lunes, 30 de octubre de 2017

Robyn Hitchcock & The Venus 3 - "Olé! Tarantula" (2006)


Esta tarde nos veremos las caras con Robyn Hitchcock en un concierto en el que nuestro canoso amigo viene acompañado únicamente por Luther Russell (The Freewheelers, Those Pretty Wrongs). Promete ser un concierto íntimo y delicioso, en la maravillosa kutxa beltza, habitáculo situado en los altos del kafe antzokia, sin el glamour de este, pero con mucho más encanto.
Así que la mañana la he empeñado en la escucha de música de Robyn. Podría haber elegido su último disco, de título homónimo y probablemente el mejor en más de una década, más exactamente desde que en 2006 facturase junto a Venus 3, el magnífico: "Olé! Tarantula".


Así que no me lo he pensado dos veces y he recuperado de la estantería aquél estupendo disco, aunque ignoro si sonará algo esta tarde de este cancionero.
Tras colaborar en 2004 junto a David Rawlings y Gilliam Welch para su también notable "Spooked", Hitchcock reune en torno a la nomenclatura Venus 3, a un grupo de excepcionales músicos, culos inquietos del rockerío, como: Peter Buck, Scott McCaughey y Bill Rieflin, es decir, una representación suntuosa de los también estupendos: Minus 5.
Recuperar este disco da la dimensión exacta de la importancia que tiene un artista como Robyn Hitchcock, tremendamente desconocido en parajes como España, y que cada segundo de su música revela la inmutable calidad de sus canciones, la imperecedera esencia de su capacidad creadora y lo impermeable que se torna su música al devastador (para muchos) paso del tiempo. Hitchcock siempre suena fresco, actual, engrasado, joven y a recién salido del horno.
En su vuelta al rockin', con una banda de tamaña enjundia, y unas composiciones soberbias, el disco discurre con la irrefrenable ligereza que lo hace un río de aguas cristalinas, acariciando las orillas, susurrando su vida siempre adolescente, alegrando con su risa natural.
Como no se trata de hacer una relación concienzuda de cada corte, repararé en uno, que dentro de la grandeza del conjunto, me hace dar un respingo cada vez que el estribillo surge como una elegía bíblica descendiendo de los cielos; me refiero a la magnífica: "Briggs (A Man’s Gotta Know His Limitations)" donde hace alusión al personaje de Clint Eastwood; Harry Callahan.
Hoy es el día de Robyn Hitchcock y me temo que también de "Olé! Tarantula", su excepcional álbum de 2006.

Los lunes... escenas de cine - "Delicatessen"


En 1991, Jean Pierre Jeunet y Marc Caro sorprendieron a todos con un film titulado "Delicatessen". Una cinta de ambiente post-apocalíptico, sumamente claustrofóbica y ubicada en una espiral espacio temporal bastante ambigua.
El terror, el humor negro y la comedia se mezclan, dentro de una trama coral, donde lo romántico se mezcla con lo zafio, el asesinato con la candidez, la supervivencia con la ambición... pero donde todos los elementos empastan de manera total, a pesar de lo disparatado que resulta todo.
La actitud del carnicero, actuando como una araña en busca de víctimas que queden atrapados en su tela, es el motor narrativo de la acción.
Pero he preferido destacar algo más amable, la candorosa historia de un recién llegado (Dominique Pinon), que en medio de la miseria, el miedo, la necesidad y el cataclismo, se concentra en una joven (Marie-Laure Dougnac), que antepone la música y al recién llegado por delante de todo, consiguiendo que la vida pueda ser vista de modo más amable. La escena del tejado siempre me ha parecido deliciosa.
Nos quedamos con "Delicatessen".
¡Feliz semana!

domingo, 29 de octubre de 2017

Los domingos photosong - 091 - "Este es nuestro tiempo"


Me recuerda el caralibro esta mañana, que hace un año, encontrábame yo en Madrid, y que tal día como hoy, hace doce meses, me enfrentaba al, ya mítico concierto de los cero en la sala Riviera, en la capital del reino.
Semanas después repetí, en Bilbao, con los mismos protagonistas sobre el escenario, y tan buenas o mejores sensaciones que en el día que hoy conmemoramos.
Por lo tanto, es obligatorio que el disco que aparezca en la fotografía dominical correspondiente al día de hoy sea este, el que resumía aquella gira que hizo de 2016 el año de 091.
Me refiero al precioso vinilo de la gira "Maniobra de resurrección".  Elegir un tema es lo de menos la verdad, pues tanto da, que da lo mismo.
Me he decantado por este, en tono irónico, porque este, espero, que ni de coña sea nuestro mejor tiempo, más bien todo lo contrario: que en años futuros pensemos en estos tiempos como los peores y más vergonzantes en décadas; aunque imagino que no tardarán mucho nuestros políticos en volver a convertir el país en una revista de Miguel Mihura, como siempre.
Además la elección viene al pelo, teniendo calentito como tenemos el nuevo disco de Lapido.
Por todo ello, nos quedamos con el histórico registro en vivo de los cero y ese himno que es "Este es nuestro tiempo".
¡Felíz domingo!



sábado, 28 de octubre de 2017

José Ignacio Lapido - "El alma dormida" (2017)


El nuevo cancionero de Lapido viene con cierto retraso, por culpa, o gracias más bien, a la gira que el año pasado nos devolvió a 091, para volver a disfrutarlos, y así,  muchos poder despedirlos como no pudimos hacer veinte años atrás.
Finalmente, cuatro años después de "Formas de matar el tiempo", llega "El alma dormida", el nuevo disco de un artista único, que como viene siendo costumbre, pone sobre la mesa un ramillete de excelentes composiciones, y magníficos textos, para que ellos: los temas, las canciones; se tornen como protagonistas principales del trabajo.
El disco, producido por el propio Lapido en colaboración con Raúl Bernal, Victor Sánchez y Pablo Sánchez, nos muestra un sonido, que a un servidor, sinceramente, no es lo que más entusiasma del disco.
Quiero explicar esto bien, no deseo malentendidos cuando de un artista al que idolatro tanto como a éste se trata. El disco ofrece un sonido un tanto "fácil" en mi opinión. Tal vez, esperaba algo más arriesgado, más acorde con las extraordinarias composiciones y la afilada poesía de José Ignacio; sinceramente, ese sonido de guitarras que mezcla acústicas con eléctricas, teclados, pianos wurlitzer y una demasiado evidente base rítmica, se me hace escaso acompañamiento a ciertas coplas que, entiendo que tal vez, lucirían más con una guarnición sónica de mayor enjundia.


