martes, 28 de febrero de 2017

The Orwells - "Terrible human beings" (2017)


Me ha pillado por sorpresa lo nuevo de The Orwells. Tanto ha sido así que me he saltado algún disco que en principio tenía prioridad por escuchar lo nuevo de los jovenzuelos de Illinois.
Con la esperanza de que este nuevo cancionero hiciese buenas migas con "Disgraceland", el frenético artefacto que en 2014 alabamos como sin duda merecía en esta reseña.
Debo decir que en principio no llega este "Terrible human beings" al nivel de aquél. Y esto es debido a una leve pero evidente tibieza en la acritud del sonido. siguen las guitarras fibrosas, y los estribillos pegadizos, las bases rítmicas contundentes y las lineas melódicas de pegada dura. Pero todo suena más plastificado, como si hubiesen utilizado una lija de menor capacidad roedora. Un trabajo con más diseño y vocación de expandirse comerciálmente.


Desaparece el punk casi en su totalidad, y se incrementa un cierto sonido post-Nirvana que tampoco esta mal. De hecho ya desde la portada se intuye el espíritu noventero que impregna en buena medida el álbum.
Lo que si continúan son algunos pelotazos que al menos a un servidor siempre van a conquistar, por ADNs afines entre tema y el propio corazón del que suscribe.
Así ocurre con el tema de lanzamiento: "They put a boby in the Bayou", tema de impecable borboteo de bajo y coros de apoteosis grunge al estilo Nirvana y mucho artificio sonoro.



Excitación en la conjunción de bajos y guitarras para "Fry" y "Creatures" es un medio tiempo de carácter coral.
"Vacation" es un tema de rotundo estribillo, y en "Black Francis" vuelve a la implicación de los coros en un tema de menos de tres minutos (como casi todos). En cambio "M.A.D" parece quedarse corta en fuerza e intensidad. No ocurre esto con la urgente "Budy" de apenas minuto y medio y que se hace corta.
"Hippie soldier" combina cierto aire reggae con un grunge aderezado con coros femeninos. Y "Heavy head" vuelve a las distorsiones y los bajos trotones, otra favorita personal.
Densa y oscura, con poco más de un minuto de burbujas sónicas y aullidos abstractos "Body reprise" no aporta nada y parece estar para dar paso a una especie de luminoso powerpop de guitarras titulado: "Ring pop". Cierto cariz glam en la lírica: "Last call (go home)".
Finaliza el Lp con "Double feature", elaborado tema de corte noventero que se excede en minutaje (más de siete minutos).



Entretenido disco, con algún tema poderoso y que funciona, estribillos delirantes y guitarras menos furiosas de lo deseable en algún corte. No obstante crece con las escuchas y puede dejar buenos momentos, no alcanza a su predecesor pero si merece en m opinión el acercarse a él.

lunes, 27 de febrero de 2017

Los lunes... escenas de cine - "Mirindas Asesinas"


Esta noche pasada se han repartido los famosos Oscars los chicos estos de Hollywood. Como un servidor siente una simpatía sin par por ese tipo de eventos, he decidido decantarme por alguna cinta que sea lo más antagónica posible con ese glamour hortera y pijo de la ceremonia por antonomasia de la industria americana del cine.
Y así, dando vueltas al tarro me he dado cuenta de que podía matar varios pájaros de un tiro, me explico.
Bajo este planteamiento tan de "hater" se me permitía acordarme de un corto, que no todo van a ser películas largas, que muchas veces la buena esencia se sirve en tarros pequeños, hacer un homenaje (siempre es tiempo) al desaparecido Álex Angulo, gran actor, tipo y paisano mío, y endosar un producto muy poco hollywoodiense al personal.
Dicho y hecho, el corto de Álex de la Iglesia es toda una leyenda, pocas cosas tan buenas ha hecho el realizador bilbaíno posteriormente.
Ambiente, ritmo, argumento, sadismo y tensión se concentran en un film absolutamente genial, con un amargo humor negro entre lo cutre y lo intelectual.
Absolutamente esquizofrénico este corto con el que nos quedamos estos próximos siete días. Nos quedamos con él para quien le apetezca visionarlo.
¡Feliz semana!!!



domingo, 26 de febrero de 2017

Los domingos photosong - REM - "Drive"


Nunca he sido un gran fan de REM la verdad. Durante la mayor parte de la carrera del grupo no les hice demasiado caso, y no fue hasta el ocaso de sus días como banda que me acerqué a su música, aunque de manera tímida.
En los últimos tiempos he accedido a alguno de sus discos, y la verdad es que si bien en algunos no llegan a conectar conmigo, en otros si que lo hacen.
No soy un gran conocedor de su obra, y no conozco su discografía completa ni mucho menos, pero sin duda el Lp que más me ha gustado y me gusta es "Automatic for the people", el exitoso álbum de 1992, que les consolidó como estrellas.
Rebuscando entre los vinilos, como cada domingo, he sacado éste para la escucha dominical, y la verdad es que por el motivo que sea, me esta gustando mucho.
La primera canción del disco es "Drive", y me parece un temazo de tomo y lomo, con ella nos quedamos.
¡Feliz domingo!!!



sábado, 25 de febrero de 2017

El Espejo de Palmira.

Cuando Palmira leyó "El Retrato de Dorian Gray" algo se desactivó en su interior. Es posible que su edad, diecisiete años, no fuese la apropiada para las perversidades de una novela por otro lado tan malintencionada.
Se sucedieron días, semanas e incluso meses de análisis obsesivo de lo leído, y cuando llegó el verano pensó que el sol, las diversiones y la temperatura seguramente harían de la relectura del texto una experiencia más clarificadora y menos traumática de lo que había sido el primer contacto con el libertino Dorian y su putrefacta alma manifestándose en el célebre cuadro.
No fue así. Tras la segunda lectura, Palmira se sintió aún más turbada ante el dramático destino del protagonista. Lo aterrador era la suprema sed de verdad de un lienzo que se suponía inanimado; la masoquista actitud de introspección de Dorian, que parecía querer purgar su culpa por una vida llena de frivolidades y felonías por medio del sufrimiento psicológico derivado de la observación en el retrato de su propia autodescomposición moral.
Un día de aquel verano maldito, al llegar a casa, tras una tarde de risas y chapuzones en la piscina con su novio Marco Antonio, se observó, casi sin querer, desnuda en el espejo del ropero de su cuarto. Era uno de esos espejos de cuerpo entero, fijado a un panel por medio de cuatro clavos, uno en cada esquina, que en otro tiempo fueron de un dorado brillante, pero que el empecinamiento de su madre en limpiarlos con spray para muebles había convertido su oro primigenio en un ocre y sucio color castaño.
No lo había advertido antes pero, junto a la axila izquierda, aún dentro de los dominios adjudicados al pecho, había aparecido una pequeña pero indiscutible verruga. Inmediatamente pensó en aquella protuberancia como de un fruto envenenado incrustado en su epidermis, una mala hierba que salía del interior de su ser, como si alguna maldad tuviese por fuerza o por higiene que huir de su carne.
No tardó en relacionar el episodio con el lienzo que marcaba la suciedad moral del inefable en su mente Dorian Gray. ¿Y si ese espejo se convirtiese en el retrato de su alma?... ¿Sería esa verruga la señal del pecado carnal cometido aquella tarde con Marco Antonio en la diminuta cabina de los vestuarios de los chicos?...


