sábado, 28 de septiembre de 2013

Esos discos que hicieron nido en mi corazón..."Tonight", (1984) - David Bowie.


¡Ay!...Los recuerdos...y todos, al menos en mi caso con su particular banda sonora...¡Canciones!...temas antiguos que para la mayoría ya no dicen nada, incluso han dejado de existir en la memoria de casi todos, pero que en mi, bueno, en mi siguen poniendo son a tal o cual recuerdo, a tal o cual beso, a tal o cual atardecer de verano, soñando...
Hace año y pico, al poco de abrir esta bitácora escribí un post a propósito de un disco que, siendo rechazado por la mayoría, cosa que sinceramente entiendo, por mi solo puede ser amado y recordado con cariño, devoción e incluso agradecimiento por lo que de magisterio para mi, supuso...
Hablo de "Give My Reggards to Broad Street" de Paul McCartney, disco que en la actualidad poco tiene que aportar a la carrera de Sir Paul, y que en su momento solo salvó del desastre el poderoso empuje que tuvo el primer single, aquel maravilloso "No More Lonely Nights", que salvó comerciálmente el elepé, para quien pueda interesar dejo el enlace con aquel primerizo post pinchando aqui.

Algo parecido ocurrió con David Bowie, y mas o menos en la misma época, tras el enorme éxito mediático obtenido por el comercial "Let's Dance" y que terminó de consagrar al británico como una brillante y fulgurante estrella mundial, presentaba, a bombo y platillo un disco, confeccionado con mas o menos el mismo equipo, con Iggy Pop colaborando, de nuevo, en la composición de varios de los temas, parecida producción y oportuno acercamiento para el tema que daba título al disco, "Tonight" de la ultramediática entonces Tina Turner, que acompañaba vocalmente al duque en el mencionado tema.
Se presentaba además el disco con el adelanto vía vídeo-clip de un poderoso y pegadizo tema: "Blue Jean", que finalmente fue el que, como ocurriría con McCartney, salvo la rentabilidad comercial del álbum.


Pero lo cierto es que el disco fue machacado por la crítica, que consideraba errado, con un pretendido acercamiento a una música mas de raíz, mas negra, con inclusiones soul y remembranzas del rithm & Blues de los pioneros, todo ello mezclado con una oportuna dosis de "modernidad galáctica" que tanto ha gustado, con buenos resultados comerciales además, al Londinense, incorporando el tema "Loving the Alien", excesívamente largo y envarado, pero buen tema, de lo mejor del elepé y que era el que lo abría además.
Demasiadas versiones, con diferentes resultados, y no siempre oportunas en cuanto a redondear un disco que termino resultando incoherente, sin personalidad, como un batiburrillo de estilos en el que ninguno daba la oportuna declaración de intenciones sonicamente al disco.
Si bien "Don't Look Down", tema soul de Iggy Pop y James Williamson aportaba cierta clase, estilo, buenas voces y sonoras y hermosas frases de viento en el estribillo, sonando muy al entonces triunfante Sting, el tema de Leiber y Stoller "I Keep Forgetting" es un desastre, perdida la frescura y espontaneidad que se le observa en anteriores lecturas, solo queda el amarrarse a una melodía bailarina y excitante que si es cierto que esta bien cantada, con ligereza y buen color, una producción popera da al traste con el fabuloso corte que en su día popularizara Chuck Jackson.
"Blue Jean" es un típico corte de Bowie, rítmico, compuesto con habilidad, en una tesitura que se adapta a las condiciones de la voz del camaleón de forma perfecta, melodía bailable, sonido fluido y digerible, interpretación canora seductora y estimulante...seamos francos, este es un muy buen y sobre todo, inteligente corte, que como he comentado, salva comercialmente este trabajo, gracias también en parte a un largo y atractivo vídeo-clip.
El soul pretende estar presente en el disco y solo en "Tonight" lo hace de forma digna, Tina Turner acompañando en la interpretación canora a Bowie, aunque ocupando en todo momento un segundo plano, sonido de Nueva Orleans en los vientos y cadencia melódica de rutinaria letanía pero que funciona, un buen tema que cierra la primera cara del vinilo.



Y poco mas destaca en este disco, "Neighborhood Thread" es un tema que pretende seguir la linea del antecesor elepé "Let's Dance", pero suena a ya hecho, y además mejor hecho.
Funk de sencilla y rutinaria aportación melódica y sónica en el mediocre "Tumble and Twirl", tema que se desinfla según avanza, sin remediarlo un estribillo que quiere pero no puede.
Fastástica versión, en mi opinión lo mejor del disco con mucho, del célebre tema de The Beach Boys "God Only Knows", con un Bowie en el papel de crooner cincuentero, dando un calor a su voz inpresionante y un tono sobrecogedor, fina y elegante, swingera y glamurosa versión de una ya de por si POM.


Cerramos este fallido disco con "Dancing With The Big Boys", donde nuevamente el duque nos quiere transportar a los ritmos souleros y funkis de "Let's Dance" que tan extraordinario resultado dieron meses antes, pero ya no es el 83, es el 84 y esos sonidos ácidos suenan extraños, incoherentes con buena parte de la oferta sónica del disco, que tras la escucha de la primera cara no te esperas estos temas nerviosos y de adictivo ritmo funky, el tema no obstante no funciona, pobre melódicamente, repetitivo y rutinario aburre y mucho, triste final para un disco flojo, fallido y no representativo de la calidad del otrora Rey del Glam, que parecía iniciar una lenta caída a los infiernos de la mediocridad tras este disco inexplicable.
Pero que queréis que os diga, este mediocre disco es el que a un servidor le sirvió como presentación de ese artista que durante los siguientes años tanto me hizo sentir, disfrutar y excitarme rebuscando entre sus vinilos en la sección de discos de El Corte, que tantas horas me tuvo buscando el mejor precio para tal o cual álbum, que tanto puso a prueba mis nervios con la adictiva escucha de las primeras caras de dichos vinilos, con ese terror patológico que daba la cara B, porque ¿Y si no era tan buena como la A?.
En definitiva, que es, como "Give My Reggards To Broad Street", y otros muchos discos que hicieron nido en mi corazón, y que por mucho que pasen los años, y que estos me doten de canas, arrugas y sabiduría, esta con cuentagotas, y que esta última me escupa la realidad a las orejas, no puedo evitar que el cerco que ha creado cada unode estos discos en su esquinita de mi patata pese en mi nostálgico modo de escuchar ciertos discos, ciertas canciones y finalmente me tenga que rendir y decir ¡Ay!..."¡Esos discos que hicieron nido en mi corazón!!!"

viernes, 27 de septiembre de 2013

The Delta Saints - "Death Letter Jubilee", (2013).