Por ello, insisto en hacer hincapié en las canciones, en los textos, en el espíritu lírico y épico de las mismas, porque ahí si hay que decir que nos encontramos ante un gran trabajo, otro más, de José Ignacio Lapido.
Desde la inicial: "Cuidado", que contiene todo el sabor melódico y sónico de los cero, y que sirvió para presentar el disco, ya nos tropezamos con el talento del firmante para esto de escribir y componer canciones.
Es en las baladas impolutas, marca de la casa, aderezadas con exquisitos versos, donde la fusión de acústicas y eléctricas mejor funciona, deliciosas: "Como si fuera verdad", "Mañana quien sabe", "Enésimo dolor de muelas".
Los medios tiempos, dominados por la extraordinaria y punzante: "La versión oficial"; la no menos extraordinaria, con importante carga emotiva: "No hay prisa por llegar"; la pegadiza y alegre: "Dinosaurios" y la fronteriza: "Estrellas del purgatorio".
Encandilan los ritmos más rockeros, con profusión de riffs, pianos más sonoros y estribillos con vocación de estadio: "Nuestro trabajo" y en especial, el himno al más puro estilo cero: "Lo que llega y se nos va".
Y dejo para el final una gema, una de esas poesías eléctricas, rebosantes de emoción y hermosura, mecida por las teclas, la maravillosa: "Escalera de incendios".



Once canciones de José Ignacio Lapido, once poemas, once siluetas melódicas de las que saben perfilar los grandes, deseando ver como respiran sobre un escenario. Tal vez hubiera preferido un ropaje más oscuro, de cuero y acero, más rockero, más controvertido, pero las canciones están ahí, y vuelven a ser las protagonistas, el resto llegará en vivo.

viernes, 27 de octubre de 2017

Escalera hacia el cielo (en medio del apocalipsis). Las paranoias de Addi.


La vuelta a casa se me antojaba como una penosa travesía por una ciudad desértica, asolada. Desprovista de toda fibra sensible, una población oculta en el subsuelo me vigilaba, con ojos chivatos de su miedo interior, a ras de tierra, desde los sumideros resecos de no llover.
Como circulando entre los despojos de civilización resultantes de un cataclismo nuclear, así me sentía. Como transitando por el enfangado laberinto psicológico al que un hombre solo, se tiene que enfrentar, tras ver cernirse sobre él la catástrofe.
El cielo mutaba del azul amor de una noche única, al gris pesadumbre de una mañana de jeroglíficos emocionales, de miedo al a partir de ahora, de pánico a que no exista en realidad ese a partir de ahora.
Huí de la escena del crimen poniendo una escusa idiota, sin aceptar la oferta de una ducha, sin demorar la estancia en el paraíso, haciendo café, compartiendo las miradas de frente, entre mermelada y olor a desayuno familiar, a niñez.
Era el mismo bar, la misma canción de Tom Waits, la misma chupa de cuero, el mismo colgante con la misma piedra de lapislázuri ovalada, el mismo rojo en el carmín de los mismos labios, el mismo color nazareno rodeando la mirada, los mismos ojos de color pradera, el mismo pelo anárquico de color perdición, la misma expresión de traviesa sin nada que perder, sin esperanza de ganar, con necesidad de calor, de ternura, tal vez, de mi.
Me acerqué a ella, por fin. El mismo bar, la misma canción de Tom Waits, la misma chaqueta de tela negra, el mismo anillo de acero en el anular de la mano derecha, el mismo aro de plata colgando en la oreja izquierda, el mismo par de botas, la misma mirada azul mortecino, la misma mueca de aquí estoy, de un embustero: voy sobrao, de soledad, de necesidad de ternura, tal vez, de ella.
El fresco de la madrugada estallaba en mil pedazos al encontrarse con el choque tectónico de nuestros labios, el fuego caía rodando por nuestras pechos, convertido en lava tecnicolor que quemaba nuestra piel, mezclando azufre y cloro en un abrazo desesperado, urgente, desfallecido.
Su soledad entraba como un polizón en mis sueños, y más de una vez he despertado en un estertor agónico, como un fugitivo huyendo de una ilusión ajena.
Su sudor salado saciaba mi sed de cariño, mis brazos mitigaban el temblor de sus hombros, el calor incendiaba mi mente, el frío calmaba mi escalofrío; el tiempo flotaba alrededor de una conversación en silencio, de un tiroteo de chillidos mudos contenido demasiado tiempo.
Siempre en la esquina de la barra, cerveza tras cerveza, mirándome de reojo. Desde la máquina de discos, a su espalda, repasaba el contorno de su culo aplastado contra el taburete; pensando cómo decirle que la necesitaba.
Entré en un bar, una tregua en mi huida hacia el infierno, el único que resistía la batalla de la noche del sábado. Desayunos a base de pinchos de tortilla y cubalibres de ron se extendían en mesas, como campos de batalla tras la derrota. Fracasos disueltos en la música de la tragaperras; derrotas ocultas tras el ruido demoledor de la cafetera.
Mi cobardía, asentada en el paladar, extraía de mis vísceras la bilis y castigaba mi huida. Mi lengua se resecaba con el café hirviendo, sentía una ampolla crecer derramando dolor picante a su alrededor, mis ojos escocían, dolían, me daban una visión nebulosa del bar, del mundo, del futuro.
En la tele aparecía ella, con la súplica en los ojos. También aparecía yo, rodando vertiginósamente por el barranco que finaliza en el río del fracaso, donde solo acaban los que tienen miedo. Levanté el rostro, lo ví entre sollozos: mojado de humillación y en derredor miles de 'yo' flotaban inertes, con expresión de pena, de arrepentimiento, de no hay vuelta atrás.
Salí del bar, apreté los dientes, los escuché rechinar de gozo. Entonces sentí una bocanada de vida penetrando por los poros de la nuca, estableciéndose en las sienes, palpitando, como si fuera a explotar mi cabeza. Corrí, tropecé, estuve a punto de caer. Llegué al portal, ignoré el ascensor, subí hasta el tercero: "stairway to heaven"; pulsé el timbre, una vez, dos, tres, muchas veces... Abrió la puerta, sonrió, era la primera vez que la veía sonreír, la primera vez que me enamoraba en mucho tiempo...
- El café está recién hecho, ¿vas a por churros?...

jueves, 26 de octubre de 2017

Chris Hillman - "Bidin' my time" (2017)


En 1976 Chris Hillman publica su primer disco en solitario, tras ocupar una secundaria pero definitiva segunda línea, en formaciones como The Flying Burrito Brothers, o The Byrds.
También aquel 1976 debutaba Tom Petty, que firmaba un disco con evidentes similitudes sónicas con el primer proyecto en el que Hilman participó, es decir, los míticos Byrds.
Y curiosamente, algo más de cuarenta años después de aquél debut, ambos músicos coinciden en un estudio para grabar el, hasta la fecha, último disco del primero (por fecha de nacimiento): Chris Hillman.
Y es que el rubio de Florida se puso tras la mesa de grabación para producir: "Bidin' my time", el nuevo disco de Chris Hilman, que destila un inevitable jugo, propio de la más subyugante y melódica forma de hacer de Petty.
Puede por tanto, servir este disco como último discurso musical que nos dejé Tom, pues su esencia y espíritu está presente, y se respira, escapando de entre los entretejidos paños sónicos que visten las doce coplas que alimentan los surcos de "Bidin' my time".


