenes inolvidables y un ritmo narrativo perfecto.
Europa es asolada por la peste tras años de batallar en las Cruzadas: un caballero regresa de Tierra Santa cuando en el camino se tropieza con La Muerte, ésta lo reclama, pero el caballero propone una partida de ajedrez entre ambos con el propósito de salvar su vida, durante la misma se establece un diálogo entre los contendientes en el que el caballero espera obtener respuestas que aclaren sus dudas y calmen sus miedos.
Bergman se introduce en la piel del caballero medieval para buscar paz y sabiduría sobre el tablero de ajedrez.
Obra maestra de gran belleza, gran poso existencial y enorme planteamiento filosófico y espiritual.
¡Feliz semana!

domingo, 10 de junio de 2018

Los domingos photosong - Sting - "The moon over Bourbon Street".


Ayer hablaba con un amigo de Sting, comentábamos acerca de su carrera en solitario, tras la disolución de The Police. Yo pensaba (y pienso) que su trayectoria general desde entonces me parece bastante decepcionante y que apenas ha dejado trabajos dignos de mención, más allá de algún tema suelto; el salvaba varios trabajos de finales del pasado siglo.
En una cosa si coincidimos los dos, en que su mejor disco post-Police es el primero que grabó en 1985, el estupendo "The dream of the blue turtles".
De echo es el único que tengo en vinilo, así que esta mañana lo he hecho girar, cosa que hacía bastante tiempo que no hacía, y así comprobar como funciona el álbum después de más de treinta años desde su publicación.
Tras escucharlo entero me sigo quedando con la misma canción con la que me quedaba en el 85, con "The moon over Bourbon St".
Y aunque hoy brilla el sol, vamos a introducirnos en la oscuridad misteriosa y al tiempo romántica de la luna llena.
¡Feliz domingo!





sábado, 9 de junio de 2018

YOU ARE THE COSMOS, un sello especial - Tony Hazzard - "Sings Tony Hazzard" (1969).


La irrupción del sello zaragozano YOU ARE THE COSMOS en 2014 no se hizo notar demasiado en primera instancia, pero poco a poco sus lanzamientos han ido haciéndose un hueco entre las preferencias de los más musiqueros, alcanzando a día de hoy un prestigio notable y siendo sus novedades objeto de deseo para muchos que confiamos en el gusto que viene caracterizando al sello.
Entiendo que el año pasado supuso el despegue definitivo de la marca gracias a varios discos que hicieron las delicias de casi todos y que pudimos ver como trabajos destacados a final del año en las selecciones de numerosas webs, blogs y publicaciones especializadas.
Pero YOU ARE THE COSMOS no se dedica únicamente a la distribución y promoción de trabajos de grupos actuales con material nuevo, el sello incide de manera importante en recuperar artistas y álbumes olvidados, para decirlo de manera más exacta, injustamente olvidados y que en muchos casos en el momento de su publicación pasaron desapercibidos.
Podría extenderme en ejemplos de trabajos presentados en el pasado y publicaciones que verán la luz de manera inminente en YOU ARE THE COSMOS, pero creo que es mucho mejor que vosotros mismos os deis una vuelta por su página web y comprobéis el material que Pedro Vizcaíno, creador y comandante de esta nave, pone a vuestra disposición, es tan sencillo como pinchar aquí.
Creo que es importante concluir con una máxima en YOU ARE THE COSMOS: en su apuesta prevalecen artistas que practican pop, del bueno, del de armonías vocales suntuosas, melodías dignas de orfebres, guitarras cristalinas y primaverales, teclas de sublime inocencia y efectos instrumentales recogidos de la cosecha de sonidos de la época dorada de la psicodelia; no en vano quiero imaginar que el nombre elegido para el sello quiere postularse como declaración de intenciones y al tiempo rendir justo homenaje al inolvidable Chris Bell, personaje imprescindible que encarna como pocos la filosofía musical expuesta y que nos dejó en 1992 un inolvidable disco póstumo titulado "I am the cosmos", la impagable herencia de un genio.