A veces la voracidad no solo nos empacha sino que nos ciega e incluso nos vuelve sordos. Eso es lo que nos ocurre, o mejor dicho, me ocurre a mi, no quiero ni debo generalizar, pues esto no es correcto y menos aún justo como todos sabemos, no obstante en mi caso, es así, la voracidad me vuelve sordo.
Y me refiero a la voracidad melómana, esta en la que vivo embuido desde hace tiempo, descargo mas música de la que puedo escuchar, por lo cual acabo empachado, pues hay ocasiones en las que mirar el disco duro da empacho, cuando no ganas de expulsarlo todo cual vomitona intelectual, que como en todo buen empacho no llega, negándonos el deseado desahogo.
También me quedo ciego, pues siempre hay algún disco, algunos sería mas exacto decir, que ni siquiera ves, escondidos entre nombres mas rimbombantes, brillantes o familiares, durmiendo el sueño de los justos, sueño del que alguno presiento nunca despertará.
Y sordo, si sordo, pues en el ansia por comenzar la escucha de alguno de esos discos rimbombantes, brillantes o familiares a los que hacía referencia en el anterior párrafo, los oídos se taponan imaginando con su ciega forma de imaginar el disco que esta presto a sonar cuando acabe el presente, que simplemente se pierde en el espacio viciado de incienso de mi cuarto, cuarto muchas veces de los horrores...El caso es que termina el disco sin haber sido escuchado por nadie, y me viene a la mente el dilema de Nietzsche...Si un disco es reproducido por un aparato, pero nadie esta ahí para escucharlo...¿A sonado???
Esto me ocurrió hace unas semanas con el disco que ahora me ocupa: "Death Letter Jubilee" de los sureños The Delta Saints, disco que sonó un par de veces sin ser escuchado por nadie, por nadie a pesar de mi presencia dentro de las mismas coordenadas espacio-temporales que el aparato que lo reproducía, pero ajeno a las coordenadas psico-sensitivas precisas para valorar, positiva o negatívamente cualquier tipo de expresión artística, artística y expresión en general.


El caso es que por casualidad y gracias al MP3, aparato que no suelo utilizar demasiado, pero que el otro día, en plenas vacaciones metí en el bolsillo de la camisa para que amenizara un agradable paseo que decidí dar por Bilbao, y allí en el menú se encontraba este álbum...
- Coño, voy a darle una oportunidad a este disco, creo que lo escuche un par de veces y no me dijo nada...- ¡Falso!, lo pinché, pero no lo escuche...paseando por Bilbao, entre ruidosos coches, niños mas ruidosos aún jugueteando por el Campo Volantín y madres todavía mas ruidosas desgañitándose con los pequeños monstruos, corriendo tras ellos, bocata de chorizo en ristre... en este, en principio desfavorable ambiente, deguste, como si del bocata de chorizo que se cimbreaba delante mío se tratase, en infantil paladar y propicio horario para la merienda este trabajo que hoy traigo aquí.
Y descubrí un disco sorprendente, (en que estarían pensando mi cerebro y mis oídos los días de autos...), amalgama de músicas americanas de sureño aroma, que entre guitarras dotadas de enérgica disposición y gemidos de intimo y sutil carácter soulero recreaban piezas de racial actitud, de egregio sentido americano y de rotunda fortaleza blusera.


Blues, rock, soul, aires del Delta, incluso notas provinientes del Hardrock mas Zeppeliniano se dan cita en los surcos de este febril disco de rotundo sabor sureño, caliente como la tierra que bajo el sol de Mississippi sufre las ardorosas consecuencias de una vida al raso, desafiando al sol y a la brisa ardiente que arrastra el mítico río en una conjunción de música y alcohol que hace sentirse invencible a quien bajo esta nebulosa tiene la extraña fortuna de vivir.
No hay tregua, y una vez que te sumerges en el mundo onírico y calenturiento de la música que escupe esta joven banda, no hay escapatoria...estas atrapado por el fuego que golpea los oídos, fuego proviniente del infierno de la mas enfermiza erupción blusera con que empiezan cortes como "Chicago", mas profunda que las raíces del mas antiguo roble de Alabama, "Boogie", armada con una guitarra y una letanía de armónica que parece esculpir el ardoroso aire del desierto, haciendo sudar al mayor lagarto rockero que de anfibio del blues se precie, o la mas oscura e inquietante "Sing to Me".



Mas festivas calenturas nos aproximan a la Sodoma y Gomorra de la perdición rockera en temas como "Liar" o la grandiosa y Nueva Orleansera "Death Letter Jubilee", tema de efervescencia diabólica y decadencia de liturgia casi profana.
Oscuras letanías nos encierran en una espiral de localidad nocturna y casi terrorífica, presentimientos mas que sentimientos escondidos en las tenebrosas dunas sonoras de temas como "Jezebel", "From The Dirt" o la sobresaliente "Old Man".




"Jerico" cierra un álbum de alta temperatura, de bucólicos delirios recordándonos a los inolvidables y también ardientes Screamin' Cheetah Wheelies, con un final de auténtica pesadilla sonora, un tema tremendo, impresionante y desgarrador en toda su sureña intensidad.
Acústicas mas Stonianas en "Out to Sea", fantástico folk-blues de fuerte y concentrado alimento lírico, el rock and roll de corte mas clásico de "The Devil's Creek" y la oscura y litúrgica repetición de "River", una suerte de soul proviniente de lo mas íntimo del núcleo del pecado, y que en menos de dos minutos desplega todo su poder de oscurecer el alma del oyente.


Disco de obsesiva y desafiante actitud sureña, con todos los tópicos que dan brillo y bruño a las leyendas y creencias que de la tierra nacieron y que por el aire en cadenciosas voces fueron cantadas a lo largo de los cálidos veranos de largas y ardorosas noches en las que el sueño escondido en el fuego del verano se oponía a hacer su aparición propiciando la búsqueda de la verdad en las gentes del sur, que optaron por la atractiva melancolía de las historias de fuego, demonios y amores perdidos, héroes de leyenda vendedores de almas y tahúres asesinados tras la última trampa y cuyo espíritu aún vaga en las noches buscando su baraja del tarot...
Disco apasionante e inyectado en fuego y alcohol que hará las delicias de todo aquel que ame la música que desemboca en el delta que vio nacer a Robert Johnson...
Si os pasa como a mi, abrir los oídos, no hagáis como yo, y preparados para una exposición a todas las maldades que del centro de la tierra, y en forma de estupendas canciones, os contaminara el alma este disco de los prometedores The Delta Saints.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Elliot Murphy * "It Takes a Worried Man", (2013), El Trabajo bien hecho.

Con 64 años, muy bien llevados, a sus espaldas y con 40 de carrera en las piernas, Elliot Murphy puede decir que tiene y debe tener, la satisfacción que da saber que el trabajo esta hecho, y es mas, esta bien hecho.


