miércoles, 31 de enero de 2018

Tarde de carnaval con Mia y Vincent - Las paranoias de Addi.


Era la primera vez que untaba mi pelo con gomina, tampoco me había anudado nunca una corbata al cuello. Me miraba al espejo del baño de la casa de mis padres, peleándome con la masa grasienta de imposible moldeado que coronaba mi cráneo. El botón superior de la camisa, por primera vez en su vida abotonado, me asfixiaba, y aquél corbatín rockabilly que me prestó Iñaki no ayudaba a sentirme más liberado.
El resto de mi indumentaria era mucho más acorde con mi personalidad: americana y pantalones negros, y para rematar las botas Sendra de los conciertos, gafas de sol de pasta negra despistadas de la mesilla de noche de mi padre, un Lucky aprisionado en la comisura de los labios y unas ganas infinitas de verla.
Bajo a la calle, enciendo un cigarrillo con la colilla moribunda del anterior, trago saliva y me concentro en el traqueteo de mis botas contra las baldosas desmenuzadas y aún húmedas de la acera. 
El lugar de la cita era el acostumbrado, en la esquina de la plaza Zabalburu, junto a la puerta de la BBK, haciendo esquina con la calle Irala.
Los nervios me secaban la garganta, necesitaba un trago, pero no había ningún bar cerca, ella estaba a punto de aparecer por la esquina de la calle Machín, entonces calmaría mi sed y mi inquietud.
Era un nublado sábado de febrero, por la mañana había llovido, y a las siete ya empezaba a oscurecer, las gafas de sol me impedían ver con claridad, pero decidí no quitármelas. Mientras la esperaba canturreaba para mis adentros aquella canción que escuchamos en la película que fuimos a ver el lunes en los cines Capitol. Después del cine, se extendió ante mi una semana lluviosa, exasperante y larga, como una travesía por un lodazal infinito, cada segundo lejos de ella se hacía insoportable. ¿Porqué tardaba tanto?, estaba seguro de que habíamos quedado a las siete.
Cada vez que llamaba a su casa cogía su madre, no me tenía simpatía: el pelo largo, los pendientes, las botas y la chamarra de cuero no vestían al prototipo de chico que aquella arpía deseaba para su princesa. Si supiese que su hija no tenía vocación de princesa, sino de heroína. 
Empezaba a tener dudas, ¿Y si habíamos quedado a las ocho?, los nervios me estaban destrozando, la cancioncilla no abandonaba mi cerebro, pero empezaba a sonar como un réquiem.
Ella ya era una mujer, no había que esperar más. Yo en cambio me hacía adolescente de repente, volvía sobre mis años y me convertía en un niño otra vez: miedoso e inseguro, tembloroso y pequeño, encendí otro Lucky, el último del paquete.
Me enfrenté a la puerta del cajero de la BBK, el reflejo en el mugriento cristal me mostraba a alguien azarado, huidizo. Una gota de sudor calcinaba la hendidura de mi columna vertebral y la sequedad del gaznate parecía una garra que me apretaba el cuello con un guante de lija. 
Escuchaba unos zapatos de tacón, cabalgaban con firmeza a la vuelta de la esquina, tenía que ser ella, seguro, conocía su caminar indómito y despreocupado, gallardo, legitimo. El guante de lija apretó aún más fuerte, la nuez empezó a doler y el paladar ardía por falta de líquido, como un vertedero tras un cataclismo nuclear. En unos segundos, muy pocos, alcanzaría el chaflán que formaba el ventanal de la caja de ahorros y desembocaría su silueta en la plaza, ya la tenía encima, podía oler su perfume.
Una mujer profesionalmente maquillada y abrazada por un abrigo de pieles apareció en lugar de ella, sus pasos sonaban como una ráfaga de ametralladora que partía en dos mi entereza, o lo que quedaba de ella.
Eran las siete y veinte, estaba seguro que la cita era a las siete, siempre, desde que empezamos a salir el último noviembre, habíamos quedado a las siete. La canción de los demonios sonaba distorsionada, como una de aquellas extravagancias de la era del ácido, el autobús parecía tronar como las bisagras de la puerta del averno y el gentío que me rodeaba me observaba con una sonrisa malévola en el rostro, las parejas susurraban y se reían del absurdo fantoche con gafas de sol que llevaba casi media hora plantado en la esquina de la Plaza Zabalburu con Irala.
El pánico empezaba a hacer presa de mi, empecé a recordar, el lunes, tras la película no se quiso quedar a tomar algo, tenía que estudiar, o eso decía. Noté como una depresión incipiente apretaba mi cabeza con dedos de hielo que se cebaban con mis sienes.
Todo aquello no tenía sentido, si esto era el amor, no merecía la pena. Estaba triste y derrumbado, a punto de volver al barrio, al abrigo de mi ambiente.
De repente apareció arrastrada por una carrera nerviosa y torpe, la prisa la hacía aún más guapa. Su pelo, negro como el pecado no mostraba sus habituales bucles y tirabuzones, liso, más corto, parecía una sota de la baraja. La blusa blanca, desabotonada hasta permitir intuir el abismo que se cernía bajo sus pechos, un camino hacia el paraíso, por encima una chaqueta con hombreras negra, sin abotonar. Unos pantalones, también negros, muy ajustados que no llegaban a tapar sus tobillos, y en los que se troquelaba el contorno de sus bragas, y unas zapatillas plateadas de las que se denominan bailarinas eran todas las prendas que la cubrían, a pesar de las temperaturas propias del invierno.
Cuando llegó a mi altura respiraba con dificultad, estaba sofocada, venía corriendo desde su barrio, en la parte alta de la ciudad. Intentó una escusa, le tape la boca con un beso. Era nuestro primer beso con carmín de por medio, el segundo empapó mis labios de una pegajosa sensación de lujuria.
No podía estar más guapa. Yo siempre odié disfrazarme, y sólo aquel año disfruté de los carnavales, y cada vez que recuerdo aquella tarde de fantasía y atolondramiento, me viene a la cabeza la misma canción, los mismos personajes, y nosotros jugando a ser ellos.


martes, 30 de enero de 2018

The Sheepdogs - "Changing colours", a la venta el viernes 2 de febrero.


Este próximo viernes 2 de febrero, será el día elegido por los canadienses The Sheepdogs para poner a la venta su nuevo elepé que llevará por título: "Changing colours", sexto de una carrera que hasta la fecha no ha dejado de ir a más.
Aún con el recuerdo del magnífico "Future nostalgia" de hace un par de cursos, así como de su poderoso directo, las ganas de catar este nuevo catálogo son francamente grandes.
El disco se puede adquirir en pre-order desde hace unas fechas en su página web (pinchar), y en las tiendas y plataformas habituales a partir del viernes.
Ya tenemos un single de adelanto: "I've got a hole where my heart should be", que por cierto suena de lujo. Esperamos una nueva entrega rebosante de rock sureño, country, blues, folk, psicodelia... y actitud y clase por quintales.
Nos quedamos con este adelanto y con la portada, el tracklist aún no está disponible.



lunes, 29 de enero de 2018

Los lunes... escenas de cine - "Sospechosos habituales".


Mucho se está hablando estas últimas semanas de Kevin Spacey, mucho y tristemente no por sus impecables dotes como actor, sino por asuntos ciertamente nauseabundos.
En 1995, nadie, o casi nadie, conocía a Kevin Spacey. Fue a raíz de dos personajes secundarios en los que apareció de manera consecutiva que se hizo famoso, y dio comienzo a una brillante carrera.
"Seven" fue una de esas películas referidas, y la otra, en mi opinión bastante superior, "Sospechosos habituales".
De esta última vamos a hablar hoy. Un thriller policíaco brillante, con un elenco impoluto, equilibrado y perfectamente elegido. Destacan además de Spacey, el siempre magnífico Gabriel Byrne (Dean Keaton), el estupendo Pete Postlethwaite (Kovayasi) y Chazz Palminteri (Dave Kujan).
La dirección de Bryan Singer, a la antigua usanza, es perfecta por ritmo y desarrollo, y todo gracias a un guión perfecto, subyugante y sorprendente obra de Christopher McQuarrie.
Resulta imposible no embadurnarse en cábalas y caer rehén de la historia de Dean Keaton y su grupo de sospechosos habituales. Delincuentes contra delincuentes, un policía obsesionado con atrapar a Keaton, una misión imposible y un fantasma ¿real o ficticio? llamado Keiser Söze, que arrastra una tenebrosa leyenda.
Un tullido, Verbal Kint (Kevin Spacey), puede ser la clave que resuelva un controvertido misterio, el agente de aduanas Dave Kujan (Chazz Palminteri), tratará de sonsacarle la verdad en un intenso interrogatorio.
Pasamos la semana con la magnífica "Sospechosos habituales".

domingo, 28 de enero de 2018

Los domingos photosong - The Beatles - "I've just seen a face".


