miércoles, 13 de diciembre de 2017

Moses Rubin visita Bilbao (con banda) este sábado. Recordamos su disco: "Subtle atmospheres" (2016).


En Frías tuve la oportunidad de quedarme KO con la actuación en eléctrico y con banda de Moses Rubin. Ya conocía su disco: "Subtle atmospheres" (2016), cierto, pero a pesar de gustarme mucho, no me imaginaba lo que presencié aquella noche fría de temperatura, pero cálida de ambiente, amigos y rock and blues.
Unas semanas antes, Moses había visitado Bilbao. Había participado en una de las habituales clases de la Escuela emocional del rock, que los sábados por la mañana nos ofrece Joserra, y había dejado impronta de su clase en solitario, acompañado de una acústica. Desgraciadamente el trabajo me impidió conocerle y escucharle aquella mañana de sábado.
Es por todo ello que cuando me enteré, -Joserra me dio la buena nueva- de que vendría el 16 de diciembre a tocar en Bilbao, con la banda con la que alucinamos aquella noche de julio en el castillo de Frías, en el Cotton Club, -local que ya ha sido testigo del arte de Bantastic Fand o Fakeband-, me llevé una gran alegría.
Así que, resumiendo, ya sabéis lo que hay: si estáis cerca de la capital bizkaina, y no tenéis mejor plan (si creéis que lo tenéis, pensarlo bien y cambiarlo o posponerlo) en el Cotton Club, a las 20:00 horas, se os presenta la oportunidad de presenciar un espectáculo musical como no se ve todos los días.
Como me consta que no soy el tipo más convincente (carismático que se dice ahora) del mundo, os recuerdo la reseña que escribí hace unos meses del fantástico "Subtle atmospheres", y creo que así no tendréis escusa.
Nos vemos en el Cotton el sábado 16 a las 20;00 horas.

Moses Rubin - "Subtle atmospheres" (2016).



Me siento esta tarde lluviosa de primavera frente al teclado para escribir una reseña que hace unos meses hubiese jurado que nunca escribiría. No pretendo engañar a nadie, y justo es reconocer que mi primer contacto con Moses Rubin y sus canciones no fue precisamente impactante.
Creo, y con el tiempo esta sensación se va convirtiendo cada más en convicción, que el estado de ánimo, o el día a día que va unido a determinados momentos vitales, tiene mucho que decir en cuanto a como recibimos o rechazamos ciertas cosas.
El arte es un ejemplo claro de lo que digo, y la música si cabe, más que ninguna otra disciplina. Cuando escuché por vez primera las canciones de Moses no me sedujeron demasiado. Venían auspiciadas por amigos a los que respeto como NikochanJoserra o Johnny JJ, (pinchar sobre cada nombre para acceder a sus impagables reseñas al respecto) pero la verdad es que tras una frugal escucha, decidí dejar al amigo Moses Rubin para más adelante.
Tampoco tengo demasiado claro eso de que hay que insistir (demasiado) en los discos que no gustan tras unos iniciales impactos auditivos. Al final no se si el disco termina gustando, o simplemente es memorizado por el cerebro, que termina repitiendo ciertos códigos de expresión del mismo como un loro.
De una manera u otra, este "Subtle Atmospheres" termino dando con sus canciones en el cuarto de los olvidados.
Y no fue hasta hace una semanas, que Moses visitó Bilbao para cantar sus canciones y departir con el personal en la Escuela Emocional del Rock de mi brother Joserra, que volví a interesarme por el disco de este joven del que tan bien hablaban muchos colegas.


No pude asistir aquél sábado a la EER, pero le pedí a Joserra que me reservase un vinilo. Simultáneamente he ido escuchando "Subtle Atmospheres" en MP3, pero he esperado al día de hoy, con el sonido del vinilo congeniando con la lluvia que al otro lado de la ventana arrecia contra los vidrios, que me he puesto a la labor de de aplicar justicia sobre artista y obra.
No ocurre siempre, -eso hay que decirlo-, pero si en esta ocasión: este álbum gana mucho en sonido y las consecuentes sensaciones en el formato de vinilo.
Es fácil, incluso obvio pensar en referencias como Cat StevensGeorge Harrison o incluso, si me lo permiten, algunos de gurús progresivos que teñian de cierta lisérgia su mística propuesta en los setenta británicos, cuando de analizar influencias y parecidos se trata con respecto al Lp.
El caso es que ni siquiera mi intuitiva repulsa química hacia los sonidos progresivos hacen mella en un servidor cuando de la escucha de estos temas se trata. O bien han cambiado mis biorritmos, o me estoy haciendo viejo. Lo cierto es que las cuidadas y envolventes melodías, la gaseosa atmósfera que dan unas acústicas que se intercalan con eléctricas y teclas de forma natural, el sutil tono psicodélico, y la voz sedosa y al tiempo varonil de Moses, me convencen plenamente... Y en vinilo más aún.
Es importante resaltar la exceldente labor de producción de Ramiro Nieto y Martí Perarnau, pues dotan al disco de un sonido delicioso y que encuentra lo que las canciones buscan.
Para un guitarrero como el que suscribe: "The rain" es una favorita, gracias al desbocado punteo final rellenado con fulminante base rítmica dentro de un entorno muy Harrison.
Mística y mágica se torna la encantadora: "Steppin' stones", de claras alusiones al Cat Stevens de sus mejores trabajos.

 
También "Friday" y su inevitable aroma a costa oeste embauca, con magnífico trabajo de hammond y dosis de electricidad lisérgica.
La juguetona "Shiny coloured waistcoat" llena el ánimo de catadriópticos juguetes sonoros, el pop sesentero cuasi inofensivo de "Surreal deal" con algún guiño cómplice de nuevo al menor de los Fab Four...Y así hasta ocho.
No me duelen prendas. Me tengo que echar atrás y recomendar con efusión este estupendo trabajo. Prometedor y lleno de encanto (siempre he pensado que esa palabra es un elogio infinito), que suena a otro tiempo, ¡y que bien!!!.
Pues parece que si, que los estados de ánimo influyen, tal vez más que la insistencia. Y sigue lloviendo.
Adjuntamos bandcamp donde escuchar y adquirir este estupendo: "Subtle Atmosphere".

lunes, 11 de diciembre de 2017

Los lunes... escenas de cine - "El padre de la novia".


Lunes de comedia, que venimos de un puente largo y a muchos no les sentará demasiado bien la vuelta al tajo después de tanta fiesta. En 1950, el siempre discutido Vincent Minnelli rueda la que fue comedia del año, la divertidísima: "El padre de la novia".
En el film nos encontramos con una joven y espectacular Elizabeth Taylor, que llena de encanto la pantalla, la estupenda y muy atinada Joan Bennett y al extraordinario Spencer Tracy, demostrando que en el arte de ser actor no existía género que no pudiese acometer sin (aparente) esfuerzo.
Película en clave de humor familiar, con gotas de melancolía y un tanto cursi, es cierto; guión que hace de los tópicos el centro de la acción, pero que en tan excelentes interpretaciones funciona de maravilla.
Y lo que es mejor, en la hilaridad de la historia, en cada plano delirante, en cada rincón de la narración, se esconde una sátira, una crítica social al costumbrismo capitalista, a la necedad de seguir falsas tradiciones, como en pocos films más, en principio, comprometidos o trascendentes.
Preparados para reír, y lo que es mejor, sonreír, desde el primer plano del film, con Spencer Tracy quitándose los zapatos tras la boda de su hija.
¡Felíz semana!

sábado, 9 de diciembre de 2017

Los domingos photosong - Ricardo Lezón - "Arena y romero".


Penúltimo domingo con foto de vinilo de este 2017. Pronto vendrán domingos que estarán marcados por los días señalados de las navidades: noche buena y noche vieja.
Y como el año se acaba y los domingos "normales" también, me ha parecido buena idea terminar con el último vinilo adquirido hasta este día.
Se trata del elepé en solitario de la voz de Mcenroe, el getxotarra Ricardo Lezón, un disco maravilloso titulado "Esperanza" y del que recientemente hemos hablado aquí.
Cualquiera de los nueve cortes del disco son maravillosos, pero hay uno que me emociona de manera indefinible, tanto que se ha convertido en una de mis canciones (o tal vez, la canción) favoritas de este año que se va.
Se trata de la maravillosa "Arena y romero", hermosa copla en la que a Ricardo, Edu y Txomin, se une como segunda voz, la hija del autor: Jimena.
Disfrutamos de esta jornada dominical pre-navideña con esta preciosa canción.
¡Felíz domingo!



viernes, 8 de diciembre de 2017

Concierto: Rubia + Margo Cilker, Kafe Antzokia (Bilbao), 07/12/2017.