Y es que no todo el que se mueve por este negocio puede presumir de llevar tantos años manteniendo una trayectoria que si bien, como es lógico, ha tenido sus altibajos, nunca se ha detenido ni ha quedado atorada en el fango, y siempre ha terminado saliendo airosa, culminando alguna mala temporada con la rubrica de un buen disco que ha devuelto las aguas a su cauce.
Elliot además ha hecho sus pinitos como actor, y también como literato, hombre inteligente y culto, el rock and Roll ha sido, como el ha dicho en mas de una ocasión, una adicción, pero una adicción tratada con respeto y cariño, manteniéndose siempre en las primeras filas de esa segunda linea de artistas que han observado a los grandes desde la barrera, y que solo en contadas ocasiones han saltado al ruedo para hacer alguna demostración como espontáneos, o incluso invitados por el primera espada ha participar de tal o cual faena como subalterno, pero volviendo siempre a su cómoda localidad de barrera, hábitat natural de mucho artista talentoso y brillante que ha decidido hacer sus paseillos en las plazas de pueblo, mucho mas modestas y cálidas, y ante novillos en lugar de toros, pero destilando una elegancia y saber hacer que no siempre se ve en las grandes plazas de primera ni ante poderosos Victorinos.
Este tipo de artista es Elliot Murphy, artista de natural talento y afable carácter que en los cosos mas pequeños, con el calor del aliento del publico calentándole las manos, es donde se ha sentido mas torero que otros con los focos encima de ellos, pero con el publico, lejos, muy lejos.

Gaspard Murphy

Y esta calma se siente en el pulso de los temas que jalonan su último disco, un disco en el que su hijo Gaspard, (tan solo 22 años y un fenomenal trabajo) vuelve a encargarse de la producción, y para el que ha ayudado al progenitor a bajar del desván la stratocaster, quitarle alguna telaraña, ponerle cuerdas nuevas, afinarla y darle una capa de electricidad a los temas que para este elepé el bueno de Elliot ha parido en una suerte de alumbramiento sereno y silencioso, calmado y amable, con la tranquilidad que da el saber que el trabajo esta hecho...Esta bien hecho, y la fantástica labor de Gaspard de echo, así lo atestigua.
Y es que el disco exhala calma, tranquilidad y generosas dosis de elegancia melódica, virtudes que si bien son típicas en el neoyorquino afincado en Paris, lo cierto es que aquí suenan mas luminosas, debido a la electricidad que es la principal novedad del disco y de la llegada a los controles de Gaspard.
Padre e hijo caminan, acompañados del inefable, (por muchos años espero) Olivier Durand y el resto de los The Normadny All-Stars, caminan digo, marcando el paso, un paso firme, acompasado y que denota un apacible paseo por el sendero del rock clásico, de textos literatos, de sonidos de plástica magia sónica, de melodías de firme construcción, todo dentro de la sencillez, la economía de medios y los principios básicos que han sido el leit motive de la carrera de este gran songwritter que es Elliot Murphy.


Un ramillete de once temas alimentan esta última entrega del neoyorquino y que se mueven desde el country-folk de bella traza melódica y vivo ritmo de "Worried Man Blues", que cabalga al abrigo de las acústicas de Elliot y su fiel escudero Olivier Durand, pasando por la fina y edulcorada guitarra eléctrica que da entrada a la melodía ágil, vivaracha y segura de si misma de la fluida y pegadiza "Angeline".
Un comienzo mas country, tenso y estirado en la acústica que enseguida vira a un ritmo pausado de ortodoxa oferta sónica desembocando en un bonito y lírico estribillo en la amable y agradecida "Little Big Man", "Murphyland" es una mirada a sus últimos trabajos, aquí al hijo, aunque aventajado le toca obedecer al padre, y son las acústicas las que apuntalan este fabuloso y animoso rock, con aporte eléctrico en la parte instrumental, otro agradable y plácido tema.
Vuelta a las bellas lineas melódicas, a la calma y afabilidad canora por parte de ese hombre tranquilo, que canta con los nervios tranquilos, confiriendo a su voz el tono de la tranquila madurez y feliz desarrollo del próximo sprint final que da el trabajo bien hecho, todo esto destila la preciosa "The You Start Crying", y algo parecido, pero mas campero, mas crepuscular y country en la árida y cálida "I Am Empty", que según va creciendo va subiendo en intensidad eléctrica para terminar con un tranquilo pero descarado punteo guitarrero, un gran corte.
"He's Gone" es un tema que huye de pretensiones y tensiones para relatar su historia dentro de parámetros de ortodoxia sonora y belleza melódica, un corte típico, hermoso y fluido, "Day for Night" es un nervioso tema de texturas rockeras y vivo palpitar rítmico, con enérgica puesta en escena sonora, un disfrutable y activo corte.
Placidez, paseos, flores en primavera...Nuevamente la amable contribución a la música de un hombre tranquilo, sereno y feliz, que incluso nos regala retazos soul en este afable corte que se titula "Little Bit More" y que suda paz.





Aires sureños, evocativas sonoridades countrys y coros de calmada sonoridad adornan la fabulosa y nuevamente tranquila y apacible "Eternal Highway".
Y nos vamos con "Even Seven", las primeras notas de piano del disco abren la propuesta de este tema, oscuro, como fuera de contexto, mas agresivo, a pesar de su lento caminar melódico y su apacible desgranamiento vocal por parte de Murphy.
Fantástico disco, similar a sus trabajos mas acústicos de los últimos (varios) años, pero con un trabajo fino, sutil y elegante en las cuerdas eléctricas de la fender stratocaster de Elliot, que Gaspard sabe controlar para que en ningún momento creamos estar ante otra cosa que no sea un disco de Elliot Murphy, quien nos ofrece once temas amables y afectuosos, cálidos y hospitalarios, un disco que se escucha con calma, sin grandes subidones, con los ojos entornados y recibiendo paz, la paz que exhala un hombre que esta haciendo música con los amigos y con su hijo, con una vida plena, mil motivos de orgullo y mas aún de satisfacción...La satisfacción del trabajo bien hecho.


Pokey Lafarge - "Pokey Lafarge", (2013) - Imposible indiferencia...


Jack White debió pensar que este chico, joven, 29 años, tenía "algo" cuando decidió, sin pensarlo ni un minuto, incluirlo en la nómina de nombres que, bendecidos por el benerable maestro, graban en su sello Third Man Records, y bajo su protección, y al amparo de su nombre se pasean por el mundo musical demostrando la mas que probada habilidad y talento del Sr. White para encontrar artistas que saben bucear con talento en aquellas aguas menos contaminadas del pasado.
Y de pasado sabe este muchacho que, originario de la ciudad de San Luis, Andrew Heissler, que así se llama realmente este joven y talentoso artista, desde la adolescencia siente la llamada del pasado, el apego a las amarillentas fotos de años pretéritos, primeros planos de mujeres enfundadas en faldas de saco o de caballeros con anchos pantalones bombachos y tirantes, prestos al refrigerio que después de una mañana de golf bajo el sol de Nueva Orleans pide el cuerpo con insistente reclamo en el árido paladar.
Atraído por ritmos, que en unos tiempos tan pretéritos, los bailaban los ancestros de nuestros padres, a duras penas quedaron grabaciones que atestigüen la verdadera destreza de unos músicos, los de aquellas coloristas orquestas, que alegres y nómadas dejaban tras de si un rastro de brillantina y el tóxico goteo del prohibido alcohol de alambique oxidado y clandestino que se echaban al gaznate aquellos hombres y mujeres de vida alegre, ignorantes de la guerra que se avecinaba y que cambiaría su vida para siempre...y el devenir del mundo también.
Porque es que hablamos de los años 20, de antes de la guerra en Europa, de cuando Elvis no era ni un proyecto, de cuando los megáfonos sonaban en los salones forrados de terciopelo de vivos colores, y que eran habitados por las alegres meretrices de la época, únicas que se los podían permitir, dando ritmo y latido a las lascivas y etílicas miradas de sus enamorados y paganos amigos, quienes al ritmo de aquellos ritmos hoy resucitados por Lafarge, bailaban toda la noche, huyendo del desolador y frustrante sentido de culpabilidad que afligía a sus esposas cada vez que se despojaban de su atenazante exceso de virtud y daban un respiro a las aspiraciones fisiológicas del marido que con la luz apagada intentaba imaginar el cuerpo de su mujer.


