jueves, 17 de agosto de 2017

And libros by Addison de Witt... "El corazón helado" - Almudena Grandes


Por algún motivo que en realidad desconozco, "El corazón helado", novela publicada por Almudena Grandes en 2007, se había quedado enredada en la maraña de acontecimientos que han tejido la pegajosa y tupida tela de araña que ha sido mi vida durante demasiados años de la última década.
Pero afortunadamente, todo lo que tiene que llegar, inexorablemente termina llegando, y así ha sido también en esta ocasión. Muchas veces he pensado en esta novela con pesadumbre no disimulada (un servidor es fan de Almudena, y encima me cae muy bien), pues se trata de una cuenta pendiente conmigo mismo, y también con la autora y su obra, que tanto me ha dado.
Y como la lectura de esta novela estaba vaticinada para que se desarrollase ajena a la ortodoxia, ha llegado en formato E-book, que desde luego no es mi favorito (aunque tampoco soy anti-pantallas), pero del que suelo hacer uso ocasional, así me siento por unos días un millennial (cosa que la edad se empecina en ratificar que no soy).
El entierro de Julio Carrión, rico empresario hecho a si mismo, se celebra en el pueblo natal de éste (Torrelodones), en la más absoluta intimidad: su mujer, sus cinco hijos con sus familias y un puñado de viejos conocidos del pueblo. Cuando aparece una misteriosa mujer que observa la escena a cierta distancia, su cuarto hijo: Álvaro, el más parecido al padre físicamente, y curiosamente el único que nunca quiso emularle (se trata don Julio de una especie de gigante, brillante e irresistible a los ojos de hombres y mujeres), repara en la mujer, que despierta una tremenda curiosidad en el hombre.
Raquel, la mujer que acude al cementerio: es nieta de Ignacio Fernández: un héroe de la resistencia durante la guerra civil y que combatió contra Hitler en la segunda guerra mundial, miembro de una familia adinerada de Madrid, republicana y que tras la guerra, salpicada de innumerables desgracias para el clan, se exilia en Francia, donde consiguen prosperar, para volver a la capital tras la muerte del dictador.
Ignacio, apodado "el abogado" y su nieta están muy unidos a la vuelta del exilio. Los sábados por la tarde les pertenecen. Una Raquel de apenas 9 años acompaña a su abuelo a casa de Julio Carrión uno de aquellos sábados de 1977, allí conoce a sus dos hijos menores, uno de ellos el joven Álvaro de 12. Lo que allí ocurre aquella tarde, cambiará irremisiblemente su vida.
Tras el funeral, Raquel y Álvaro se vuelven a encontrar, se enamoran y echan sus vidas a rodar por la empinada y resbaladiza pendiente del destino. El vertiginoso devenir de los acontecimientos se mezcla con el pasado en el que ambas familias comparten una historia común donde Julio Carrión protagonizó un papel traidor y mezquino, momento en que empezó a fraguar su indecente fortuna.
Con enorme destreza, Almudena Grandes nos hace viajar en el tiempo, contando la historia de la España de la guerra y el franquismo, por medio de la heroica familia Fernández por un lado: sus bajas de guerra, las traiciones a las que les somete la vida, el sufrimiento y la entereza de unas mujeres ejemplares y valientes; y por otro, la del mezquino Julio Carrión: su posicionamiento en el bando republicano primero, su traspaso -puramente oportunista- al previsible lado vencedor de Franco; su alistamiento en La División azul, de la que también desertó, y su coincidencia en París con la familia de Ignacio Fernández. Describiendo su impúdica manera de proceder hasta construir su imperio.
El presente se vuelve espejo en el que cada cual se mira, viendo la imagen reflejada de su herencia moral, los rostros del pasado, las acciones que a unos ennoblecen y a otros depravan, la miseria de la guerra, la tiranía de los vencedores fascistas, lo terrible de su cristiano proceder genocida, la infame traición (ocultada tantas veces por ciertos sectores de la izquierda) que supuso el golpe de estado de Segismundo Casado, la miseria que afloró en muchos comportamientos, que se volvió incluso contra la propia sangre; el miedo, asentado para siempre en los corazones de muchos, la soberbia, el despotismo, el olvido, la falsedad, la normalización de las muertes, la grotesca e inhumana ceremonia de muchos asesinatos amparados por la ley...
Se confirma finalmente en la novela, que solo quieren olvidar unos... los que vencieron la guerra (con ayuda), pero perdieron la humanidad, y se comportaron como bestias contra hombres y mujeres, que indefensos y desnutridos, fueron aniquilados y sometidos por venganza, codicia y miedo.
Absolutamente maravillosa novela de Almudena Grandes, con un trabajo de documentación extraordinario, con una tensión dramática sobrecogedora y un estilo (el de Almudena Grandes), que hay que estar congelado (como el corazón de Julio Carrión) para que no emocione.
Una clase de historia además, osada, cruda y sincera; sin amaneramientos ni edulcorantes, con numerosos personajes 'de paso' que marcan el devenir de la narración.
"El corazón helado", además de la alusión forzosa a don Antonio Machado, quiero imaginar que hace referencia al órgano de Julio Carrión, y al estado en que quedó tras su paso por los campos congelados frente al río Vóljov.

Hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.

Españolito que vienes 
al mundo te guarde Dios.
Una de las dos Españas 
ha de helarte el corazón.

(Antonio Machado)

miércoles, 16 de agosto de 2017

Tirar la toalla o viajar a la luz... - Las paranoias de Addi.


A veces la tentación de tirar la toalla es casi irresistible. Resulta tan tentadora, provocativa, cautivadora la imagen de esa toalla cayendo sobre la lona, a cámara lenta, provocando su aterrizaje una deflagración de cientos de diminutas gotas de sudor, afiladas y saladas, mezcladas con sangre, que terminan diseminándose en el aire, como anaranjadas pompas de jabón.
La esquina del perdedor, siempre refulgente de ánimos y caricias al púgil derrotado, los besos de una mujer ahora aliviada a pesar del magullado cuerpo de su hombre, las atenciones y los cuidados, todo ese micromundo de humanidad, contrasta con la soledad del vencedor: solo bajo la cascada de luz blanca y humeante en el centro del cuadrilátero, con los dedos mirando al cielo eléctrico, y el rugido de un público deseoso de canjear sus billetes de apuesta por dinero, es el momento de los negociantes.
La bolsa viene cerrada con una soga que a partir del triunfo se anudará alrededor del pescuezo del vencedor, que ya no es libre para separarse demasiado de la guarida del dinero, si no quiere perecer asfixiado por el negocio. El precio de la victoria es un intercambio de níquel por lágrimas, el vencedor ahora no es un hombre: es un titular, un vídeo de YouTube, un juego de la PS, el muñeco de los puños de oro.
La bolsa del derrotado no pesa tanto, pero deja paz al tiempo que despide a su propietario. Los que pierden no son virales, no tienen cara en los diarios deportivos y su nombre se va difuminando entre la manada de gloriosos 'vencedores por minuto' que va produciendo el mundo.
La libertad absoluta es no sentirse culpable por contradecirse, no dar vuelta atrás a escondidas, poder volver por donde has venido con la conciencia tranquila, sereno y desandando el camino, forcejeando entre el tráfico contrario: caravanas de robots que miran con la obsesión pintada en el rostro a un sueño, a una imagen idealizada del triunfo, sin observar el paisaje que se extiende en las lindes del camino.
Cuando las yemas de los dedos hormiguean ante la presencia cercana y palpitante del objetivo, prestas a iniciar unas caricias codiciadas, imaginadas y ambicionadas, no es extraño que el encanto desaparezca, se auto-destruya la ilusión en las postrimerías de la victoria, que se revela en ese momento vitalicio como la parte final de un camino en el que la vida se ha ido quedando atrás, jugando, enredada con los vencidos que has ido apartando, empujando a los confines de la vereda, que ahora, lejana y solitaria, empieza a ensombrecerse a la espalda del vencedor, que suele cruzar la linea de meta en soledad.
En ese cruce de caminos previo al gong, la disyuntiva entre la toalla, arrastrada por la gravedad a un estallido de fluidos que desperece la abotargada cabeza de sueños ahora menos importantes, o el eterno camino hacia el centro del ring, hacia el baño de luz cegadora y flashes que arañan las córneas a cuenta de la gloria que prometen, tan repetida como rápidamente olvidada, ignorada, dada por supuesta; en ese cruce de caminos, tirar la toalla a veces es la victoria, la victoria que permite ganarse a uno mismo, que permite tener aquello que la piel necesita: caricias; que a la vista alimenta: belleza doméstica y habitual; que el corazón precisa: amor.
Pero...
A veces la tentación de asestar el golpe definitivo, el ko del oponente, en busca de la gloria luminiscente y enfervorizada en el centro del cuadrilátero es casi irresistible...




