sábado, 31 de marzo de 2018

Concierto: Bask Fest Rock City - TOC, Lukiek, The Yellow Big Machine -Bilbao, Kafe Antzoki 30/03/2018


La iniciativa Bask Fest Rock City es una estupenda noticia que está celebrando su segunda edición en este 2018, muy bien por las autoridades, las cosas como son. Se trata de una tanda de noches en el Kafe Antzoki, coincidiendo con la semana santa, de música en vivo, gratuita y dando cancha a bandas locales (casi todas), y con el común denominador de la juventud que atesoran, el público está respondiendo a las mil maravillas y las bandas no os digo nada.
La noche de ayer fue más que positiva, fue un 'deja vu' maravilloso, un viaje temporal a cuando servidor tenía veintipico, una ventana abierta a la verdad fogosa y anárquica del rock and roll, un paseo a cuando el que suscribe se movía entre las multitudes como un depredador de conciertos, como lo eran ayer los muchos jóvenes que se despedazaron a si mismos y a sus acompañantes al ritmo de las bandas que actuaban en lo alto de las escaleras del Antzoki.
Si por regla general acusamos la falta de gente joven en los conciertos, si nos preguntamos dónde se mete la peña de menos de treinta y tantos, dónde queda el binomio inmortal que durante años formaban el rock and roll y la juventud, si muchos sentimos pena al ver los conciertos de rock repletos de cuarentones, cincuentones y más, sin el soplo histérico de los jóvenes, ayer el kafe Antzoki fue tomado al asalto por veinteañeros que hicieron de retrospecitva para quien escribe estas letras. Por un momento me pareció verme a mi mismo en el espejo mágico que formaba la muralla de chicos y chicas saltando, gritando, formando montoneras donde los codazos, empujones y brincos se sincopaban con la música, donde alguna chica bailaba sobre los hombros de su chico, recortando su silueta sobre las luces de neón...¡qué recuerdos!.

TOC

Estaba la gente, el ambiente y también, como no, las bandas. Empezando por un joven grupo TOC, que llegaba desde Mungia y que trajeron con ellos a una hinchada que convirtió el concierto en una desaforada hiper-acción rockera. La banda, desconocida para mi, ofreció un concierto estupendo, con una puesta en escena agresiva, transgresora y un tanto teatral, combinando estilos y jugando con el punk, el rock, el rap y sin olvidar pegada y melodía; además mezclan euskara e inglés, me gustaron mucho, habrá que seguirles la pista.
Acaban de publicar su primer single "Enemies", que podéis escuchar en su bandcamp, pinchando aquí.

Lukiek

Tras estos, los también Mungiatarrak Lukiek pisaron las tablas del Antzoki y casi las convierten en astillas gracias a su rock de poderosa pegada. Se trata de un power trío con esencias grunge y actitud incendiaria. Estribillos heroicos y mucha épica, misma hinchada haciendo el bárbaro en la platea y muy, pero que muy buen sabor de boca, también me eran desconocidos y también disfruté con su bolo.
Adjuntamos su canal de You-Tube para que os hagáis una idea de la fuerza de este joven y prometedor grupo: Lukiek.

Yellow Big Machine

La tercera banda en liza eran los bilbaínos Yellow Big Machine, sin duda más conocidos, también más veteranos que los anteriores y a los que un servidor tenía muchas ganas de volver a ver en vivo. Ya hemos hablado en alguna ocasión de este magnífico grupo (pinchar).
Además de un breve repaso a sus temas, con un espectacular y muy disfrutado por la parroquia "Give me fire", adelantaron algo de lo que será su nuevo disco, en la calle en este mes de abril que comienza mañana (os mantendré informados).
Derrocharon fuerza, ilusión (como siempre), actitud y sus buenas canciones, más rocosos y aguerridos que en disco, fueron el colofón perfecto para una noche genial, joven y de auténtica actitud rockera.
Aquí os dejo la página de bandcamp de la Yellow donde podréis escuchar y descargar sus estupendos discos: Yellow Big Machine.
La de ayer fue una noche inolvidable, disfruté de lo lindo y me encantó ver y vivir ese ambiente en el Antzoki, me gustaron las bandas y me fui a casa (mucho antes que mis vecinos de bolo, eso fijo) con la sensación de que digan lo que digan y por mucho que se empeñen, como decía el tío Neil: Rock and roll can never die.

viernes, 30 de marzo de 2018

Bill Baird - "Gone" (2018)


Bill Baird es uno de esos artistas que suelen pasar desapercibidos. Tejano de Austin, residente en Oakland; Baird es un músico y tecnólogo creativo que viene grabando y publicando discos desde el año 2000.
Primero lo hacía integrado en la formación Sound Team, para a partir de 2006 grabar proyectos en solitario, bien firmados como Sunset o bien bajo su propio nombre.
Hombre inquieto y prolífico, en lo que va de siglo lleva publicados veintiocho trabajos con este que vamos a comentar hoy titulado: "Gone".
Tampoco es ajeno al activismo cultural y a la polémica, algunos vídeos críticos con medios musicales (Pitchfork Media) o su participación en ciertos documentales dan una idea transgresora de Baird.
No es menos transgresora su actitud en lo meramente musical, y desde luego la libertad a la hora de crear y registrar su música es absoluta.
Esta libertad se pone en evidencia con la mera escucha de sus últimos registros discográficos, pues tras la grabación del encantador "Earth into aether" (2016), una colección de diecinueve temas previos, revisitados en un entorno musical encantador y recatado en lo sónico, Baird nos sorprende con una secuencia de discos que poco tienen en común con esta recopilación, o entre si.
El tan alabado por la crítica "Summer is gone" (2016) es un álbum grabado en Abbey Road prácticamente en directo, se trata de un disco sinfónico, orquestal y orgánico, sin voces y que para el gusto de un servidor no es, sinceramente.
El año pasado grabó dos discos, con diferentes coordenadas temporales en mente, mientras "Baby blue abyss" es un disco de tarde, con sonidos electrónicos, canto cansino, guitarras progresivas y mucha introspección, un disco que crece con las escuchas; "Easy machines" está pensado en la mañana: es una colección de canciones de base country, aunque con un acompañamiento sónico sedoso y difuminado, envolvente y gaseoso, diferente, con cierto parecido con M. Ward.


En 2018 sorprende con un nuevo giro estilístico: "Gone". Grabado en cuatro días: dos en Austin en Estuary studio, un día en Parr Street, Liverpool y la jornada restante en los estudios del artista en Oakland. Cuenta con dos productores: Michael Landon en Austin y Chris Taylor en Liverpool. Como curiosidad, indicar que algunas armonías vocales fueron grabadas por teléfono.
En "Gone" Bill Baird nos ofrece una colección de exquisiteces melódicas, un conjunto de temas de esencia rock y pop, una auténtica delicia que demuestra el talento del firmante del trabajo, que enlaza con sutilidad estilos diversos, léase una evocativa influencia velvetiana que sobre-vuela el ambiente sin poseerlo en exclusiva, latidos que recuerdan a referencias como Luna o Yo la Tengo o al mentado M. Ward, pero con una personalidad que lo aleja del mero copia-pega.
Dominan los medios tiempos, las lecturas vocales evocadoras y los acompañamientos de guitarras amables, bajo una base rítmica de escobillas y tenue ambientación sónica.
No faltarán evocaciones a Paul Simon o Doug Paisley, cuando suenen canciones tan hermosas como "You're free (If you want to be)" "Other side in the sky". El rock luminoso de los poetas de la telecaster llega en cortes como "Bending the truth", mientras Jana Horn le acompaña en la deliciosa "Sinphony sunrise".
Guitarras y efecto de local en "It's empty time", nuevamente con Jana Horn en la elástica melodía de la magnífica y gaseosa "Gone". Acústicas y wurlitzer en otro de los momentos mágicos de este descomunal disco: "Love don't exist (until it's given away)".
Acentos folk, como luz colándose entre la niebla en "Until my dying day" y una nueva melodía de flotante inspiración y voces de acompañamiento por parte de Jana Horn en la irresistible: "Live that way".

No me cabe duda de que "Gone" se convierte en firme candidato a disco del año, a que estará en la pomada de los discos favoritos del que suscribe, que sin ningún tipo de reserva recomienda a quien así lo crea oportuno no perderse este disco, una delicia facturada por este singular artista que es Bill Baird.
Bandcamp donde escuchar y adquirir este maravilloso disco: "Gone".

miércoles, 28 de marzo de 2018

Cuando había música en TV - La Mode/Paraiso - La edad de oro.