Se vistió y se dispuso a cenar con sus padres. El verano estaba llegando a su fin pero aún quedaban unos días de vacaciones antes de empezar su periplo en la universidad. Entonces estaría más ocupada y olvidaría aquellos delirios sin sentido.
Palmira triunfaba en sus estudios de derecho. La relación con Marco Antonio se consolidaba día a día. Él no era un buen estudiante y cuando terminó el curso de mecánico entró a trabajar en un taller perteneciente a una franquicia, en un centro comercial de una localidad cercana. Fue el primero en ganar dinero y no le importó correr con los primeros gastos del alquiler de un diminuto piso que empezaron a compartir durante el último año de carrera.
Palmira insistió en trasladar su armario al piso alquilado. Decidió instalarlo en una habitación que quedaba vacía. Por supuesto el motivo de aquel engorroso trabajo era la necesidad de la joven de no alejarse del reflejo de su interior, con los años el espejo se había convertido en una obsesión.
Podía pasarse horas frente a él, desnuda, inspeccionando cada centímetro de su cuerpo, buscando alguna marca de fealdad que pudiese señalarle el camino a seguir para conservar la pureza de su alma.
Pasaban los años y éstos marcaban el paso de sus vidas y la lozanía de sus cuerpos. Llegaron otros pisos y otros objetivos. Aparecieron los éxitos profesionales de ella, convertida en una prestigiosa letrada. Por su parte, Marco Antonio observaba con orgullo los logros de la que ya era su mujer. Le entristeció la negativa de ella a tener hijos, pero él sabía que la visión de una barriga que crecía y deformaba otros rasgos de su anatomía aterraba a Palmira, que observaría en su retrato de vidrio y mercurio restos de pecado en la belleza de un cuerpo que alberga vida.
La obsesión de ella con el espejo terminó siendo enfermiza y destructiva. En cada nuevo piso les acompañaba el espejo, ya desclavado de su original emplazamiento y reformado en un espejo móvil, incluso los fines de semana que pasaban en la casa de la playa les acompañaba aquel cruel objeto.



Llegaron tiempos oscuros. Palmira observaba como sus ojos se arrugaban, sus labios parecían más secos y el cuello parecía haber perdido parte de su elasticidad.
Cuando el cabello empezó a teñirse de blanco, Palmira pasó noches enteras sin dormir. En el ejercicio de su carrera había hecho cosas de las que no se sentía orgullosa, actos mezquinos muchas veces. Sin duda eran aquellos acontecimientos los que dibujaban el envejecido aspecto que le devolvía el espejo. Le mostraba la negrura egoísta y vanidosa de su alma.
Algunos días Marco Antonio entraba en el cuarto y la observaba frente a su lienzo, le decía lo bonita que estaba, que los años no pasaban por ella y que seguía resultando hermosa y muy sexy. Y no mentía.
Ella lo echaba de la habitación y rompía a llorar. La visión de sus pechos la aterraba. Aquellas tetas que de joven tanto gustaba de mostrar en la piscina y la playa las veía ahora vencidas, rindiendo parte de su orgullo al efecto de la gravedad. Las pecas que salpicaban como el negativo de una noche estrellada el pecho, le parecían ahora manchas extensas y deformes que le daban al busto un aspecto mortecino y decadente.


El no haber estado embarazada la libraba en parte de las estrías, pero los muslos le mostraban una celulitis que su enfermiza mente magnificaba, pues para su esposo no existía ese efecto; y sus piernas seguían siendo para él dos columnas dóricas de inmensa belleza y excitante efecto.
Aquel vidrioso retrato les fue separando. Ella cada vez estaba más obsesionada. No dejaba de preguntarse cuáles eran las maldades que había cometido para que el interior vivo del espejo le mostrase una descomposición tan evidente y mortificadora. Las continuas depresiones afectaron a su trabajo. El bufete hacía tiempo que sólo le encomendaba trabajos fáciles, de rutina, mecánicos.
Hacía meses que Marco Antonio llegaba tarde a casa. Las cosas no eran como antes. Cuando se acostaban, un extraño olor a productos químicos llegaba a la nariz de ella, o tal vez era un moderno perfume femenino. No sabía en qué andaba Marco Antonio, pero no quería preguntárselo.
Un sábado por la mañana, mientras la desnudez pletórica de Palmira no era comprendida por sus ojos maldecidos por años de paranoias y reproches injustificados, pero que brillaba en contundente madurez, Marco Antonio apareció con un enorme paquete bajo el brazo.
Se encaró a su mujer, con admiración en el rostro, con sed en la entrepierna por el largo periodo de abstinencia al que le había condenado aquel espejo, aquella maldición sin gato diabólico de por medio.
Ella comprendió su pena, su dolor, su angustia al ver cómo su amor se descomponía ante un trozo de cristal. Se sintió como una persona horrible. Acto seguido empezó a imaginar en qué lugar de su anatomía se vería reflejado aquel nuevo pecado.
El enamorado Marco Antonio empezó a hablar, con emoción húmeda en la voz, pero con una pálida luz de esperanza en los ojos. Le explicó que los años pasaban, que la vida se esfumaba y que su amor se marchitaba, se perdía en las horas de búsqueda absurda y psicótica frente a un viejo espejo que sólo refleja la superficie y no el interior.
Explico a su esposa que llevaba meses asistiendo a una academia de dibujo y pintura. Que hacía tiempo que cambiaba a última hora de la tarde la grasa de sus manos por el disolvente y las acuarelas.



Le describió su vida, su tristeza viendo cómo ella se difuminaba con su propio reflejo fantasma sin entenderlo. Que se estaba calcinando su razón, que era como una persona aquejada de anorexia, una persona a la que la dismorfofobia le esclavizaba hasta destruirla en muchas ocasiones. A ella su mal le salpicaba un reflejo asesino de sí misma, como a las personas aquejada del mal de no querer alimentarse por culpa de un reflejo irreal del que huir por medio del sacrificio, hasta la desaparición. A ella le estaba pasando algo parecido: su sacrificio era psicológico. Estaba enloqueciendo por culpa de una visión dismorfofóbica de su alma.
Rompió el papel marrón que envolvía el bulto. Un tablero de 140X90 cm., un cuadro, el resultado de sus llegadas tarde a casa oliendo a pastel y pintura.
El lienzo presentaba a la propia Palmira, desnuda, con sus espléndidos diecisiete años. El pelo negrísimo y la piel tirante alrededor de los ojos y su cuello de perfecta arquitectura. Los pechos rotundos y tersos, el vientre liso, del color del desierto del Gobi y las piernas morenas y perfiladas. Sonreía, como solía hacer antes de que Dorian Gray llegase a su vida.
Los ojos de Marco Antonio se veían tristes y no demasiado esperanzados; los de Palmira abiertos como un dos de oros de Fournier. Se reconocía en aquella pintura, preciosa y reventona de pasión y amor.
- Tu espejo es un retrato maldito y embustero, pero el espejo que nunca has tenido sólo tiene un reflejo para mí, éste. Yo te sigo viendo así; te veré así hasta que la luz definitiva se extinga en mis retinas. Te lo dejo aquí, tú eliges qué reflejo prefieres.
Y tras decir esto abandonó la habitación después de besar en la mejilla a su mujer.
Cuando aún no había abandonado de todo el cuarto escuchó un estruendo con el que no contaba.  Sobre el hueco que había dejado el espejo, ahora destrozado en mil pedazos y esparcido por el suelo, Palmira estaba colocando el cuadro. El retrato de Palmira.