martes, 15 de agosto de 2017

Wavves - "You're welcome" (2017)


Sexto disco de la banda capitaneada por Nathan Williams. Wavves publica "You're wellcome" dos años después de "V", repitiendo con el sello Ghost Ramp y, al menos en mi opinión, mejorando aquél.
En esta nueva tanda de canciones podemos encontrar el batiburrillo de estilos habitual en este grupo: punk-pop, surf, noise rock, garaje... con ese sonido Lo-Fi que también caracteriza la propuesta de Wavves.
Se observan también esencias doo-woop cincuenteras, y baterías enlatadas que dan una esencia electrónica y seca a algunos temas, dotándolos de una espiral bailable que no desagrada.
Ritmos de pulso exaltado, coros elocuentes y actitud descarada y en cierto modo frívola.
Un disco divertido, frenético y con el que se puede interactuar sin demasiadas consideraciones sesudas, pero con calidad y momentos interesantes.
Once temas que dotan al elepé de redondez, equilibrio y cierto eclecticismo.
En el primer y encendido tema, titulado "Daisy", nos introducen en su madriguera sónica, para retenernos allí.



Y a partir de aquí todo rueda por los derroteros previstos. "You're wellcome" es un tema de ácida corriente melódica y ritmo borboteante, con alusiones psicodélicas. "No shade" es una frenética estampida sónica y de actitud que no alcanza los dos minutos.
En cambio "Million enemies" es un atmosférico corte punk-pop, con ambiente claustrofóbico y adictiva melodía.



Otro de mis favoritos es "Hollowed out", en "Come to the valley" nos encontramos las esencias doo-woop comentadas, un tema de inocente ternura, etéreo discurrir sonoro y destacados coros.
"Animal" suena garitera y underground hasta que el estribillo la ilumina, destacando el uso del bajo. En "Stupid in love" vuelven de nuevo la vista atrás en cuanto al sonido; y "Exercise" es un tema de corte punkarra, de bajo reptante y guitarras rugientes.
Programaciones electrónicas en "Under" y conglomerado sónico y melódico un tanto anárquico. Nuevo retroceso en lo referente al sonido con la ochentera y agradable: "Dreams of grandeur".
Y se termina la fiesta con más ecos doo-woo, como zarpar por el Mississipi se imagina uno cuando de la gratificante -y como fuera de contexto- escucha de "I love you" se refiere.
Divertido y de fácil escucha este "You're wellcome", sexto disco de Wavves, que además viene muy bien para el verano.

lunes, 14 de agosto de 2017

Los lunes... escenas de cine - "Carta de una desconocida"


Max Ophüls es un realizador que ha pasado por la historia del cine como de puntillas. No suele aparecer su nombre cuando de recordar las grandes hazañas cinematográficas de los años treinta y cuarenta se refiere.
En cambio, fijando la mirada, se da uno cuenta de que ha dejado importantes títulos como: "Madama de", "El placer", "La ronda" o esta maravillosa "Carta de una desconocida" que me he decidido a destacar para esta semana.
Basada en una historia de Stephan Zweig, este film es una de las obras cumbres del drama victoriano. Sobre una trama sencilla y casi anodina, se va tejiendo una historia a base de flash backs en los que se narra el amor fugaz entre un pianista de éxito y una joven.
Mientras aquél episodio no significó nada para el músico (Louis Jourdan), que ya no recuerda a la joven (Joan Fontaine), para ella es un capitulo que altera su vida y da al traste con ella, pues no ha conseguido con el transcurrir de los años olvidar aquel romance.
Así se lo hace saber por medio de una carta, que no deja de ser para el pianista la carta de una desconocida.
Magnífica cinta, entregada, apasionada y con esa atmósfera victoriana que solo los directores europeos como Ophüls saben recrear de manera tan notable, obra que reivindico por parecerme una maravilla de principio a fin.
¡Feliz semana!

domingo, 13 de agosto de 2017

Los domingos photosong - David Bowie - "Wild is the wind"


Aunque siempre pensaré que la original de Nina Simone es insuperable, esta versión que Bowie realizó para su disco de 1976 "Station to Station" siempre me ha gustado mucho.
El disco, que hizo de nexo entre su etapa soul y más luminosa, con la densa y claustrofóbica travesía berlinesa.
Un elepé que si bien es cierto que se queda un poco en tierra de nadie, que no alcanza la total coherencia de anteriores trabajos, y que adolece de el punch de sus grandes obras pretéritas, no es menos cierto de deja momentos excelentes y bucólicas letanías sonoras, como la presente versión.
Hoy en Bilbao tenemos un día de verano, así que el viento salvaje igual está un poco fuera de lugar, pero siempre gusta dejarse acariciar por la estupenda "Wild is the wind".
¡Feliz domingo!



viernes, 11 de agosto de 2017

The Outside Hours - Nuevo disco en septiembre: "Red runs the river".


En esta santa casa (bueno, no tan santa) somos fans de los catalanes The Outside Hours. Y esto es así desde que hace unos años descubriese trasteando por la red a estos tipos, me agenciase sus tres trabajos discográficos, y comprobase que lo que hacen empasta a la perfección con parte de mis gustos musiqueros.
Es por esto, que tras un tiempo espiando sus movimientos en las redes sociales, apercibido que estaba hace tiempo de que traían aviesas intenciones de publicar nuevo disco, me he enterado finalmente hoy, de que éste (el disco, digo), ya está presto a ser soltado, cuidado con la criatura que puede morder.
Se titulará: "Red runs the river" y verá la luz el 15 de septiembre en vinilo y descarga digital.
Yo ya me he apurado en encargar mi Lp. Pues es una edición limitada a 300 copias. Así que al loro.
Para aquellos que estén interesados, creo que lo mejor será acudir al enlace del caralibro de su sello: 'Swamp thing Records"  o al del propio grupo: The Outside Hours.
No es la primera vez que hablamos de esta banda garajera, potente y rockera en esta bitácora, recordamos las reseñas que aparecieron en su día de su EP: "The devil's right hand" y de su disco largo: "Gone".
Así que de momento, a esperar toca, dejamos este vídeo/anuncio del disco.




jueves, 10 de agosto de 2017

Nuevo disco y gira española de Flamin' Groovies en septiembre


Una de las plantillas clásicas de Flamin' Groovies, es decir, la formada por Cyril Jordan, Chris Wilson, George Alexander y Victor Peñalosa vuelven a la carga con un nuevo disco, primero que graban juntos en 38 años y que llevará por título: "Fantastic Plastic". Este trabajo verá la luz vía Severn Records el próximo 22 de septiembre, esperamos la fecha con el aliento contenido.
Y no acaban las buenas nuevas aquí. Al menos para España. Pues en este próximo septiembre, además de alumbrar el nuevo disco de la mítica banda californiana, tendremos la suerte de verles presentarlo en vivo, en primicia.
En principio serán cinco las ciudades que visitarán en esta inminente gira.
A continuacion la lista de salas y fechas previstas. Desde luego no faltaremos a la cita.