Por unas cosas u otras, se me estaba resistiendo este año el disfrutar de las canciones del estupendo "The Game" (2017), último artilugio publicado por Sara Iñiguez, más conocida en el mundillo como Rubia.
Ayer, definitivamente, y en el Antzoki, era el día elegido por el destino. Curiosamente, y a pesar de tratarse de una artista local, con una dilatada trayectoria, era el primer bolo de Rubia en la sala de Jardines de Albia como grupo principal, una curiosidad que ya es historia.


La fiesta, pues se trataba también de eso, daba comienzo con Margo Cilker, una joven cantante y compositora californiana, que al menos a un servidor conquistó, por su bonita voz, sus hermosas coplas y una simpatía que se desbordaba por su sonrisa, conocedora de nuestra Euskadi, nos ofreció una bonita canción dedicada a Billbao: "Billbao precipitation", además se comunica en un muy buen castellano, encantadora, la seguiré la pista a partir de hoy.
Bandcamp de Margo Cilker aquí.
Y llegaba la guinda del pastel; con toda la banda, -ocho personas-, sobre el escenario, se incorpora Sara Iñiguez, Rubia, con encanto y glamour, impactante, como una Dusty Springfield, pero (curiosamente) en morena.
Custodiada por Adrián Bárcena y Jokin Salaverria en la guitarra y el bajo respectivamente, y con adición de teclas, vientos, coros, e incluso violín; desde el primer acorde, la bilbaína desplegó su arte, su saber hacer y su encanto, al servicio de unos temas, pertenecientes en bloque a sus dos últimos trabajos: el mentado "The Game" y el anterior "Barman", del que también hablamos esta reseña.
Con perfecta desenvoltura y encanto actuando como frontwoman, y también perfecta tras el teclado, brilló la estrella de la noche, ciertamente.


Y la verdad es que el equipo que pisó el escenario del Antzoki ayer sonó de maravilla, con el irresistible bajo del maestro Salaverria haciendo de irreductible argamasa sónica, y con perfecta conjunción de todos, perfectos los coros de 'los ángeles', la sección de viento... y la voz de Sara, que estuvo perfecta en todo momento, dominando escena, público y emoción, pues la sala presentaba una estupenda entrada y un magnífico ambiente.
Como digo, el set se basó en los dos últimos discos de la artista, por lo cual fue enteramente en ingles, sonaron: "The Game""Howl", uno de los adelantos, la funky/soul: "Anyone", el villancico triste: "Dead on the snow", la radiante: "Teenage heartbreaker", "Bessie"... también hubo hueco para el homenaje a Garnet Mimms haciendo sonar la excelente: "A quite place"... en definitiva, el estupendo "The Game".
Pero, como digo, con presencia de "Barman", con una irresistible: "City of angels" entre otras, favorita personal.


Para los bises, la elegida fue "Honky cat", el magnífico tema de Elton John, que lució de lujo en la cover de Rubia, y otra copla de "The Game" para terminar, la excitante: "My boy".
A mi personalmente me supo a poco, me hubiese quedado un rato -o dos- más, por lo cual quiero decir que ha merecido la pena la espera.
Otra gran noche de rock and roll.

Durante el concierto, Sara hizo una oportuna reflexión en voz alta, y quiero hacerme eco de ella aquí. En esta bitácora muchas veces he comentado la pena que da no ver apenas público joven en los conciertos, esto es un hecho.
Pero, como comentaba ayer Sara, si los que acudimos habitualmente a los conciertos, no hubiésemos empezado a asistir a bolos cuando contábamos 14 o 15 años, ¿lo haríamos ahora?.
Esto viene a colación a propósito de la absurda, ridícula y retrógrada ley que no permita la asistencia de menores de edad a eventos musicales.
Según parece, (yo lo ignoraba) existe una plataforma que lucha contra este degradación cultural e injusticia social, se llama: '#Queremosentrar', y os animo a visitarla y cada cual en la medida de sus posibilidades, a propagarla, aquí el enlace: http://queremosentrar.com/

jueves, 7 de diciembre de 2017

Hoy vuelvo a querer ser igual que un rolling stone, como las Vainica.


Durante unos años, muchos, yo quería 'ser igual que un rolling stone', como las Vainica. Ultimamente parece que me he bajado del burro y ya no quiero 'desgarrar la guitarra con los dientes como hacía Jimi Hendrix'.
Según parece, los mayores tenían razón, cuando en plena efervescencia juvenil, me cortaban el rollo con aquello de que con la edad cambias, y la rabia empieza a congelarse poco a poco.
Pero por si acaso, mejor que no me pregunten si aún deseo 'pertenecer a aquella generación'; y tantas veces me asaltan las ganas, la necesidad de gritar: 'help! help!'.
Lo cierto es que hoy, cuando el esqueleto parece que no tiene la misma capacidad de adherencia de antaño, aquella que hacía permanecer los pelos y los dientes aferrados al cráneo, al rostro, cerca del cerebro; hoy, siento que el corazón sigue bombeando el suficiente veneno para activar mi garganta y gritar, 'expresar toda mi insatisfacción'; y que no dudo en empuñar la brocha que pueda 'pintar de negro la pantalla de la televisión'.
Por contra, por mucho que quiera, hace años que sé que jamás podré 'cantar con Crosby, Stills and Nash', y, o mucho me equivoco, o no poseo lo necesario para pagar 'el precio de la libertad', creo, en definitiva, que perdí la oportunidad de 'volar, como lluvia...'
Pero, por otro lado, entre canción y canción, filtrado en el zumbido de la aguja contra el vinilo, escucho el sonido burbujeante de mi sangre, hirviendo en las arterias cuando suena 'Traffic and Cream, Led Zeppelin and The Doors'... aún hay juventud en mis glóbulos rojos, en tiempos tan escasos y blanquecinos.
Sé que no es fácil creer en el futuro, seguramente nunca lo fue; lo que si tengo claro es que hay cosas en las que si creo y creeré siempre, algunas porque las he vivido: " but I believe in yesterday"; otras porque necesito creerlas: "I just need somebody to love"; otras, para poder reiterarme en que 'aún es tiempo de vivir, de nadar hasta la luna y lanzar flechas al sol...'
Hoy, me he levantado pisando con firmeza, sintiendo la vida entrando en mi desde el suelo, ha sido una de esas mañanas que el mundo te pertenece, y el sol parece que tiene algo que decirte. Como por inercia, sin saber de donde ha llegado el soplo, he pinchado a las Vainica, y como siempre he sentido ganas de 'reír con las madres de la invención'.
Y como no es posible ser infeliz con ellas, he sonreído, y he aspirado fuerte, y me he bebido el agua caliente de la ducha como si de pócima de juventud se tratase, y he vuelto a querer 'ser igual que un rolling stone', igual que a los quince años, siempre 'with a little help for my friends'.



miércoles, 6 de diciembre de 2017

The Surfing Magazines - "S/T" (2017)


David Tattersall y Franic Rozycki de los intrépidos The Wave Pictures, se han juntado con Charles Watson de los también inquietos Slow Club, han completado el equipo con el baterista Dominic Brider, y entre los cuatro han creado uno de esos llamados supergrupos al que han bautizado como The Surfing Magazines.
El disco, sobre el papel pinta bien; pero lo cierto es que sobre el plato del tocata, suena de lujo, ¿qué quieren que les diga?.
Y cuidado que los últimos lanzamientos del grupo madre de esta formación, los prolíficos Wave Pictures, no me han terminado de convencer; y tal vez por esto, me he dado unas semanas para atender a este cancionero, pero lo cierto es que una vez que he prestado atención a este disco de título homónimo, me ha convencido plenamente, y desde la primera escucha.
El disco es un sofrito de surf, garaje, una pizca de rock fronterizo y otra de blues, e incluso pop lisérgico y rock.
Canciones que enganchan a la primera y diversión a raudales, un antídoto contra el aburrimiento eficaz y de fácil solución y administración, basta con apretar al PLAY.