Estos días, aprovechando la lectura del divertido libro de Morgan Philips sobre la vida y milagros de Paul McCartney, estoy recuperando algunos de sus discos, tanto con Beatles, como en solitario o con Wings.
Me reafirmo en que encuentro mucho relleno en la obra post-beatles de Maca, y que muchos discos en su extensa obra no me dicen nada. Otros en cambio son excelentes: "McCartney", "Ram", "Band on the run"...
Pero lo cierto es que con la banda madre nos dejó canciones infinitas, eternas, inmortales. Siempre me ha parecido de los mejores temas del joven McCartney esta que figura en el grandioso "Help".
Una breve copla acústica, en la onda Dylaniana, de una fluidez melódica que sólo Maca sabe alcanzar, con esa voz de tono frágil y sin embargo firme y segura, un tema mítico; me refiero a "I've just seen a face".
Nos quedamos con esta gran canción, para pasar la mañana dominical.
¡Feliz domingo!



sábado, 27 de enero de 2018

Guttercats visitarán España el próximo mes de abril.


La excelente banda francesa Guttercats visitarán España de forma inminente. Será durante el próximo mes de abril, y pasearan su reciente disco "Follow your instinct" por trece escenarios a lo largo y ancho de la piel de toro.
La banda parisina ofrecerá su show, basado en un rock and roll de gran intensidad, que bebe de fuentes como Jacovites, Petter Perrett o Dogs D'amour, por citar alguna referencia clara.
Es por ello, una buena oportunidad para descubrir a este excelente grupo, o bien para repetir experiencia tras su última visita de 2015, en la que los suficientes disfrutamos de su música y actitud en vivo.
Adjuntamos listado de ciudades donde poder disfrutar de Guttercats:

Domingo 15 de abril de 2018: Pamplona, Cavas
Lunes 16 de abril de 2018: Zaragoza, Sala Creedence
Martes 17 de abril de 2018: Barcelona, Sala Monasterio
Miércoles 18 de abril de 2018: Tarragona, El Cau
Jueves 19 de abril de 2018: Valencia, 16 Toneladas
Viernes 20 de abril de 2018: Cox, TNT Blues
Sábado 21 de abril de 2018: Granada, Lemon Rock
Martes 24 de abril de 2018: Almendralejo, Salón de Teatres
Miércoles 25 de abril de 2018: Pontevedra, Sala Karma
Jueves 26 de abril de 2018: A Coruña, Mardi Gras
Viernes 27 de abril de 2018: León, Babylon
Sábado 28 de abril de 2018: Santander, Sala Black Bird (junto a Los Tupper)
Domingo 29 de abril de 2018: Bilbao, La Nube Café Teatro




viernes, 26 de enero de 2018

"Atlas", nuevo disco de Frank, "Total blackout", nuevo single y vídeo-clip.


Dicen los antiguos que Zeus condeno a Atlas a cargar con el cielo sobre sus hombros. Ese fue el precio que el titán tuvo que pagar tras la derrota de los suyos contra los olímpicos; eso dice la mitología griega.
Y en 2018, el cuarteto guipuzkoano Frank, a elegido precisamente a este personaje para bautizar su nuevo disco. Hoy, 26 de enero, se da el pistoletazo de salida de lo que será la puesta en la calle definitiva del nuevo álbum de Frank, uno de los trabajos más esperados del presente curso.
Y no es de extrañar que halla ganas de escuchar las nuevas canciones de la banda, sus primeros discos hacen presagiar que su tercer disco sea una continuidad, e incluso mejora, de las muchas bondades que han hecho del cuarteto uno de los grupos punteros dentro del panorama alternativo patrio.
Para lanzar el disco, que vendrá enfundado en una espectacular portada, obra de Fortun Fortun, se adelanta un primer single titulado: "Total blackout" y que es estrenado en el día de hoy por la publicación Zarata Mondosonoro, que presenta además el inquietante vídeo-clip del tema, obra de Andrés Daniel Sainz.
Por ello, os insto a visitar la página de Zarata Mondosonoro (pinchar) para visionar el clip y escuchar este adelanto.

miércoles, 24 de enero de 2018

Tom Heyman - "Show business, baby" (2017).


Tom Heyman es uno de esos artistas que pasan desapercibidos para la mayoría. Por supuesto en esa mayoría se encuentra también un servidor, ya que hasta hace unas semanas, también vivía en el desconocimiento sobre quién es Tom Heyman.
Llego a contactar con él gracias a Bernardo de Andrés Herrero, responsable del inimitable MTD, una vez más mi compadre me pone sobre la pista de un más que interesante artista.
Tom Heyman es un cantante, compositor y multi-instrumentista natural de San Francisco. Durante su carrera ha participado en discos y giras de innumerables referencias del rock americano como Chuck Prophet o John Doe. También ha formado parte de la banda de rock alternativo californiana: The Court & Sparks.
Graba en 2008 su primer disco, un single titulado "Selling sand". Tras éste vendrán un total de cuatro elepés. Nos vamos a detener precisamente en el último, publicado en octubre del pasado año y titulado: "Show business, baby".
Se trata de un conjunto de canciones de esencia pub-rock, con base guitarrera y presencia alternativa de encendidos teclados, y una base rítmica que invita al esparcimiento.
Se deja arrastrar por ecos de sus referentes: Nick Lowe, Alejandro Escovedo o Gordon Lightfoot. Se escapan de los surcos evidencias swing e incluso rockabilly; siendo su temática: los coches, los pubs y una cierta espiral juerguista y desenfadada.
El disco se escucha con gusto, es muy divertido y no faltan temas disfrutables, de los que apetece repetir varias veces, especialmente en días de pesadumbre o zozobra, tal vez por ello está sonando mucho los últimos días.
Destacan, entre otras, la inicial y de cierto tono garitero: "Baby, let me in", es seguida de la vivificante: "Etch a sketch", de intensa melodía y efervescente actitud.



Sigue el ambiente de pub con otro corte excitante, entre el garaje y el pop sesentero: "Out west"; sigue este mantra en "Show business". El piano honky-tonk burbujea entre el machacón ritmo de "Slow it down" y la sordidez se hace con la urbana tonada titulada: "Whiskey wolf". Breve pero urgente: "Handshake deal"; rockera y se acento pionero: "All ears"; incluso queda espacio para un country tabernario como: "Little killers".
Es posible que la balada "What in the world" se me atragante un poco, no así el bonito medio tiempo: "Come back home".
También destaca la excelente versión de "Baby, my heart", el estupendo rock sesentero de Boby Fuller Four; tampoco le va a la zaga el otro cover del disco, el encendido: "Dady rolling (in your arms)" que lanzó Dion DiMuzzi en 1968.
Interesante y recomendable disco del poco conocido Tom Heyman. Pub-rock, rockabilly, country, swing, folk eléctrico... todo mezclado con comedimento, y haciendo que triunfe la diversión y el ritmo, el desparpajo y la actitud.

lunes, 22 de enero de 2018

Los lunes... escenas de cine - "Cinema Paradiso".


Dice Google que hoy hace 120 años que nació Eisenstein, desde luego las técnicas de narración cinematográfica le deben mucho a este cineasta visionario, crudo y magistral.
Pero no voy a traer ninguno de sus dramas ni de sus epopeyas hoy aquí. Lo que si voy a traer es un film que es en si mismo un homenaje nostálgico, poético, y en parte agridulce a aquél cine; al cine del pueblo, de la gente, al cine de las historias, al cine de los galanes, de las horoinas, de aventuras, de besos en la pantalla amputados por el cura, de finales felices, de las grandes estrellas de la pantalla, del glamour y de la serie-B, al cine cuando era una maravillosa forma de conectar con la gente, al cine que Eisenstein ayudó a crear.
Pero "Cinema Paradiso", debut de Giuseppe Tornatore, -esta es la película que hoy recordamos-, es la crónica de una Europa, Italia más exactamente, de post-guerra, con su pobreza, su decaimiento moral y sus esperanzas difuminadas por la realidad dura del recuerdo de los que no volvieron.
Una Europa de pueblo, de lutos y cotilleos, de miserias y noblezas, de seres humanos aguantando el tirón.
Y por supuesto una historia de amistad, de la grandeza de la infancia, con sus sueños aún relucientes. Y una historia de amor, al cine, a la vida contada para que el mundo la pueda ver desde la butaca. Porque también es un homenaje al cine, al edificio, a aquellos cines maravillosos de los años cincuenta, aquellos reductos oscuros donde por un par de horas Europa olvidaba lo que era el día a día de la vuelta a la normalidad, sumergiendose en los amoríos y aventuras que veían y sufrían y lloraban en la pantalla.
"Cinema Paradiso" es una preciosa película que hoy traemos a la cabecera del blog.
¡Feliz semana!

