martes, 27 de febrero de 2018

Frank - "Atlas" (2018)


Podríamos decir que "Atlas", el nuevo disco del cuarteto donostiarra Frank, es el resultado de un 'proceso lógico' de maduración musical al que la banda llega después de "My wild kingdom" (2014) y "The mud and the thirst" (2016).
Podríamos decirlo, y lo decimos de hecho. Pero yo creo que en realidad es algo más: da la sensación, tras escuchar más de una veintena de veces el disco, que en "Atlas" esa progresión se ha saltado algún paso de ese 'proceso lógico' al que hacía referencia. Es como si de golpe y porrazo entre su última intentona de 2016, y este nuevo cancionero, no hubiesen transcurrido dos años sino algunos más. 
La consolidación del sonido en este nuevo álbum es tan rotunda que no parece que falte ni sobre elemento alguno en el mismo. Tampoco es que el salto sea tal, que desbarate la imagen que del grupo todos teníamos, ni mucho menos, sigues reconociendo a Frank en cada una de las nuevas canciones, son ellos, no hay un cambio de registro ni de personalidad. Pero algo es diferente, una cualidad en el sonido, la melodía, la producción, los textos... en el conjunto en definitiva, como si hubiesen encontrado el Santo Grial de su sonido, cuya búsqueda iniciaron hace unos años. Afirmo esto porque lo aquí registrado suena joven y lozano, al tiempo que elaborado y maduro, lo que hace que la fórmula no solo mantenga el tipo sino que se intuye aún joven y con margen de cara al futuro.
Desde luego todo esto se consigue gracias a una serie de factores previos a la entrada en los estudios, es decir, gracias a una claridad de ideas a la hora de componer y escribir las canciones, clarividencia que continua en la programación de los pasos a seguir y por supuesto en el estudio, pues la producción, brillante, a cargo de Älvaro Turrión (quién se encarga también de las teclas) denota esa fe y confianza en lo que se pretendía, y finalmente, y sin ningún tipo de duda, se consigue.


He comentado por ahí, que el disco me suena más americano, y lo mantengo, no siendo esto ni un elogio ni lo contrario, por otra parte. La incursión de hammonds, pianos, vientos o violines, sin ser algo que defina el sonido, lo cierto es que lo enriquece, lo nutre de matices sin resultar cargante o excesivamente barroco (este adjetivo no es aplicable en modo alguno al sonido de Frank).
Me llegan ciertos acentos al tío Neil de "On the beach" o "Harvest moon", y da la sensación de que el disco es un poco menos folk, y un poco más rock.
Tal vez las guitarras eléctricas de Iñigo Bailador, que crecen ante las acústicas de Sara Comerón, sean responsables de este efecto, además el tratamiento eléctrico se hace más contundente y sabroso. La base rítmica cuenta con un tándem que ya ha demostrado su solvencia: Christian Rodriguez (bajo) y Andoni Etxebeste (batería) son claves en el pulso de los temas.
Pero es la voz de Sara la que se sitúa en el epicentro de todo, delicadeza, fraseo, timbre, emisión y un gusto exquisito, pero creo que por estos lares todos sabemos que trato de explicar, y cada cual lo percibe a su manera.
Y las canciones, claro, estas también crecen exponencialmente, resultando más sólidas y sin perder frescura, el disco es aceptado desde la primera escucha. Un tracklist excelente y variado.
Encontramos temas de fuerte pegada, como el single de lanzamiento "Total blackout" de encendido pálpito e indómitas guitarras.



En esta tónica, con más rock que folk, se desarrolla también "The necromancer", de excelente linea de bajo. Nos encontramos temas que se deslizan de modo sutil por un impulsivo pop melódico sin perder folk: "You can, you say" o "Captain, captain", más adherida al sonido "costa oeste", con unos ácidos teclados.
Susurrante, sugestiva y acústica: "Mysteries of a dream" y mística, elegíaca: "Atlas". Nos retrotraen indefectiblemente a Frías, al Castillo y al Vals con la incisiva, personal y extraordinaria versión de "This wheel's on fire" de The Band, tras la cual nos mecen en las bonitas estrofas de "9 acres", fronteriza y crepuscular.
Y en la recta final nos encontramos los momentos más especiales, cierran con un folk lírico, lento, acústico, que de repente se ve rasgado por la electricidad de la guitarra de Iñigo, de forma rotunda pero al tiempo acariciadora: "Veils".
Pero antes, dejan desprenderse de algún lugar del cosmos, una copla de esas que no son fáciles de describir, porque atesoran magia, encanto, dulzura... mejor la escuchan ustedes y me dejo de chachara, ¡ah! se titula "Liquid and stone".

Frank es una de las bandas del Vals, eso ya hace de ellos un grupo aparte, una debilidad, como todos los que en el verano de 2016 esparcieron su arte en el interior del castillo, y yo no tengo porqué eludir esa realidad. Pero les aseguro que Frank ha facturado un disco excepcional, hermoso, rotundo y emocionante, su mejor obra hasta la fecha, sin duda. no se lo pierdan.

Este disco se puede escuchar y adquirir en su bandcamp, en la tienda digital del grupo (pinchar), en las plataformas digitales habituales y en el FNAC de Donosti y Bilbo.

lunes, 26 de febrero de 2018

Los lunes... escenas de cine - "El buscavidas"


Un servidor, cuando era joven, solía jugar al billar francés habitualmente. Adoraba, y adoro ese juego, me encanta esa mezcla de física y geometría que es necesario sortear en las proporciones justas para hacer mapas sobre el tapete y conseguir carambolas, hasta el sonido del taco contra la bola, y de las bolas entre si me gusta.
Hablo en pasado de esa afición, que practicaba y dominaba, pues era un buen jugador, porque desde hace años, al menos en Bilbao, es prácticamente imposible encontrar una mesa de billar francés, y en mi casa como que no.
Después de esto, es fácil comprender que el film de 1961 dirigido por Robert Rossen, "El Busavidas", sea una película por la que así de primeras tengo una especial predilección.
Pero no es únicamente las escenas que se desarrollan sobre la mesa lo que me gusta del film. Se trata de una película excelente en todos los aspectos. Hay personajes inmortales, como el abyecto Bert Gordon interpretado por George C. Scott, el flemático Gordo de Minessotta al que dio vida Jackie Gleason, por supuesto Eddie Felson, un genio del billar pero un perdedor nato en la vida, una de las mejores caracterizaciones de Paul Newman y la desvalida y luchadora Sara, frágil y perdida en un mundo oscuro y sórdido, Piper Laurie da vida a este tierno personaje.
La búsqueda de la fe en si mismo, lleva a Eddie por un camino de miserias personales, turbiedades morales y a verse extraviado en un laberinto de emociones y encerronas de la psiquis que no es capaz de paliar sobre la mesa de billar, el miedo a ganar, en la mesa y en la vida, es el auténtico dominador de la voluntad de Felson.
Magnífica película, con impresionante fotografía. Última de Rossen, quien fue despreciado por sus colegas tras el chivatazo durante la execrable caza de brujas de aquél fanático repulsivo que fue McCarthy.
Pasamos la semana con Eddie Felson y El Gordo de Minessotta en la cabecera del blog.
¡Feliz semana!

domingo, 25 de febrero de 2018

Los domingos photosong - Danny & The Champions Of The World - "Clear Water"


En nada, empieza la gira de Danny & The Champions of the World por España. Como es habitual, al ser entre semana, me veo haciendo cábalas para cuadrar la fecha y la hora con los horarios del curro. La verdad es que no se si podré asistir o si me tocará perderme el bolo bilbaíno del gran Danny.
Esta semana que entra tendré que cuadrar el tema, haremos lo posible para no faltar a la cita el próximo día 9 de marzo en el Antzoki. Por si acaso, para esta mañana de domingo me he sacado algo de material Champ.
¿Qué tal si empezamos con el estupendo "What kind of love"?. Me parece el disco con más sol de Danny, y hoy en Bilbao, ¡luce el sol!.
Vamos con uno de los temas destacados, a mi entender, de este álbum: "Clear water" en esta versión en vivo, desprovista de vientos pero con un encanto muy especial.
¡Feliz domingo!