"Sawdust in my eyes" es un tema de medio ritmo, con un balanceo sónico de guitarras e introducción ocasional de órganos, enigmática y sinuosa. Le sigue "Voices carry through the mist", con un deje a los primeros discos de Young en solitario ("EKTN"), canto en falsete y cierta esencia costa oeste.
Contiene el disco dos instrumentales: en primer lugar el surf ácido de "Peeping dom" (incluidos saxos cálidos y vacilones) y en segundo lugar la fronteriza, de ambiente spaghetti western: "A Fran escaped".
Más oscura y arcillosa, uno de mis títulos favoritos es "Summer"; en cambio en "New day" golpean con un tema garajero de fluido pase sónico y excitante percusión y juego de guitarras.
Incluso se atreven con el pop de voces en la bonita y casi cincuentera: "One of these days". Excelente, con incisivas guitarras, influencia pionera y adictiva, otra de mis favoritas es el rock and roll: "Goose feather bed".
"Orange and blue" es un stoniano tema, que acarrea a su estela el funk, el soul y el blues, tal y como lo entienden sus satánicas majestades en sus tiempos setenteros; no se queda atrás en la pugna la reptante: "Lines and shadows", con un saxo que delimita estilísticamente el tema y lo sumerge en una atmósfera muy especial, también favorita.
Queda para el final un excitante tema, de nerviosas guitarras y demoledor estribillo, un tema muy pub, perfecto para el directo y para finiquitar un excelente álbum como éste, ¿su título?: "You could never come to me too soon".
Fantástico disco, para salir a cazar las telarañas del día a día, y disfrutar del talento de estos indómitos músicos. Más que recomendable.



domingo, 3 de diciembre de 2017

Los lunes... escenas de cine - "La torre de los siete jorobados"



Edgar Neville fue uno de esos talentos que España deja que se precipiten en el agujero negro de la indiferencia primero, y en el no menos tétrico del olvido después.
Pintor, autor teatral, escritor y director de cine; en todas estas disciplinas el madrileño hizo sus pinitos y dejó constancia de una osadía infrecuente en la época (años cuarenta), acometiendo empresas artísticas que se deslizaban del tópico imperante en la España de entonces.
En 1944, y basada en la obra teatral de los años veinte, y de mismo título, de Emilio Carrere (otro olvidado), rodó "La torre de los siete jorobados".
Una película imposible para la época, donde con enorme talento se mezcla el género del terror, con toques policíacos y dentro de una ambientación castiza madrileña que se combina con una decoración barroca de los interiores; como disolver el aceite de los buñuelos en cloroformo mientras suena un chotis entre una fantasmagórica niebla de influencia expresionista.
Excelentes el jugador Antonio Casal, el fantasma Félix de Pomés, la joven Isabel de Pomés (hija del anterior) y el jorobado Guillermo Marín (un olvidado más).
Un film que no puede dejar indiferente a nadie y que merece mucho más respeto y consideración, por osado, palpitante de misteriosa emoción y en cierto modo bello, con unos extraordinaios efectos especiales y una densa, al tiempo de luminosa, fotografía.
¡Feliz semana!

Los domingos photosong - Graham Parker - "Passion is no ordinary word"


Este fin de semana ha dado comienzo la gira que mi brother Joserra Rodrigo ha iniciado para presentar ante el público mundial su recién publicado libro: "Pasión no es palabra cualquiera". Valladolid y Madrid han sido las primeras citas de esa gira, y ya hemos visto fotos de lo que sin duda es una fiesta,  musiquera, editorial y entrañable, pues de Joserra se trata la historia, y donde está este elemento no falta la música, la alegría y la amistad.
El libro tiene un título inevitable que Joserra explicará sin duda en estos encuentros con amigos y fans (que los tiene a paladas). Pero evidentemente la frase tiene como origen el tema que cierra la primera cara del super excitante vinilo de Graham Parker: "Squeezing out sparks", y que lleva por título precisamente: "Passion is no ordinary word".
Así que este domingo gris y frío, el calor lo pone la ilusión que se refleja en el rostro de todos los que queremos a Joserra, y el orgullo que sentimos de poder decirnos amigos de este sujeto.
Y por supuesto la canción de Graham, ultratemazo, que da nombre a un libro que ya es legendario para muchos.
Bailamos al son de la pasión, que como todos sabéis, no es palabra cualquiera.
¡Feliz domingo!



viernes, 1 de diciembre de 2017

El 2018, los festivales y yo...


Empieza diciembre, mes de saturaciones donde los haya, mes donde si te dejas llevar, el estrés puede acabar contigo. El mes de la lotería, las navidades, las compras frenéticas, las cenas de empresa, los empachos, la paz, el amor y todas esas cosas... Y ahora también, la cuenta atrás para que los abonos de los festivales del próximo curso te salgan más baratos, lo dicho, un estrés.
Hace semanas, e incluso meses, que los diferentes festivales vienen ofreciendo adelantos en sus programas, ¡me parece de traca!.
Observo como se van diseñando las diferentes ofertas y no me dicen nada, creo que más o menos, en general el interés brilla por su ausencia.
Es posible que sea yo, que la edad empieza a hacer presa de mi ímpetu, y lo que es peor, de mi ilusión; pero que me aspen si no llevamos más de década y media paseando por las campas y playas de esta piel de toro a las mismas bandas, los mismos artistas peregrinando de festival en festival a lo largo y ancho de las décadas recientes.



¡Cuidado! que yo he sido carne de festival. No son pocos, grandes y pequeños, en uso y desaparecidos, míticos y casi desconocidos, los que han sido pateados por mis botas, durante años, muchos años. Pero de cara a este 2018, la verdad es que no me está apeteciendo nada el tema festivales.
Tengo claro que a parques temáticos con siete escenarios, 500 bandas tocando para medio millón de individuos que, a la mayoría, se la trae muy floja quien toca, bandas interesantes a las seis de la tarde actuando cuarenta minutos, y en horario share, los de siempre: grupos que agotados hace años sus recursos y sin nada que ofrecer salvo su nombre y el recuerdo de aquél disco bueno de los noventa, repiten setlist con el piloto automático puesto, a esos eventos no me acerco ni loco; esta vez, ni aunque toque Neil Young.
En mi ciudad hay uno con cierta fama, pero va a ser que no. Con una oferta basada en bandas inglesas de esas que funcionan como empresas más que como grupos musicales, con programas fabricados para la afluencia masiva de giris con ganas de desfasar lejos de la mirada inquisidora de sus padres y de sus sociedades; y con el coñazo de tener que subir en autobús desde el centro de la ciudad... ¡que no!, ¡que ya no tengo edad para todo ese circo!.


También está el Azkena Rock; esto es otra cosa. Sigue siendo el festival rey del rock; no tiene nada que ver con parques temáticos de los comentados más arriba. La verdad es que el ARF mantiene la magia, el espíritu rockero y los buenos carteles. No me apetece demasiado, y de momento el cartel no me dice gran cosa: esta la Jett si, ¡pero hombre!, puedo prescindir de un concierto de ella perfectamente; los Syndicate es otra cosa, merece la pena por ellos (aunque ya les he visto), pero también por The Hipnotics o The Beasts of Boubon; eso si, lo de MC50 no me lo venden ni a precio de ganga; y es que cada vez me llama la atención menos los bolos de grupos que vuelven tras años retirados, a tirar de su gloria pretérita con giras que no aportan nada a sus trayectorias, en todo caso enturbiarlas en el recuerdo de muchos.
Confieso que no me apetece gran cosa, pero seguro que por el ARF me paso, aunque sea un día.
El menor día venden los festivales en las agencias de viaje, aportando excursión en autobús sin capota por el centro histórico de la ciudad en cuestión, flamenco y porrón de manzanilla en un tablado local y avituallamiento en restaurante concertado con menú del día y parada en la tienda de recuerdos de marras.
La edad no perdona, eso seguro. Hoy prefiero conciertos en sala, con la barra cerca para refrescar el gaznate, buena compañía con charla musiquera incluida con los habituales, el tenderete con los discos a buen precio a la salida, además de buen sonido, y encima si llueve, no te mojas.


