jueves, 31 de mayo de 2018

Concierto: Frank - Colegio de Abogados de Bilbao, 30/05/2018.


Es de agradecer el esfuerzo que hace el Ilustre Colegio de Abogados de Bilbao trayendo al salón de actos de sus instalaciones frecuentes conciertos. Por sus dependencias han pasado importantes artistas que hemos podido disfrutar en un entorno de cercanía y de forma gratuita. Justo es reconocer esta actividad para con la cultura y agradecerla con sinceridad en lo que vale, que es mucho.
Este miércoles le tocó el turno al cuarteto donostiarra Frank, y la verdad es que había expectación. La sala multiusos del Colegio de abogados es un espacio de techo bajo con paredes de cemento, ubicado en los bajos del edificio y en el que no se puede ofrecer un bolo en las condiciones de sonoridad que se puede dar en una sala específica para eventos musicales, aunque cuenta con otros atractivos y para sets acústicos es más que suficiente.
Frank no ofreció un concierto desenchufado y puso el poder de sus dos guitarras -ahora con Sara también colgándose la eléctrica- dentro de los parámetros de decibelios que permite el lugar, desde luego fue suficiente y todo el mundo salió con dos sentimientos bien diferenciados: por una parte el buen sonido del grupo, ahora más rockero y contundente, que la voz de Sara Comerón sigue siendo de lo mejor que se puede escuchar en el panorama rock de este país y que su nuevo disco "Atlas" está repleto de excelentes canciones y que es, sin duda, su mejor trabajo hasta la fecha; y por otro lado un sentimiento de que lo ofrecido supo a poco, que nos quedamos con ganas de más, de un recital completo, largo y en sala de conciertos, con todo el potencial en marcha; espero que no tarde ese concierto y Frank puedan demostrar -como ya han hecho en no pocas ocasiones- lo que vale su directo y que tienen un setlist de gran enjundia.


Pero lo cierto es que lo de ayer tarde sirvió para tomar contacto con las canciones de su último elepé en vivo y saber por donde van los tiros, básicamente lo dicho: más eléctricos y contundentes gracias a la sustitución de la acústica por más electricidad en varias canciones, cosa que creo que favorece al entorno sonoro de su estilo sin hacerles perder personalidad ni tapar su sello sónico.
Aprovecharon la ocasión, como es preceptivo, para ofrecer una importante muestra de las canciones que se esconden en "Atlas", defendieron el disco sobre las tablas y convencieron a los que aún no lo conocían, no quiero imaginarme el efecto de esas canciones en una sala con todos los caballos sónicos trotando desbocados.
Si la memoria no me falla, empezaron con el tema de presentación de su último álbum "Total blackout", al que siguieron, en el mismo orden que en el disco "Necromancer" y "You can you say", para completar esta primer paquete con "This wheel's on fire", su excepcional cover del clásico de The Band. Recordaron su anterior "The mud and the thirst" (2016) con el tema que abría aquél: "Ullapool" con Sara tomando la acústica, aprovecharon para volver a "Atlas" con las preciosas "Liquid and stone" y "Atlas". Siguió "Captain, captain" y mi favorita "Memory of the tree" extraída esta última de su EP de 2014 "My wild kingdom", éstas dos últimas con Sara acompañando de nuevo con su guitarra eléctrica a Iñigo Bailador. Sube la temperatura rockera con "I'm feeling" de su catálogo de 2016 para culminar con "Veils", tema que finiquita su último trabajo pero que no da por finalizado el bolo, pues aún quedaba una sorpresa, una versión del magnífico y vigoroso tema de Shocking Blue "Send me a postcard" que nos despidió dentro de un mantra hippy rememorando el verano del amor del que este curso se cumplen cincuenta años.
Tanto Iñigo a la guitarra solista, como la excepcional base rítmica que siempre exhibe Frank gracias al bajo de Christian Rodríguez y la batería del gran Andoni Etxebeste dan respaldo a la milagrosa voz de Sara, es por eso que hacemos votos para que pronto podamos verlos en un concierto con mayor repertorio y en un entorno que se ofrezca más a la fiesta y celebración rockera, pero lo de ayer fue, insisto gracias al Colegio de Abogados de Bilbao, una maravillosa toma de contacto con Frank y con "Atlas".

miércoles, 30 de mayo de 2018

Ash - "Islands" (2018).


Los años noventa dejaron un ramillete de formaciones anglosajonas que llegaron con la vocación de actualizar el pop y representar una alternativa al grunge imperante. Muchas consiguieron reconocimiento mediático y pronto fueron pasto de MTV, abarrotaban las parrillas grupos como: Oasis, Blur, Pulp, The Verve, Suede, Travis... Confieso que un servidor siempre se decantó por la propuesta, menos mediática de asociaciones como The Posies, Teenage Fanclub, Cotton Mather o los que hoy traemos aquí: Ash; todos ellos ensombrecidos por las luminarias promocionales de los anteriormente referidos
Tras retractarse en 2015 de su decisión de no lanzar más discos en formato larga duración con la publicación de "Kablammo!", el grupo norirlandés liderado por Tim Wheeler vuelve a la carga con "Islands".
No negaré que este "Islands", -séptimo disco de estudio de la formación- me ha sorprendido para bien. Sigue el trío ofreciendo canciones de tremenda adherencia melódica, guitarras vigorosas, fornidos sintetizadores, coros simétricos y base rítmica endemoniada, además de unas letras muy curradas, todo dentro de un entorno powerpopero, con pinceladas britpop, rock, punk-pop e incluso dreampop.
Cada canción es diferente al resto, por lo que el resultado global es de tremenda variedad, lo que hace que la escucha del álbum sea grata por calidad y diversidad, sin dejar pasar el debido apunte a la oportuna y brillante producción del capitán de la nave Tim Wheeler.
Interesan a este escriba de manera especial los momentos más energéticos de cristalinas pero rocosas guitarras y melodías excitantes que corren como fugitivas, como la estupenda pieza de power-pop "Annabel"; la punkarra "Buzzkill"; la juvenil "Somersault" o la coral "Silver suit"; todas ellas disfrutables y energizantes.



No faltan piezas de mayor textura y densidad gracias a la combinación de teclados y guitarras como la balada "It's a trap" apoteósico tema de suntuoso muro de sonido, detalle también apreciable en "All that I have left", sin olvidar el esponjoso corte que cierra el álbum titulado "Incoming waves".
En "Conffesions in a pool" se recrea un mantra sónico que nos lleva a una especie de dream-pop muy agradable, como también ocurre con la melancólica balada "Don't need your love" o con la excelente "Is it true?".
Guitarras rotundas y con un toque psicodélico en "Did your love burn out?" y una verdad muy ortodoxa, pop resplandeciente con todos los argumentos e ingredientes en la que abre este disfrutable elepé: "True story".
"Islands" es un álbum que se escucha y se disfruta, que no deja opción al muermo y que mantiene unas coordenadas muy claras: pop de guitarras y coros, de estribillos y teclados imponentes, de buenos textos y ritmo frenético; muchas veces, no se puede pedir más. Recomendable.

martes, 29 de mayo de 2018

Cuando había música en TV - Glutamato Ye-yé - La edad de oro.


Glutamato ye-yé fue uno de los más representativos componentes de aquél ejército de grupos denominados Las Hornadas Irritantes. Hacían oposición, en clave de humor e ironía (y bastante mala leche), a otros grupos que triunfaron en los primeros años ochenta como Secretos, Mamá o Nacha Pop, a los que tildaban de babosos y demasiado serios, aunque reconocían que eran mejores músicos que ellos. Algunos se sintieron ofendidos por aquello aunque supongo que estará todo olvidado a estas alturas del partido.
Iñaki Fernández, con su provocativa imagen, pronto se convirtió en agitador y elemento encauzador de polémica en aquél Madrid, y consiguió que la prensa se pusiese del lado de los ácidos y pendencieros grupos de las Hornadas Irritantes, todo por hacer unas risas.
Como el grupo consiguió cierta repercusión con sus primeros singles y mini-elepés, Paloma Chamorro les invitó en 1983 a La edad de oro, donde ofrecieron un concierto con algunos de sus temas más conocidos correspondientes a su escaso repertorio y adelantando algún tema nuevo como el hit "Todos los negritos tienen hambre y frío" que sería publicado en 1984 en otro mini-elepé del mismo título.
Concedieron así mismo una entrevista, bastante loca y surrealista, a la buena de Paloma Chamorro que intenta lidiar con estos tipos como buenamente puede.
Vamos con el pop psicotrópico de Glutamato ye-yé, otro documento de cuando había música en TV.

Setlist del recital:

1. "Intro".
2. "Balada de Karen Quinlan".
3. "Temblando despertaré".
4. "Todos los negritos tienen hambre y frío".
5. "Nada más lejos".
6. "El juez de la horca".
7. "Zoraira".















lunes, 28 de mayo de 2018

Los lunes... escenas de cine - "Pulp Fiction".