En la música de Pokey Lafarge se recoge de este sendero del tiempo toda suerte de música, ritmos y sones de vetusto color sepia: swing, bluegrass, folk de la época, jazz Dixieland, country de callada ferocidad, incluso charleston...sonidos provinientes de los funerales de Nueva Orleans, aquellos que entristecen el acercamiento del muerto al cementerio con vientos quejumbrosos, plañideros y oscuros, y que tras consumarse el entierro y quedar el cuerpo como pasto para gusanos, lombrices y demás bichos de buen paladar, se regresa la comitiva borracha y bailona, siguiendo a la banda, que al ritmo del endiablado influjo del jazz mas bailable y desenfrenado, sudando alcohol los metales y exhalando azufre las maderas, bajo la manipulación mágica e infernal del rey de las tinieblas.
Imposible por tanto quedar indiferente ante esta amalgama de estilos que son destilados en alambiques de nueva cuña, con visión contemporánea pero vestida de uniforme confererado, y encuadrado en la mas vintage imagen y respiración que imaginarse puede.
En cambio las melodías son ricas en matices, de buena construcción, los ritmos refulgen en las venas gracias a su autenticidad, a su franca disposición de resurrección sónica de muchos de los ritmos que ya creíamos perdidos pero que este joven recupera para la causa y que demuestra que siguen vivos si se interpretan con viva intensidad y esperanzada actitud lírica.


Y sirve este último disco que lleva poco mas de tres meses en el mercado para comprobar que la indiferencia no va a comandar la aventura que os aseguro es adentrarse en un disco de Pokey Lafarge, sorpresa, extrañeza y finalmente interés son los sentimientos que abordan al oyente en un principio...después puede gustar o no, pero nadie creo que pueda quedar indiferente ante la propuesta de este disco, fantástico disco en mi opinión, refrescante, evocador e inspirador... supone una bocanada de aire fresco en las últimamente demasiado almidonadas producciones musicales, que suenan como deben, con producciones a la carta, y con sonidos de pret  a porter.
No voy a comentar ningún tema de los 12 que alimentan esta vuelta al pasado que es la música de este interesante, talentoso, osado y creerme, grandioso artista que es Pokey Lafarge, intuyo mucho mas interesante que cada cual entre, virgen y desnudo en el viciado aire de los olvidados clubes de jazz de Baton Rouge, que deje que la brisa acariciadora del swing interpretado por la orquesta del último vapor que surca las aguas del Mississipi, despeine la cabellera dejando que la moda local de la época esculpa en las cabezas los peinados mas acordes para bailar jazz, o llorar melancólicas historias de bluses del Delta...
Atreveros...no quedaréis indiferentes ante este disco, diferente, sorprendente y endiabladamente bueno, luego, es lo que toca, viajar hacia atrás en el tiempo en busca de los primeros discos de Pokey Lafarge.







Este post ha sido publicado en Zeppelin Rock Sabbath, y como todos los miercoles, os podéis pasar por allí y leeis uno de mis ladrillos un día antes que en casa y lo que es mejor, os dáis un paseo por ZRS que os aseguro que os gustará...Si alguien quiere leer este artículo allí ahi va el enlace...

lunes, 23 de septiembre de 2013

Discos Menores de Artistas Mayores - "Goats Head Soup", (1973) - The Rolling Stones.


Seguro que alguna vez me habéis leído la siguiente frase, repetida habitualmente por mi: "Los Zeppelines no son la mejor banda de la historia porque existen los Stones"...
Bueno, pues esta frase, que suelo repetir cuando la ocasión pone a propósito su conveniencia, la pienso con toda franqueza, es por eso raro, y lo es sobre todo para mi, que hasta hoy esta banda, The Rolling Stones no hayan sido aún estrellas brillando bajo los focos de la pista central de este circo, pequeño y humilde que es Rock and More By Addison de Witt.
Y mas curioso es aun el motivo por el que van a debutar en dicha pista tras tanta espera, y que no es otro que expresar la constatación de que "Goats Head Soup", undécimo disco de los londinenses, es uno de los álbunes mas maltratados de la historia de este negocio que es el rock and roll, cuando pensé en abrir este blog con la cabeza repleta de ideas que, iluso de mi, creía novedosas y brillantes, una de las que mas me apetecía era esta de "Discos Menores de Artistas Mayores", y fue el caso particular de este disco de Sus Satánicas Majestades el que inspiro en un servidor esta sección, después han ido pasando otros discos que viven, o han vivido esta injusta situación y sin embargo este, que en principio iba a ser el primero se ha ido quedando escondido tras la columna de "El próximo...el Goats..."