Y no digo esto por contener, a modo de colofón, una estupenda versión de "Wildflowers", tema bandera del disco de mismo título que facturó Tom Petty -sin sus habituales The Heartbreakers- en 1994, y que para muchos supuso la cumbre artística del rubiales de Florida.
Pero lo cierto, es que es el Tom Petty de "Wildflowers" el que, tal vez, mejor se adapte a los temas que tenía preparados Hillman para este disco, por lo cual todo encaja: espíritu, melodías, producción y talento. El resultado es un disco precioso, que suena a Petty, a Hillman, a country, a folk, a rock and roll y a América... a eternidad.
Se trata de un recorrido plácido y delicioso por los modus operandi de la música americana de tono acústico y sabor campestre, con gemas melódicas de diversas influencias.
¡Que me aspen! si el cover del tema de Sonny Curtis"Walk right back", no me recuerda a pasajes de "Harvest" o "Prairie wind", ambas como todos saben del Neil Young de pradera y crepúsculo.
"Surch is the world that we live in" es un country precioso, reflexivo y adornado con fiddles y equipo de cuerdas desenchufadas, y la sabia voz paisana de Chris.
El tema inicial, original de Pete Seger: "Bells of the Rhymney" es un espiritual, una porción de paz y de fe. Los temas donde más se nos viene encima el, en estos días, doloroso recuerdo de Tom, son en mi opinión: el tema homónimo, con steels gitars aullando a su alrededor: "Given all I can see", que perfectamente podría incluirse en el referido "Wildflowers", o en la segunda entrega del pasado año de Mudcrutch; "Here she comes again" y "She don't care about time" (original de mi adorado Gene Clark) , hacen recordar al Petty más Byrdiano, con lo cual funden unos temas redondos y nostálgicos.
Además, recupera en versión country y un tanto cajun, el tema de Byrds: "Old John Robertson", que firmó el propio Hillman junto a McGuinn para el excelente: "The notorius byrd brothers".
Redondean el tracklist preciosas canciones, de esencia crepuscular, con influjo acústico y hermoso pase melódico: "Diferent rivers", "When I get a little money" (Nathan G. Barrow) y "Restless".



No me quiero dejar llevar por la nostalgia, por el encanto de la grandeza de los protagonistas del elepé, ni por el dolor que ha dejado Tom Petty en el corazón de los melómanos; el disco no ofrece grandes novedades, todo lo hemos oído, pero como es eterno, sigue funcionando, y como los oficiantes son de los grandes, la delicia sonora está garantizada y no exige de novedades extras.
En el disco colaboran, además de las dos referidas leyendas, los ex Byrds: David Crosby y Roger McGuinn: además de algún Rompecorazones.
Un disco para escuchar, dejarse mecer por él, sin esforzarse en nada más que no sea reflexionar bajo su influjo, observar una foto querida, o si es posible, dejar que las pupilas se adapten a la oscuridad que deja el sol tras su huida por el horizonte.

miércoles, 25 de octubre de 2017

En Polonia también existe el rock: Lady Pank, Dezerter.


Aprovechando mi viaje a Polonia, y como no podía ser de otra manera, me introduje en algunos lugares donde sospechaba que podía encontrar música rock del país.
Descubrí, con cierto asombro, que en Polonia, además de Chopin, que es el rock star por excelencia, son muy dados al heavy metal y todas sus excisiones: trans metal, death metal, black metal, etc.
Entre las bandas más destacadas, algunas de ellas, auténticas leyendas patrias, destacan: Behemoth, Riverside, Infernum, Hate, Vader o Pathfinder.

Vader

Y también tiene un gran peso en la cultura musical del país el jazz, género del cual Polonia cuenta con con numerosos representantes. Me encontré en Cracovia con una tienda de discos, que a su vez era galería de arte, librería y bar, que contaba con una impresionante colección de obras jazzisticas de músicos originarios de Polonia.
Se veían discos de entre otros artistas: Marek  Blizinski, Krzysztof Komeda, Jerzy Matuszkiewicz o Andrej Trzaskowski, según parece auténticas deidades en Polonia.

Krzysztof Komeda

En cuanto al rock, podríamos decir que los géneros continentales son los más habituales en los grupos polacos, el punk, el rock sinfónico, o el powerpop de esencia europea es lo que prima, quedando los sonidos americanos como el blues, el soul o el rhythm & blues un poco más apartados.
Aunque son varias las formaciones de las que he encontrado cosas estos días, han sido dos las bandas que más presencia parecen tener en el país.

Dezerter

Por un lado Dezerter: grupo fundado en 1981 bajo el nombre de SS-20, pero que pronto se vieron obligados a cambiar, pues el apelativo elegido -un misil soviético- no fue del gusto de las autoridades comunistas. Su música tiene una base punk, de reminiscencias siniestras, que torna a un hard-rock machacón y de rotunda pegada, unos malotes en toda regla que siguen en activo.





Por otro lado, destacamos una banda mucho más amable: Lady Pank.

Lady Pank

También fundada en 1981, y que aún está en activo, aunque experimentó un parón entre 1991 y 1994. Su música se identifica con sonidos ochenteros que combinan la escena neoyorquina de finales de los setenta heredada de bandas como: Television o Talking Heads, el powerpop continental o la new wave. Son una de las formaciones más populares de Polonia, llegando incluso a colocar en USA un tema: "Mniej niz zero", cuyo vídeo desfilo por la parrilla de la MTV en 1986.




Sin duda habrá más, pero en una semana y poco, esto es lo que me ha dado tiempo a archivar, creo que es un país con una interesante producción musical, sin olvidar la enorme importancia que tiene la música clásica.