Si bien es cierto que no soy un gran seguidor del cine de Quentin Tarantino, debo reconocer que el estreno en 1994 de "Pulp Fiction" fue un pelotazo fulminante para muchos, y creo que de manera muy especial para los cinéfilos de la famosa generación X que en aquellos tiempos buscábamos nuevas historias y nuevos lenguajes en el arte de hacer películas.
Recuerdo salir del cine con la impresión de haber visto algo nuevo, no lo era, pues "Reservoir dogs" ya utiliza la misma técnica narrativa, aunque no fue hasta la llegada de "Pulp Fiction" que se dió a conocer aquella a pesar de ser anterior.
Un film saturado de momentos inolvidables, diálogos entre disparatados y surrealistas y canciones que se empezaron a escuchar en todas partes.
Tarantino se convirtió de la noche a la mañana en una estrella del medio, entre estrafalario y marginal se hizo con el trono al nuevo genio del séptimo arte.
Travolta volvía a la senda del éxito y posiblemente por vez primera a la del reconocimiento como actor, reconocimiento crítico ya tenía el magnífico Harvey Keitel que a partir de aquí pasó a ser reconocible y mediático, y Samuel L. Jackson o Uma Thurman se convirtieron en estrellas.
No puedo negar que "Pulp Fiction" ha sido una de las películas que más me ha impactado en una sala de cine, por eso la traemos hoy -que casi no voy al cine- a la cabecera del blog.
¡Feliz semana!

domingo, 27 de mayo de 2018

Los domingos photosong - Mike Oldfield - "Trick of the Light".


Típico domingo de resaca futbolera, un mundillo que no me interesa nada de nada. Así que nos vamos a poner en modo nostalgia y sacamos de la estantería de los vinilos a uno de mis primeros iconos. Mike Oldfield fue mi primer favorito del mundo, con apenas doce años me enamoró el disco "Crises" del británico, y no sólo por la gloria radioformulera que alcanzó la inefable "Moonlight sadow", lo cierto es que todo el disco me subyugó.
Así que en 1984, un servidor esperaba como agua de mayo el nuevo disco de Oldfield, que venía precedido de un single que también sonó lo suyo en las FMs de la época: "To France".
Finalmente el elepé llegó a las tiendas, ¿su título?: "Discovery". Fue el primer disco que compré el mismo día de su publicación, en una tienda bilbaína que desapareció hace muchos años y que se llamaba Ritmo.
Aún recuerdo la emoción que sentía, las ganas casi insoportables de llegar a casa y pinchar ese "Discovery", y los cientos de veces que lo hice girar. Creo que si pudiese hacer una lista de los diez discos que más veces he escuchado en mi vida, éste sería uno de los que sin duda aparecería en esa lista.
Me escondo del mundo de la pelota pinchando una vez más este disco puramente ochentero y os dejo con el tema "Trick of the light" donde al británico acompañan Maggie Reilly y Barry Palmer en las voces.
¡Feliz domingo!



sábado, 26 de mayo de 2018

Bob Dylan - "Desire" (1966), mi primer Dylan.


Poco, muy poco hemos hablado en esta bitácora de Bob Dylan. Es posible que haya que buscar los motivos en una especie de intimidación que uno siente ante la mastodóntica figura de Zimmerman, o tal vez por la certeza que me atenaza y que me indica bien a las claras que hay voces mucho más duchas que la de un servidor a la hora de acometer la obra y milagros de tamaña figura, o simplemente porque es tanta la tinta derramada en diseccionar la vida y el legado de Dylan que la pregunta lógica es: ¿qué puede aportar a tanta literatura un tipo cómo yo?.
El caso es que tras más de seis años embadurnando cuartillas virtuales, heme aquí presto y dispuesto a acometer la empresa de dejar impronta personal a propósito de lo que significa para mi "Desire", decimoséptimo disco de estudio del nobel Bob Dylan.
Y esto viene a cuento del reciente cumpleaños del inefable Robert el pasado jueves, setenta y siete castañas, y como dice aquél, en la batalla. Felicitaciones y homenajes no faltaron el pasado 24 y éste, que viene con retraso, no pretende sino ser uno más, modesto y para los íntimos.
Tenía que ser "Desire", me explico: Cuando dejé atrás la escuela, o si lo prefieren la EGB, y entré en el instituto, en la puerta de éste quedaron muchas cosas que traía de la niñez y que no parecía que fueran a tener demasiado espacio en mi creciente adolescencia. La música ya era importante, e incluso vital, en mis tiempos de escolar, pero la llegada al insti trajo consigo una revolución que destartalaría mis -vistas hoy- incomprensibles inclinaciones musicales de tierno infante.
Entre profesores de aquellos que hicieron colorista la transición y con los que me unieron intereses musiqueros y algunas nuevas amistades, empecé a interesarme por algunos nombres que me sonaban a mitología griega hasta ese entonces, pero que pronto empezaron a formar parte de mi vida, muchos siguen presentes en estos días y han dejado marca en la trayectoria vital, y probablemente también personal, de un servidor.
Uno de aquellos nombre era el de Bob Dylan. En 1985 no se puede decir que los éxitos Dylanianos que se radiaban en las emisoras de FM de entonces fueran demasiados, apenas cuatro o cinco canciones, si la memoria no me falla.
Los viernes salíamos un grupo que se improvisó los primeros meses de instituto a beber cerveza en litronas (versión ochentera del actual botellón) al bilbaíno Parque de doña Casilda, que entonces estaba en obras. Entre cerveza y amores incipientes y dubitativos, se colaba una guitarra española vieja y desvencijada que tocaba un chico un poco mayor que nosotros. Hijo de un típico matrimonio hippy de la época, conocía varias canciones de Bob Dylan y sabía como tratar a la guitarra. Era habitual que nos sentáramos en un banco y le escuchásemos cantar algunas canciones que solía decorar con historias bastante difíciles de creer.


Su favorita, y la mía también, era "Sara" tema de un disco de una década atrás que de inmediato compré. Entonces ignoraba lo que la letra decía, pero comprendía la tristeza que anida entre las costuras de ese tema maravilloso y agónico, creo que nunca necesite conocer exáctamente el significado del texto para saber, una vez que escuché hasta la extenuación la versión original con que se cerraba aquella cassette de "Desire" que adquirí por 650 pts. y que aún conservo, que Dylan tenía el corazón roto y al tiempo pleno cuando dedicó aquella copla a quien amó durante años.
Fue por tanto "Desire", mi primer Dylan, y lo que es más importante, sigue siendo mi primer Dylan, claro, siempre lo será. Por eso cada vez que pincho (como esta mañana) este disco, sigo sintiendo esa sensación de aprendizaje, de incipiente conocimiento, vuelvo a sentir que se abre una puerta que antes no estaba allí, y una vez más, como entonces, siento curiosidad y ansia por atravesarla, como si no hubiese tenido ninguna experiencia con Dylan en todos estos años, como si el destino me diese una nueva oportunidad para volver a recorrer el sendero, como si yo fuese un Fausto del siglo XXI y Bob un Mefistófeles vagabundo, circense y errante, como aquél Dylan de la portada de "Desire".
Porque "Desire" es nómada, y artesano; la obra de un músico ambulante que busca la esencia de si mismo, la verdad escurridiza de un futuro, que Bob sabía mejor que nadie que era y siempre será incierto.
Y efectivamente, según avanzo en esta reseña que se ha convertido en una historia más del abuelo cebolleta que sé que soy, empiezo a entender que poco puedo aportar a descubrir nuevos sentidos y secretos a obras maestras como "Hurricante", "Joey", "Romance in Durango", "Oh sister", "Mozambique", "Black diamond bay", o la eterna y pasajera letanía de brisa de saber que es "One more cup of coffee".
El folk se vuelve íntimo y zingaro, con sabor a hoguera y plaza de aldea zarandeada por los aires del pasado, a plato escuálido de limosnas que se posa bajo las narices de los hombres y mujeres del mundo que han asistido a la belleza de la razón sin advertirlo.
Acordeones y violines, sonidos trashumantes y esa pócima de atemporalidad que hacen de "Desire" un disco especial de Bob Dylan, o al menos así lo es para mi.
¡Zorionak Bob!... y gracias.



viernes, 25 de mayo de 2018

And libros by Addison de Witt - "Testimony, Autobiografía" - Robbie Robertson.


