viernes, 29 de noviembre de 2013

America - "America", 1971. Una rica acedonia de ambrosías.


Con America me ocurre una cosa curiosa, no es la única formación con la que me ocurre, pero quizás el efecto derivado de esta situación es mas acusado es este que en cualquier otro caso.
Lo que me ocurre es que nunca me acuerdo de que existen, nunca llego a casa, después del trabajo y me digo a mi mismo, -venga vamos a pinchar algo de America...-, ¿Porque no?, me gustan, tengo unos cuantos discos de ellos y en los setenta hicieron algunos álbunes de incuestionable calidad, varios de ellos producidos además por el gran George Martin del que sobra cualquier tipo de presentación.
Cuando me los encuentro entre la montonera de vinilos, o me sorprende alguno de sus CDs que se ha mostrado a mis ojos mientras buscaba otro y decido pincharlo, siempre me pregunto porque razón no los pincho mas a menudo, su escucha suele ser agradable y en muchos casos tonificante.
No tenía ni idea de que disco hablaros en este espacio hace un par de semanas, y empecé a rebuscar y menear vinilos en busca de inspiración, de que alguno me gritara desde la estantería que él debía ser el elegido, que no podía encontrar otro que mejor se adaptase a mi estado de animo, y apareció el primer disco de los angloamericanos America, titulado como la banda: "America".


En cuanto lo vi mi animo se iluminó, claro coño, este tiene que ser, es fantástico, ligero y entretenido, digerible y lleno de virtudes, muy folk, con alguna letanía country en algún tema, además, siempre me ha parecido detectar un hechizo un pelin psicodelico.
Eran los primeros setenta, la psicodélia cotizaba a la baja pero el espíritu hippy y pacifista aún aguantaba, Crosby, Stills & Nash seguían en la brecha, endulzando el principio de la década con sus emocionales lineas tonales y sus coros de deliciosa textura, lo hacían tanto en formación como cada uno por su lado, Joni Mitchel insistía en usar sus acústicas como armamento de bendición masiva y lo mismo hacía Neil Young cada vez que tenía la ocasión, aunque este solía hacerlo desde la corriente eléctrica con que inundaba las proclamas pacifistas, libertarias y de sed de justicia, igualdad y libertad acompañado de ese tóxico sonido que emanaban los amplis de Crazy Horse.
El rock sinfónico empezaba a hacerse un hueco en el panorama mundial y estábamos en la antesala de su edad de oro, quizás no venían buenos tiempos para el sonido mas racial y embrujador de la raza americana, pero los últimos sones de la dulcificación sónica todavía no se habían evaporado envueltos en riffs hard-rockeros y los sones de triadas de guitarras southerns; aún había espació para cantar con voces de seda, para entonar con mimo, para exprimir melodías hasta que la última gota de hermosura que pudiese esconderse en sus sencillos pentagramas cayese en el vaso contenedor del delicioso zumo que posteriormente fuese filtrado al vinilo y desprendiese tranquilidad, paz y dulzura.
Y bajo Gerry Beckley, Dewey Bunnell y Dan Peek.
estas premisas fue concebido y creado el primer disco del trío formado por
Doce temas alimentan esta macedonia de ambrosías, todas ellas elaboradas sobre la intensa y delicada maceración del caldo de intensos efluvios que destilan unas guitarras acústicas de triste cadencia y brillantes colores.
Edulcorando el néctar que empapa el plato con los evocadores tonos de cremosa textura sónica que otorgan unos órganos y las refrescantes notas de unos sutiles pianos que se intercalan con tímida actitud.
El carácter duro pero de suave paso por paladar lo dan las especias de una base rítmica de cadencioso discurrir y pacificador latido con el fantástico Ray Cooper a la percusión y las ocasionales baterías de silencioso palpito de Dave Atwood,y por supuesto las intensas y emotivas armonías vocales del trío protagonista, que crean momentos de inolvidable lirismo y acariciador efecto sonoro, siempre envueltas en hermosas melodías perfectamente elaboradas y sutilmente transcritas por la ágil y apropiada producción de Iam Samwell quien en todo momento acierta con la tecla a tocar para hacer de cada momento una exquisita cucharada de la sabrosa y revitalizante macedonia que es este disco debut de America.
Destacar algún tema sobre otro en tan regular obra no sería justo pero entre los doce cortes, seis compuestos por Bunnell, tres por Beckley y otros tres por Peek en una repartición bastante justa de talento compositivo destaca la beatlemana "I Need You", hermosa y de bellos y brillantes colores instrumentales que es cantada con auténtico gusto por Beckley que además es el compositor de la misma.
Juguetón comienzo y caribeña percusión en la bella y acústica "Riverside", que es un exquisito ejercicio de canto coral y armónico, bajo la construccion melódica en esta ocasión de Bunnell.
Bunnell precisamente demuestra la belleza nasal de su timbre en la hermosa y rubricada con efectos de fina psicodelia en la parte central y final en la bonita "Sandman".