Texto corregido y mejorado por Paco Evánder.

viernes, 24 de febrero de 2017

Cracker vuelven a girar por España en mayo. Fechas y ciudades.


Una noticia que alegrará a muchos, entre los que me incluyo. Los señores David Lowery y Johnny Hickman vuelven a España en la gira de presentación de las canciones de su último Lp, el estupendo "Berkeley to Bakersfield".
Siete ciudades serán las afortunadas que contarán con el explosivo dúo en concierto. La suerte se alía con mi Bilbao, ya que el evento contará con la participación junto a Cracker de Marah.
Uno ha sido muy fan de los de Philadelphia, y tras unos años en los que la formación parecía abocada a la hecatombe por motivos muy variados, parece que la vuelta del hermano prudente Serge Bielanko ha devuelto al desbaratado David a la senda del criterio, y que empiezan a parecerse a la impresionante banda que fueron. Doble suerte.
Cómo nunca sobra una nueva dosis del mejor rock de variados tintes, me imagino que muchos estaréis cuadrando agendas para no perderos el show, yo asistiré sin duda.

Las fechas y lugares que visitarán:

Jueves 4 de mayo de 2017: Santiago de Compostela, Riquela Club
Viernes 5 de mayo de 2017: Donostia-San Sebastián, Intxaurondo K.E.
Sábado 6 de mayo de 2017: Bilbao, Kafe Antzokia (+ Marah)
Martes 9 de mayo de 2017: Valencia, Loco Club 
Miércoles 10 de mayo de 2017: Madrid, El Sol
Jueves 11 de mayo de 2017: Barcelona, La [2] de Apolo
Viernes 12 de mayo de 2017: Vitoria–Gasteiz, Helldorado


jueves, 23 de febrero de 2017

Caddy - "The better end" (2015)


No cabe duda de que esta reseña viene con un retraso injustificable, pues el disco del que vamos a hablar fue publicado en el verano de 2015, desde luego tiempo ha habido. Se trata del tercer disco de Caddy, un proyecto unipersonal tras el que se embosca el artista sueco: Thomas Dahl, y que en el año referido optó por amortiguar la textura de sus sonidos para el excelente Lp que hoy nos ocupa, y que se titula: "The better end".
¿Porqué llega esta reseña ahora?... Lo voy a explicar. La presencia entre nosotros de los escoceses Teenage Fanclub me ha hecho recordar este disco, que conocí gracias a mi sabio amigo: Bernardo de Andrés Herrero, responsable como todos ustedes saben del imprescindible: Mi Tocadiscos Dual.
Y es que no es difícil encontrar similitudes entre la magna banda escocesa y este sueco mucho menos conocido, pero que puede ser importante a tenor de sus canciones.
Cierto que el disco no presentó demasiada batalla mediática en su momento, pasando bastante (por no decir muy) desapercibido. Es lamentable, pues se trata de un disco de jangle pop y powerpop sobrado de buenas canciones, de rigurosas melodías dibujadas con lustrosas armonías vocales, guitarras de esencia Rickenbacker, cristalinas y amables, y la voz de juvenil color de Thomas Dahl.
Un buen ejemplo de todo esto lo podemos encontrar en la maravillosa: "Bring it back".



La presencia de Teenage Fanclub se hace notar en la fluida: "Here it comes again", de hermosa melodía y perfectas armonías vocales. También es evidente este influjo en la más rugosa pero incluso superior: "Something about Carina".
Gloriosa pira de voces y guitarras efervescentes para "Fangblenny" y en "Into the sun" nos saluda la gracia sonora de Tom Petty gracias a guitarras, base rítmica y estribillo.
El tema que da titulo al álbum viene con cierto tono psicodélico al más puro estilo Beach Boys, y "Wherever you go" es un pop de libro, brillante como un sol de primavera, disfrutable y sonriente, dotado de un estribillo radiante, un saxo sorprendente, y una percusión de palmas irresistible.



Vuelven caricias de coordenada escocesa con la excelente: "Saint-cyr-sur-mer" de gloriosas armonías vocales nuevamente.
La recta final deja de manifiesto que el presente cancionero no incorpora temas de relleno, pues tanto "Chasing clouds" de golosa liviandad; como "Beautiful strange" de mayor peso sonoro, y la bucólica: "Autumn leaves" que finiquita el Lp, eliminan esta posibilidad.
Son días de sonidos alegres como meriendas campestres, de pop gobernado por las melodías y las voces, de guitarras risueñas y fluidez sonora. Son días de Teenage Fanclub, y ¿porqué no?... también pueden serlo de Caddy.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Chuck Prophet - "Bobby Fuller died for your sins" (2017)


No ha resultado tan fácil como era de esperar, tal vez un servidor esperaba un disco del señor Prophet de nula resistencia a la empatía inmediata como en pretéritas ocasiones, pero la verdad es que en el lote de éste 2017 no ha sido así.
No es menos cierto que los que me aventajaban en escuchas me reiteraban que "Bobby Fuller died for your sins", que es como se titula el nuevo Lp del californiano Chuck Prophet, ganaba según se acumulaban los pases al mentado cancionero.
Estaban en lo cierto, en menos repeticiones de las que en un principio me temí, el álbum empieza a funcionar, y las bondades que han hecho de Prophet un elegido para la gloria rockera por muchos, empiezan a salir a flote.
No obstante, y aunque no llevan a ningún sitio las comparaciones, no consideraría justo no dejar claro que este tracklist adolece de la deseable regularidad debida ya que no todos los temas que lo conforman tienen el mismo peso. Opino sinceramente que un número inferior de canciones darían como resultado un disco más redondo y equilibrado.


Por lo demás el álbum tiene las características sónicas habituales en nuestro profeta, guitarras radiantes, teclas sutiles y necesarias, ritmo ajustado a lo que se necesita, aires ochenteros (tal vez un poco excesivos en las sonoridades de algunas baterías), toques esporádicos de aire clásico, melodías marca de la casa, coros perfectos, y el timbre y fraseo característico de Chuck, casi nada.
Como he mencionado, algunos temas no me convencen demasiado y no me parecería descabellado haberlos eliminado, pero el resto justifican para este nuevo trabajo un notable alto. Nos concentraremos en estos.
El tema de apertura, que titula al álbum, es un rítmico rock ochentero con palmas y coros que se agarran a las meninges, nos habla de la oscura muerte del interprete de la mítica "I fought the law", un gran comienzo. La continuación con "Your skin" se caracteriza por una imponente linea de bajo, las guitarras enfurecidas, los coros de la esposa de Prophet: Stephanie Finch, y una excelente melodía. También me gusta la acústica balada de tono un tanto bucólico: "Open up your heart".
"Bad year for rock and roll" es un pelotazo instantáneo, recordando uno de los años más negros de la historia del rock, aludiendo a Bowie y con un estribillo indestructible, un temazo en toda orden.
Otro momento destacado es "Jesus was a social drinker", de cierto aire setentero y una esencia glam que me recuerda a los tiempos en los que el Duque cambiaba el folk por el rock glamouroso de tendencia T-Rex.



