domingo, 30 de abril de 2017

Los domingos photosong - The Beatles - "Being for the Benefit of Mr. Kite!"


Dentro de poco más de un mes, este disco cumplirá cincuenta años. No diré, porque mentiría, que se trate de mi disco favorito de los Fab-Four, pero es indiscutible que se trata de álbum icónico que marca en cierto modo un antes y un después.
Aunque su tracklist me parece un tanto irregular (dentro de unos parámetros de grandeza colosales), cosa que no ocurre, en mi opinión, con mis absolutos favoritos: "Rubber Soul", "Revolver", "Abbey Road", "The White Album"; no es menos cierto que cuenta con temas únicos y magistrales como "A Day in the life" o este grandioso: "Being for the benefit of Mr. Kite!". Desde siempre es uno de mis temas favoritos del grupo. Me cautivó hace muchos años cuando la descubrí, antes que el propio disco, en un excepcional documental sobre la banda de Liverpool que visioné mil veces por lo menos en una cinta Beta, sobre el año 1985, cuando un servidor era muy, muy, muy joven...
Así que tras una semana como ésta, donde la podredumbre se amontona. tapando una escoria con otra aún mayor, bueno me parece solazarnos con una celebración como esta y un tema circense maravilloso.
¡Felzi domingo!!!



sábado, 29 de abril de 2017

Viviendo en los libros (I). - Las paranoias de Addi.


Desde muy niño, Alberto decidió vivir sus días cogiendo prestadas las aventuras y desventuras de los personajes que leía en los libros. Su cuerpo infantil, con tendencia al sobrepeso, su escasa habilidad para los deportes, un tartamudeo leve pero incontenible, producido por los nervios y el pánico a hablar en público, la falta de una actitud de represalia ante las burlas e incluso agresiones que recibía de los clásicos abusones saturados de complejos del colegio, un bigote como de piel sucia de melocotón que se instaló inoportunamente temprano sobre su labio...: todo ello eran factores que no hacían de Alberto Baroja el chico más popular de su quinta.
Su afición a la lectura tampoco ayudaba. Muchos no entendían la costumbre del joven de llevar libros para leerlos durante el recreo, mientras el resto de los chicos jugaban al fútbol o se peleaban entre ellos, en la infinita olimpiada por ser el más duro, el macho dominante de la manada. Consideraban aquella afición propia de un blando, un "pitagorín", y desde luego asociaban el libro del recreo, aquél en el que se sumergía como medio de escape, con los libros de texto del colegio. En definitiva, que le acoplaron el San Benito de empollón -sacaba excelentes notas- y por añadidura pelota y chivato, cosas ambas que en absoluto era.
Gerardo era un chico más alto y desarrollado que los demás. El acné hizo presa de él, y lo cierto es que los granos y espinillas daban a su rostro un aspecto aún más fiero, pues la naturaleza le dotó de un cráneo pequeño y sin apenas frente, una expresión enjuta y unas mandíbulas prominentes. Estas características dotaban a su testa de un rictus feroz y demente. Escondía su torpeza y mediocridad bajo un parlamento obsceno de descalificaciones y humillaciones, y marcaba un estado de sometimiento sobre los más débiles que sostenía a base de amenazas y no pocas bofetadas.
Alberto era su víctima favorita. Cuando tenían once años obligó al apocado muchacho a comerse la página en la que da comienzo el torneo de Ashby, su momento favorito de Ivanhoe. Este reprobable acto dio la idea a Alberto: ¿Por qué no vivir a través de los personajes de los libros?
Gerardo había introducido a Ivanhoe, a Rebeca y al Príncipe Juan en su interior, a la fuerza y depositando sus intrigas, amores y valentonadas en su estómago. El haría lo contrario: se introduciría en los libros, viviría las aventuras y amoríos de sus héroes literarios. Sería la libertad absoluta, pues podría elegir el personaje que quería abordar, incluso podría cambiar de rol según le apeteciese más o menos, dependiendo del día o del estado de ánimo, e incluso sería posible improvisar a tenor de lo que iba ocurriendo.


Desde entonces vivió vidas prestadas y nunca desarrolladas de forma física. Llegaba a casa, hacía los deberes y merendaba, dedicaba un rato a sus estudios -años después sería consciente de su natural facilidad para asimilar conceptos matemáticos o textos sobre historia o química-, y se infiltraba en los cuerpos de papel, tinta y fantasía de sus personajes favoritos de la literatura. Contaba con once años y el mundo era la excepción para Alberto.
Así pasaron varios años. Mientras los demás chicos jugaban al fútbol, se iniciaban en el magisterio erótico visionando películas a escondidas, sentían las curiosidades propias de la edad y daban comienzo a los flirteos, Alberto disolvía su soledad en los libros. Desenmascaró a no pocos criminales ataviado con el estúpido atuendo de Hércules Poirot, incluida la cabeza de huevo y el ridículo bigote empapado de fijador, estridencias propias del célebre detective belga.
Fue pasando uno a uno por la piel y los trajes de seda de todos y cada uno de los hijos de Don Corleone. Persiguió durante décadas el amor de Stella, se convirtió en caballero por ella, y fue derrotado ante la venganza autodestructiva de la pobre Srta. Havisham.
Vio caer su avión en una isla en la que, junto a otros chicos y a golpe de caracola, transcribirían a pequeña escala insular todas las indecencias del mundo global y organizado, observando lo incurable del virus que, incrustado en el germen del hombre, causa la falta de humanidad propia del ser humano.
Fue Robinson Crusoe, Tim -nunca quiso ser Dick-, El gran Gatsby, Tomas buscando su identidad y la realidad de la felicidad de la vida en pareja en la Praga de 1968. Trató de huir de la deformación de la actualidad y el pasado a la que El Gran Hermano sometía a Winston, hasta que el amor por Julia, y la lujuria -ésta incluso más- vencieron aunque no derrotaron al partido... Y así cumplió dieciocho, sin saber que había un mundo más allá de sus estudios, sus libros y su enfermiza huida de la realidad.
No era consciente de que llegaría el día en el que el enfrentamiento con lo mundano sería impostergable. Ese día no podría salvarle ninguno de sus amigos: no tendría a La Compañía del Anillo para ayudarle, ni aparecerían tres mosqueteros para resucitar y perpetuar el dolor, como le ocurría al infatigable de desvivir Athos. Tampoco le salvaría el amor, ni la magia, ni el caballero...
En la universidad todo fue más fácil. Cada uno iba a lo suyo y nadie reparaba demasiado en el chico que no hablaba, que solo leía. Alberto ni siquiera se había dado cuenta de que los años habían sido generosos con su anatomía: medía casi un metro ochenta y tenía un cuerpo sano y fuerte, aunque no esculpido por el deporte se mostraba equilibrado y bello. Los años de lectura deformaron sus ojos, haciéndolos huidizos pero intensos, con un halo de misterio y un color miel poco frecuente en varones. El cabello, fuerte y de un intenso color azabache. y unos labios gruesos y sensuales que nunca abría para mostrar una dentadura impecable, completaban un rostro anodino pero hermoso, inexpresivo pero intenso. Temeroso, misterioso, prometedor.
Elena decía a Lucia que la verdad que se escondía detrás de la pétrea expresión de aquel rostro, no la dejaba dormir, ni comer, ni estudiar, ni vivir. Estaba dispuesta a descubrir aquella verdad oculta al mundo, quien a su vez parecía no interesarse lo más mínimo por ella.
El día que Elena abordó a Alberto al salir este de la biblioteca, el joven no encontró ningún referente en los libros que le indicase el camino para llegar a alcanzar aquellos labios. Unos labios que desde el primer instante derrumbaron su mundo de fantasía, evasión, tinta y miedo.