sábado, 24 de febrero de 2018

Gene Clark & Carla Olson - "Gypsy rider" (1987)


Cuando en 1987 Gene Clark registra junto a Carla Olson el exquisito larga duración: "So rebellious a lover", hacía ya más de veinte años desde que había decidido abandonar el grupo con el que alcanzó la fama y el éxito que durante el resto de su carrera, el destino le negó.
Clark abandonó The Byrds en marzo de 1966, justo cuando la banda iniciaba la grabación de su tercer disco: "Fifth dimension". Gene fue el líder compositivo en aquellos primeros años de vida del grupo californiano, al que según se dice, abandonó debido a su pánico a volar, cosa que la popularidad de la banda hacía obligatorio para poder cumplir con todos los compromisos que tenían.
Después de este episodio, la carrera de Gene Clark fue un tortuoso camino de desilusiones, fracasos y sinsabores que hoy, revisada su obra, resulta algo incomprensible y cruelmente injusto.
La falta de suerte, o de una promoción adecuada, o tal vez, de sentido de la oportunidad, pudieron ser las causas de esta debacle. Lo cierto es que cuando, en 1967, Gene debuta en solitario con una delicatessen como "Gene Clark with The Gosdin Brothers", disco de melodías íntimas y deliciosas, con armonías vocales milagrosas, influenciado por los primeros The Beatles, o un año después, junto al virtuoso del banjo Doug Dillard, graba "The fantastic expidition of Dillard & Clark", excelente elepé bluegrass con esencias folk y country-rock; el mundo miraba a la música a través de cristales de eléctricos colores, en clave de psicodelia. Igualmente en 1971, el hermoso "White light", una maravilla folk con voz, acústica y armónica no parecía oportuno, los vientos soplaban espoleados por las rudas guitarras de Led Zeppelin y Deep Purple, el southern rock y el blues-rock. En cambio, cuando en 1974, la psicodelia dormía el sueño de los olvidados, y los discos barrocos no tenían sentido, nuestro amigo se zambulle en suntuosidades sónicas con el elaborado y ambicioso (pero extraordinario): "No other".
Ni siquiera quiso la diosa fortuna ser generosa con él, cuando en 1973, se reune con sus viejos compañeros de The Byrds para facturar el último disco del grupo, de título homónimo, pero que no reverdeció viejos laureles. Tampoco los dos discos grabados junto a Chris Hillman y Roger McGuinn (1979-1980) supusieron un cambio radical en la suerte de Gene Clark.
Por todo ello, en 1987, y por un encuentro más bien casual, Gene se confabula con la cantante de los Textones, Carla Olson, para grabar el que a la postre sería su último disco de estudio: "So rebellious a lover".
Aquí, un desencantado Clark, nos ofrece junto a su compañera, un disco crepuscular, acústico, folk y country; un trabajo de camino y granero, de olor a heno y sabor a pan de maíz y licor de zarzaparrilla; un cancionero en el que, en muchos momentos, manda la melancolía y el rumor de la tristeza.
De entre todas las coplas que lo conforman, destaca en mi opinión, la composición de Clark: "Gypsy rider": "un maravilloso tema de encendida melodía, melíflua y de exquisitos contornos. Un canción triste, de carretera, la odisea de un vagabundo que ha perdido a su chica, y sabe que el horizonte desconocido es su destino. Pero se trata de una odisea con una inigualable sensación onírica, como si la historia, el sonido de las acústicas mecidas por la steel y casi susurradas por Clark, escapasen de un sueño, del sueño raquítico de un hombre sin esperanzas, como el último reducto de pena de un moribundo".
Siempre me emociona, casi, me sobrecoge, me pone triste, y sin embargo, me hace albergar esperanza a propósito del perdedor que la protagoniza, pues alguien que canta algo tan bello, tiene por fuerza, que tener suerte algún día.
Gene Clark no la tubo, y en mayo de 1991, con 46 años, murió antes de acometer un nuevo proyecto musical en solitario, y repetir en un nuevo disco con Carla Olson. Las pérdidas, los fracasos en lo profesional y en lo personal, hicieron de Gene Clark una persona enferma, de espíritu vencido, sus adicciones hicieron el resto, y nos dejó, sin saber que hoy, muchos hemos revisitado su legado, y nos empeñamos en situarlo donde corresponde, a la altura de los grandes, pues Gene Clark fue, sin él saberlo, uno de los más grandes y sensitivos compositores que han existido.



Texto publicado en el estupendo blog Musicae Memorandum, como aportación personal al quinto aniversario de los amigos de este blog, y que ahora comparto aquí, para desde casa felicitar a Musicae Memorandum.

jueves, 22 de febrero de 2018

Barrence Whitfield visita España el próximo mes de mayo-


No hace mucho que ha pasado por estos lares nuestro querido Barrence Whitfield. En su última visita venía acompañado de los magníficos Mambo Jambo, en lo que fueron unos bolos excitantes y sumamente divertidos, según cuentan los afortunados que pudieron asistir.
No se ha hecho esperar el grandullón de Barrence, y anuncia un nuevo tour por aquí para el próximo mes de mayo.
Sin duda, se tratará de unos conciertos que elevarán la temperatura del mes de las flores, pues en un concierto de esta bestia parda, si hay algo que no falta, es calor, energía y rock-soul-garaje de alto no, altísimo octanaje.
Eso si, en esta ocasión viene acompañado de su banda habitual, los frenéticos The Savages, en lo que será su tour europeo. Toca disfrutar, aprovechemos la ocasión.
Listado de fechas, ciudades y salas que tendrán la suerte de contar con Barrence Whitfield & The Savages.

Jueves 24 de mayo de 2018: Barcelona, Sala UpLoad 
Viernes 25 de mayo de 2018: Alicante, TBA 
Sábado 26 de mayo de 2018: Maeztu (Vitoria- Gasteiz), Mendialdea Music Festival 
Domingo 27 de mayo de 2018: Madrid, Sala El Sol 
Lunes 28 de mayo de 2018: Granada, Sala Planta Baja 
Martes 29 de mayo de 2018: Sevilla, Sala X 
Jueves 31 de mayo de 2018: Donostia, Kutxa Kultur Kluba.

The Lost Brothers - "Halfway towards a healing" (2018).


No sabía de la existencia de The Lost Brothers, lo admito. Ha sido hace cosa de unas semanas que he empezado a escuchar este nombre de manera recurrente. ¿El motivo?, la publicación de un nuevo disco del dúo irlandés formado por Mark McCausland y Oisin Leech titulado: "Halfway towards a healing".
Quinto trabajo de su carrera y yo mirando para otro sitio. Finalmente arribamos en la orilla de sonidos y emociones de esta pareja, que en esta ocasión, primera para el firmante de esta reseña, dejan, bajo producción y colaboración de Howe Gelb un ramillete de emocionantes, etéreas y esbeltas coplas, de esas que nos apaciguan de las agitaciones propias de estos días que vivimos.
Con influencias que entroncan el folk primitivo de Pete Seeger o Woody Guthrie con el country seminal de Hank Williams y Townes Van Zandt; el pop iniciático de The Everly Brothers con artistas de la onda acústica y susurrante del tipo Doug Paisley o el recientemente desaparecido Bap Kennedy.
Por sus composiciones merodean, además de guitarras acústicas, vientos y metales que aportan frontera y crepúsculo, acordeones repletas de melancolía, armónicas paisanas, pianos que suenan a arte sencillo e íntimo, voces que sin pretensiones cautivan, acariciadores violines... todo un manjar: sencillo, sin aparatosidades, pero de un sabor inequívocamente cercano y eterno a la vez, sabor a 'la vida misma'.