Dedicada a Alan Vega"In the mausoleaum" es otra muestra del rock de fuerte latido y oscuras guitarras.
Vuelven las esencias setenteras con golpes glam en "I was Connie Britton".
A la bonita aunque un tanto obvia balada de tono romántico; "We got up and played" le sigue, para terminar el álbum por todo lo alto el iridiscente rock and roll: "Alex Nieto", tremendo tema de ardiente espiral sónica dedicado al joven infámemente asesinado por la policía de San Francisco en el año 2014.
Como me resisto a comparar con anteriores catálogos, diré que el nuevo disco de Chuck Prophet es nuevamente un estupendo trabajo, con momentos memorables, tal vez el regusto un poco amargo que me queda es porque a mi entender hubiese ganado con algún tema menos, de todas maneras el notable alto del que hablan muchos admirados colegas está más que justificado y coincido con esa calificación.

martes, 21 de febrero de 2017

La misma piedra y el viento del oéste.


Cuando se reencontraron, ambos huérfanos de las premisas que tutelan las vidas adultas convencionales, charlaron y rieron, bebieron y bailaron, recordaron lo bueno, lo divertido. Sólo eso.
Ninguno hizo alusión a las cadenas, estas que hoy agarran sus pescuezos y los fijan al poste de la seguridad y la rutina. No quisieron recordar a aquellas bestias salvajes con vocación de indomables que fueron, o que quisieron ser. Aquellas criaturas que devoraban cualquier atadura con las fauces de su juventud voraz y contestataria.
No parecían las fiestas de un barrio de extrarradio el lugar más indicado para el reencuentro de dos cuarentones aburridos de fracasar, cautivos de sí mismos, y con sus vidas pendiendo de la fina tela de araña que es el equilibrio mental. Parecía finiquitado el ímpetu y la pasión por encontrar vivencias apasionantes. Los años decidieron por ellos y manipularon sus mentes: "Las grandes historias están en las cabezas imaginativas y suplicantes de los literatos y dramaturgos"... Tal vez por eso ambos gustaban de escribir, para no perder del todo la esperanza.
Los tiempos prescritos por los sueños como "años de felicidad y conquistas" terminarían convirtiéndose en travesías por la rutina y el sopor.

- O despertamos demasiado pronto o nunca llegamos a dormir del todo. Lo cierto es que no supimos soñar -comentó ella mientras hidrataba la memoria con cerveza fría.

Y el resto parecía historia, la última historia a pesar de que la cuarentena no puede (ó no debe) ser el final de la obra. Demasiadas decepciones, muchas cosas que juró que nunca realizaría atenazan hoy la vida de ella, que estropeó sus preciosos ojos de no dormir, siempre preocupada, por los niños, por el callejón sin salida de su matrimonio. No pocos deseos y ambiciones se atascaron en el estómago de él, que se cerró durante años en busca de una salida que no existía, pues aún no había entrado en ningún sitio.



El caso es que el viento del este, que nace donde se fabrican los sueños inocentes y quiméricos de los niños, azotó aquella noche la ciudad llevándose por delante a un par de lobos noctámbulos que lo fueron y que un día se acostaron inconscientemente, agotados de ir quedándose solos en la pista para dejar la fantasía de la juventud en manos de otros y rendirse a la verdad de sus vidas mal construidas.
Las horas pasaban vertiginosas, la noche derrapaba contra los quitamiedos impuestos por el alcohol y los rumores de fiesta. Y los años de instituto recorrieron sus espinas dorsales: las tardes de litronas en la pérgola con la gente, los primeros romances fugaces y arrebatados, las canciones a coro, los porros, los juramentos de sangre bajo las estrellas cubiertas de polución de los últimos años ochenta, las inevitables traiciones... La juventud estallaba bajo la protección engañosa de la adolescencia aún presente, el futuro era lo de menos. Allí estaban ellos para moldearlo y someterlo al dictado de su voluntad. Luego años de olvido, caminos diferentes y no previstos, "holas" y "adioses" cuando se cruzaban por el barrio.
Y aparecieron los besos, claro, obligatorios, de amigos que nunca habían compartido pasión y mucho menos lujuria, no había remembranzas sexuales entre ellos. Eran los primeros abrazos compartidos de sus vidas.




Desde entonces se dedicaron a vivir, a pensar poco y reír mucho, a criticar al resto de la cuadrilla dispersada por el barrio… "Qué calvo está fulanito, y mira que era guapo", "cómo ha engordado menganita, con lo buena que estaba", "el cabrón aquél ha terminado convirtiéndose en un pijo que mira a todo el mundo por encima del hombro", ¡cómo ha crecido el barrio!
Evitaban las tiendas de muebles, las comidas familiares y los compromisos sociales como pareja oficial. Se encontraban sin anunciarlo, no caminaban agarrados por la cintura y no solían despertarse juntos... "Quédate hoy a dormir, los niños están con su padre"... Todo valía: confidencias, sexo, cariño, comprensión, libertad para elegir compañía o soledad. Por fin eran amigos, de verdad, como proyectaron de jóvenes. Ahora sí, se querían y respetaban, pero el viento cambió... el puto viento empezó a soplar del oeste, donde se fabrican las pesadumbres realistas y aburridas que asolan las noches de los adultos. Se enamoraron, como se prohibieron hacer... Y ahora, ¿qué?

Las correcciones, no pocas, corren a cargo como siempre de mi amigo Paco Evánder.

lunes, 20 de febrero de 2017

Los lunes... escenas de cine - "La sombra de una duda"


Sigo repasando a los grandes de la historia del cine. Y entre los que aún no habían aparecido por aquí se encuentra don Alfredo, es decir, el amigo Hitchcock.
Otro que plantea dudas a propósito de elegir un film, tiene tantos, y muchos de ellos son tan buenos, incluyendo en su legado un buen ramillete de obras maestras, que no es fácil separar uno sólo.
Pero como tampoco es cuestión de echar la noche dando vueltas al tema, ni de profundizar con actividades de búsqueda en el subconsciente sobre cual es la cinta que mejor empasta con la personalidad propia, pues he decidido barajar media docena de pelis más o menos y finalmente sin pensar demasiado elegir una. Y elijo: "La sombra de una duda".
No solo me parece una de las mejores, es que además no suele aparecer entre las elegidas en las diversas listas sobre las mejores obras del gordinflon maestro del suspense.
Siempre me ha encantado la atmósfera de esta película. Esa sensación opresiva y de temor que despierta el tío Chalie, la ceguera de su sobrina que lo admira, con la que curiosamente comparte nombre. La tensión va creciendo conforme avanza el film, en un entorno rural, salteado con las encantadoras charlas del padre de la chica (Henry Traves) y un vecino sobre formas de conseguir el crimen perfecto, y la adoración de la madre, magnífica Patricia Collinge, hacia su hermano, que poco a poco va dejando vislumbrar un pasado oscuro por el cual es perseguido por la policía, motivo que le ha llevado a ese pequeño pueblo.
Grandioso Joseph Cotten con tío Charlie y encantadora como siempre Teresa Wright como la sobrina de éste, que extraña adoración siento por esta actriz.
Pasamos tensión creciente con "La sombra de una duda" de Alfred Hitchcock.
¡Feliz semana!!!

sábado, 18 de febrero de 2017

Ya no voy al cine...