Lunes 4 de septiembre de 2017: A Coruña, Garufa Club
Miércoles 6 de septiembre de 2017: Avilés, Centro Niemeyer
Jueves 7 de septiembre de 2017: Bilbao, Kafe Antzokia
Viernes 8 de septiembre de 2017: Madrid, Sala Caracol
Sábado 9 de septiembre de 2017: Sant Boix, Festival Altaveu

martes, 8 de agosto de 2017

La cala del mensajero - Las paranoias de Addi.


La descripción que del peligroso enajenado daban por televisión no dejaba el más mínimo reducto a la duda. Desde hacía días, un tipo como el que describían los telediarios dormía en la playa de un precioso y escondido pueblo de pescadores. Aliado con el buen tiempo, que santificaba a los sufridos marinos aquella primavera norteña, se le podía ver mirando al mar, al horizonte, tocando una vieja guitarra española astillada y uniformada con pegatinas y dibujos.
En una aldea como aquella: diminuta, de gentes indiferentes a las moderneces, de pescadores genéticos, de ancianos descreídos que ya solo creían -aunque con fe ciega- en el sol de la mañana y las estrellas de la noche, no podía pasar desapercibido el extraño sujeto que había montado una destartalada tienda de campaña en la 'cala del mensajero', con la noche como natural camuflaje y la luna llena como cómplice y testigo.
Se decía de él que podía ser peligroso, y que se había escapado de un prestigioso centro de salud, aunque no estaba claro quién pagaba la elevada factura del mismo.
Según parece, iba de un lugar a otro, errante y sin un punto fijo en su destino. Se sospechaba que había perpetuado algún robo en varios comercios a su paso, incluso utilizando para llevar a cabo sus propósitos la violencia y algún arma blanca. Pero esto, solo es lo que decía la televisión.
En el pueblo había paseado por las calles, con su guitarra y su abstraída sonrisa. Por la mañana y al atardecer se le podía ver cantado frente al mar preciosas baladas en una lengua extraña. Lo hacía con una voz cristalina que parecía salir por los poros de su piel, pues los más osados que se habían acercado a su vera, decían que cantaba sin abrir la boca, y que las coplas eran hermosas, como rezos a la naturaleza;  y que mientras se dispersaban hacia el horizonte, su rostro dibujaba una amplia sonrisa, como una sonrisa de esperanza y perdón.
Se acercó la tarde del segundo día tras su llegada a la ventana de una enlutada viuda: doña Enedina, siempre malhumorada y reiterando las bondades de su difunto esposo: un marinero que, siendo aún muy joven, una mañana dicen que salió a la mar, y no volvió. Muchos pensaban -y piensan- que no era el fondo del mar el que mecía su musculoso cuerpo, sino alguna sirena de la capital, sin cola ni mar de por medio.


Sonreía y admiraba sus macetas. Reparó en el mal estado de unas rosas amarillas que se debatían entre la tierra y el cielo dentro de un quebradizo macetero de barro. La viuda le miró con expresión aviesa, pero el extraño no se dio por aludido; sonrío, y rozó con un dedo el laberinto de venas verdosas que era la mano de la anciana, que de repente sintió como su corazón se despojaba del peso de unos recuerdos impertinentes, agoreros y putrefactos, volviendo la auténtica paz y el ardoroso amor por su marinero extraviado en el océano, al mismo estado en que estaba cuando se casaron en la ermita del montículo que preside el rugir de las olas a sus pies, vigilando al mar, aquél que años después habría de separarles.
Sacó una botella de su roída mochila roja, y regó con una extraña agua color azucena la tierra que parecía que iba a sepultar a las flores.
A la mañana siguiente, las rosas, ahora rojas y blancas, parecían pedir espacio a Dios para poblar el mundo de color y aroma de vida, tan silvestres y hermosas se mostraban ante el sol recién llegado del día.
La mañana del domingo, mientras las gentes estaban en misa, y Darío, el hijo del herrero, se golpeaba una y otra vez contra los adoquines que alfombran la plaza, empeñado en dominar la vieja bicicleta que antes fue de su hermano Rodrigo y después de su hermana Rocío, el nuevo vecino de la playa apareció con su sonrisa impregnada de primavera, y levantó del suelo con cariño al pequeño Darío. Le montó en la bicicleta, le enseñó una sonriente luciérnaga que llevaba en la mano, que irradiaba luz de un color indescifrable, y que despertó la admiración del zagal. Le guiñó un ojo y lanzó al luminiscente animalito, que salió volando en dirección a la calle mayor, Darío salió pedaleando detrás del coleóptero. Cuando finalmente éste desapareció, al final del pueblo, perdiéndose en el bosque, iluminando los troncos de los eucaliptos, Darío se dio cuenta de que lo había logrado: sabía montar en bicicleta.