Las últimas palabras que Robbie Robertson escribe en su autobiografía "Testimony" me resultaron demoledoras, o tal vez tristes, a pesar de lo asumido que tenemos esta historia cuarenta años después. Terminar el libro me condujo a una de esas contadas ocasiones en las que, con las últimas páginas aún atrapando mi dedo índice como una tenaza, los segundos se apelotonan en mi cerebro, provocando la sensación de que mis pensamientos navegan por el cráneo como a cámara lenta, intentando ordenar la mezcolanza de emociones e informaciones que han ido registrando desde que algunos días antes abrí el libro y empecé a conocer a Jaime Royal Robertson cuando era un niño que llevaba incrustada en el alma las cadencias culturales de la tribu Mohawk en cuyo seno creció, en la reserva Seis Naciones.
Allí, entre los mohicanos, tribu de la que procedía su madre Rose Marie Chrysler, llamada con infinito cariño por todos los protagonistas de la vida de Robbie 'Mama Kosh', es donde un día, al amparo de las musas más límpidas, comprendió el joven Jaime (así sería siempre llamado por su familia) que había nacido para contar historias, y así se lo hizo saber a su 'Mama Kosh' que le dió en ese mismo instante su bendición y también el don mágico que le guió durante los lustros venideros.
En "Testimony", Robbie Robertson nos conduce por su vida desde que con apenas dieciséis años vende su primera Stratocaster para pagar el viaje desde Toronto hasta el sur de los Estado Unidos, donde le esperaba una prueba para convertirse en guitarrista de The Hawks, la banda del intérprete canadiense Ronnie Hawkins.
Una vez conseguida la plaza, pronto empieza a sentir inquietud por la composición, conoce a Levon Helm, quién durante los años de The Hawks fue más que un amigo, un hermano y profesor vital para el aún adolescente Robbie.


Entre giras y grabaciones se van sucediendo encuentros y encontronazos, episodios y anécdotas: unas disparatadas, otras cruciales. Unos van y otros vienen hasta que el destino quiere que se encuentren los cinco que habrían de ser llamados The Band. Las noches hacen docencia de vida y afilan el olfato necesario para prever peligros; las mujeres inspiran al joven: amor, ternura y compromiso; los compañeros amistad y dilección; los grandes artistas que se cruzan en su vida ilustración y noviciado; las complicaciones trabajo y capacidad de superación, los años que vuelan, dignidad.
Este libro autobiográfico es una completa y minuciosa recreación de la vida del protagonista, en la música y en la intimidad. Nos deja conocer al hombre, al artista, al esposo, al amigo, al líder... porque aunque no lo pretende, en la narración de lo ocurrido queda de manifiesto la labor impagable de líder que Robbie ejerció en The Band; y aunque insiste en que todos tenían un sitio importante dentro de la formación, pronto queda de manifiesto que no era así, o al menos no tanto como pretende hacernos creer Robbie. No se trata de un liderazgo despótico, sino casi intuitivo, improvisado, nacido y buscado en su entorno como algo natural, tal era su carisma y compromiso con la música, y la madurez que alcanza en pocos años.
La recreación de los hechos se desarrolla con una prosa limpia y muy novelesca, con una estructura ágil y de fácil comprensión, y un ritmo que engancha y consigue absorber la atención.


Imposible que esta obra aburra, además de las aventuras y desventuras de Robbie y sus cuatro compinches, nos descubre como nacieron todas esas canciones que se han clavado en el alma de tantos, los nervios, inseguridades y ansiedades que atacaban antes de cada concierto, las juergas tras muchas actuaciones, las adicciones, resurrecciones y recaídas de todos ellos. En este viaje nos encontraremos con encantadoras, peligrosas e inverosímiles anécdotas protagonizadas por la flor y nata de la historia del rock, blues, jazz, pop, country, soul... en definitiva, de la música americana.
Enriquecen con impagables apariciones entre otras personalidades: Elton John, Bernie Taupin, George Harrison, Brian Jones, Fats Domino, Ray Charles, David Geffen, Allen Ginsberg, Albert Grossman, John Simon, Sonny Boy Williamson, Alain Toussaint, Al Kooper, Roy Buchanan, Jimi Hendrix, Jimmi Carter, Jack Ruby, John Belushi... y por supuesto Bob Dylan, por momentos tan protagonista como el propio Robertson, y todos los participantes de "El último vals" cuyo recuerdo es casi un apéndice, glorioso y emotivo, con vida propia dentro del libro.
Una advertencia: los que busquen alimento para el morbo, píldoras de amarillismo o esperen que el autor eche carne ensangrentada al estanque de los tiburones, se equivocan de biografía, aunque no se da la espalda a los problemas por los que atravesó la formación (el propio Robbie incluido), el tratamiento que se le da a los protagonistas de aquella epopeya musical de primer orden que fue The Band, es de respeto, cariño e incluso amor.
Un libro que gustará a cualquier amante de la música, que consideró documento imprescindible, y con las dosis justas -y a veces desbordantes- de emoción y excitación. Francamente espléndido, pero mucho mejor que lo que este humilde escriba les pueda decir, es que lo lean.

miércoles, 23 de mayo de 2018

Pokey LaFarge de gira por España en Junio acompañado de Gill Landry.


El último disco del norteamericano Pokey LaFarge, "Manic revelations" (2017) dejó un poco de lado su vertiente más retro para introducirse en terrenos souleros. Ahora toca escuchar estas nuevas esencias en directo, y pronto, más exactamente a primeros de junio, tendremos ocasión de comprobar como suenas estas nuevas canciones por estos lares.
Además, y como adelantan en Rock and roll Army el amigo Pokey nos trae una agradable sorpresa. Esta no es otra que la adición como artista invitado de Gill Landry, componente de los magníficos Old Crow Medicine Show que presentará sus canciones en un show en solitario donde a buen seguro escucharemos temas de su último disco: "Love rides a dark horse".
Doble motivo para acercarse a alguna de las salas que visitarán esta pareja de insignes baluartes de las propuestas más enraizadas y tradicionales y disfrutar de un (seguro) buen concierto.
Listado de fechas, ciudades y salas que acogerán los conciertos de Pokey LaFarge y Gill Landry en España:

07 de junio de 2018 - Avilés (Asturias) - Teatro palacio Valdés.
08 de junio de 2018 - Madrid - Sala Joy Eslava.
09 de junio de 2018 - Zaragoza - Las Armas.
10 de junio de 2018 - Bilbao - Kafe Antzokia.

martes, 22 de mayo de 2018

The Limiñanas - "Shadows people" (2018).


Confieso que en este 2018 no me está resultando fácil separar el grano de la paja en lo que a material discográfico se refiere. De momento encuentro mucho más de lo segundo que de lo primero, mucho fiasco y bastantes productos decepcionantes y mediocres, al menos en opinión del que suscribe.
Como no me parece que las obras de los artistas de 'primera linea' sean (en general) nada del otro mundo, nos toca rebuscar en la parrilla de blogs y webs en busca de discos que, siendo menos conocidos o mediáticos, nos den las alegrías que necesitamos los melómanos.
Uno de los trabajos, que anoté hace ya varias semanas tras leer la reseña del mismo en el Espacio Woody/Jagger, es el sexto elepé del dúo galo The Limiñanas.
Formado por Lionel y Marie Limiñana, practican un pop atmosférico y oscuro, con deriva garajera y psicodélica, en la línea de New Order o Moon Duo, pero bastante personal.
En este trabajo titulado "Shadow people" cuentan con la muy adecuada producción de Anton Newcombe (The Brian Jonestown Massacre), quien además interviene en el tema "Istambul is sleepy", uno de los cortes más corrosivos y sucios del álbum.
También cuentan con la participación de Peter Hook (New Order, Joy Division) en la más luminosa "The gift", con evocaciones a Luna o Galaxie 500.
La actriz Emmanuelle Seigner colabora en "Shadow people", un tema más fresco a pesar de lo oscuro y fantasmagórico de su texto; cierra el capítulo de participaciones el guitarrista, cantante y escritor Bertrand Belin que se une a la pareja en "Dimanche", interpretada de manera recitada en la lengua de Moliere.



Destaca en mi humilde opinión la psicodélica envolvente de "Pink flamingos", la también recitada, aunque más industrial sónicamente "Trois bancs" o la excelente pieza de burbujeante lirismo "Le premier jour".
Es de recibo destacar los tres temas instrumentales, diferentes entre si, que nutren el tracklist: "Overture" que lógicamente abre el disco, la intrépida y secuencial "Motorizatti Marie" y el corte que cierra el álbum, la más conseguida y frondosa "De la part des copains".
Seguramente no se hable demasiado de este disco, pasará desapercibido a la sombra de comentados trabajos de otros artistas con más rimbombantes apellidos, pero es uno de los trabajos que me están alegrando los días, a pesar de ese título: Shadow people, que no presagia primaveras precisamente.

lunes, 21 de mayo de 2018

Los lunes... escenas de cine - "Tiempos modernos".