Nos encontramos pellizcos jazzisticos en la trompeta de la hermosa "Summer rain". Armonías que evocan a la nostalgia que viaja en el viento en la inicial "Echoes in the wind", de evidente aire irlandés. Sentimientos fronterizos en la instrumental "Rains of ruin", alusiones sónicas a Simon & Garfunkel en "Where the shadows go" o ligerezas folk de tono parlanchín en "Cry for a sparrow".
Componen junto al también irlandés Glen Hansard la bella y diáfana pieza acústica: "More than I can comprehend" y encandilan con Howe Gelb recitando una pieza repleta de encanto y sencillez titulada: "The ballad of The Lost Brothers".
"Halfway towards a healing" es más densa, más punzante; "Songs of fire" es palpitante, onírica; "Iron road" es un country de camino y paisaje; "Nothing's going to change me now" es delicada, sincera y con ese aire de poniente acariciándola con una línea de cuerda.
Hay más: "Come tomorrow", que me recuerda al canadiense Doug Paisley y el bonus track, una preciosa pieza de baile, de salón, el otro instrumental que cierra brillantemente el disco, y que lleva por título: "Gabriel at midnight".
En tiempos tan frenéticos, rabiosos, amargos y cetrinos como los que vivimos, "Halfway towards a healing" es un buen refugio, un descanso para entornar los párpados y dejarse llevar por ecos del pasado, sueños a los que aferrarse y esa utopía global llamada paz; aunque algunos seguimos buscando porciones de ella, aquí, hay alguna.
Bandcamp donde poder escuchar y adquirir "Halfway towards a healing", pinchando aquí.



martes, 20 de febrero de 2018

Los fantasmas de los Olabe - Las paranoias de Addi.


En 1981, Iñigo Olabe era un niño de once años. Para él, Franco era el asesino de su abuelo Martín. Sabía que aquél señor no dejaba a sus padres ni a sus tíos hablar en euskera, y que los perseguía si lo hacían. Le habían contado que Franco quería vengarse del tío Alejandro porqué era alcalde de Trapaga tras ganar las elecciones municipales de 1931, militando en el PNV, y que al final lo consiguió metiéndole en la cárcel durante diecinueve años, para devolvérselo a la tía Justa medio muerto, aunque él decía que demasiado vivo, y casi ciego.
En 1981, para Fernando Pacheco, de también once años, Franco era el señor cuya foto, el decrépito don Bruno volvía a colgar de la pared del aula día tras día, años atrás, antes de jubilarse, retirando y encerrando en un cajón la del nuevo rey. Aquél viejo y sádico profesor decía que el caudillo siempre sería el jefe del estado, y no aquél mequetrefe de Juan Carlos I.
El padre de Fernando era un trabajador del sector del metal que llegó a Bilbao desde su Segovia natal en los finales sesenta, y siempre evitó problemas políticos y sindicales.
Cuando Iñigo y Fernando empezaron la EGB cinco años atrás, el orden alfabético quiso que compartieran pupitre. Desde aquél día se hicieron inseparables, amigos, confidentes, casi hermanos.
Tan colosal era aquella amistad que los padres de ambos terminaron conociéndose, y a pesar de las diferencias ideológicas y culturales, se hicieron amigos.
Al llegar la primavera de aquél año, y recuperados del susto del 23-F, Ángel y Amaia, los padres de Iñigo, invitaron a Fernando a pasar un fin de semana en el caserío de la familia paterna, en el pueblo de Villaro.
El viernes, después del colegio recogieron a la pareja, que se pasó el viaje imaginando las mil aventuras que les esperaba aquél fin de semana en los bosques que rodeaban la casona.
Cuando llegaron, Fernando se sintió intimidado por el lugar; el caserío se incrustaba en la tierra desafiando a la pendiente. Se alzaba a la orilla de un camino sin asfaltar que conducía al monte Gorbea, que parecía vigilarles a todos desde las fantasmagóricas alturas nebulosas. Le llamaron la atención las ventanas de madera, pequeñas y pulcramente pintadas de verde, igual que el portón, rústico, de doble cuerpo de roble y que, como pudo comprobar, nunca se cerraba con llave. Piel de piedra coronada por un tejado de tejas marrones, casi negras y que protegían el austero interior del frío y la lluvia, aroma a fuego y humo, y el rumor de las piñas que crepitaban en la chimenea danzando con el fuego, le pareció el lugar más remoto de la tierra.