Además de estos dos últimos Dewey Bunnell demuestra su destreza en labores compositivas en la bonita y activa "Three Roses" que cuenta con un espectacular solo de guitarra acústica que cierra el tema, en "Children" donde vuelve el canto en grupo, y como no, en la megaconocida "A Horse With No Name", probáblemente el tema mas famoso de la formación que barrió en las listas de éxitos de 1971 y que supone un notable ejemplo de barroca visión del folk, realmente un tema enorme.
Además de en "I Need You", Gerry Beckley deja impronta de su clase como compositor y de la enorme belleza de su timbre en los temas por el firmados "Here", bella semblanza en la que el baritonal timbre de Beckley en convinación con la habilidad del conjunto para las partes corales dan como resultado un tema en el que el principal instrumento son las privilegiadas voces del cuarteto, bella y romántica "Clarice" cierra la aportación del texano en esta opera prima de la banda.
Tres temas firma también Dan Peek, empezando por la mas instrumental y country "Rainy Day", la cual es acompañada durante todo su recorrido por una lejana y crepuscular steel guitar y es cantada en un susurro acariciador con, como no, otra demostración de elegancia coral en el estribillo.
"Never Found The Time" vuelve a traernos los aires mas countrys del trabajo y la voz mas lírica, mayor carga instrumental y una construcción melódica menos inspirada, y cierra Peek su aportación con "Donkey Jaw" donde las guitarras crean una especie de tela de araña enredando sus sonidos en una suerte de experimento folkprogresivo que resulta un tanto denso y que es matizado con una eléctrica de sabor añejo y cálido acento.
Fabuloso albúm que es una gozada recordar y una dosis de paz y tranquilidad en estos tiempos que no corren sino que vuelan, bellas voces y bonitas melodías en un entorno acústico e intimista que siempre sienta bien tras extresses y demás historias modernas, daros un baño de paz y tomaros un tónico trago de sensualidad tonal con este "America" de America.






jueves, 28 de noviembre de 2013

Vargas Blues Band - Heavy City Blues, 2013. Más Heavy que Blues en la Ciudad.







Si la música tuviese peso, pero peso del pesado, del expresado en kilogramos o gramos o toneladas, peso real, del que se mide atendiendo a la fuerza con la que la tierra atrae al objeto contenedor de las mencionadas medidas métricas hacia sí, en tal caso, el último disco de Don Javier Vargas haría un auténtico estropicio contra la piel del planeta si lo expusieramos a esta atracción llamada gravedad.
Y no quiero decir con esto que otros discos del genial guitarrista madrileño fueran livianos precisamente, pero este “Heavy City Blues” se lleva la palma en cuanto a continente energético expresado en kilos, que coño kilos en frondosas toneladas métricas.



Y es que el título ya deja entrever lo que nos espera, la palabra heavy, que en ocasiones tiene una triste incidencia en las mentalidades actuales, considerado algo así como un movimiento que con los años ha terminado volviendo contra sí aquella actitud musical y conceptual que pretendía y conseguía expresar en sus años de mayor apogeo, resulta ahora una suerte de pose freaky y desfasada, incluso ocasionalmente infantil, injusta visión, pero que recupera en cambio aquí, toda su primigenia energía vital, y es que hay que remontarse en años para escuchar unas guitarras heavys tan limpias, virtuosas, bluseras y elegantes como las que nos encontramos en los cortes más pesados de este último disco de Javier Vargas y su gente.
Cierto que cuando se cuenta con una base rítmica que es un coctel a base de nitroglicerina y dinamita, todo ello en coctelera de plata, y nos lo sirven además agitado, no batido, la cosa es más facil, o cuando menos mas pesada, mas dulcemente gravital, y es que, repartan los ingredientes a su libre albedrío, pero los que hacen latir el corazón de los nuevos temas de Vargas son los incuestionables Carmine Appice a la batería y Luis Mayo al bajo, así cualquiera.