(Continuará).

viernes, 28 de abril de 2017

Ghost Number & His Tipsy Gypsies - "From Dawn to Dust" (2017)


Conozco el proyecto: Ghost Number & His Tipsy Gypsies gracias, como no, a internet. Me llama inmediatamente la atención y decido rebuscar hasta que doy con su disco de debut: "From Dawn to Dust", álbum que no he podido evitar escuchar una vez tras otra durante los últimos días. Finalmente decido traerlo aquí y presentárselo a la parroquia (a los que no conozcan el grupo claro).
El proyecto nace en 2014, y pretende explorar la música americana de raíz de principios del siglo pasado. Añade a esta base sonidos extraídos del folclore de europeo de interior y esencias tribales e incluso caribeñas.
Con un sonido en su totalidad acústico, sin electricidad de por medio, su música tiene como escenario onírico las históricas plazas públicas donde el arte se funde con la vetustez del mobiliario pétreo y la naturaleza explosiva; las hogueras que alumbran las noches brujas y sensuales de la pantanosa Nueva Orleans, o algún tugurio de mala nota que herve al ritmo del cajun durante las noches locas y psicóticas atravesadas por el Mississippi en los años de Huckleberry Finn.
Difícil no evocar a Pokey LaFarge, The Devil Makes Three, C.J. Chenier o el propio Seasick Steve, cuando se escucha la música incendiaria de nobleza y esencia silvestre de este conjunto formado por el cantante y banjo-man: David Pisabarro (a.k.a. "443"), quien congregó alrededor de esta idea a los músicos: Jokin Zapa (guitarra), Jon Ander Burgos (trompeta), Elena Arteagoitia (violín), Iñaki Lopez (contrabajo) y David Olano (percusión).


Bajo estas premisas, lo que nos ofrece este debut ya os lo podéis suponer, un producto alejado de lo esperado por estos lares, osado y muy personal. Otra cosa diferente es que se desarrollen estas aventureras incursiones musicales con calidad. Pues así es, os lo aseguro.
Nos encontramos ante un disco sorprendente, excitante, divertido, genuino y nostálgico. Se combinan momentos oscuros con luminarias rellenas de sol; incursiones en la tradición callada y reflexiva con pataleos de danza emocional, y todo transcurre como si tal cosa. Desde el principio se asimila naturálmente, y no se crean estructuras que hagan difícil el tránsito de unos instantes sónicos a otros.
Así que se recoge con igual regocijo las bailables y optimistas coplas canallescas: "It's over" o "Dark night stomp" que el vals silvestre y pantanoso: "Typsi Waltz".
Encajan a la perfección la melancólica: ·"Desert siren's song" como la romántica y deliciosa: "Wendy".
Como si naciesen de la tierra, por esencia americana de viejo cuño, en el caso de "My first happy song" o germinada en la extrema Europa en "Proud of my sins", tal vez los momentos más introvertidos.



Mágica y suntuosa: "Shady Lady", magnífica. "Looking for gold" tiene un título evidente, evoca a los viejos buscadores de oro solazando instintos tras un día removiendo el río y agujereando el planeta.
Y el instrumental con que cierran -o casi parece que entierran- el álbum titulado como este: "From dawn to dust"...
Y les sugiero que sigan buscando en el tracklist, pues aún hay más e igual de bueno, no os lo voy a adelantar todo.
Excelente trabajo, parece de allí pero es de aquí. No se lo pierdan porque merece mucho la pena.
Adjuntamos enlace con el bandcamp del grupo donde se puede escuchar y adquirir el estupendo "From Dawn to Dust".

jueves, 27 de abril de 2017

Scott H, Biram - Gira española en junio.


El hombre orquesta Scott H. Biram estará entre nosotros con su rock sucio de carretera, su blues acústico empapado de la humedad del delta, su gospel ancestral, su country crepuscular...
Viene para presentar su último disco: "The Bad Testament" del que ya hablamos aquí.
Con sus inequívocas influencias blues-metaleras insuflará el aire de polvo del camino y olor a alcohol barato.
Magnífica ocasión para degustar el arte de un músico íntegro y auténtico. Serán cinco citas durante el mes de junio y bien valdrá la pena no perderse lo que promete que será un recital enraizado y genuino. Yo no lo haré.

La lista de ciudades afortunadas, salas y fechas:

6 de junio:  Kafe Antzokia (Bilbao).
7 de junio:  Sala Acapulco (Gijón).
8 de junio:  Boite Live (Madrid).
9 de junio:  Zaragoza.
10 de junio: Rocksound (Barcelona).