Así hasta hoy, y hoy llega "Goats..." a este espacio gracias a otros elementos motivadores, mas exactamente al respeto que hacia mi amigo Mansion profiero y al que el otro día, en una entrada sobre este disco en Facebook, le prometí que finalmente y tras reconocer que lleva un retraso intolerable lo haría este finde. No obstante mi amigo esta desgranando en su fabuloso blog una serie de articulos sobre la banda de las bandas que es imprescindible, asi que, aunque imagino que todos conocéis la queli de Manion, por si alguno esta cometiendo el dislate de no visitarla aquí el enlace a tan celebre lugar.
Y como lo prometido es deuda, sin mas dilación empezamos con el porque "Goats Head Soup" es, o ha sido, injústamente considerado como disco menor.
Entiendo evidente que la aparición de "Goats Head Soup" el 31 de agosto de 1973, es el mayor problema con que se ha encontrado este extraordinario trabajo, pues tras una gira en la que los Stones tocan, ya no el cielo, sino que llegan a salir a tomar potes con el mismísimo Dios, donde su popularidad llega ya a todos los rincones del planeta, momento en que además son requeridos por la prensa amarilla y couché, en especial Jagger, su relación con Ivanca es portada en toda revista de peluquería de la época que se preciase de ser mínimamente vanguardista, e incluso el vestuario de la banda empieza a cambiar, a dar paso a los Armani y Versace para dejar olvidados en los oscuros rincones de los armarios de cualquier hotel de 5 estrellas los jeans raídos y amenazantes que hasta la fecha pertrechaban y daban cobertura a la actitud rockera de Keith y compañía.
Y esto unido a que la rachita de discos consecutivos que venía facturando la banda en los anteriores 5 años era...¡Joder como era la rachita!!!, que os voy a contar que no sepáis, ¿Ha existido alguna banda que haya facturado 4 discarracos seguidos, como lo grabados por los Stones entre 1968 y 1972?...Sospecho que no, intuyo que nadie ha tenido una racha de continua inspiración artística de tan alto octanaje como la experimentada por Stones durante esta época...
Hablamos de "Beggars Banquet", (1968), "Let it Bleed", (1969), "Sticky Fingers", (1971) y "Exile on Main Street", (1972)...¡Joder!, acompañado de lo anteriormente comentado en cuanto a su creciente fama mediática y amarillenta, y sumado a que los espectáculos en directo empiezan a alcanzar cotas de afluencia de público masivas, y que además empiezan a adoptar el concepto espectáculo visual unido al puramente musical, revolución que lideran los de Jagger claro...¿Que disco hubiera respondido a las expectativas y hubiera colmado el voraz apetito de una industria que no paraba de darse ovíparos banquetes cargados a la cuenta de la banda?
Ninguno, era imposible mantener estos niveles generales de gloria, porque ya no hablamos de éxito, hablamos de gloria, hablamos de un estado irreal, de una suerte de limbo que alquilado por la parte ejecutiva del negocio permitió a la banda mas grande del mundo exibir su arte y su glamour, en algunos casos sucio y desarrapado glamour, desde un escenario mas cercano al cielo que al infierno, que es a donde se supone pertenece la música nacida de las entrañas, negras como el carbón de Mick y Keith...
Esta negrura queda latente en los primeros acordes de guitarra de "Dancing with Mr. D", tema apocalíptico, que camina por el oscuro y yermo sendero de una tonada blues-boogie que nos lleva a un estribillo de diabólicas connotaciones, "Bailando con Mr. D", todos sabemos quien es el señor D...Mick tirando de marketing como solo los líderes inteligentes y oportunistas como el saben hacer, facturando eso si, un magnifico tema, como magnifico es también el segundo corte del disco, el estupendo "A Hundred Years Ago", tema de corte Stoniano típico y redundante en guitarras que suenan a pecado, expresividad única en teatralidad y actitud por parte del mayor frontman de la historia, y rollingstonismo resbalando por los costados del vinilo cual viscosa grasa venenosa al transcurso de este tema indispensable...
El inolvidable, pero medio olvidado Ian Stewart abre con su piano el "Comming Down Again", balada cantada con contención casi animal por parte de Mick, que le da un color a su voz que parece salida del interior de la tierra, un tema sorprendente que no tiene nada de menor, y si de mítico.
"Doo Doo Doo Doo Doo (Heartbreaker)" es un tema adrinalítico, de ritmo incesante, magnifico trabajo en las guitarras de Taylor, (importantísimo en estos momentos su trabajo a las seis cuerdas), su clase aún se echa de menos en la banda, y en esta grabación con un Richards desaparecido en el combate de la heroina, tiene que redoblar esfuerzos para completar las guitarras de la banda, cosa que hace de forma sorprendente, ávida en los riffs y blusera en los solos, insisto un trabajo sublime que en este divertido y eléctrico tema queda muy de manifiesto.
El primer single del disco fue "Angie", precioso tema acústico sobre cuyo texto y su protagonista se han escrito ríos de tinta y aún no sabemos a ciencia cierta quien coño es Angie, parece que una grupie amiga de Bowie pero no sé...bueno, da igual, posiblemente la balada mas famosa de los Stones y ¡que coño!...un precioso tema, lírico, intenso y emocional en el que Mick vuelve a demostrar que muy pocos tienen cantando rock, el animal voraz y domesticado al mismo tiempo que el tiene en las entrañas, legendaria, una puta obra maestra.



El blues mas John Lee Hooker, nos arrolla...y nos tiene que pasar, cuando paseamos nuestros cansados huesos por las vías, oscuras y desoladas, a las afueras de la vieja y siniestra estación en la que los ferrocarriles llegan cargados de blues ácido y cansado de existir; "Silver Train" es uno de esos trenes que de medianoche aparecen sin luces pero con ácido y adictivo ritmo, elevando la demoníaca armónica de Mick, que en conjuncion con las slides ardientes de Taylor se elevan decimos a la superficie terrenal, en su tránsito directo desde el averno...estación de partida de todo blues que se precie.
Confieso que "Hide Your Love",  a pesar de contar con un trabajo a las seis cuerdas excepcional por parte del omnipresente Mick Taylor y una letanía de piano de Stu de autentico maestro, además de las virtudes conocidas del resto del elenco, me aburre, me resulta redundante y machacona, termino desconectando con ella, esa es la diferencia con las anteriores entregas...
Relajada y sin grandes aspiraciones se muestra "Winter",  un buen tema, de ágil discurrir y buen trabajo en la base rítmica, donde la banda se hace reconocible a si misma y se siente segura, en un coto privado que antaño se construyeron a si mismos, buen tema, pero no de los mejores del album.
En mi opinión el siguiente es el peor corte del disco, aburrido, lineal y desequilibrado, algo no funciona en "Can You Hear The Music", ni los coros del estribillo, ni el sonido, intrincado y zigzagueante, un tema menor, definitivamente sobra esta canción en este disco, y su incursión no sirvió precisamente para elevar el valor del album, una pena.


Y cerramos este extraordinario y durante años maltratado disco, (ahora empieza a recobrar crédito y serle entregado lo que durante décadas se le ha negado), con un homenaje a Chuck Berry, al rock and roll sudoroso que enerva la piel salpicando a quien se le acerca de adrenalína mezclada con tequila, o wisky, "Star Star" es una canción que nace para ser bailada, sudada, vivida...incluso si es necesario vomitada en una catarsis de ritmo rockero irresistible para los corazones contaminados por este virus maligno y dulce, que es el rock, el rithm & blues...Cerramos la crónica moviendo el culo señores, enchúfense este tema en vena y cuentenme si se pueden estar quietos.
Nada de disco menor, un gran disco, no es una obra maestra... pues no, pero no anda tan lejos como nos hicieron creer los que creían que un "Exile..." era posible todos los años...
El que este libre de pecado que tire la primera piedra...veremos cuantos genios de la actual e informática generacion tira una piedra que tenga las doradas y geométricas formas que tiene esta roca caliza que es "Goats Head Soup" un tremendo disco que editaron The Rolling Stones el 31 de agosto de 1973, por suerte para todos.

PD: Este post esta dedicado como digo a mi amigo Hector, Stoniano de lujo, Beatlemano de excepción, Lou Reediano pasional y Costellero adictivo y emocional...
La existencia de esta entrada es gracias al entrañable dueño de la Mansión, gran blogero y como muchos sabéis mejor persona aún...

domingo, 22 de septiembre de 2013

...And Teatro by Addison de Witt - "El Credito" - Teatro Arriaga, Bilbao, 21/09/2013.