Las voces se las reparten dos vocalistas de excepción, Bobby Alexander las pone en seis cortes y Paul Shortino pone su sugerente instrumento en tres.
También hay hueco para lucimiento de otras imprescindibles herramientas del rock, armónica, de auténtico ensueño en la demoledora “Rock’n Roll Circus”, en la que parece que los más ásperos Deep Puple vienen a visitarnos desde el pasado, eso sí, con Glenn Hughes a la cabeza.
El hammond, genialmente pilotado por JT Garrete es brillante actor de reparto en otro de los destacados cortes, el setentero y clásico “Hush Don’t Cry”, disfrutable, con una enloquecida guitarra que a las órdenes de Javier vuela por los cables del ampli…
“Don’t Step Over Me”, es mi tema blues del disco, como amante del género este corte de incendiaria y maldecida armónica y delirante vocalidad hará las delicias de los más apegados a música del Delta.
El adictivo Jimmy (Hendrix claro), se asoma a la ácida y tremenda “Bankers Blues”, tema con protagonismo especial de la guitarra en el desempeño de todo tipo de recurso.
Blues-rock del que camina bajo el sol, recorriendo la melodía una guitarra que habla sola dejando impronta de la belleza que puede alcanzar el sonido de este sagrado instrumento cuando a golpe de pálpito bluesero grita su verdad, hablamos de “Searching for Love”, uno de los mejores temas del disco que sin duda disfrutará el siempre joven Paul Kossoff allí donde se encuentre. Enérgica y sombreada de una letanía psicodélica y más digerible en el estribillo, la nerviosa “Rolling in Trance” nos vuelve a acercar a Hendrix. también “Sin City”, con su riff de clásico Hard-Rock y su pesada, (otra vez los kilos) vocalidad es un tema que encierra cualidades disfrutables y de gran peso específico.
Genialmente revisitado el clásico de 1976 “Love Hurts”, que en su tiempo hicieron fugazmente estrellas de Nazareth, y que aquí La Vargas dulcifica sin que por ello pierda ni un ápice de su intención, el momento mas tranki del disco, y de menos atracción terrestre también.
Destacables los dos cortes instrumentales con la excelsa aportación, nada sorprendente por otra parte, de Javier Vargas a la guitarra, mimándola como viene haciendo en los más de veinte discos que nutren su discografía, el resto de la banda haciéndole una cobertura colosal, nada nuevo señores, en especial “Back to my Roots” es francamente deliciosa.
Y como los últimos serán los primeros acabamos este recorrido por la faragosa senda que es este disco con el principio, “Shake Baby Shake”, un hard-rock de feliz melodía que deja claro desde su primer acorde que lo que espera es un muestreo de hard-rock setentero, en el que los más apegados al Crossroad echamos un poco de menos algo más del sonido de Robert Johnson o Muddy pero que sin duda una vez sumergidos en el disco no nos pasará desapercibida la clase, estilo y elegancia que atesora, adjetivos de común aplicación a las sucesivas obras con las que Javier Vargas nos ha venido acariciando el nervio musical durante ya, muchos años, y que esta vez más heavy que blusero, nos recuerda que sigue aquí y dando guerra y creando música, como han hecho recientemente también Johnny de Burning o Javier Teixidor, que hacen feliz e incuestionable verdad de aquella máxima convertida en canción por otro gigante, Miguel Ríos, y que rezaba “Los Viejos Rockeros Nunca Mueren”, Amén.





Un jueves mas me congratulo en presentaros la última entrada que ha sido publicada en ZRS y firmada por mi, como os comento todos los jueves, ZRS en un fantástico blog que la mayoria conocéis y en este enlace podéis si lo deseáis leer la crónica desde ZRS, solo tenéis que pinchar aquí.

lunes, 25 de noviembre de 2013

The Final CountDown - "Billares, la JukeBox y mis primeras canciones", 04 de abril de 2012. El mágico influjo de un gran blog, en medio de unas vacaciones en Santander...toma ya!!!

Y es que hay que joderse lo que a uno le puede venir a la cabeza tras una asociación de ideas un tanto loca, fue leer una entrada de mi entrañable y admirado TwoHeadsOneBrain, amigo del que presumo por el mundo de que lo sea, y me encuentro con las neuronas sentadas de nuevo en el frió y sucio suelo de los billares de alado de la escuela, contando la pasta para que llegase para un cigarro y haciendo cabalas para decidirme por un tema de la vieja Jukebox.
El caso es que me encontraba de vacaciones de semana santa en Santander, en casa de mis hermanos Arthur y Anita y de buena mañana, mientras todos dormían sus últimos sueños y la claridad empezaba a hacerse fuerte entre las vaporosas telas que tiñen de negroazul la madrugada que despierto y despejado por la ensoñación de otros tiempos empecé a escribir un texto de, música, básicamente música, remembrante para variar en mi, y que además me sirvió para soñar despierto, soñar historias pasadas y no precisamente soñadas, pero que llegaban a mis dedos como descargas eléctricas que impulsaban a estos a desplazarse por el teclado y plasmar aquellos años y aquellos temas.
Y todo gracias al mágico influjo que causó en mi, nuevamente, uno de los mas brillantes blogeros que enriquecen la red con su sabiduría, su influjo, y el de ese manto negroazul del que os hablaba antes...