Nos quedamos con un tema de su último disco titulado: "Train Wrecker".



miércoles, 26 de abril de 2017

Copernicus Dreams - "The Honeymoon" (2017)


Turno para Copernicus Dreams. Hace varias semanas, realmente desde antes de navidad, y estamos casi en mayo -¡como pasa el tiempo!- que venimos hablando en esta santa casa del nuevo proyecto de Copernicus Dream.
Titulado "The Honeymoon", Llega con unas expectativas tan ilusionantes como poco proporcionales a los méritos, evidentes tras catar el producto, en cuanto a difusión general, (típico). Es finalmente desenvuelto y colocado en la pletina para desarrollar lo que lleva dentro.
Cierto que tenía una idea bastante aproximada de lo que contenía este "The Honeymoon". La mañana que pasé con los Copernicus grabando los teclados, y alguna demo que me había enviado via wasap my friend Chus, me tenían sobre la pista y no esperaba grandes sorpresas.
Aún así, los buenos discos siempre sorprenden, y este caso no ha sido una excepción.
Se aprecia una evolución en el grupo. Se evidencia en la redondez del sonido, más centrado y coherente, con más matices y un poco más guitarrero -cosa que los apegados a canalladas sonoras como yo agradecemos SIEMPRE-. No es que estas cuestiones fuesen rémoras por las cuales atacar a su anterior trabajo "Sunrise", ni mucho menos, era aquél también un excelente álbum (pinchar reseña), pero siempre es bienvenida y muy gratificante la evolución, maduración y enjundia que se consigue con el paso del tiempo y la experiencia (en cualquier orden de la vida); y es una gozada comprobar como Copernicus Dreams consiguen mejorar su anterior entrega de forma sutil pero incuestionable, según mi parecer.


Que Chus González (voz, guitarras) haya producido el disco me parece un punto clave para la consecución de esto que comento. Por supuesto también el impecable trabajo de Jon Asier Zubelzu (al que agradezco el trato y la info sobre micros vintage). Igualmente las incorporaciones de Maki Soto al bajo e Igotz Aramendi a la guitarra por fuerza tienen que influir en sus cometidos: soulero y como de puntillas el bajo, y determinante la guitarra (de lo que más me gusta del disco es como suenan esas guitarras).
Continúan brillantes como siempre: Pablo Gil a las teclas (sesenteras y finamente psicodélicas), Javier Santurde a la batería y Chus acompasando guitarras y voz, que sin ser fuerte si se siente firme, de elegante fraseo y cálido timbre.
El tracklist es excepcional, no se observan grietas ni momentos de desinfle. Se aporta variedad y coherencia al tiempo. Recuerdo aquella mañana en los estudios Gaua, conversar con Chus sobre la importancia del orden definitivo del set, pues creo que el comienzo de "The Honeymoon" es absolutamente demoledor, con dos pelotazos como: "The Wedding day", donde aparecen las steels -otro elemento definitivo en el buen devenir sonoro del disco-, un tema de carretera cálido como la brisa de la pradera y que destila felicidad; y "The honeymoon song" romántico texto que viaja por lo más lírico de USA y con aparición estelar de armónica y teclas, enamorado de ella desde que la escuché por wasap hace varios meses.
"Mysterious woman" es más acústica, cálida y acogedora, finalmente Pablo consigue cuadrar con matricula su solo de hammond. Como el Springsteen más de carretera, el que se acopla al asiento de cuero de su Cadillac mientras conduce y sueña, así suena "Even roses die".
Mas reposada se ofrece "Like I do", y también "How we miss you", un recuerdo a Luis en clave de soul y sol, excelente tema.



Reflexiva y más progresiva: "For you from you". Íntima, acariciadora, con pianos y guitarras cristalinas la preciosa balada: "Cheers to those days".
Otro tema que pude degustar por móvil, y ya anunciaba lo que escondía es: "Big Star", otra favorita personal, impoluto homenaje a la banda powerpopera de la vida.
Y nos vamos con "Run baby run!!" pop optimista y radiante que Chus dedica a su sobrino, y que es perfecta para despedirnos con una sonrisa en los labios. Queda una sorpresita simpática y que define el espíritu alegre y optimista de la formación, que omitiremos en esta reseña (sorpresa).
Muy contento con el disco de mis compadres de Castro, los Copernicus Dreams. Artefacto que sin dudarlo recomiendo desde aquí.
Pueden acceder al mismo en este enlace, no se lo pierdan: "The Honeymoon".

lunes, 24 de abril de 2017

Robyn Hitchcock - "Robyn Hitchcock" (2017)


El trabajo número 21 en solitario de Robyn Hitchcock es el primero que lleva título homónimo. También es el primero desde la época con Soft Boys en el que Hitchcock no se cuelga una acústica, utilizando la plantilla sónica habitual en los chicos suaves: dos guitarras eléctricas, bajo, batería y armonía.
Grabado en Nashville junto al productor Brendan Brenson, se trata de un trabajo introvertido, reflexivo y observante desde el punto de vista del autor, de ahí que finalmente se decantase por un título homónimo.
Tras un fin de semana haciéndolo sonar casi en bucle, creo que me atrevo a afirmar que este trabajo se ha de convertir en uno de mis favoritos para esta añada a la que aún le quedan sus dos terceras partes.
Me siento muy a gusto escuchando este disco. Vamos a ver si me explico: desde el primer instante el disco ha sido aceptado de forma instantánea por un servidor. Como las piezas de un puzzle que van encajando unas con otras sin mostrar ningún tipo de resistencia, hasta que de forma sorprendentemente fácil se culmina el juego, siendo el lienzo resultante inmediatamente recibido con admiración.


Diez temas que se suceden como si hasta el orden elegido para las mismas haya sido concebido bajo un estado de inspiración divino, pues todo (como en el puzzle) parece aparecer en el momento justo y ocupar el lugar idóneo.
No hay complicaciones produccionales, los momentos más ambientales o místicos se resuelven con artesanía instrumental, como ocurre en la maravillosa: "Sayonara judge".
Es posible que muchos no encuentren en los intestinos del trabajo demasiados motivos de exaltación. Al fin y al cabo solo se trata de exactas contrucciones melódicas, deliciosas guitarras que arpegian con deleite, lineas de bajo suculentas pero poco pretenciosas, ritmos atinados que casi pasan desapercibidos y algunas electricidades rugientes que acarician. Complétenlo todo con la flexible voz de Hitchcock despiezando las notas que conforman ese hermoso paisaje resultante del puzzle, y por lo demás, nada de especial.
Tono reflexivo en los textos y guiños a diversos estilos como el pop de esencia beat de "Detective Mindhorn", los aullidos fronterizos de las steels de "1970 in Aspic", el suave rock de tasca de "Time coast", las esencias setenteras de rugientes guitarras de "Virginia Woolf" o el country crepuscular de "I pray when I'm drunk".
Después de cuatro décadas estamos en disposición de afirmar que Robyn Hitchcock no falla. No estoy seguro de que esta reseña sea compartida por muchos, pero el disco, que indefectiblemente recordará a Soft Boys más que otros en solitario del de Paddington, a mi me parece encantador, equilibrado, de enjundia literaria, que desborda clase y con canciones excelentes. A tener muy en cuenta.