Quien le iba  a decir a Gregorio, (Carlos Hipólito),  un señor, como diría Sabina, ..."muy serio, muy calvo y muy formal...que va a misa el domingo y fiestas de guardar"..., que estaba a punto de meterse en un lío de desternillantes consecuencias, en el momento, rutinario, probablemente ritual de colocar la foto de su familia sobre la mesa de su despacho, cosa que hacía, mecánicamente, cada mañana antes de que abriese las puertas al público la sucursal del banco que dirigía, y que lo hacía con un sentimiento de recta y severa iniciativa  profesional, iniciativa basada en la terca obediencia a las mas elementales normas bancarias, dando la espalda a cualquier posibilidad de actuación flexible o excepcional nacida de la compasión, el entendimiento humano de un problema trascendente o simplemente la premoción.
Es que nadie en sus cabales daría un euro por  un tipo como Antonio Vicente (Luis Merlo), cliente del banco, bueno, cliente no, pues este Antonio Vicente tiene otras gracias, pero dinero, queda claro desde el principio que no, ni un céntimo, por eso se lo pide a Gregorio...
El problema es que lo pide sin tener luego para devolverlo, problema con el que a diario se encuentran miles de personas, si tienes el dinero ¿Para qué coño vas a pedírselo a nadie???
El asunto es que Gregorio le niega taxatívamente el crédito por falta de aval, solvencia y porque además no parece tenerle ningún respeto...
Hasta aquí todo parece normal, rutinario y correspondiente con la realidad diaria de cualquier oficina bancaria de este país, casi se podría decir que se trata de una auténtica repetición del día a día de mucha gente.
Pero lo que esta claro es que Antonio Vicente no es un cliente normal y, o necesita con desmedida angustia el dinero, o es un tipo muy terco, (bueno esto sin duda lo es) y no admite un  no por respuesta y, tras una discusión, bastante hilarante, donde lo mas sub-realista se mezcla con obviedades de todos conocidas y que son de Perogrullo, intenta infructuosamente convencer al director de que haga una excepción y le preste el dinero.
Pero el director, no menos terco, y firme creyente de que la confianza que la empresa tiene depositada en el, debe ser correspondida por el con el cumplimiento estricto y firme de su obligación, siempre con el anhelo de beneficiar al banco, se niega una vez tras otra...
Entonces llega el momento clave... Antonio repara en la foto familiar que descansa en la mesa del ejecutivo y queda sorprendido por la belleza de la mujer de Gregorio, entonces, inspirado por esta imagen familiar encerrada en un marco del Ikea, desesperado y quemando las naves, el joven e insolvente Antonio lanza su argumento definitivo, su proclama última, su amenaza disfrazada de aviso  bienintencionado:
- Si no me da el dinero, yo me follaré a su mujer -



A partir de aquí se establece un tour de forcé entre ambos, un dialogo de vertiginoso discurrir, estrambóticas conclusiones y divertidas coletillas que llevan a uno y otro a adoptar posturas irreflexivas, inmaduras y atemorizadas en el caso de Gregorio y amenazantes pero utópicas en el de Antonio...



Hasta el final, ya todo es un despropósito, pero un despropósito divertido, ligero, pero con poso de crítica al sistema bancario, económico y social, con un deje de rancio color marrón machismo y una recreación de la injusta y cruel situación social relacionada con el mundo de los divorcios...de algunos divorcios.
En resumen, divertidísima obra, que transcurre en un suspiro, donde se mezclan las carcajadas con el gesto admirado en el rostro que provoca la última barbaridad que lanza cualquiera de los dos únicos personajes sobre el escenario (hay otros que están en la trama sin aparecer) y que parece superar en desatino a la anterior, mas que recomendable, fantástica además para reírse un poco de ciertos dramas muy de actualidad, y que no esta de mas que, por 90 minutos al menos, podamos relegarlos al simple estatus de delirio cómico.
En cuanto al elenco, muy bien ambos actores, ágil y gracioso en su soberbia y engreída seriedad, venida abajo por un desgarramantas fracasado como Antonio, en el rol de Hipólito, (que gran actor), y perfecto de teatralidad y gesto casi bufonesco un Luis Merlo que logra infundir incluso ternura.
Magnifico texto, muy en la base clásica de la comedia ligera americana, fluido y sin silencios, del escritor Jordi Galcerán, uno de los mas importantes dramaturgos del panorama teatral español sin duda, que ha cosechado triunfos importantes con obras como "El Método Gronhold", "Carnaval" o "Burundanga".
Texto magníficamente entendido y desarrollado en escena  por Gerardo Vera, quien sabe absorber las realidades humanas que también exhala el texto y las pone con ligereza en la representación sin mermar el espíritu ligero y cómico de la obra.
Fantástica opción, si pasa por vuestros teatros mas cercanos no os la perdáis, es divertida y en cierto modo incluso didáctica... y hasta terapéutica.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Jason Isbell - "Southeastern", (2013) - Otro disco bonito"


El año pasado parecía complicado, y lo fue, el confeccionar una lista con los mejores discos del año, mucha vaca sagrada con vueltas al curro, con nuevos y bastante buenos discos: Springsteen, Dylan, Young, The Cult, Van Morrison, Rush, ZZ-Top, Dr. John, Cohen, McCartney...parecía que se habían puesto de acuerdo, convinado con discos sorprendentes como los grabados por Chuck Prophet, M. Ward, Colin Moore, Los Hermanos Robinson, Blackberry Smojke, Tedeschi y consorte...una matada de buenos discos que hizo difícil el confeccionar una lista reducida a unos pocos discos, y encima darle un orden lógico que sea el creador de la misma el primero en creersela...mas o menos, y después de bastantes vueltas, lo conseguimos con bastante dignidad.
Este año parecía que la labor iba a ser mas relajada, menos nombres de enjundia, menos glorias vivas, mas tranquilo el asunto vaya...pues no, el mercado se ha llenado de discos de diferentes texturas pero que atesoran calidad, mucha gente joven pendiente de colocar los pies definitívamente en el interior del tren que les lleve al barrio de la consolidación y que, alguno con su último trabajo debajo del brazo, puede conseguirlo.
Este año hay Rock & Roll, clásico y adrenalítico, viejas glorias destilando licor de muchos años de maceración en corazones viejos y vividos, que han fermentado licores de deliciosa espirituosidad, y que han repartido en copas de aroma añejo y celestial en botellas que pensábamos que ya no pondrían sobre la mesa veteranos tan ilustres, pero que si...han desempolvado el quicio de la puerta de la bodega.
Y mucho disco bonito, discos repletos de acústicas que acarician el terciopelo del alma, que susurran sus emotivas proclamas personales, sus anhelos románticos, sus problemas enredados en la madeja de lana de la vida.... y lo hacen a base de cañonazos, de cañonazos de colores pastel y acústicas que quedan flotando repitiendo su historia como una plegaria, de pianos empeñados en no dejar solos a sus hacedores, en voces que sin elevar el tono se hacen entender a base de sentimiento vibrando en la boca en pleno canto intimo y reflexivo, discos bonitos, llenos de bonitas canciones, que además son sinceras y humildes, reflexivas y suplicantes.
Conrad Shiner, David Lumming, John Corbett o Turner Cody son claros ejemplos de esto que comento y que están invitándome a que les incluya en la famosa listita de fin de año.