Los vecinos se encariñaron con el nuevo habitante del pueblo. Los zagales le dejaban jugar con ellos al fútbol, algunos jubilados le daban de beber de la bota cuando pasaba junto a la taberna, los pescadores le acercaban a su tienda sardinas y anchoas recién pescadas, que él asaba en la playa, aromatizando toda la aldea; incluso alguna jovencita se enamoró de su largo y rizado cabello negro, de sus profundos ojos azules y de su sonrisa, siempre bendecida por una suerte de alquimia purificadora.
Las noticias insistían en lo peligroso que podía llegar a ser el vagabundo, y aportaban un número de teléfono para que llamase cualquiera que tuviera alguna pista sobre su paradero.
Raimundo, el alcalde, organizó un pleno en el ayuntamiento al que también asistió don Elías, el cura; doña Concha, la doctora; don Serafín, el terrateniente y Juanete, el dueño de la tasca, por regentar el establecimiento que hacía de receptáculo de las noticias que circulaban por el pueblo de forma oficiosa.
No se invitó a la pareja de la guardia civil, pues manifestaron desde un principio su intención de no querer formar parte de una evasión de lo que deben ser las responsabilidades como ciudadanos de las gentes, aunque prometieron acatar la decisión que se tomase con respecto a si era lo preceptivo delatar al joven.
En menos de media hora, todos los concejales, y las fuerzas vivas del pueblo, alcanzaron, por primera vez en décadas, una resolución de manera unánime: no encontraban ninguna actitud sospechosa ni peligrosa en el joven, y no lo delatarían, al contrario: al día siguiente se presentarían en la cala para ofrecerle un trabajo y un alojamiento en una de las casas de don Serafín, hasta que se estableciese y pudiese hacer frente al pago de un alquiler.
Pero a la mañana siguiente el pueblo se despertó antes de que el sol iluminase el horizonte mojado, cuando los pesqueros aún avanzaban rodeados de noche. En la cala se había congregado una pequeña multitud de periodistas armados con cámaras, micrófonos y furgonetas que hacían un ruido infernal. Habían enmoquetado el suelo de cables y transformadores. Se gritaban entre ellos y hablaban ante las cámaras con la 'cala del mensajero' de fondo.
La policía, que llegó desde la capital ante la inoperancia de la benemérita pareja del pueblo, tenía cercado al joven de la sonrisa eterna. El amanecer dejaba ver tímidamente su tienda de campaña, y todo indicaba que lo pescarían durmiendo.
En el pueblo todo el mundo estaba triste.
- Este joven no ha hecho nada a nadie. Aquí se ha portado muy bien con todos y queremos que se quede- decía el alcalde a una de las cámaras de televisión, aunque según parece, su declaración no fue tomada demasiado en serio, y mientras hablaba a codazos, el programa de AR estaba en publicidad y la cámara apagada.
Don Elías, el cura, tranquilizó a los más jóvenes, que pretendían ayudar al desconocido con una acción tan desesperada como bienintencionada, que a buen seguro no serviría de nada, salvo para ganarse ellos un disgusto con las autoridades y perjudicar al pueblo.
Algunas mozas lloraban, y las señoras denunciaban entre hipos y ayes la vergüenza de actuar de aquella manera contra un buen chico, que sabía cantar como los ángeles, curar a las flores, y enseñar a montar en bici a los chavales.
Cuando el sol ya mandaba en el cielo azul oscuro de la primavera cantábrica, la policía entro en la tienda de campaña, con las pistolas en la mano y los grilletes prestos a enlazarse en las frágiles y artísticas muñecas del joven.
Las cámaras echaban humo. Los reporteros transpiraban emoción y ambición profesional, pateándose entre ellos por el mejor ángulo, o por el fondo de cámara más atractivo.
El jefe de policía llegó, fatigado tras escalar por la empinada cuesta que daba acceso a la 'cala del mensajero', y por la prominente barriga que afloraba por encima del ceñidor, en el que descansaban sin un solo segundo de gloria, la pistola y los grilletes. Se paró frente a las cámaras y los curiosos, secó su frente con el anverso de su oronda mano, y con cara circunspecta notificó que el vagabundo no estaba en la cala. En el interior de la tienda no había nada ni nadie.
El pueblo estalló en un grito de alegría. Poco a poco los periodistas abandonaron las eras frente al mar, dejando el lugar como el escenario de una batalla, el silencio volvió a la aldea y la playa volvía a estar silenciosa, muda, solitaria.
Nunca más se supo de aquél joven, pero desde entonces, 'la cala del mensajero', es conocida como 'la cala del amigo desconocido'.

Texto corregido y adecentado, como siempre, por mi amigo Paco Evander.

domingo, 6 de agosto de 2017

Los lunes... escenas de cine - "To Be or not To Be"


Vuelve Lubitsch a los lunes cineros, y lo hace con la que para muchos es su obra cumbre: "To be or not to be". ¿Qué quieren que les diga de este film?, está todo, o casi todo dicho.
Que se trata de una comedia de despiadado nervio cómico. Una burla a una amenaza real en tono crítico, pero con el lirismo del cine con mayúsculas.
El teatro dentro del cine y la guerra dentro del teatro, como acción terrible en clave de comedia. Un corte de mangas a lo peor del mundo que casi se desarrolla en paralelo a la realidad, el cine saltando de la pantalla y sobrevolando una Europa en pleno delirio, locura, y desde luego nada cómica.
Hay momentos grandiosos, surrealistas y un ritmo vertiginoso que hacen el visionado de la cinta una aventura frenética e hilarante.
Una obra maestra del género cómico con pocas rivales en lo que a grandeza se refiere.
Iniciamos esta semana de agosto, con medio país de vacaciones, pero revisitando "To Be or not To Be".
¡Feliz semana!

Los domingos photosong - Crosby, Stills & Nash - "Marrakech express"


El debut de la superbanda por antonomasia llega en mi opinión en el mejor momento creativo de los tres artistas que conforman CSN. Me parece, tras "Deja Vu" que cuenta con el añadido decisivo de Neil Young, su mejor trabajo conjunto.
En el disco hay canciones bonitas para aburrir, y los tres aportan temas de gran enjundia, coplas llenas de encanto juvenil y esa materia gaseosa y bienintencionada del folk sencillo e inspirado de la época. Por no hablar de la ligereza y acariciadora sonoridad de las armonías vocales.
Entiende un servidor, que Graham Nash está especialmente inspirado en aquellos años, y deja algún tema de esos que hay que escuchar de rodillas. No en vano, seguido a este trabajo, el británico nos deja dos obras maestras en solitario de esas que crecen a cada segundo.
Es por este particular que me he decidido por un tema de Nash para este domingo, en el que por fin parece que el sol asoma por el cielo bilbaíno.
Dejamos que se vaya calentando el ambiente con la preciosa y exótica: "Marrakech express" de Crosby, Stills & Nash.
¡Feliz domingo!



sábado, 5 de agosto de 2017

The Smoggers - "Dark reaction" (2017)


Aunque estoy esperando la sorpresa del cartero, anunciando la llegada del nuevo vinilo de los andaluces The Smoggers, lo cierto es que ya lo tengo bien trillado.
Vía bandcamp y spotify, este "Dark reaction", que llega a nosotros un año después de "Shadows on my mind" -repiten con el sello Soundflat records-, ha sido devorado por el que suscribe desde hace un par de semanas. Los que me conocen pensarán que mucho me tiene que gustar el grupo para engancharme al spotify, que no me gusta nada.
No es la primera vez que hablamos de The Smoggers. Banda que practica un sonido crudo, descarnado y rotundo: garaje-punk, con ese toque ye-ye que tanto me gusta, y que de pronto me recuerda a Los Flechazos (banda de referencia para un servidor), por sus soflamas sónicas a base de teclas setenteras. Un conjunto que sería catalogado por los fachas, en los albores del franquismo como: "existencialistas".


Entre grasa guitarrera, teclas "fundamentales", ritmos anárquicos y frescura que se escurre del subsuelo, salen a la luz diez canciones que harán las delicias de las criaturas más afines al tugurio y el síndrome de Peter Pan más underground.
Abren fuego con "Eres así", un tema directo, bailable y con palmas, estribillo contagioso y mucho swing.
Mucho más oscuro, denso y claustrofóbico es mi tema favorito del lote: "Razones para odiar", con claroscuros y un poso que me retrotrae a The Doors, un temazo en toda regla señores-as.
Vuelve la luz, las teclas que buscan el sol y el calorcillo de verano con la 'popera' esencia de "No volverás".
Cierto espíritu teenager abarrota la despiadada frescura de "Porque te quiero" y "Tu maldad", ambas para no parar de bailar, hasta mezclar los huesos de la osamenta cual puzzles.
La segunda cara es en inglés. y parece que la oscuridad gana enteros, la niebla densa de las cloacas crean una atmósfera más garajera, y esto se evidencia en la magnífica: "Dark reaction".