Eso si, debo dejar claro que en Bizkaia el BBK Music Legends de Sondica lo está poniendo difícil para mantener la firmeza en cuanto a lo apuntado hasta aquí, pues se me antoja complicado resistirme a Steve Winwood y Mavis Staples, éstos son harina de otro costal, y dudo mucho de que pasen tan cerca de casa y no acuda a su artística llamada.
Por otra parte, lo que sea que se prepare en Frías contará con mi presencia si ó si, pero eso es más que un festival, y sin zona chill out.
Por lo demás, ¿que decir?, que os toméis con calma el mes de diciembre, que si tenéis claro que asistiréis a algún festival, es el momento de adquirir el abono más barato, y que si se tercia. nos vemos en las salas de conciertos.

jueves, 30 de noviembre de 2017

Last Fair Deal - "Odyssey in the kiey of three" (2016)


En los seis años que está a punto de cumplir esta bitácora, he intentado que por sus páginas pasen grupos nacionales en cantidad. Creo que he cumplido el objetivo, pues hemos hablado de mis bandas patrias favoritas, de las que fueron iniciáticas para mi, y de las actuales; y creo que he dedicado no poco tiempo en hacer hincapié en formaciones y artistas cuyo trabajo pasaba más desapercibido a nivel general y mediático.
Tengo la firme intención de continuar por esta senda, y seguir dando cancha a gente que no suele verse bendecida por los medios más susceptibles de llegar a masas, aquí somos cuatro, pero bien intencionados (y avenidos).
Pero hay algo en lo que creo que he fallado, mea culpa: no he sido justo con los músicos de mi tierra, de Bizkaia. No se si por tenerlos cerca, al alcance de la vista. El caso es que he ido dejando de lado a los grupos que más veces he visto en vivo, y ahora observo que el paso de los años ha convertido una mala maña, en una injusticia.
Tan sólo Fakeband y Rubia han pasado por "Rock and More..."; y a sido a raíz de la reseña del otro día, a propósito del último EP de la Yellow Big Machine (que ya tocaba), que empecé a madurar la idea de ir poco a poco haciendo justicia con los grupos paisanos, y hablar como se merecen (bien) de las excelentes formaciones que tenemos a día de hoy en Bizkaia: Dead Bronco, McEnroe, Los Brazos, Highlights, Still River... o los que hoy visitan esta casa: Last Fair Deal.


Se me ocurre empezar con la banda bizkaina por el final, por el que es su cumbre musical hasta la fecha, el magnífico elepé de 2016: "Odyssey in the key of three".
Un power-trio formado por Gonzalo Portugal (guitarra y voz), Iker Urbizu (bajo) y Virginia Fernández (batería). En su propuesta se aprecia el regusto por el hard rock, empapado de blues y el southern rock más guitarrero.
La rotunda voz de Gonzalo, los riffs fibrosos, los punteos indómitos, la base rítmica sólida y rotunda... todo al servicio de melodías que funcionan a la perfección y de la actitud justa. Sonidos que recuerdan a leyendas como Cream, Rory Gallagher, Led Zepp o Hendrix por citar algún icono de esto del rock.


"Odyssey in the key of three" es un trabajo variado, un viaje por estos sonidos e inquietudes que se desparraman a lo largo y ancho de once temas.
Dando el pistoletazo de salida con un tema que recuerda a aquellos inflamables riffs de Thin Lizzy, pero que torna al estilo más puramente Gallagher, la explosiva: "Wild rose".
Entre los temas más cañeros, junto al corte de apertura, retumban las guitarras de "Warming", la esencia southern de la magnífica: "My song", el boogie de la juerguista: "Let's move" o el aporte lisérgico de la más calma: "Neverending story".
El blues acústico, pantanoso, del delta, llega en "Sweet tender-eye". Con la colaboración de Alex Blasco desarrollan la espléndida y muy Allman Brothers: "Told me".
También colabora Alex junto a Iñigo López en la voz, para la extraordinaria "Roots", tal vez mi favorita, un corte melódico, con salpicaduras de piano y excelentes coros, amén de un estupendo solo guitarrero, con cierto aire stone en la parte coral: ¡magnífica!.



El corte acústico de inspiración Zeppeliniana de "N.L.D." que muta a una descarga eléctrica, es otro momento destacado; y el tema que cierra el disco, un hipnótico bajo que nos arrastra a una espiral sónica ciertamente densa, y que lleva por apropiado título: "Storm" también es muy de mi gusto. Un intermedio acústico para separar ambas caras del vinilo: "Odyssey", da carpetazo al repaso de este disco, uno de mis favoritos del pasado curso, y que debería haber pasado por aquí antes.
Hoy me pierdo el bolo en Bilbao de los Chicos de Last Fair Deal por trabajo, pero lo intentaré compensar con la escucha, una vez más, de "Odyssey in the key of three", con el que empiezo a saldar deudas con los músicos paisanos míos, de Bizkaia.

Adjuntamos bandcamp donde escuchar y adquirir los discos de Last Fair Deal.

martes, 28 de noviembre de 2017

Lukas Nelson & The Promise of The Real - "S/T" (2017)


Por supuesto, conocí a Lukas Nelson & The Promise of The Real a raíz de acompañar a Neil Young en la grabación de "Monsanto Years" (2015) y su posterior gira, donde les pude ver actuar junto al canadiense en Madrid. Por aquél entonces ya me había hecho con su: "Something Real" (2016), disco  que me sorprendió gratamente, y del que ya hablamos aquí.
En 2017 volvía el hijo mayor del legendario Willie Nelson, acompañado de nuevo de su banda, y presentando un disco de título homónimo, cuya fama empezó a correr como la pólvora, y que vengo escuchando desde hace unas semanas con deleite.
Se trata de un elepé añejo, que recoge influencias rock, country, blues, soul y folk en distintas proporciones; sin descubrir nuevos matices en ninguno de estos palos, pero haciendo honor a los mismos gracias a un ramillete de muy buenas canciones, que además están perfectamente interpretadas, como marcan los cánones, que se dice.


Destaca la colaboración de Willie a la guitarra en la preciosa balada: "Just outside of Austin", un precioso corte coutry/folk que recuerda aquellas maravillas con que nos deleitaba Gene Clark, tal vez mi favorita del disco.
También cuenta la banda con la colaboración en los coros de Jess Wolfe y Holly Lessig, del grupo Lucius en varias canciones, como la estupenda: "Set me down in a cloud", de cálido sabor negroide; en la soulera y sabrosa: "Die alone". También la sureña: "Fool me once" -con cierto sabor a los primeros Lynyrd Skynyrd- cuenta con las estupendas voces de Lucius; como ocurre igualmente en la copla fronteriza: "Carolina". Termina la participación en los coros de Lucius con la preciosa balada, de tono melancólico y crepuscular: "Forget about Georgia".
Otro bonito tema, desértico y que mira al atardecer, con las steels aullando, es "Runnin' shine"; otro tema claramente influenciado por sones negroides es la extensa: "Find yourself", que cuenta con las voces de la megaestrella mediática: Lady Gaga.
Rock silvestre y de camino en "Four letter word", continúa el rock, en un tono más seco y machacón con "High times".
Como si de una nana se tratase, mecida sobre susurros de cuerda, suena la bonita: "Breath of my baby". Despide el disco otra preciosa balada, con presencia de piano y steels, y cantada de modo apasionado por Lukas, titulada: "If I started over", que cierra de forma sobresaliente el álbum.
Bonito disco, con estupendas construcciones melódicas, atinadas colaboraciones y variado; no aporta novedades, pero tampoco lo precisa. Un excelente trabajo, de los que siempre sientan bien.

lunes, 27 de noviembre de 2017

Los lunes... escenas de cine - "Casablanca"


Ayer, 26 de noviembre de 2017 se cumplieron 75 años de la primera proyección pública (que no del estreno) de "Casablanca".
Imposible, si se es cinéfilo, resistirse ante tamaña efeméride. Es por lo tanto obligado recordar y traer a las alturas del blog, uno de los infinitos fotogramas sublimes y rezumantes de cine en mayúsculas que contiene tan descomunal obra maestra del séptimo arte (cuando éste, merecía tal título).
Hablar de "Casablanca" es hablar del cine, es hablar de las películas en la más amplia extensión de la palabra. En "Casablanca" se encierran todas las películas que el mundo del cine ha visto: hay comedia, drama, romanticismo, heroísmo, noir, musical, épica... encima está rodada por completo en estudio, contiene evidencias del cine expresionista alemán, flash backs inolvidables, planos infinitos, de los que se adhieren para siempre a la memoria... ¡grandiosa!!!.