Pues señores se les ha unido uno mas, y creanme que la competencia de este señor es dura, muy dura porque es disco que hace unas semanas ha publicado Jason Isbell es una auténtica maravilla.
El ex Drive By Truckers ha dado un giro al estilo que le confirmo como uno de los grandes músicos americanos del momento y nos ha regalado un trabajo mucho mas intimo, lírico, reflexivo y dominado por la acústica desnuda abrazando la sincera voz de Isbell, sincera porque lo es, y mucho, el cantante de Athens nos habla de sus problemas, especialmente los derivados de su adicción al alcohol, y las consecuencias que le han ocasionado, y lo hace de forma desnuda, pensando en voz alta sobre este tema y también otros, reflexiones encuadradas en auténticos delirios melódicos de dulce recorrido lírico, estribillos susurrantes, pianos que parece que no están pero que redondean las canciones y arreglos sencillos, que pasan desapercibidos, algún aporte country o racial y mucha emoción, mucha desnuda emoción.
El disco lo produce con elegancia y sencillez Dave Cobb, y en el intervienen miembros de su antigua banda, 400 Unit, que tan buenos resultados dio tanto en estudio como en escena, Kim Richey, cantautora country que dulcifica con su voz el tema "Relatively Easy", bella tonada, simple y acariciadora que cierra el álbum.


Amanda Shires que aporta el color broncíneo de su feddle regalando brisas countrys con sus lamentos en temas como la maravillosa "Traveling Alone" sincera, descarnada y triste.
Chad Gamble y Jimbo Hart, en la sección rítmica, se encargan de que los temas tengan tiempo y latan, que no mueran de belleza y lo consiguen, Derry DeBorja hace, como hacía con 400 Unit, que sus teclas sean la argamasa que une todo en una estructura de fina seda que flota dejando estela de color y movimientos delicados tras de si, sin hacer ruido ni estruendo.


Un par de rockandrolles de poderosa sonoridad interrumpen momentáneamente los momentos de plácida reflexión, nos hacen abandonar la cimbreante paz de la mecedora y nos ponen en pie, haciendo que las botas claven su emoción contenida en el pavimento, dando un respiro al cerebro, que sudoroso disfruta de dos fantásticos y necesarios cortes rockeros: "Flying Over Water" y "Super 8", mas country y agresiva, un despilfarro de electroenergia, fantástica...



"Cover Me Up", abre el disco y es sencilla pero compleja, melodía perfecta, actuación vocal de excepción, slides aullando en lontananza, bella como un amanecer estival, "Stockholm" es otro medio tiempo de hermoso transcurrir melódico, cantado con la inestimable cobertura de la sta. Richey, un tema de reminiscencias countrys de dulce recorrido. "Elephant", "Diferent Day" o "Live Oak", son temas de sincera puesta en escena sónica, con un Isbell que canta con la voz de la garganta y la verdad que solo sabe destilar un alma que ya descansa, un hígado que ya ha purgado sus pecados y lo ve todo de otro color, un Isbell que canta como nunca, y que crea belleza en base a una sincera reclama que comparte con todo aquel que le quiera escuchar, un músico sincero, desnudo ante su arte y su vida, un artista de excepción...
Tanto "New South Wales" como "Yvette" son dos canciones rotundas, fieles a la realidad del disco que nos regala Jason, creen en un futuro mejor, mas optimistas insisten en llenar el aire de la mejor convinacion de corcheas que pueda imaginar un corazón anhelante de bellas provocaciones musicales, guitarras timoratas que dejan impronta de su compañerismo sonoro y un bajo que dice como y cuando en comunión con una callada batería, deliciosos temas, como todo, aboslutamente todo el disco.





Recuerdos romanticos en la calmada y apacible "Songs That She Sang In The Shower", cantada con la calma que da cuando ya, el pasado, no duele...
Precioso disco de Jason Isbell, que gira hacia adentro en esta ocasión haciendo un ejercicio de terapia personal y un desparrame de sensibilidad desnuda y franca que brilla con una luz tenue y hermosa, esa que viene del interior del corazón sanado y ansioso de salir a contar su historia y catartizarse así mismo, y empezar a volver a ser libre...
Imprescindible trabajo para todos los amantes del folk, rock, country y lo que deseéis, pero escrito bajo la barita del hada de la melancolía y el lírismo...Estará en la lista de fin de año seguro, ahora no se ni puesto ni con quien porque este año, por suerte, vuelve a haber mucho.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Nato Coles & The Blue Diamond Band - "Promises to Deliver", (2013).

                      

Musicalmente Minneapolis se relaciona con Prince, evidéntemente, el allí tiene su princesado y es mundialmente sabido que en esta ciudad dio sus primeros pasos el discutido e indiscutible genio purpureo.
También The Replacements pasearon sus díscolos y evasivos huesos por esta, su ciudad, aunque sus pasos dejaron menos huella en el congelado hormigón de las calzadas de la metrópolis, esparciendo su efervescencia por todo el país.
A unos kilómetros de allí, hablando ya de la rural concepción que sufre el estado de Minnesotta, se encuentra Duluth, famosa localidad por ser la elegida por la providencia para ver nacer a otro genio discutido e indiscutible, el bardo judío, ese genio que cuanto mas ha huido de su propia genialidad mas se ha pegado esta a su espalda, mas ha contaminado su cerebro y mas ha impregnado la conciencia del mundo de esta realidad tan evidente para muchos como discutible para algunos y opresiva para este trovador que asfixiado, repta su grandeza por los pavimentos de medio mundo, perseguido por la gloria, una gloria que Bob Dylan, porque si, hablamos de Bob Dylan, no desea ni ha deseado nunca.
¡Joder, que grandeza!!!, casi agobia tanto glamour, tanto denso y viscoso glamour...pues menos mal que se trata de un estado rural, un estado de gentes sencillas, cultas y educadas, gentes luchadoras, de vida tranquila que discurre entre los fríos del invierno y las gemas que la tierra les ofrece por medio de sus praderas dedicadas a la agricultura y sus minas.
La tierra de los mil lagos, zona de helada belleza, donde los arboles de los bosques aurales se reflejan como una dama coqueta en los espejos de cualquiera de esos silenciosos lagos cuyas congeladas aguas rellenan de bella luz color plomo las retinas de los visitantes y el orgullo patrio de los nativos.
En este entorno nacen y crecen dos genios de introvertido carácter que aúnan música y personalidad en una suerte de coctel de delicado sabor, sublime textura y genial espirituosidad, que no obstante nunca logra superar en presencia en las barras de los bares al siempre socorrido y refrescante Cuba-libre o al firme y temperamental Gin-tonic, mucho menos elaborados pero mas "de andar por casa", mas dados al paladar del cliente medio, aquel que agotado, sediento y en ocasiones frustrado llega al bar dispuesto a disfrutar de una dosis de frivolidad contenida, de diversión y búsqueda de la energía perdida en tragos cortos, nunca de mas de 4 minutos.