Uno de los artistas que siguen al pié de la letra las consignas de genios de la artesanía musical como Bell es el para mi desconocido hasta la aparición de YOU ARE THE COSMOS: Tony Hazzard.
Tras una década componiendo canciones para diversos artistas como The Yardbirds, Herman's Hermits, Manfred Mann, The Hollies, Cliff Richard, Gene Pitney o The Tremeloes entre otros, el bueno de Tony se decide a grabar un disco como solista al que titula "Sings Tony Hazzard" que vería la luz en 1969 y que obtendría una repercusión más bien discreta.
En el trabajo se incluyen canciones interpretadas por otros durante la década de oro. Aunque todos resultan excelentes, destacaremos algunos como la exquisita tonada que cedió a Cliff Richard "The Sound Of The Candyman's Trumpet", auténtica delicia de barroco pop californiano con el sonido de la trompeta como protagonista. 
También la sencilla "Listen to me" que hicieran suya The Hollies aparece en este álbum, una encantadora canción beat de exquisito estribillo y soleadas armonías vocales.
The Yardbirds se beneficiaron de la estupenda "Goodnight sweet Josephine" que aquí suena con una influencia Kinks que sienta genial al tema, añadir que Jimmy Page se encarga de la guitarra en esta revisitación, como evidentemente hizo en la grabación original.
El disco presenta una producción un tanto profusa en instrumentos, en la bonita "Hello, it's me" escuchamos que sobre unos coros a lo "Rubber Soul" beatlemano se destaca una flauta, tema compuesto en su día para el grupo The Casuals.
No se pierdan la dulce y optimista "Hello world" que en su día cantaron The Tremeloes ni la inocente "You won't be leaving" rescatada de un disco de Herman's Hermits.
Resumiendo, no se pierdan ninguna de las dieciséis coplas de este estupendo y sumamente disfrutable "Sings Tony Hazzard", un disco que hoy podemos disfrutar gracias a YOU ARE THE COSMOS y a Pedro Vizcaíno, que sea por muchos años.


viernes, 8 de junio de 2018

El árbol de júpiter y un viejo profesor. Las paranoias de Addi.


"La sensación de fracaso personal es absolutamente compatible con la irradiación de éxito popular que se pueda proyectar", arrancó la hoja de papel del carro de la vieja máquina de escribir Continental a la que nunca renunció, y la tiró a la papelera. Es posible que estos no sean los pensamientos más racionales en alguien que en unas horas será distinguido con uno de los mayores honores que escritor alguno pueda alcanzar, pero Ignacio de la Fuente y Uria pugnaba con la suerte de quien será honrado a pesar de practicar una disciplina que no supuso otra cosa que una huida cobarde por el pasadizo secreto de la vida ante el temor de que el destino decidiera concederle sus deseos.
Darse cuenta, o mejor dicho, recordar la frustración que durante años de jugar al escondite consigo mismo ocultó tras un empeño de exculpación literaria muy oportuna y terapéutica, no dejaba de tener su gracia unas horas antes de sufrir las consabidas reverencias falsarias y arribistas de políticos y compañeros de oficio.
Se enfrentaba a la verdad desnuda de su vida, y lo hacía en la madrugada previa a aquella emboscada en la que, en realidad lo que se celebra es su funeral, para que así todos respiren con la tranquilidad de haber cumplido con el viejo profesor, para de inmediato sepultarlo en la cámara de los olvidados aunque siempre citados cuando la ocasión lo hace evidente, repitiendo como papagayos afirmaciones que sólo sirvieron en su origen para tapar una mentira, para vestir de héroe a un cobarde.
Los primeros rayos de sol empezaban a proyectar haces amarillos que se filtraban por la cúpula formada por las rosadas y violetas hojas del frondoso árbol de júpiter cuya plantación le completó como hombre: el libro, el hijo y finalmente el árbol.