8. Billares, La Jukebox y mis primeras canciones
Publicado el 04 de abril de 2012.

El otro día, el amigo TwoHeadsOneBrain mencionó en una de sus fantásticas entradas en Necesito un Rock and Roll, en este caso a propósito de la Dylaniana "Changing of Guards", la existencia de una jukebox que fue en parte testigo y maestra inerte de su formación en lo musical en la edad adolescente.
Esto me hizo pensar que quizás todos los que contamos con unos ciertos años hayamos tenido una jukebox que nos ha ayudado a dar nuestros primeros pasos, en lo que a canciones se refiere, en mi caso así a sido.
Cuando sonaban las cinco de la tarde salíamos despavoridos, corriendo por los pasillos, frenando solo ante la presencia repentina del conserje o de algún profesor para evitar un castigo que te tuviese en la biblioteca media o una hora mas. La disyuntiva era clara, o quedarse a jugar un rato a fútbol o pasar por billares, según avanzaban los cursos la segunda opción iba ganando terreno a la primera que en tiempos era casi la única, y que terminó siendo la excepción.
Billares era la sala de recreativos que estaba al lado del colegio, el nombre no es que fuese muy original, cierto, pero el local, una sala de medianas dimensiones, con un mostrador a la derecha lleno de bollería, chuches y tabaco suelto tras el cual se encontraba la "señora", una mesa de billar francés en medio de la estancia, a la izquierda, justo en la esquina una jukebox, al fondo el futbolín y pegadas a las paredes las ochenteras maquinas de marcianos y las no menos célebres pin-balls, esta decoración, unido al hecho de que el establecimiento no disponía de nombre "oficial", nos llevo a la muy lógica decisión de llamarlo "Billares", también es cierto que todo lo que tenía de lógica la nomenclatura lo tenía también de falta de actitud creadora por parte de los que así bautizaron el negocio.
Adoraba jugar al billar, al francés, al de verdad, no al gringo lleno de bolas de colores y números que aportaba ruido y espectacular colorido, pero que adolecía de una sesuda concentración para su práctica y no aportaba esa belleza plástica y geométrica que aporta el que fue billar patrio.
Entre las máquinas de marcianos destacaba algún Space Invaders, una que tenías que ir ensamblando naves para terminar con una nave enorme que disparaba un montón de balas o una de un tipo que trepaba por un edificio y al que los vecinos se dedicaban a putear tirándole tiestos y cerrándole las ventanas para que se callese. El futbolín de toda la vida con sus pierdepaga y sus paseos por debajo del mismo cuando te dejaban en cero....
Pero la joya de la corona era la Jukebox, todavía hoy me pregunto que extraño influjo llevó a los propietarios de aquel tugurio a elegir los temas que albergaba en su vientre aquella jukebox, si los viéseis, un matrimonio, bastante pasados los cincuenta, sin ningún tipo de escrúpulos para vender tabaco a críos de 13 años, bollería que para comerla necesitabas martillo y cincel o cobrarte una peseta por darte fuego, en fin...
siempre procurábamos tener un duro para pinchar un tema en la jukebox, aquellos temas de principios de los ochenta.... ¡madre mía!...

Alberto era un tío curioso, le tiraba mas el heavy, pero tenía un hermano mayor en el insti que tenía discos de los Purple y de la ELO, y claro, aquello eran palabras mayores, Alberto hablaba de el con orgullo,
Mi hermano que controla la hostia me ha dicho que la ELO son los putos amos.
Y como en aquella jukebox había un tema de aquellos supuestos genios, pues ala!!!... A descubrir a la ELO


Hablando de heavys, los mas heavys como el Piraña y Oscar, a falta de temas de los Maiden, o Scorpions, o WASP, pues solían elegir siempre un tema de un tal Roger Daltrey, desde luego no teníamos ni idea de que el tal Roger fuese el cantante de The Who, seguramente no sabíamos aún de la existencia de The Who, y hombre, cierto que la canción molaba y tenía una cierta caña, pero heavy precisamente no era, hace años que no la escucho, vamos a ver que pasa...


Yo solía poner un tema que creo que solo me gustaba a mi, y además me sigue gustando, era un tema de un chico que era mas famoso por su padre que por el mismo, pero saco un buen disco debut, después le perdí el rastro, ahora bien, me compré antes un disco suyo que de su padre, bueno una cassette...


Las chicas solían elegir entre dos canciones, una era un tema horrendo que se titulaba "You Can Win if you Want" de Modern Talking, tema que si me lo permitís vamos a pasar por alto, pues no creo que haya demasiados parroquianos de esta santa casa que gusten mucho del tecno llenapistas ochentero del dúo alemán. El otro era un tema del gran Stevie Wonder, en sus últimos coletazos como artista de éxito masivo, aunque en su sonido se evidenciaba la influencia comercial de aquellos ochenta, no obstante me gusta mas hoy este tema que entonces.


En cierta ocasión escuche un tema de Elton John por la radio que me voló la cabeza, "I Guess That Why They Call it The Blues", a pesar de que entramos en la época mas comercial de Elton este tema me sigue maravillando. La cosa es que no se me ocurrió cosa mejor que pedírselo a la "señora" sin demasiadas esperanzas y... pumba!!! Trajo un tema de Elton John, esto fue lo que trajo...