Los lunes... escenas de cine - "La Regla del Juego"


Jean Renoir es uno de los realizadores más grandes de la historia. Recordar sus películas es un motivo evidente para reafirmarse en la opinión respecto de lo pequeño, vulgar y mediocre que son el cine actual y sus hacedores de películas.
Tras esta ventolera, hoy traemos una de sus grandes cintas: "La Regla del Juego". Película en la que es indispensable tomar como punto de referencia el año en que fue filmada: 1939. Fiel reflejo de una época vista desde el indecente y deformado por la miseria punto de vista de la aristocracia centro europea.
Film comprometido, como es habitual en su autor, nos relata esa decadencia moral y unos estereotipos aún mantenidos, y la insistente actitud de hedonismo y abstracción de la realidad de las altas clases acomodadas europeas que permanecen inmóviles ante el ascenso y consolidación del fascismo. Todo filmado desde una perspectiva de vodevil y comedia romántica, un tono ácido que imprime Renoir a la película, un contrapunto narrativo brillante.
Aunque no fue bien acogida en su época, "La Regla del Juego" es una película magnífica, muy recomendable en etapas como la actual, puede resultar didáctica, si es que interesa modificar conceptos podridos en esta Europa que se desvanece.
¡Feliz semana!

domingo, 23 de abril de 2017

Los domingos photosong - The Rolling Stones - "Respectable"


Finaliza una semana saturada de acontecimientos: El esperado lanzamiento de "Americana", el nuevo disco de Ray Davies; el cumpleaños de La Iguana -increíble que haya llegado a los setenta-; el Cervantes a don Eduardo Mendoza...
Y hoy, día de Sant Jordi, mi favorito del año, tocan libros y rosas. Asi que me parece una jornada idónea para resumir en la foto dominical alguno de los acontecimientos de la semana dando lustre a algunas de las cosas que más me gustan del mundo.
Una bonita tablilla con Eduardo Mendoza dibujado y citando a Hemingway (otro crack) que me regalaron hace tiempo, uno de mis libros favoritos de favoritos del mundo mundial: "El tercer hombre" de Graham Greene. Y para musicalizarlo todo, la banda de mi vida, los Rolling Stones pateando rock and roll desde uno de sus mejores discos: "Some Girls", con la apisonadora sónica que es "Respectable".
Disfrutemos del embrujo de Sant Jordi, sigamos venerando los libros, los discos y todo lo bonito del mundo, que hoy no es día de tristezas.
¡Feliz domingo!



sábado, 22 de abril de 2017

El día que Eduardo Mendoza llegó a mi vida (de humilde lector).


Algún compañero del curro me tacha de raro, extraño, intenso e incluso pedante (seguro que hay cosas peores), me consta, y la verdad es que me la trae al fresco.
Saben de mi afición por la música, el teatro, la pintura, la historia, la ópera, el cine, la literatura... Lo que se dice un autentico 'bicho raro'; - "¿En serio no sabes con quien juega el Athletic el domingo?".
Aunque no se trate de buscar culpables, mucho me temo que las malas compañías de las que me rodeé en mi infancia, marcaron el devenir de mi estrafalaria personalidad, ya sabéis: "la infancia es la verdadera patria del hombre" (Rainer Maria Rilke).
El caso es que entre unos y otros me metieron en este lío. Cuando era jovencito me empezaron a entusiasmar los libros. En alguna ocasión me han comentado mis padres que incluso antes de aprender a leer me podía pasar horas jugando con ellos. Los miraba y pasaba sus páginas, en silencio y muy atento a sus ilustraciones. "Parecía que estabas deseando saber lo que contaban aquellos cuentos de hadas", me ha repetido mi madre muchas veces.
Lo cierto es que pronto empecé a interesarme por los libros. No recuerdo cuando fue, siempre me recuerdo a mi mismo leyendo.


Nunca perdonaré a mi hermano que destrozase unos libros ilustrados como comics de obras literarias clásicas que adoraba. Aquellos comics (en realidad eran comics) fueron las primeras lecturas que recuerdo. El cabrón del pequeñajo se los cargó todos: "Don Quijote", "Los Tres Mosqueteros" (allí se cimentó mi adoración eterna por esta obra), "La Flecha Negra"...
Pronto llegaron los libros de "Los Cinco" y "Los Hollister". Después Julio Verne, Salgari, Karl May... La adolescencia trajo la inquietud y el morbo: Tolkien para el verano y para fantasear. "El Principito" para soñar y entender (o todo lo contrario). Y la curiosidad mató al gato: Sade, Masoch, "El amante de lady Chatterley"...
Esta afición por los libros propició que los comics, a los que tan apegados están muchos de mis contemporáneos y multitud de amigos, pasasen de largo en mi juventud, tan solo "Jabato" y "El capitán Trueno" consiguieron que consumiese horas con ellos.


Llegaba el momento de iniciar otra etapa. ¿Qué leer?, había consumido unos cuantos cartuchos, empezaba a amar la literatura de las generaciones españolas del siglo XX (en el que aún me encontraba), clasicos como Dickens, Hugo o Scott, entonces apareció Begoña.
Desde mis dieciséis o diecisiete años, Begoña me parecía un mujer con gran experiencia, sabia, madura y con unos cuantos años que habían llenado su cuerpo y alma de experiencias. Era la bibliotecaria del centro de cultura de San Adrián. Creo que debía tener unos treinta, en fin.
Aquél verano no tenía muy claro que leer, ya había fulminado "El señor de los anillos" y "El hobbit" el año anterior, y "La historia interminable" me parecía una etapa definitivamente superada. Tocaba hacerse mayor (quién me diría a mi que Pio era propio de jovenzuelos).
Quiso el destino que en plena eclosión de la novela negra en mi vida, apareciese él.
- ¿Has leído a Eduardo Mendoza? - me soltó Begoña.
- No, ni idea.
- Pues no se hable más, te va a encantar.
- ¿Cuál me llevo? - pregunté un tanto cándido frente a los cinco ejemplares que se alineaban, con aspecto de haber resistido ya muchas lecturas, en el estante más pegado al suelo del armario del fondo.
- Mi favorito es este. Llévatelo, me lo traerás en tres o cuatro días, estoy segura.