De los tres episodios, el árbol de júpiter era el que más sentido tenía a aquellas alturas de su vida: según la profecía del mensajero del Islam Mujammad, el libro significaba el conocimiento, lo cual, en su caso se le antojaba cuestionable al no significar una franqueza vital lo que escondían sus escritos, lo que no dejaba en buen lugar al conocimiento que justo es enlazarlo con la verdad pura y honesta que germina en el corazón y se nutre con la clarividencia de las ideas. El hijo habría de ser quien cuidase de él en su senectud, cosa improbable a toda cuenta de que fue el primero, antes incluso que él mismo, que supo reconocer al estafador que se escondía en la brillante oratoria de un padre que nunca se sintió con la fortaleza moral para educar a un niño y exigirle valor, sinceridad y arrojo; hoy Ignacio es un querido desconocido que hizo su vida lejos de las mentiras filosóficas y los disfraces intelectualoides de un padre que parecía caminar por encima del agua. Marta, la esposa que parecía propicia y a la que nunca amó se fue, desencantada y aburrida de ser menos importante que las personas que su marido se quedó sin conocer por culpa de eludir su camino, y a las que fabricó y trató y amó y odió en sus libros, olvidando hasta aquella madrugada de reproches y desasosiego a quien le hubiera acompañado asiendo su mano por cualquier sendero que él hubiese querido transitar, se preguntaba si acudiría al acto,le gustaría tanto volver a verla.
Pero allí seguía aquél árbol de júpiter que plantó cuando compró aquella casa. Lo hizo disfrazado de jardinero como parte de un artículo y en compañía de un fotógrafo y una periodista de una importante publicación literaria inglesa, sin la presencia de su familia, seguramente escondida en sus habitaciones para no molestar al profesor; hoy aquél árbol seguía en pie, sano y fuerte, hermoso y siempre fiel para prestar sombra y cobijo bajo la ensoñadora luz rosácea que irradiaban sus preciosas hojas al contacto con el sol incisivo del verano, era, en el día más importante de su vida, el único que seguía junto a él, su único amigo de verdad.
Debía ducharse, afeitarse y ponerse el frac que su secretaria había elegido para la ocasión, le esperaba un día que se le antojaba odioso, la culminación rimbombante de una vida brillante pero infeliz, mentirosa. El colofón de su novela más conseguida, su existencia, y que en esta ocasión también tendría un final feliz aunque falaz. El día era ya una realidad clara y flagrante en el jardín, miró a su árbol de júpiter, le guiñó un ojo, y salió de la biblioteca.

jueves, 7 de junio de 2018

Eugene Wareley - "Morning train" (2018).


La otra noche trasteando por la red, por casualidad, o tal vez debería decir por fortuna, me tropecé con un disco de un artista llamado Eugene Wareley titulado "Morning train" que ha sido publicado hace algunas semanas.
Busqué en You-Tube y encontré una canción perteneciente a este disco, que creo que es su primer álbum, titulada "Blind old Willy" y que os invito a escuchar.



Por supuesto la canción me gustó mucho, e inmediatamente me interesé por este gran desconocido que cantaba con esa voz de cálido timbre y con una fina sensibilidad al ritmo de un blues pantanoso que evocaba a la forma de hacer del delta, con un efecto arcilloso y soulero. El caso es que me recordaba a J.J. Cale y a Robert Johnson al mismo tiempo, cosas de la actividad mental nocturna.
Debo reconocer que aunque busqué y busqué apenas pude encontrar información sobre Eugene Wareley. Creo, y digo creo porque no estoy seguro, que se trata de un sudafricano de Ciudad del Cabo que vive en Zurich, aunque la escucha del disco hacía pensar en algún nómada cantautor del sur de los Estados Unidos.
El disco, que fue grabado en Johannesburgo (Sudáfrica), es una exquisita colección de canciones de enraizada sustancia melódica en la cual, el firmante del trabajo se zambulle aportando importantes dosis de sinceridad, misticismo y sentimiento. Producido con absoluta economía de medios pero con un gusto poco frecuente y reflejando la realidad sónica del blues del delta, del folk o del soul e incluso se pueden detectar pinceladas reggae y funky.
Creo que canciones como "Dreams of happiness" son buena muestra de lo que intento decir, espiritualidad y un remanso de paz en apenas dos minutos.



Pero el disco es un disfrute de principio a fin, con temas más fronterizos como "Morning train", otros acariciados por el reggae y el Caribe como "Walking together", otros más adheridos a la ortodoxia del rhythm & blues como "Sign of the times", u otros humedecidos con la pureza del delta como "I'll be dreaming of you".
Incluso nos podemos encontrar con un country de gran peso vocal como "A place forever", preciosidades empapadas de melancolía y crepúsculo como "I will wait for you" o una espiritual copla dedicada a la memoria de la madre de Eugene, la preciosa "This is the day".
No miento si digo que este disco me parece una delicia, que seguramente pasará desapercibido para casi todos y que complicada empresa se me antoja el poder escuchar estos temas en directo, pero les sugiero que le den una escucha, que se dejen arrastrar por la emotividad y la paz que emana el disco, creo que no se arrepentirán, yo estaba deseando llegar del trabajo para escucharlo una vez más.