Mi amigo Goye era y sigue siendo un loco de Barón Rojo, así que siempre pinchaba este tema de Metalmorfósis, que Dios sabe que gaitas hacia en aquella jukebox.


Pero de todas aquellas canciones hay una que fue definitiva para mi, una de las canciones mas tristes que existen por ser de quien fue y en ser la última que vio triunfar en vida, fue mi bautismo con este gigante, a pesar de que ya sabía quien era y andaba persiguiendo su discografía con su anterior banda, un tema genial que pinche innumerables veces y que me salió mas caro que si me hubiese comprado el disco. Un tema que cada vez que escucho no puedo evitar que mi mente pegue un retroceso de unas cuantas décadas a aquellas tardes, después de clase, en las que empezaban los primeros amores musicales, y también de los otros, en los que el dinero lo repartías con sabiduría entre un cigarro suelto, un futbolín y una canción, las primeras canciones, en cierto modo los primeros temas que disfrutabas en camaradería, ignorante de los muchos que vendrían después, de lo importante que serían las canciones en tu vida...
Aquellas tardes en "Billares", aquella jukebox... Bellos recuerdos.


Este post quiero dedicarlo a mi compadre TwoHeadsOneBrain ya que como digo un post suyo del pasado lunes me dio la idea de escribir este que ahora termino y con el que además lo he pasado en grande recordando viejos tiempos. Por supuesto que recomiendo fervientemente la lectura del post de TwoHeads en su magnífico blog Necesito un Rock and Roll... Bueno recomiendo este y cualquier otro post de este maestro.
http://necesitounrockandroll.blogspot.com.es/2012/03/bob-dylan-changing-of-guards.html

viernes, 22 de noviembre de 2013

The Beatles - "Revolver", 1966. Los Milagros existen...


Menos mal, me decía un compadre el otro dia, que siempres estas diciendo que los ochenta es la peor década para la música, y ambas cosas son ciertas, que es la peor década para la música, al  menos de las que servidor en su todavía distinguible juventud ha vivido, y que siempre lo estoy diciendo, aunque esto responde más a un caracter de claro tono pesadezco que uno tiene a mal de poseer de forma innata.
El comentario, lascivo y malintencionado venía a propósito de que mis tres primeras entradas en este santo lugar han tenido como protagonistas a tres discos, todos ellos ochenteros; y como la realidad es la que es y no tengo forma ni modo de despistarla, pues a asumir toca y claro, a cambiar de rumbo al menos esta semana, por narices.
Así que me puse a pensar sobre que elepé podía escribir algo, finalmente me decante por uno, setentero, agradable y de bonita portada además, que es conocido, pero no se trata del clásico manido y asimilado por nuestras neuronas hasta el rechazo por puro empacho auditivo.
Le hice unas fotos monísimas a la carátula y al vinilo, me lo pinche y lo recordé...un buen disco, hacia tiempo que no lo escuchaba...estaba todo preparado para empezar a trabajar en el texto.
Y de repente, todo se fue al carajo…¿Porqué?. porque hay cosas que son superiores al poder de la voluntad humana, momentos que son consecuencia de carambolas que de forma azarosa crean instantes, que aún durando escasos segundos, son capaces de filtrarse por tu piel y llegar cual estilete, a arañar, dulcemente eso si, tu corazoncito haciendo que tu voluntad de marcha atrás y donde dijo digo ahora diga Diego.
El tema fue el siguiente, caminaba con mi padre por la Gran Via bilbaina, allí donde confluye con la Plaza Circular, donde podemos, si queremos, ser testigos de la impúdica exhibición de especulación y consumismo, ambas venidas a menos,  representada a ras de acera y que tiene como intérpretes destacados a los más famosos almacenes de este país haciendo manitas con los bancos de más relumbrón, agarrados por el talle con uno de ellos, coqueteando con el, y al mimo tiempo haciendo ojitos, indecentemente infiel, al otro que desde la otra acera contesta con lascivos y grotescos movimientos de su boca de dorados pomos y gruesos vidrios, puerta al infierno donde entran y salen corazones, desesperados unos, ambiciosos otros, con síndrome de abstinencia de verde billete otros..., en resumen un trio de engaño y traición que se presenta indecorosamente a la vista de todos, y todos son muchos, taxis, autobuses y furgonetas de reparto, maquinaria contaminando aires y cuerpos, paces y silencios, filtrándose en las conversaciones, inundando de ruido humeante los oídos y de humo ruidoso los pulmones de los no menos ruidosos ciudadanos que andamos, vista al frente, apresurados por cualquier cosa que sin duda puede esperar, ignorando desde nuestra estresante situación todo lo que ocurre a nuestro alrededor, todo, lo bueno también.