lunes, 23 de octubre de 2017

La campana mágica de la catedral de Wawel, y mi derrota ante su maldición


Dice una leyenda, tan absurda como cualquier otra, que si te hayas bajo la imponente campana de la catedral de Wawel, en Cracovia, y pides un deseo al tiempo que tocas con la mano derecha el badajo, mientras posas la izquierda en el pecho, a la altura del corazón, el anhelo se cumple.
No suelo ser yo de repetir esta especie de protocolos que prometen tanto a cambio de tan poco, pero por una vez y sin que sirva de precedente, y porque la cálida voz de la chica del audio guía insistía en ello, me lancé a repetir el insulso gesto, como hacían el millón de orientales que me rodeaba.
No quiero echar las  culpas a la superchería, tampoco el gesto merecía tan rimbombante apelativo, pero lo  cierto es que el destino, tal vez contrariado por mi descreimiento, empezó, a raíz de ese momento, a hacer que el viento de mi dicha, bondadoso y siempre soplando a favor desde que había llegado a Polonia, girase en mi contra, arrastrando en su estela, todo tipo de, inofensivas primero, pero más serias después, desavenencias para con mi suerte; por supuesto perdí la contienda.
Todo empezó en la comida. Admito que mi inglés no es el de Golding, pero jurar puedo, que nunca pedí salmón a la mal encarada camarera que insistía en ello, con el plato del rosado y levantisco pescado en la mano.
- I hate the salmon lady, what I really want is colonka.
La cosa no fue a mayores, pero el suceso me contrarió, terminé comiendo a toda prisa, ansioso por huir de las inquisitivas miradas que me dirigía la ofendida joven cada vez que pasaba por mi lado, finalmente, y sin tomar ni siquiera café, pagué y le dejé una generosa propina, con la esperanza dé firmar una paz que ella sello con un escueto y desganado: thank you, sir. Ni que decir tiene que aquello de sir me supó a cuerno quemado.
Empezaba a sentir un escozor ácido en la boca del estómago, en principio culpe a las tres cervezas ingeridas, pero pronto lo deseché, conozco lo efectos estomacales que siguen a los excesos cerveciles, y aquello era otra cosa, además no había existido exceso.


Quise volver a penetrar en la Basílica de Santa María, como había prometido, pero un guarda se seguridad me lo impidió, según parece una boda mantenía la basílica cerrada y ocupada en preparar la escena del desposorio, seguramente para estropear la magia del lugar.
Eran casi las cinco de la tarde. El estómago había esquivado la acidez -bien enseñado que le tiene uno- y bramaba por un café.
De camino al hotel, pues había decidido descansar un rato, con la esperanza de dar esquinazo a los fantasmas que se vinieron conmigo tras el episodio de la campana, me detuve a comprar un capuchino para llevar en una tiendita regentada por una simpática moza que había vivido unos meses en Barcelona, y que se confesaba culé y partidaria del referéndum.
Finalmente me bebí con ella, mientras compartíamos las muchas bondades de Barna, el café, y parecía que la mala sombra hacía mutis.
Tras una siesta de no más de quince minutos y una ducha caliente, me lancé a la calle convencido de que todo había pasado, y que mi última noche en Cracovia bien merecía un paseo, unas fotos y una cena. Salí pues, en busca de la sopa zurek que me había recomendado mi amiga Lu, aunque me volví sin probarla.
Los novios se hacían fotos a la puerta de la basílica, estuve tentado de inmortalizar el momento, pero me contuve. Al despejarse el entorno de invitados y curiosos, cerraron las puertas del templo. Tomaron el relevo en los aledaños de Santa María unos tipos con carteles luminosos que invitaban a no perderse las delicias (carnales) que sus tugurios prometían, se me escapó una sonrisa de malo (o dos), por la impúdica visión de unos anuncios de puticlubs frente a una iglesia y justo tras la marcha de unos recién casados, sospecho que algún invitado aplaudió y celebró la oportunidad servida por aquéllos reclamos.
Tras rechazar las ofertas, lascivas pero simpáticas, de un par de señoritas que insistían en que me fuese con ellas a sus respectivos locales, asegurando una noche inolvidable, elegí la cafetería Kawiarnia Noworolski para finiquitar unos maravillosos días en Polonia, en un ambiente deliciosamente victoriano, pero con esa carcoma de decadencia que tanto gusta a tipejos como yo.


Seguramente alguno piense, como pensaba yo anoche, que las maldiciones no existen. ¡Incierto!. Si así fuese, yo estaría en este momento sobrevolando el viejo continente, rumbo a casa, y no en el aeropuerto de Cracovia, tras perder mí vuelo de las 10:30, debido a una alocada concatenación de infortunios, escribiendo esto en espera de subir al avión de las 21:10 que me devuelva a Varsovia, para desde allí volver mañana a Bilbao, pues el enlace de esta tarde estará a punto de despegar sin mi, a cuatrocientos y pico kilómetros de aquí.
Pero esa historia la cuento otro día, espero que desde mi portátil y no en esta tablet vieja y poco glamourosa, y deseo que en posición más cómoda.
Eso si, prometo rendir pleitesía a todas las supercherías que me encuentre, por muy absurdas que sean.


Escrito en el Aeropuerto Juan Pablo II de Cracovia, el 22/10/2017 durante una tarde infinita.

Publicado desde el Hotel Pokoje Coscinne Dom Literatury, Varsovia, el 23/10/2017, a las 10:15 horas.

lunes, 16 de octubre de 2017

Nos vamos unos días... ¡Hasta la vuelta!!!


Por fin han llegado mis ansiadas vacaciones, os dejo un par de postales de lo que serán los entornos que me cogerán -espero que para bien- los próximos días: la nación de Polonia.
Deseante de triturar vías de tren, kilómetros de camino, horizontes de paisaje; con mi libro y mis canciones bajo el brazo del alma, esperando aprender y expandir sapiencias, con el deseo de ser un poco menos ignorante a la vuelta.
¡Hasta entonces!

sábado, 14 de octubre de 2017

Concierto: Luna - Kafe Antzokia, Bilbao - 13/10/2017


Hasta última hora me he pensado escribir esta reseña, finalmente me he decidido. Mis dudas vienen motivadas por la dificultad que encontré anoche para meterme en lo que estaba siendo un estupendo concierto de una excelente formación.
Un público insólito, al menos en mi ubicación: parlanchín, molesto, que me llevó a la desesperación a base de gritos, selfies con flash, abrazos, risas y mucho mamoneo; me obligó a emigrar de mi sitio de toda la vida en el Antzoki en busca de paz, finalmente acabé viendo los bises desde el fondo de la sala, junto a la barra principal -los que conozcan el Kafe Antzoki comprenderán que estaba muy lejos del escenario- y creo que fue donde mejor estuve.
Por lo demás, hay que rendirse a la evidencia, y no solo se cocía el elemento nostálgico en el concierto de ayer, era mi primer bolo de este grupo al que tanto admiro, sino que el cuarteto está en plena forma, sonaron excelentes, más crudos y carnales que en las tomas de estudio, más velvetianos, más emocionantes aún.


Abrieron con el instrumental "GTX3" y ya demostraron total conjunción y evidenciaron un engrase total de los engranajes sónicos.
El setlist estaba perfectamente ajustado, y continuaron con dos pelotazos como: "Sideshow by the seashore" "Malibu love nest" del estupendo "Rendezvous" de 2004, (ignoro porque un tipo que estaba cerca mío se pasó el resto del bolo pidiendo a gritos este tema, igual estaba en el baño...), de este mismo álbum sonó, en la voz de Sean Eden: "Still at home"; se metieron al público (al que fue a escuchar música) en el bolsillo.
De su magnífico segundo disco sonaron la homónima: "Bewitched", "This time around" o "Friendly avdice". Además del segundo corte del set, sonaron también: "Moon palace" y "23 minutes in Brussels" de mi favorito "Penthouse".
"Bobby Peru" y "Fuzzy woozy" del elepé del noventa y siete: "Pup tent", y como no, algunas versiones de su último disco: "A sentimental education" (me quedé sin comprarlo porque no traían copias, ayer no fue mi noche), sonaron: "Fire in Cairo" sobe el original de The Cure, "Gin" estupenda versión del tema de Willy 'Loco' Alexander, o "Car wash hair" con la que terminaron el bolo.