En una época donde la precariedad laboral es una realidad y certeza en España, creo que recordar un film como "Tiempos modernos" es más que oportuno.
Filmada por Charles Chaplin en 1936, recrea la vida de un trabajador, encarnada en su mítico personaje de vagabundo (Charlot), sometido a las duras condiciones de vida que sufrieron estos durante la gran depresión.
Chaplin entrega una comedia que encierra una ácida y crítica mirada al sistema capitalista, abordando la precariedad, la pobreza, las jornadas a destajo y las revueltas de la clase trabajadora durante la época.
La mecanización industrial es tratada con ironía y humor recreando situaciones hilarantes que no pueden dejar de despertar sonrisas, pero bajo un tono de descarnada crítica al sistema.
El momento en el que Chaplin es devorado por la máquina es uno de los máximos exponentes de crítica a un sistema genocida como es el capitalismo bestial que acometió en la época referida y que acabó con la muerte de muchos operarios (realidad incomprensiblemente borrada de la historia).
El proyecto más ambicioso de Chaplin fue llevado a cabo con la maestría habitual en el genio británico, y con el tiempo, su visión de la industria y los industriales le costaría cara.
¡Feliz semana!

domingo, 20 de mayo de 2018

Los domingos photosong - Joni Mitchell - "Carey"


Parece que este fin de semana por fin ha llegado el sol al norte. Desde luego es motivo más que sobrado para celebrarlo, teniendo en cuenta el año que llevamos de lluvias y cielos grises.
Así que aprovechemos la buena nueva saliendo a la calle, a dejarnos acariciar por el sol y la brisa. Pero antes toca pasar la mañana del domingo escuchando algún disco y compartiendo alguna canción del mismo.
Me ha parecido buena escusa (lo del sol) para echar mano de uno de mis vinilos más querido, la maravilla que la gran Joni MItchell publicó en 1971 con el título de "Blue".
Y aunque cualquier canción hace justicia al buen tiempo de que hoy disfrutamos, he elegido "Carey", un tema que me gusta mucho, en una versión en directo de 1983.
¡Feliz domingo!



sábado, 19 de mayo de 2018

Cuando había música en TV - Kevin Ayers - Musical Express.


El músico británico Kevin Ayers pasó por el mundo de la música sin obtener el reconocimiento público que su talento merecía, esto es una circunstancia que desgraciadamente se repite con demasiada profusión. Pionero de la música psicodélica y progresiva con su banda -hoy de culto- Soft Machine, que estuvo asociada a la llamada Escena de Canterbury. Vive unos años en Ibiza donde compone sin parar en un impresionante arranque creativo con el que da inició en 1969 a una carrera discográfica en solitario que apenas obtuvo repercusión general.
Y esto a pesar de contar en su haber con excelentes discos como el que fuese su debut: "The joy of a toy", o los también excelentes: "Shooting at the moon", "Bananamour" o "The conffesions of Doctor Dream and other stories".
No obstante, su carácter cambiante y su modo de vida le hacen caer en discos fallidos y auténticas rarezas, además de algún episodio francamente llamativo en lo que a su vida personal se refiere.
Son muchos los artistas de renombre que han trabajado con Kevin Ayers, entre otros podemos citar a Mike Oldfield, Nico, Brian Eno, Phil Manzaneda, Syd Barrett, David Bedford, Andy Summers, Ollie Halsall o John Cale.
Precisamente estos tres últimos le acompañaron en el recital en vivo que ofreció el doce de febrero de 1981 en Musical Express, donde además concedió una entrevista a Ángel Casas.
En aquella ocasión el británico ofreció diversos temas extraídos de elepés como: "The Joy of a Toy", "The conffesions of Doctor Dreams and other stories" o "Rainbow takeaway", también ofrece el adelanto del single que publicaría en 1982 formado por las canciones "Animals" y "Don't fall in love with me" interpretando ambas.
Interesante y extraño documento, inconcebible en estos tiempos, que podemos ver gracias a que en otros tiempos había música en TV.

Setlist completo de la acutación de Kevin Ayers:
1. "Don't fall in love with me"
2. "My life"
3. "Heartbreak hotel"
4. "Howling man"
5. "Shoulting in a bucket blues"
6. "Didn't feel lonely"
7. "Everybody's some time, some people's all the time blues"
8. "Stop this train"
9. "Animals"
10. "Didn't feel lonely"



jueves, 17 de mayo de 2018

Los Brincos - "Contrabando" (1968).


Me imagino, que la salida de Juan Pardo y Antonio Morales 'Junior' de Los Brincos volcaría océanos de tinta sobre las publicaciones de la época. En cualquier caso, la banda de Fernando Arbex no detuvo su andadura tras este percance y continuó grabando y publicando discos, con las nuevas incorporaciones de Vicente Ramírez y Ricky Morales (hermano de Junior) como nuevos guitarristas.
En el precedente disco del cuarteto, "Brincos II", habían aparecido las primeras discrepancias entre Arbex por un lado y Pardo y Junior por otro, la salida del grupo de los segundos consolidó el liderazgo de el primero, y esto se notó en el siguiente disco: "Contrabando", grabado en 1968, primero sin Juan Pardo y Junior y del que vamos a hablar un poco si no les parece mal.
Para "Contrabando" Arbex contó con la producción de Larry Page (The Kinks), y consiguió meter en un mismo saco todas las influencias que alimentaban su ideología sónica, así logró sacudirse el mantra de grupo jangle-pop adherido al sonido Merseybeat, con íntima relación estilística con los Beatles.
Si bien esta afirmación no era del todo justa antes de "Contrabando", pues en los primeros discos ya se pueden recoger esencia garajeras o sonidos revestidos de actitud más rockera o stoniana, a partir de este elepé, ya son absolutamente fuera de lugar.
En este elepé se aprecian influencias mucho más diversas: The KinksThe Byrds, The Who, The Rolling Stones, The Yardbirds ejercen su influjo sobre estas canciones, e incluso viajan hasta la lejana California para aportar sonidos costa oeste en la onda de The Turtles.


Es por todo ello, que según este escriba, "Contrabando" es el disco más redondo y equilibrado de Los Brincos, evidentemente la calidad de las canciones hacen que todo esto sea posible, pero en este apartado tampoco encuentro motivos de polémica.
Temas, hoy clásicos del repertorio pop-rock español como "Lola", mega-éxito de insobornable melodía y sutiles arreglos de viento que le dan un cierto aire fronterizo refrendan lo que digo.
Pero además nos encontramos pinceladas psicodélicas en la producción de "Pequeño pájaro" y especialmente en "Contrabando".
Golosinas jangle como "Rápidamente" demuestran su capacidad para gestar joyas melódicas y ligeras; el espíritu hippy aparece en "Un mundo diferente" y el mod de los primeros Who en "Big Tentation". Hablando de The Who, es obligatorio referir la denuncia que interpuso Pete Thownshend contra el grupo por supuesto plagio en el tema "The train", lo cierto es que mantiene una evidente similitud con la canción del cuarteto londinense "Subtitute".
"Soy como quiero" y "Nunca cambiarás" son excepcionales canciones pop y con "So good to dance" aportan una ácida visión de un garaje blues al estilo Yardbirds.
Además de la exitosa "Pasaporte", no podemos olvidarnos de la magnífica y mítica "Nadie te quiere ya", auténtico mega-temazo de rotunda base guitarrera que nos retrotrae a los Kinks más aguerridos y con impagable aportación de vientos, grandiosa.



Me apetecía recordar a la banda de Fernando Arbex, un tipo, que si España fuese un país normal (no lo es), sería patrimonio cultural de la nación y su consideración como maestro sería cósmica (que aquí se le llama maestro a cada uno...), un genio cuyo legado va más allá de la música, pues su influencia como líder de una banda es incuestionable.
Uno de los grandes elepés de la historia de este país, porque aquí se hacía música antes de La Movida.

miércoles, 16 de mayo de 2018

Isaac Gracie - "S/T" (2018).


Algunas de las fuentes a las que un servidor acostumbra a peregrinar en busca del elixir de la sabia nueva musiquera coincidían hace algunas semanas en destacar el primer disco de un jovencito -veintitrés años- británico llamado Isaac Gracie.
Inmediatamente indagué a propósito de la obra de este mozalbete, a sabiendas de las no pocas alegrías que han deparado en el pasado mis visitas a estas mecas de la arqueología musical, y descubrí que nuevamente caminaba por la senda correcta.
El tal Isaac Gracie no es totalmente nuevo en el mundillo, pues el pasado año, aunque a mi me pasase inadvertido, ya llamó poderosamente la atención de la prensa especializada de su país gracias a un EP titulado "The death of you & I".