El 17 de mayo de 1983 inició su andadura un programa que estaba llamado a convertirse en icónico y uno de los mejores muestrarios de lo que fue y significó aquél movimiento socio-cultural que se denominó La Movida.
Hablamos por supuesto de La edad de oro. Presentado por la inolvidable Paloma Chamorro, consistía en un espacio abierto a artistas de todo índole donde se les daba la oportunidad de mostrar sin ningún tipo de condición formal o comercial su arte, y además se entablaba con ellos un dialogo donde quedaba de manifiesto que la libertad era absoluta tanto en expresiones y contenidos que pudiesen encerrar sus contestaciones.
Tal vez lo más recordado de aquellos programas sean las actuaciones musicales, siempre en directo, de un sinfín de grupos del momento, muchos, la mayoría, nacionales, pero también internacionales.
Pero por aquél estudio siempre abotargado de humo, pasearon fotógrafos, artistas plásticos, diseñadores y un largo etcétera.
Para aquél primer programa, lo elegidos fueron La Mode. La formación que Fernando Márquez 'El zurdo' montó tras el desastre de aquél anacrónico y destartalado, pero maravilloso proyecto que fue Paraíso.
Para la ocasión, el grupo madrileño eligió un repertorio un tanto extravagante. En primer lugar se presentó cantando el hoy famoso tema "Para ti", grabado en los años 79/80 y perteneciente precisamente al fugaz proyecto Paraíso, después ofrecieron una breve entrevista a distancia, sin bajarse del escenario y haciendo Paloma las preguntas desde la grada, para continuar con otro tema de Paraíso: "Makoki", por lo que llegaron para tocar dos temas que no pertenecían al repertorio de La Mode propiamente dicho.
Terminaron con un tema propio, pero curiosamente, y a pesar de que su último disco fue el exitoso y grandioso "El eterno femenino", no se decantaron por ninguno de los grandes éxitos que cosecharon con aquél, sino por un tema desconocido hasta entonces titulado "La rata" que vería la luz un año después en el álbum "1984".
Disfrutemos de este momento histórico y un tanto extraño, cosas que pasaban cuando había libertad y música en TV.





martes, 27 de marzo de 2018

The Sheepdogs - "Changing colours" (2018)


Recuerdo cuando hace ya casi un lustro conocí a The Sheepdogs en el Azkena Rock Festival de aquél curso 2013. Partían como una de las bandas menos conocidas del cartel, y en los últimos coletazos del festival, tras su actuación en el escenario dos, todos, o casi todos, hablaban de ellos como unos de los protagonistas del fin de semana.
Me hice con su disco homónimo de 2012, y cuando me decidí a escribir a propósito del mismo, recurrí a la frase delicioso batiburrillo. Seis años más tarde y dos largas duración después, sigue pareciéndome oportuna la frase para definir a los canadienses.
En su último álbum, "Changing colours", siguen haciendo acopio de los estilos musicales de más raigambre de la música de raíz americana, registrando esencias de las principales referencias setenteras de los palos referidos y haciendo con todo ello un sabroso caldo sónico de excepcional factura e impecable interpretación.
No reprimiremos la expresión 'revival' al hablar del grupo y de sus registros discográficos, pues se trata de eso, de una revisitación de estilos y géneros, de esencias y leit motives, pero de excepcional factura.
Encontramos en "Changing colours", como ocurría en pretéritos trabajos, esencias que recuerdan a los principales hacedores de músicas y sonidos sureños y atlánticos: Creedence Clearwater Revival, The Allman Brothers Band, Lynyrd Skynyrd, Bad Company... recreando un mosaico donde tiene su dosis de protagonismo el southern rock, el country, el rock californiano, la psicodelia, el blues, el hard o incluso el boogie o el funky.


Bajo el liderazgo del barbudo Ewan Currie, a lo largo y ancho del cancionero, de nada menos que diecisiete temas, demuestran una vez más lo excepcional de su modus operandi: excelentes voces, magníficos instrumentistas, elegancia orquestal, ortodoxia a la par de personalidad, buenas composiciones... El único pero que algunos le pueden poner es un razonablemente opinable exceso de fijación sónica y estilística, pero entiendo que esta banda va de eso, no está en batallas en pos de la actualización de conceptos y mucho menos de la búsqueda de santos griales sónicos.
Ante un tracklist tan extenso como el que manejamos, que además destaca por su enorme variedad y absoluto equilibrio, sin grandes altibajos y dominando el notable alto todo el metraje, se me antoja un tanto innecesario (además de largo y seguramente tedioso) el diseccionar tema a tema este contenido, que ya se ha dicho que resulta sumamente sabroso. Por lo cual me voy a permitir señalar un par de temas favoritos personales, y que cada cual se haga su composición de lugar una vez escuchado el trabajo al completo.
Por un lado me quedo con "Let it roll", por su melodía pop, casi como extraída de algún disco setentero de The Kinks, pero con steels guitars que aúllan y teclas que acarician. Y por otro lado un tema con salpicaduras psicodélicas y cierto tono funky, como una bravata del Santana de su época de leyenda: "The big nowhere".
En directo son una banda sobria, rotunda y refinada, y será un placer poder escuchar sus nuevas canciones defendidas sobre un escenario, tal vez el Azkena de este 2018 sea una buena oportunidad.




lunes, 26 de marzo de 2018

Los lunes... escenas de cine - "Psicosis"


Anoche, cuando llegué a casa empezaba "Psicosis" en TCM. A pesar de que era tarde empecé a verla por milésima vez, y claro, me volvió a enganchar y la volví a ver entera.
Si hay algo que siempre me ha maravillado de "Psicosis" es la atmósfera que desde el primer instante, en el interior del edificio, en la habitación donde Marion se encuentra con su novio, se impone, como una niebla invisible pero amenazadora, premonitoria de que algo no va bien, de que el drama es irremediable.
En todo momento se respira esa sensación de ahogo, de certeza de que todo ha de terminar mal. No sé si es mi film favorito de Hitchcock, pero es uno de los que forman el repoker de obras maestras del genio gordinflón.
Muchos son los momentos y escenas míticas, y todas con ese blanco y negro rasgado, poético y nebuloso. Mención aparte merece la música de Bernard Herrmann, esa desgarradora suite que se clava en el cerebro anunciando muerte, sangre, violencia, locura...
Poca presentación puedo hacer sobre esta cinta, perfectamente conocida por todos, una obra maestra del cine que viene a la cabecera esta semana.
¡Feliz semana!

domingo, 25 de marzo de 2018

Los domingos photosong - The Smoggers - "Who's Jenny"


Domingo de Ramos, muchos celebran armados con ramos y palmas la llegada en burro de quien ha de salvarles y redimir por medio de su sacrificio sus muchos pecados. En esta santa casa (bueno, igual no tan santa) también estamos de celebración, aunque no es la llegada de ningún mesías lo que se festeja aquí.
Con todo el respeto a los diferentes credos, nosotros hoy damos la bienvenida al fuzz, a las bases rítmicas que patalean como el motor de un Cadillac y a las teclas que soplan como si del aliento del pecado se tratase.
Y esto viene a cuento de la inminente visita de The Smoggers en cita doble en mi provincia, el jueves santo y el domingo de resurrección en La Triangu de Sopelana y el Satelite T de Bilbao respectivamente.
Así que los fieles de la música del motor y el garaje tenemos ritos y penitencias para esta semana santa.
Quedamos orando con The Smoggers en plena ceremonia y su "Who's Jenny".



sábado, 24 de marzo de 2018

Los Tupper - "Hotel Debris" (2017).


Tras más de veinte años pisando escenarios y repartiendo discos y buenas canciones, se podría pensar que la banda cántabra Los Tupper gozarían a estas alturas de un merecido y general reconocimiento; no es así.
La particular idiosincrasia que de la promoción de la cultura en general y de la música en particular, desarrolla la industria en este país, pone las cosas muy difíciles a aquellos artistas que no circunscriban su actividad a unos cánones marcados por determinados estamentos de variado pelaje y que no es precisamente en la cultura en lo que piensan cuando marcan las circunstancias bajo las cuales se tiene que mover un producto (creo que lo llaman así), para que goce de notoriedad pública sin distorsionar sus intereses, ya lo sé, es nauseabundo pero aquí es lo que hay desde tiempo inmemorial.
Esta brecha temporal que se ha abierto desde que Los Tupper dieran sus primeros pasos, podría dar a entender que su propuesta poco o nada tendría de sorpresiva o novedosa a estas alturas del partido; tampoco es así.
Y este segundo punto queda patente desde la primera escucha a su último disco (que ha tardado demasiado en llegar a esta bitácora, lo sé) titulado "Hotel Debris".
Una vez asentado el concepto en discos precedentes como "Sardinista" (2012) o "Yesterday's pizza" (2014), ambos excelentes, "Hotel Debris" representa un cambio de coordenadas en cuanto a sonido e incluso a estilo, que lejos de significar una contrariedad supone una virtud, además de una osada búsqueda de nuevos acomodos sónicos. Ahora bien, sin dejar de ser Los Tupper.