No faltó la bonita pieza "One fine summer morning" interpretada por Britta Philips, se trata de un tema incluido en su disco en solitario del pasado año: "Luck or magic".
Gran concierto, sin duda, del que salí con un sabor agridulce, no me gusta meterme con el respetable, todo el mundo paga, pero eso no da derecho a ciertas cosas. Imagino que habrá lugares más apropiados para hablar de fútbol que no en medio de un concierto, al menos me enteré de como le va en la clasificación para el mundial a la selección de Argentina gracias a los caballeros que teníamos detrás de nosotros.

viernes, 13 de octubre de 2017

John Lennon - "Imagine" (1971)


Esta semana ha cumplido años John Lennon. Esto me ha llevado a una deriva Lennoniana (otra más), que ha finalizado con la escucha compulsiva y necesaria de sus discos, a introducirme en algún debate virtual, y a volver a rememorar mis inicios como melómano, que vienen asociados inexorablemente a la figura de John.
Y he querido detenerme en "Imagine". Y este alto en el camino viene justificado por lo siguiente: puede parecer una barbaridad lo que voy a decir, pero siempre lo he pensado: "Imagine" es uno de los discos más infravalorado de los últimos cincuenta años.
Puede que sea por la excesiva, y no siempre coherente, repetición de la canción, a la que han insertado como fondo de multitud de reclamas comerciales, o mentiras supuestamente progresistas de manera infame y oportunista, terminando el tema por perder casi por completo su esencia, su espíritu y una bondad intrínseca en la que siempre he creído.
Y al final, parece que el disco es esta canción, y que el resto es mero acompañamiento al hit buenrrollista más popular del siglo XX.


No es así, "Imagine" es una colección de canciones engendradas bajo un estado de gracia musical y espiritual de excepción, y todas ellas conforman un disco absolutamente mágico.
Básicamente, los temas fueron grabados en el estudio casero de John en Tittenhurst Park, se llevaron al estudio, y allí se incorporó Phil Spector como co-productor, pero no vamos a profundizar en este particular, pues entiendo que obedece más al amarillismo que a la realidad musical del álbum.
Es cierto que John con "Imagine" plasma un sonido más 'comercial'. El definió este efecto como: "Un baño de chocolate para el consumo público", alejándose así de las concepciones más vanguardistas que caracterizaron "John Lennon/Plastic Ono Band" (1970).
Pero no considero que esta 'comercialidad' reste méritos a este disco; las melodías son impecables, hay letras imponentes y afiladas, y cotas de sensibilidad casi místicas; y es que en "Imagine", el misticismo es parte fundamental de su esencia.


Obviando el tema homónimo, el set contiene gemas al alcance de muy pocos: "Jealous Guy" es un corte de una melancolía inexorable y de una profundidad melódica irrepetible, no se como entendió John que no era suficientemente bueno para: "The white album".
Pero hay miradas al retrovisor, a The Beatles, en "Crippled inside" o "How do you sleep?" -mensajito envenenado, con pinceladas orientales, a Paul- ; un blues machacón y guitarrero con aderezo de vientos en "It's so hard" (¿no encuentran similitudes sónicas con el "Ram" McCartniano del mismo año?); o cantos de amor a Yoko en la maravillosa balada al piano con acompañamiento acústico: "Oh my love" y en la animada tonada pop-folk: "Oh Yoko!".
No faltan temas de índole política, con la guerra de Vietnam de fondo, como las excelentes: "I don't want to be a soldier" o "Give me some truth".
Terminamos el recorrido por este excelso tracklist con la metafísica: "How?", tema inspirado por la terapia primal que en aquellos tiempos practicaba junto a Yoko.



Es una opinión humilde pero firme, no comprendo porque este disco no goza de calificativos mayores, siempre me da la sensación de que es menospreciado y me parece absolutamente glorioso. Participan en el mismo, además, individuos de la catadura de George Harrison, Nicky Hopkins o Klaus Voormann.
Cerramos periplo por el recuerdo -siempre fresco- de John con la reivindicación de este maravilloso disco, que es mucho más que la canción "Imagine".

jueves, 12 de octubre de 2017

Salto: gira presentación "Far from the echoes"


Desde hace unos días se puede escuchar el segundo disco de Salto titulado "Far from the echoes", por los conductos habituales. También a partir de mañana día 13 de octubre estará disponible en CD y pronto se pondrá a la venta el vinilo.
Y lo suyo es presentar el disco en el escenario, así que en esas estamos: presentando las fechas de lo que será el "Far from the echoes" tour - 2017.
Ocho serán en principio las plazas afortunadas, empezando mañana mismo en la capital del Turia.
No faltaré a la cita en Bilbao, y espero para entonces tener un poco mascado el álbum, pues por esas cosas del tiempo y sus imposiciónes aún no he podido escuchar el disco.
Dejamos el calendario de conciertos para que vayan organizando sus agendas.

Viernes, 13 de octubre: Valencia (Melody Makers).
Sábado, 14 de ocubre: Sevilla (Monkey Week).
Martes, 31 de octubre: Madrid (Cool).
Jueves, 9 de noviembre: Bilbao (Kafe Antzokia).
Viernes, 10 de noviembre: Segovia (Winter indie city).
Sábado, 11 de noviembre: concierto secreto.
Jueves, 23 de noviembre: Barcelona (Sidecar).
Viernes, 24 de noviembre: Donosti (Dabadabada).

martes, 10 de octubre de 2017

La docena de doce de... John Lennon (en solitario).


Ayer John Lennon cumplía setenta y siete años. Aunque hace treinta y siete que no podemos contar con su genio, a veces me detengo a pensar en: ¿cuántas canciones nos hubiese dejado en este tiempo, cuántos discos, cuántas frases, cuántas acciones delirantes (posiblemente también)?, resulta imposible no sorprenderse con la gran cantidad de canciones inmortales que dejó, y me refiero en su carrera en solitario, que desgraciadamente duró sólo una década.
Pero es que John fue tan especial, que no solo tradujo su talento en canciones, regaló momentos únicos, ideales que yo siempre he creído sinceros, imágenes legendarias, una actitud ante el amor, la paz, la lucha de clases, la sensibilidad, que le hacen irrepetible: un icono.
Su personalidad, depresiva, insegura, complicada y obsesiva le jugó malas pasadas; su ego, ¿cómo escapar de algo así cuando se ha sido un Beatle?, no creo que sea fácil.
Seguramente, gran parte de mi incurable dolencia adictiva por la música sea por culpa de John, de Beatles y de otros muchos también, claro, pero John ha supuesto una influencia especial, difícil de explicar, como una luz que empezó a brillar en mis sueños y amaneceres cuando él ya no estaba, pero que marcó mi adolescencia, y seguramente mi vida.
Para pasarlo bien, porque es absurdo decir para recordarle, nunca le he olvidado, vamos con La docena de doce de John Lennon.