Ayer reparé en una publicación, traía la lista de películas nominadas para los Oscars. Sinceramente, los Oscars, Goyas, Césars y demás estatuitas hace lustros que me la traen al fresco. El caso es que no había en la lista ni una sola película que haya visto, y lo peor de todo... ni ganas oiga.
Me da mucha pena, porque uno ha sido cinéfilo toda la vida, de peli a la semana, y ahora me cuesta un potosí acercarme al centro comercial (otros lugares que aborrezco) a ver una película que la estadística de los últimos (muchos) años me dice a las claras que no me va a entusiasmar, normálmente si es americana y filmada en Hollywood, mucho menos aún.
Todavía hasta hace poco mantenía mi fidelidad por ciertos realizadores, pero ya tampoco. Vamos a ver, claro que me gusta Scorsese, pero sintiéndolo mucho creo que hace demasiado tiempo que no ofrece una película realmente importante: a mi no venden "Infiltrados", "El aviador" o "El lobo de Wall Street" como películas a la altura de su gloria pretérita.
Tal vez Eastwood sigue manteniendo el nivel, aunque de forma mucho más irregular y sin el lustre de unos noventa que fueron gloriosos para su papel en la historia del cine, como realizador claro. Por cierto: ¿Coppola sigue haciendo pelis?.
Comentaba el otro día mi admirado Don Guzz en un hilo del caralibro en el que nos encontramos algo así como que no le interesan nada sujetos como: Shyamalan, Boyle o Nolan... desde luego a mi tampoco, no los compro ni loco.


Cierto que todavía aparecen en las salas buenas películas (con cuentagotas) y que el público ha cambiado, y que tal vez yo me haya quedado obsoleto, que se me paro el reloj el día que falleció Capra o Wilder. Pero el cine, que era la fábrica de sueños, yo ya no lo entiendo así. Yo sigo soñando con "El bazar de las sorpresas", me sigo haciendo preguntas con "Los 400 golpes", me sigo emocionando con "Casablanca", me castañetean los dientes con "El vampiro de Dusseldorf", no dejo de sonreír (que no reír, no hace falta) con "El apartamento", mantengo mi admiración por Marlowe en "El sueño eterno", sigo vibrando con "Uno de los nuestros", temblando con "Nosferatu" y flipando a colores con "El Padrino II".
El cine de Renoir, Lang, Lubitsch, GriffithKurosawa, Rossellini, Berlanga o Allen me sigue pareciendo moderno y con una vida y furia interior irrefrenable. Los films de hoy me parecen colecciones de escenas de relumbrón pero vacías, personajes absurdos carentes de carácter y sin alma, tramas que son lo de menos y un sonido ensordecedor. Es curioso como en el cine actual todo suena como un trueno, desde abrir un cajón hasta dar un puñetazo, ¿será para que no se escuche el ruido de la gente mientras come?...

Y esa es otra, yo echo de menos cuando en el cine no te dejaban meter comida, siempre me ha parecido lo normal. Hoy suelo pensar que las películas son la escusa para que la gente se gaste la pasta en el resto del centro comercial, y por supuesto en palomitas y coca-cola. Si al menos diesen cerveza.

Pero se siguen haciendo buenas películas, otra cosa es pillarlas en una sala. Pero cada año, ajenas a los desfiles de carne, que era como George C. Scott denominaba a la ceremonia de los Oscars, y proyectadas en cineclubs y filmotecas siguen existiendo buenas películas, gandes historias.
Celebro que la gente disfrute con las películas actuales, me alegro por ellos. Como digo, seguramente el desubicado soy yo.
Pero si alguien se siente un poco huérfano de películas, emplazo al que quiera hacerme caso a no perderse títulos de los últimos tiempos tan maravillosos como: "Nuestro último verano en Escocia", "El secreto de la isla de las focas", "Quiereme si te atreves", "Timbuktu" o "Historia de un beso"... entre otras muchas.
¡Ah y Maryl Streep vuelve a estar nominada!!!...¡Qué fuerte!!!

viernes, 17 de febrero de 2017

Gurf Morlix - "The Soul & The Heal" (2017)


A veces tengo la sensación de vivir en un bucle sin fin. Discos y más discos se amontonan ante mi esperando ser escuchados como merecen. Siempre hay algo que propicia que el montón vaya en aumento y hace tiempo que soy consciente de que nunca va ha desaparecer este estado de cosas.
Últimamente la situación se está volviendo un tanto dramática, pues han sido publicados varios discos que tengo ganas de escuchar y ojalá degustar, y no encuentro un momento para ellos. ¿El culpable?, el último Lp de Gurf Morlix: "The Soul & The Heal".
Y no será porque este último catálogo del de Buffalo encierre nada especial, desde luego ya habíamos tenido estas mismas sensaciones en sus anteriores siete discos. Pero es que Morlix normalmente acierta en la diana, al menos en lo que a un servidor respecta, y en esta ocasión no iba a ser menos.
"The Soul & The Heal" ha sido lanzado por el propio sello del autor: Rootball Records, y grabado en su casa estudio, donde "él es el jefe, y lo hace todo, hasta barrer".
De hecho en las grabaciones, Morlix ha compuesto, cantado y tocado todos los instrumentos a excepción de las baterías que corren a cargo de Rick Richards y alguna armónica que aporta Ray Bonneville, como en el excepcional blues: "Bad things".



Pero lo que ha propiciado que lleve varios días atascado en este disco es el conjunto, las 10 coplas que jalonan el álbum. Melodías perfectas, interpretadas con el típico fraseo de Morlix y con con su voz seca y oscura. No falta la lírica arrastrada y pesarosa que caracteriza al artista. Sonidos que arrancan de sus raíces countries y que no dejan palo de la baraja estilística americana sin tocar, siempre sobrado de clase, intención y esencia.
Abre el tracklist un tema marca de la casa: "Deeper down", arenoso y compacto. A partir del segundo corte se empieza a abrir el abanico: "Love remains unbroken" es un precioso corte de romántica textura. En cambio "Cold here too" se muestra más pesarosa y melancólica. "Right now" es un extraño reggae de enraizada esencia, y "Move someone" una maravillosa balada crepuscular.


Arenosa y de impagable desarrollo vocal, entre lo fronterizo y lo poético se desarrolla: "I'm bruised, I'm bleeding".
Country-rock de motel de carretera: "Quicksilver kiss", y con mucha luz y linaje sónico: "My chainsaw".
Se cierra el disco con la balada acústica: "The best we can", enraizado corte de delicada atmósfera donde casi se siente el silencio triste de la pradera.
Otro precioso disco de Gurf Morlix, pasará como siempre bastante desapercibido, pero para los que fuimos aguijoneados por sus coplas y su lírica, un motivo de celebración y disfrute, y en ello estamos.

jueves, 16 de febrero de 2017

El crepúsculo propone y el destino dispone.


