viernes, 14 de octubre de 2016

Traición y dolor, amor y perdón, orgullo y esperanza (I) - Las paranoias de Addi.


Un lunes de octubre de 2015, 10:30 horas (3 días después de la noche de autos).

Cuando Ulises entró en la casa con la maleta a cuestas no pudo evitar fijar su vista en el router, temía que tras tantas llamadas, wasaps e incluso mensajes por el messenger del facebook, todo ello sin contestar, el aparato hubiese acabado devastado por las llamas, no era así, seguía en su sitio con las luces verdes encendidas, la cuarta empezando por la izquierda continuaba con su habitual danza.
La persiana del salón estaba abierta y permitía que entrase la mortecina luz del otoño, tiñendo aún más de gris la estancia. Decidió acabar pronto con aquello y entro en la habitación, ésta si estaba a ocuras, con la persiana precintando de aire puro el dormitorio desde hacía horas, seguramente desde la madrugada del viernes cuando se desató el drama, tres noches y casi tres días en tinieblas, sin aire y sin ruido, como su corazón, como su cerebro. Encendió la luz, le sorprendió la cama deshecha, triste y como pidiendo ayuda, el revoltijo en el estómago le devolvió a la realidad, observó sobre la mesa una caja de preservativos con las solapas de apertura rotas, a menudo la urgencia no hace buenas migas con el mimo y la consideración, aquella caja de profilácticos pago las consecuencias de la pasión primaria que ataca a los amantes furtivos.
La tomó entre sus manos y se le dibujó una sonrisa en el rostro, una sonrisa amarga y febril, la reconoció al momento, eran los condones selección sabores que el jueves compró en el súper junto a la leche y el café.


Aquél jueves sólo pensaba en la pereza que le daba mediar casi 800 Km para asistir a una reunión que dificilmente arrojaría luz sobre el caso que tenía entre manos, de todas formas decidió recorrerlos en su propio coche, dormiría en Sevilla y volvería a primera hora del sábado con la intención de poder tomar el aperitivo con Martina y comer juntos en algún restaurante del centro, ojalá hubiese cumplido el plan tal y como lo había concebido aquél jueves mientras esperaba en la cola de la caja del súper.
Pero cambió de idea, la prontitud con que se finiquitaron las negociaciones con la gerencia de la empresa contra la que litigaba su bufete le animó a salir aquella misma tarde de Sevilla, fue un viaje de seis horas imaginando la cara de sorpresa de Martina cuando le viese aparecer en medio de la madrugada, su intención era admirar su rostro de incomprensión por el repentino despertar y besarla y abrazarla toda la noche, abrir aquella caja de condones aunque fuera rompiendo sus tiernas solapas de cartón...pero alguien se le adelantó.


Abrió el armario a su espalda, necesitaba lo más básico, camisas, camisetas, mudas, algún jersey y alguna chaqueta, la ropa que llevó a Sevilla estaba arrugada y olía a viaje en coche, al sudor del deseo contenido a lo largo de los kilómetros, decidió amenizar el doloroso acto con música, en el salón los discos y el equipo le parecían ajenos, la sensación que le invadía desde que entró en la casa que compartía con Martina desde hacía dos años era la de un ladrón, la de alguien allanando una morada con la intención de robar recuerdos, instantes y sueños para deshacerse de ellos, tal vez así el dolor desapareciese.
No se atrevió a poner un disco, se sentía como un intruso mancillando las intimidades de otro, aunque era su casa, su equipo y sus discos, y el otro salió por pies pocos minutos después que él...¿sería la primera vez?, seguro que si, Martina y Ulises son inseparables, todo el mundo lo dice...Las preguntas le torturában.
Decidió utilizar el móvil para escuchar música, mientras hacía la maleta sonaba "Una Buena Noche" de Chencho Fernández, le pareció un tema más doloroso que de costumbre, hacía apenas tres noches él también había vagado por la ciudad, viviendo su propia Buena Noche.



La parte instrumental del final del tema de Chencho se vio interrumpida por una llamada, miró el teléfono y volvió a sentir una cuchillada en lo más hondo de su ser, Martina aparecía en la pantalla del móvil, sonriendo sentada en una terraza de Las Ramblas, guapísima, era una foto que le sacó la última primavera, en un fin de semana que pasaron en Barcelona, cuando el dolor sólo correspondía a los protagonistas de las canciones tristes, tras un acto de sobrehumana voluntad dejó agotarse los tonos sin contestar.
Al salir advirtió una manta en el sofá, sobre la mesa un plato con un trozo de sandwich y la botella de whisky Bells de importación que les regalaron unos amigos hace meses, estaba casi vacía y el vaso a su lado estaba manchado por la sombra del desconsuelo en sus bordes, dejó las llaves de la casa junto a la botella y se fué con la maleta y un fuerte dolor en el pecho, dolor de congoja.
En el ascensor recordó que no se había llevado calcetines, no importaba, ya compraría por ahí, cuando estuviese preparado y tuviese donde vivir llamaría a Martina para que le mandase sus cosas, aunque esa mañana los discos, su tesoro material por encima de todas las cosas, no parecían tener ninguna importancia, tal vez así volvería a por ellas y se encontraban, aunque la idea se le indigestaba en el estómago...a veces la esperanza agarra del cuello al orgullo y entabla con él un duelo digno de titanes, no siempre encuentra vencedor esa contienda.
En el bolsillo empezó a vibrar el teléfono, Ulises empezó a temblar, igual era ella, seguía intentando localizarle...pero no, esta vez el aparato avisaba a su dueño que la batería estaba en las últimas y pronto se apagaría, ojalá se quedase sin batería su agonía, ojalá se desconectase su cerebro, su pesar, la imágen de ella en sus retinas, pensó Ulises...Y es que a pesar de todo la seguía amando tanto, y sentía que la estaba perdiendo...
(Continuará...)



4 comentarios:

  1. Relato cinematográfico, de imágenes que anticipan otras nuevas y que adivinan otras tantas secuencias terribles, desasosegantes que el autor tendrá que seguir exprimiendo para que continúen doliendo, para que mantengan la tensión hasta el final.
    Bien.
    Abrazos,
    JdG

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    1. Ya sabes que me gusta escribir cotidianidades, cosas sin importancia, osea de las que marcan de veras, con sencillez y para despistar los malos rollos ante el ordenata.
      Un abrazo.

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  2. Kaixo! intrigante primera entrega. Si así te inspiran tus paranoias, eres un afortunado.
    Muxus.

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    1. Ya sabes, cosas que se me ocurren y las escribo, paranoias o llamalas como quieras.
      Tanto como afortunado, tu que eres amiga jaja
      Muxus.

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