Les recibió Elvira, la abuela de Iñigo, Fernando sintió un estremecimiento que le recorrió la espina dorsal como si una hormiga calzada con cuchillas desfilase por su espalda. La imponente figura de la matriarca le sobrecogió, entonces pensó que nunca había visto una mujer de mayor tamaño, como una montaña, el rostro esculpido por el dolor y la dignidad, duro y cortante, pero de limpio cutis, terso y tirante, el pelo pegado al cráneo, blanco y recogido en un moño y una mirada gris, como de cemento.
Vestía totalmente de negro, y poseía una voz varonil, fría y segura, que marcaba distancias con sus vecinos y con el miedo, que nunca pudo someterla. Ni en los peores días, cuando la guardia civil la llevaba, en medio de la nevada nocturna al cuartelillo de La Salve en Bilbao para preguntarle por su marido, desaparecido desde el 36, o por su cuñado Raimundo, pensaban que estaban vivos y refugiados en la provincia, y sospechaban que ella sabía donde se escondían, y que les ayudaba con comida y abrigo. Están muertos, vosotros los matasteis durante la guerra, y no sabemos en que cuneta los enterrasteis, como a perros, respondía sin que el temblor se filtrase en su laringe. Ni los golpes, ni los insultos, las amenazas y la oscuridad lóbrega de la celda pudieron con la voluntad y el odio de Elvira, pero su rostro, hermoso y amable cuando casó con Martín a los dieciséis, no volvió a sonreír jamás.
El sábado, tras el desayuno, Iñigo y Fernando fueron a jugar, Iñigo le enseñó su mundo del pueblo, íntimamente adherido a los recuerdos de los Olabe, a la guerra y a los fantasmas de la familia. Le relató historias de la guerra, eran una estirpe de héroes, de gudaris, eso si, casi todos muertos antes de alcanzar la treintena.
Acurrucados en el pajar, frente al caserío, observaron a la abuela como daba de comer a las gallinas, acarreaba pienso y cortaba astillas para la chapa con un hacha negra y aterradora, imaginándose que cercenaba el cuello del cabo Julio Mas, que llegó al pueblo un mal día del otoño del cuarenta, para quedarse a esparcir miedo y maldad entre los habitantes de Villaro, mayormente viudas y madres de luto perpetuo sin ganas de continuar vivas. Un buen día, el aún joven cabo, apareció muerto, en una cata, en la zona minera, con la cabeza abierta y el rostro desfigurado a base de golpes y patadas, nunca se supo quién, o quienes fueron los responsables. Pero una noche de enero, antes de irse al averno, en un interrogatorio en la casa cuartel de Zeanuri, aquél miserable violó, golpeó y humilló a Elvira entre las risas y los tragos de aguardiente de sus esbirros, como no la pudo arrancar ni una palabra, la echó a golpes, pateando su espalda y sus piernas con sus botas de puntera metálica. La dejó tirada, medio desnuda y con la nariz rota, abandonada en medio de la ventisca, al cuidado de los lobos.
Iñigo llevó a su amigo a pasear por el bosque, hayas, robles y encinas se turnaban en una orografía dura, terrosa y espectral. Le llevo a su lugar favorito del bosque, a las trincheras, que aún se alineaban entre los sauces y los pinos. En aquellas trincheras habían luchado sus tíos y su abuelo Martín, y tal vez, allí dejaron este mundo. A su abuelo lo dieron por muerto en el año cuarenta y seis, aunque realmente no se sabe que le pasó. En un montículo que dividía la trinchera en dos, se observaba un espacio más profundo, como un círculo perfecto cavado en la tierra, es la trinchera donde se ponía la ametralladora rusa Maxim PM 1910 que disparaba el tío Alejandro, los ojos del joven Íñigo brillaban de emoción y orgullo al contarle las viejas leyendas de la guerra de los Olabe. Fernando escuchaba absorto, deseaba conocer más detalles.
Llenaron la trinchera de piñas, que después disparaban, convirtiendo sus cuerpos en morteros, contra un enemigo invisible, para ambos, aquello significaba la venganza por la desaparición del abuelo Martín, la ceguera del tío abuelo Alejandro, el fusilamiento de Raimundo, el exilio de los primos Goio y Sebas, que nunca regresaron ni escribieron. Con sus piñas intentaban ganar la guerra interminable contra los rebeldes fascistas, la que nunca termina.
Exhaustos, tras una dura pero victoriosa batalla, se dejaron caer contra la tierra dura y arcillosa. De repente, paseando por la trinchera, silbando una triste tonada y como flotando entre las paredes de tierra, rociado por un polvoriento rallo de sol de primavera que se colaba entre las ramas de los pinos, se acercó un hombre que parecía llevar un millón de años solo. Su rostro indicaba las incontables penas que le habían infringido las muchas décadas que sin duda arrastraba a su espalda, junto a la mochila, el fusil y los recuerdos. Era como una visión del pasado, el espectro de un republicano perdido en la noria de la historia, siempre girando sobre los mismos dolores, las mismas penas, las insuperables pérdidas.
Vestía un roído uniforme del ejército rojo, unas botas agujereadas y un anillo de bodas que no dejaba de meter y sacar de su esquelético dedo anular. El rostro calloso, las briznas de pelo color nicotina que asomaban por los laterales de su gorra, y unas lágrimas congeladas en sus ojos castaños les asustaron primero, para después causar en los niños una infinita aflicción.
Les sonrió con una boca escuálida y negra, y para ganarse su confianza, saco unas avellanas del bolsillo y les ofreció unas cuantas a cada uno. Las comieron juntos, utilizando una piedra para romper las cáscaras, y pronto sintieron curiosidad.
Les contó que el mundo se detuvo cuando los nacionales tomaron la comarca. Alguien les traicionó, nunca se supo quién, algunos huyeron monte a través y se reunieron con el tercio de Aragón, donde también fueron emboscados. Terminaron, hambrientos, y nuevamente traicionados, perdiendo Madrid, no sin antes luchar contra el ejército de desleales del judas Segismundo Casado, muchos fueron fusilados, otros encarcelados y abandonados al dictado temporal del hambre y las enfermedades, otros consiguieron salir de España. El se salvó, aunque no sabe cómo. Desde entonces vivió en los montes, solo, soñando con volver a casa, esperando que ya no le buscasen, que no le odiasen, pero cuando eso ocurrió, si es que alguna vez ocurrió, ya no sabía vivir de otra manera ni tenía valor para intentarlo. Lloraba, besaba su alianza, miró a los dos críos, con una desoladora expresión de certeza de que sería la última vez. Ellos le observaban emocionados y tristes, con encendida amargura, pero con un amor que no sabía negociar, les imploró que fuesen siempre libres, que no permitiesen que nadie les arrebatase la libertad. Revolvió el pelo duro y negro de Fernando y besó a Iñigo, una vez, dos, tres, muchas veces.

Y sin decir más, se fue, flotando por su trinchera, errante, silbando su triste canción, como una aparición de un pasado detenido en la memoria de muchos.




lunes, 19 de febrero de 2018

Los lunes... escenas de cine - "La Huella".


Se decía de las películas de Joseph Leo Mankiewicz que se podían entender perfectamente sin necesidad de mirar a la pantalla, sólo escuchando a los interpretes. El film de este lunes: "La Huella", es un claro ejemplo de esto.
Última película del gran realizador estadounidense, basada en una obra teatral del gran Anthony Shaffer. Duelo interpretativo colosal entre dos de los grandes de la escena británica: Michael Caine y Lawrence Olivier.
Un estrafalario escritor de novelas de misterio vive en una barroca casona repleta de juguetes, autómatas mecánicos y juegos de enredo e ingenio. Invita al amante de su mujer, con la que quiere casarse, para tratar con él aspectos del divorcio.
Finalmente le propone, con el fin de eludir pagar la pensión a su (según él) egoísta y avariciosa esposa, fingir el robo de unas joyas y recibir el nuevo matrimonio la indemnización del seguro. Las cosas no son lo que parecen y el juego se va haciendo peligroso y humillante.
Magnífica película, con estupendos decorados de la casa del escritor y excelente música de John Addison.
Nos quedamos con el ambiente rococó de "La Huella".
¡Feliz semana!

domingo, 18 de febrero de 2018

Los domingos photosong - JJ Cale - "Cajun Moon".


Mañana dominical que empleo a la calma tras la tempestad. Dejamos atrás una mañana-tarde-noche de comida y cervezas con grandes amigos (aunque la edad nos obliga ya a recogernos pronto), el domingo lo empezamos con un buen desayuno, un rato de lectura y ahora, a pinchar algunos discos.
Revisando en la estantería he visto este "Okie" que firmó en 1976 el inolvidable J.J. Cale, me detengo en el primer tema de la segunda cara, este "Cajun moon" con el que uno se da cuenta de que Mark Knopfler debería pagar derechos de autor a los descendientes y familia de el gran predicador del rock y el country de Tulsa.
Seguimos recuperando los biorritmos con el gran J.J. Cale y este "Cajun moon", que escuchamos en una estupenda toma en vivo de 1990.
¡Feliz domingo!



sábado, 17 de febrero de 2018

Sitcom Neighbor - "Shag" (2017).


Incomprensiblemente este disco que hoy traemos aquí pasó desapercibido para prácticamente todo el mundo el pasado año. También para un servidor, que lo descubrió de casualidad con el nuevo curso ya iniciado. El impacto que causó en mi fue considerable, y debo decir que el disco empezó a sonar a todas horas, sigue haciéndolo, y creo que se va a quedar conmigo de forma permanente.
Sitcom Neighbor es un proyecto procedente de L.A. y formado por el cantante y compositor John Murphy y el productor y multi-instrumentista Steve Refling.
"Shag" es el tercer larga duración del grupo, que tras cada disco deja una alargada estela de deslumbrantes críticas y elogiosas reseñas que contrastan con la escasa repercusión que consiguen sus trabajos.
Fans de The Beatles, The Kinks o Elvis Costello, es evidente que el pop de los sesenta es el punto de partida y cimiento sónico de su estilo, que se va enriqueciendo con aportaciones setenteras de gente como Big Star o Badfinger para llegar a la edad del resurgimiento del power-pop, los noventa, recogiendo esencias de bandas como The Posies o Teenage Fanclub.
Es por tanto otra banda de melodías diáfanas, encendidas y optimistas, de guitarras radiantes y estupendas armonías vocales, con algunas gotitas lisérgicas. Solventan cada corte de este maravilloso disco en aproximadamente tres minutos, condensando en este minutaje tanto jugo que el frescor que rezuma cada tema es ciertamente delicioso y sorprendente.
Pero para muestra un botón, y si les parece acerquen las orejas, eso si vía Spotify, (no hay otra) a este preciosísimo tema titulado "Tourist attraction".