Viene el disco firmado bajo la marca 'Sunthunder', sello propio que sin duda les permite libertades creativas y produccionales como las que rezuma el álbum.
Un tracklist variado pero coherente y, como siempre, buenas composiciones, complementan los comentarios que un servidor puede dedicar a un elepé excelente y que resiste tantos pases por el equipo como se deseé.
Temas de textura acariciadora y tenue como "Nadine" que abre el lote, y que es continuada por excelencias de blues pantanoso y delicado como "Fool on the ground" o los requiebros costa oeste de "When the light goes on", con las teclas insuflando atmósfera.
Ambiente tabernario y cierto tono húmedo del Mississippi en la estupenda : "Glory days and gloy nights". Un pop suntuoso, casi como si de una recuperación del Bryan Ferry de sus momentos más glamourosos se tratase nos encontramos en "Loneliness", mientras en "Don't tell me good bye" se retozan en el rock and roll más precursor.
Vientos y ambiente cajun propio de la Nueva Orleans de los parades callejeros revolotea en "Love and blind" y cierto aire Kink en cortes como "Sad afternoon" o "For better days", esta eso si, con un final muy New Orleans. Rock-pub guitarrero en "One of these days" y tonalidades crepusculares y fronterizas en la bonita "So long my friends".
Dejo para el final mi copla favorita del disco: "Waiting, little girl", una preciosa balada de irresistible espiral melancólica, acariciadora melodía y ese estribillo geométrico, la siento con un cierto aroma Burning.



Los cántabros Los Tupper vuelven a finales del pasado curso con un nuevo cancionero tan excelente como los precedentes, una pena que no obtenga la repercusión que sin duda merecen discos como los firmados por este cuarteto. Este mismo domingo inician la gira donde defenderán estas canciones y que ya hemos anunciado aquí, no nos lo perderemos.
Bandcamp donde escuchar y adquirir este estupendo disco: "Hotel Debris".

viernes, 23 de marzo de 2018

Casas y la Pistola - nuevo EP en abril y adelanto del single: "Baile del optalidón"


Jose Casas lleva más de tres décadas haciendo canciones. En diferentes grupos, desde el inicial y mítico Helio, hasta los actuales -que no nuevos- Jose Casas y la Pistola de Papá, ahora simplemente Casas y la Pistola.
Escultor de historias cotidianas y también de todo lo contrario a lo rutinario, guitarrista y desde hace un tiempo también cantante, un todo-terrreno que no tiene remilgos a la hora de homenajear a sus referencias musicales, pero eso si, con una clase asombrosa; el mejor ejemplo, evidentemente, es su grupo de homenaje a The Kinks: The Village Green Experience.
Hace un par de años disfrutamos en esta casa del último cancionero de estos chicos titulado "Memorias de una pistola invisible", así que hoy toca alegrarse por la inminente publicación, a mediados de abril, de un nuevo disco, en este caso EP de los sevillanos que llevará por título: "Padrino Buffalo 1".
Para que la espera no se haga demasiado larga, los chicos de Casas y la Pistola, nos adelantan una pildorita de ese inminente trabajo, un single y vídeo clip titulado "Baile del optalidón" y que seguro que gustará a la legión de fans de la banda, en esta santa casa ha gustado, y mucho.
Bandcamp de Casas y la Pistola aquí.



jueves, 22 de marzo de 2018

Los Tupper: Primeras fechas para la gira de presentación de "Hotel Debris".


El último disco de los cántabros Los Tupper titulado "Hotel Debris" y cuya reseña está -imperdonablemente- aún pendiente de aparecer en esta bitácora, (pero que se puede adelantar que es ciertamente excelente), será defendido en vivo durante esta primavera que parece que ha empezado ya.
Las primeras fechas de la gira ya han sido anunciadas, y en todas y cada una de ellas, este cuarteto, que ya supera las dos décadas de música y buenos discos, acompañará a formaciones de allende nuestras fronteras que harán aún más agradable y deseable la escucha de los nuevos temas de la formación cántabra.
¡Y ojo!, que las referencias que compartirán evento con Los Tupper no son cualquiera cosa: hablamos de gente como Guttercats, que presentarán en Santander su excelente "Follow your instinct", el hiper-activo Kurt Baker con su última banda, será su partenaire en Gijón y Madrid; y en el Kafe Antoki bilbaíno disfrutaremos de ellos junto a Willie Nile nada más y nada menos.
El inicio del tour tendrá lugar en la fiesta de primavera, en su casa: Santander.
En espera de más citas, los afortunados que ya sabemos que contaremos con Los Tupper, bueno será que no nos despistemos, pues bien lo merece su último elepé, y también la compañía.
Dejamos en la cabecera del post el cartel con las actuaciones ya confirmadas.

miércoles, 21 de marzo de 2018

Barrence Whitfield & The Savages - "Soul flowers of Titan" (2018).


Una nueva avalancha de sonidos incendiarios, arrebatados y enérgicos, como era de esperar, es lo que contiene el nuevo disco de ese energúmeno musical que es Barrence Whitfield titulado: "Soul flowers of Titan". Viene acompañado una vez más de The Savages, para hacer de esta nueva entrega otro muestrario de desaforado soul, espídico rhythm & blues, robusto garaje y vigoroso rock and roll.
No se detiene nuestro amigo en sesudas revisitaciones de los géneros que maneja, simplemente los recoge y al dictado de unas melodías de gran pegada ejecuta los mismos, después de pasarlos por el tamiz de su indómita actitud y fogoso modo de entenderlos.
El resultado es, como decíamos en las primeras líneas de este post, una gozada de poderosos sonidos.
La inmediatez, el ir al meollo del asunto, es otra característica habitual, demostrada por el hecho de que únicamente cuatro de los doce cortes que conforman el álbum superan los tres minutos, y sólo uno de ellos los cuatro.
Precisamente uno de los momentos más calmos: "Tingling", un soul de ardoroso acompañamiento sónico es uno de ellos. También la versión del tema de The Midnighters: "I'll be home someday" supera este minutaje, al igual que el rocoso blues-rock que hace las veces de single: "Let's go to Mars".



El tema que cierra el cancionero: "Say what you want", una bonita balada de esencia soul y de cálidos acentos, es la única pieza que supera los cuatro minutos.
Por lo demás, la acostumbrada metralla de vientos, bases rítmicas y guitarras, los falsetes extremos y electrizantes de siempre, y la actitud arrolladora que tanto engancha a muchos, entre los que se encuentra este escriba.
No perderse "Slowly losing my mind", excelente cover de Willy Wright & His Sparkles y que abre el disco, repite con una versión de este mismo conjunto con el tema de ambiente garitero: "I'm gonna leave you".
Encandilan a un servidor los momentos más garajeros como: "Sunshine don't make the sun", "Adorable" o "Edie please".
Claro que no lo hacen menos los momentos más enraizados y frenéticos como "Pain", el rock and roll pionero de "Talk, black and bitter" o los sonidos mas funky/souleros/festivos de "I can't get no ride".
Siempre es bienvenido un nuevo artefacto sonoro/explosivo de este entrañable artista, con sus virtudes, sus excesos y su idiosincrasia única y sincera. El disfrute está garantizado, y no digamos nada para aquellos que puedan disfrutarlas en vivo, eso es para contarlo si se sobrevive a ello.
Adjuntamos bandcamp donde escuchar y adquirir este estupendo "Soul flowers of titan".

lunes, 19 de marzo de 2018

Los lunes... escenas de cine - "La noche del cazador".


Tatuadas sobre los nudillos de la mano izquierda palabra 'hate' (odio), y sobre los de la derecha 'love' (amor), esta inscripción cutánea clarifica en parte la total ambivalencia que rige los designios del falso párroco Harry Powell.
Ambivalencia también moral, aunque en realidad no se trata sino de un velo que cubre la ambición de un delincuente sórdido en lo moral, sádico y con un instinto enfermizo de cazador, solitario, nocturno.
Al salir de prisión, donde su compañero de celda confiesa en sueños que ha escondido el botín del atraco que le llevó a la cárcel, en espera de su ejecución, pues de resultas del golpe murieron dos personas, el predicador Harry Powell traza un terrible plan.
Los hijos del ya difunto atracador son los únicos que conocen el paradero del dinero, Powell, ignorante de este particular se encamina con su uniforme de predicador a casa de la viuda, la enamora, se casa con ella y da comienzo la búsqueda del dinero.
Pronto la engañada esposa descubre el juego del religioso, este acaba con ella e inicia la persecución de los niños, pues ya es consciente de que el hijo mayor sabe donde está el dinero, en una sobrecogedora persecución, los niños consiguen refugiarse en una granja, al cuidado de la anciana Rachel.
Estremecedora cinta, primera y única realizada por el enorme actor británico Charles Laughton y con guión de James Agee sobre la novela de título homónimo de David Grubb.
El tono poético, introvertido, misterioso, pantanoso en ocasiones que logra Laughtos en su portentosa dirección, la fuerza visual y el retrato maléfico, lóbrego que del predicador hace el inconmensurable Robert Mitchum dan carta de naturaleza a este film como obra maestra indiscutible.
La fragilidad lasciva y de una sutil pero evidente lujuria que otorga Shelley Winters al papel de la viuda es otro punto de tremendo impacto y osadía que hacen tan especial este film.
Nos quedamos esta semana con el temible predicador de "La noche del cazador".
¡Feliz semana!

domingo, 18 de marzo de 2018

Los domingos photosong - Moses Rubin - "The rain".