1. "Jealous guy" - "Imagine".
Tengo demasiadas razones para que este tema sea el primero, demasiados recuerdos y tristezas, demasiada belleza, imposible que sea otra.




2. "(Just like) starting over" - "Double Fantasy".
Igualmente es imposible que la segunda elegida no sea esta. Cuando salía de la escuela, en los billares anexos al edificio, una jukebox albergaba este single, me gasté muchos duros poniendo este tema, allí empezó todo.




3. "Imagine" - "Imagine".
Si, ya lo se: estamos hasta los mismísimos de escucharla. Y tantas veces en contextos ridículos y como música de fondo para reportajes televisivos, han hecho de ella algo tan tópico... pero lo cierto es que es un tema enorme.




4. "Working class hero" - "Plastic Ono Band".
John recuerda su vida, ¿cómo un tipo como el, un "working class hero" llegó a donde llegó?, a ser quien fue, casi sin saber como. Una bestialidad de canción.




5. "Instant karma (we all shine on)".
Con Beatles agonizando, John grabó de modo paralelo algunos singles, uno de ellos este mítico tema que alcanzó el número tres en las listas británicas, otro favorito a pesar de todo.




6. "Watching the wheels" - "Double Fantasy".
Single publicado póstumamente, por ello la capa de tristeza que atesoran estos versos. Un relato que data de los tiempos en los que John se retiró de la actividad musical para criar a su hijo Sean. Impagable.




7. "#9 Dream" - Single (1970).
Tema del posiblemente disco menos recordado de John: "Walls and bridches". El confuso año 1974, en pleno lost weekend, con May Pang detrás de las pasiones de un desmoronado Lennon, seguía siendo capaz de componer piezas como ésta, con su número fetiche: el nueve.




8. "Woman" - "Double Fantasy".
Otro tema de "Double Fantasy", dedicada a Yoko y a su madre, John comentó pocos días antes de ser asesinado en una entrevista, que la canción era la versión madura de "Girl", en cualquier caso, es preciosa de veras.




9. "Mother" - "Plastic Ono Band".
Uno de los temas más sobrecogedores de John, un recuerdo -más bien amargo- no solo a su madre, sino también a su padre, un recuerdo a como le abandonaron cuando era niño, hay una cierta agonía en esta canción.




10. "Love" - "Plastic Ono Band".
Preciosa balada al piano, preciosa la voz de John y precioso canto al amor, tan sencilla que no merece mucho más comentario.




11. "Mind games" - "Mind games".
Memorable tema pop de Lennon. Inspirado en la lectura del libro "Epónimo" de Masters y Houston sobre el poder de la mente, se trata de un tema que dio título a ese disco "menor" que fue "Mind games".




12. "Happy Wmas (war is over)" - Single (1971).
Esta canción tenía como finalidad ser un tema protesta, contra la guerra y a favor de la paz, pero por motivos obvios no tardó en convertirse en un villancico, uno de los más célebres de la actualidad, y como tal lo celebramos.



Se quedan unas cuantas fuera, pero doce es una docena amigos.

lunes, 9 de octubre de 2017

Los lunes... escenas de cine - "Tener y no tener".


Siempre me ha llamado la atención el distinto comportamiento que ha tenido el cine con según qué escritores. Si con genios de la pluma como Dickens, Dostoyevsky, Hugo o Tolstoy, apenas ha conseguido plasmar en grandes películas sus obras literarias, con otros ha conseguido hacer justicia a sus escritos con excepcionales películas.
Un ejemplo evidente me parece el de Ernest Hemingway; genio al que el séptimo arte glorifica con películas excelentes como: "Adiós a las armas", "Las nieves del Kilimanjaro", "Por quien doblan las campanas", "Forajidos", "El viejo y el mar", o la que hoy traemos aquí: "Tener y no tener".
Dirigida por el gran Howard Hawks, adaptado el guión por no menos grande William Faulkner, e interpretada por Humphrey Bogart y Lauren Bacall -primera película juntos, y comienzo de una de las relaciones sentimentales más mítica de la historia de Hollywood- se trata de un título imprescindible en la nómina de películas negras de todos los tiempos.
Juntamos el mejor cine y la mejor literatura americana del pasado siglo y nos sale una obra magna como "Tener y no tener".
Y encima nos deja para la historia la célebre frase aquella de: "Si me necesitas, silba".
¡Feliz semana!

domingo, 8 de octubre de 2017

Los domingos photosong - Ron Gallo - "Kill the medicine man"


Domingo soleado, eso siempre anima el espíritu y espanta malos rollos. Aprovechemos pues la mañana para salir a la calle, pasear y escuchar un poco de música. Apetece algo ruidoso, potente y transgresor, y me doy cuenta de que son cualidades reunidas en el disco "Heavy meta" del joven Ron Gallo.
Uno de mis discos favoritos del año en curso, de los que más estoy escuchando y disfrutando, y entre el tracklist, un tema como "Kill the medicine man" del que el chico del pelo imposible ha grabado un divertido vídeo clip.
Disfrutamos de la prórroga del verano con fuzz y ritmo vivo. Os dejo con Ron Gallo.
¡Feliz domingo!



viernes, 6 de octubre de 2017

The Outside Hours - "Red runs the river" (2017)


El sello madrileño de reciente creación: Swamp Thing Records, ha sido el encargado de hacer posible "Red runs the river", el cuarto receptáculo de canciones del trío barcelonés: The Outside Hours.
Se trata del primer trabajo facturado por el sello, y podemos decir que el comienzo es inmejorable, y que ojalá sea el primer paso de lo que deseo sea un camino de éxitos, buenos discos y grandes bandas.
El propio grupo se encarga de producir el álbum, que consta de once cortes y que contiene los ingredientes esperados, aunque no en la forma esperada (al menos por mi).
Me explico: se trata, como no, de un disco en el que se agitan el blues, el rock y el garaje; hasta aquí todo correcto. Pero en esta ocasión, siento un retroceso de esencias punk, ganando terreno una oscura y terrosa psicodelia.
Confieso que la primera escucha me sorprendió: no lo hizo ni para bien ni para mal, pero lo hizo. Fue en el segundo pase cuando reconocí definitivamente al grupo de anteriores ocasiones, eso me ubicó, y desde ese momento todo empezó a funcionar.