Adjuntamos la web de Eugene Wareley donde se puede acceder a la adquisición de "Morning train".

martes, 5 de junio de 2018

Stephen Malkmus and The Jicks - "Sparkle hard" (2018).


Me alegra comprobar que algunos artistas de lo que se llamó indie en los noventa siguen resistiendo, que continúan por la senda de las buenas canciones, de los buenos discos, de las propuestas interesantes, de la personalidad en definitiva; y que no adhieren el nombre de sus viejas marcas noventeras a cada paso que dan en solitario, limitándose a realizar impúdicos copia-pega de pretéritas fórmulas o a condicionar su sonido en su edad madura a las tendencias sónicas que imponen las nuevas generaciones.
El séptimo disco de Stephen Malkmus, que vuelve a contar con sus Jicks, y que lleva por título "Sparkle hard" viene a corroborar lo que digo en el primer párrafo.
Desatado de la marca Pavement, aunque con las mismas prerrogativas musicales, a las que hay que sumar las enseñanzas adquiridas y las incursiones experimentales propias de la expresividad artística del momento, Malkmus nos regala (una vez más) un excelente disco, si me lo permiten, de lo mejor en lo que llevamos de curso para un servidor.
No voy a venderles una moto, no es un disco de pelotazos inmediatos (no es lo suyo), es un disco que se consolida con cada pase, pero que desde el primer instante deja impronta de su calidad y provoca la apetencia de sucesivas escuchas en el oyente, que pronto se sentirá convencido por el resultado de "Sparkle hard".


También es un disco variado, en el que se da cabida a diferentes alusiones sónicas, como lo demuestra el country-pop "Refute" en el que colabora la gran Kim Gordon (Sonic Youth).
Partiendo del golpeteo del piano de "Cast off" que se encumbra eléctricamente en una suerte de estribillo tormentoso para volver a la calma, pasando por la guitarra ya conocida de "Future suite" que es una canción marca de la casa y llegando a las acústicas que abren un espacio sonoro limpio y tenue en la excelente "Solid silk" con su excelente aporte de cuerdas.
Un comienzo que atrapa y predispone para lo que queda por venir: la oscura atmósfera tardo-sesentera de otro favorito como "Bike lane";  el pop de acariciadora melodía de la juguetona "Middle America" o el carácter industrial del latido y los breaks de batería de "Rattler".
El disco contó con el single "Shiggy", tema que se retuerce sobre su bajo burbujeante y sus guitarras sucias y contaminadas, otro lugar irresistible del elepé. "Kite" es un tema que combina diversas esencias sónicas, incluido el funk, pero con total coherencia. Una sensación Lo-Fi de cierta esencia velvetiana, violín incluido, nos invade en "Brethren" para terminar con "Difficulties-Let them eat vowels", un corte de más de siete minutos: una espiral pop con alicientes crooner en su inicio y ataques de psicodelia que a un servidor recuerda al "A day in the life" beatlemano, que de repente cambia como si de una suite se tratase en algo totalmente diferente, una travesura industrial progresiva.
Es posible que no sea "Sprakle hard" el disco más popular del año. Seguramente se hablará más de otros trabajos más promocionados y 'fáciles', pero estoy seguro de que a muchos interesará y convencerá este nuevo álbum de Stephen Malkmus and the Jicks, en mi opinión, de lo más recomendable de este año.


lunes, 4 de junio de 2018

Los lunes... escenas de cine - "El halcón maltés".