Parece que es mi sino no poder terminar los conciertos. Cuando no es debido a mis disparatados horarios de trabajo, es -como en el caso de ayer- porque tenía una cita previa al conocimiento del bolo. El caso es que yo me enteré el viernes de que ayer sábado nuestro amigo Moses Rubin ofrecía un recital acústico en el FNAC de Bilbao.
Tuve que hacer encaje de bolillos, pero aproveché para asistir a la manifestación de los aitites y me desvíe a la altura de la calle Urquijo donde se encuentra el referido establecimiento.
Mereció la pena, por pasar un rato con los amigos y porque Moses ofreció un recital encantador, precioso, deleitando con su voz al respetable y asombrando con su destreza con la guitarra. La pega, que quince minutos antes de la hora estimada como fin del concierto, me tuve que marchar, lo dicho mi sino.
Además de temas de "Subtle Atmospheres", ofreció algún cover y también adelanto algo del que será su nuevo trabajo que esta a punto de empezar a grabar.
Hoy, antes de ir al basket, no he podido resistirme a sacar el vinilo de Moses de la estantería y hacerlo girar en mi desvencijado plato (es apremiante la adquisición de un plano nuevo), por lo cual está claro cual será el protagonista del domingo fotografíco de hoy: Moses Rubin.
Nos quedamos con esta incendiaria toma en vivo de "The Rain".
¡Feliz domingo!



sábado, 17 de marzo de 2018

The Band - "Music from big pink" (1968).


A veces lo que más mola es aquello que haces como consecuencia de un arrebato, de un éxtasis. Un sábado por la mañana que amanece luminoso. En un momento dado y sin previo aviso, sorpresivamente, el cielo empieza a mojar el suelo y a ensuciar su celeste manto inicial con una capa arrugada, cenicienta y triste.
Pero por avatares de la vida, esta mutación en el color de la mañana me ha parecido como un homenaje al disco que estaba sonando en el equipo, un disco que no es que lo relacionase con los cielos nublados o la lluvia, me refiero a uno de esos discos capitales, a "Music from big pink" del grupo The Band.
De hecho siempre he relacionado este primer álbum de la mítica formación norteamericana con el verano -al contrario del segundo y de título homónimo, que me parece netamente otoñal- reacciones sensitivas que tiene uno y que no sabe de donde vienen, ni porqué
La cosa, es que tras el Crazy Chester, el programa de radio de mi amigo Joserra de esta semana, dedicado a Woodstock, a sus días de inspiración y creatividad, al peregrinaje de artistas hacia aquellos lares, y que dedicó una evidente e inefable significación al asentamiento en la casa (rosa, aunque a mi me parece naranja) de West Sugerties de los cinco componentes de The Band junto a Bob Dylan, y en cuyo sótano no dejaron de crear canciones de modo casi monástico, no he podido evitar,  cuando aún el amarillo de la mañana pulverizaba el ambiente, pinchar por millonésima vez "Music from big pink".
Y claro, una cosa lleva a otra, y heme aquí escribiendo una reseña sobre un disco sagrado, a propósito del cual siempre me ha causado un enorme temor el osar tirar letras sobre el lienzo, pues creo que los hay muchos más duchos en lo que se coció en la naturaleza de Woodstock que un servidor.
Para entender este disco, creo que es imprescindible conocer los antecedentes al mismo, lo que lleva a The Band a este retiro espiritual y musical, y también con quién y cuándo. Como esto es muy largo, les emplazo a consultar la multitud de información que pueden encontrar por ahí, incluyendo el programa referido cuyo enlace con el correspondiente podcast es este. 


No obstante, y a sabiendas de que los habituales 'pecan' de eruditos, me consta que no será necesario optar a documentación alguna, aunque si a la escucha del Crazy Chester de esta semana.
Bajo producción de John Simon, y con ese academicismo musical, suena de manera milagrosa la entrada eléctrica de "Tears of rage", el piano masajea la guitarra y se establece desde los primeros segundos esa atmósfera bohemia, casi de vagabundos geniales pero ignotos, como Van Goghs del rock.
Porque siempre he visto la música de The Band como un compendio de las artes concentrado en canciones y sonidos: pintores, literatos, escultores, cineastas... The Band rezuma cultura, inteligencia, belleza y al tiempo humildad y una evidente falta de ambición ególatra, al menos en estos primeros tiempos.
Es por ello que la libertad que proporciona esta actitud aunada a la bohemia que se respiraba (me imagino) en la casa rosa, propició unas composiciones que nacían para expresarse y vivir libres, ajenas a los avatares de las modas o las búsquedas de inmortalidades, no anhelaban escribir himnos y al final los escribieron, aunque siguen siendo himnos para uno pocos, lo que hace aún más maravilloso su legado, siguen siendo un grupo para raros, para especiales, para bohemios...
El grupo funcionaba como una piña (aún) y todos aportaban, tres cantantes diferentes pero excelentes, cuatro cerebros componiendo y Bob haciendo de padrino, de catalizador pero desde un segundo plano, como el pastor que guía un rebaño de reses destinadas a dejar al mundo los mejores quesos.

Así se van sucediendo una colección de temas únicos, sin posibilidad de enfrentarlos estilísticamente con ninguna otra formación, The Band es The Band y punto.
"To kingdom come", la flotante (otra característica del arte del grupo, esa sensación de flotar) "In a station", la enraizada "Caledonia mission", un milagroso tema de Richard Manuel con la mano de Hudson en los soplidos del hammond titulado "We can talk", una versión del country popularizado por Johny Cash "Long black veil" donde The Band maneja, casi moldea el género más americano blanco de todos.
Tras una entrada de Garth Hudson de esencia clásica, con el órgano retozando con la 'fuga en mi menor' de Bach, se desarrolla "Chest fever"; vuelve otra delicada copla del frágil Richar Manuel titulada "Lonesome Suzie", un retrato del alma de este genial y extraviado artista.
Bob Dylan y Rick Danko componen la iridiscente y barroca "This wheel's on fire", un corte de excepción dentro de la excepción general.
Y vamos acabando con "I shall be released", compuesta por Dylan y cerrando el disco, su estribillo es una canción en si misma, grandioso Rick Danko en la voz principal, y Levon Helm y Richar Manuel haciendo las segundas voces, retrato de una banda inigualable, que dominaba la lírica de manera innata, con ínfulas de eternidad en cada inflexión vocal, en cada corchea, en cada golpe de inspiración.
Y dejo para el final "The Weigh", composición sublime, metafísica, pura sensibilidad refrescada por el rocío de la enorme cultura de su hacedor, ese genio que es Robbie Robertson, en mi opinión una de las mejores canciones de la historia, no digo más, no me meto en la intervención a modo de fantasmagórica influencia de otro genio (Luis Buñuel), ni en entresijos cuyo análisis me viene tal vez un poco grande, hagan como yo, pinchenla una vez tras otra.
Maldito sol traidor, ahora vuelve a decorar la hora del aperitivo, cuando termino esta osadía herética de reseña, para dar lustre de verano a "Music from big pink", tal vez afeando mis impresiones de la entrada de esta, ya excesivamente larga, reseña.
Y maldito Joserra que con su programa de esta semana me ha llevado a escribir sobre uno de los discos que siempre me he prometido no escribir, por respeto, por temor, porque uno se ve pequeño ante obras como esta... ya está hecho, disfrutamos hoy y siempre de "Music from big pink".



viernes, 16 de marzo de 2018

The Smoggers - Gira primaveral y presentación de "Dark Reaction".


La banda sevillano/malagueña The Smoggers se adentran en la piel de toro para presentar en vivo su última criatura, el estupendo "Dark Reaction" que tanto gustó en esta casa y del que ya dimos cuenta aquí.
Pasearan sus fuzz, sus alaridos y hammonds, su garaje y sus sonidos sesenteros por varios escenarios al norte de sus habitual ubicación. Así que vayan preparándose para unas buenas dosis en vivo de poética grasienta y lírica punkarra.
Aprovechan la primavera y trataran de que las flores se estremezcan al paso de su potente sonido y esa lúbrica actitud que les caracteriza.
Pero mejor dejamos una prueba audiovisual para que los que no se sepan como se las gasta esta peña, vayan tomando nota.