Yo el otro día estaba inspirado porque tuve un segundo de paz entre la vorágine de gente, el estrépito de móviles sonando, o siendo agredidos sus corazones de plástico por vociferantes conciencias que entienden como suyo el espacio de paz de los demás.
No se como pudo ocurrir pero entre los silbatos de los que se manifiestan a favor de la custodia compartida, los vendedores ambulantes vociferando la realidad de plastico de sus bolsos D&G y el claxon del jubilado pijo, pero ahora menos, y que en su hoy viejo mercedes esta apunto de sufrir un infarto porque llega tarde a recoger al bus al nieto, y es que hay que ahorrar que la gestoría familir no da para tanto como antes…
En este teatro de la decepción, este monólogo de la infelicidad, este ruidoso retrato de los escombros del estado de bienestar, hoy territorio comanche del monedero, entre todo este caos se produjo el milagro.
El milagro es, de tan puro sencillo desolador, deja en mal lugar a los milagros al cadecer de esa vitola de magia que se supone tiene que tener un milagro que se precie.
Entre el sonido gutural y sombrío del ser humano actual en su existir, un sonido, como venido del cielo y perdido en la ciudad, llegó a mis oídos, (como decía Risi), una melodía de guitarra acústica que salía explulsada de un viejo altavoz posado en la acera, una  melodía que daba un toque de paz a aquella ensalada de estrépitos, a aquella locura colectiva de centro neurálgico urbano en hora cumbre, una melodía osada, osada para adentrarse en ese laberinto de espejos que es la Gran Vía a últimas horas de la mañana cuando el enfado acumulado en el personal se mezcla con el hambre del mediodía y la falta de tiempo para atender a esta, y en ocasiones, la falta de dinero para darle un capricho.


Una melodía casi kamikaze, pues nace condenada a morir minutos después desintegrada por la indiferencia general que no le da las vitaminas que el arte necesita para vivir, que no le da los motivos que la música tiene para perdurar, que no le presta lo que tiene como objetivo intrínseco una obra artística: atención.
El efecto que su llegada provocó en mi fue casi violento, de una dulce y reconciliadora violencia, como un resorte agarre a mi padre, que caminaba por la acera como si de una pista de patinaje se tratara, esquivando viandantes más tranquilos y relajados en su caminar que mi desocupado y pensionista progenitor, asiéndole del brazo le obligue a detenerse, cosa que hizo con extrañeza y alarma en el rostro, nos detuvimos en la acera, dando la espalda al músico callejero que sentado en una banqueta de playa acariciaba una vieja guitarra electroacústica, la acariciaba con mimo y firmeza, haciendo vibrar las cuerdas con determinación y fuerza, con la energía que da la desesperación, con la entrega que da la esperanza, con el sentimiento que da el amor, el, a pesar de todo, amor a la música, a la belleza, a la vida…
Después de unos segundos escuchando esos sonidos, ese arpégio magistrálmente interpretado, después de unos segundos en los que el mundo se calló, al menos en mi cerebro se callo, cual minuto de silencio en ruidoso campo de fútbol, dió una tregua a mi semana, dejando que la vida me obsequiase con unos segundos de magia, afortunado yo, que estaba en el lugar oportuno y en el momento adecuado.
Con la última nota que subio a suicidarse a las alturas contaminadas del cielo de Bilbao, tras esa nota bella y demasiado pudorosa para mostrar su sacrificio a ras de suelo ante la indiferencia de todos, decidiendo disolverse en mis oídos, mezclarse para siempre en los caudales de sangre que circulan por mi interior dejando posos de belleza en los vericuetos que rigen la memoria en mi cerebro, dejando un momento inolvidable para siempre en mi...Después de pagar al guitarrista, argentino, que contesto con un sonrriente: -gracias-..Gracias a usted, contesté, gracias por intentarlo, gracias por tocar entre la locura una melodía tan hermosa como “Here, There and Everywhere”, gracias por traer a los Beatles mas románticos a la anticlimática e indecente realidad del tráfico enloquecido de Bilbao, por depositar en los adoquines sucios de la ciudad unas gotas de pedecero pero dulce nectar.