Pero no es esta joya el único momento susceptible de deleite, en el tracklist sobran argumentos para enamorarse de este cancionero. Se aconseja no perderse algunos momentos en los que se sienten los ecos psicodélicos de los Fab Four como "Pimpmobile", sugerentes acústicas que bordean el folk: "Insomnia" o esencias beatlemanas tan deliciosas como "Let me be your man".
No faltan guitarras rugientes en powerpops de alto octanaje, sírvanse si gustan, detener su camino en temas como "You turn next""Love you like crazy" o "Lucky day".
Difícil no adorar bellezas melódicas de intenso lirismo como este "Goodbye".



No oculto mi emoción cuando de elogiar este álbum se trata, pues en cada giro sónico nos ofrece una nueva y refrescante copla, aquí con acústicas y teclas: "Deserve", allá con riffs ardientes que se funden con voces primorosas: "No one really knows" o acullá con psicodelía bañada por las aguas del Pacífico: "Anything".
Me van a permitir que les recomiende encarecidamente este disco, pueden escucharlo en Spotify y adquirirlo en el siguiente enlace: Sitcom Neighbor, y en las plataformas habituales.
Creo que merece la pena... y mucho.

viernes, 16 de febrero de 2018

Stone Foundation, gira española en marzo.


La formación inglesa de soul Stone Foundation visitará España proximamente, más exactamente en el mes de marzo y dentro de su tour europeo 2018.
En esta visita, la multitudinaria agrupación presentará su último disco hasta la fecha, publicado hace casi un año y con producción de Paul Weller, que lleva por título: "Street rituals".
Es una magnífica oportunidad para comprobar in situ, si es cierta la fama de excepcional directo de que goza este grupo.
Aportamos la relación de fechas, ciudades y salas que tendrán la fortuna de recibir la visita de los estupendos Stone Foundation.

8 de marzo:  Madrid - The secret social club.
9 de marzo:  Vitoria - Helldorado.
10 de marzo: Santander - Escenario Santander.
12 de marzo: Granada - Planta baja.
14 de marzo: Sevilla - Sala X.
15 de marzo: Zaragoza - Las Armas.
16 de marzo: Valencia - Loco Club.
17 de marzo: Barcelona - Upload.

jueves, 15 de febrero de 2018

Guttercats - "Follow your instinct" (2018).


Aunque por lo que he leído por ahí, hoy, 15 de febrero, es el día que se pone en circulación el nuevo disco de Guttercats (cuarto larga duración de la formación liderada por Guts Guttercat), gracias a la generosidad de los parisinos, hace varias semanas que este "Follow your instinct" está sonando -a todo trapo- en casa.
La formación gala consigue con esta entrega su obra más redonda, más cohesionada y equilibrada. Con una mayor carga eléctrica y unas melodías perfectamente perfiladas no pierden personalidad y ganan en suntuosidad. Siguen la premisa sónica que les lleva a practicar un rock and roll de actitud, con claros referentes y cierta esencia glam, así como algunas resonancias nuevaoleras.
Una producción incisiva que amplifica los efectos melódicos y sónicos con la incursión de diversos instrumentos: órgano, piano, armónica, saxo, alto (violín de la época renacentista, para música de cámara).
La variedad es también un activo en este catálogo, apuntando alto en cualquier extremo tocado.
Desde temas estimulantes y de ferviente estribillo como "A trip down memory lane" o la más lóbrega "(Beyong the limits) before I die"; pasando por momentos dominados por acústicas y eléctricas mucho más amables y luminosas, como en la excelente: "I wonder". 
Pero destacan, en opinión de este escriba, algunos puntos francamente álgidos, con solemne construcción sónica: "Follow your instinct", la opulenta: "No remorse, no regrets", un suculento manjar glam de violines y saxos; y especialmente la extraordinaria: "Don't cry on my sholdier", nostálgica balada de emotividad creciente y victoriana con egregios coros y los habituales sonidos (en este álbum) de cuerdas renacentistas.



Completan un tracklist sin fisuras, la atmosférica, de aires new-wave "Down in the hole"; la diáfana pieza: "Sweet little sister" de esencia ochentera y saxo encendido, como una especie de soul-blanco.
La rugiente guitarra glam de "I promise you"; y el atípico toque que una armónica le da a un tema de intrépida melodía titulado "On the road" y que cierra el recorrido por este álbum.
Queda, eso si, un cover del tema que bautiza el disco, una visión sombría y acústica de gótica atmósfera, cantada con cavernosa voz, y de forma excelente (como en todo el elepé) por parte de Guts.
Guttercats completa un disco definitivo, su mejor obra en mi opinión, con una apuesta un tanto más gótica y glamourosa, sin perder atributos y pariendo unas canciones que se dejan querer primero, y desear después. Un disco excelente que pronto podremos disfrutar en vivo en España, como ya adelantamos aquí.
Este disco se puede adquirir y escuchar en el siguiente enlace de bandcamp: Guttercats.

martes, 13 de febrero de 2018

Concierto: Us Rails, Nave 9 del Muséo Marítimo de Bilbao, 11/02/2018


La del domingo fue mi primera experiencia en el auditorio de Nave 9, dentro de las instalaciones del Museo marítimo de Bilbao. La experiencia fue positiva, se trata de una sala de unas dimensiones óptimas para lo que son la mayoría de los aforos que en cuanto a conciertos se celebran hoy por estos lares. Buena acústica, todos de pie y una acogedora decoración en madera, con un recoleto pero suficiente escenario, me gustó.
No era, en cambio, mi primera vez con US Rails, aunque creo que si fue la mejor. Se podría denominar a US Rails como una superbanda de perfil bajo, pues a pesar de que sus miembros presentan largas y meritorias carreras en solitario, no son sus trayectorias de las que, por un motivo u otro, hallan alcanzado la atención general y mediática que es posible que merezcan.
No obstante, llevan años simultaneando carreras en solitario con discos conjuntos, y continuas giras alrededor del mundo.
Y es que en directo, los US Rails son francamente imponentes, mantienen un buen repertorio que interpretan con una solidez impoluta, gracias a sus evidentes dotes como instrumentistas, y sus excepcionales voces, imposible que no encandilen con sus fantásticas armonías vocales, amén de sus interpretaciones solistas, pues se van turnando en el papel de vocalista principal.


Se podría decir que las características de cada uno de ellos dan una consistencia total al conjunto, partiendo de una magnífica base rítmica, donde el baterista Matt Muir se lanza como cantante de un par de temas. Ben Arnold aporta las teclas, algunas guitarras acústicas y sobre todo soul y swing, con su arcillosa voz, Scott Bricklin es un estupendo guitarrista de ritmo y posee una voz varonil y rockera, en cuanto a Tom Gillan, deja constancia de una radiante voz de agudos poderosos, además de ser un auténtico 'Guitar hero'; sumamos desparpajo y simpatía sobre las tablas y es fácil comprender que este grupo ofrece encendidos directos muy disfrutables.
En esta ocasión, nos visitan con nuevo álbum bajo el brazo, titulado "Ivy" y del que dejaron algunas muestras en el recital como: "He's still in love with you", "Colorado", "I've got dreams", "Evertywhere I go" o "Declaration".
Aunque muchos les conocimos hace un lustro con aquél excelente: "Heartbreak superstar" del que el domingo interpretaros la canción homónima, "Heaven right now", "Drag me down" o "Follow the lights".
También repasaron discos anteriores, dejando canciones como: "You're my home" o "Do what you love" (con la que termino el bolo), ambas rescatadas de su elepé de 2012: "Souther Canon"; también escuchamos, de su debut de 2010 titulado como la banda: "Lucky stars" y "Rainwater".
Una nueva cita con US Rails, la tercera, y una vez más la salida se caracteriza por las caras de satisfacción del respetable que no dudó en adquirir discos y fotografiarse con los miembros del grupo, pues una vez más han dejado impronta de simpatía, cercanía y buen rollo.
Esta vez, tenemos que hablar de una gran 'mañana' de rock and roll.