Apunten fechas, aunque parece que habrá más confirmaciones, pues la movida empieza dentro de nada y hay que ajustar agendas.




jueves, 15 de marzo de 2018

Jeff Rosenstock - "Post" (2018)


En estos días oscuros, en los que muchos pensamos que la derecha -la española, la de siempre- pretende volver a gobernar las opiniones, esperanzas, sentimientos, reacciones y pensamientos de los infieles, -también los de siempre-, uno se pregunta si en este país que empieza a ver teñida su realidad de color sepia, sería posible un disco como "Post", última soflama del norteamericano Jeff Rosenstock.
Me pregunto y me respondo: NO. La verdad es que a día de hoy, ni este ni ningún trabajo de Rosenstock serían posibles en esta España que empieza a aflorar el seco y añejo aroma a historia, a arcaico, como a barquillos o a churrería. O al menos No sin que el interfecto se vea metido en líos judiciales con peticiones de prisión por vaya usted a saber qué delitos disparatados y catones.
En su último disco, Rosenstock sigue dando rienda suelta a su lengua, soltando todo lo que piensa sobre aquellos temas que como los malos olores, se elevan desde las cloacas trepando por los pellejos de los americanos, pudriendo morales e intoxicando comportamientos, deteriorando humanidades y convirtiendo a la sociedad en esa especie de ciborgs programados para la obediencia y la sumisión.
Y lo que vale para USA vale para España, no nos hagamos los suecos.
Siguen las arengas contra el capitalismo salvaje, las barricadas a favor de las clases populares, la exigencia de calidad de vida para todos y se continúa posicionando en contra de las injusticias sociales. Destila el elepé un ácido sentimiento de desesperanza que se ve acrecentada por la llegada al poder de Trump. Es más oscuro y desolador en sus textos que precedentes trabajos, más denso y menos urgente e impactante que aquél "Worry" que me dio a conocer a este artista, da la sensación de que continúa dispuesto a plantar batalla, pero el entorno de lucha luminosa y actitud positiva se diluye aquí, venciendo un mantra más pesimista y un tanto derrotista.


El envoltorio es el habitual, unas melodías pegadizas, sencillas, de base pop que se desarrollan entre guitarras que rugen, teclados, ritmos incontenibles y voces que unas veces miran al punk, otras al powerpop y otras a un pop de perfiles dorados.
La actitud y el leit motive de todo esto se encuentra en la incendiaria "USA" que abre el disco, es como si Rosenstock se convirtiese en una válvula de seguridad que expulsa todo lo que necesita decir para no explotar.
Tal vez en este disco al amigo Jeff se le vaya la olla en algunos pasajes instrumentales de base electrónica o rellena de ornamentos de guitarras y voces que pecan de largos, dejando de lado los temas de un minuto del anterior disco. Este exceso nos lo encontramos en esta inicial "USA" o en la que cierra el álbum, de tono más rocoso y guitarrero, un grito agrio a favor de la justicia de los que normalmente no la saborean nunca y que se titula: "Let them win".
Entre una y otra, se despliega ante el oyente el habitual catálogo de temas apasionados y subversivos, con la esperanza en el futuro como fugaz argumento en la frenética "Yr throat" o la punkarra "Powerlessness". Un oasis en un desierto de desesperanzas, no perder de vista temas como la irresistible "All this useless energy". 
La fijación de Rosenstock en las melodías y ambientaciones 'made in Broadway' se evidencia en temas de esencia introvertida y crítica como: "TV stars" o "9/10", ambas estupendas.
Un tema más optimista es el single "Melba" sobre un esperanzador volver a empezar, mientras el urgente corte de menos de dos minutos y que recuerda a los Ramones"Beating my head a wall" inyecta actitud y nihilismo.



Continua Jeff Rosenstock golpeando con su lengua justiciera a los cimientos de la hipocresía y el inhumano capitalismo salvaje e infectado, así como clamando en pos de la libertad, justicia e igualdad. En este mundo maquillado por los medios, retorcido por los políticos y sus dueños las multinacionales, estos principios están condenados a ser quimeras por las cuales luchar y ser, una y otra vez, perseguido, criticado y odiado por ello. Con tono más oscuro y apagado en cuanto al énfasis, pero con ganas de gritar como siempre, se desarrolla este nuevo elepé del bueno de Jeff Rosenstock, un muy buen disco de nuevo, recomendable.

martes, 13 de marzo de 2018

And libros by Addison de Witt - "Tristana" - Benito Pérez Galdós.

La semana pasada tuvimos la suerte de ver materializarse en las calles la agitación feminista que desde hace demasiados lustros parecía contenida por los poderes mediáticos y los miedos tácitos.
Recién finalizada mi penúltima lectura, el soberbio cuento verídico con respecto a la venida al mundo del disco "Camino Soria", que brillantemente nos ha narrado Edi Clavo y que ya comentamos aquí; y coincidiendo la elección del siguiente libro, -momento siempre delicado donde los haya-, con la semana de gloria que vivimos gracias a todas las mujeres, el instinto, o tal vez la marea de estos ilusionantes acontecimientos, me hizo virar de forma radical mis iniciales intenciones lectoras para decantarme por alguna lectura que estuviese en sintonía con los aires reivindicativos y libertarios que las mujeres insuflaban a la sociedad con su valeroso aliento.
Y fueron estos antecedentes los que me empujaron a la estantería para recuperar un libro que leí hace años, lo recuerdo con la neblina que los años interponen entre el hoy y el ayer, pero que no obstante, pensaba primero, y afirmo ahora, que en esencia seguía fresco en mi memoria y preclaro en mi entendimiento.
"Tristana" de don Benito Pérez Galdós fue el elegido, y puedo decir ahora, que más que oportuno texto.
Entiendo necesario referir que un servidor tiene a don Benito como un portento de la prosa, un genio de la novela y uno de los más grandes escritores que jamás han conocido este país y unos cuantos más. Por lo cual, y con las cartas boca arriba y sobre la mesa, intentaré incrustar la inmortal obra del canario en el actual entorno reivindicativo que acometen las mujeres con toda la razón del mundo.
Tristana, la dulce, desdichada, soñadora y talentosa heroína de la novela que vamos a diseccionar, es en esencia una mujer con una cabeza en la que bullen ideas, anhelos y esperanzas que resumen en gran medida las reivindicaciones -justas y evidentes- que hemos oído repetir en las manifestantes y convocatorias recientes.
No es Tristana una mujer, una joven realmente, que se vea a si misma atrapada en un matrimonio como aparato para conseguir una seguridad vital. Es decir, que sus pretensiones están más en la onda de aspirar a una vida de libertad, o como ella dice: pretender ser honradamente libre.
Para ello, cuestiona nuestra joven la posibilidad de poder mantener una actividad lucrativa con miras a poder disfrutar de una independencia económica sin que para ello sea necesario el concurso de ningún hombre. No admite el matrimonio dentro de sus expectativas futuras y se pregunta el porqué su educación ha venido impuesta por una serie de enseñanzas encaminadas a la satisfacción de ese que un día habrá de mantenerla, no le parece a Tristana que esa perspectiva sea ni libre, ni honrada. En resumen, la pretensión última y primera de Tristana es la de vivir sin tener que depender de ningún hombre y consciente de que tan apta como cualquier hombre puede resultar en cualquier cometido que se proponga.
Esta visión que en 1892, año de la publicación de la novela, podría resultar novedosa o escandalosa para ciertos sectores, no ha debido ser demasiado tenida en cuenta cuando en este 2018 las mujeres basan (con muchos más matices por supuesto) sus reivindicaciones y exigencias en puntos centrales como este.
Viridiana, al quedar huérfana es acogida por un amigo de la familia: Don Lope, un hidalgo de execrable moralidad que el entiende como fuerte honorabilidad, mujeriego y dilapidador de una fortuna que nunca trabajó, alérgico al matrimonio y canalla que lo fue con no pocas mujeres.
Por supuesto aprovecha la ocasión para demostrar su falta de escrúpulos con la joven, de apenas diecinueve años, y que bajo su yugo da comienzo a sus ensoñaciones ideológicas y a sembrar una justa rebeldía.
Cuando conoce al joven pintor Horacio Diaz, del que se enamora locamente, inmediatamente mantiene con él una relación en la que el futuro marital queda descartado por la joven que ve amplificada su paleta ideológica en cuanto a su libertad e independencia, pretendiendo aprender tantas artes y oficios como le van llegando a la cabeza.
Un día el joven tiene que ausentarse por motivos familiares a la costa. Continúan su relación de forma epistolar, la correspondencia entre ambos amantes nos relata el decaimiento físico y económico de Don Lope, el asentamiento de Horacio en su nuevo hogar y el enfriamiento de la relación, en especial por parte del joven, más aún cuando Tristana empieza a ver mermada seriamente su salud.
Finalmente, finiquitada la relación amorosa entre ellos, tras el matrimonio del pintor con otra mujer de forma un tanto cobarde, y con nuestra heroína enferma y dependiente, la tercera parte del relato nos narra la vida de Tristana, desencantada aunque no derrotada, con un viejo y enamorado Don Lope, quien se comporta como un padre más que como un amante, y que colma en la medida de sus exiguas posibilidades a la muchacha de mimos y cuidados, arrepentido y humillado.
Circunscrita a su época, la novela define de manera diáfana comportamientos injustos que los años han convertido en 'normales', de esos que hoy siguen siendo vergüenza de occidente, escarnio para la mitad de esta sociedad que por fortuna cuenta ya con muchas Tristanas, y es que ella no hubiese faltado a las convocatorias del pasado día 8.

lunes, 12 de marzo de 2018

Los lunes... escenas de cine - "Viridiana".