Cuarenta y ocho horas después estaba en la biblioteca a primera hora con "El misterio de la cripta embrujada" en la mano, devorado en una noche y un ratito durante la hora de la siesta, deseando tener entre mis fauces más historias de ese Mendoza que había llegado a mi vida para quedarse.
"El laberinto de las aceitunas" y "La verdad sobre el Caso Savolta" fueron los siguientes.
"La ciudad de los prodigios" es uno de los libros de mi vida, la historia de Onofre Bouvila me enseño tanto sobre el ser humano y sus motivaciones, sus derrotas maquilladas de victoria y sus felicidades cautivas de uno mismo. Las realidades intrínsecas que escondemos y nos hacen cobardes furtivos de nosotros mismos. La miseria y la pobreza que juegan en el mismo tablero oscuro y de espaldas a Dios, ¡¡¡adoro esta novela!!!.
Es el libro que más me gusta regalar, así que creo que lo he comprado una docena de veces.
Compré por primera vez un libro suyo recién publicado en el 91: "Sin noticias de Gurb". Poco a poco he ido incorporando a don Eduardo a mi cotidianidad. Humano, irónico, aparentemente inofensivo, entrañable, sabio, agudo, afilado, cariñoso, rudo, delicado, transgresor, generoso, imaginativo, vacilón... un genio.
Normalmente paso de los premios. Por algún motivo no me fío de ellos, y mucho menos de los tipos que los dan. Pero que contento me sentía el otro día, cuando Eduardo se infiltró entre esa fauna que se le acercó a sacarse fotos con el Premio Cervantes, y sonriendo, y siendo Mendoza recogía el galardón más importante de las letras españolas.
El día que Eduardo Mendoza llegó a mi vida, fue un gran día. Una mañana de julio de 1988,
¿Sabéis qué?, creo que soy amiguete de un Premio Cervantes.

viernes, 21 de abril de 2017

Cisco Fran - "Sultán" -EP- (2017)


Me esperaban en el buzón dos discos cuando volví de mis últimas vacaciones de Semana Santa. Dos discos especiales. Por una parte la experiencia me dice que los firmantes de ambos trabajos -Copernicus Dreams y Cisco Fran- no acostumbran a calar en lo que a fabricar e interpretar canciones se refiere; por otra parte puedo (creo) decir que a ambos referentes me une una cercanía personal y un afecto sincero que siempre -queramos o no- hace de la escucha de sus trabajos un ejercicio diferente a lo que se "vive" con otros discos.
No quiere decir esto que no se sea objetivo. Aunque a ese respecto no estoy encontrando problemas: les aseguro que ambos discos son fantásticos -confieso que de no ser así me vería en una situación complicada-.
De todas formas, en esta casa vamos a hablar de los dos álbunes.
Pero vayamos uno a uno, no nos aturullemos. Y empezamos por el del gran Cisco Fran.
Cuando hace unas semanas Cisco visitó Bilbao y nos cantó unas cuantas coplas en la Escuela Emocional del Rock de mi brother Joserra Rodrigo, incluyó en el set algunas de las que nutrirían su inminente (entonces) nuevo EP, este "Sultán" que hoy traemos aquí. Ya entonces se veía venir que Fran nos reservaba otra muestra de su arte en mayúsculas, a la primera escucha casi improvisada ya se intuía que aquellas canciones tenían eso que sabe transmitir él con clase y cercanía mejor que nadie.
Reproducir aquellas canciones en el formato definitivo de grabación solo ha servido al que suscribe para constatar que, efectivamente, Cisco nos vuelve a regalar un trabajo excelente.
Continuación perfecta de "Gigante" del que ya hablamos aquí. Tal vez menos íntimo, menos personal y con un Fran que otea su paisaje envolvente para contarnos lo que ve. Pero igualmente "fastidioso", pues nuevamente se hace corto.

* - Nota del comentarista: "Un disco largo con la conjunción de "Gigante" y "Sultán" se me antoja un Lp apabullante".

Empieza el ejercicio de narración el observante (Cisco Fran) con: "La razón y el corazón", maravillosa canción sobre el poder de erosionar razones y corazones del tiempo.
"Sirenas" es una bonita y melancólica balada con ese aroma Mediterraneo (los levantinos y su mar) que hace tan especial la música de los que moran junto al mar de mares.
"Oropel" es una canción regada con banjos de tono visceral; porque no siempre van juntas la clase artística y humana, y así nos lo hace saber Cisco.

El tema más folk, más fronterizo y más optimista es "Sale el sol", otro excelente momento.
Decíamos que el disco se hace corto. Y es que casi cuando estamos cogiendo velocidad el instrumental "Sultán" nos dice adiós con su macedonia de cuerdas camperas y su esencia country.
No me ha sorprendido Cisco Fran. Ya tenía en los oídos estos temas y no me cabía dudas, a esta altura del partido, de que el paso por el estudio les daría lustre y empaque a los mismos.
Así ha sido, Cisco sigue creando coplas sinceras y cercanas, con ese country acariciado por el viento de poniente que le caracteriza. Lo celebramos como la ocasión merece.
Adjuntamos bandcamp donde poder escuchar y adquirir "Sultán".

miércoles, 19 de abril de 2017

The Rallies - "Serve" (2017)


En los últimos tiempos, no se si debido a la falta de discos de mayor peso sónico, lo que más deleita a este escriba son los sones powerpoperos. Tanto aquellos de esencia jangle pop en la onda Teenage Fanclub o Big Star, como los más acerados y bailables sones de barra y farra.
Es por ello que tras descubrir en las páginas del blog de mi compadre Bernardo de AndrésMTD este disco, decidí darle cancha primero, para optar a las pocas escuchas por quedármelo para mi para siempre.


Hablo de un artilugio titulado "Serve" y que ha sido publicado durante el primer trimestre del presente año por el grupo oriundo del estado de Washington: The Rallies.
El trabajo se identifica más con el powerpop melódico y de pegada popera que por el canalla de esencia rockera. Mandan melodías fluidas y delicadas, voces entonadas y con carácter, que también se extienden en armonías de conjunto, y una suntuosidad que ocasionalmente se ve arañada por afiladas guitarras que se inmiscuyen en las sencillas texturas acústicas que hacen de principal cimiento sónico.
Aires beat y sonoridades costa oeste. Dice Bernardo que son una especie de versión gringa de los escoceses -tan alabados en esta casa- Dropkick, y creo que puede ser una aguda y acertada definición.
El álbum da comienzo con un pegadizo tema que sirve de declaración de intenciones: "Don't give up", donde a las armonías vocales y el terciopelo melódico se une una amable fiereza en guitarras.