La milimétrica geometría de bellos contornos que caracteriza a sus construcciones melódicas, la elasticidad de su voz, no exenta de volumen, proyección y de un bonito color; así como un entorno estilístico que bordea los perímetros del folk-rock de radiantes guitarras que recuerdan a los Buckley o a Nick Drake entre otros, fueron motivos más que sobrados para las referidas aclamaciones críticas en UK.
Y con el disco largo que nos trae hoy aquí, se cierra el círculo que nos hace presentar a Isaac Gracie como un claro candidato a promesa joven del año y a su debut como uno de los discos importantes al final del curso.
Sirve este trabajo como presentación oficial del artista que lo titula con su nombre y apellido, como una declaración de intenciones. Se incluyen en el tracklist dos temas del EP del año pasado que como hemos dicho hizo saltar la liebre, a saber: "The death of you & I", cruda composición sobre una ruptura con intenso estribillo y la bonita y de cierto tono melancólico: "Silhouettes of you".
En el recorrido del disco, que es en cierto modo un recopilatorio de las coplas que el joven Isaac ha ido grabando en los últimos dos años y pico, se encuentra el single de 2015: "Last words", profunda copla de base acústica de gran belleza y madurez. También incluye este elepé dos singles publicados en 2016: "Reverie", inquietante y atmosférica balada que cierra el disco y "All in my mind", celestial balada que se ha convertido en mi lugar favorito de este disco y también como uno de los predilectos dentro del cómputo global discográfico de este año.



El recorrido de canciones publicadas antes de este 2018 se cierra con dos temas extraídos de otro EP, "Songs from my bedroom" (2016), que ya puso en guardia a muchos hace dos cursos: "Terrified", tema de gran energía interior dentro de una preciosa coraza melódica y "Hollow crown", precioso tema desnudo que se asemeja a una pastoral u oración espiritual.
Todas ellas se muestran como hermosas composiciones, pletóricas de madurez y equilibrio, poco corrientes en músicos tan jóvenes, pero Isaac completa el disco con otros cuatro temas que en modo alguno palidecen ante las canciones más veteranas: "Running on empty" es más luminosa que sus compañeras, inquieta y refrescante, "Telescope" que recuerda en parte a los Radiohead de los buenos tiempos, y dos folks íntimos y confortables como: "That was then" y "When you go" (ambas favoritas también).



Creo que no será fácil que quienes se  aventuren a la escucha de este debut no se sientan a gusto entre estas hermosas y al tiempo ardientes, tiernas canciones. Un artista que deja entrever algo más que el típico cantautor que puede, a poco que se deje llevar, caer en el amaneramiento o la cursilería, aquí hay talento, criterio y madurez, aunque con veintitrés años, estos adjetivos parezcan inadecuados.
Apunta alto, y lo celebramos, de momento nos rendimos a la deliciosa escucha de estas once canciones, no le pierdan de vista, se llama Isaac Gracie.

lunes, 14 de mayo de 2018

Los domingos... escenas de cine - "El cielo sobre Berlín".


En 1987 el alemán Wim Wenders filmó "El cielo sobre Berlín". Una película que a pesar de la controversia que despertó -gran parte de la crítica la puso a parir- un servidor siempre ha defendido, y tras volver a verla recientemente, continuará defendiendo.
Se trata de una quimera fantástica, irreal pero noble; una poética reflexión en clave de utopía sobre el ser humano, sus debilidades y fortalezas, su condición y sobre su naturaleza, la pureza de la misma y como esta se va difuminando según pasan los años y la niñez queda atrás. Pero además es una cinta bella para ver, para contemplar y con un tono de triste realidad dentro de un entramado totalmente ficticio.
En el cielo del Berlín de la postguerra, con la ciudad dividida por el muro de la vergüenza, dos ángeles observan la ciudad y a la gente con la intención de ayudarles en momentos de amargura y desfallecimiento. Pronto descubren que sólo los niños y los puros de corazón pueden verles, y ellos se encuentran incapaces de interactuar con la gente y no pueden ayudarles, realmente pasan desapercibidos ente el gentío.
Uno de ellos, Damiel (Bruno Ganz), se muestra más dispuesto a levar a buen puerto su cometido, e incluso termina enamorándose de una mujer, una trapecista, que también vuela aunque sin alas, llamada Marion.
Escenarios que ya no existen, la orografía de mi querida Berlín, y una atmósfera de amarga melancolía tiñen de blanco y de negro esta maravillosa película.
Nos quedamos con Marion volando en su trapecio...
¡Feliz semana!


domingo, 13 de mayo de 2018

Los domingos photosong - Robert Cray - "Right Next Door (Because Of Me)".


Este año no nos quitamos las lluvias de encima, un poco hasta los mismísimos del tema la verdad. Pero al fin y al cabo es domingo y toca foto y canción.
He elegido para pasar el chaparrón un disco que me encanta de un artista que me gusta muchísimo y al que he podido ver en vivo en dos ocasiones: Robert Cray, gran guitarrista y compositor, renovador del blues y sobre todo excepcional cantante.
En 1986 publicó el que en mi opinión es su mejor disco, una maravilla titulada "Strong persuader".
Lo cierto es que podía haber elegido cualquier tema de este magnífico disco, pero creo que de entre las coplas que enriquecen este sublime setlist me quedo con la hermosa "Right next door (because of me)".
¡Feliz domingo!



sábado, 12 de mayo de 2018

Kyle Craft - "Full circle nightmare" (2018).


Aunque el debut de Kyle Craft de título homónimo data de 2016, no fue hasta el año pasado que lo descubrí. Y desde luego me ocurrió como a casi todo el mundo, me sorprendió gratamente. En este 2018 vuelve el de Portland con nuevo trabajo: "Full circle nightmare", nuevamente bajo el sello Sub Pop y en esta ocasión con producción de Chris Funk, miembro de sus paisanos The Decemberist.
La primera impresión es que este segundo catálogo pierde cierta frescura, o tal vez se trate de que ya no existe el efecto sorpresa, pero según se va excavando en este nuevo cancionero uno descubre sin tardar demasiado que ahí siguen las influencias y bondades que ya se detectaron en el primer intento: David Bowie, Marc Bolan, The Soft Boys, Bob Dylan (según el propio artista)... esencias glam, pop, rock, dentro de una perfilada elegancia que se adhiere a unas composiciones redondas y con pegada.
Una colección de temas radiantes, luminosos, fuertemente aderezados sónicamente y en ocasiones, ciertamente excitantes que empiezan con un trallazo a lo T-Rex como "Fever dream girl".
No se pierde inercia con "Full circle nightmare" para reparar en un entorno más matizado y calmo con "Heartbreak junky".
El single "The rager" destaca por su bonita melodía, mecida por una acústica y acariciada por un teclado.


"Exile rag" es una suerte de country-rock al estilo The Band pero pasado por una especie de máquina del tiempo, mientras que "Belmont (one trick pony)" es un rock & roll acelerado y con actitud. Contrasta la anterior con "Slick & Delta queen", una balada de tono acústico y cenagoso al que le da continuidad otro tema de textura glam titulado "Fake magic angel".
Armónicas, violines y acentos folk en la excelente "Bridge city rose" para terminar con "Gold calf moan", un tema cantado de forma carraspeante, con perfecto subrayado de piano y de gran intensidad, difícil imaginar un final mejor.
No era tarea fácil no sucumbir ante tan brillante debut como fue el trabajo de 2016, pero Kyle Craft vuelve a facturar un disco redondo, personal, equilibrado y variado, donde destaca el talento del autor, un ambiente muy definido que atiende a influencias que no se convierten en imitaciones y excelentes composiciones. Una mirada al futuro con optimismo justificado, eso me parece este chico que pisa fuerte y repite con un disco muy, pero que muy recomendable.

viernes, 11 de mayo de 2018

David Bowie, "Welcome to the blackout" y el 'Record store day".


No se puede decir que un servidor sea un fanático de eso que se ha llamado "Record store day", siempre me ha parecido un invento para que los que compramos discos todo el año compremos ese día alguno más, si es posible más caro y si es preciso más innecesario, pero no es más que una opinión que parte de mis dedos para plasmarse en el folio de LC sin la ambición de ser compartida.
Me da la sensación de que cada año nos colocan un nuevo producto super-exclusivo y absolutamente imprescindible para todo melómano que se precie, en una -en principio- edición limitada, y a un precio por supuesto, astronómico.
Mi actitud suele ser de pasar del tema, y si compro algo, es porque lo iba a comprar de todas maneras, pero me acerco a mis tiendas favoritas y saludo a amigos, este último año, ni eso, tenía otro plan.
Pero no ha faltado un exclusivísimo lanzamiento en esta última sesión del "Record store day", uno de esos tesoros ocultos durante años en las catacumbas de las discográficas, y que ahora nos lo ofrecen en tan señalada fecha como haciéndonos un favor a los pobres adeptos sedientos de material inédito de los grandes dioses del rock and roll.
La pieza de coleccionista (dentro de cuatro días en CD en todas las tiendas), de este año ha sido el triple vinilo "Welcome to the blackout (Live London '78)" del inolvidable David Bowie.
Sinceramente desconozco el precio de salida del álbum el pasado 21 de abril, ahora mismo lo estoy viendo en las plataformas habituales a precios bastante elevados, diré que la más famosa lo tiene a unos 47 machacantes más gastos de envío, y en las dedicadas a la subasta me imagino que los precios rondarán también esa cantidad.