domingo, 21 de enero de 2018

Los domingos photosong - Rod Stewart - "Seems like a long time"


Siempre me ha resultado sorprendente que Rod Stewart consiguiera mantener una ascendente carrera como solista, al tiempo que ejercía de vocalista de Faces.
Lo cierto es que durante prácticamente un lustro, así fue. Si bien es cierto que prefiero, en general, los discos de Faces, admito que los primeros álbumes de Rod en solitario están a un nivel similar.
Mi favorito sin duda es el tercero que lanzó el rubio y desinhibido rock star: "Every picture tells a story".
En 1971 Stewart exhalaba poderío, no solo vocal, también era un ciclón sobre el escenario, un cañonazo de testosterona, un lujuriosa versión de Casanova en clave de rock and roll, un auténtico rock and roll hero.
Así que para un domingo como éste, de tibieza general, en el clima y en el sentimiento, creo que viene como anillo al dedo el segundo y maravilloso corte del referido elepé.
Un quejido a el maldito tiempo, a su prisa por llevarnos en busca de nuestro destino y a las cosas que arrastra a su paso.
Nos quedamos disfrutando de la hermosa "Seems like a long time".
¡Felíz domingo!



sábado, 20 de enero de 2018

Berri Txarrak - "Infrasoinuak" (2017).


El noveno larga duración del power-trio navarro Berri Txarrak, de título "Infrasoinuak", vio la luz a lo largo del pasado año sin ser comentado en esta santa casa. Heme aquí pues, para solucionar el entuerto en estos primeros días de 2018.
Tras el arriesgado proyecto de 2014: "Dembora da poligrafo bakarra", un disco triple, con tres conceptos diferenciados, cada uno con un título y productor distinto, la formación navarra, capitaneada por Gorka Urbizu despliega su poderío en 2017 con "Infrasoinuak", disco producido por Bill Stevenson, quien fuera el encargado del tercer paquete de su mastodóntico experimento anterior.
El productor, miembro de bandas de punk-rock como The Descendents o Black Flag, y productor de grupos como Rage Against o NOFX, sitúa la acción de este nuevo catálogo en un plano casi antagónico a lo que supuso su propuesta en el 1/3 que le tocó del anterior proyecto.
Si en aquella ocasión, la actitud era de inmediatez y vértigo, golpeando las canciones de forma directa, sin concesiones, aquí éstas circulan por cauces más ponderados, delimitados dentro del estilo del grupo, y dando como resultado una redondez sónica y una actitud, que sin mirar a tiempos pasados, es resolutiva, potente y al tiempo melódica.


Berri Txarrak ofrece, como siempre, un ramillete de excepcionales composiciones. Los estribillos explosivos, y coreables; los riffs musculados y el enganche melódico del que hacen gala, siguen siendo activos del grupo veintipico años después de su fundación.
El disco pasa como un suspiro, desde la guitarra stoner que sacude la inicial "Dardararen bat" y que sirve de potente pistoletazo de salida.
Los temas más puramente punk-rockeros de aceradas distorsiones llegan en cortes como la magnífica "Zuri", los bajos espumajean y el estribillo repta como una serpiente en "Infrasoinuak", otro pelotazo irresistible.
"Hozkia" continua con la acción ruidosa de guitarras, en una espiral punk que se conecta con la urgente "Led sex", de menos de dos minutos.
Riffs mucho más amables son los que se escuchan en "Spoiler!", un corte noventero de esencia brit. Siguen, más apartados de las violencias sónicas del punk, con "Zaldi zauritua", en la que destacan los coros del estribillo, y también en el power-pop: "Beude".
"Katedral bat" es un corte que empieza con guitarras rasgadas de suave efecto para acelerarse y crear una letanía melódica que encandila; y finalmente "Zorionaren lobbya" despide el álbum con esencias noventeras y melódicas.
Con "Infrasoinuak", Berri Txarrak siguen haciendo historia, hace años que se postularon como una banda de rock, punk y hard de referencia, no sólo a nivel nacional, y siguen su camino, sin dejarse arrastrar por los tiempos de gloria y confeccionando disco tras disco, una leyenda.



viernes, 19 de enero de 2018

Cuando había música en T.V. - Siniestro Total - La edad de oro.


En abril de 1983, tras el impredecible éxito de su primer disco, el inolvidable: "¿Cuando se come aquí?", el cantante de Siniestro Total, Germán Coppini, abandona el grupo para enrolarse en las filas de otra formación viguesa, la capitaneada por Teo Cardalda: Golpes Bajos.
Esto no hizo que la banda se desintegrase, ni que perdiese mordiente, ni gamberrismo. Miguel Costas se puso frente al micrófono, tomó el relevo de Germán, y junto a Julián Hernández, que se sentó en la banqueta frente a los parches, y Alberto Torrado que siguió tocando el bajo, se lanzaron a la grabación del que será segundo disco de los Siniestro: "Siniestro Total II: El regreso".
Este segundo elepé vería la luz en el mes de noviembre de aquél 1983, pero antes, el veinte de octubre, el trío se paseó por el programa de Paloma Chamorro: La edad de oro, para ofrecer un mini-concierto, en directo por supuesto, y conceder una divertida, gamberra e hilarante entrevista. Vamos con ella.



Tras esta particular entrevista, los Siniestro subieron al escenario para interpretar un set de once temas, por supuesto de forma vertiginosa, practicamente sin superar ninguno de los cortes los dos minutos, sucios, guitarreros y punkarras.
En el set presentan temas de su segundo disco, además de un par de canciones anteriores: "Los esqueletos no tienen pilila" y "Me pica un huevo". El resto del repertorio correspondía al segundo álbum, que sería publicado unos pocos días después.
Vamos con el mini-concierto, cuyo setlist fue el siguiente:

1. "Superavit".
2. "Los esqueletos no tienen pilila".
3. "El sudaca nos ataca".
4. "Naturaleza".
5. "Me pica un huevo".
6. "Oye nena, yo no soy un artista".
7. "No somos de Monforte".
8. "Non credo en el amore".
9. "Más vale ser punkie que maricón de playa".
10. "Opera tu fimosis".
11. "O tren".



Como siempre, y más en aquellos años, los Siniestro se mostraban totalmente delirantes, con una puesta en escena, una actitud y un repertorio, bastante difícil de describir.
No obstante, muchos los queríamos, tal y como eran, unos chalados.
Primer recuerdo de 2018, a ritmo punk-galaico, de cuando había música en TV.

jueves, 18 de enero de 2018

Waxahatchee - "Out in the storm" (2017).


Seguimos con trabajos del año pasado. Este que hoy nos ocupa, firmado por la norteamericana de Alabama: Katie Crutchfield, conocida artísticamente como Waxahatchee, llegó a mi conocimiento gracias una vez más, al imprescindible Espacio Woody/Jagger que pilota mi amigo Johnny.
El disco, titulado "Out in the storm" tardó demasiado en girar en mi reproductor, y ese, y sólo ese, ha sido el motivo de que se quedase fuera de la lista de favoritos.
De otro modo hubiese tenido su hueco, pues bondades no le faltan a este cancionero, cuarto -por cierto- de esta joven cantante y compositora.
Con un sonido y unas cadencias puramente noventeras, pero con recursos propios, el disco sorprende por la frescura que rezuma, sin adolecer a pesar de ello de una madurez y coherencia absolutas.
La voz nítida, firme y de bonito timbre de Katie, posee además el estoicismo necesario para transmitir estados de ánimo que van a lo largo del trabajo desde la melancolía derivada de la superación de una ruptura, hasta el espíritu juvenil arremangado, rehogado con guitarras mordaces y melodías serenas y veristas.
En lo que respecta al tracklist, destaca el equilibrio y la variedad, pues nos encontramos con temas de rugientes y fibrosas guitarras como: "Never been wrong" cantada con hierática actitud; "Siver", de sugestiva fiereza; "Brass beam", de cierto acento country-rock y, tal vez, mi favorita; el rudimento industrial del fuzz de "Hear you" o la rotundidad hipnótica de "No question".
Momentos más dominados por la melancolía, con acompañamiento acústico y voz mortecina en "A little more" y "Fade", ambas estupendas.
Uno de mis momentos favoritos es el medio tiempo "8 ball", al que creo descubrir una lejana esencia southern. También la bonita "Sparks fly" con irresistible entrega vocal y la atmosférica y sobresaliente "Recite remorse", de refulgente sonido.



Excelente disco, que atrapa y se incrusta en las zonas menos localizadas de la sensibilidad del oyente. Una mezcla de aire puro, con conciencia de estilo y que demuestra que la música independiente y alternativa es una cosa y el 'indie' actual es otra totalmente distinta, preferimos cosas como las que ofrece Waxahatchee en este estupendo "Out in the storm".

miércoles, 17 de enero de 2018

The Doors - "S/T" (1967).