lunes, 12 de febrero de 2018

Los lunes... escenas de cine - "La escopeta nacional"


Después de unos días un tanto extraños, donde el destino parece disparar con munición de incertidumbre sobre mi, me apetece una película extrafafalaria, loca, inaudita si quieren.
Y, ¿qué mejor que "La escopeta nacional" para alcanzar mi propósito?.
Con el dictador criando malvas, el genial Luis García Berlanga se lanza a una trilogía abstracta pero hilarante sobre la cual vengarse de la hipócrita y vergonzante censura que asoló a la España de Franco.
Recordamos la primera entrega de esta serie, un film coral a propósito de un empresario de porteros automáticos catalán que viaja a una casona en Madrid acompañado de su amante para participar en una cacería durante la cual poder hacer negocios.
Ambientada en el tardofranquismo, Don Luis da un repaso bueno a la rancia aristocracia arruinada y decadente, al clero, a los acólitos del régimen, a los nuevos ricos... ataca con ferocidad pero con un humor sangrante e incluso cruel, la hipocresía y las formas ridículas y sobadas de ciertos entornos sociales de antaño.
Por momentos grotesca, surrealista y caricaturesca, cuenta con un reparto de oro, unas secuencias inolvidables y una considerable mala baba.
Nos quedamos con la magnífica "La escopeta nacional".
¡Feliz semana!

domingo, 11 de febrero de 2018

Los domingos photosong - The Byrds - "Full circle".


El retorno de The Byrds en 1973, con la vuelta a la gloriosa formación original, la formada por Clark, Hillman, Crosby, Mcguinn y Clarke no tuvo el éxito deseado ni esperado.
El elepé, titulado "The Byrds", a secas, dejando claro que aquellos cinco eran en esencia The Byrds, no alcanzó el favor general.
No lo alcanzó ni en el aspecto comercial ni tampoco en cuanto a las críticas recibidas. No obstante a mi el disco me gusta, siempre me ha gustado. Tal vez no alcance el nivel de grandes clásicos de la banda como "Turn!, turn!, turn!", "Younger than yesterday" o "Fifth dimension", pero las voces están ahi, las guitarras Rickenbaker también y algunas canciones son pequeñas joyas.
Sino, ¿qué me dicen de esta delicatessen firmada por Gene Clark?, una maravillosa canción country-folk, de encantadora melodía y voces cristalinas.
Se titula "Full circle", y me parece maravilloso pasar la mañana del domingo con ella.
¡Feliz domingo!



sábado, 10 de febrero de 2018

Cuando había música en TV - Vainica Doble - Musical Express


Jaime de Armiñán se enamora un buen día de las canciones de Vainica Doble, no es de extrañar. Empieza a utilizar sus coplas para musicalizar sus programas de televisión, estamos en los últimos años sesenta.
A rebufo de este episodio, Gloria y Carmen son requeridas por directores de cine para que sus temas hagan de banda sonora de films como "Carola de día, Carola de noche" del propio Armiñán o "Un, dos, tres, al escondite inglés" de Iván Zulueta.
Estas, y más cosas nos cuenta el programa "Musical Express" en el especial que en 1981 dedicó a Vainica Doble. Podemos ver en este documento imágenes de la época e intervenciones de Elena Santonja (hermanda de Carmen), Paco Clavel, Carlos Berlanga o Fernando Márquez "El zurdo".
Además ofrecen un set en directo en el plató tras ser presentadas por Ángel Casas. Desgraciadamente no hay entrevista, y bastante logro fue conseguir que dieran ese mini-recital, pues sabido es que no gustaban de aparecer en TV.
Tanto es así, que pusieron como condición que no se emitiese ningún plano corto de ellas, y menos aún un primer plano (aunque alguna cosa se escapa). Pero el documento es maravilloso, y el recital una auténtica delicia.
Interpretan tres temas de su (entonces) recién publicado disco: "El tigre del Guadarrama", a saber: "El duelo", "Ser un Roling Stone" y "Madre no hay más que una"; culminan su intervención con "Dejame un ratito al sol".
Nos quedamos con esta maravilla, desgraciadamente impensable en la televisión actual.
Disfrutamos (y flipamos) con Vainica Doble.




jueves, 8 de febrero de 2018

Doctor Divago - Entrevista y mini-concierto en Valmúsica TV.


Unos días antes de que el 2017 nos dejase definitivamente, y a poco más de una semana vista de la publicación de "Complejo Alquería Frailes 13" (reseña), último elepé de Doctor Divago, el quinteto valenciano dejó un documento en vivo en el plató de Valmúsica TV, que ahora sale a la luz para deleite de los fans.
Se completa el espacio con una entrevista a la banda que hay que sumar a las seis canciones que interpretaron, todas ellas pertenecientes al mencionado "Complejo Alquería Frailes 13".
Disfrutamos de las impresiones del grupo y de las canciones de su último disco.
El setlist elegido para la ocasión fue el que sigue:

1. Aún queda vino
2. El gemelo malvado
3. El cuarto día
4. Engañame
5. El viaje largo
6. El tercer hombre en el ring



miércoles, 7 de febrero de 2018

"Every little thought", nuevo disco de Hurry, a la venta el 23 de febrero y desde ya en pre-venta.


Seguimos adelantando lanzamientos interesantes para estos primeros meses de 2018. Ahora toca el turno al trío de Philadelfia: Hurry.
Tras el larga duración "Guided meditation" del que ya hablamos aquí, y el EP "Casual feelings", ambos de 2016, vuelven con "Every little thought", un nuevo catálogo de canciones que será puesto a la venta en próximo 23 de febrero en las plataformas habituales.
No obstante ya está disponible la opción pre-order, que podréis activar si así lo deseáis en su bandcamp, además de escuchar tres temas del disco, para abrir el apetito.
Dejamos tracklist y un vídeo de lanzamiento del que ya es el primer single del álbum: "Waiting for you".

1. Every little thought
2. Read between the lines
3. Waiting for you
4. Hanging on
5. On the streets
6. Heatwave
7. Time and time again
8. Separation
9. Jamie
10. The on I want



martes, 6 de febrero de 2018

El Ser Humano - "S/T" (2018).


Cuando descubrí, hace un par de años, el disco "3" de El Ser Humano, nomenclatura bajo la que se esconde Gonzalo Fuster, me atrapó lo accesible de su propuesta, un pop con multitud de matices dentro de una arriesgada y muy personal apuesta artística.
La metafísica de algunos textos, la originalidad, el ingenio... todo dentro de un sonido elegante y nada viciado por excesos de producción, nada barroco.
Como la voz de Gonzalo también es peculiar y las melodías son excelentes, debo decir que "3" es un elepé que he escuchado multitud de veces, y lo sigo haciendo, de eso se trata ¿no?.
Antes de navidades me enteré de que tenía un nuevo proyecto en el disparadero, y a mediados de enero se puso a la venta el nuevo álbum, de título homónimo, que lleva ya varios días sonando de continuo en esta santa casa.
Y por supuesto no se trata de una oferta al uso, el riesgo acompaña a Gonzalo Fuster por lo que se ve, y nos coloca ante un disco triple, tres EPs con distinta producción y una atmósfera musical y textual diferente, pero perfectamente complementarios entre si.
El primer EP, producido por Sergio Devece en Stardust (Alboraia), es el más carnal, dramático y en cierta manera humano, real.
Cuatro cortes que comienzan con "Amigos", un relato sobre el nacimiento y crecimiento, sobre la vida y las elecciones que acometemos. Como si de una continuación a la anterior se tratase, "Accidente" nos muestra al recién nacido anterior ya crecido y adulto, accidente como alegoría de lo que es nuestro camino terrenal, un tema realmente excelente, con magníficos coros, de lo mejor del disco.
En "Morir y desayunar" una sirena viene a buscar al protagonista de este EP, al que parece que le llega la hora definitiva, el enfrentamiento ante la muerte visto desde un punto de vista directo, coros y un estribillo pegadizo y suntuosas guitarras, otro momento muy destacado.
Con "Maten los dioses" finaliza el primer tercio de este disco, un tema más oscuro y de tensa electricidad. Tal vez el enfrentamiento con el después de la vida es lo que impulsa a este repaso crítico ante las religiones y los dioses que nos esperan cuando dejamos de existir, creo que pocos dioses van a ayudarnos cuando todo termine.