Cuenta encima con tres personajes inmortales: desde el repulsivo y lascivo capitán Renault, interpretado con inagotable cinismo y una pizca cómica y traviesa por el descomunal actor británico: Claude Rains; pasando por la frágil a la vez de fuerte, y siempre misteriosa y sumamente deseable Ilsa de la gran Ingrid Bergman; y por supuesto Rick, todo el mundo va a Rick's, dueño del local de moda de la ciudad; el hombre que todos los hombres queremos ser de mayores; un héroe escondido tras una pajarita; que se presenta jugando solo al ajedrez, que firma talones sin mirar, que se deshace de las mujeres, para que no le vuelva a pasar otra vez lo que le pasó con Ilsa, para no volver a quedarse solo bajo la lluvia en una desesperada estación de tren, con el corazón roto y con las esperanzas empeñadas a cambio de una vida independiente y cínica, Rick Blaine, por supuesto interpretado como nadie hubiese podido interpretar igual, por Humphrey Bogart.
También el hierático Victor Lazslo (Paul Hinreid) es un personaje de enjundia, aunque en el fondo no le perdonemos que se quede con Ilsa, pues esta ama a Rick.
Sin olvidar al tierno Sam (Dooley Wilson), pianista y amigo de Rick; Ugarte, rastrero pero en cierto modo simpático refugiado español (el gran Peter Lorre) o Ferrari, el hombre de negocios (sucios) de Casablanca, que pretende el café de Rick (Sydney Greenstreet).
Comandantes nazis, italianos haciéndoles la rosca, jóvenes parejas esperando huir en busca de un futuro, camareros con respingos de héroes, mujeres enamoradas de Rick... ¡es que no falta de nada!!!.
La dirige uno de esos maestros de la profesión, mucho menos considerados que otros colegas, pero un de los grandes del cine, el húngaro Michael Curtiz (William Wyller se lo perdió).

Y con la fotografía absolutamente maravillosa de Arthur Edeson, de inspiración expresionista y con especial mimo en fotografiar a Ingrid Bergman, que nunca estuvo más bella que en "Casablanca".
Un guión improvisado por los hermanos Epstein y Howard Koch, aunque aún no está claro de quien fue realmente el mérito, pues no trabajaron juntos, yo me inclino por el gran Koch.
Y la música, gloriosa, inolvidable: desde el épico y emotivo momento de "La marsellesa", único instante de auténtica gloria que concede Curtiz al personaje de Heinrid, hasta le hermosa "As time goes by", al son de la cual se desarrolla el aspecto pasional y romántico de la acción, y que es co-protagonista del momento mágico, y el más célebre de la acción, aquel del 'tocala otra vez Sam'; además de apuntar, que la partitura de la banda sonora original corresponde al más grande: Max Steiner.



Como me imagino que la habrán visto todos ustedes, no les doy más la carga; yo la he visto más de una veintena de veces, y esta semana prometo volver a verla.
Nos quedamos con uno de los fotogramas mágicos de "Casablanca".
¡Feliz semana!

sábado, 25 de noviembre de 2017

Ópera: "Manon" - Jules Massenet (1884) - Plasson, Cotrubas, Kraus (1982)


Ayer, Alfredo Kraus hubiera cumplido 90 años. Por supuesto no he visto ningún comentario al respecto en los telediarios, ni ningún titular en los periódicos, pudiendo hablar un poco más de fútbol...
El tenor canario es uno de esos ejemplos de grandeza, en este caso artística, que esta abecerrada España no se merece.
Pero yo voy a recordarle trayendo a esta bitácora una de sus encarnaciones más grandiosas: El caballero Des Grieux de la ópera "Manon" del inconmensurable Jules Massenet.
Jules Massenet es uno de los máximos exponentes del estilo francés. Desarrolló su carrera durante el último tercio del XIX y las primeras décadas del XX. Su influencia en autores, curiosamente veristas, como Leoncavallo o Mascagni es tan evidente, como en principio, inexplicable; pues no son pocos los aspectos que hacen de ambos estilos, algo antagónico.

Jules Massenet

En un país como éste, muy apegado a las óperas de la escuela italiana (en cualquiera de sus distintas escuelas), el repertorio francés ha sido aceptado únicamente a medias, sólo han triunfado algunos títulos, los más cercanos a Italia. Tal vez, este sea el motivo de que Massenet sea, precisamente, uno de los autores más queridos y representados en España del maravilloso género francés de la época romántica.
Lo cierto es que la ópera más popular de Massenet es "Wether", y también según muchos, éste ha sido el rol en el que don Alfredo más ha destacado (dicen que era su favorito). Desde luego el Werther de Kraus no tiene parangón en los últimos sesenta años (tal vez Nicolai Gedda, sea su principal rival), pero exactamente lo mismo ocurre con su Des Grieux (nuevamente con la rivalidad del magnífico Gedda), pero si me lo permiten, voy a elegir la ópera "Manon", por ser una de mis favoritas del repertorio francés (si no mi favorita), y porqué es menos obvia que la versión operística del célebre personaje escrito por Goethe.

Nicolai Gedda

El estilo francés es, el estilo francés; quiero decir que no es estilo italiano, no se canta como a Verdi, ni mucho menos como a Puccini; error que han cometido muchos cantantes durante décadas, como Franco Corelli.
Esta escuela requiere un canto de fraseo aristocrático, con un control total de la respiración para cantar largas lineas en legato, esto exige una técnica prodigiosa para apoyar la voz en tesituras altas, mientras se canta así, un dominio total del canto en la zona del passaggio, y un buen gusto exquisito. Aquí no valen valentonadas, jadeos, exageraciones, ni ningún otro recurso de los que, por otra parte, muchos abusan en la ópera italiana, en especial en el verismo.
Con todo lo dicho, es perfectamente comprensible el porqué Kraus ha sido, bueno, es, el mejor tenor de ópera francesa (junto a Gedda, insisto), de las últimas muchas décadas.


Acto I.

El noble De Bretigny (barítono), llega acompañado del travieso político Guillot (tenor) a la terraza de una posada acompañados de tres jóvenes actrices. Mientras les sirven la cena, la plaza empieza a llenarse de gente, acuden a la llegada de la diligencia. Entre el gentío se encuentra Lescaut (barítono) que ha de recibir a su prima Manon (soprano), que llega para ingresar en un convento.
Inmediatamente el libertino Guillot comienza a cortejarla, le propone irse juntos en su carruaje, Lescaut llega con el equipaje y aconseja a su prima que mantenga un comportamiento apropiado. Cuando la vuelve a dejar sola, esta no tarda en envidiar los bonitos vestidos de las actrices, canta: Voyons, Manon..
Otro pasajero es el caballero Des Grieux (tenor), que pensaba visitar a su padre el Conde Des Grieux (bajo). Al ver a la joven, queda prendado instantáneamente de ella. Se acerca, y pronto es correspondido por la joven, como se puede corroborar en un encendido y bello dueto: Et je sais votre nom.
Finalmente, ambos deciden renunciar a sus planes iniciales y huir juntos a París, para lo cual utilizan el carruaje del soez Guillot.


Acto II.

En el apartamento de Des Grieux y Manon en París, el caballero escribe a su padre pidiéndole permiso para casarse con Manon, aunque sabe que es una misión imposible. Aparece en escena Lescaut junto a De Bretigny, que viene disfrazado de policía, ambos están conchabados, aunque Lescaut disfraza la treta como una ofensa al honor de la familia.
Ambos truhanes advierten a Manon de que Des Grieux será secuestrado esa misma tarde por orden de su padre. De Bretigny ofrece a Manon su protección y un futuro luminoso junto a él.
Cuando la visita se marcha, Manon duda entre aceptar la oferta o no, advierte a Des Grieux, pero este parte a echar la carta al buzón; entonces Manon entona una hermosa aria despidiéndose de aquel apartamento en el que ha sido tan feliz junto a Des Grieux: Adieu, notre petite table.
El joven vuelve y entona la canción del sueño, hablando a Manon de un futuro juntos pero modesto. Cuando sale a investigar un ruido, es secuestrado, quedando Manon sola.


Acto III.