Muchas veces se ha dicho aquello de que la ópera prima de John Huston, "El halcón maltés" es el primer film noir de la historia. Esto siempre me ha parecido una soberana tontería, pero ya se sabe aquello de que una mentira mil veces repetida...
En cualquier caso, ésta tercera adaptación para la gran pantalla de la obra del gran Dashiell Hammett es una extraordinaria película, gracias a un afilado guión del gran Huston, a los excelentes detalles técnico en cuanto a fotografía, vestuario o dirección artística y a la intensidad que a sus roles aportan todos y cada uno de los intérpretes, empezando por el magnífico Sam Spade de Humphrey Bogart, la misteriosa Ruth Wonderly de Mary Astor, y el ignominioso Joel Cairo de Peter Lorre. Aunque es, en mi opinión, la brillante actuación del demasiado a menudo olvidado Sydney Greenstreet, el que se lleva la palma con su portentosa caracterización del ambiguo Kasper Gutman.
Magnífica película, referente del género, repleta de momentos impactantes y con agudos diálogos, aunque no es del gusto unánime del público, pues muchos consideran su argumento enrevesado, de difícil comprensión y complicado seguimiento.
Pero un fanático como yo del noir, no podía dejar pasar por más tiempo una pequeña reseña de este título mítico en este espacio de los lunes.
Nos quedamos por tanto con "El halcón maltés", el demoledor debut como realizador de John Huston en 1941.
¡Feliz semana!

domingo, 3 de junio de 2018

Los domingos photosong - Van Morrison - "Autumn song".


Sigo dando vueltas al asunto del concierto de Van Morrison en el Azkena Rock de dentro de unas semanas, como no me termino de decidir, esta mañana he decidido escuchar unos discos del León de Belfast, por si finalmente no me decido a ir ese viernes a Vitoria.
He sacado de la estantería "Hard noise the highway", un estupendo disco de 1973 que siento que está un tanto olvidado y que yo entiendo que mantiene el enorme nivel de otros trabajos de la época firmados por el temible irlandés.
También he recordado un tema ubicado en la cara B, tema de esencia jazz de más de diez minutos y que siempre me ha parecido maravilloso, una canción que además viene al pelo, pues aunque este fin de semana las lluvias no han aparecido por Bilbao, lo cierto es que este año nos han dado gato por liebre y donde compramos primavera nos han vendido otoño.
Así que me parece muy apropiado dedicar la mañana dominical a esta "Autumn song".
¡Feliz domingo!



sábado, 2 de junio de 2018

Bajo el fuego del destino - Las paranoias de Addi.