"Fuzz me in the cave" ataca desde el final del túnel, buscando el corazón, otro gran momento descarnado y rugiente. Y en "You can't come down" incluso se reivindica un blues callejero que activa a un muerto.
"Who's Jenny" es más ácida y psicodélica, y el final viene con el sobrecogido sonido de guitarras y teclas del colofón opresivo y agobiante de "Devil in me", otro gran momento.
Gran año para el rock patrio, de hecho me están gustando más discos de aquí que de allí. The Smoggers nos ofrecen un nuevo catálogo de temas iridiscentes de rock, punk y pop garajero difícilmente resistible, no se lo pierdan.

viernes, 4 de agosto de 2017

Ben Bostick - "Ben Bostick" (2017)


Muchas veces, enredados en la búsqueda del Santo Grial sonoro que nos haga eternamente jóvenes y vanguardistas, nos olvidamos (disculpen si hablo en primera persona del plural cuando lo oportuno sería hacerlo en primera del singular), de que a veces la verdad y lo realmente eterno, por clásico y por soportar siempre las pesadumbres, esperanzas y anhelos que nos corresponden como humanos, se encuentra en lo básico, en lo sencillo, en lo visceral.
Y es por ello que hoy, me apetece hablar de un disco sencillo, básico, crepuscular y hermoso, firmado por el joven cantautor norteamericano: Ben Bostick y de título homónimo.
Carta de naturaleza le otorga al trabajo su procedencia, pues lo he recogido del imprescindible MTD, blog sin igual de mi compadre Bernardo de Andrés Herrero.
No nos detendremos demasiado en diseccionar el artilugio: se trata de una decena de canciones de rock americano y folk rock, con leves acentos country, que incide en la mirada lírica del atardecer, las historias de soledades y amores perdidos, las epopeyas típicamente americanas, y ese poso seco, polvoriento y ronco del rock de carretera.


Llama la atención el bonito barniz de la voz de Bostick, y la fácil proyección de la misma. También es de agradar el interesante uso del piano, no siempre utilizado en estos sones de carácter acústico, y la limpieza y preciosismo de las melodías.
Tocando diversos palos típicos del género aludido, no pueden faltar encendidas baladas como: "Independence day", "Sweet thursday" en tono más folk, "Supposed to", o la Springsteeniana: "Erin is blue".
Rock de esencia fronteriza como "Coast of Mexico", en la onda de Cracker, o "I should have been her man" en un entorno más songwriter; momentos más genuinos y pioneros: "Paid my dudes" y otros más épicos: "After the rain".
Rock con empuje country y espiral tabernaria en el single: "The juggler".
Aunque tal vez la joya del disco sea "Paper football", precioso tema que se adapta a la perfección a lo que pretendía explicar en el inicio de la reseña: sencillez, calidez y emoción.


Ben Bostick nos regala un disco para escuchar en la mecedora (quien la tenga), para sentirse dentro de sus melodías y dejar que nos susurren al oído, nos agiten, y no ofrezcan resistencia al sentir.

miércoles, 2 de agosto de 2017

Jason Isbell and The 400 Unit - "The Nashville sound" (2017)


Vuelve Jason Isbell dos años después de "Something more than free" con "The Nasville sound". Parece que ha establecido el ex-DBT esta secuencia bienal para ofrecer nuevos temas, cosa que es de celebrar.
Vuelve también con su antigua banda: The 400 Unit, tras prescindir de ellos en sus dos anteriores trabajos.
Desde luego, están definitivamente superados los malos tiempos, que se cebaron con el bueno de Jason tras su marcha de Drive by Truckers, y a raíz de su divorcio de la bajista de la banda de entonces: Shonna Tucker.
Su actual esposa, la violinista y cantante: Amanda Shires ha sido pieza fundamental en la recuperación del artista, y no falta su concurso en el actual disco, poniendo su voz en los coros y dejando impronta de su sensibilidad con el violín.
La producción corre a cargo de otro experto en el sonido americana: Dave Cobb, con el que tripite, y que ya ha dejado muestras de su saber hacer en trabajos de artistas como Anderson East, Chris Stapleton o Sturgill Simpson.


El nuevo trabajo de Isbell es, como cabía esperar, una colección de temas de sintonía sureña, con inspiración melódica y sobriedad sónica. No faltan elementos definitorios del género: hay guitarras, steels, secciones de cuerdas, eléctricas y miradas al crepúsculo. Pero se observa un leve distanciamiento del sur más profundo, con guiños a un rock melódico al modo de The Jayhawks o Elliott Smith en determinados momentos.
Se despega también de ciertos clichés adjudicados al sur en los textos, de clara amplitud progresista, con miradas a la igualdad y rotundo rechazo a las diferencias de clase y al racismo. Este último aspecto queda más que claro en el tema: "White man's world".
El disco muestra una mayor coherencia y equilibrio que su anterior entrega, y no se observan altibajos en su tracklist. Nos encontramos temas como la crepuscular: "Last of my kind", con letanías de steels; la preciosa balada, con Amanda Shires acompañando en la segunda voz y las cuerdas titulada: "If we were vampires"; o la preciosa pieza de orfebrería: "Chaos and clothes""Something to love" es otro tema, en esta ocasión más country, ofrecido junto a Amanda Shires que también deleita por su poso melódico, igual que la nostálgica: "Tupelo".



También hay hueco para pelotazos de esencia más rockera, como "Cumberland gab" de pegadizo estribillo, o la rugiente: "Hope the high road".
No olvidamos la excelente: "Molotov", ni mucho menos: "Anxiety", tal vez mi favorita del catálogo, una pieza de tono realista en un texto totalmente demoledor.
No suele fallar Jason Isbell, y en mi modesto entender, este año no solo no falla, sino que mejora su anterior prestación. Nos regala un disco excelente, que sin apartarse de su germen natual, busca horizontes menos trillados y oxígeno sónico.

lunes, 31 de julio de 2017

Los lunes... escenas de cine - "El nombre de la rosa"


El motivo de esta elección viene condicionado por la reciente relectura de "El hereje", última entrega novelesca de Miguel Delibes recién comentada aquí.
Todavía envuelto en el ambiente medieval, con los ecos de las inmundicias de la época, el clima húmedo de la dictadura católica y los usos y abusos de la inquisición de entonces, (hoy la iglesia mantiene esta institución, aunque adaptada a los tiempos modernos), me he acordado de esta extraordinaria película realizada por el francés Jean-Jacques Annaud en 1986.
Fiel translación de parte de la acción del magnífico libro de Umberto Eco, de tremendo éxito, publicado en 1980.
Todo en el film es acertado y muy bien conseguido: las interpretaciones de los personajes, con un excepcional Sean Connery como el protagónico Fray Guillermo de Baskerville; la caracterización de los monjes, inquisidores y gentes del pueblo; las localizaciones exteriores y la magnífica escenificación de los interiores, con una labor en la fotografía portentosa a cargo de Tonino Delli Colli; el ritmo narrativo, siempre preciso y que consigue un suspense agónico: la atmósfera medieval y siniestra... en resumen: un excepcional film.
Nos introducimos en un mundo antiguo y perverso con la intrigante historia de: "El nombre de la rosa".
¡Feliz semana!

sábado, 29 de julio de 2017

And libros by Addison de Witt... "El Hereje" - Miguel Delibes


Vuelvo a hablar de libros. Y lo hago trayendo aquí a uno de los caballeros de la prosa que más lustre y aprovechamiento han sacado de la lengua castellana. Me refiero a un castellano de pro, a un señor de las palabras, a un amante de la vida paisana y de la sencilla intelectualidad de aquí y ahora: Don Miguel Delibes.
Sentía que tenía un deuda con el bueno de don Miguel. Y es que cuando leí por primera vez a Delibes -no quiero recordar los años que han pasado desde entonces, que me enfermo- recuerdo que me llamó la atención el uso que del lenguaje que hacía el vallisoletano. Me daba la sensación de que nadie conocía más palabras en español que Delibes. Releyendo esta pasada semana su novela postrera: "El Hereje", sigo teniendo la misma sensación que en aquella mocedad mía, cuando mi vista se enganchó al entramado de palabras que constituían la raquítica historia de miseria de "Los santos inocentes".
Cuando se lee a don Miguel, el alma se va ensanchando, el cerebro fortalece su amplitud expresiva, el sistema nervioso se detiene por un momento a contemplar y el intelecto sufre una inyección de sabiduría, siempre humana en el fondo, siempre bella en la forma, como solo ocurre con los genios de la pluma y el pergamino.
Esta semana, recuperando a Delibes -una vez más- he vuelto a sentir lo que es hacer el amor con las palabras, sin protección ni temor; y resbalar en toboganes de expresión con la inocencia y la fe de un niño.