El seguno EP, está interpretado en directo y producido por Román Gil y Eli M. Rufat.
Tal vez la naturaleza, en versión plácida y salvaje es el leit motive de este segundo capítulo, junto con una cierta espiral extraterrestre. Da comienzo con "Agua", como elemento de vida, poderosa y marciana, que puede dar y quitar vidas. Un ambiente más sombrío se evidencia en este segundo disco, "Abducido" es buena prueba de esto, extraterrestres abudciendo humanos, bonita balada de tono electroacústico y que ineludiblemente recuerda a Bowie. Incluso hablamos del "Juicio final" en el tema de este mismo título, el apocalipsis, el fin del mundo, el cataclismo bíblico... Otro favorito personal. Aunque tal vez sea "Mar" mi momento preferido de este trabajo, preciosa melodía, plácida como el mar cuando está manso, ese mediterráneo que es vecino de Valencia (Gonzalo Fuster es valenciano), resumiría esta canción con una frase de la misma: "somos lo que recordamos y que una ola barrerá".

La tercera y última parte, producida por Fede Trillo en Estudio 69 (Castellón), es tal vez el más controvertido e introspectivo.
La producción más meticulosa y aparatosa la encontramos aquí. Introspección en torno al oficio de rimar palabras, de construir con letras emociones y retazos de vida, de hacer canciones en "Rimar".
Eléctrica y claustrofóbica, "Eternidad" es subrayada por un ejercito de guitarras, ecos y una percusión huidiza, todo ello hace de ésta, una canción muy especial.
En cambio "Siempre quiero más" se muestra más abierta, acústicas abrigando la voz de Gonzalo y efectos eléctricos, sintetizadores y palmas, un tema que habla de un extraño encuentro. El final de este trabajo tenía que estar a la altura de tan magnífico esfuerzo, "Hangares" es un corte de cierto tono sórdido, una historia de ficción a propósito de una invasión de extraterrestres, que viven en secreto aquí, y nos gobiernan y esclavizan; creo que hay una doble intención aquí... no lo sé, se lo preguntaremos a El Ser Humano.

Un trabajo como éste, no debería pasar desapercibido, pues se trata de un interesantísimo proyecto, y lo es como concepto, profundidad de los textos, variedad y personalidad en el sonido, además de magníficas canciones.
¡Y en castellano!, riesgo, sutilidad, ingenio... un excelente trabajo que no deberían dejar de escuchar, una recomendación sincera.
Este magnífico disco se puede escuchar y adquirir en el bandcamp del autor: El Ser Humano.
O bien, en la página de Luscinia Discos, pinchando aquí.

lunes, 5 de febrero de 2018

Los lunes... escenas de cine - El ladrón de bicicletas".


En 1948 Vittotio de Sica filma, en las calles de Roma y con un reparto no profesional, el drama cotidiano "El ladrón de bicicletas".
Pieza clave del neorrealismo italiano y testimonio visual sin igual de la Italia de post-guerra. El film aborda la inquietante historia de un hombre al que le roban su bicicleta, elemento imprescindible para poder seguir trabajando. La falta de trabajo y recursos de la Italia de la época se plasma de manera cruda y descarnada por el director. La búsqueda de la bicicleta por parte de este trabajador, Antonio y su hijo Bruno, es el hilo que lleva a los protagonistas a través de una ciudad deshumanizada y caótica. Intenta encontrar ayuda, pero ni la policía, ni los vecinos, ni la justicia, ni diversas asociaciones sindicales o católicas pueden, o quieren ayudarle.
Una crónica única en que se retrata al ser humano superviviente de si mismo y de la realidad pútrida provocada por los de siempre, los viejos y avaros políticos y sus secuaces.
Pasamos esta fría semana con "El ladrón de bicicletas".
¡Felíz semana!

domingo, 4 de febrero de 2018

Los domingos photosong - The Police - "So lonely"


El otro día en el caralibro mi compadre Don Guzz enfrentaba en un juego un tanto sádico diferentes canciones para que el personal votase por una u otra. Si bien algún combate resultó bastante igualado, la verdad es que otros no lo fueron.
En concreto el enfrentamiento entre "Marquee moon" de Television y "So lonely" de The Police se saldó con una humillante derrota para los ingleses.
Como a mi, aunque vote por los de Verlaine, me dio un poco de pena, he decidido dedicar el domingo foto-musical a Sting, Andy y Stewart, y más concretamente a el referido y famosísimo tema.
Extraído de mi disco favorito del terceto, su primer artefacto "Outlandos d'amour", pasamos la mañana dominical con "So lonely".
¡Felíz domingo!



sábado, 3 de febrero de 2018

The Beatles - "Abbey Road" (1969).


La lectura de la biografía de Paul McCartney escrita por Philip Norman está despertando en un servidor un renacimiento de aquella beatlemania que me atenazó en la adolescencia, y que tanto moldeó (para bien) mi melomanía.
En febrero de 1969, cuando Paul se reunió con George Martin para solicitarle que volviese a producir un nuevo disco de The Beatles, aquél se tomó la propuesta con escepticismo.
Los últimos meses no habían resultado ser los más apacibles y deliciosos por los que habían pasado los Fab-four, más bien todo lo contrario.
Las dolorosas sesiones de grabación en los estudios Twickenham del documental "Get back", bajo la dirección de Michael Lindsay-Hogg, y en las que se evidencia la enorme brecha que se había abierto entre los cuatro beatles, con enfrentamientos constantes, broncas y frialdad, no prometían unas sesiones de grabación alagüeñas.
Tampoco las insalvables diferencias con respecto a la asignación de Allen Klein como manager y encargado de dirigir la nave a la deriva en que se había convertido Apple Records ayudaban a la paz en el seno del grupo, pues Paul se había visto segregado por el resto de sus compañeros, que impusieron la elección del polémico Klein.


Los amagos de fuga de Ringo y George, la vida pública de John junto a Yoko, con el disparatado disco conceptual "Two virgins" y su provocativa portada con ambos completamente desnudos, además de las dos encamadas por la paz que protagonizaron en Amsterdam (su luna de miel) y Montreal, y que supusieron un fuerte escándalo, ayudaban a presagiar un buen ambiente en la hipotética vuelta a los estudios.
La boda de Paul, también rodeada de mucho ruido mediático, el fracaso del film televisivo "Magical Mystery Tour", la intromisión de terceros y un sinfín de atenuantes más, no auguraba que lo que resultase de aquellas sesiones que Paul proponía, pudiese ser algo agradable y bendecido por la calidad artística que era exigible a la leyenda de la banda.
Finalmente George Martin accedió, pero bajo la condición de que las grabaciones fuesen 'como en los viejos tiempos'. Es decir, que primase el buen ambiente, la amistad y el sentimiento que siempre había caracterizado la vida en el estudio del grupo. Paul le prometió que así sería, y el 22 de febrero dieron comienzo las sesiones de grabación de "Abbey Road".
Para redondear este compromiso de unidad del grupo, de volver a los buenos tiempos y a las grabaciones felices, se bautizó el álbum con el nombre de los estudios londinenses que habían sido testigos de las grabaciones de los discos de la banda durante los últimos casi siete años.
El milagro se produjo, y las sesiones de "Abbey Road" se desarrollaron en un ambiente de camaradería, respeto y buen humor, algún beatle incluso las consideró los días más felices de la banda.
No obstante, entre ellos primaba también un sentimiento de tristeza que se impregna en el resultado del disco. Todo el trabajo tiene ese barniz de melancolía y aflicción. Los Fab-Four sabían que vivían sus últimos días juntos, sus últimas tomas, el último disco.
De cualquier forma, "Abbey Road" continúa la línea ya abierta en "The White Album" de separación artística. Lo que el grupo denominó 'mente grupal' ya no funcionaba, y lejos de encontrarnos ante canciones con el espíritu beatles de antaño, aquí volvemos a recibir una serie de composiciones en las que cada cabeza de esa 'mente grupal' mira hacia un lado, crea su canción y es acompañado por el resto, pero las canciones de George son de George, las de John, de John y exactamente igual ocurre con la aportación de Paul.