Nunca había estado tan lejos de su casa, y si alguien le hubiera dicho un lustro atrás que un día se sumergíria en el laberinto urbano de una ciudad como aquella que se recortaba contra el rosáceo cielo de la madrugada, la que observaba desde la cola del control de pasajeros del aeropuerto, se reiría y lo negaría con vehemencia. Belleza y misterio era lo que evocaba aquél skyline, pero en las tripas de tan mágica silueta se escondía un punto rojo en este planeta oxidado de crueldad y pútrido de mezquindad. El sabía que se trataba de una ciudad asediada y con la posibilidad real de un ataque militar inminente y sin previo aviso suspendido cual espada de Damocles sobre la cabeza de sus gentes. Pero allí estaba, quitándose las botas y dejándose registrar por un viejo militar de manos huesudas y dedos nudosos, de mirada cansada y asustada, lo que le daba un aspecto fiero y peligroso. Allí estaba, él, que tantas veces soportó a su padre reiterar sus anacrónicas teorías sobre los viejos tiempos, mucho más duros y exigentes que los actuales. Años cenicientos que hicieron de aquella generación un colectivo de mucho más valor y compañerismo que la actual juventud atiborrada de caprichos, siempre preocupada por tener sus necesidades más frívolas cubiertas, él, que era un digno representante del sálvese quien pueda, que yo tengo el dinero de mis padres.
La oronda funcionaria que registraba su maleta observaba la foto enmarcada de ella, sonriendo y en un inglés aún más indefendible que el suyo preguntaba con ojos maliciosos - Es su novia señor, contestó que si, que venía desde España para encontrarse con ella en la escalinata de la mezquita de la ciudad a las doce.
Meses atrás la vio en la parada del autobús del campus de la universidad, nunca antes había reparado en ella, aunque aquellos ojos de color violeta, como los de Elisabeth Taylor, estaba seguro de que los había visto antes. Ya dentro del autocar, ella se sentó a su lado, la podía ver de perfil, su rostro dibujaba un contorno delicado y al tiempo abrupto, su frente alta y ancha terminaba en el valle que formaban sus cejas negras y pobladas, desde allí arrancaba una nariz que se curvaba levemente sobre unos labios carnosos y húmedos, que pronto pudo comprobar que podían dibujar sonrisas de una pureza y dulzura que nunca creyó que fuesen posibles. Al girarse, su mirada de ojos violetas y enormes se tropezó con sus torpes ojitos castaños, pequeños y sorprendidos; se retiró el manto de pelo, negro, brillante, caudaloso, y lo echó hacia atrás. Con una expresión que parecía concederle la absolución a sus pecados de torpeza, se presentó y le dio un beso, silencioso, nutritivo, húmedo, caliente y que parecía haberse quedado tatuado en su mejilla, cerca, muy cerca de la boca.
Le dijo, en un claro castellano aunque de frondosidad oriental que arrastraba su meliflua voz de hada buena que se cruzaban todos los días, pero que era la primera vez que la veía el rostro, había decidido quitarse el hiyab que le tapaba el pelo y parte del rostro para que pudiese observar cómo era la mujer que se había enamorado de él.
Los siguientes meses condensaron para ambos una vida entera, o tal vez una colección de vidas enteras. Descubrieron que el fin último de la existencia se construye con sueños que se deslizan por el territorio de las quimeras y con besos, compartiendo secretos y administrando segundos que habrán de convertirse en imágenes que alojar en el museo de la memoria, en el muro de los momentos que ojalá se pudiesen atrapar para vivirlos como una foto fija, sin movimiento pero sin dejar se sentir, como esos instantes fugaces en los que parece que la felicidad excita la piel y enerva los sentidos y ni el ayer ni el mañana parecen importar, sólo el ahora, el segundo que muere casi antes de nacer.
Cuando acabó el curso ella le dijo entre lágrimas que tenía que volver a su país, tenía una misión que cumplir con su familia, con sus tradiciones.
El se revolvió, y tras una noche intentando decirse adiós sin conseguirlo decidieron volver a verse, sería en noviembre, en su país de la mil y una noches, un día antes de la boda de ella: un matrimonio pactado con un empresario del petróleo al que nunca había visto, pero que serviría para aunar a ambas familias y fusionar los negocios de su futuro esposo con el monopolio del cemento que ostentaba su familia. Ella siempre quiso ser geóloga y se iba a casar con alguien que agujereaba el planeta.
La vio alejarse bajo una lluvia de verano que parecía brillar en el haz de luz que formaban las farolas, como gotas doradas que se convertían en vapor oloroso al contacto con su pelo, que ya nunca volvió a esconderse bajo ningún hiyab.
El autobús que le llevaba al centro de la ciudad olía a miedo y pobreza, en el aire atestado de insectos se podía masticar la sensación agorera de una oleada de muerte, de cascadas de fuego derramándose sobre las calles, el horror comunicado por las bocinas que anunciaban el apocalipsis bélico promovido por los justos del mundo, que buscan el petróleo que unos pocos, como el prometido de su amanda, robaron con ayuda de los que ahora buscaban con sus bombas arrebatárselo.
Se bajó en una plaza cuadrada, con casas de estuco amarillo y rojo en cuyo centro un hombre escuálido vendía sandías. Tomó entre las manos el papel en el que con dedos temblorosos ella le dibujó un croquis de la ciudad, allí estaban esbozados los últimos seiscientos metros que les volverían a unir, los metros justos para decir adiós sin despedirse de nadie y lanzarse a una vida juntos, buscando el lugar donde anida ese instante de felicidad que anula el ayer y el mañana, aquél que no consiguieron atrapar en Europa.
Aún faltaba más de una hora para la cita. Mientras paseaba, acarreando su maleta, por la ciudad, observaba los rostros de sus habitantes, la falta de esperanza retiraba la sensación de edad a aquellas caras resignadas, carentes de ilusión y entregadas a la religión, como si la muerte y las promesas que traía consigo fuesen su última oportunidad de vida, una curiosa contradicción con la que pensó que no debía ser fácil vivir.
De repente la bocina que alertaba de un ataque aéreo rasgó la inquietud silenciosa que gobernaba la ciudad. Coches de policía atravesaban las calzadas y señalaban a los ciudadanos la importancia de acceder a cualquiera de los refugios antiaéreos.
El se escondió tras un zócalo de adobe que olía a historia. Permaneció allí hasta que la zona se despejó de agentes, escuchaba sus gritos autoritarios engrandecidos por altavoces varias calles hacia el sur.