Sobre la orgía de rojos y amarillos del crepúsculo se recortaba a lo lejos la figura de un hombre o de una mujer. Desde la cuneta en la que me había detenido a fumar daba la sensación de que únicamente tenía que estirar el brazo para poder coger con mis manos la figura que milagrosamente había apartado mi pensamiento del motivo que me había llevado a aquella carretera abandonada a aquella hora incierta del mundo.
Agradecí su presencia como si del consuelo de un viejo amigo se tratase. Parecía que la providencia había puesto allí a aquella silueta para que me ayudase a sobrellevar el dolor. Desde que cumplí cierta edad, no sabría decir con exactitud una cifra, me da la sensación de que los tragos amargos se soportan en soledad, por omisión de compañía, que no por madurez o entereza. No sé en qué momento los amigos dejan de serlo, para lo bueno y para lo malo, para centrarse en acompañantes propiciatorios de experimentos que sólo tengan que ver con el ocio y la diversión: "Yo es que no soy amigo de dar consejos"; "me pillas liadísimo, mañana te llamo""¡cómo no me habías dicho nada!"... Al wasap sólo llegan chistes malos y vulgaridades varias, casi siempre con una señorita como protagonista.
Encendí otro cigarro. La figura empezaba a fusionarse con la noche incipiente. Se había movido unos metros. Entonces me di cuenta de que se apoyaba en el capó de un coche que me había pasado inadvertido. No cabía duda de que en aquel desierto solitario y abandonado de consuelo alguien se encontraba en mi misma situación, en una cuneta, en una carretera cercana y lejana a la vez, sumergido en una espiral de soledad y pensamientos dolorosos y trompeteantes.



Estaba claro que el enigmático compañero de amarguras también había reparado en mí. ¡Qué me aspen si no me está observando en este momento, haciéndose las mismas preguntas que yo!, pensé.
En el asiento de atrás de mi viejo Fiat, la bolsa con parte de mi ropa, arrugada, y aún desperezándose de la siesta interrumpida que había sufrido hacía unas horas, callaba y por tanto otorgaba. 
Una camisa rosa que me regaló ella me miraba con semblante triste, anudada hasta arriba. Los botones de los cuellos liberados de su horca, haciendo de ojos de dolida caída, me preguntaban por ella, me interrogaban y clamaban por no perder el contacto de sus manos, abrochando los botones uno a uno, frente a mí, colocando la corbata azul marino de anclas alrededor de mi cuello, acariciando las zonas erógenas de mi camisa favorita, sonriéndonos a ambos, ¿A quién rendiremos pleitesía ahora?, preguntaban.
La culpa era mía... ¡pero no! Tampoco es justo responsabilizarme yo sólo de algo que hemos ido erosionando los dos hasta hacerlo tan débil, tan fino y testimonial que ya no resistía ni una embestida más de egoísmo, de partidismo, de subjetividad.
No me importaba cargar con la culpa. Necesitaba a Julia más de lo que nunca imaginé. 
Elevé la mirada hacia la figura que apenas era ya visible. como rezando a un ídolo de madera de esos en los que nunca creí. La llegada de la noche era un hecho y enseguida la disolución de compañía y noche me dejaría en la más obsesiva oscuridad.
Aún pude observar un movimiento de mi acompañante desconocido, un gesto con los brazos, una leve maniobra de la cabeza y las manos tapando el rostro en un llanto desconsolado. Casi podía escuchar los gemidos.


Como un click que destensó los músculos que soportan mi soberbia, abrí la puerta trasera del Fiat y le hice a la cremallera de la vieja bolsa de deporte desandar lo andado por la tarde. Extraje la camisa rosa y me la puse. A pesar del frío que empezaba a imponer su dictado en la noche, no la abotoné.
Arranqué el coche y encendí las luces de cruce. No me fijaba en las señales de velocidad, no era momento de pensar en multas. Realmente seguía a mi instinto, o tal vez a mi desesperación. Volvía a sentirme humano y aventurero después de tantos años de edad adulta y responsable. 
Antes o después tenía que haber un desvío hacia algún lugar, algún pueblo desde el cual se pudiera acceder a aquella carretera paralela y de trayectoria posiblemente olvidada en los mapas modernos y los GPS. 
Sumergí en la oscuridad de una curva cerrada el Fiat. Conducía a un pueblo fantasma, como mi alma desde hacía demasiadas semanas; un pueblo fantasma que, a diferencia del que ahora atravesaba a demasiada velocidad, ni siquiera contaba con la única farola que iluminaba a aquél. Mi alma llevaba demasiado tiempo a oscuras.
Tras las últimas casas me tropecé con el cementerio, viejo y abandonado. Casi parecía el lugar con más vida de la aldea. Lo superé, rebasándolo por su izquierda, y a unos cien metros la segunda farola del lugar, parpadeante, amarilla y moribunda, hacía visible un cruce que carecía de carteles informativos. Desde luego estaba en un punto pixelado por el mundo, sin nombre ni futuro. 
Giré a la derecha, por intuición. Abrí la ventanilla. El frío de la noche golpeaba contra mi pecho, alborotaba mis cabellos y hacía aletear la ropa que melancólicamente asomaba por la puerta abierta de mi bolsa de deporte en el asiento de atrás. Sólo pensaba en ella, en sus manos sobre mi cuello. ¿Quién iba a anudarme la puta corbata?, ¿quién iba a abrazarme por la espalda y besarme la columna?.



Circulaba por una carretera comarcal, sin señales ni marcas viales, con unas cunetas verdes de césped pisoteado por los tractores. A ambos lados se extendía la nada. Al fondo se distinguía un coche y se escuchaba una canción. Reconocí la canción, ¿cómo no iba a distinguir aquella canción?
Detuve el coche. El morro del Fiat besó la boca metálica del Seat que estaba allí aparcado y que hacía las veces de dormitorio y radio. Tras el Seat, una figura se deslizaba silenciosa, aún alejada del camino de luz que abrían de mis luces de cruce. Atravesé aquel haz polvoriento y artificial y me dirigí a mi acompañante nocturno y salvador, seguro y casi con las lágrimas a punto de dispararse contra los vidrios de mis gafas. 

- Julia, mi amor, necesito que me abotones la camisa. 
- Claro. Qué desastre eres. Está arrugada, cariño.
Las lágrimas y la noche hicieron el resto.



Correcciones y adecentado a cargo de mi amigo Paco Evánder.

martes, 14 de febrero de 2017

¿Un regalo de San Valentín?...El nuevo EP de The New Trocaderos: "New Trox"


Uno de los grupos más explosivos del powerpop tiene un nuevo EP disponible para descarga en su bandcamp. Se trata de The New Trocaderos. El supergrupo capitaneado por Brad Marino, Geoff Palmer y el omnipresente Kurt Baker ha puesto en circulación tres temas rebosantes de ritmo, melodías pegadizas y juveniles, estribillos accesibles y actitud powerpopera.
De título "New Trox", éste EP se puede adquirir desde hoy mismo y nos lo ofrecen como un musical regalo de San Valentín.
Se me antoja un muy buen complemento a modo de regalo para rociar con gotas de ímpetu y buen rollo rockero una noche especial (vale, artificial y capitalista también) con la persona amada.
Para quien pueda interesar dejamos enlace con el bandcamp de The New Trocaderos donde adquirir "New Trox".

Adjuntamos tracklist de "New Trox".