The Doors es una de las bandas que mayor controversia ha levantado y levanta en este invento del rock. Adorada por muchos, pero considerada sobrevalorada y aburrida por otros tantos, el grupo californiano no deja indiferente a casi nadie de los que se acercan a su vera.
Cuando en 1967 publican su disco debut, de título homónimo, y al contrario de lo que ocurrió con la Velvet Underground aquél mismo año, con tremendo éxito; muchos se sintieron atraídos por tan extravagante oferta, otros en cambio, mostraron su rechazo.
El cuarteto ofrecía en su presentación un conjunto de canciones encerradas en un exótico espacio sonoro, The Doors hacían una fusión de rock, blues, jazz, música de vodevil y psicodelia. Acentuaba su capacidad de seducción una espiral de poesía, malditismo y cosmopolitismo ácido.
Es imprescindible hacer hincapié en la imponente labor de Paul A. Rothchild en la producción del álbum, así como la del ingeniero de sonido Bruce Botnick; ambos son tan responsables del impresionante resultado de este debut como los propios componentes del grupo.
Por supuesto es definitiva la capacidad de seducción de Jim Morrison, hablamos de seducción vocal, y también de su personalidad: atractivo, subyugante, maldito, visceral, bohemio, nihilista, transgresor...


La introducción del órgano de Manzarek, como soporte sónico y seña de identidad, elemento clave para crear una atmósfera única y claustrofóbica, también es determinante en la personalidad de la banda, en éste, y en ulteriores trabajos.
Si a todo esto le sumamos unos textos retorcidos, osados y provocadores, difuminada su intelectualidad en humo y empapada su poética en ácido, nos terminamos encontrando con una propuesta personal que no dejaba demasiado margen para tibiezas a la hora de calificarla y aceptarla (o todo lo contrario).
Supone este disco, uno de los más gloriosos debuts que se han conocido, un disco marcado por las características comentadas más arriba y con la adición de un ramillete de excelentes composiciones.
Con dos versiones, portentosas, de enorme calado y totalmente abducidas por el universo particular del grupo: "Alabama song (whisky bar)", inflamable recreación de la composición vodevilesca de Kurt Weill y Bertolt Brecht y el blues de Willie Dixon y Chester Burnett "The back door man", a la que Jimbo arrastra a un estado nocturno y oscuro, de lacerante pulso y polvoriento escenario sónico.
Se suman los singles de éxito: "Break on throug (to the other side)", primer single de la banda y tema emblemático, de enorme sugestión y poderoso núcleo instrumental, a la ferocidad de la interpretación de Morrison hay que unirle una base rítmica impagable, además la absurda censura de un ínfimo detalle de su estribillo la hizo aún más popular; "Light my fire" es un pegadizo tema de esencia sencilla que subraya el órgano de Manzarek, haciéndola irresistible.



Otros temas de gran enjundia son: "Soul kitchen", un soul calenturiento; "The crystal ship" es una bonita balada acariciada por la voz de Morrison; la siempre efectiva y circense: "Twentieth century fox"; en "I looked at you" se fijan en los grupos de la invasión británica; vuelve la sugestión enigmática y nebulosa con "End of the night" y el rock se esencia brit de "Take it as it come".
El final llega con la extensa y magnética "The end", alegórica de finales y mitos, de excesos intelectuales mojados y comprimidos por la juventud y la locura artificial, un tema excelente y excitante que forma parte del legado del rock.
Hoy me ha dado por recordar el debut de The Doors, uno de esos debuts que dejó una muesca en la historia de la música del diablo, que hizo mover las cabezas en su dirección y activar neuronas en busca de fondos y formas alternativos y que sigue sonando personal e inimitado, un clásico y maravilloso álbum.

lunes, 15 de enero de 2018

Los lunes... escenas de cine - "Furia".


El vienés Fritz Lang rueda en 1936 su primera película en tierra americana: "Furia". Deja tras de si un impresionante legado cinematográfico, tanto en films sonoros como mudos, en Europa. Una base sobre la que se edificó gran parte de lo que después se dió a conocer como la edad dorada del cine, influyendo definitivamente sobre lo que en un principio era una profesión, pero a partir de realizadores como Lang, se convirtió en arte.
En "Furia" vuelve a dirigir su objetivo hacia una problemática social, con cierto nexo común con "M, El vampiro de Dusseldorf", -que ya apareció aquí- en cuanto a lo que de juicio penal con trasfondo social y psicológico se refiere, aunque con diferencias manifiestas, por supuesto.
Basada en un relato del también guionista Norman Krasna, que entusiasmo al entonces productor Joseph Leo Mankiewicz, Lang compone un guión, junto a Bartlett Comack, donde acomete un episodio -bastante habitual en la América de la época- del linchamiento.
Un hombre tranquilo y bonachón: Joseph Wheeler (Spencer Tracy) llega a un plácido pueblo para casarse con su novia (Sylvia Sidney). Sin tener nada que ver con el caso, se ve detenido como sospechoso del rapto de una joven de la localidad. El sheriff, un charlatán y fanfarrón, presume en la localidad de haber dado con el culpable. Encerrado en espera de ser juzgado, muchos vecinos del pueblo deciden tomarse la justicia por su mano, en unas escenas de tremendo impacto, la jauría enloquecida y sedienta de venganza incendia la cárcel en la que se encontraba el pobre Wheeler.
Dado por muerto, se inicia un proceso judicial contra los exaltados, el cadáver no aparece y se da por entendido que el fuego no dejó ni rastro de él, pero lo cierto es que Wheeler vive, está escondido y consumido por el odio y la sed de venganza.
Obra maestra absoluta, rodada de manera excepcional, con momentos cercanos al documental, con un ritmo y un pulso impresionantes y una historia real y aterradora, un toque de atención sobre la irracionalidad del ser humano cuando es conducido por sus instintos primarios y en la fortaleza cobarde de la muchedumbre, a acometer atrocidades escalofriantes.
Tras esta, por supuesto, Lang repitió y dejó, también en Hollywood, una incontestable filmografía que se encuentra entre las más gloriosas de la historia del cine.

domingo, 14 de enero de 2018

Los milagros existen. Seis años de Rock and More by Addison de Witt.


Un año más, y aquí seguimos, dando la carga. Cuando empecé a escribir esta bitácora, oficiando de cronista de mis propias frustraciones, restañando, o intentándolo al menos, las cicatrices de cada uno de mis sueños rotos, no pensaba que seis años después seguiría pilotando esta nave.
Enfundarme el traje de blogero fue un intento a la desesperada de no iniciar una desconexión que diera al traste con mi propia esencia, un asirse a una forma de vivir y sentir que parecía que se escapaba por las costuras de una estructura vital que hacía aguas.
¿Quién podía pensar que me esperaba todo esto?. Al principio me debatía entre el desangramiento y la cauterización, y creo que hubo bastante de lo primero y poco de lo segundo, pero finalmente muchas de aquellas heridas que se ensancharon durante años, terminaron curándose milagrosamente.
¡Mira que hablar de milagros un tipejo como yo!. Pero la fórmula funcionó, el inicial vertedero que suponía la página en blanco, fue cogiendo cada vez más importancia y cuando quise darme cuenta se había convertido en lugar recurrente para dibujar seres y estares propios, un refugio en medio de la tormenta y una forma de encontrarme, aunque nunca inicié una búsqueda, o al menos no de forma consciente.
Y cuando la esperanza, buque insignia de mis principios y lazarillo de ese avezado soñador que un día fui, aquél que hacía camino al andar hasta que un día se paró en el recodo más oscuro de la senda. Cuando la esperanza digo, empezaba a agonizar, aparecieron ellos, y escuchaban a ese chico que se había hecho hombre sin conseguir lo que se propuso, y empezó a abrirse la persiana y la habitación empezó a recoger la luz del exterior, de la vida, y resultó que aquél cuarto no estaba tan vacío, que dentro del pecho había algo, más y mejor de lo que pensaba.
Conocer a tantos y tan buenos camaradas ha sido la tabla salvadora en lo que prometía ser un colosal naufragio, una hecatombe tan silenciosa como poco poética, yo que respiraba poesía y soñaba con banda sonora, siempre escrita por Wagner. Empezaron a sucederse hitos, razones para no llenar más el contenedor y hacer limpieza, la gloria puede estar a ras de suelo, y sobre el adoquinado ocurren los milagros más importantes, porque tienen voz y rostros, y los abrazos oficiaron de cura, ¡yo que nunca abrazaba a nadie!.
Seis años más, y me siento más joven que entonces, más vital y menos errante.
Sólo puedo dar las gracias de todo corazón a todos los que pasan por esta casa y me honran con su presencia, su opinión y en muchos casos con su amistad. Como a todos los que he conocido en persona gracias al rock and roll: aprender con vosotros es un privilegio que tiene poco de milagro y mucho de vida, seguimos palpitando al ritmo de la música, creyendo en lo accesible de las quimeras con los libros y dejando mandar a la nostalgia imaginativa con retazos de sueños y recuerdos, fantasías y visiones fantasmagóricas de noches de insomnio, seguimos, en definitiva, dando la carga, como decía al principio.
¿Vamos a por el siete?