Este fin de semana he recuperado "Viridiana". Y me he dado cuenta gracias a esto de que nunca había traído aquí a Luis Buñuel. Me pareció alarmante que después de tantos lunes con películas, nunca hubiese pasado por la cabecera del blog ningún fotograma del aragonés más universal de todos los tiempos, obviamente junto a Goya.
Me consta que su producción es controvertida, tanto para gran parte del público como para muchas instituciones de todo índole, pero ¿qué quieren que les diga?, un servidor tras varios años tachando a Don Luis de absurdo y grotesco, parece que con la madurez le llegó la lucidez y a raíz de un visionado accidental de "Belle de jeur" se dio cuenta del error funesto que venía arrastrando, y desde entonces considero a Buñuel en su justo lugar, osea entre los grandes de este arte.
En "Viridiana" Buñuel vuelve a España, aunque la rueda con parte de capital mexicano. Cierto que tras el estreno en Cannes, donde consiguió la palma de oro (único film español en ganar este galardón, el más importante del cine), un periódico italiano: L'osservatore Romano, montó un buen escándalo tachando al film de mil y una barbaridades y solicitando la excomunión de los responsables del mismo, empezando por supuesto por Buñuel como director y guionista de la cinta.
Esto provocó la inmediata intervención de la censura española que cortó el film, que ni siquiera llegó a estrenarse, no lo hizo hasta 1977, una vez muerto el dictador.
Con "Viridiana" Buñuel insiste en sus temas más recurrentes: hay una visión poco amable de la burguesía, mantiene un discurso osado en cuanto a la sexualidad con sus osadías y sus traumas. Además cuestiona la caridad humana y también la actividad de la iglesia al respecto.
No evita, es más busca, inmortalizar momentos impactantes desde su punto de vista visual, puramente surrealista, pero de potente pegada y con esa belleza gótica y nihilsta. 
Viridiana (Silvia Pinal) es una joven novicia que visita durante unos días a su tío y protector don Jaime (Fernando Rey). Una vez allí, este se enamora de la joven, pues según dice se parece mucho a su esposa, fallecida durante la noche de bodas. Intenta, con la colaboración de su asistenta que ella se quede con él y no regrese al convento. La noche víspera de su partida, consigue convencer a la muchacha de que se vista con el vestido de novia de su difunta esposa, la droga, y mientras duerme intenta violarla, aunque finalmente no lo consuma, mortificado por los remordimientos se suicida en el jardín de su suntuosa casa.
Viridiana, heredera junto a Jorge (Paco Rabal), hijo ilegítimo de don Jaime, al que reconoce antes de morir la mansión y los terrenos que la rodean. Jorge se se instala en la casa junto a su novia para hacerse cargo de la finca. La novicia, que decide no volver al convento, decide servir a Dios sin tomar los habitos y transforma su parte de la mansión en un albergue para pordioseros, mientras Jorge, un mujeriego empedernido, empieza a interesarse por ella.
De aquí al final, Buñuel crea un entorno barroco, melódicamente ruidoso, surrealista y cínico, excesivo pero bello, con una secuencia de la cena de los mendigos que es en si misma una película anexa al film.
Quedan para la reflexión de cada cual ciertas cuestiones, así como el final, que fue modificado por la censura, que no sólo no consiguió mitigar el mensaje sino que el alternativo que se inventó Buñuel lo hacía aún más evidente.
Una de las no pocas obras maestras que nos dejó Luis Buñuel, nos quedamos con uno de los dos fotogramas inolvidables de este film.
¡Feliz semana!

domingo, 11 de marzo de 2018

Los domingos photosong - The Black Crowes - "She Talks To Angels"


Esta semana que hoy termina ha venido marcada por dos eventos muy concretos y especiales, dos conciertos que en Bilbao se han saldado con sendos "Sold out" y que han dejado al respetable (coincidente en ambos bolos en gran parte de los aforos) mucho más que satisfechos.
Por una parte tenemos la visita el viernes de Danny & The Champions of The World, y por otra parte a Chris Robinson Brotherhood el pasado miércoles.
Hace un par de domingos pasamos la mañana dominical con el gran Danny George Wilson y sus secuaces, así que hoy le toca el turno al amigo del sur, a Chris Robinson.
Y me apetece pinchar esta mañana a sus Black Crowes, pues es, y será mi versión favorita de Chris, y su primer disco, el inmenso "Shake your money maker", mi favorito.
Vamos a ir matando este domingo con la preciosa balada de corte 'Stone' titulada "She talks to angels".
¡Feliz domingo!



sábado, 10 de marzo de 2018

Concierto: Danny & The Champions of The World - Bilbao, Kutxa Beltza, 09/03/2018


Resulta ciertamente satisfactorio para mi poder empezar esta crónica haciendo hincapié en el "Sold out" que se colgó ayer en el hall del Kafe Antzoki y que correspondía al concierto que a partir de las 21:00 horas, y en la sala superior, la Kutxa Beltza, ofrecería, y ofreció, Danny & The Champions of the World.
Y eso que este, al menos para un servidor, imprevisible acontecimiento, a punto estuvo de dejarme en la calle sin poder disfrutar de lo que fue un excepcional concierto al que no le faltó ninguno de los ingredientes para tacharlo de gozada total, desparrame y lección de rock, country o folk and soul de mayúsculas dimensiones.
Finalmente un ángel de la guarda al que le sobró por vaya usted a saber que contrariedad, una entrada, me la vendió al precio de venta anticipada, además un caballero, gracias de nuevo.



Pero vamos al meollo del concierto. Se presentaba la formación australiano-británica en Bilbao algo más de año y medio después para defender sobre las tablas su último disco: "Brilliant light".
Los que en alguna ocasión hayan tenido la dicha de plantarse ante este grupo ya saben a lo que se exponen: una catarata de sonidos abiertos, relampagueantes y cálidos; a una explosión de luz y de soul, de ecos continentales de sensible fibra y de folk, y de country y de rock y pinceladas de esa lírica propia de los poetas de la Telecaster (parafraseando a mi brother Joserra), y a un cantante sobresaliente, enérgico y al tiempo afinado, con una entrega que no traiciona su emisión ni sus agudos, como digo a un gran cantante: Danny George Wilson.
Y como la compañía no puede ser mejor, pues el traje sónico que al jefe le hacen los campeones del mundo es de tal enjundia que cada tema se alarga en una suerte de no quiero que se acabe esto: ya que tanto la base rítmica de irresistible pulso con Chris Clarke (bajo) y Steve Brookes (batería); como la legüeteante y sonora steel guitar de Henry Senior, las teclas de sensitivo academicismo de 'Free Jazz' Geoff y por supuesto la guitarra desbordante de clase y elegancia del magnífico Paul Lush forman un impagable ajuar que bien merece la pena la peregrinación hasta el paraíso montado al pie de su escenario.
El disfrute general, que lo hubo, vino marcado por un setlist apropiado, al que a un servidor le faltaron un par de favoritos, aunque este particular no empañó en absoluto la algarabía que provocaron temas de su último cancionero como: "Waiting for the right times", "Consider me", "Never in the moment", "Coley point", "Gotta get things right in my life", "It's just a game (that we were playing)" o la maravillosa "You'll remember me", que ahora mismo me vengan a la memoria
Por supuesto no faltaron recuerdos a discos pretéritos como "Every beat of my heart", "Henry the man", "Stay true", "This is not a love song", "(Never stop building) that old space rocket", "Clear water"...En resumen, una alegría vivir conciertos así, si además se está rodeado de amigos, mejor que mejor, es por ello, que una vez más, vivimos los más afortunados una gran noche de rock and roll.

viernes, 9 de marzo de 2018

Concierto: Chris Robinson Brotherhood - Kafe Antzokia (Bilbao), 7/03/2018


La llegada a Bilbao de Chris Robinson Brotherhood ha levantado unas expectativas francamente inusuales con respecto a lo que viene siendo normal en los -por fortuna- muchos músicos y artistas que nos visitan.
¿El motivo?, pues vaya usted a saber. El caso es que la cita había vendido todo el papel hace ya muchas semanas, por lo cual el ambiente este miércoles era inmejorable en los alrededores y el interior del Kafe Antzoki.
Chris Robinson era sobre el papel el plato fuerte del evento, muchos sospechábamos que en lo alto de la escalinata del Antzoki se iban a congregar más de un plato fuerte, y así fue.
Al penúltimo hippy del rock and roll le acompañaba una banda absolutamente celestial, con Neal Casal a la derecha del ex-cuervo, portentoso guitarrista con una carrera personal que le justifica el espacio de honor sobre un escenario del que goza; un teclista espectacular: Adam McDougall y un equipo para dar empaque rítmico a todo el mogollón formado por Juff Hill al bajo y un sorprendente baterista llamado Rony Leone.
Todos ellos, junto a Robinson, en el centro del escenario, con su estupendo timbre vocal, cantando con el comedido y elegante fraseo de siempre, con una Stratocaster colgando del pescuezo y oficiando de líder, aunque menos frontman que con su eterna formación pasada, ofrecen una música a la que es difícil resistirse, todo, y todo es todo, es dominado con una aparente e insultante sencillez, unos sonidos que un servidor definiría como artesanía eléctrica.