Tras varios días girando el disco, puedo decir que el grupo ha rubricado su mejor trabajo por diferentes motivos que paso a explicar:
Si bien es cierto que en "Red runs the river" se esfuma cierto ímpetu punk, cierta esencia underground, y parte de la suciedad sónica aplicada al género de la contracultura; no es menos cierto que gana en matices, que los engranajes están mucho más ajustados y que la producción actual -más pulida y artesana- no provoca un cataclismo en cuanto a identidad, manteniéndose el modus operandi del grupo intacto, eso si, con más clase y mejores canciones, dejando un disco más redondo y disfrutable a pesar de no sonar tan malote; en definitiva, un disco maduro que abre una puerta a la esperanza, pues deja a la banda ante el desafío de hacer cosas importantes, como esta, y no solo amagar con hacerlas.
Estilísticamente, el disco se decanta hacia un blues de ambiente Chicago, con sonoridad de garito, de antro incluso, donde el rock va y viene y con detalles lisérgicos e incluso insinuaciones a sonidos de vodevil o cabaret, recordando en parte al gran Buddy Guy, y en parte al Tom Waits de los ochenta.
El tracklist está dominado por medios tiempos, con guitarras más perfiladas y retroceso del fuzz con respecto a anteriores acometidas, estupendas canciones como la infecciosa y psicodélica: "On the fringe" que abre el disco. El tema homónimo es un viscoso y nocturno rock, de pantanoso poso y medio tiempo melódico.
"Better watch your happy home" es un blues de clásica textura y enérgico riff, uno de los temas del disco. También es un momento especial, el tremendo rock agazapado y amenazante titulado: "Don't die one me, rock and roll".
Otro atmosférico tema, de claustrofóbica espiral sónica, es la también magnífica: "The beginning of the end", un tema al alcance de pocas bandas en esta piel de toro.

"Click-clack junkman" es un rock de intrépida base rítmica y letanías garajeras, en cambio "Crows of Vladislav" retorna a las agoreras cloacas del rock garajero y underground.
Tras el blues de "The wolf downstairs", que subraya una armónica y una base rítmica contundente nos reencontramos con el fuzz, los riffs contaminados y el blues-rock-garaje más psicodélico y enfermizo en la radiante: "Life ain't as pretty".
El disco llega a su fin con dos temas sobresalientes, la balada de atmósfera cabaretera y sofisticado tono: "Crawling under the neon light", y la nostálgica pieza: "The last time I saw Berlin", preciosa canción que evoca los bajos fondos de una ciudad por la que un servidor siente auténtica pasión.
The Outside Hours han grabado un disco de mucha enjundia, impecáblemente producido, que suena a años setenta, a charcos negros a la salida de un tugurio, a poética nocturna, a pantano y avenida urbana tras la hecatombe.
Ha grabado el grupo barcelonés su mejor disco: maduro y equilibrado, ahora toca desarrollarlo y disfrutarlo, para ello, lo mejor acercarse al bandcamp donde además de escucharlo se puede descargar y adquirir en vinilo (creo que aún quedan), en el siguiente enlace: Red runs the river.

miércoles, 4 de octubre de 2017

Daniel Insa - "The spinning wheell" (2017)


Hoy he decidido que toca hacer limpieza. Borrar los archivos basura que hemos ido acumulando estas últimas semanas (o meses), intentar afrontar los próximos días con la mente clara, sana y pura...recordar al poeta cuando entonaba su sueño:

Imagen alta y tierna del consuelo,
aurora de mis mares de tristeza,
lis de paz, con olores de pureza.
¡premio divino de mi alto duelo!

(J. Ramón Jiménez)

Daniel Insa no escribe sus versos en castellano, lo hace en inglés, pero ha sido el vehículo: sus versos, sus estrofas y la sedante caricia de sus canciones; que he utilizado para hacer este tránsito a la pureza.
"The spinning wheel" es el primer disco que escucho con los debidos tiempo y atención, de la producción de Insa hasta la fecha.
El interminable carrusel de discos que pasan ante nuestras narices ha impedido (esto es en parte una escusa) que deslizase del día a día, unas horas para dedicárselas a este chico que lleva por bandera la fe en lo que hace y la transparencia de su ser (y creo, en su entorno), impregnando unas melodías y unos textos que se maceran en los jugos mágicos de la claridad y la pureza (justo lo que necesito).
Se trata "The spinning wheell" de un disco de canciones, no es cosa baladí esta, en tiempos en los que el discurso recargado y barroco con respecto a discos atiborrados de producción parece el más elogioso, muchas veces uno se pregunta: ¿dónde están los discos sencillos, las colecciones de bonitas y sinceras canciones?; aquí tienen uno.
A la voz de Insa le acompaña una tenue instrumentación de guitarras eléctricas, base rítmica y algún otro efecto sonoro (acordeones, armónicas), intercalado sobre el metraje del disco, todo sobre una base acústica, por supuesto.



Tal vez, pondría un pero en el aspecto de que el sonido se me hace (ocasionalmente) demasiado lejano, esto hace que la voz no parezca en algunos pasajes totalmente abrigada por la música.
En cualquier caso es una sensación mía y tampoco esta circunstancia quita valía a un hermoso disco, un disco de bonitas canciones.
Citaremos algún tema favorito como la preciosa balada acústica "Bring it all over me" de curioso parecido acústico al Young furioso de "Mirror ball" (una impresión mía desde el primer momento que la escuché). También "The big mistake" de esencia puramente Dylaniana, o la melancólica: "Help me out somehow".
Será difícil que no les guste el nuevo cancionero (nunca mejor dicho) de Daniel Insa, cierren las ventanas, dejen el ruido y la polución moral en la calle, hagan girar el disco y busquen la pureza, que nos la merecemos.
Bandcamp donde escuchar y adquirir este bonito disco: Daniel Insa.
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martes, 3 de octubre de 2017

Carta abierta a un tipo cansado y seguramente equivocado. Adios a Tom Petty.


Ayer, cuando el día enfrentaba su recta final, alguien gritó por la red que Tom Petty había fallecido, se lo ha había llevado un corazón cansado, o desafiante, ¡vaya usted a saber!.
La noticia se propagó por la red con esa punta de velocidad extra que tienen las malas nuevas. De repente se empezaron a escuchar susurros en ese mismo pasillo interminable que es internet, ya no eran gritos, eran hilillos de aliento que rectificaban la tragedia: no estaba muerto, aunque si en estado crítico. La confusión se hacía dueña de las conciencias y estados de ánimo de los abatidos fans del rubiales, que llenaban las redes sociales de RIPs, fotos y vídeos del legendario músico. Por desgracia (o no) se certificó su muerte pasadas unas horas, siendo ya un hecho cuando el sol se elevaba en el cielo de la caótica, inmoral, eternamente rancia y obtusa España.
Descanse en paz el gran Tom Petty.