Inmediatamente decidí cambiar al protagonista del vinilo de esta semana, este solo podía ser el portador de el tema heróico y martir de la semana, solo podía ser este Revolver que The Beatles,quienes en plena efervescéncia creativa y social grabaron en 1966, continuando con la carrera hacia la inmortalidad músical que unos meses antes comenzaron con la grabación de Rubber Soul y que aquí continuaban pero mas intensamente, con mas influencias externas y con mas introspección.
Francamene pretendeer hacer una lectura renovada y que aporte algo a lo ya dicho sobre este disco, obra angular de sus autores y album imprescindible en la historia de la música popular, es absurdo e imposible, por lo cual seré tópico y redundante pero también escueto y breve.
En Revolver nos encontramos, dividido en 14 cortes a cual mas inspirado, una amalgamade estilos y particularidares musicales, que genialmente convinadas, por unos chicos en pleno big bang creativo, dan como resultado un disco coherente, cosa increible con todo lo que se junta en estos surcos, con influencias ya claras, de la música india que traen en las neuronas de sus recientes experiencias en oriente y que de la mano de John y principalmente George, Paul no tiene ni un ssegundo oriental en su aportación, nos dejan sonidos que aportan un toque meditabundo y exotico a los rocks acidos de “Taxman”, psicodélicos de “Dr. Robberts” y “I’m Only Sleeping” y melódicos de “I want to Tell You”.
Las baladas aparecen de la mano de un inspirado Paul McCartney que tras una breve experiencia en el cine como compositor de bandas sonoras, vuelve con unos sonidos en la cabeza de un cierto alejamiento del rock y un acercamiento mucho mas evidente a la música orquestal, esto se nota en el fabuloso y soulero “Gort to Get You Int My Life” y la maravillosa balada “Eleanor Rigby”, dos baladas acusticas, sencillas pero de una belleza inconmensurable nos transportan a un paraiso sonoro: “For No One” y nuestra protagonista “Here, There and Everywhere” compiten y empatan una vez tras otra en belleza, y lo único mas luminoso que la optimista “Good Day Sunshine” es la voz de Paul.


Rock bailable y pegadizo en la Lennoniana “And You Bird Can Sing”, tema absolutamente demoledor ritmica y melódicamente. Y psicodelia, pura y dura en “She Said She Said”, “Love You To” y principalmente en la extraña pero sugestiva “Tomorrow Never Knows”.
“Yellow Submarine” es un juguete de caprichosa melodía que esta injustamente menospreciado, entiendo que es un tema con un cometido claro y que lo cumple fielmente, ¿Quien no ha cantado en una noche etílica ese estribillo abrazado a los colegas?...pues eso.
Obra maestra sin posibilidad de debate a este respecto, albúm portador de varios temas que son delicatessen y masterpieces absolutas y en el que, al menos por esta semana, me váis a permitir que destaque “Here, There and Everywhere”.
Hasta la semana que viene.



Esta entrada podéis visionarla y escuchar esta obra maestra via You-tube en el blog Comunidad del #FFVinilo, para el que tengo el orgullo de aportar sentimientos simplemente pinchando aqui, y así os dáis una vueltecita y comprobáis como los compañeros que allí hablan de discos son merecedores de toda gloria.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Gurf Morlix - "Finds The Present Tense", 2013. Para paladares sibaritas...




                    


           
El otro día uno de mis compadres mas queridos y respetados me recomendaba de forma sorprendentemente efusiva y apasionada el disco que hoy nos ocupa, “Finds The Present Tense” de un absoluto desconocido para mi Gurf Morlix, el disco, de publicación reciente, vió la luz durante este 2013 que poco a poco llega a su ocaso, y que entendía yo, al no tener ni pajolera, como se suele decir, que debía tratarse de la ópera prima del autor, pero estaba en un error, pues este hace el número, muy respetable, de ocho en su carrera en solitario, carrera que empezo en el año 2000, y que lo hizo después de una andadura brillante y jalonada de grandes trabajos con artistas tan respetados e importantes como Lucinda Williams a la que acompaño durante nada menos que 11 años y produjo dos de sus mas notables trabajos como son “Lucinda Williams” y “Sweet Old World”, otros trabajos de producción y como músico acompañante con otros grandes como mi admirado Slide Cleaves o el indiscutible Warren Zebon a quien acompaño en su tour de 1990, le avalan, participando finalmente, antes de su definitivo lanzamiento en solitario en la Ian McLagan’s Bump Band del gran Ian McLagan con quien ya había trabajado también anteriormente.


                                     