Si bien Chris Robinson estará asociado siempre a sus Black Crowes, lo cierto es que cuando en los primeros pálpitos de la presente década, y en paralelo a la disolución de los Crowes, da comienzo a este proyecto que bautizó como Chris Robinson Brotherhood, los ímpetus rockeros, southern, con engarces de soul, blues o country, se estrecharon para dar paso a esencias más psicodélicas, con preferencias por las jams y la búsqueda del espíritu sónico del pasado más lisérgico. Es por todo ello, que lo que el miércoles ofrecía el barbudo Robinson, se asemejaba mucho más a las directrices sónicas de Jerry Garcia y sus Greatful Dead que a los asilvestrados Black Crowes.
Y así fue el concierto, una soberbia y sensitiva espiral sonora plena de artificios sónicos que enganchó y encandilo a todos (o casi) gracias a los infinitos fundamentos y virtuosidades de los cinco referentes ya presentados que conforman la banda Chris Robinson Brotherhood.
Anunciaban tres horas de bolo, aunque no fueron tantas, y el setlist, totalmente imprevisible, pues cambia de manera sustancial de concierto en concierto nos dejó enormes covers, como la que rompió el hielo: "I'm ready" de Fats Domino, "I'm a hog for you" de The Coasters, "Tough mama" de Dylan o "They love each other" firmada por el propio Jerry Garcia y con la que culminó la velada.
También sonó un tema de los Black Crowes, en concreto "I ain't hiding" del estupendo "Before the frost" (2009).
Por supuesto el setlist albergó temas del último disco del grupo, el notable "Barefoot in the head" (2017) del que nos dejaron: "High is not the top", "Good to know", "If you had a heart to break" o "Behold the seer".
Completaron con momentos extraídos de otros álbumes de la banda, y desparramaron clase, virtuosismo y calidad a expuertas, con un Neal Casal sobrevolando con sus diferentes guitarras al cuello y dejando rostros de sorpresa y satisfacción en el personal que tras el bolo se mostraba (nos mostrábamos) entusiasmado con lo ofrecido por tamaña formación.
Da gusto ver el Antzoki con el ambiente y comportamiento del público del miércoles, ojalá fuese más habitual y los aficionados se animasen con otras formaciones que nos visitan, menos mediáticas y no tan encumbradas, pero igualmente excepcionales. Hoy nos visita Danny and The Champions of the World, y seguro que no defraudan a quienes se quieran pasar por la sala superior del Kafe Antzoki, no sólo de stars vive el hombre.
No obstante que a nadie le quepa ninguna duda que lo del día siete fue otra gran, grandiosa noche de rock and roll.

miércoles, 7 de marzo de 2018

And libros by Addison de Witt... "Camino Soria" - Edi Clavo.


Recuerdo perfectamente el día que adquirí el disco "Camino Soria" de Gabinete Caligari. Fue en una tienda de discos que evidentemente ya no existe, y eso que llegó a contar con al menos media docena de sucursales en el territorio vizcaino, yo lo adquirí en el establecimiento de la calle Autonomía de Bilbao, me refiero a las tiendas Long Play (ya no queda ninguna). Lo que me cuesta más trabajo es asumir que han transcurrido más de treinta años desde entonces. A mi, como a casi todo el mundo, el disco me subyugó, sonó en casa durante meses sin parar y era prácticamente imposible que en TV o en radio no escuchases alguno de los temas que lo alimentaban a poco tiempo que estuvieses a la escucha o con los ojos pegados al televisor.
Aprovechando esta efeméride, Edi Clavo, baterista de Gabinete durante todos los años de existencia del grupo, se ha marcado un documento en el que recuerda los entresijos que rodearon a la gestación, grabación, promoción y presentación en vivo de "Camino Soria".
Con una prosa ágil y encendida, de cierto tono castizo pero atenta a todos los detalles, incluso a los más ínfimos, Edi nos atrapa en una espiral de explicaciones, impresiones personales y relatos de hechos reales vistos sin afectación y con la nostalgia justa.


No se adscribe a la búsqueda del impacto sensacionalista o amarillo, -los que busquen carnaza deben gastarse la pasta en otros productos-, y pone en negro sobre blanco los detalles referentes a los días de autos, en los años 87 y 88, con una lucidez y técnica narrativa que parece haberle traído a la pluma la madurez adquirida y la perspectiva serena e inteligente de lo ocurrido, disfrutado y sufrido durante la época referida.
Desde la evidencia de que La Movida era ya historia, y que el pop había cambiado, el autor nos pone en antecedentes, es decir en el cómo se llega a "Camino Soria". Estos antecedentes interesan tanto a la historia del grupo, como al entorno que se vivió en Madrid y en España desde los últimos años de los setenta hasta el final de La Movida, ubicado por muchos en Vigo (una de las historias más histriónicas de los ochenta, aquel viaje en tren).
Refiere Edi la fuerte presencia que el pop y el rock tuvo en los medios, repasando los programas de radio y televisión, que hicieron historia en la promoción y expansión de la música española, tampoco falta el recuerdo a los muchos profesionales del periodismo musical que en aquellos años apoyaron y distribuyeron canciones desde sus micros y fanzines, creando el caldo de cultivo que hizo posible la edad de oro del rock y el pop patrio.
Nos narra Clavo la decadencia de estos programas, en especial los catódicos, según avanzaba la década de los ochenta, en lo que parecía un reflejo de lo que en las calles y espíritus ocurría también. La música que sonaba en las ondas de FM de entonces, los vídeo clips que desde la MTV distribuían por el planeta y la perdida de coordenadas de muchos de los rockeros que en las anteriores décadas hicieron historia, y que les mantenían en aquellos días de tendencias y sintetizadores, etiquetas y pelos cardados, más perdidos que un mono en un garaje.
No es diplomático con aquellos grupos nuevaoleros de postal, nueva románticos y tecno pops, no se esconde detrás de frases hechas y resulta especialmente interesante y muy entretenido el capítulo tres sobre el Hit parade del 87.
Con Edi conocemos el mundo de los locales de ensayo en la época, las promociones peregrinando de medio en medio, la televisión en play-back, -especial de noche vieja incluido-, la manufactura física y estética del álbum blanco del rock hispano, las fotos del maestro Alberto García Alix, los ensayos, los que se quedaron en el camino, el fichaje por la multinacional EMI, la grabación, las giras, el éxito...
Magnífico libro, sobre un magnífico disco y sobre una época muy especial (y esencial). Soberbiamente escrito y adictivo. No falta el antes de los Gabinete antes de "Camino Soria". Hoy, seguimos refiriéndonos a él como un elepé legendario, de los que nunca mueren, y es una estupenda oportunidad para volver a pincharlo mientras nos ocupamos de atender a las narraciones de Edi Clavo, cuestionando algunos porqués y concediendo algunas remembranzas hasta ahora ocultas al respetable. Con este libro he recuperado, y vuelto a amar, si cabe aún más "Camino Soria".

martes, 6 de marzo de 2018

The Parson Red Heads, dos únicas fechas en España en mayo.


No negaré que tengo ganas de volver a verme las caras con los Parson Red Heads en vivo, pues, ¿a quién le amarga un dulce?, y no negaremos que el pase sobre el escenario de los temas de su magnífico "Blurred harmony" promete sensaciones de esas más que gratificantes, incluso inolvidables.
El deseo se puede hacer realidad, pues el próximo mes de mayo, los pelirrojos Parson visitan España. Ahora bien, esta es un buena noticia, aunque se trata de una buena noticia, pero pequeña. Digo esto, porque los de Oregon pasarán como un ciclón por la piel de toro, y sólo dos ciudades podrán contar con su presencia: Madrid y Zaragoza.
Eso si, la noticia viene con tiempo para aquellos que quieran hacer cábalas sobre fechas y posibilidades de traslado, yo lo estudiaré. Ignoramos si hay posibilidad de que salgan más citas, de momento esto es lo que hay.
Enhorabuena a los afortunados.