Cuadro I.
Es un día de fiesta, entre la multitud se encuentran Guillot y Lescaut que cantan las excelencias del juego À quoi bon l'économie?. Llega De Bretigny, que se une a Manon, ella canta al amor y a la juventud: Obéissons quand leur voix appelle.
El padre de Des Grieux, el Conde Des Grieux saluda a De Bretigny, Manon intenta descubrir si su joven hijo aún la ama, descubre que ése ha ingresado en el seminario de Saint Sulpice, y que pronto se ordenará. Guillot ha traído unos bailarines que sabe que Manon deseaba ver actuar, pues también el pérfido político la pretende. Mientras actúa el ballet, Manon tiene la cabeza en otro sitio, decide ir al seminario, quedando rabioso el deleznable Guillot.

Cuadro II.
En la capilla de Saint Sulpice, el coro canta al nuevo miembro de la congregación, aparece Des Grieux. Su padre también canta, pero luego intenta disuadir a su hijo para que abandone el seminario y se case, y así perpetúe el nombre de la familia: Epouse quelque brave fille.
Cuando el conde se marcha, Des Grieux rememora su amor con Manon: Ah! Fuyez, douce image. Aparece Manon que implora su perdón, el la rechaza, pero cede al recordar ambos su vida juntos en Paris, en un apasionado dueto.




Acto IV.

Lescaut y Guillot están jugando en un casino; entran Des Grieux y Manon, esta le declara su amor. Guillot convence al joven para jugar a las cartas, con la esperanza de arrebatarle su fortuna, ya que sabe que la ansía Manon. Des Grieux gana una vez tras otra, el político, enfurecido, acusa al caballero de hacer trampas, este lo niega. Guillot abandona la mesa para volver minutos después con la policía, ante los agentes denuncia a Des Grieux de estafador y a la joven de disoluta.
Ambos son detenidos, el conde le asegura a su hijo que intercederá por él, pero no por la muchacha. Finaliza este acto con una espectacular escena de conjunto, entre las risas del corrupto Guillot.




Acto V.

Manon a sido sentenciada a ser deportada, al ser condenada como mujer de mala fama. Des Grieux, libre gracias a la intercesión de su padre, está ahora aliado con Lescaut, arrepentido de sus perniciosas amistades pasadas que tan terrible suerte le han procurado a su prima.
Pretenden asaltar el convoy que lleva los prisioneros al puerto desde el que partirán hacia la deportación en America. Comprueban que la misión es imposible, pero Lescaut soborna a un sargento, logrando que posponga la incorporación de Manon hasta la tarde.
Junto a Des Grieux, una Manon agotada y claramente enferma rememora su amor junto al caballero, él intenta convencerla de que volverán los buenos tiempos, pero la joven, ya sin fuerzas, muere.



A nadie se le escapa que la versión discográfica más legendaria que existe de este título, es la registrada en 1970 para Deutsche Grammofon, bajo la impecable dirección de Julius Rudel, con la irrepetible, e insuperable Manon de la gran Bervely Sills, magníficamente acompañada del caballero del sueco: Nicolai Gedda, y los magníficos: Gabriel Bacquier Gérard Souzay.
Pero como se trata de recordar al gran Alfredo Kraus, nos vamos a concentrar en el excepcional registro, muy francés, de Michel Plasson para EMI, fechado en 1982.
Versión ensombrecida por la mentada de Rudel, esta toma tiene múltiples credenciales para colocarse como una de las tres mejores "Manon" del último medio siglo, o más.
La refinada lectura orquestal, muy acorde al estilo francés, así como la adecuación de tempos y ritmos, hacen de la toma de Plasson una delicia para el oído, a pesar de incidir menos en el latido dramático. Excelente la Orquesta y Coro du Capitole de Toulouse.



Ileana Cotrubas
Manon Lescaut: La rumana Ileana Cotrubas es la encargada de encarnar a la desdichada muchacha. Si bien su dicción de la lengua de Moliére no es la más exacta, lo cierto es que recrea una Manon tierna, más acertada en los momentos dramáticos que en los ligeros. Cotrubas fue una excelente soprano, con un timbre hermoso y un canto elegante, aunque se hacen evidentes algunos problemas en las agilidades.

Des Grieux: Alfredo Kraus es un Des Grieux de referencia. Tanto su estilo, como su fraseo, como las acometidas al agudo, son simplemente perfectos, inigualables. Es tan placentero escuchar a un tenor al que las notas agudas no le hacen perder el color vocal, que no sufre tiranteces, y que emite sin exhibiciones de ningún tipo, colocando cada nota en su lugar, sin utilizar arrastres.
La sequedad de su timbre, el maestro la convierte en un activo. Transmite perfectamente los diferentes estados por los que pasa el personaje. Lo dicho, de referencia.

Lescaut: El barítono canadiense Gino Quilico se ocupa del imbécil de Lescaut. Demasiado joven en 1982, sale airoso gracias a un bello timbre, y porque ya en aquél entonces Quilico era un estupendo cantante, aunque su encarnación resulta un tanto plana, pero cumple.


Jose Van Dam

Conde Des Grieux: Podríamos hacer un copia-pega con lo apuntado sobre Kraus, y aplicarlo a lo aportado por el magnífico bajo belga Jose Van Dam. Un servidor siente auténtica devoción por este enorme cantante. A pesar de lo breve de su rol, deja impronta de su perfecto canto francés, de su delicado fraseo, de su impoluta encarnación y de una inigualable dicción: magnifique.

Tanto Charles Brules como Jean-Marie Frémeau cumplen sobradamente con sus cometidos como Guillot y De Bretigny.
El resto del elenco redondea una excelente grabación operística, que no siempre ha sido valorada como merece, pero que es más que recomendable, aunque sólo sea por la dirección de Plasson y los sobresalientes Kraus y Van Dam.

A veces da la sensación de que este país sólo reconoce como héroes a sus deportistas. No digo que esto esté mal, no lo está; pero es ciertamente irritante comprobar como los artífices de que España sea un país repleto de auténticas eminencias en el mundo del arte y la cultura, pasan totalmente desapercibidos por una sociedad, que parece entender el orgullo nacional únicamente a golpe de goles, canastas o match points.
Alfredo Kraus, como muchos otros, abanderan un desfile cultural y artístico que hace de España una primera potencia en las olimpiadas de la belleza, de la sabiduría y del pensamiento; pero parece importarle un carajo al personal.
Felicidades don Alfredo.

viernes, 24 de noviembre de 2017

Cuando había música en TV - Los Secretos - Popgrama.


En 1981, tras el célebre concierto homenaje a José Enrique Cano "Canito" (pinchar), batería del grupo Tos, fallecido en aquella nochevieja, la formación madrileña cambió su nomenclatura para pasar a denominarse: Los Secretos.
Con este nombre, ya mítico en el rock español, iniciaron una carrera que aún prosigue.
Hoy vamos a recordar lo que fue la presentación en sociedad de la banda en el Popgrama que presentaban Carlos Tena y Diego Manrique, unos meses después de aquél concierto y con nuevo batería: Pedro Antonio Díaz, que componía y cantaba como su predecesor y quien sufrió, como Canito, un accidente de tráfico mortal en 1984.
La formación en aquél entonces era la formada por los hermanos Álvaro, Javier y Enrique Urquijo, y el mentado Pedro Antonio Díaz.
Se presenta el primer y legendario debut de la banda, de título homónimo. Para la ocasión eligen tres temas, hoy grandes clásicos de su repertorio: "Ojos de perdida", "Déjame" y "Sobre un vidrio mojado", y un excelente corte, aunque menos popular: "Niño mimado".
Empezaba una leyenda que aún sigue viva, a pesar de las desgracias, la historia musical de Los Secretos.
Lo recordamos hoy en cuando había música en TV.











miércoles, 22 de noviembre de 2017

Mañana da comienzo la gira de Destroyer por España.