Gracias.

Jorge.




sábado, 13 de enero de 2018

2x1 - "My back pages" - Bob Dylan/The Byrds


Ayer por la tarde, en la tertulia que tuve el privilegio de compartir con mis compadres Joserra, Josetxo y Kepa Arbizu, para seguir charlando sobre el estupendo "Pasión no es palabra cualquiera", por esos extraños vericuetos por los que se introduce la conversación, aparecieron The Byrds.
Intentando explicar algo sobre la inmensa banda californiana, me hice un pequeño lío tipo Antonio Ozores, pero quedó clara la admiración de todos los presentes por el mítico y no siempre valorado en su medida grupo norteamericano.
Su conexión con Dylan fue evidente, en especial en sus primeros lanzamientos discográficos, no en vano fue un cover de "Mr. Tambourine man", famoso tema del de Minessotta, lo que hizo de The Byrds un grupo de éxito masivo.
Se me antojaba, en recuerdo de la bonita tarde de ayer, proponer un 2x1 que tuviese como protagonistas a The Byrds y a Dylan. Como la mencionada "Mr. Tambourine man" era demasiado obvia, me he decantado por "My back pages", menos conocida y perteneciente a "Younger than yesterday", que además es mi disco favorito del grupo.
Sin más cháchara, nos vamos para armonizar la tarde/noche del sábado, con "My back pages". Eligan su favorita.




jueves, 11 de enero de 2018

Doctor Divago - "Complejo Alquería Frailes 13" (2018)


Hay bandas que consiguen algo que dudo mucho que se alcance por el mero hecho de prepararse profesionalmente para la práctica de la música y el correcto manejo de sus instrumentos. Tampoco la facilidad a la hora de elaborar suculencias melódicas, la aguda intelectualidad lírica para escribir textos de peso o el instinto para inyectar a cada canción ese espíritu indómito y de quimera realizable que exige el rock creo que ayude a lograr ese mantra al que me refiero, porque se podría decir que el toque Divago es un mantra.
Doctor Divago consiguen sin aparente dificultad lo que pretendo explicar, además de atesorar las cualidades ya referidas. Ese ideal no es otro que sonar como nadie más suena, tener un estilo tan personal y exclusivo como definitorio de su arte, y mientras no se demuestre lo contrario, inimitable.
Se podría decir que Doctor Divago suena a Doctor Divago, o lo que es lo mismo, que su sonido y su elegía es casi una denominación de origen. Adoro esa reacción de encontronazo con alguien querido que se opera cuando te asalta la voz reflexiva y cercana de Manolo Bertrán, la armónica de Chumi, siempre en un lugar estratégico, el meticuloso paso rítmico a cargo de Wally y Edu Cerdá, y esas guitarras que cierran el círculo sin aspavientos que rasga David Vie; todo es tan identificable que sólo el aire mediterráneo que exhalan sus canciones y un tíntineo a grupo de barrio, además de ciertas reminiscencias al pop patrio sesentero consiguen aumentar las buenas sensaciones.
Y esto lo digo porque lleva la banda valenciana once discos y más de veinticinco años reiterándolo copla tras copla, concierto tras concierto, álbum tras álbum. Y por supuesto en su doceava colección de temas no iba a ser de otra manera.


Así que sin asomarnos a precedentes trabajos y sin echar la vista atrás, que no es necesario, decimos que "Complejo Alquería Frailes 13", el nuevo catálogo del Divago, vuelve a certificar la inmutable verdad que se encierra en la perorata que abre esta reseña, y que abrimos el 2018 con otro magnífico elepé de los queridos Doctor Divago.
Para ello, además de los interesados, no falta Dani Cardona en la producción; y las colaboraciones de Victoria García en el cello, Vanessa Juan en la tromba o Gabriele del Vecchio en el órgano.
Esparcidos todos los ingredientes, diseccionar el disco es cuestión de escuchas, y creanme, que no muchas. No tardarán en asociarse al ritmo y estribillo de "Aún queda vino" que abre el disco; también está presente el mundo del boxeo, justo al final, con el afligido recuerdo al arbitro Rudy Goldstein en "El tercer hombre en el ring". El single que hizo de avanzadilla del álbum aún en el diecisiete: "Al cuarto día".
Los textos son, como siempre, muy especiales, así queda como palpable certeza en: "Todos los cielos son la misma vida", la excelente "Engañame", o "Mi querido amigo", con esa nota de apacible nostalgia.



La narrativa de "El viaje largo" o el adorable tono reflexivo de "Los pies en la tierra", aderezada con armónica y tromba, son también momentos destacados.
"El humor" es un introvertido discurso con demoledor estribillo, y "Sonámbulo" un corte rockero y enfurecido, con la armónica ardiendo, también marca de la casa.
Dejo para el final "Mi gemelo malvado", un tema que deja impronta de segura impermeabilidad con respecto al paso del tiempo: nostalgia y belleza melódica, mi favorita si me lo permiten.
Es una alegría para mi que el primer disco del que hablamos en este recién iniciado 2018, sea precisamente, el último trabajo de Doctor Divago, uno de los imperscindibles y grandes referentes en castellano (y en otros idiomas también) de esta casa, y que marcará, ya lo está haciendo, este curso que ahora comienza.

miércoles, 10 de enero de 2018

The Cribs - "24-7 Rock star shit" (2017).


La tormenta de lanzamientos, novedades y proyectos a los que hoy se tiene alcance desde el ordenador de casa, trae consigo cosas buenas, y también algunas un tanto inverosímiles.
Entre las segundas está, que en un momento dado, un disco que en principio sería de interés para alguien, le pase desapercibido, mimetizado en ese ciclón de material que nos tiran encima en la red.
Eso es precisamente lo que me ha ocurrido a mi con el último álbum de The Cribs, banda que siempre me ha gustado mucho, y cuya última criatura: "24-7 Rock star shit", que fue publicada en agosto del pasado curso, no ha llegado a mi conocimiento hasta los últimos días del año ya finiquitado.
Si bien en el anterior elepé, el estupendo aunque rodeado de cierta controversia: "For all my sisters", los hermanos Jarman obtuvieron unos excelente réditos comerciales, atenuando un tanto su sonido, en busca de una propuesta más 'pop', para lo cual contaron con la producción del Ric Ocasek (The Cars); para este último proyecto, el trío ha decidido volver a sus raíces, con un sonido que mira al grunge noventero sin olvidar el ramalazo punk que siempre ha caracterizado su propuesta.


Y para ello han contado con la colaboración de Steve Albini como ingeniero de sonido, buscando precisamente ese sonido referido, no en vano el norteamericano a trabajado con bandas como Nirvana o Pixies.
Desde luego se nota el giro sónico con respecto al trabajo precedente, y "24-7 Rock star shits" suena más crudo y vehemente. Aunque la banda ha adquirido una madurez que ha dejado poso en ellos como compositores, resultando las melodías más redondas y menos traumáticas y nihilista de lo que eran en sus primeros discos, especialmente antes de la estancia -fugaz- de Johnny Marr.
Están por supuesto algunos de los habituales leit motive en cuanto a los textos, grandes dosis de transgresión, feminismo, anti-fascismo y haciendo de moscas cojoneras.
Entre los momentos más hieráticos destacan el tema que abre el disco: "Give good time" de rabiosas guitarras y esencia punk; como el tema, favorito personal, que sirvió de adelanto al disco meses atrás, la callejera y orgánica: "Year of hate"; también suena fibrosa y sucia la excelente: "In your palace".
Con este terceto de apertura dejan clara sus intenciones, alejadas de "For your sisters", aunque un servidor piensa que no tanto.
Es en los entornos sonoros más punks, de ritmos lacerantes y bajos brumosos donde mejor funcionan las nuevas canciones de los chicos. Así queda demostrado en pelotazos como: "Dendrophobia", "Partisan" o "Broken arrow".