Pero vamos a comentar, someramente, una obra diferente del autor de "El camino". Aunque don Miguel había anunciado que no nos regalaría más novelas, lo cierto es que en 1998 nos sorprendió con "El hereje" (¡qué disgusto oigan!).
Sorpresa, aunque no tanto, por desdecirse el maestro; pero sobre todo por el contenido encontrado en las tripas del nuevo libro que entregaba.
"El hereje" es la primera y única incursión de Delibes en la narrativa histórica.
En ella nos sitúa en el siglo XVI. En el buque "Hamburg", el comercial y terrateniente Don Cipriano Salcedo retorna a su Valladolid natal tras un encuentro furtivo y secreto con el humanista Melanchton, continuador de la cruzada iniciada por Martín Lutero en pos de la reforma de la iglesia que acometió en 1517, año precisamente en que nació Cipriano Salcedo. El motivo de la entrevista era tomar contacto, e intercambiar impresiones con el actual líder de la reforma, actuando como portavoz de un grupo, formado en Valladolid, de partidarios y defensores de las nuevas corrientes iniciadas por Lutero. Por supuesto, estos personajes se agrupan y reunen de forma clandestina, de espaldas a la santa inquisición, que por medio del papa León X ha declarado hereje a Lutero y herética su doctrina y enseñanzas.
Desde este inicio, la acción remonta cuatro décadas, hasta el trágico nacimiento de Cipriano, que se cobró la vida de su madre. La niñez, amamantado por una nodriza: Minervina, que marcará su vida, el desprecio y rencor de un padre que culpaba al pequeño del fallecimiento de su esposa: el mediocre y egoísta: Bernardo Salcedo; y su reclusión en un internado destinado a niños huertanos, donde Cipriano adquiere sólidos principios morales e ideológicos, y donde conoce por primera vez, siendo aún niño, los principios del Luteranismo.
La novela nos narra, con la habilidad propia del autor, con su prosa plácida y hermoseada por mil bellas palabras, sus meticulosas descripciones y su fluidez castellana la consolidación del protagonista como exitoso hombre de negocios, su ascenso social, sus fracasos en lo referente al amor, con especial incidencia a su traumático matrimonio con Teo; y como epicentro de la acción, su creciente interés por temas religiosos y teológicos, que le ponen en contacto con una serie de personajes con los que compartirá ideas y reflexiones en reuniones clandestinas, siempre con el acento puesto en las ideas reformistas de Lutero.
En el trasfondo de todo ello, nos encontramos una minuciosa documentación, que hacen de la novela un magisterio histórico, y una reflexión madura sobre las clases sociales, el proletariado, el comercio, la manipulación de las ideas y los dioses, y la esencia propia del hombre: para lo noble y lo repulsivo.
Triunfo de Miguel Delibes en su última acometida novelesca, como siempre. El resultado es inmejorable: una historia perfecta y una prosa con pocos rivales a lo largo y ancho del siglo pasado, aquí y en cualquier latitud. Ya convertida en clásico, la maravillosa: "El Hereje".

jueves, 27 de julio de 2017

Slaid Cleaves - "Ghost on the radio car" (2017)


Hacía tiempo que no teníamos noticias de Slaid Cleaves. Exactamente cuatro años desde "Still fighting the war". No se puede decir que el bueno de Slaid haya cambiado mucho su posicionamiento ante el mundo y la vida. Sigue sin ver la luz al final del túnel, su visión sigue siendo más pesimista que otra cosa, y continua cantando a las frustraciones del ciudadano medio, a sus decepciones y su rutina.
Pero no es menos cierto que lo hace con un terciopelo más eléctrico que otros songwriters, lo que le da un tono rockero de intensidad justa. Y que sigue colocando cada acento, cada palabra, cada nota y cada inflexión en el lugar justo, allí donde consigue transmitir su sentir y dar relieve a sus sentimientos; allí donde son recogidos sin esfuerzo y con algún respingo de emoción, por los ciudadanos medios de USA, y por ende de otras latitudes.
Lo que encierra este disco proletario, desparramado en días grises y carreteras desiertas; en madrugadas de insomnio y amarguras cotidianas, es una nueva colección de canciones bonitas, susurradas con esa voz de gente corriente de Cleaves, pretendiendo ser un diario de el día a día; huyendo de las grandes epopeyas y sumergiendo el corazón en la pira de la vida silvestre de las gentes.


Debo confesar que no solo me gusta Slaid Cleaves, es que además me cae bien. Es el songwriter que no despelleja sus melodías con el filo oxidado de una acústica desnuda y áspera, él utiliza las enseñanzas countries de Hank Williams, los influjos rockeros del Springsteen setentero, la filosofía paisana de Woody Guthrie, incluso la sofisticación melódica del rock soleado de Petty.
Nos ofrece doce cortes, en los que su modus operandi es el habitual, pero con la emoción acostumbrada, el ambiente cercano y conocido de siempre, y los textos poéticos que le caracterizan.
Además no se aprecian altibajos, y con la luz tenue que invita al relajo y la reflexión, el cancionero se torna digestivo y embaucador.
Me parece un gran disco, el disco de un songwriter y ciudadano de mucho sentimiento y pocas pretensiones.
Destacaremos la rockera que da inicio al disco titulada: "Already gone"; la preciosa balada de melancolía concentrada: "If I had a heart", el amor roto que encierra "To be held", o la preciosa historia de enseñanza a su hijo de "Primer gray", más acorde al songwriter acústico de siempre.
Si gustan de songwriters, de poetas con guitarras, y suspiran con los pellizcos rockeros y las medias voces que cuentan lo que las tripas dictan, seguro que les gustará "Ghost on the radio car", el último disco de Slaid Cleaves.



miércoles, 26 de julio de 2017

Historias de un viajero en Viena - Un vals fantasma y vienés.