1. "You broke my heart"
2. "Come on girl"
3. "The air"


lunes, 13 de febrero de 2017

Los lunes... escenas de cine - "El Tesoro de Sierra Madre"

Turno para el gran John Huston. No era fácil elegir un film como representante de la impresionante filmografía de Huston, pero tras barajar algunos títulos, los habituales, me decanto por esa sobrecogedora y áspera obra maestra que es "El tesoro de Sierra Madre".
Al apoteósico trabajo del maestro como director y guionista de la cinta, se suma las interpretaciones geniales y ajustadas de Walter Huston, Humphrey Bogart y Tim Holt. En unos tiempos como los actuales, en los que muchos actores acostumbran a la exageración para delimitar personajes muchas veces no tan complejos, es hasta hermoso ver como la economía de medios puede dar una credibilidad intuitiva a unos personajes que, estos si, son enórmemente complejos.
Además de un cierto efecto de peli de aventuras, el film es un viscoso y desagradable retrato de elementos que van indeleblemente unidos al hombre: ambición, codicia, deslealtad, egoísmo, violencia, temor, miseria, mezquindad...
Consigue Huston crear un ambiente claustrofóbico, agobiante e incómodo. Casi duele contemplar el terrible espectáculo que ofrecen esos tres hombres que se desmoronan según van viendo como su ambición se cumple. La traición a es tanto hacia afuera como hacia adentro, y el individuo termina convirtiéndose en un esclavo de si mismo, de unos miedos y paranoias que no existían antes del comienzo de la aventura.
Portentosa creación la de Walter Huston en un papel absolutamente grandioso, la conciencia de la experiencia, el observador cabal de lo que por desgracia ha ocurrido miles de veces. Insisto, desagradable retrato del género humano, obra maestra imprescindible.
Ponemos el rostro de ciertas debilidades mezquinas en la cabecera del blog, con los tres protagonistas de "El tesoro de Sierra Madre".
¡Feliz semana!

domingo, 12 de febrero de 2017

Los domingos photosong - Elliott Murphy - "You never know what you're in for"


Hace poco, como cada año, Elliott Murphy ha visitado Bilbao. Tanto se alarga esta periodicidad, que la presencia de Elliott en el botxo es tildada ya de tradición. Creo que tras varios lustros contando la ciudad con los conciertos del neoyorquino, nadie entendería el calendario musical local sin su visita
Cierto que llevo un par de años sin acudir a la cita. tal vez la rutina me ha asustado y tras tantos conciertos me he dado un descanso, pero siempre recibo con alegría la noticia de que Elliott vuelve a Bilbao.
Se le ve tan a gusto entre nosotros que es como un bilbaíno más. Tengo una amiga que no se pierde la cita. Éste año también ha estado en la sala BBK viéndole, acompañado de Olivier Durand, haciendo lo que ellos saben hacer tan bien.
Así que he desempolvado un vinilo para pincharlo este domingo antes de ir al basket. Se trata de mi disco favorito de Murphy. Esa maravilla de 1976 titulada: "Night Lights". Y me decanto por el maravilloso tema: "You never know what you're in for", dedicado a mi amiga Jane.
¡Feliz domingo!!!



viernes, 10 de febrero de 2017

Cinco canciones de mis madrugadas en el mítico Umore Ona


Hubo un tiempo en el que el "Rock and Roll way of life" era algo más que una forma de vida aplicable a las rock stars. En ese tiempo, en Bilbao había un garito (nada de local ni cosas de por el estilo) donde no existía la linea divisoria entre el día y la noche, el reloj estaba al servicio de la parroquia y siempre marcaba la misma hora: "La hora del rock and roll".
En el Umore Ona la oscuridad no importaba, todos íbamos iluminados, y seguíamos absorbiendo luz conforme la decadencia de la madrugada escupía hedonismo, lujuria, cultura underground y toneladas infectadas de rock and roll. Se encontraba esa luz por doquier: en los vasos, en el baño (intercambiable entre ellos y ellas), en los rincones manchados de polvo, en la esquina del fondo, donde las manos de ellos y ellas también se intercambiaban en la misma coordenada espacio-temporal, en el huracán que escapaba furibundo y a tumba abierta de los amplis del equipo de Xuxo, dueño y alma de aquella Meca, en el humo contaminado de sueños y quitapenas, en la compañía... Eran las noches del Umore Ona.
Las noches en las que el mundo podía acabar afuera, en la calle, que no importaba. El lugar donde los cantantes callaban, los poetas empezaban a llorar porque no se acordaban de los versos que habían imaginado y el rock and roll había decidido pasar la noche con los más degenerados portadores de su gloria, con los desertores del batallón de lo correcto.


En el Umore Ona estaba Xuxo, sin él no hubiera existido. El Keith Richards del botxo hacía girar el mundo de su local con el terremoto de sus caderas tras la barra. Su garito tenía su propio ritmo de rotación y translación. Cómo dijo Galileo, y se notaba más y más a cada trago, a cada giro al ritmo de los Zepp, a cada beso desconocido que sabía a cuero y Telecaster y encerraba un ambiguo amor urgente, a cada canción crápula... uno terminaba irremisiblemente claudicando al: "Y sin embargo se mueve".
Todos iban al Umore, cuando terminaban los conciertos en las salas de la ciudad, el rock empezaba allí. El rock desprovisto de neón y parafernalia, el rock demócrata y visceral. El Umore era el último recodo en el camino por el que circulan juntos y revueltos los músicos y los fans, los buenos y los malos, los que tienen canciones prendidas del corazón que se desprenden a cada nuevo abandono, a cada fracaso; los que olvidaron abrir el desagüe de la pena y dejan que ésta se pudra a remojo de alcohol y fluidos atascados; los que aman sobre todas las cosas, los que sólo follan, los que no pueden amar por miedo a perder y los que pierden incluso antes de amar; los poetas cautivos de tres acordes que no saben administrar; los guitarristas mancos a los que les sobran poesías en el alma, los hijos, nietos y bastardos del rock and roll... Todos íbamos a visitar a Xuxo cuando la realidad cerraba sus puertas a una noche en la que los sueños se alquilaban en los video-clubs.
Xuxo era el rock and roll. Hizo de su tugurio un lugar legendario. La burocracia y los horarios acabaron con el Umore, no con Xuxo. Las restricciones a los sentimientos no controlados por el lector de almas susceptibles de convertirse en cachorros de la sumisión, fueron demoledoras. Cercenaron la materia con que está fabricada la noche. Pusieron hora de retirada al rock, al vicio, a la poesía, a la épica, a la lírica y al desahogo carnal.
Hoy, no sé porqué, he recordado aquellas noches. Lo que allí ocurrió, lo que allí se vivió, casi se diría que con prisa, antes de que acabase el ansia de desgastarse. Y he recordado a Xuxo, su actitud, su magisterio callado y etílico, su labor impagable por el rock and roll. Y las canciones.
Hubo un tiempo en que el corazón de la noche palpitaba al ritmo de las canciones que sonaban en el Umore Ona.
Hoy he recordado algunas canciones que me llevan diréctamente a las madrugadas de mi vida, os dedico cinco. "Recuerdos del pelo largo..."

1. Parálisis Permanente - "Autosuficiencia".
De vez en cuando Xuxo nos proponía una noche en castellano, de aquellas noches, especiales y mis favoritas, el tema que se tornaba eje central del desparrame era esta POM de Parálisis.




2. The Rolling Stones - "Luxury".
No creo que haya existido un Stoniano mayor que Xuxo, La banda más grande no faltaba a su cita cada noche, cada madrugada. Le solíamos pedir un tema: "Hey Xuxo tío, ponme el "Luxury" de los Stones". Siempre, en las docenas de veces que se la pedí, contestaba lo mismo: "Te la voy a poner por rara colega".