Una vez abierto el melón, todo es coser y cantar. Se suceden golosinas pop y powerpop como "Watherver you thought" de menos de tres minutos o "One way" de cierto aire ochentero.
Las armonías vocales y la primavera en acordes y arpeguios llegan con las deliciosas: "No one knows" y "Every now and them". "So right" arranca haciendo el contrapunto con una rudeza mayor en guitarras, dando un efecto más rockero.
Vuelven los juegos vocales con la estupenda: "You don't know" y la esencia Rickenbacker con la deliciosa: "These are the words", quizá mi favorita del lote.

Sonidos cálidos de costa oeste en "On my mind". Y llegamos a la última estación con "Still gonna want you" de esencia Jayhawks o Fanclub, deliciosa despedida.
"Serve" es un exquisito trabajo lleno de preciosas canciones, perfecto para relajar tensiones y dar rienda suelta a la emoción sencilla y sin complejidades produccionales.
Está claro, al menos en lo que a un servidor respecta, que los sonidos claros y radiantes son los que mandan en estos tiempos. Son por ello bienvenidos grupos como The Rallies y discos como "Serve".

Se adjunta bandcamp donde escuchar y si se desea adquirir: "Serve".

martes, 18 de abril de 2017

Cuando había música en TV - Gabinete Caligari - La Edad de oro


El 15 de diciembre de 1983 aparecían en el programa de Paloma Chamorro unos renovados Gabinete Caligari. Presentaban su primer disco en formato Lp titulado: "Que Dios reparta suerte". Con este trabajo los madrileños pegaban la definitiva espantada del post-punk y los sonidos afines a la onda siniestra que caracterizaron sus primeros trabajos como grupo.
Como era habitual en La Edad de Oro, el grupo ofrece una entrevista con Paloma y un set en directo en el que incluyen seis temas.
Cuatro de estos cortes están incluidos en el mentado: "Que Dios reparta suerte"; y además añaden al set dos canciones anteriores al mismo.
"Golpes", uno de los primeros temas del trío en alcanzar celebridad, incluido en las sesiones que compartieron unos meses antes con Parálisis Permanente en un EP conjunto grabado en el sello que ambas bandas fundaron denominado: Tres Cipreses.
Y un tema menos conocido y hoy prácticamente olvidado titulado: "Me tengo que concentrar" que fue cara B del single de lanzamiento de "Que Dios reparta suerte": "Sangre Española".
Se trata de una canción compuesta por Jaime Urrutia junto a Lars Mertanen, miembro de Décima Víctima, grupo con el que Gabinete compartió influencias y similitudes en su época más oscura sónicamente.
Escuchamos la breve entrevista que concedió la formación a Paloma Chamorro:



Escuchamos ahora el concierto, empezando por: "Me tengo que concentrar".


El tema que daba título al disco: "Que Dios reparta suerte".


Otro tema bastante olvidado: "Pérdidas blancas".


La canción que abanderó al Lp como single de adelanto: "Sangre española".


Otro de los temas incluidos en "Que Dios reparta suerte" era: "Gresca Gitana".


Finalizó aquél breve set con el tema mas reconocible del grupo hasta la fecha: "Golpes".


Se podría decir que en este programa Gabinete Caligari daba el pistoletazo de salida a su nueva concepción artística. Lo hacían por la puerta grande, y aunque aún no alcanzaban su máximo esplendor, aquí ponían la primera piedra para cimentar la carrera ochentera de uno de los grupos cumbres de la música española.
Un nuevo recuerdo de cuando había música en TV.

lunes, 17 de abril de 2017

Los lunes... escenas de cine - "Alma en suplicio"


Cuando Warner Bros adquirió los derechos del best seller de James M. Cain: "Mildred Pierce", que el film resultante se convertiría en uno de los éxitos del año era una apuesta segura.
Pronto las actrices punteras del Hollywood de los años cuarenta se postularon para interpretar el papel protagonista. Según algunas fuentes, la Warner barajaba dos nombres: Bette Davis y Joan Crowford -un servidor siempre ha pensado que Barbara Stanwick hubiese resultado perfecta para el rol-, finalmente fue la Crowford la elegida, lo que, según se cuenta, ensanchó aún más las diferencias entre ambas divas.
Dirigió el gran Michael Curtiz. Director a la vieja usanza, obrero del cine capaz de sacar adelante cualquier guión por muy poco que hubiese de donde rascar en el mismo. Lo mismo filmaba un musical, una película de aventuras, de época, una comedia o un melodrama con tintes de novela negra como la presente.
Finalmente la película fue el éxito que estaba pronosticado. Joan Crowford ganó el oscar a la actriz principal y el film sigue siendo un clásico incontestable.
Acometemos este lunes con "Alma en suplicio" -que es como se titulo la peli en España???-.
¡Feliz semana!

sábado, 15 de abril de 2017

"Yours no more" y "Pretty little troubles", dos perlas dentro del nuevo disco de Malcolm Holcombe.


Malcolm Holcombe tiene nuevo disco en la calle: "Pretty little troubles". Un servidor, que es devoto fan del trovador de Carolina del norte ya está emocionado ante la escucha del nuevo artefacto. Cierto que aún no lo tengo entre mis manos, pero pronto estará en mi poder.
De momento tenemos un par de botones de muestra de lo que encierra el nuevo Lp de este poético y enraizado cronista de la vida. Siempre desde la penumbra de los moteles de carretera, con la melancolía y la pureza del que no tiene nada que ocultar como sello de su obra, Holcombe es uno de los más brillantes y emocionantes songwriters de las últimas décadas.
Con una discografía impoluta que va desperdigando por escenarios ocultos de los flashes en medio mundo, con la soledad dibujada en el semblante y la actitud generosa del que toca para seguir.
Dentro de poco hablaremos aquí del disco entero. De momento dejamos dos temas para abrir boca.
Por un lado la canción que da título al disco:



Y por otra parte la copla que sirvió de adelanto hace unas semnas titulada: "Yours no more":



Adjuntamos enlace donde adquirir "Pretty little troubles"

jueves, 13 de abril de 2017

La lámpara mágica y los chicles Cheiw.