Una trayectoria intachable la de este caballero, desconocido para el que suscribe, que se encuentra en los créditos de más de uno y de dos discos que viven conmigo en mi casa, y yo sin enterarme, es más, sin ni siquiera sonarme su nombre y menos aún su carrera como solista.
Ni que decir tiene que accedí a la sorprendentemente entregada proclama de mi amigo y pinché el disco tan pronto como me hice con él, y lo hice totalmente esperanzado, pues normalmente somos de común coincidir en gustos musicales el mencionado camarada y yo.
Esta vez en cambio y tras los primeros minutos de escucha, el carazterístico diálogo que se establece entre mis oidos y mi cerebro rezaba más o menos así :
-pero que coño me esta poniendo este tipo...como pille a este cabrón le capo, fijate el petardo que me ha metido, verás ahora para limpiar las paredes y suelos de los tímpanos después del paso por los mismos de esta riada de basura…
-...hombre oídos, que todo escribano hace un borrón, a mi la cantinela esta me esta inflamando unas cuantas meninges que tenía en cama un poco patxutxas y creo que el dolor de cabeza va a ser de campeonato, pero hay que ser un poco más tolerante…-.
Resumiendo que no gustó, ni a aparato auditivo y a centro neurálgico de pensamientos y reacciones...menos mal que no solo de lógica, y orden establecido vive el hombre y las milicias rebeldes de mi ser, es decir, las células sensitivas que manda el corazón en formaciones de las que provocan latidos fuertes de corazón, de esos que hacen temblar costillas y esternón, algo oyeron que tras cruenta batalla de guerrillas con los órganos de direccion de mi ser impusieron sus intenciones, basadas en la intuición, inducida por  un par de sonidos que entraron con fuerza en su materia excitable provocando un dulce extremecimiénto, y dieron como resultado que mis músculos siguieran las coordenadas precisas para ponerse en funcionamiento y manipular el viejo y querido equipo poniéndolo en funcionamiento y volviendo a repetir el, en principio denostado trabajo discográfico, que hoy protagoniza este espacio.
No me pregunteis que ocurrió en el universo entre la primera y la segunda escucha, pero lo que en principio entró en mi interior como viscoso e insípido engrudo, lo hacía ahora como un cálido y dulce coctel de fuertes, personales y desconocidos sabores hasta entonces, un néctar de broncíneos colores, con el caoba dominando la cromática del sonido y la leche caliente endulzando los contornos de la voz de Gurf Morlix, ese vaso de leche caliente, dulce y reparador que al llegar de la calle tras un día de frío y lluvia, hace que vuelvas a sentirte dentro de tu propio cuerpo, y te rellena de dulce bienestar y reconfortante alivio.
Definir la música de este artista se me antoja complicado, incluso para quien pueda presentar como credenciales muchas escuchas de diferentes obras, por lo cual reconozco que lo que hoy intento es, cuando menos una osadía, pues con tan pocas escuchas, y únicamente de este último trabajo, lanzarme a una disertación es cuando menos una irresponsabilidad;
Pero es que no quiero dejar pasar la ocasión de recomendar la escucha, por supuesto repetida y paciente de este disco, de este precioso disco.


Disco que exige el esfuerzo de la escucha y no la oída, que exige el empeño de la concentración, album para escuchar con oídos abiertos, ojos entornados, mente predispuesta a la excitación de sus grises partículas, y reten de los elementos de la comprensión en estado de alerta.
Son varios y en principio clásicos y nada rebuscados los ingredientes que utiliza este artista americano, cimentado el sonido en una buena relación entre los miembros de ese matrimonio, no siempre bien avenido que forman folk y country, pero que aquí conviven bajo los más estrictos principios del respeto mutuo, el cariño y un decoroso ardor sentimental nunca exaltado ni violento pero tampoco salpicado de altibajos molestos que solo terminan aportando irregularidad a la obra.
El jazz, la sombra del Tom Waits más maldito y recogido en si mismo se presenta disfrazado de los tonos color madera de una sección de cuerda que huele a ebanistería de lujo, que tiene el tacto de la elegancia de las maderas nobles que hacen de suelo para los vasos más lujosos, aquellos que lucen su cristalina belleza en robustos mostradores y que contienen licores que nacen para la exaltación casi poética de los paladares más sibaritas.
La voz sugerida, susurrada y diciendo mas que entonando, proclamando una línea musical más que exaltándola, hablando casi más que cantando.
Acústicas tímidas, a las que el miedo a la exhibición indecorosa de sus virtudes les hacen presentarlas de forma discreta, en un segundo plano, entregadas al diálogo con bajos, maderas, percusiones  y órganos, dejando que la voz susurre el grueso de la materia musical de cada tema, que la emoción sea un deporte colectivo en el que el oyente es el contrincante, destinado a perder una batalla si la motivación del choque es la búsqueda de la belleza...belleza, eso es lo que sobra, momentos emocionantes, melodías asustadas de si mismas que comparten sus complejos con un sonido que no quiere molestar y por ello no sorprende, no sorprende hasta que se acomoda en tu cabeza, hasta que crea su nido de algodon en el corazón, hasta que se dedica a endulzar los sentidos que a flor de piel se entregan en paz, esa es la palabra que define la música de este disco, paz. Que se entregan en paz decía, a estos temas que se desplazan a tu alrededor dejando un rastro de embriagador embrujo del que provoca ensoñadores estados de ánimo y tiernas estampas de emoción interna y sincera...una experiencia la escucha y deleite de los temas, precisos y delicados, cobardes y desnudos de este disco de un artista que descubro con interés y admiración creciente y que recomiendo con la misma o parecida pasión que mi amigo hizo a la hora de sugerírmelo.
No entraré a aburrir con la retaila de la descripción pormenorizada de unos temas que son ellos los que mejor conocen su intrincada realidad y la explican en las salpicaduras de cada una de sus corcheas y en todos sus segundos de aterciopelados efectos sonicos en los que se combina en exquisito porcentaje lo más granado y lujoso de la música americana. Atrevéros, no os arrepentiréis.