3. Led Zeppelin - "Black dog".
Otra banda que se coló en mi piel por culpa de Xuxo y su garito de luminosa perdición fueron los Zep. Sonaban sus himnos más rotundos en aquellas noches. Recuerdo hacer cosas malas al ritmo de ésta.




4. Janis Joplin - "Piece of my heart".
Cuando la noche llegaba a ese punto de ebullición en el que la ceguera es la mejor opción, sonaba la reina. Era el momento para sacar a las miradas a pasear, al final, el mundo entero podía encerrarse en un baño con la bombilla fundida, en cualquier artería de la ciudad... Sólo arriesgabas un trozo de corazón.




5. Leño - "La noche que te conté".
En aquellas noches en la lengua de Cervantes, el rockerío patrio se vestía de prima donna de los bajos fondos y ponía sus mejores latigazos al servicio de los feligreses vampiros que hacíamos nuestras ceremonias en el Umore. Leño eran parte imprescindible de aquella pira.




Un nuevo ejercicio de nostalgia nos ha llevado a los noventa, al Umore Ona, a los tiempos en los que lo incierto del mañana era un motivo para no perder el tiempo hoy.

miércoles, 8 de febrero de 2017

The Proper Ornaments - "Foxhole" (2017)


The Proper Ornaments es el proyecto que comparten James Horae (Ultimate Painting, Veronica Falls) y Max Oscarnold (Toy, Pink Flames). Son la prueba palpable de aquello tan manido pero al parecer real de que la vida te da sorpresas... Se conocieron cuando Max, recién llegado al Reino Unido, trataba de despistar a James en su calidad de empleado de una tienda de artículos de segunda mano, para que la novia del primero pudiese afanar unos zapatos. El plan no funcionó, pero fue el principio de una amistad que mutó a grupo musical: The Proper Ornaments, que en el pasado mes de enero publicó su tercer disco: "Foxhole", motivo por el cual hoy los traemos aquí. Lo dicho: la vida te da sorpresas...
"Foxhole" es un disco atmosférico, mas suave que anteriores empeños y desde luego mucho más suntuoso y melancólico. En los surcos de este Lp se elevan hacia el oyente caricias de pop beatlemano, de aquél del final de la década de oro, cuando la psicodelia hacía de las suyas. Aunque aquí la lisergia esta perfectamente dosificada.
También están presente en las cualidades sónicas y estilísticas del álbum notas de Velvet Underground o incluso los primeros Pink Floyd.
La melancolía es la tónica habitual en la cadencia sensitiva de casi todos los cortes, y el ritmo lento y baladístico el paso predominante.


El resto es artesanía: canora por medio de gaseosas armonías vocales; instrumental gracias al diálogo que se establece entre las guitarras, a las que se les une en ocasiones un sutil piano; melódica por la redondez y delicado trazo de las composiciones.
Da comienzo el tracklist con "Badkpages", uno de los temas más incisivos rítmicamente. En "Cremated (Blown away)" nos tropezamos con un momento de cierto calado Velvetiano, con un texto entre sórdido y romántico. Llegan los Beatles más en la onda de John con la preciosa: "Memories", y la belleza del precedente se hace extensible a la lírica: "Just a dream", una favorita personal.
En "1969" vuelven los Fab-Four de la psicodelia, la paz y el amor, interesante uso de las teclas. Pianos y guitarras dan cobertura a la nostálgica: "The Frozen Stare", colores sónicos de madera, y muro de sonido prudente para "Jeremy's song", y más nostalgia para el pop con tropezones folk de "When we were young" que nos retrotrae a momentos muy disfrutados recientemente con Dropkick.



Agradable el tema: "Bridge by a tunnel" de cualidad más accesible y "I know you know" insiste con ritmos sedosos a lo Teenage Fanclub. Termina este hermoso y envolvente disco con "The devils", canción marcada por las armonías vocales y un piano claramente reconocible, The Kinks, The Hollies y toda la tradición pop británica se reunen en este bonito corte para despedir este excelente disco.
El pop, indie-pop...ó llámenlo como quieran esta en un buen momento, y lo demostraron no pocas formaciones en 2016, parece que 2017 sigue la tendencia, y algunos lo celebramos.
Se adjunta Bandcamp de The Proper Ornaments donde escuchar y adquirir: "Foxhole".

martes, 7 de febrero de 2017

Dan Baird - "SoLow" (2017)


No creo que a nadie pille de nuevas, a estas alturas del partido, lo que se puede uno esperar del contenido de un disco que lleve la mano y el carácter del caballero Dan Baird en su interior...pues eso...
Lo digo porque el californiano tiene nuevo disco en la calle, y esta vez firmado con su propio nombre. Sin acompañamiento de ninguna de las ruidosas y rockeras cuadrillas que suele acompañarle en sus correrías. Cierto que parece no descartable, que antes de que acabe este 2017 podamos tener nuevo material del fiera éste con The Homemade Sin. Si es que el que tiene vicio y afición...
No negaré que cuando leí en algún sitio que el disco estaba confeccionado (al menos en parte), con temas descartados de las sesiones del anterior artefacto con Homemade Sin: "Get loud!", la noticia me alarmó. Eso de los descartes nunca me gustó demasiado.
Pero tras las primeras escuchas, uno se da cuenta de que la sangre no llegará al rió, pues "SoLow" es nuevamente un disco repleto de todo lo que nos gusta de Baird: rock luminoso americano de tono ochentero, country de esencia sucia, eso que alguno llamó cow-punk, blues, boogie, southern rock...¿qué les voy a contar?.


Con ese acento gamberro y canalla propio de los extraviados por las carreteras que atraviesan los desiertos en los que mejor suena el rock and roll. Con las guitarras de siempre, retorciéndose las unas sobre las otras, el ritmo que invita al baile y al despropósito, las melodías asimilables y algunos estribillos certeros y afilados. Además riffs de amable y cristalina distorsión, y solos heroicos, textos rebosantes de actitud y rock, y mucha, mucha diversión. Y no menos corazón, 'corazón de Dan Baird', 'corazón de rock and roll'.
No será - no es - el mejor catálogo de su discografía, pero todo lo apuntado nos lleva a un nuevo lote de temas para disfrutar de nuestra música, para recordar que fue lo que de adolescentes nos envenenó, haciéndonos para siempre cautivos de estas canciones, de estos sonidos, de esta forma de entender la música y el mundo.
Grabado en la de casa de Dan en Nashville y en The Threehouse, los estudios del ex de los Georgia Satellites: Brendan O'Brien.
Disfrutaremos de la infecciosa melodía y del estribillo iridiscente y contagioso de "Cementery train" que recordará tiempos pasados y nunca prescritos para Dan Baird.
Y esencias tabernarias en "Showtime" y "Get out and go", la steel y las cuerdas del banjo nos depositarán en los brazos del country de "Naughty Marie".




Inspiración stoniana en "Get watcha get", momentos para recogimientos amorosos en "She's with me"...
Resumiendo, que Dan ha vuelto, como siempre, dando el callo, recordando que el rock sigue latiendo en los corazones de no pocos, y que el veneno sigue alimentando las vidas de muchos, y que él está aquí para que no lo olvidemos,
P.D.: Este año además nos visitará para presentarnos estas nuevas canciones.