Destroyer, que es el apelativo que utiliza artísticamente el canadiense Dan Bejar, empieza mañana una gira por la península para presentar su último disco: "Ken".
Serán cuatro las ciudades afortunadas, que podrán disfrutar del arte de este músico tan personal.
Podrán los afortunados, disfrutar del directo del barbudo canadiense, y disfrutar de los nuevos temas, con sus novedades con respecto a anteriores discos, interpretados en vivo.
Dejamos relación de ciudades y fechas por las que pasará Destroyer:

23 noviembre de 2017 - Donosti - Teatro Victoria Eugenia.
25 noviembre de 2017 - Madrid - Teatro Barceló.
26 noviembre de 2017 - Valencia - Teatro La Rambleta.
27 noviembre de 2017 - Barcelona - Bikini.

martes, 21 de noviembre de 2017

Ricardo Lezón - ·"Esperanza" (2017)


El cantante, compositor y guitarrista Ricardo Lezón, es el corazón de McEnroe, estupendo grupo no siempre valorado en la medida de lo que se merece. En este 2017, mientras la banda se encuentra en un momento de inactividad, Ricardo ha tirado por la calle de en medio, evitando sonidos que recuerden a McEnroe; y ha construido un disco en el que muestra de modo evidente su faceta lírica; y es que Lezón también es escritor y poeta, con un par de libros publicados de relatos y poemas.
"Esperanza", que es el hermoso título de este cancionero/poemario, se edifica sobre unos textos, tan reflexivos, líricos y vitales, que ellos son en parte los protagonistas principales del elepé.
No quiere decir esto, que Ricardo Lezón haya dejado abandonado el recubrimiento sónico de estas palabras y frases, en absoluto. El tratamiento que se da a estas hermosas historias es de una sutilidad deliciosa, simple (aparentemente), pero al tiempo intrincada, con percusión de escobillas (Edu Guzmán), complejo entramado de guitarras y teclas, y unos arreglos de viento, ocasionales y definitivos.
Grabado en Bilbao y Sevilla, con producción de Raúl Pérez, que consigue, sin aparatosidades, dar el entorno sonoro idóneo a cada tema, dotando además al conjunto de una coherencia absoluta.
Txomin Guzmán (Fakeband), acompaña en esta aventura a Ricardo, encargándose de guitarras, bajos y teclados, además de los arreglos del disco.


También Jimena Lezón, hija del autor, aporta su bonita y melíflua voz a varias coplas, dando una sensación de liviandad deliciosa.
Se inicia esta aventura plácida con "Chet Baker", un precioso corte con souleros/jazzisticos arreglos de viento a cargo de Txomin Guzmán; un inmejorable comienzo.
La primera intervención de Jimena es en la nostálgica: "Arena y romero", un tema maravilloso, que transcurre en Sevilla, y cuyo concurso convierte el estribillo en uno de los momentos más líricos, poéticos y nostálgicos que recuerdo en mucho tiempo, en la lengua de Galdós.
Reflexiva, descriptiva, delicada, son algunos adjetivos que se adaptan a la perfección a la preciosa: "La paz salvaje" (dedicada si no entiendo mal, a su habitación), con detalles autobiográficos y un cierto tono crepuscular, otro de los momentos claves del álbum.
El recuerdo, la nostalgia... son protagonistas de "El momento", 'hoy he vuelto a verte' reza el estribillo.



En "Ella baila", se hace acompañar del piano y una acústica, desgrana bellas palabras mientras un entramado de cuerdas gana en intensidad para regalar un hermoso final a otro momento muy especial. Sobre una base eléctrica y acariciadora, Ricardo desliza los versos de la reflexiva: "Lobos", vuelven las voces de Jimena.
Vientos que dan un entorno soul a "Lamento", y fuerte carga emotiva en el corte más bohemio del set, la estupenda: "Primavera en Praga".
Durante una temporada de su vida, Ricardo Lezón vivió y trabajó en el campo, en Noviales (Soria), en un hotel rural. Allí escribió las letras que escuchamos en "Esperanza", en un enclave de paz y tranquilidad, donde la reflexión se hace cómoda y clarificadora: esto se ve mejor que en ningún otro corte, en el colofón al disco, la mística: "Noche en Noviales".
No se hablará de este catálogo tanto como de otros, eso seguro, no es de esos productos que gritan su contenido, haciéndolo visible con luminarias y artificios. Pero es un trabajo reflexivo, nostálgico, lírico y muy bello; poesía musicalizada, o música rellena de poesía... ¿qué más dá?. La realidad es que es un trabajo que invita a la reflexión, el descanto de cuerpo y alma, y el disfrute de la música y las letras, y algunos, no podemos (ni queremos) pedir más. De mis favoritos del año.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Los lunes... escenas de cine - "A 23 pasos de Baker Street"


"A 23 pasos de Baker Street" es una película de perfíl bajo, que se diría hoy, dirigida en 1956 por Henry Hathaway.
Magistrálmente ambientada, con un ritmo narrativo exacto que hace crecer el suspense de manera irrefrenable, y con estupendas interpretaciones, se trata de un film que combina el noir con el suspense, y que definitivamente recuerda al modus operandi del genial Alfred Hitchcock.
Basado en una novela de Philip McDonald, conserva también ese aire de novela americana, donde el humo, los diálogos y los romances frívolos, con mujeres heroicas de por medio, son el caldo de cultivo en el que se maceran unos personajes cosmopolitas y de intrincada psicología.
A pesar de tratarse de un film modesto, siempre me ha gustado mucho, me ha atrapado y he sentido la intensidad emocional de los personajes de manera poderosa.
Van Johnson se mete en la piel del pedante escritor invidente que cree escuchar en una conversación en un café, las evidencias de un secuestro, obsesionándose rápidamente por ello, Vera Miles, su ex-secretaria y ex-novia, será sus ojos y compinche en sus investigaciones.
Con el chirriante ruido de una tragaperras, como inmaterial personaje de la acción, nos quedamos esta semana con la extraordinaria "A 23 pasos de Baker Street".
¡Feliz semana!

domingo, 19 de noviembre de 2017

Michael Head & The Red Elastic Band - "Adios Señor Pussycat" (2017)


La historia de Michael Head no es nueva, es más bien redundante, por lo repetida y tópica dentro del mundo del rock. Natural de Liverpool y consciente de su talento, Head estaba llamado a convertirse en una gran estrella cuando despunto a principios de los ochenta con su banda The Pale Fountains, pero no fue así.
En el 86 se lanza con una nueva y talentosa formación: Shack, y con este proyecto empieza la truculenta historia de nuestro protagonista: En 1991, tras un debut que pasó desapercibido y una vez finalizada en U.K. la grabación del que sería su segundo disco: "Waterpistol", el estudio se quemó, con los masters del disco en su interior. La única copia que se salvó quedó olvidada por el productor Chris Allison en el interior de un automóvil de alquiler en USA -éste ignoraba el episodio del incendio- y cuando Allison volvió a Gran Bretaña y se enteró del suceso, intentó, y consiguió, ponerse en contacto con la compañía de alquiler, y finalmente recuperar la copia de "Waterpistol". Para ese entonces, la compañía quebró y no había distribuidor. El disco fue lanzado por fin en 1995.
Tras esto, varios años de actividad junto a su hermano John (guitarras) con Shack, funcionando con los estudios de Noel Gallagher: Sour Mash.
Funda Michael Head & The Strands, combinando la actividad de esta banda con Shack. En 2013 publica el disco debut con Michael Head & The Red Elastic Band, un EP titulado: "Artorius revisited".


A esta poco inusual trayectoria, hay que añadirle la constante de las drogas y el alcohol en la vida del británico. Adicciones que han condicionado su vida y su música, nunca triunfó como era previsible, y ha desarrollado su carrera como artista de pub, reconocido por parte de la crítica y con una reducida aunque fiel legión de seguidores.
Vuelve en este 2017 con un disco nuevo, que tiene como particularidad, que es el primero que crea en estado de sobriedad absoluto. Desenganchado de las drogas hace tiempo, y en fase de superación de otras adicciones, "Adios Señor Pussycat" es el nuevo  y excelente elepé de este artista al que muchos denominan un genio perdido y uno de los compositores más dotados de su generación.
La concepción musical de Head gira en torno a sus tres iconos musicales: Love, The Byrds y Burt Bacharach.
Con estos precedentes, Head crea un disco sedante, de tono pausado, rebosante de medios tiempos en los que priman las melodías fluidas y calmas, cantadas en tono de discurso y con elegantes inflexiones vocales y perfecto fraseo.
Se escuchan pianos, cellos, vientos esporádicos, guitarras acústicas y eléctricas, base rítmica susurrante y multitud de matices que embellecen sutílmente cada segundo del disco.
Cada canción es una pieza de orfebrería melódica, de artesanía de fina elaboración y de poesía, un disco para hacer las paces con el mundo y el hombre.
Un álbum al que entregarse, dejarse llevar por sus idílicos senderos y no discernir entre uno u otro tema de los trece que enriquecen sus surcos.



Dedicado a mi amigo Joserra Rodrigo, culpable de que lleve unos días enganchado a este disco.

sábado, 18 de noviembre de 2017

El día que la esperanza se marchitó. Un día de terror en Cracovia.