Curiosamente, The Beatles, en aquellos días inciertos, graba su última obra maestra, una más. El álbum se lanza con "Come together", un rock compuesto por John con remaches blues y cierto tono psicodélico de tremenda pegada, infeccioso estribillo y texto controvertido, y que fue un gran éxito.
La otra aportación de Lennon fue la verista "I want you (she's so heavy)", inmensa espiral sonora de impagable intensidad, la última obra magna que entregó John al legado Beatle.
Paul, por primera y única ocasión, no entrega ningún tema de éxito a un disco del grupo, su contribución pretende mirar hacia los tiempos juveniles del grupo, para lo cual aporta temas ligeros y de cierto tono cómico como "Maswell's silver hammer" (en cuya grabación no intervino John), el corte cantado por Ringo: "Octopus's garden" o el tema de cierta esencia soul: "Oh! darling".
George es quien se lleva el gato al agua. El menor del grupo, por fin parece gozar de libertad para plantear una aportación seria y conforme a su talento, dos de los grandes éxitos del disco son suyos, y hoy, casi cincuenta años después, grandes clásicos de la historia del rock: "Something" y "Here comes the sun", no creo que sean necesarios más comentarios.



George Martin, siempre adscrito a su formación clásica, había comentado en varias ocasiones a los chicos la posibilidad de crear una especie de sinfonía, con melodías que se fusionaran entre si, creando un entorno variado pero coherente de varios minutos, sin circunscribirse a canciones delimitadas y autónomas de tres o cuatro minutos.
En esta última travesía, finalmente se salió con la suya, al contar con la aceptación del grupo. Cierto que finalmente el compromiso no fue tan evidente, y sólo Paul se tomó el desafío en serio. George no aportó nada a la idea y se limito a tocar y hacer coros y John deposito algún retazo de canción inconclusa que no compartía demasiada cohesión con el conjunto.
Sólo Paul se sumergió en la elaboración de esta sinfonía, para lo cual, junto a George Martin creó un final de disco absolutamente magistral, lleno de nostalgia, melodías maravillosas y melancolía.
En "You never give me your money" recordaba con amargura algún episodio desagradable con algunos managers, en "She came in hroug the bathroom window" rememora un acontecimiento real, pues años atrás, de esta forma entró en su casa una joven admiradora; y en "The end" tiñe de tristeza el ineludible final de una leyenda, como dijo meses después John, de un sueño.
El año que viene, "Abbey Road" cumple cincuenta años, se hablará largo y tendido de este disco, de su portada en el paso de cebra que permanece frente a los estudios, de la última sesión fotográfica que hicieron los Beatles para promocionarlo, donde se aprecia la tristeza que los invade, donde los ojos y los rostros de los cuatro fantásticos nos dicen sin palabras adiós. Se hablará, cómo no, de los días en que fue fabricado, tal vez entonces yo recupere este artículo, o tal vez no, lo cierto es que hoy me apetecía hablar de "Abbey Road", porque es un disco especial, y porqué si.



viernes, 2 de febrero de 2018

"Longwave", el nuevo disco de Dropckick que será publicado el 23 de marzo, ya en pre-order.


La banda escocesa Dropkick, que capitanea el entrañable Andrew Taylor, ya tiene terminado su nuevo y esperado elepé que llevará por título: "Longwave".
Aunque el disco no saldrá oficialmente a la venta hasta el próximo 23 de marzo, en su bandcamp ya se encuentra la opción de pre-order para quien así lo deseé (pinchar).
Se puede adquirir tanto en formato vinilo + descarga digital, como en CD + descarga digital.
También se puede disfrutar, accediendo al bandcamp, de la escucha de un tema de adelanto, el titulado: "It`s still rainning".
De momento disfrutemos de este tema. Adelantamos portada y setlist definitivo.


1. Out of tune
2. I thought I was OK
3. It's still rainning
4. Faraway places
5. Come around
6. Giving way
7. All I understand
8. Blue skies
9. Fred up thinking of you
10. Even when you're gone
11. See you there
12. Turning of the tide

jueves, 1 de febrero de 2018

Hotel Nebraska - "La Nostalgia" /2017).


Unas semanas antes de las pasadas navidades llegó a mi poder el último disco de un grupo valenciano llamado Hotel Nebraska. No conocía a esta formación, un dúo formado por Guillermo Llopis (guitarra y voz) y Gonzalo Anaya (bajo).
Poco a poco, el disco empezó a sonar en casa, luego en el coche y con la llegada del año nuevo en cualquier sitio y con bastante asiduidad. Empiezo a indagar y descubro que se trata de su quinta entrega nada menos, a todo esto, el disco se titula "La Nostalgia".
Aportan en la contraportada del CD un texto sobre la significación que tiene el título para ellos, y por tanto, idem con respecto a la identidad del elepé, dice:

"La nostalgia es nuestro quinto trabajo y pretendemos que sea una celebración de los recuerdos que nos hacen saber que estamos vivos. Queremos entender la nostalgia como algo no necesariamente melancólico, sino un vehículo para viajar a lo vivido por el mero placer de hacerlo. No es una reivindicación de ningún tiempo pasado mejor ni peor. Tampoco es ningún reproche hacia el presente ni una negación al futuro. Nos gusta recordar en positivo aquello incluso que no fue bueno".

Por supuesto, un nostálgico practicante como el que firma estas líneas, no puede sino suscribir estas palabras en todos sus aspectos, y creo que una vez asimilado este cancionero, son perfectamente definidoras de lo que el álbum evoca.


Por entrar en el apartado de etiquetas, diremos que se trata de un disco de rock, con caricias pop y ese sonido tan mediterráneo, en especial en la voz de Guillermo Llopis, que tiene ese deje en el timbre de cierta aflicción que se esconde en muchas voces masculinas del rock propio del levante. También encontramos buenas guitarras y detalles que dejan impronta de buen hacer. ¡Y en castellano!.
Las melodías enganchan y los estribillos elevan la temperatura anímica, todo sin pretensiones especialmente trascendentales, pues se trata de un disfrutable y reflexivo trabajo de rock, perfecto para la carretera, y para compartir con alguien especial frente a unas cervezas, sin eludir algún bailecito.
Paco Morillas entiende perfectamente este mantra que pretende expandir el trabajo, lo cual se evidencia por las mezclas y su trabajo de producción de "La Nostalgia".
Como el propio grupo ha definido perfectamente lo que esconde el tracklist, sólo añadir que se encontrará el oyente ante una batería de recuerdos, chicas, discos que cambian vidas, fracasos, reflexiones...
Todo bajo el manto de un sonido accesible y unas siluetas melódicas fluidas y que funcionan, que además no adolecen de pegada y salitre.
Descubran por ustedes mismos lo que significa la nostalgia para Hotel Nebraska, son once cortes, y el viaje se les hará corto.
Yo les dejo una píldora de lo que se pueden encontrar.




Adjuntamos bandcamp donde escuchar y adquirir este estupendo disco: Hotel Nebraska.