Pero la pregunta que yo me hago es la siguiente: ¿es tan necesario y exclusivo este directo?, yo creo sinceramente que no; intentaré explicar el porqué.
Se trata de una selección de los conciertos que ofreció David Bowie en Londres los días 30 de junio y 1 de julio de 1978 dentro de la gira "Isolar Tour II". Aunque Bowie atravesaba su etapa berlinesa oficiando de duque blanco y flaco, en el setlist encontramos temas de discos anteriores, incluidos algunos correspondientes a sus días glam y marcianos.
Le acompañaban en aquella gira los músicos siguientes: Carlos Alomar y Adrian Belew (guitarras), George Murray (bajo), Dennis Davis (batería), Roger Powell (teclados, sintetizadores), Sean Mayes (piano) y Simon House (violín eléctrico). Hasta aquí todo perfecto.
¿Porqué este escriba se plantea la necesidad de este producto?, sencillamente, porque es una selección de temas correspondientes a la misma gira, con la misma banda y el mismo concepto que ya hemos escuchado (muchas veces) en el directo "Stage" que publicase Bowie en 1978.
En aquella ocasión, las grabaciones se realizaron en los conciertos que el duque ofreció en Providence, Boston y Filadelfia durante la última semana de abril y la primera de mayo de aquél 1978, es decir, menos de dos meses antes.
Que la escucha de este nuevo disco es diferente a la de aquél me dirán algunos, es posible, pero en mi opinión -y he escuchado este "Welcome to the blackout"- las diferencias no son realmente notables, casi imperceptibles. Otra cosa es que no se trate este Bowie del que más gusta a un servidor.
En cuanto al cancionero incluido en esta nueva entrega, pues ¿qué quieren que les diga?, efectivamente hay algún tema que no figuró en "Stage", a saber: "Sound & Vision", aunque esta misma toma ya fue incluida en el recopilatorio de 1995 "RarestOneBowie", igualmente ocurre con "Be my wife" que formaba parte de aquél mismo disco de rarezas. Si escuchamos por primera vez "The Jean Genie" y "Rebel Rebel" que no figuraban en el tracklist de "Stage".


Con todo lo cual, me lanzo a la piscina, consciente de esto que me puede costar enconadas críticas, y diré que este "Welcome to the blackout" me parece un sacadineros de tomo y lomo.
Me imagino que los más fanáticos del camaleón opinarán de manera diferente, yo personalmente como fan raso de Bowie considero que el disco aporta muy poco a lo ya escuchado, mejor sonido gracias a la tecnología eso por supuesto, pero en ningún caso entiendo que sea de recibo pagar un dineral por este producto.
En resumen, que sólo pretendía hacer una reflexión sobre todo el material inédito que intentan vendernos, utilizando reclamos como el "Record store day" o estirando la pasión de los fans, y que entiendo que no siempre merece la pena el dinero que cuesta ni parece digno utilizar a los que compran discos día tras día, año tras año para hacer agostos económicos. Si eso, de "Bowie Now" y la reedición de "Let's dance" hablamos en otro momento.
Como decía aquél, sin acritud.

jueves, 10 de mayo de 2018

Juan Aguilar - "El blues del arrabal" (2018).


En más de una ocasión he comentado que los que juntamos letras para hablar de música, muchas veces nos enrolamos en barcos sinuosos que buscan El Dorado musical, el Santo Grial sónico, la Tierra Prometida de la inspiración y evolución musical; las más de las veces regresamos de la travesía con una incómoda sensación de frustración.
Muchas veces, este afán por volver a sentir la piel estremecerse ante una colección de canciones que han de cambiar nuestro mundo, -cosa que difícilmente ocurrirá de nuevo a partir de cierta edad-, nos hace pasar de largo, sin reparar en aquellos que confeccionan canciones con lo que tienen al alcance de la mano, de la vista, y utilizando aquello que ha herido de muerte o de vida sus corazones, y que no necesitan surcar remotos mares en busca de aventuras que seguramente serán más trascendentes pero mucho menos emocionantes que lo que les rodea e inspira a cantar, escribir y componer.
La No búsqueda de la gloria puede resultar en ocasiones tan emotiva y solemne como la búsqueda de la siempre esquiva verdad irrefutable que todo artista sueña con encontrar.
Juan Aguilar es un tipo que ha encontrado su Santo Grial en su entorno vital, fijando su horizonte donde le alcanza en último término la vista, haciendo protagonista de sus canciones a lo que le es cercano, cotidiano: su barrio, su gente, su ayer, su hoy, su mañana, él mismo y claro, su chica... ¿qué más se puede pedir?, ¿cantar a los anhelos y a los sueños que se quieren alcanzar, para compartir con quien se quiere es cosa baladí?; ¿Introducir en una canción el día a día, a golpe de ilusión o de sentido del humor, es algo poco importante?; seguramente los sabios de verdad dirán que no, igual Juan Aguilar es un sabio de los de verdad.


El caso es que Juan ha publicado recientemente un disco, después de años con la guitarra a cuestas se trata de su primera aventura discográfica, en el que se exprime todo ese mundo propio, y que ha titulado significativamente: "El blues del arrabal".
Partiendo de la base de que El arrabal es su entorno, su hogar, su universo, el que le ha tocado en suerte, como con cierto sentido del humor describe en el tema homónimo que abre el disco.
Le acompañan en la aventura Los Influencers, es decir: David de la Plaza (teclas, bajo, coros), Chus Ganzedo (batería), Pacheli Lanzas (steel guitar) y Rafa Chail y Marina Pérez (coros).
Comentaba el domingo la relación que de modo instintivo encontré tras la primera escucha del elepé con el rock de Moris, pero es evidente que Mermelada e incluso Burning pueden ser desenterrados del sonido y esencia de "El blues del arrabal".
La cotidianidad se respira en "Soledad", donde se le hace homenaje a uno de los estados más inspiradores desde el punto artístico; y esa trampa que es el anterior título encuentra solución en la bonita copla "Especial" dedicada a quien habrá de hacer explosionar esa supuesta soledad, para alegría del autor.
Pero además los riffs rugen en el rock de esencia blues y entorno Stone "Un poco más", en cambio la guitarra llora en la melancólica "Después de decir adiós", y las bandas patrias antes referidas asoman entre el tejido de la estupenda "Estrella residente".
Más oscura y densa "Quédate" es uno de los lugares favoritos del disco para un servidor, y en "Espejismo" creo rememorar a los Secretos de los mejores tiempos. Tras el bucólico tema instrumental "Nuestro primer invierno", el disco se despide con la extraordinaria "Quiero quedarme contigo" donde se mezclan evocaciones a Secretos o los modus operandis propios de don Javier Teixidor.
¡Qué bien sienta pasear por la realidad, por la vida que nos es común a todos, o casi todos, por los entornos cercanos y típicos!. En definitiva, que les invito a darse una vuelta por "El blues del arrabal", no se arrepentirán.




martes, 8 de mayo de 2018

Alas de plomo, Juan y Lola volando. - Las paranoias de Addi.