La noche ya tendía su negro manto sobre el cielo gris de Viena. Las farolas se iban encendiendo poco a poco, dando a la ciudad un encanto eléctrico y cálido que no había tenido durante toda la jornada, dominada por las lloviznas y el ceniciento tono del cielo, y por ende del aire y el paisaje.
Mi primer día en Viena había venido marcado por una atmósfera triste y lenta, que parecía retener el paso del tiempo entre sus gotas de lluvia alargadas y su muda pero impenitente brisa fresca.
El suelo empezaba a cobrarse mi insistencia en pisar sobre él con un dolor creciente que arrugaba la planta de mis pies, y una llamada incisiva y punzante me invitaba a sentarme y calentar mi ánimo con un café.
En la avenida Wollzeile, a la altura del número 10, esquina con la calle Strobelgasse, por la que venía caminando, una luz amarilla y temblorosa se proyectaba sobre el suelo de adoquines aún húmedos de la última llovizna. Miré por una ventana lateral y observé el interior de una cafetería de imponente aspecto. Giré hacia la derecha y penetré por la vetusta puerta de madera, vestida con un cristal invisible de puro limpio, y plantado en el hall, me pareció retroceder 80 o 90 años en el tiempo.
El maitre me invitó a sentarme en una mesa pequeña junto a las cinco escaleras que conducían a una altura levemente superior del local, donde una fila de sillones antiguos, de brillante madera de caoba y excelentemente tapizados en un granate taurino, discurrían en fila corrida adosados a la pared, dominando la panorámica del establecimiento. Sentados allí, tras unas exquisitas mesas de forja, coronadas por tablas de mármol blanco, los vieneses degustaban café, tartas y paladeaban el paso del tiempo, que allí parecía representar una extraña mascarada, al ritmo de un vals lejano y extrañamente conocido que parecía formar parte del mobiliario del café, junto al tintineo de tazas, cubiertos y platos.
El maitre me ofreció la carta. Lo frugal y decepcionante de la comida, invitaba a combatir el hambre con una merienda suave. Me dejé aconsejar, y en pocos minutos tenía ante mi un tazón de limpida cerámica blanca con el nombre del establecimiento troquelado sobre su superficie exterior: "Cafe Diglas".
El contenido no ofrecía un aspecto especialmente subyugante: se trataba de una especie de sopa tibia de cebolla, con un cuadrado de pan, que resultó ser un hojaldre de finísima elaboración, flotando sobre el líquido verde y humeante.
Para hacer honor a la verdad, la sopa estaba deliciosa, y el contraste con el dulzor del hojaldre ofrecía una caricia al paladar difícil de imaginar a priori. Rubriqué la merienda con un magnífico café vienes, caliente y dulce, que me beso los labios primero y jugó con mi lengua después, en lo que fue el más excitante y sorprendente juego sexual que recibía desde hacía tiempo.
Entonces, la música se elevó y un vals empezó a deslizarse, vaporoso por las dos plantas de la cafetería. Se filtraba por todos los rincones, y parecía aromatizar el aire.
De pronto, y como aparecida de la nada, una pareja empezó a bailar a mi vera. Intuía a mi espalda sus requiebros al pie de las escaleras. Nadie parecía reparar en ellos, solo yo. Me giré, y comprobé que se trataba de dos hombres: uno con rostro enjuto y rasgos de haber sufrido las inclemencias de la vida; el otro, más joven y con un cabello que caracoleaba sobre sus cejas pobladas, que parecían sostener colgados de su espesa mata negra unos vidriosos ojos tristes de color avellana.
Vestían elegantes pero desfasados trajes de lana, chalecos y corbatas de seda, y camisas de ese blanco amarillento propio de las fotos de nuestros abuelos.
El de la mirada triste, parecía consciente de que aquella era la última danza y se fijó en mi. La música parecía sentenciar al resto del local por su indiferencia, y empezó a sonar solo encima de la pareja de bailarines. Las luces se desinflaron, y un haz solitario se concentró en la pareja. Los ojos tristes y avellanados del más joven se clavaron en los míos, solitarios y sorprendidos, parecían pedir comprensión y silencio, como si implorasen que guardase un secreto.
De repente, acercó su boca de labios gruesos y ruidosamente rojos al oído de su amante, ahora sabía que era eso el del rostro avieso: su amante, y empezó a entonar con voz rota:


En Viena hay diez muchachas,

un hombro donde solloza la muerte
y un bosque de palomas disecadas.
Hay un fragmento de la mañana
en el museo de la escarcha.
Hay un salón con mil ventanas.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals con la boca cerrada.
de sí, de muerte y de coñac
que moja su cola en el mar.
con la butaca y el libro muerto,
por el melancólico pasillo,
en el oscuro desván del lirio,
en nuestra cama de la luna
y en la danza que sueña la tortuga.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals de quebrada cintura.
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados.
Hay frescas guirnaldas de llanto.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.
en el desván donde juegan los niños,
soñando viejas luces de Hungría
por los rumores de la tarde tibia,
viendo ovejas y lirios de nieve
por el silencio oscuro de tu frente.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals del "Te quiero siempre".
con un disfraz que tenga
cabeza de río.
¡Mira qué orilla tengo de jacintos!
Dejaré mi boca entre tus piernas,
mi alma en fotografías y azucenas,
y en las ondas oscuras de tu andar
quiero, amor mío, amor mío, dejar,
violín y sepulcro, las cintas del vals.


Este vals, este vals, este vals,
Te quiero, te quiero, te quiero,
En Viena hay cuatro espejos
Porque te quiero, te quiero, amor mío,

En Viena bailaré contigo


Cuando terminó la danza y el poema, la música calló, el bailarín rapsoda dejó escapar una lágrima amarilla y sonrío con amarga melancolía, besando en la boca a su pareja con el desprendido abandono del que sabe que todo ha terminado..
El maitre rompió la ensoñación preguntando si todo estaba bien.
A mi alrededor todo seguía igual que antes de aquél extraño suceso. Nadie parecía haber visto a los bailarines, ni oído el vals flotante. Volvió la susurrante música lejana y rutinaria, y la luz recuperó su jurisdicción. El murmullo de biblioteca, propio de los grandes espacios públicos de centro-Europa, se volvió un estrépito en mis oídos. La triste y extraña poesía había pasado inadvertida para todos, excepto para mi.
Di las gracias al maitre, pedí la cuenta, y busqué a la pareja de enamorados entre la bruma de décadas que oreaba el "Cafe Diglas". Todos estaban charlando animosamente. La pareja había desaparecido... o tal vez nunca había estado, todavía no lo sé.
Pagué, salí con la sensación de que escapaba de un sueño,  y me perdí con mis pensamientos, en la oscuridad, ahora total y escarchada de la preciosa noche otoñal vienesa.




El poema es, evidentemente: "El pequeño vals vienés" de Federico García Lorca. Incluido en su poemario: "Poeta de Nueva York" publicado en 1940.

Adjuntamos algún enlace de interés donde se analiza esta maravillosa composición:

https://www.poemas.de/pequeno-vals-vienes/

https://elgatoeneljazmin.wordpress.com/2014/08/07/pequeno-vals-vienes/

https://es.quora.com/De-qu%C3%A9-trata-el-poema-Peque%C3%B1o-vals-Vien%C3%A9s-de-Federico-Garcia-Lorca

lunes, 24 de julio de 2017

Los lunes... escenas de cine - "Anatomía de un asesinato".


Tal y como está el tema en este santo país, se me viene a la cabeza como idónea para hoy, una película de juicios.
Para mi la mejor es "Anatomía de un asesinato". Obra maestra del gran Otto Preminger, con un impagable James Stewart y una sobrecogedora y excitante Lee Remick. Además encontramos a Ben Gazzara o George C. Scott en el reparto, todos insuperables.
Celos, pasión, rabia.. el ser humano en fría y total encarnación ante la búsqueda de la suprema verdad. En el film hay de todo y todo muy 'a flor de piel'. Desde la sensualidad frívola y malvada de la víctima hasta la honradez sin tacha del abogado, pasando por elementos humanos de toda índole, provocadores de diversas y no siempre agradables sensaciones.
El paisaje, la atmósfera, la intriga y la música de Duke Ellington redondean una de las películas más grandes de la historia, y un drama judicial sin rival.
Volvemos a revisar la magnífica "Anatomía de un asesinato".
¡Feliz semana!

domingo, 23 de julio de 2017

Los domingos photosong - Vídeo - "La noche no es para mi"