18 de mayo de 2018: Madrid, Café Berlin.
19 de mayo de 2018: Zaragoza, La casa del loco.

lunes, 5 de marzo de 2018

Los lunes... escenas de cine - "El Gran Carnaval"


Últimamente sobran oportunidades para contemplar el espectáculo dantesco de la miseria humana, televisan la vileza, disfrazándola, eso si, de otras cosas, en la mayoría de las ocasiones antagónicas a la naturaleza real de la verdad desnuda y descarnada.
La política está corrompida hasta el tuétano de sus huesos, las grandes empresas, desprovistas de escrúpulos exhiben su avaricia y la ruindad pútrida de sus objetivos mezquinos y cicateros con nauseabundo descaro.
La prensa es testigo, no parcial ni objetivo, sino interesado, corrupto como políticos y multinacionales o incluso más. Deforman la verdad, despistan sobre lo que resulta oneroso a sus jefes y esparcen sordidez con la soberbia propia del que se cree protagonista de excepción, catalizador de la razón y látigo de las debilidades humanas. El sufrimiento, el dolor y la maldad utilizado como ingredientes de un gran cocido donde todos, políticos, empresas y periodistas se sacian y empachan engulliendo como antropófagos que nunca dejan de engordar su gangrena moral.
Ingrata profesión la de periodista, los de verdad, los vocacionales, en este mundo que se cree con el poder de decidir cual es la realidad de los hechos, qué es mentira y qué, simplemente no existe,
Billy Wilder logra plasmar todo esto de manera descomunal en su grandiosa película de 1951 "El Gran Carnaval", regodeándose en los detalles más hediondos para contar, con un ritmo narrativo preciso y en base a un guión perfecto, la historia de un ambicioso y abominable periodista (Kirk Douglas), que aprovecha una tragedia, un accidente, para montar un circo en un pequeño pueblo de Nuevo México, con la pretensión de sacar tajada profesional de ello. Todos, los estamentos ya comentados más arriba, entienden el beneficio personal y egoísta que pueden sacar del episodio, quedando una vida humana y el sufrimiento de algunos en un segundo plano, tratado como un daño colateral.
Nunca tuvo el favor del público ni de la crítica, pues es fácil que otros sectores sociales, como el propio público se vean representados, y no mejor parados que los promotores de la iniquidad.
Nos quedamos con la sublime "El Gran Carnaval".
¡Feliz semana!

domingo, 4 de marzo de 2018

Los domingos photosong - Gabinete Caligari - "Como un Pez".


Hace un par de días que empecé a leer "Camino Soria", la crónica que Edi Clavo, baterista de la mítica formación madrileña, nos regala sobre la gestación y alumbramiento del disco blanco del rock español.
Admiro a Edi como escritor, me ganó hace unos años (no demasiados) con el excepcional "Electricidad revisitada" y no he podido resistirme a este documento. Aunque no sea mi disco favorito de Gabinete (lo siento) "Camino Soria" es un referente inmortal del rock español, y un disco que sirve perfectamente como testigo presencial de la mutación que sufrió aquello que se denominó La Movida y que en la segunda mitad de la década prodigiosa ibérica se había convertido en otra cosa, sus protagonistas en otras personas y el país en otro país.
Edi incide con prosa delicada y milimétrica en el meollo de la época, con opiniones y sensaciones sinceras y esculpidas con realismo y lejos de cualquier tipo de demagogia o tramposa diplomacia.
Como era de esperar, el libro va más allá de "Camino Soria" y habla de los medios de comunicación y la música -ese binomio que hoy tanto echamos de menos- las compañías independientes (que no indies), las multinacionales... En definitiva, una época que murió para dar paso a otra, menos bonita, menos bohemia, menos sincera, menos intuitiva, menos loca...pero que aún dejaba discos imprescindibles como "Camino Soria".
Hoy, y siempre, me quedo con "Como un pez", el glorioso tango-pop castizo y nostálgico que cierra la primera cara del legendario disco.
¡Feliz domingo!



sábado, 3 de marzo de 2018

Ben Arnold - "Sunday morning meltdown" (2018)


Recientemente, la superbanda de perfil bajo US Rails, ha pasado por España, plagando de conciertos y buenas sensaciones la piel de toro. Así lo dejamos claro en la reseña a propósito de su bolo de Bilbao, y en similares términos se refirieron colegas de rockerío que los disfrutaron en otras ciudades del estado.
Si bien es notorio que el cuarteto gringo practica un estimulante y muy ortodoxo sonido americana, no es menos cierto que en algunas coplas desprenden letanías mucho más pantanosas, souleras y tiernas. Esto es debido principalmente, a la aportación del teclista, vocalista y compositor (uno de ellos, los cuatro participan en estos lides): Ben Arnold.
Precisamente, la misma mañana del día del concierto me enteré que el bueno de Ben Arnold tenía nuevo disco en la calle, aún calentito pues había sido publicado en las primeras fechas de 2018, no me lo pensé y aproveché el concierto para comprarlo al final del mismo.
La adquisición la motivó lo mucho que me gustó su anterior álbum "Lost keys", publicado en 2016 y del que ya hablamos aquí.


Muy amablemente me lo firmó Ben Arnold y en un breve parrafito que mantuvimos me dijo: "Este es mejor que "Lost keys", estoy muy contento con él, ¡y no hay canciones de amor!".
El disco, titulado "Sunday morning meltdown" es nuevamente un excelente trabajo, repleto de soul y gospeld, de melodías diáfanas que se dejan querer y una producción, a cargo de Matt Muir, baterista de US Rails, que también se sienta en la banqueta frente a los parches en el disco y el propio Arnold, que aporta ortodoxia, ciertas letanías de ceremonia evangélica propia de Nueva Orleans y la serenidad que precisan unos textos como los que ha elaborado Arnold en esta ocasión.
Pronto constaté que como me comentó el propio autor, no hay canciones de amor en el elepé, pues sus textos son una sucesión de cantos de fuerte espiritualidad, de tono religioso en algunos casos y reflexivo o de pensamiento en otros, y acometidas de corte político.
Si bien es cierto que al primer contacto el nuevo cancionero adolece de la inmediatez del precedente, no es menos evidente que las sucesivas escuchas le sientan de maravilla y que tras unas cuantas, los temas, y en especial el conjunto van ganando terreno para asentarse y resultar más sabroso y con una brillante pátina de permanencia, por lo que finalmente resulta superior a "Lost keys".
Formado en su totalidad por temas de medio ritmo, y esto cuando más acelerado se muestra el amigo Ben, salvo en algún arrebato soul-festivo como el corte que cierra el disco: "I'll see you there" o la ardorosa: "Hellfire". Estos tiempos empastan a la perfección con la cualidad tímbrica de Arnold, poseedor de una arenosa pero bonita voz.
Además, el caldo se adereza con unos estupendos coros, hammonds, pianos, sección completa de viento, armónicas, congas, acústicas, eléctricas...
Un compendio de canciones en busca de un mantra positivo, sanador y que clama por la paz y la reivindicación a partes iguales.
Trackslist equilibrado, sin fisuras y momentos álgidos como las preciosas: "Driving to find Jesus" y "The bridge".
En resumen, un muy buen disco de este entregado artista oriundo de Philadelfia, que sintió la inspiración tras visitar el coro del reverendo Al Green y que provoca estados de bienestar e invita a la reflexión, cosas que pueden resultar beneficiosas en estos tiempos que corren.



viernes, 2 de marzo de 2018

2X1 - "This wheel's on fire" - The Band/Frank


 












A propósito del último álbum de Frank, aprovechando la novedad, y sobre todo, teniendo en cuenta que hoy no tenía un servidor nada que publicar (semana un tanto liada), rescato la sección 2x1 para sugerir una de esas, nada odiosas, comparaciones musiqueras que de vez en cuando se me ocurren.
Si habéis leído la reseña anterior, en la que hablábamos un poco del nuevo discarral de los donostiarras, ya sabréis que se lanzan con un cover del temarral que Bob Dylan y Rick Danko compusieron al alimón para que formase parte de esa obra maestra titulada "Music from big pink".
Los que estuvieron en el vals de Frías en los primeros días de julio de 2016, ya escucharían la revisión que del mítico tema tenían en mente los chicos y la chica de Frank.
Pues la llevaron al estudio y quedó... bueno, escucharla y vosotros opináis sobre el resultado. Creo que sobra comentario alguno sobre la criatura que parió The Band en 1968.
Vamos allá, con "This Wheel's on fire".