Carlos Saura rodaba en 1981 "Deprisa, deprisa", un -en mi opinión- sobrevaloradísimo film sobre unos jovenes delincuentes que apenas superada la adolescencia intentaban correr más que el mundo, oficiando de héroes de la marginalidad, iconos suburbiales en un extrarradio de Madrid, en los últimos setenta, o primeros ochenta, adquiriendo épica de corredores de distancias cortas que no llegan a terminar la carrera.
El título quería hacer referencia a esa actitud, a esa ansia por vivir rápido. La red adquiere esa misma ética de inmediatez, donde parece que no se permite que la verdad, el rigor, las personas o el respeto arruinen un buen número de "likes", ¿realmente mola esto?, ¿nos respetan?, ¿respetamos?.



Ayer fue otro día áspero, deprimente y taciturno. El disparate se asienta en la sociedad: en Cataluña acosan a las fuerzas del orden público en las puertas de los hoteles en los que se hospedan. En Madrid un gobierno dispuesto a dialogar con todos, lo hace sólo con la gran coalición. Esa gran coalición (que existe) que ahora empieza a poner las espadas, que tenían en el centro del triángulo abrazadas, en un oculto a todos pero real en el fondo: "todos para uno", mirando al progresismo unos: al este; y al artículo 155 los otros, al sur, al zafarrancho... será por aquello de: "A río revuelto...".
Que están dejando solo a Mariano vaya: Una vez consumada la tragedia nadie quiere recoger la bandera de la democracia, que poco ha tenido que ver con todo esto. La ecuación: Ley = democracia no se la creen ni ellos, la ley hay que cumplirla, eso desde luego, la unilateral es inadmisible entre seres inteligentes, eso sin duda, pero la ley es una cosa y la democracia es otra, el terreno de los políticos es el segundo.
Vamos a ver quien es el primero en reconocer sus errores, a lo mejor ese día se puede empezar algo constructivo. Los catalanes se bajan de esa especie de  nave de Han Solo en la que se han montado, surcando el espacio en busca de quimeras, sin reparar que éstas suelen estar protegidas por dragones, y lo de San Jorge es una leyenda.
El gobierno empieza a entender que Franco ha muerto, que la modernidad anida en el dialogo, en el debate y en la búsqueda de puntos en común sobre los que edificar, que el "por cojones" además de inaceptable, es repugnante moralmente, que los tribunales están para otras cosas por muy dominados que estén sus voluntades por los políticos, y que el respeto si no es recíproco no es. Osea que me he embarcado en la nave de Han Solo con Puigdemont y busco quimeras, creo que hay demasiados dragones protegiendo la solución, armados con una constitución caduca e ineficaz y toneladas de demagogia, estamos jodidos.
Igual es importante recordar que el debate, el diálogo y el parlamentarismo son las herramientas de los políticos. Para ello es necesario tolerancia, capacidad de escucha y argumentación; buenas dosis de humildad y ausencia total de soberbia. Que el circo no vale para solucionar problemas: quiero decir que no se debate a golpe de "zascas", ni se comunica a base de ráfagas de tuits... ¿no habíamos quedado que la red es un pasillo por el que pasa todo el mundo gritando y corriendo demasiado?.
Mirando el paisaje, todo esto me parece imposible, inalcanzable, utópico.



He dormido fatal. Me he levantado peor de la espalda y del ánimo. Y empiezo a no conocerme en el espejo, y lo que es peor, tampoco en mis escritos íntimos, aquellos que en tiempos eran el único reducto de autenticidad, donde siempre iban a parar mis bilis, mis suciedades y pecados para depurarse en su propio jugo.
Me da la sensación de que he desertado de demasiadas cosas de un tiempo a esta parte. Me observo y echo de menos algunas esencias, fortalezas y debílidades.
Me veo como militante más que como ideólogo, o idealista. Mas reaccionario que pensador. Más precipitado que paciente. Más envenenado que balsámico. Más urgente que reposado. Más inanimado que esperanzado. Menos yo.
Necesito las vacaciones como el comer, perderme en las calles de Varsovia, o Cracovia, en las tabernas y museos. Recorrer las calles y filtrarme en las noches. Romper la barrera de (mi) tiempo en trenes rodeados de historia con un libro y canciones como baluarte ofensivo y procurar que sanen las heridas de esa velocidad, precipitación, militancia y cabreo que he acumulado ultimamente.
Es que lamentablemente, el tema no es tan fácil como echar la culpa de todo a los demás.

lunes, 2 de octubre de 2017

Los lunes... escenas de cine - "Peter Pan"


Después del día de ayer, elegir una película se me antoja como algo que pueda resultar sanador, curativo. Por supuesto se me ha pasado por la cabeza buscar algún drama político, algún film de corte social, algo de Ken Loach, o cosa parecida.
Pero lo he pensado mejor, y creo que lo más apropiado es irse a las antípodas de esa idea. Así que me he decantado por una película de Dysney.
Confieso que no soy demasiado fan de la factoría de la fantasía y la ilusión, pero algunos títulos si me gustan. Principalmente los clásicos -las que hacen actualmente no me dicen nada, la verdad- sobre todo Pinocho, Blancanieves y por encima de todas Peter Pan.
Debe ser que un servidor, al igual que Peter, no quiere dejar de ser niño, pero me temo que ayer hasta Peter Pan hubiese envejecido de repente, como si se hubiese fugado de Sangri La.
Además no me digan que Garfio no tiene cierto parecido con nuestro querido Mariano
No perdamos de vista nuestra sombra, penemos en cosas alegres para volar, y rumbo a La Tierra de Nunca Jamás.
Lo intentaremos, os lo aseguro, y además os lo deseo a todos...
¡Feliz semana!!!

domingo, 1 de octubre de 2017

Los domingos photosong - The Rolling Stones - "Bitch"


Pues ya está aquí el 1-O. Y como no quiero hablar de esto, me da demasiada vergüenza y pereza, creo que me voy a pasar la mañana dominical pinchando discos, escuchando música e ignorando otras cosas.
Como además llueve, y el cielo está gris, el suelo mojado y el ánimo, quieras que no, se resiente, pues tampoco es cuestión de entristecer más aún el semblante con canciones demasiado nostálgicas.
Así que no se como lo verán ustedes, pero creo que me voy a decantar por rock and roll, ya saben, del que agita emociones y caderas.
Aprovechamos el paso de los Stones por Barcelona, que no todo va a ser el 1-O, y nos escuchamos, una vez más, esa obra maestra de 1971 titulada "Sticky fingers", que además lo tengo con su portada alternativa.
Cualquier canción del disco es una obra maestra, pero creo que me voy a decantar por "Bitch", no me pregunten porqué, pero me parece la más apropiada.
¡Feliz domingo!