Otros temas de afilada actitud punk-rock, pero más en la onda del anterior y exitoso disco, son: "What have you don for me" y "Rainbow rigde".
Tal vez los cortes más calmos sean los menos conseguidos del disco, quedando un poco en tierra de nadie. Pues ni "Sicks not twigs" de tierna melodía, coros y una atmósfera de local de ensayo muy favorecedora, aunque un tanto desubicada; como la densa y un tanto barroca (dentro de la propuesta del conjunto) con sintetizador incluido: "Dead at the wheel", son los momentos más recordables del disco.
Vuelta al principio, sonidos punk, rock, grunge y cierto tono garajero, para un estupendo ramillete de composiciones; no obstante la madurez se ha hecho dueña de los designios de los hermanos Jardam, y no para mal, pues en 2017, y yo sin enterarme, vuelven a facturar un muy buen disco.

martes, 9 de enero de 2018

La distancia y el tiempo, dolor y medicina. La última felicitación de año nuevo.


No es fácil aceptar que ha pasado otro año, que el diecisiete ha sido sustituido por el dieciocho y que me zambullo en la certeza de seis años sin noticias.
Imposible no tener colgando de las retinas la imagen del último día, su adiós quería parecer temporal, pero sonaba a definitivo, como el adiós a esas ciudades en las que sabes que la felicidad ha sido tan plena, que nunca volverás, pues no es posible que vuelvan a ser tan hermosas, cálidas y acogedoras; y eres consciente de que sólo queda decepción, nostalgia y frustración en sus calles si te empecinas en un retorno.
La vida hizo un regate de los suyos, apuntó hacia el este y su esperanzador comienzo de todo, y disparó sus designios hacia el norte, proyectando nuestros sueños hacia un horizonte negro y apocalíptico, hacia la nada.
Ignoro si los kilómetros que se extendieron entre nosotros resultaron rehabilitadores para ella, lo que si puedo certificar es que yo me curé, aunque dudo mucho de que su ausencia haya tenido algo que ver con ello.
Pero el silencio no tiene nada de sanador, ni de reconfortante; no importan nuestros males antiguos ni nuestras medicinas crónicas. Tampoco el aislamiento de noticias al que me sometió y que tanto dolía al principio, y que durante un tiempo pensé que sería un obstáculo definitivo en mi camino hacia la normalidad tenía sentido en tales circunstancias.
Cuando no hay culpables, el castigo se torna arbitrario y cruel, insidioso y malsano, inútil y ofensivo. Así me sentí durante meses, casi años: herido, insano, ofendido; y no sé porqué la solución tenía que ser tan negra y abstracta.
Abro un libro y me tropiezo con su letra, la fecha parece que fue escrita hace siglos, pero lo cierto es que la tinta está aún fresca, y la visión de su sonrisa con el "felíz sant Jordi" brotando de sus labios aún rebota contra las paderes de mi cráneo.
El otro día pasaron una película por la tele, cuando la vimos en el cine no me gustó, pero la vi hasta el final sin prestarla atención. Sigue siendo una mala película, pero es otra ráfaga de vida que aún palpita en mi interior. Y obliga a las preguntas de siempre: ¿en qué año la vimos?; y al levantamiento de los recuerdos: aquél cine ya no existe, después comimos una hamburguesa y nos fuimos a la cama, a la que fue mi casa y hoy es el laberinto de mi pasado más ocre y contaminado.
Los años han pasado, ella no ha vuelto, creo, y yo sé que nunca iré a verla; igual prefiero no saber nada más, tener la convicción impuesta, cobarde y cómoda de que está bien, igual que yo.
¿Qué hubiese ocurrido si el peso del mundo no se hubiese precipitado sobre nuestras cabezas?, ¿si en el momento más determinante no hubiese estallado el equilibrio que sin darnos cuenta íbamos perdiendo?. Cada uno se derrumbaba con la vista incrustada en los ojos del otro, sin escuchar ni ver, sintiendo en ficción, a golpes de amor, de instinto, de placer. Siempre ocupados en evitar mirar nuestra decrepitud creciente.
Siento que el tiempo se nos fue, no vimos llegar el caballo de la hecatombe y cuando quisimos tirarnos al suelo, era demasiado tarde y sus herraduras se habían clavado en nuestras cabezas, nos arrasó; y entonces, como si hubiésemos estado acostados en el epicentro del terremoto, todo se desmoronó y la razón ajena tomo las riendas de nuestras vidas menguantes.
¿Sabes qué?, creo que fuimos los últimos en enterarnos de que nuestro sol era oscuridad, y los únicos que nos veíamos morenos eramos nosotros, cuando la palidez y el raquitismo ya se había hecho con nuestras osamentas.
Estamos en dosmildieciocho, y estamos bien, brindo por ello con agua de lluvia, y que cuando estemos peor, estemos como hoy.
¡Feliz año nuevo nena!



lunes, 8 de enero de 2018

Los lunes... escenas de cine - "Los siete samurais"


Una de mis películas favoritas es sin duda "Los siete samurais" (1954). La historia de una aldea, en el siglo XVI, que tras verse acosada y asolada por unos forajidos, decide contratar, a pesar de contar únicamente con el alojamiento y la comida como forma de pago, con la ayuda de un samurai. Éste termina reclutando un pequeño ejercito para ayudar a los inocentes campesinos.
Estos, una vez que llegan al pueblo enseñan a sus habitantes a defenderse, empezando una espiral de acción, humor, romance y suspense hasta el final de la película.
Por supuesto la historia va más allá y de las relaciones que se establecen entre los personajes, Kurosawa acerca su cámara y su sabiduría para dejar una reflexión sobre valores humanos como la amistad, el honor o el valor.
Film de tremendo impacto visual y que ha resultado de enorme influencia en otras películas y en la obra de no pocos realizadores posteriores.
Obra maestra incuestionable, pasamos la semana con Akira Kurosawa y "Los siete samurais".
¡Feliz semana!

domingo, 7 de enero de 2018

Los domingos photosong - Pure Prairie League - "In the morning"


Finalizan las navidades y volvemos a la normalidad, admito que con cierto alivio. Repasando los discos esta mañana me he encontrado con unos viejos amigos: los Pure Prairie League.
Sus primeros discos me parecen estupendos, con unas portadas admirables y muy divertidas. Siempre me gustó mucho su catálogo de 1976 titulado "Dance".
Si bien es cierto que no obtuvo unos resultados comerciales a la altura de precedentes elepés, el contenido en canciones me parece tan bueno como en cualquiera de los cuatro discos anteriores.
Me parece una buena opción para solear un poco un fin de navidades tan gris y lluvioso como el que estamos viviendo en Bilbao, y de entre todas las coplas del disco me he decantado por "In the morning", un tema campestre y que rezuma el frescor del rocío en una mañana de primavera, pare soñar con los días de flores y sol que aún están lejos.
Nos quedamos con Pure Prairie League y su "In the morning".
¡Felíz domingo!!!


sábado, 6 de enero de 2018

Walnut - "Candolia" (2017)


Seguimos cumpliendo con el compromiso adquirido por un servidor de ir dando cancha a trabajos y grupos de mi Bizkaia natal, que de tanto expandir impresiones y mentalidades, he terminado olvidando un poco a los grupos vecinos.
Hoy llega una formación muy joven llamada Walnut. Es especialmente delicado este asunto, pues es mayor que en otros casos si cabe, la deuda que tengo adquirida con esta banda. En primer lugar porque el disco, que lleva el bonito título de "Candolia", lleva varios meses publicado, exactamente desde julio del pasado 2017; segundo porque es uno de los grupos de Frías, lo que como todo el mundo por aquí sabe, tiene una significación muy especial para todos los que hemos dejado quintales de emoción entre aquellas almenas; y tercero, porque es un disco que se quedó fuera de las listas de fin de año, y lo que empeora el estropicio aún más, es que fue por olvido puro y duro del que suscribe.
Así que nos ponemos manos a la obra, y vamos a ver si en lo posible, podemos desfacer el entuerto.
Walnut, para quien no conozca a la banda, es un cuarteto originario de la capital bilbaína, aunque a día de hoy están diseminados por el planeta (nada que no se pueda solucionar con ilusión, amor por la música e internet).
Los imterfectos son: Bosco Uribe (batería y voz), Manu Uribe (bajo), Igor Gonzalez (teclados) y Ander Suárez (guitarras, slide). Entre todos han construido un ramillete de canciones de inequívoco sabor americano, rancio abolengo sónico y libertad para dejarse llevar por los irreductibles iconos de la música del país de tío Sam, en especial -y esto no es un desdoro, todo lo contrario- los inmortales The Band.