-Si te encontrases una lámpara mágica, ¿qué tres deseos pedirías?
-¿Tres deseos? ¿Estás loco?.Yo no tengo tantos. Me conformaría con uno.
-¡Anda ya! ¿Uno solo?
-Sí, uno solo. Imagínate que pido los tres a pesar de considerar que sólo uno es realmente importante. Vamos a suponer que un buen día alguien se vuelve a tropezar con la lámpara. Y que ese alguien está realmente necesitado de cosas importantes. Y que los deseos que se piden no se convalidan. Es decir, que al aparecer un nuevo usuario no puede volver a pedir tres deseos al genio, y que se tiene que conformar con los que haya dejado el anterior afortunado. Y esa persona, más necesitada como hemos dicho, se queda sin poder recibir ayuda de la lámpara. Y todo porque yo he malgastado dos deseos pidiendo dinero, coches o tonterías por el estilo. Esa incertidumbre no me dejaría dormir tranquilo. Prefiero conformarme con uno, eso sí, importante. Y que queden deseos para el siguiente.
-Es un punto de vista. Raro, pero un punto de vista. Y por curiosidad, ¿qué pedirías al genio?

-Un chicle Cheiw de fresa ácida. Son casi imposibles de encontrar. ¡Cuánto los echo de menos!
-¿Un chicle? Pero, y eso, ¿por qué?
-Por el sabor, por supuesto. Es a lo que sabían los besos de mi primera novia: a Cheiw de fresa ácida. Pero no sólo por recordar los besos de Itziar, que también. Ese sabor me llevaría a los dieciséis años. A cuando, sin saberlo, pones los cimientos de tu vida. A lo solo que haces esa tarea.
Creo que recordaría cuando cimenté la mía. Y a lo mejor encuentro en esos recuerdos donde fallé. Si fue sólo culpa mía, o me ayudaron a equivocarme.
¿No te has parado a pensar en la poca ayuda que tienes en esos momentos de tu vida?
O nadie te cuenta nada, o te cuentan lo que quieren que sepas y entiendas. Es una emboscada. Lo justo sería saberlo todo. O por lo menos tener la mayor información posible sobre todo.
Pero lo cierto es que te cuentan una parte de cada materia, un bando de la batalla continua que es la historia. Al final es el tiempo, que no tiene vocación docente, el que te enseña, a su arbitraria manera, el lado oscuro de tus conocimientos.
¿Por qué nadie me explicó que se puede estudiar para vivir conforme a tu esencia, y no sólo para conseguir un trabajo bien remunerando? ¿Por qué me convencieron de que el sexo sin amor sabe igual que el que se hace con alguien especial? Ésta sí que es una mentira convertida en realidad de tantas veces repetida. Creo que escuchar el embuste de marras apacigua corazones solitarios y fríos, como por regla general ha sido el mío.
¿Por qué añoro los besos Cheiw, si lo cierto es que me han besado labios portados por más bellos rostros que el de Itziar? Pero los de ella sabían a fresa.
Tengo tantas preguntas que se quedaron atascadas en cada una de las decisiones "importantes" que he tomado, que creo que volver a la esencia de mí mismo es la única manera de volver a recuperarlas. A ser aquél que tan bien me caía. Aquél que tenía toda la vida por delante y que se sentía afortunado sintiendo el ácido sabor a fresa de la boca de su primera novia.
La vida ha ido pasando, vertiginosa. Muchas de aquellas cosas pequeñas pero importantes desaparecieron, y otras se transformaron; algunas incluso se envilecieron. De muchas ni siquiera me acuerdo, y esa es la tristeza total.
Pero recuerdo el sabor de los chicles Cheiw de fresa ácida en la boca de Itziar. Y a día de hoy es lo único que deseo en el caso de encontrarme una lámpara encantada. Muchos pensarán que soy un triunfador. No es cierto. Nadie que anhela algo así y por esos motivos ha triunfado. Es posible que no existan los triunfadores totales.
De todas formas amigo mío. Las lámparas maravillosas no existen, ¿no?




miércoles, 12 de abril de 2017

Los Radiadores - "Los perros ladraron" (2017)


Se empeñan algunos en sorprender al escuchante, acostumbrado a la repetición cíclica de códigos sónicos y textuales con la que muchas bandas dejan pasar años y discos sin diferenciarse demasiado entre si.
Decíamos hace unas semanas que Mad Robot se desenchufaba para mostrar su cara acústica, sorprendiendo con esta ocurrencia en su último artilugio: "Pig". También comentábamos la personal visión de un pop victoriano de evidente toque personal y nuevamente sorprendente que encontramos en "Amado líder", el último trabajo de Havoc.
Y como no hay dos sin tres, toca analizar ahora: "Los perros ladraron", tercer larga duración de los valencianos Los Radiadores. Y Seguimos sorprendiéndonos con la escucha de éste álbum.
Esperaba un buen disco de los chicos de Raúl Tamarit, eso sin duda. Pero "Los perros ladraron" es un disco magnífico. El salto es cualitativo en cuanto a la paleta estilística utilizada. Se da cabida a más esencias sónicas. Pierde rabia, pero gana en sutileza, matices, melodías e incluso textos.
Esto que comento no implica una deserción a nada, en los intestinos del disco se cuece el modus operandi habitual del grupo, osea que reconoces a los interfectos a pesar de presentarse más maduros, equilibrados y expandidos (abiertos). Simplemente son mejor banda.


Se graba el artilugio en El Sotano, con Dani Cardona a la producción y aportando percusión en "Buddy Holly"; todo resulta conocido hablando de músicos valencianos.
Nueve temas que empezamos a conocer hace varias semanas con el adelanto de "Buddy Holly", un rock castizo que invita al baile y a unas cañas para homenajear a Buddy, pegadiza y un auténtico pelotazo.
Se ve que coinciden los chicos con un servidor en la apocalíptica visión que tienen de la actual televisión, endemoniado elemento de codificación de voluntades. Un gran tema la combativa: "Estas de suerte".
Ritmos lentos, cierto tono lírico y una bonita melodía en "Más no te puedo dar". Choca la anterior con "Marte ya no nos quiere", tema de cierta esencia punk, que recuerda a los años de la movida y que cuenta con una hilarante letra.
Rugen guitarras en "Dando lecciones", uno de los temas que más recuerdan al precedente (y también excelente "Gasolina, santos y calaveras").
"Felicidad" es una bonita balada muy íntima, familiar y optimista, uno de los mejores momentos del lote. Aunque tal vez el mejor sea "La última función", un medio tiempo melancólico y de exquisita melodía sobre la última estación, cuenta con Manolo Bertrán (Doctor Divago) a las doce cuerdas y los coros. Un tema definitivo y que marca diferencias.