Decidí pasear, para relajar los nervios y purificar las sentimientos, por la orilla del Vístula. A mi izquierda y mirando al cielo, que ya teñía de oscuro Cracovia, veíase el Castillo de Wawel, que desde la altura nos vigilaba.

Al llegar frente a la cueva del dragón -smok wawelski, como lo llaman en aquellas tierras- me quedé observando la amenazante figura de bronce, que sigue custodiando la entrada a las profundidades de la tierra. En un momento dado, el ser mitológico empezó a escupir fuego, una llamarada que permitía ver, entre la oscuridad que iba ganando terreno al día, sus fauces y una terrible expresión de maldad, de crueldad, como me imaginaba al Obersturmbannführer Hoess; después la llama desapareció y sólo quedó en el ambiente un leve pero perceptible olor a gas.

El fuego, el rostro de la bestia y el gas me devolvieron a las nueve de la mañana, al principio de aquél día maldito, de aquél día de confirmaciones y dolor, de incredulidad y -al menos en mi caso- batalla contra mi mismo para no dejarme dominar por el odio; aunque confieso que si me venció la rabia, la pena, la incomprensión, la impotencia.
Los setenta kilómetros que separan la bella Crakovia de la yerma planicie donde se extendió el campo de Auchwitz-Birkenau, parecen, vistos desde la ventanilla del autobús, una inhóspita ladera aguijoneada por eucaliptos y abedules, que fantasmagóricamente parecen convivir con una niebla perenne, húmeda y fría, que puede entenderse como prólogo de una maldad infinita escrita en la historia, y que se incrusta en el corazón y el cerebro de cualquiera que se sienta humano.


Frente a la puerta de Auchwitz, el escalofrío otorgaba a mi costado derecho una heladora sensación, como si alguien me acuchillara con una daga de escarcha. El cerebro en cambio hervía, atrapado por unos auriculares, por los cuales la voz, pequeña, afectada, aún incrédula de Mónica, nos narraba unos episodios que con 16 años apenas, empecé a conocer tras leer "Holocausto" de Gerald Green, siempre he pensado, que era demasiado joven.
Lo que más duro, no por inesperado ni por tener pleno convencimiento de ello, se me hizo, fue la constatación de la veracidad de lo que decían aquellas páginas que me aterraron cuando de adolescente, empapaba de dolor mi cama con las vivencias de unos personajes que se iban desintegrando por ser quienes eran, sin explicaciones ni piedad, sin juicio ni sentencia, como si su suerte fuese la voluntad de algún dios macabro.
Ver el horror con unos ojos que sólo lo habían conocido de manera indirecta, por medio de libros, o con pantallas de por medio, dando una nota de geometría artística al entorno, fue lo que me hizo hincar la rodilla, agotar el crédito que aún le daba al género humano. Por unos momentos, nada parecía tener sentido, nada parecía real, sentía que formábamos parte de un teatro, aquél de Calderón, tal vez, donde todos somos parte de un elenco elegido al azar por algún caprichoso y cruel ser infectado de maldad en estado puro, sólido, líquido y gaseoso.
En el trayecto de vuelta intenté relajar mi conciencia, que por motivos obvios se sentía culpable, todos lo somos me repetía una y otra vez, leyendo "Yo confieso", estupenda novela de Jaume Cabré, que fue la elegida para mi viaje por Polonia, pero que no ayudaba precisamente. Apagué el E-Book, y me quedé con los ojos congelados y la cabeza apoyada en la ventanilla, mirando los árboles, que me hacían muecas tristes, como diciendo: ya te lo advertimos.


Me di media vuelta y desanduve lo andado. Ahora el castillo se extendía a mi derecha y recortaba su silueta sobre una nube gris azulada que parecía resistir ante la negrura del cielo, que ya había teñido de oscuridad las aguas del río. Pensé que nada podía hacerme sentir humano aquella noche: las vías del tranvía me invocaron a aquellas que se estrellan contra la puerta del infierno de Birkenau, la puerta de la muerte, de la desesperanza, del final impuesto por el odio a nada, a nada, a nada...no encuentro a qué...no existe un qué.


Entré en un bar, era como una cueva, muy bonito y acogedor, estuve escuchando a Billie Holiday, y a Marvin Gaye, y la maravillosa versión de "Isn't it romantic" de Ella Fitzgerald.
Recurrí a lo de siempre: música y cerveza, libros y fantasía, humanidad y amistad. El día 20 de octubre de 2017 nada funcionaba, fue el día que la esperanza se marchitó para siempre en mi corazón, así lo sentí aquella tarde, frente a unos vasos vacíos mientras la Fitzerald lo intentaba, pero no, no es esta una historia romántica.



viernes, 17 de noviembre de 2017

Salto - "Far from the echoes" (2017)


Estaba advertido, lo habían comentado todos y cada uno de los cronistas musiqueros que habían escrutado, antes que un servidor, el último trabajo de Salto. Es por eso, que cuando hace una semana, tras el concierto que nos trajo a la banda a Bilbao para su presentación, y empecé a introducirme en sus surcos, no me pilló por sorpresa la inicial - aunque fugaz- barrera que se interponía entre el cancionero y el escuchante.
Y es que este "Far from the echoes" no es "Salto" (2015); quiero decir, que la inmediatez en cuanto a la aceptación de las coplas de aquél excelente debut -puro pop sixty y powerpop de esencia Big Star- desaparece en esta segunda intentona.
El motivo no es otro que una mayor apuesta sónica que pretende, y consigue, enriquecer unas melodías, retorcer el envoltorio que decora la lírica voz de Germán, y aportar gramos de psicodelia 'made in 1968' a un disco, que en esencia sigue perteneciendo al pop y al powerpop.
Conseguido el éxito artístico, queda por demostrar la resistencia ante la impaciencia, del personal; digamos que las primeras escuchas sirven para adaptarse a un universo que no es todo lo confortable que se esperaba, a tenor del primer capítulo de la carrera de Salto. Pero tampoco hay que desesperarse, en la segunda escucha empieza a verse la luz (de cambiantes y ruidosos colores), y se empieza a aceptar la atmósfera sónica de "Far from the echoes" de forma natural.
Para conseguir este especial recubrimiento, Salto ha contado con una banda de enjundia, y con la adhesión de sitares, campana, cellos, violines, trompetas y trombones.
Justo es por tanto, resaltar la producción de Rams y Martí Perarnau.


En cuanto al tracklist, una vez dejamos arrastrarnos por el oleaje colorista y 'extraño' del sonido, nos vamos tropezando con temas de deliciosa melodía, ricos en su aparente simplicidad: "Everything", un triste canto al final de una historia, con piano, acústicas y coros; que de repente marca el camino a seguir para el resto del elepé.
Como si de un final feliz tras la hecatombe se tratase, "Home again" acarrea sol y luz, calor y esperanza, un tema que es difícil que no encandile. En cambio es imposible no recordar a Big Star cuando se recorre "Her man".
Los sitares y una mezcla de esencias orientales y africanas dan carta de naturaleza a la lisérgica: "Moving".
Los Fab Four del 67/68 se nos muestran en una reencarnación patria, que desde Madrid desparrama reflejos catadriópticos con la sensacional: "It`s all abaut you".
La cara B del vinilo da comienzo con "Such a waste of time", una preciosa balada, más accesible y 'ortodoxa', a la que sigue la maravillosa: "You were always waiting", una melancólica y nostálgica pieza en tono folk. "Mary", tal vez mi corte favorito, por su alegría prudente (que creo descubrir) y sus elegantes teclas.
Continúan las baladas, que dominan esta cara B del vinilo, con: "Hopefully", para la que Salto cuenta con la colaboración de Carolina de Juán (Morgan). Vuelven ecos de la Gran Estrella con la triste pero hermosa "Haters".



Y termina el paseo por este universo sonoro tan especial y delicado con "Song for Ollie", donde se aúna la esencia más densa y una base folk deliciosa; este es el tema más controvertido y ambicioso, con un pasaje instrumental que se cuece en un caldo de tintes lisérgicos.
"Far from the echoes" es el segundo disco de un proyecto musical osado y con evidente vocación de crecer, de evolucionar, pero sin perder pureza, lírica y personalidad; la que vislumbramos de modo claro en el primer disco, y que ahora se hace sabrosa y más suntuosa.