El cielo se oscureció y un ruido ensordecedor rellenó de terror la atmósfera cálida de la urbe. Las primeras bombas hicieron blanco a pocos kilómetros de su ubicación, pronto el silbido de los obuses se empezó a sentir más cerca, corría hacia el norte en busca de la plaza de la mezquita, no iba a faltar a su cita, las calles se habían quedado siniestramente vacías, decidió dejar la maleta abandonada cuando un fuerte impacto derribó una construcción baja de arcilla y barro a su espalda, a pocos metros. Volvió sobre sus pasos hasta que encontró la plaza donde minutos antes le había dejado el autobús, el puesto de sandías ardía y un agujero de más de dos metros de diámetro señalaba el camino hacia el infierno.
El humo se hizo dueño de la situación, era difícil respirar, tampoco resultaba sencillo consultar el plano, los ojos le escocían y una capa de lágrimas tapaba sus retinas. Ahora apretaba aquél trozo de papel en su puño crispado y furioso.
Giró hacia una avenida atestada de coches detenidos y vacíos, cuatro carriles en los que abandonados cual esqueletos de dinosaurios en la edad del periódico pérmico, los automóviles aún mantenían sus motores en marcha, provocando un olor a petróleo que se mezclaba en dulzón y tétrico batiburrillo con el hedor seco a pólvora y la fragancia pesimista y barata que huía de los escombros de la fila de edificios derrotados que se enracimaba en la avenida de la desolación por la cual ahora corría preguntándose si ella acudiría a la cita.
El miedo por su ausencia pronto se convirtió en pánico por su presencia. Ojalá estuviese bien y no hubiese sido tan loca de salir en su busca. Seguro que estaba en un refugio a salvo de la destrucción impuesta por los guardianes de la vida, que su familia no le había permitido penetrar en aquella espiral de muerte, de ruido y de cazas que dibujaban sombras que rajaban el suelo mientras dejaban caer fuego de sus tripas.
Un último giro y se toparía con la mezquita, sólo en ese momento empezó a tener miedo por su vida, y sobre todo por la de ella, si al menos pudiese llamarla, pero su familia no le permitía tener teléfono móvil, sólo era una mujer.


Vislumbró la mezquita, solemne bajo el sol que proyectaba su sombra majestuosa entre una cortina de humo y polvo. No veía nada, olía a descomposición y el calor del fuego que arrasaba un autobús le hería la piel.
Se acercó al templo desafiando al azar de bombas que buscaban en la inocencia de una ciudad tan hermosa como aquella, repleta de gentes que no entienden, pero que temen por quienes quieren, causar un daño oneroso, cicatero y ruin; avaro y desalmado.
Entró buscando refugio en los soportales que rodeaban al edificio santo, desde la palidez de la fachada principal, impresa de retorcidas claves alfabéticas, se extendía una escalera blanca y ancha, se apoyó en la puerta de bronce que daba entrada a la mezquita, desde allí dominaba la escalinata, sintió un alivio al contemplar que no había nadie en la misma.
Una bomba impactó contra un edificio a pocos metros, el fuego parecía querer huir del interior de una de las viviendas por la ventana del primer piso iluminando la oscuridad que olía a queroseno y que se había cernido sobre el corazón del Islam. Gracias a éste fúnebre foco de luz pudo observar una explanada de baldosas blancas salpicada de cadáveres, el horror le cegaba la razón y las lágrimas dolían en sus ojos ante la incomprensión y el miedo, ¿y si ella era alguno de esos cuerpos derramados por el suelo?.
Un avión volvía a sobrevolar la zona, el se echó al suelo y empezó a voltear los cuerpos sin vida: ancianos, policías, mujeres... personas, pero ella no estaba, aunque era consciente de que algún cuerpo se le había escapado, se arrodilló, selló su frente al el suelo y lloró, por él, por ella, por el mundo. Cuando el sollozo se hizo salvaje alguien le abrazó por la espalda, fuerte, y sintió el dulzor sanador de unas lágrimas calientes deslizándose por su mejilla; ella estaba allí, con él, la miró y lloraron juntos, abrazados; en ese momento entendieron que en medio de aquél horror injusto y fétido consiguieron atrapar el momento, el instante en el que desaparece el ayer, y el mañana es sólo una hipótesis, y se fundieron en un sentimiento que sabían eterno. Mientras maldecían a un mundo miserable que se volvía a inmolar, ellos se amaban...