Su primer disco, grabado en la maravillosa tierra cántabra de La vega de Pas, con producción propia y del tristemente desaparecido de forma reciente: Aingeru Malaxetxebarria.
Si bien quiero confesar que las primeras escuchas me parecieron un tanto impersonales, entendía y así lo comenté con amigos musiqueros, que escondían un tanto su personalidad creadora detrás de sus influencias, -repito la mención a The Band-, un tanto excesiva; no es menos cierto que con las escuchas subsiguientes, y atendiendo premisas de estas amistades, indiscutiblemente más sabias que yo, poco a poco el disco y su micromundo fue haciéndose sitio en mi, y terminé entendiendo este refugiarse en las mentadas influencias,  como un ejercicio también de libertad, de forma de expresión y además como algo reconfortante en un grupo de chicos tan jóvenes que al fin y a la postre se hayan ante su primer disco.
Porque los Stones nunca negaron la influencia que Chuck Berry ejerció en ellos, y se nota de forma evidente en sus primeros discos. Tampoco Springsteen puede negar lo importante que Seeger ha sido para su música, o el efecto reconocido de Guthrie sobre el gran Dylan; no veo problema en recoger las influencias iniciáticas en un primer disco, que por todo lo demás sólo puede presumir de aciertos notorios.
¿Cuáles son estos aciertos?, pues apunten: la construcción de las canciones, atinadas melodías y lineas de auténtica enjundia, sin buscar estribillos adherentes, osadía; la interpretación vocal de Bosco, una reencarnación de Levon Helm es no ser justo ni con Levon ni con Bosco, pues aporta su propio fraseo y un barniz vocal que siempre sabe colorear para acertar con cada recodo melódico o textual; la tremenda cohesión del sonido a nivel general, teclados, guitarras eléctricas, base rítmica, la ocasional adición de armónicas, como en la magnífica: "The best twenty on dollars ever paid", acústicas y otros sonidos de cuerdas de acento campestre, virtuosismo; la fusión de estilos (country, rock, folk, blues), siempre dentro de unos parámetros estilísticos plenos de pureza e intención, con oficio y una prudencia digna de veteranos, oficio.
Les aseguro que el disco lo disfrutarán, eso si, olvídense de consideraciones sesudas con respecto a términos como revival o imitación, no le harán ningún bien como oyentes y además no son justos, pues no es de recibo la utilización de los mismos de forma pendenciosa.
Bilbao sigue de moda en Rock and more, y además apuntando alto con discos como este de Walnut que responde al título de "Candolia".
Bandcamp de Walnut donde escuchar y adquirir este estupendo Candolia.

viernes, 5 de enero de 2018

Willie Nile viene de visita (otra vez) en mayo, y se toma su tiempo.


Nuestro pequeñajo favorito, el gran Willie Nile vuelve a España por primavera. Cierto que es ya habitual su presencia en los escenarios españoles, es evidente que unos discos gustan más y otros menos, pero es que el amigo es un currela y siempre tiene algún proyecto en mente y en la calle. Y además en directo es de los que echa el resto y siempre cumple, y  suma, y suma, y suma.
Osea, que la noticia es de las buenas. Y además Willie se toma su tiempo, pues se pasará casi todo el mes de mayo por estos lares, doce citas nada menos. Aunque debo decir con pena y rabia, que por desgracia mis amigos del sur lo van a tener difícil, es lamentable que lugares con tanto arte, artistas y aficionados se vean tan a menudo sin poder disfrutar de sus artistas favoritos por la ineptitud -y lo que es peor, desidia- de unos políticos infames, analfabetos e iletrados.
Dejamos fechas y lugares por donde pasara el txaparro neoyorquino en la foto de portada.

jueves, 4 de enero de 2018

And libros by Addison de Witt... "Riña de gatos" - Eduardo Mendoza.

Nunca terminé de entender porqué Eduardo Mendoza dejó su casa de toda la vida: Seix Barral, para unirse a Planeta en 2010. Nada más llegar al imperio editorial del inigualable y singular José Manuel Lara, éste le otorgó el famoso, aunque no necesariamente prestigioso, premio Planeta, con su primera novela para el grupo: "Riña de gatos".
Y aunque es evidente que la concesión del premio formaba parte de los términos del contrato con Planeta, la verdad es que nunca vi la visión comercial a este movimiento, pues es de todos conocido que el galardón en cuestión es meramente industrial, y sólo busca la promoción de autores de la casa, con el propósito de hacer de ellos, mediante el empujón mediático que significa el premio, autores de los denominados best sellers. Eduardo Mendoza ni era un autor en vías de crecimiento, ni necesitaba ese empujón, pues sus novelas hacía décadas que vendían ejemplares a cascoporro con la sola impresión en la portada de su nombre, pero en fin.
La cosa es que "Riña de gatos", a pesar, o como consecuencia de, no lo sé,  ganar el premio, siempre me ha parecido una novela infravalorada, como de la segunda división dentro de la exclusiva obra de don Eduardo.
Creo que no es así. En "Riña de gatos" no falta nada del universo disparatado, humorístico, aventurero, extravagante, humano, romántico, irónico, desternillante, absurdo y de patrio tono noir, que caracteriza la obra de Mendoza.
El personaje sobre el que rota la acción, el inglés Anthony Whitelands, recuerda al ignoto y alocado detective ocasional de sus obras pretéritas: "El misterio de la cripta embrujada" (1978), "El laberinto de las aceitunas" (1982), o "La aventura del tocador de señoras" (2001) y que hicieron de Mendoza un escritor admirado y de primera línea.
Y también la trama perfectamente hubiese podido ser interpretada por el anónimo y célebre personaje aludido. Eso si, en esta ocasión, la acción se remonta a los días previos al golpe de estado fascista de 1936, y la ubicación se centra en la capital del estado, Madrid. Dejamos atrás pues, los años setenta y ochenta y la ciudad condal.
No faltan en la narración episodios desatinados, situaciones inverosímiles y encuentros delirantes. La facultad del protagonista para verse enredado, muchas veces sin pretenderlo, en fuegos cruzados de tremenda enjundia, en embrollos sentimentales incomprensibles o para situarse en el epicentro de problemas de estado de vital trascendencia, es auténtica marca de la casa, y la diversión recorriendo estos acontecimientos está tan garantizada como en pretéritas y más destacadas ocasiones.
Por supuesto no falta la alusión a personajes reales, no en vano la acción se desarrolla en las cruciales semanas en las que España se debatía entre el golpe de estado, la impúdica amenaza creciente de La Falange, la violencia callejera de unos y otros, las conspiraciones ente si de los militares pugnando por ser uno u otro general quien dirija la revuelta, la intervención de la Unión Soviética por medio de espías y enviados, la nobleza, la policía, el aparato diplomático británico... y todo, a propósito de una pintura presuntamente obra de Velázquez y que es desconocida para el mundo.
José Antonio Primo de Rivera, el general Mola, Franco, Azaña... se pasean por estas páginas.

Un experto en arte español, el inglés Anthony Whitelands, gran conocedor y admirador de Diego Velázquez, llega a Madrid para autentificar un cuadro que conserva oculto un duque y grande de España.  Éste pretende, según dice, venderlo en el extranjero ante la eventual salida de él y su familia del país dada la evidencia de una guerra civil y así poder tener liquidez en el exilio.
Cuando lo comprueba, asegura que se trata precisamente de un Velázquez auténtico y además desconocido, de gran importancia y valor por tratarse, además, de un cuadro en el que se puede echar luz sobre aspectos biográficos desconocidos del gran pintor sevillano.
La realidad es otra, y el interés del duque dista de lo confesado. No obstante, Anthony advierte que está ante la oportunidad de alcanzar la fama y el prestigio general, si es él quien da a conocer la pintura al mundo.
Pronto se hace habitual de la familia del aristócrata, enamorándose en el acto de la hija mayor de éste, la hermosa y extraña Paquita, y enamorando él a su vez a la hija menor, la adolescente pero vivaracha e inteligente Lilí.
Paquita está enamorada a su vez de un amigo de la familia: José Antonio Primo de Rivera, líder de falange e hijo del dictador Primo de Rivera, aunque por la condición de éste, su amor mutuo es imposible. La rápida intromisión de personajes de los bajos fondos enredados con los bolcheviques, de chicas de mala nota, de la policía, del consulado inglés, de un terceto de generales en pugna por dirigir el golpe de estado, termina introduciendo a nuestro buen inglés en medio de una espiral política, revolucionaria, sentimental y de supervivencia absolutamente hilarante, que por supuesto pondrá al protagonista en situaciones totalmente vertiginosas.

Tal vez no se trate de la mejor novela de Mendoza, es posible que adolezca del gancho de otras por todos conocidas, pero mantiene el interés del lector, provoca no pocas sonrisas, e incluso alguna carcajada, y en parte, recuerda la situación de un país, durante unos días terribles y determinantes. Algo que para muchos hoy es un enigma, o algo que les dicen que hay que olvidar, y si es posible convencer de que nunca pasó.

miércoles, 3 de enero de 2018

The Surfing Magazines de gira por España este mes de enero.


