viernes, 8 de julio de 2016

Autoretrato inmaterial de una hada durmiente


Hay fechas de las que no se pude huir, días que apenas despunta el sol por el horizonte y ya empiezas a sentir la agobiante y nefasta sensación de la amargura que empieza a hervir en las entrañas, en ese lugar inubicable donde su ausencia hizo hueco y vivienda de pesares y preguntas envenenadas, de sueños que se pudren en la soledad de un interior que lleva demasiado tiempo retirado de sentir, buscando impermeable en lo cotidiano para no doler, anestésicos en los neones, silencio en el ruido, y tiempo en las prisas de la ciudad.
Hoy es una de esas fechas... desde antes de asumir el día como comenzado ya mis sueños me han dicho lo que me espera para hoy, hoy toca la sensación de una visión, el calor de una noche lejana, pero tan presente, un sentimiento que no volverá - sospecho - una exaltación que existe en el pasado que golpea impúdico de tanto en tanto, una plenitud que existirá en un futuro en forma de recuerdos y añoranzas por lo que no fue, por lo que no pudo ser, una certeza de que el presente esta atrapado en la fina punzada de dolor mezclado con placer que divide el ayer del mañana, el siempre del nunca, un presente que esta preso y contento de estarlo, para no enfrentarse a ciertas cosas en igualdad de condiciones, para seguir escondido en una noche que siempre será la que acompañe a un aprendiz de poeta que cada 8 de julio se tiene que conformar con rumiar su suerte...hoy toca repetir en bucle un disco de Antonio Vega, aquél disco de Antonio Vega que tanto vivimos, absorbimos, amamos...y que ya solo me permito el dispendio de pincharlo en días como hoy, días que hacen justicia a sus textos memorizados hace lustros, a sus melodías incrustadas y asimiladas, como escarificadas en el corazón.
Y el retrato suspendido en la rueda del tiempo de mi conciencia, el día que ocurrió a cámara lenta, la noche que voló, arrasando penas y mortificando angustias, calcinando malos rollos y dulcificando corazones, pacificando conciencias, regalando eternidad aunque sea por un poco de tiempo, demasiado poco.
El retrato que solo yo veo, el que ella dibujó inconsciente de la obra que creaba, el auto retrato de la madrugada suspendida en el tiempo...hoy vuelvo a ver su legado artístico e involuntario, nacido del milagro, su rostro feliz sobre la almohada, con su flequillo desordenado pegado a la frente, la sonrisa ya inmortal en mis retinas, los párpados rosados escondiendo sueños que no llegaron, que no llegarán...la luz de las farolas de la calle dotando de magia el rostro de una hada que dormía emborrachada de luz, entrega y ansia de futuro...estaba tan cansado, tan encendido que una vez más, el insomnio me hizo vivir lo que no vivo despierto, aquél 8 de julio tampoco podía dormir.
Hoy vuelve a sonar Antonio Vega y erosiono con la marea del ayer el bello Inmaterial autoretrato de una hada durmiente...que sólo yo veo, que sólo a mi me pertenece.



4 comentarios:

  1. Temazo por los siglos de los siglos para una historia que yo te he vivido.
    Abrazos.

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    1. Temazo si, ya lo creo, 9 de julio, seguimos.
      Un abrazo.

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  2. Pedazo de texto, amigo, y pedazo de tema.

    Un abrazo!

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    1. Hombre lo que pasa es que tu eres mi amigo y así claro...
      Eso si, el tema es una pasada.
      Un abrazo.

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