Esta semana nos hemos enterado del fallecimiento de Pepa Villalba, la cantante del grupo de pop valenciano Vídeo. Seguramente no habrá pasado el grupo a la historia por su trayectoria artística, pero no es menos cierto que tuvieron su momento de gloria en la década de los ochenta.
Un servidor era muy, muy jovencito cuando las emisoras de radio se vieron sacudidas por el estribillo de "La noche no es para mi", mega-éxito tecno-popero y temazo en opinión del que suscribe aún en estos días.
Recuerdo adquirir el casette, y hace unos años el vinilo a inmejorable precio de su primer disco: "Videoterapia", ocasión que aproveché para dedicar al mismo esta reseña.
La escucha del Lp, un montón de años después me sorprendió, no estaba, no está, nada mal y es entretenido, además contiene algún tema de enjundia.
La triste noticia del fallecimiento de Pepa me ha hecho volver a pinchar el vinilo y escucharlo de nuevo.
Fue un disco importante en aquellos días en que este sujeto (yo) empezaba a volverse loco con la música, y lo disfruté mucho.
No volvió a repetir la banda un éxito como aquél, y el grupo acabó sus días sin pena ni gloria, pero en honor a aquellos tiempos y como homenaje a Pepa Villalba, me parece bonito y correcto traer a la foto del domingo "La noche no es para mi" de Vídeo.
¡Feliz domingo!



sábado, 22 de julio de 2017

Opera: "Il Trovatore", Ayer y hoy - No solo de rock vive el hombre.

Il Trovatore en la presente versión de El Liceu. Foto de la web de TVE.

Me gusta mucho recordar aquellos años de figurante de ópera. Primero porque era jovencísimo, y segundo porque en aquellos ensayos y representaciones se cimentó una afición y amor por un género, que perdura y que sé que jamás morirá en mi.
Repasando las fotografías, me detengo en las correspondientes al "Il Trovatore" de 1997. Inmediatamente viene a mi la imagen del último acto, con Leonora moribunda, abrazada en un intenso dúo de amor por Manrico: Ana Sanchez y Kristian Johansson respectivamente. El malvado Conde de Luna (Roberto Servile) aparecía en escena flanqueado por dos esbirros, uno de ellos yo, que se encargaban de arrancar al joven trovador de los brazos de su amada, para arrastrarle al infierno.
Lo cierto es que me tocó trabajar a destajo en aquellas inolvidables representaciones de la ABAO (Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera), en el desaparecido Coliseo Albia. También acompañaba, escondidos en una embocadura trasera, al tenor en su triste despedida a su enamorada mientras el coro bilbaíno entonaba el miserere, imposible olvidarlo.
El coro de los gitanos y la cavernosa voz de la mezzo encargada de encarnar a Azucena: Elisabetta Fiorillo, también permanecen frescos en mis retinas y oídos.


Esto viene a cuento de la representación de la ópera verdiana que anoche pudimos ver en TVE. Una producción del Liceu y el Campoamor de Barcelona y Oviedo.
Toscanini decía que se precisaba para "Il Trovatore" de los cuatro mejores cantantes del mundo. Ayer no estaban en el escenario del Liceu, eso sin duda, pero tampoco estoy demasiado de acuerdo con el tiránico director italiano.
Me pareció irregular la representación vista ayer, con una puesta en escena obra de Joan Anton Rechi basada en "Los desastres de la guerra" de Goya, a quien se le ve como observador de algunos cuadros de la acción: no me parece que estas apariciones fantasmales del genio de Fuendetodos aporten nada a la acción en ningún sentido, pero bueno. Tampoco el atrezzo, basado en un montón de sillas que cambian la morfología de su montonera para formar elementos en entran en la acción me parece nada especial, una de esas puestas en escena con elegancia escénica pero que restan relieve a la acción.
Vestuario que hace hincapié en los colores típicos del pintor universal español, especialmente en Leonora, y una iluminación con efectos tenues.



Y vamos con el desigual elenco: el barítono George Petean suena sofocado y con unos agudos velados y abiertos, tiene problemas en su momento de gloria del segundo acto y en su inicial tour de force con Manrico. Éste en cambio si me convenció: Piero Pretti posee un timbre que se adapta bien a las necesidades del protagonista, confieso que en el tercer acto me esperaba una mejor prestación en la primera de sus dos arias, "Oh si ben mio" pero sonó excesivamente revolucionada, incomprensible decisión del director Daniele Callegari, que lastra en mi opinión el lirismo y exaltación romántica del momento; en cambio convence plenamente en el aria de "La pira", dotando al momento (realiza la versión de dos tramos y no transporta el do agudo) del desespero y heroísmo necesario y requerido.
Correcta Tamara Wilson en el terrorífico rol de Leonora, se la notó algo descontrolada en algún agudo, pero consiguió acertar en los graves y ofreció matices y un bonito instrumento.
Tal vez la más convincente fuese Marianne Cornetti, entregada y dotada de un timbre de mezzo, oscuro y potente que rellena las intrincadas emociones de la gitana.
Correcto Carlo Colombara como Ferrando, hilo conductor entre el pasado y el presente; y desigual la orquesta dirigida por Callegari, muy bien el coro del Liceu.



Maravillosa partitura, título icónico y favorito personal, esta ópera es terrorífica y pocas veces se ha grabado con absoluto éxito, no existiendo bajo mi punto de vista ninguna toma de referencia.
Por destacar alguna, por si a alguien puede interesarle la opinión de un servidor, destacaremos dos de estudio que cuentan ambas, con el excepcional Manrico de Plácido Domingo, perfecto de timbre, estilo y fraseo, pero justo en los agudos.
La primera dirigida por Zubin Mehta, con la Leonora de referencia de Leontyne Price (que inmensa soprano verdiana fue la norteamericana), Fiorenza Cossotto (otra) y Sherrill Millnes.
La segunda, con mejor y más idónea dirección de Carlo Maria Giulini (tal vez la mejor lectura orquestal que tenemos registrada): en esta, a un Domingo más maduro y centrado, pero con las mismas tiranteces en los agudos, le acompaña un elenco menos inspirado: empezando por la portentosa voz, casi siempre mal administrada de la inglesa Rosalinde Plowright, la Azucena excesivamente septentrional de Brigitte Fassbaender y Giorgio Zancanaro como el conde.
Tal vez las mejores opciones las tengamos en grabaciones piratas, lo que en el rock se llama bootleg.
Empezando por la mítica grabación de 1962 en Salzsburg, con Herbert Von Karajan dirigiendo la Filarmónica de Viena, que contó con el inspirado y, esta vez si, seguro y arrasador Manrico de Franco Corelli, la Leonora nuevamente perfecta de la Price, la mejor Azucena existente a cargo de la legendaria Giuletta Simionato y el imponente vocalmente Conde de Ettore Bastianini. La dirección imapactante y de tremendo nervio del genio austriaco hace palidecer casi todas las intentonas por parte de sus colegas.



Añadiré otra toma en vivo si me lo permiten, por ser en mi humilde opinión excelente también. Esta vez el director de gran oficio Gianandrea Gavazzeni presenta en La Scala de Milan su muy italiana y verdiana lectura con las voces de la correcta Gabriela Tucci, de nuevo la excelente Giuletta Simionato, el verdiano y entregado conde del siempre grande Piero Capuccilli y el Manrico sin igual, insuperable de musicalidad, elegancia, dominio del arte de canto impuesto por el maestro de Le Roncole, siempre fiel al legato y perfecto en la afinación, aunque de timbre más seco, el gran Carlo Bergonzi (tenor verdiano sin rival durante décadas, y ahí seguimos)
Ya pueden perdonar la perorata, pero me he despertado con la escena final del Trovatore en la cabeza... y los recuerdos, y que es verano... Y que no solo de rock vive el hombre.