"Sin saber que hacer" es un viscoso tema siniestro post punk que galopa sobre el bajo de Sergio "perrin" y que dificilmente puede evitar las remembranzas a los míticos Parálisis Permanente, otro gran momento.
Y cierra el disco "Cuerdo de atar", otro tema que responde a la tradición sónica de Radiadores, donde funciona toda la banda de manera cohesionada, con las guitarras de José Nova "el joven" y la batería de Vicente Vila uniéndose (como en todo el tracklist) al bajo de Sergio y el parlamento de Raúl y creando un sólido tema de orgía sónica, como ocurriese en su anterior aventura donde cerraba el disco la enorme: "Círculos concéntricos".
Sorprenden para bien Los Radiadores, para muy bien. Es adictivo y resiste multitud de escuchas "Los perros ladraron", no se lo pierdan.
Merece la pena destacar las ilustraciones de portada y contraaportada a cargo de Balbina Benito, por originales y chulas.
Bonavena Música distribuye el disco que encontraréis en el bandcamp del grupo en este enlace.

lunes, 10 de abril de 2017

Los lunes,,, escenas de cine - "Un tranvía llamado deseo"


He elegido para este lunes "Un tranvía llamado deseo" porque la he visto este fin de semana. Ha sido de forma accidental, no estaba previsto, nos tropezamos con ella. La vi hace años y no me entusiasmo. Si que me gusta el texto de Tennesse Williams, el genial dramaturgo americano que extendía la controversia de unos personajes extremos y enfermizos por los escurridizos ambientes del sur de Estados Unidos, un genio al que un servidor venera.
Lo cierto es que revisitando el film de Elia Kazan no me ha quedado otro remedio que recular. La película es espléndida. Kazan se las apaña para dotar a la obra de Williams de un lenguaje cinematográfico sin abandonar en ningún momento la forma de obra de teatro
Los actores están soberbios y sacan todo el partido a unos personajes maravillosos. La Blanche de Vivien Leigh es perfecta, frágil, soñadora de otros tiempos, frustrada reina del sur, derrotada  y cayendo en barrena. Stanley tiene la rudeza y violencia que el ron precisa en la encarnación física y visceral de Brando. Perfectos Karl Malden y Kim Hunter.
El calor y el delirio son protagonistas intangibles del film, como es habitual en las obras de Williams.
Me alegra recuperar esta película que en su día no supe valorar. Tenemos en la cabecera para esta semana santa; "Un tranvía llamado deseo".
¡Feliz semana!!!

domingo, 9 de abril de 2017

La última noche del Alabama Rock Bar. Las paranoias de Addi.


No había ningún motivo para que aquella noche no fuesen los Doors los que cerrasen el local. Lo habían hecho durante los veintitrés años de vida del mismo. Cada madrugada, al sonar "Alabama Song (whisky bar)" los parroquianos sabían que la noche terminaba en el Alabama Rock Bar.
No fue fácil convencer al matrimonio que cada madrugada llegaba para limpiar el Alabama de que podían irse. Ya no era necesario que se pegasen la paliza de limpiar un garito tan grande como aquél.
-Pero hemos cobrado hasta hoy, y lo justo es que cumplamos con nuestra obligación, aunque sea la última noche-.
Carmelo y Adela siempre cumplieron. Con los años terminaron siendo dos miembros más de la gran familia del Alabama. A Mike se le hizo muy difícil y triste despedirse de ellos. Los encantadores Carmelo y Adela. Se fueron con lágrimas en los ojos.
Entró en la barra. Sobre la cámara se encontró una rosa blanca y una nota:
"Gracias, Mike. El Alabama me hizo amar el rock, y aquí me hice mujer.
Un millón de gracias, y otro millón de besos.
Lydia".
No pudo evitar que una lágrima cayera en el whisky que se acababa de servir. Recordaba cuando llegó Lydia. Una tarde de invierno, con una carpeta llena de apuntes de la universidad y un ejemplar de "El hombre sin atributos" de Musil. Entonces le calculó veinte años; no se equivocaba. Pidió un café con leche y sacarina. Bebió un sorbo y sin pensárselo dos veces imploró más que preguntó:
-¿No necesitaréis camarera? Busco trabajo. Necesito trabajo.
Aunque el local se estaba poniendo de moda y los fines de semana había bastante trabajo, Mike pensaba arreglarse solo. Pero algo en la expresión de aquella joven le embrujó. La juventud arrebatada se diluía con una tristeza en la mirada que encogió el corazón de mal empresario de Mike. La contrató para los fines de semana. Pensaba que cualquier día se marcharía, que buscaría algo relacionado con su carrera de empresariales y no necesitaría servir copas hasta el amanecer. No faltó una sola noche en veintiún años. Incluidas las de los últimos meses, trabajadas gratuitamente. El negocio no daba para más.
La vio convertirse en mujer. Una maravillosa mujer. Estuvo en su boda y disfrutó del espectáculo de verla deslizarse por la barra con una barriga de treinta semanas. Su amiga Lydia. No la vio marcharse aquella noche. No dejó de llorar. Se fue sin despedirse. Dejó la rosa, la nota, y desapareció.


Al final pudieron con él. Los horarios y las restricciones municipales terminaron por hacerle claudicar. Los que mandan no quieren gente como sus clientes, sus amigos. No quieren personas vivas. Les estorban los que se desperezan y no entregan sus noches al programa de turno para que narcotice sus conciencias. Los que no se conforman con asentir ante las reclamas de aquel periodista que parece abanderar su cruzada a seiscientos pavos la tertulia. Los que buscan en el meollo de la vida ese paso adelante que les hace ser ellos mismos, diferenciarse para parecerse. Huir del rebaño y poner de manifiesto que sus caderas están para algo más que procrear y desgastarse trabajando para un patrón enfermo de avaricia. Que están -sobre todo- para bailar, y correr, y caerse, y levantarse, y follar.

Los conciertos, tan elogiados como libertarias expresiones culturales cuando todos eran progres, pronto fueron proscritos, como subversiones que ensucian mentes y molestan a los vecinos. De repente hacía falta licencia para crear, expresar, cantar, amar y volar.
Decidieron poner hora de cierre al instinto, al deseo y al arte. Fijaron una franja temporal para que los osados e inadaptados se reclutasen en garitos casi clandestinos, y luego fueron estrechando esa franja. Hasta terminar asfixiando a la poesía y al pensamiento. Hasta que aprisionaron al amor desligado de la tradición destructiva de besos -tan oportuna para los demonios del "como Dios manda"- y cerraron la guarida nocturna del rock.
Apagó las luces, estampó el vaso contra la pared y les maldijo. La persiana golpeó contra el suelo con un plañidero alarido metálico.
Mañana será otro día, Mike, y seguirá habiendo canciones y cantantes.

Como siempre las correcciones corren a cargo del profe Paco Evánder.