Con un único disco publicado, de título homónimo y sumamente disfrutable, como dejamos claro en esta reseña; el cuarteto The Surfing Magazines, formado por dos unidades de The Wave Pictures: David TattersallFranic Rozycki; una de Slow Club: Charles Watson y el baterista Dominic Brider, ya están en la carretera defendiendo su elepé.
Y en su periplo no han querido pasar por alto la piel de toro, por lo cual, en breve, en este mismo mes de enero, tendremos al grupo tocando por estos lares.
Promete tratarse de una gira, -una de las primeras del año-, que dejará buenas canciones, diversión y mucha actitud.
Y que empiecen a organizarse las agendas, que el rock and roll no para. Dejamos la lista de actuaciones en el cartel de promoción del tour.

martes, 2 de enero de 2018

De callejas y plazoletas, del viejo continente, de cervezas y viandas, de paseo por Varsovia.


Raimundo Cantarranas sigue siendo, a pesar de que su edad no haga de ello algo predecible, un viajero incansable, de los de mochila, mirada inquieta, pulmones ansiosos y libro sabio para el camino.
Cada año cuenta los minutos, hasta que se cerciora de que el otoño ha hecho suyos los cielos de la vieja Europa, y entonces emprende camino. Solo, que no solitario, y con la misma ilusión depositada en cada recodo, en cada poyo de cada puerta, en cada claro de sol que se desata de entre las nubes grises del firmamento, que cuando era joven.

Ul. Swietojanska

Lo suyo no es el glamour de los grandes iconos de selfie o tarjeta postal, ni de final de vuelta ciclista, tampoco los escenarios de películas de Hollywood con galán y mocita de inocente belleza, ni las ubicaciones donde se desarrollan las persecuciones de agentes secretos, y menos aún los empalagosos espacios contaminados por el antropófago engendro del consumismo, invisibles por la multitud de turistas que impiden ver el bosque, cada uno con su ráfaga de flashes presta para apedrear el entorno.

Taberna Celibar
Lo que excita la sed de viajero que vive los lugares, que los respira, de Raimundo, es la callejuela de adoquines milenarios. Veredas que torturan las plantas de los pies y no hacen distinción entre acera y calzada, esas callejas en las que siempre manda la sombra, y más aún en otoño. Cercado el caminante entre unos muros que se alzan a no más de cuatro alturas, con la vejez hecha hermosura, pero hermosura humilde, tímida. Esas casas de tejados de pizarra que apuntan al cielo, desafiando a las nieves que cada año, sin faltar uno, aparecen cuando las luces que dan la bienvenida a la navidad mitigan la oscuridad que llega poco después de la hora de comer en los días finales de diciembre.
A ras de suelo, esos callejones recoletos y serpenteantes, enraciman portales de vetustas puertas de madera, comercios que hacen de lo antiguo su seña de identidad, bohemios talleres de pintores y artesanos que ofrecen su trabajo a los paseantes sin darse la importancia que sueñan con tener algún día, tabernas de piedra donde la cerveza es un arte y la paz una exigencia, iglesias de fervor callado pero sincero, farolas de forja que iluminan poco, pero bien, y una corriente de aire que acaricia, con su frescor continental de fragancia a libertad e historia, a muerte y codicia de reyes y nobles, de siglos.

Plaza del Castillo

Raimundo, cada vez que pasea por una de esas arterias minúsculas de la vieja Europa, mantiene la vista en el fondo del túnel de siglos que se amontonan en las mismas, siglos de pendencias y traiciones observadas desde las ventanas invisibles de madera, con párpados de contra-ventanas en eterna lucha contra la carcoma, enfiladas en escrupulosa geometría e incrustadas en los muros. Siempre la vista y la emoción concentrada en el último recodo, con la certeza de que desembocará en una de esas plazas milagrosas de perfección arquitectónica, de filas de tejados apuntando al infinito, plantando cara a los ojos de dios, de lineas rectas imposibles, de ojos de vidrio y madera que desde las fachadas hacen de la arquitectura una irresistible perfección matemática.
Una de esas plazas refrescadas por la diminuta fuente en honor a algún santo, o en el peor de los casos a algún clérigo que salpicó su vida de iniquidades. Suelen las provectas tabernas echar su mobiliario a la calle, y allí, a la lumbre de las estufas, alimentar a los visitantes con sus carnes, sus sopas de rancio abolengo y sus verduras, sus cervezas y sus caldos de moscatel, su hospitalidad y su belleza simple, apocada, serena y apenas consciente de su condición, esa facultad de eternidad, de inquebrantable paz de las plazas y las callejas de la vieja Europa, la que escuchó a Lutero y se mantuvo alejada de los vientos de fuego y muerte de la inquisición, la que no se zambullió en la asesina contra-reforma, la Europa de la guerra perpetua que golpea la piel de los hombres, y que esculpe la paz, construida y filtrada en la argamasa que es el cuerpo de las fachadas, la piedra que es la epidermis de las calzadas y el fuego que es la luz temblorosa de las farolas, la calma fría, silenciosa y sedante de sus ciudades amuralladas.


Iglesia de los Jesuitas y catedral de San Juan
Paseaba Raimundo hace unas semanas por una de esas callejas, cuando su visita a Varsovia le hizo admirar esas cualidades que tanto ama en la regia, sufridora y silenciosa Europa Santa. Dejando a su espalda el Castillo Real, que domina desde su soberana estructura la plaza que lleva su nombre y que mantiene los últimos vestigios de la vieja y moribunda muralla, siempre vigilada desde la altura que facilita la tarea al contrareformista Segismundo III, que aún extiende su majestad desde el alto de la columna corintia levantada en su honor frente al castillo, y a cuyos pies muere la arteria principal de la ciudad: la avenida Krakowskie Przedmieście. 
Deslizándose pues, tras abandonar la sombra del castillo, y sumergiendose en la oscuridad del callejón medieval que responde como Ul. Swietojanska, toreando las embestidas de los frailes que pasean su perenne silencio monástico al resguardo de la Archicatedral de San Juan Evangelista y su vecina, que se alinea a su vera en íntimo contacto pétreo: La iglesia de los jesuitas. Bien le pareció al buen Raimundo mitigar su sed en la añeja y acogedora taberna Celibar, frente a los templos referidos y donde el contraste del golpe de malta se hace placer al centrarse en un entorno de piedra, madera y el fuego de la chimenea.


Rynek Starego Miasta

De vuelta a la travesía, tras girar a la izquierda y avanzar entre el tumulto del mediodía, un rectángulo de luz rompe la sombra tibia que prestan los muros laterales al limpido ambiente centenar del hilo conductor de la ciudad vieja de Varsovia. Allí, en la luz, se concentra la mirada de Raimundo, acompasando el corazón, que rebota de gozo ante la certidumbre de verse pronto convergiendo en una nueva y austera plaza. Esta será la del mercado, conocida por aquellas gentes como Rynek Starego Miasta, pintoresco corazón de la ciudad vieja que conecta con el que fue un gettho judío de infausto recuerdo y que aún conserva parte del fatídico y vergonzante muro. 
Allí, el gentío se sumerge en el pasado, se acerca a los típicos puestos ambulantes de su mercadillo, y se deja absorber por la belleza plácida y sosegada de la decadencia lenta, irremisible y autocomplaciente de las ciudades como Varsovia, que avanzan con la cabeza vuelta al pasado, repitiendo como una letanía las bondades que asomaron pero no despertaron: lo que pudo haber sido y no fue...


En la plaza del mercado, las ventanas constituyen un ejercito en meticulosa formación, numerandose con las columnas y cornisas, sin desviar su expresión severa de pulcritud y disciplina, mientras se dejan acariciar por el otoño, alumbrar por el sol y mantienen el orgullo erecto. Desde su privilegiada posición se fijan en la presencia de las estrambóticas estatuas de dos sirenas que dividen la plaza en tres, de manera invisible y que dan sentido de historia triste al espacio, por otro lado optimista y alegre.


Sopa Zurek
Allí, en el lado largo opuesto al que los pintores callejeros reservan para mostrar sus acuarelas y carboncillos, se extienden los restaurantes tradicionales, con sus terrazas y sus carpas, repartiendo color y olor. Decidió Raimundo detenerse por primera vez en Romantyczna, donde su tradicional y sabrosa propuesta culinaria le convenció de las delicias de Polonia, también en lo gastronómico.
Difícil olvidar la sopa zurek y el pato con guarnición, la cerveza rubia y el licor. Los pájaros posándose descuidados y confiados en su mesa, aliviando la leve sensación de soledad, propia de las sobremesas mudas, silenciosas, un poco tristes que tiene que sufrir el viajero solitario. Haciendo registrar en las retinas todos y cada uno de los perfectos rincones de tan hermosa arquitectura, con las lágrimas asomándose a los ojos, sintiendose pleno y echando a faltar a alguien.
Tras pagar y prometer volver (doy fe que no faltó nuestro viajero a su palabra), Raimundo dirigió sus pasos hacia el antiguo ghetto judío, a pasear por una historia ignominiosa y desnutrida... pero eso, lo contamos otro día.