Cada mañana al despertar se repetía a si mismo que necesitaba a alguien. Alguien que le cuidara, que se preocupase por él, ya que él no lo hacía. O por lo menos, alguien que le acompañase en alguna de sus excursiones hacia el vacío, que le tomase de la mano y le ayudase a encontrar el camino de vuelta a casa, cuando la oscuridad de la madrugada escondía el sendero de regreso a unos ojos manchados de dolor y amargura, a un cerebro abotargado de recuerdos, a un corazón empapado de alcohol, de desesperanza.
Despertaba con la boca incendiada, como si sobre la lengua se hubiese librado la batalla definitiva por la supervivencia entre los dos últimos dragones. A veces la primera y débil luz del sol le sorprendía en la cama de alguna mujer sin futuro y con serrín en las entrañas, como él. Alguna dama errante que durante una noche olvidada y sin escenas, había conseguido compartir con él su rencor por un pasado moldeado a golpe de fracasos, otra mujer sin nombre y sin rostro que aparcar en la memoria. Sofocados sus pasos por los ronquidos etílicos, entre la neblina del hogar ajeno y extraño, huía sorteando las agoreras luces del amanecer mientras una lucha de arrepentimientos nublaba su cerebro y la bilis arrasaba su paladar, que se resquebrajaba por efecto del whisky de garrafón.
Aquella noche podía haber entrado en cualquier taberna de la ciudad, pero entró en la de Lola. Una luz tenue y sucia dejaba distinguir las figuras de una pareja sentada en una mesa, al fondo, en lo que parecía el borde del abismo hacia el infierno. Se acodó en la barra haciendo girar como si de una peonza se tratase una moneda de dos euros.
Lola se acercó cansinamente, preguntó que iba a ser, un whisky, barato, el más barato, contestó él sin mirarla, sin advertir sus ojos verdes, tan tristes y arrugados como los suyos, sin reparar en su cabello caótico y desgreñado, de un negro fatídico, sin darse cuenta que en su rostro llevaba escarificado un pasado de amargura, de cobardía y de dejarse arrastrar por la pendiente del fracaso, sin comprender que eran desconocidos compañeros de travesía.
Pidió una segunda copa, la pareja del fondo abandonaba la taberna zigzagueando, buscando el refugio de la noche. Entonces reparó en una máquina de discos al final del bar, detrás de la mesa que ocupaba la pareja, se acercó, se trataba de una antigua máquina de aquellas que funcionaban seleccionando la canción mediante la búsqueda de un número que correspondía con el disco elegido haciendo girar una rueda dentada que ocupaba un lugar central, escudriñando entre los títulos de las canciones, escritos con bolígrafo azúl sobre trocitos rectángulares de papel de cuaderno unos cuantos siglos atrás, se podía ver las tripas del engendro: un plato pequeño, para singles, con un brazo mecánico que buscaba el disco de entre dos montones que se elevaban a ambos lados del plato y lo colocaba sobre la redonda cama de goma, para una vez terminada la canción y retirada la aguja, volver a depositarlo en su lugar.
- ¿Funciona?, preguntó girándose y descubriendo por primera vez el rostro de Lola.
- Claro, respondió mientras golpeaba el mostrador con un pequeño montón de monedas de cinco pesetas. - Pero con duros, no con euros, a las canciones invita la casa.
- Gracias, por cierto, me llamo Juan. El encontronazo con los ojos de Lola le pilló desprevenido, como si de dos espejos se tratasen se vio reflejado en el verde fondo de desesperanza que le quitaba la luz que sin duda un día tuvieron, sintió que algo se tensaba en su interior. - ¿Alguna petición?...
- Algo que se pueda bailar, respondió Lola con una media sonrisa, mientras abandonaba la barra para cerrar la puerta del establecimiento. Hecho esto, se sirvió un whisky, igual de barato que el que él bebía y se sentó en el único taburete que tenía el bar, observando como elegía una canción en la vieja máquina.
Tras el crujido que provocó la aguja contra el vinilo, se giró y haciendo una cómica reverencia pregunto.
- ¿Bailas?. Lola no se podía creer que hubiese elegido aquella canción, años atrás fue su favorita, pero hacía tanto tiempo que no la oía. Salto del taburete y se agarró a su pescuezo, como si del último tablón tras el naufragio se tratase.



Bailaron y lloraron, pero apenas hablaron, sin saber cómo, se comprendieron y sintieron la necesidad de apretarse y darse calor, y besarse, y beberse las lágrimas ajenas mezcladas en whisky, y morderse el cuello, y los hombros y los pechos y los muslos. Derramaron el whisky para que beber no les quitase tiempo a los besos, subieron a casa de Lola y se arrancaron la ropa, ella aún susurraba la canción de las Vainica, estaba volando, olvidando su condición, el se sentía un astro rutilante de la gran pantalla.
Amaneció y el sol les saludo desnudos, abrazados. Por una noche, sus sueños no fueron pesadillas, y el nuevo día les descubrió en el aire, volando, brillando, triunfando.
Juan fue el primero en despertar, Lola dormía con una sonrisa en el rostro, bonita, como una joven novia de los años ochenta quebrando la voluntad de su futuro, la besó con cuidado, como si fuese un bebé. Pero sintió que el miedo se hacía dueño de su voluntad, que los latidos de sus sienes le señalaban el camino de huida y que el corazón no resistiría una vida con ganas de buscar la luz, temblaba, lloraba y casi podía mascar el fétido aliento de su eterno acompañante, el fracaso. Cerró la puerta con cuidado, regresó a su lóbrego rincón.
Paseó su dolor durante toda la mañana, intentó zafarse de sus miedos; sufrió y renegó de si mismo. Esta vez el rostro de Lola si había encontrado acomodo en su memoria, sus ojos verdes habían recuperado la luz cuando el alba les obligaba a dormir, rendidos y felices, y ella sonreía a cada ocurrencia suya, a cada beso que le daba en la nariz, en las orejas, en el cabello, y el soñaba que sería como el Barón Rojo. Hasta que llegó al balcón, desde allí pensó que podría volar, volar y volar, y olvidar.
Subido en la baranda de la terraza, temblando ante la presencia del vacío, veía como el cielo empezaba a dejarse vencer por la noche en el horizonte, la oscuridad ganando a la luz, el miedo derrotando a la esperanza, las lágrimas arrasando los ojos verdes de Lola, apagando de nuevo su luz. No la conocía, y sólo quería volver a verla, pero ¿qué podía hacer él?... no sabía volar, sus alas eran de algodón.
Los ojos de Lola apagándose, arrugándose, inundándose... ¡saltó!, pero hacia el interior de la exigua habitación, corrió por las calles, gritando y golpeando con sus puños al aire, se despojaba de sus alas y entonces empezó a volar, brillar, vivir... no había advertido que eran unas alas de plomo.
Entró en la taberna de Lola, la misma pareja de la noche anterior, los mismos ojos sin luz.
- Una cerveza y monedas para la máquina de discos, por favor.
Lola salió de la barra, cerró la puerta mientras echaba a la pareja que seguía zigzagueando, y cuando se reunió con Juan, sus ojos brillaban rebosantes de luz, Juan ya no tenía miedo, Lola cuidaría de él, y él de ella, eligió la misma canción que la noche anterior y con una cómica reverencia preguntó.
- ¿Bailas?.

lunes, 7 de mayo de 2018

Los lunes... escenas de cine - "Roma, ciudad abierta".


"Roma, ciudad abierta" fue rodada por Roberto Rossellini en 1945, apenas un año después de los sucesos que se narran en la misma. Es el primer episodio de lo que fue denominado neorrealismo en el cine, y también la primera película del realizador italiano de su trilogía de la guerra.
El film, ubicado en el final de la segunda guerra mundial, plasma la realidad de una Italia desolada por el conflicto, con la economía destrozada, la moral hundida y sin esperanza.
La película es cruda, tanto en argumento como en la plasmación de imágenes que filma el realizador; rompe por tanto Rossellini con el cine fantasioso y ñoño que se venía haciendo y apuesta de forma valiente y decidida por el cine real, crudo, sincero y descarnado, casi como un documental, narrando acontecimientos reales, y presentando personajes dramáticos, de carne y hueso y situaciones alejadas de ornamentos, evidentemente no le interesa en absoluto una resolución feliz en sus películas.
"Roma, ciudad abierta" es un clásico inmortal que da un giro drástico al cine, tanto desde el punto de vista plástico como desde el argumental.
Neorealismo para un mundo demasiado manipulado y coloreado por políticos, periodistas, y embaucadores de todo tipo.
Pasamos la semana con Rossellini y su obra magna "Roma, ciudad abierta".
¡Feliz semana!

domingo, 6 de mayo de 2018

Los domingos photosong - Moris - "La ciudad no tiene fin".


Este fin de semana estoy dando cancha al disco de Juan Aguilar: "El blues del arrabal" (del que hablaremos más detalladamente pronto), y me ha pasado una cosa curiosa: por algún motivo, me ha recordado al mítico rockero bonaerense Moris.
Y eso es una cosa buena, para Juan y para Moris, al menos en mi opinión. La cosa es que el fin de semana se está desarrollando entre rocks de esencia paisana, coplas pletóricas de emoción cercana y cotidiana y rebosantes de autenticidad, y claro, el tema para compartir con los colegas este domingo acompañado de la foto del vinilo de rigor, estaba claro, tocaba Moris.
Y el disco elegido no podía ser otro que el legendario artefacto de 1978 "Fiebre de vivir". La canción que habría de musicar el post era otra historia, pero sin pensarlo demasiado he decidido quedarme con la magnífica "La ciudad no tiene fin", un canto de amor a Madrid.
Nos quedamos con Moris felicitando a todas las amatxus del mundo.
¡Feliz domingo!



viernes, 4 de mayo de 2018

Chuck Prophet y Charlie Sexton pasearán "Some Girls" por las salas españolas en diciembre.


Se cumplen cuarenta años de la publicación de "Some girls", para muchos la última obra maestra de Sus Satánicas Majestades, posiblemente así sea.
El caso es que a estas alturas del año no se había escuchado demasiado revuelo a cuenta de la efeméride que está pasando bastante desapercibida.
Pero heme aquí, que de repente y ante la sorpresa general (me imagino), nos informan hoy en primicia desde Rockandrollarmy.com, que nuestro amigo Chuck Prophet ha unido sus fuerzas a Charlie Sexton and The East River Truckers para homenajear al disco como es debido, y merecido.
Y este recuerdo-tributo se va ha hacer de la mejor manera posible, es decir, tocando el "Some girls" íntegro en directo.
La gira llegará a España dentro de unos meses, más exactamente en el mes de diciembre, osea que hay tiempo para que el personal cuadré agendas y haga sus planes, pues es un evento de esos que no pueden decepcionar, yo no me lo pienso perder.

Lista de fechas y ciudades que acogerán el "Some girls" de Prophet/Sexton:

3 de diciembre de 2018: Cádiz - Edificio Constitución 1812.
4 de diciembre de 2018: Madrid - Caracol,
5 de diciembre de 2018: Gijón - Abeniz.
6 de diciembre de 2018: Bilbao - Kafe Antzokia.
7 de diciembre de 2018: Valencia - 16 Toneladas.
8 de diciembre de 2018: Barcelona - Razzmatazz 2.

jueves, 3 de mayo de 2018

Red Wanting Blue - "The wanting" (2018).


La banda capitaneada por Scott Terry no nos ofrecía material nuevo desde el año 2014 en que publicase el notable "Little America". Por ello, muchos echábamos de menos un nuevo trabajo de Red Wanting Blue, una de las bandas que abanderan la actitud (que no etiqueta) independiente como (muy) pocas, y cuya actividad frenética en directo les lleva a subirse una media de doscientas veces al año a un escenario para interpretar lo que ellos saben hacer como (sólo) algunos: rock and roll.
Finalmente podemos decir que la espera ha terminado este pasado mes de abril con la publicación de su duodécimo elepé, que lleva por título "The wanting".
El nuevo cancionero de RWB gira, una vez más, en torno a la personalidad y la voz de su líder, el magnífico Scott Terry, que encarga en esta ocasión las labores de producción al inefable (últimamente) Will Hoge.
El resultado es un nuevo muestrario de canciones de épica y lírica puramente agarradas al rock americano, con esos arranques heroicos de los grandes trovadores gringos, esos que desgastan las botas de tanto patear caminos y senderos de escenario en escenario, derramando su espíritu en el linóleo de habitaciones de motel barato, olvidando lágrimas en cajones de mesillas de noche, junto a biblias y vasos con el fondo amarillento por el whisky que tiñó el agua derretida de los hielos antes de ceder ante el sueño.


La voz arenosa, febril, de Terry, es el vehículo perfecto para transportar estas historias, creando un vínculo entre él y cada oyente de mutua comprensión, de identificación instantánea y de emoción compartida y absorbida.
Guitarras que rugen con asustadizo ímpetu, teclas que soplan o campanean según exija el momento y melodías arrebatadas, con gancho, y esa tremenda cualidad de estoicismo ciudadano, vagabundo, de héroe errante y anónimo. Scott Terry es la sombra en el camino que un día se desprendió del cuerpo de Springsteen, pero que en el caso de Scott parece cosida a sus botas con hilos menos brillantes pero más duraderos.
En el tracklist hay momentos en los que se conjugan todos los estados vitales que hacen de este palo del rock uno de los más accesibles.
Aromas de pradera con cierto acento country en "High & dry", inequívocos acentos al Springsteen de los años finales de la década de los setenta en "Ulysses". Momentos más luminosos con efectismo de estadio en "Younger years", baladas ahogadas y ensimismadas como "Glass house".
Lugares heroicos y entregados como "Survivor song", entornos cargados de melancolía como "This is the end", rocks luminosos de radiantes estribillos como "I've got a feeling it hurts", coplas con explosivas exposiciones de arrojo como "The real thing" o remansos acústicos como "Lily White".
Cuando el rock and roll se deja acariciar por la gentil esencia del hombre medio, cuando el rock se pasea por la piel de la realidad común a todos, entonces aparecen los elegidos para contar la vida a golpe de sensibilidad y poesía. Otro poeta de la telecaster, Scott Terry y sus Red Wanting Blue, que vuelven con otro excelente disco.



miércoles, 2 de mayo de 2018

La docena de doce de.. 1968 (discos).



Cincuenta años del mítico 1968. El año pasado a propósito del aniversario del legendario 1967, fueron innumerables las listas y recordatorios al año central de la psicodelia. A un servidor el sesenta y ocho le parece incluso mejor que el sesenta y siete, en cambio está claro que despierta menos interés general y no se están viendo tantas listas ni remembranzas.
Yo me lanzo con una docena de doce de discos de aquella añada que, al menos en la opinión de un servidor, han pasado a la historia.
El orden es, como ocurre siempre en estos casos, más bien el resultado de un momento determinado y en más de una ocasión tiene más que ver con razones sentimentales o de origen nostálgico que de lo puramente musical, que creo que es de una igualdad palpable.
Sobra decir que doce son muy pocos para un año de tan tremenda proliferación de grandiosas obras, pero caben los que caben.
Vamos con la docena de doce de 1968:


1. The Rolling Stones - "Beggars Banquet".


Una de mis principales referencias stonianas. Cuando la banda se sumerge en los lodazales del blues del delta, en el country y en una psicodelia medida y dosificada, que retumba al ritmo de los riffs y la esencia. sólo puedo decir: Sublime.


2. The Band - "Music from Big Pink".


Un magisterio de música culta, académicamente perfecto, una lección de historia de música americana, un crisol de influencias disueltas en un modus operandi propio. La épica y la lírica de una época y de una banda sin igual.


3. The Beatles - "The Beatles (The White Album)".


La separación de los Fab-Four se hace efectiva desde el punto de vista musical con el álbum blanco. Aquí ya no hay temas de The Beatles propiamente dichos. Hay temas de John, de Paul o de George. Quizás por eso es un disco diferente, porque son tres maestros funcionando cada uno por su lado, pero dejando inmensas canciones


4. - Jimi Hendrix - "Electric Ladyland".


Si hay un disco que supura rock and roll contaminado de blues, psicodelia y fuzz, ese es éste. Una orgía de sonidos guitarreros sin parangón, con trallazos sónicos, y mucho sexo, y sudor, y humo y testosterona. Un disco que es más una experiencia, la de Jimi Hendrix claro.


5. Van Morrison - "Astral weeks".


Un disco místico, casi como engendrado por un hada o un ser mitológico nórdico. Con una deriva musical de influencia celta y con aderezos folk, blues y jazz, éste es un disco con un universo propio, cósmico, y nunca más repetido ni igualado.


6. The Velvet Underground - "White light, white heat".


Una mirada pentetrante al lado oscuro de la música, cuando todo era de colores catadriópticos la Velvet teñía de negro su realidad. Ya no está Nico, y condensan en un disco mítico los sonidos opacos del garaje, la marginalidad y los excesos en un ámbito de poesía intoxicada y maldita, antecedente del punk y punto sobre el que todos habrían de fijarse en lo sucesivo.


7. Muddy Waters - "Electric Mud".



El gran Muddy se revuelve para contraatacar con electricidad, dotando al blues de rock aguerrido y psicodelia, poniendo a puristas e inmovilistas en un brete, el de renovarse o aburrir. Grande Muddy y grande su ascensión a los kilowatios y los amperios.


8. Eric Burdon & The Animals - "The twains shall meet".


Eric Burdon se acoplaba a los tiempos y creaba música de carácter social y revolucionario, los años de las flores y el amor, de los hippys y la psicodelia no se quedaron sin pasar por las canciones de Burdon que las concentró en un disco soberbio y ácido.


9. Traffic - "Traffic".


El segundo elepé de Traffic nunca sería superado (en mi opinión). Una amalgama de estilos clásico fundidos en un mantra sónico único, canciones poderosas y sensitivas. Un tratado de música en mayúsculas y una obra magna. Imprescindible.


10. Gene Clark & Doug Dillard - "The fantastic expidition of Dillard and Clark".


Gene Clark tras su primer fiasco con la obra maestra "Gene Clark with The Gosdin Brothers" no se viene abajo y aúna esfuerzos con Doug Dillard y su banjo. Facturan este primoroso trabajo de bluegrass y country-rock. Lo rellenan con un ramillete de canciones brillantes y aunque no tiene excesivo éxito, hoy es difícil no rendirse ante él-


11. Big Brother and The Holding Company - "Cheap thrills". 


Engendro sónico a golpe de blues y esencias psicodélicas bajo el manto del verano del amor (libre), los ácidos y una actitud de libre albedrío que insuflaba a una joven Janis de un poder extra que se refleja en esta anárquica secuencia de desparrame hippy y libertario.


12. Dr John - "Gris gris".


El tribal sonido de este disco lo hace de una originalidad única. No faltan en la caldera, junto a todo tipo de sortilegios, los sonidos pantanosos y las evidencias de la tradicional música de Nueva Orleans. Además hay blues y rock y lisergia. Magnífico e inagotable.