Estos convinados refrescantes que tienen como virtud la concentración de elementos revitalizantes, energéticos y vitamínicos sin perder la suave textura y el dulce y sabroso masaje que al paladar prodigan a su paso hacia el gaznate es lo que tienen otros nativos de Minnesota, la banda liderada por Nato Coles, The Blue Diamond Band.
Y así lo demuestran en este disco que desde hace unos meses electrifica el organismo de aquel que se lo echa a los sedientos labios... perdón!!! quiero decir a los anhelantes oídos: "Promises To Deliver".
Rock de basamento sencillo, acordes contados con los dedos de una mano, melodías de escasa complicación y elementos sónicos de evidencia terca y ortodoxa, coros y estribillos cercanos a la textura Springstiniana, atmósfera que recuerda a Thin Lizzy y actitud rockera repleta de adrenalina, a lo Replacements, recogiendo de las frías aceras parte de las chinas dejadas, cual Pulgarcito del rock, a propósito por Paul Westerberg en aquellos lejanos ochenta que vieron nacer a unos punks Replacements, justo antes de que Let it Be les convirtiera en estrellas.
Disco que se eleva orgulloso, con la seguridad en la fidelidad del rock and roll, incapaz de dejar tiradas a las criaturas que como Nato Coles and The Blue Diamond Band entregan sus corazones a este para que los gestione a golpe de riff y base rítmica de elevadas y violentas palpitaciones.
Sinceridad es lo que emiten los chicos de Nato Coles, sinceridad, gusto y desencuentro evidente con cualquier aproximación a una música de trascendencia artística barroca, rebuscada o pretendídamente intelectual, que los tiempos no están para estas historias.


Es por ello que este tremendo vinilo tiene en su vientre divertimento y buen rollo, entrega rockera y ganas de seguir el viaje hasta donde la capacidad de baile de las piernas responda, con ritmo y descuido.
Y desde los primeros golpes de caja a la batera y el riff springstiniano que sigue a estos y que sirve para inaugurar la fiesta sonora de este disco por medio de la festiva y bailable "See Some Lights", estos tipos nos dejan claro que los problemas van a quedar relegados a un segundo plano durante un rato, el tiempo que tarda en pasearse por tu cerebro y corazón este discarraco de energía arrolladora y rockero rugir.
Un Riff poderoso y una guitarra chillona abre "Julie, (Hang Out a Little Longer)", tema de aniquilador estribillo y replicante guitarra, Thin Lizzy se asoma a las texturas de "You Can Count On Me Tonight", refrescándolas con ese efervescente néctar tan característico de los irlandeses y que este tema derrama sobre todos con generoso despilfarro, una gozada "made for dance".



Un coche arranca y su relentí se ve acompañado por una acústica que solo sirve para que nos confiemos, pues enseguida la bateria pone ritmo al purgatorio del baile y ritmo, divertido y palpitante, a la bonita melodía de "Ecoline", unas guitarras mas cabreadas nos recuerdan a los antiguos vecinos, los díscolos Replacements, en la estupenda "Late Night Heroes", sentimiento que se repite tras la engañosa (otra vez) aportación de una acústica que insiste en hacernos creer que en esta banda hay un hueco para la ternura y el espíritu romántico....¡Y una mierda!!!, pronto calla la acústica y el espíritu Replacements con todo su sudoroso rock, caliente como el galipó recién derramado nos enerva la sangre en esta fabulosa "Rudes and Cheaps".




"The True Blue Rocker" se trata de otro retazo de rock, de actitud, de guitarras gritando su verdad, de un cantante cantando como si fuese la única forma en que la garganta le permita expresarse, como si el conocimiento del idioma solo llegase a su cerebro envuelto en corcheas.
El disco, hasta para esto van estos tíos a su bola, termina como normalmente empiezan los discos...Es decir con el tema que da título al álbum, y se trata de otro martilleante ritmo hiper activo, casi rockabilly que avanza abrazado a unos riffs poderosos, ásperos y despegados, mas preocupados en ser que en parecer. Nos vamos como llegamos, rockeando...
Se nos queda en el tintero la mas tranquila y evocadora pieza del álbum, con los aires del sur despeinando los libertarios cabellos de los miembros de la banda, brisa que les trae además una voz femenina para que dulcifique el bonito estribillo de sonoridades folks de "Hard to Hear The Truth".
Damas y caballeros, "Promises to Deliver" es un señor disco de rock and roll, de reminiscencias evidentes y tópicas, que funciona como un tiro, con ese sentido de eternidad que tiene lo hecho con el corazón, con sinceridad, con desalojo de ambición, con desprecio a lo trascendente, a lo sesudo a lo aburrido...
Creanme, los tiempos están para discos como este, para disfrutar y degustar a nuestro viejo amigo el rock, degustarlo en la barra del bar, en baso ancho con rodaja de limón, un Cubata o un Gin-tonic... o algo así, venga pegaros un lingotazo de Nato Coles & The Blue Diamond Band on the Rock.

Esta entrada la podéis ver tambien en el blog: Zeppelin Rock Sabbath, o pinchando en el siguiente enlace para entrar directamente, de paso os podéis dar una vuelta por ZRS, no os arrepentiréis

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Baron Rojo - "Tommy Baron", (2013) - ¡Pero esto que es...!!!



La celebre frase con que pillaron a Matias Prats hace unos años se hace necesaria y comprensible tras, o mejor dicho, durante la escucha del último proyecto de Barón Rojo.
Y lo es, como en aquella celebre ocasión, en el sentido negativo de la expresión, y lo digo porque lo tengo que decir, con dolor, con dolor porque uno es fan del Barón y lo es desde adolescente, porque con los años el que suscribe a disfrutado de no pocos conciertos de estos tíos, y si bien, discográficamente nunca han igualado aquellos años dorados de "Larga Vida al Rock and Roll", "Volumen Brutal", "Metalmorfosis" e incluso "La Larga Marcha", lo cierto es que encima del escenario siempre han demostrado una maestría que hace creer que los días de"Barón al Rojo Vivo" siguen instalados en los huesos y en el corazón de los hermanos de Castro, tal era la intensidad de su sonido en directo a pesar del paso de los años.
Y la culpa es mía, que cuando me entere de que los Barones estaban metidos en este proyecto, me juré una y mil veces que no lo escucharía aunque mi vida dependiera de ello, para ahorrarme disgustos...pues bien, del dicho al hecho hay un trecho y aquí estoy, comentando un hecho que era consumado antes de realizarse.
Pero es que uno encima es fan de The Who, y para mas inri, tiene auténtica devoción por Tommy, incluso la película me gusta, y eso reconozco que tiene su dosis de mérito mezclado con ceguera propia de fan adolescente descerebrado.
Lo que quiero decir es que ambas realidades se juntan, cual conjuntos binarios superponiendose y creando así un espacio, una intersección donde habitan ambas realidades...ese espacio intersecto es en el que creo que puedo habitar y comprobar que es donde la labor de Barón Rojo queda no solo en entredicho, sino casi en ridículo.


Tommy es una obra de enjundia, psicodélica al extremo, no es sencilla, ni siquiera lo es para el oyente seguidor de los británicos, la música es por momentos densa y opresiva, pero las melodías son fluidas y dulces, de fácil seguimiento superficial.
La trama es complicada, demasiado empapada de sentimiento épico-filosófico, con una carga litúrgica en ocasiones absurda, con una excesiva dosis de metafísica casi oriental...todo esto influye, como es lógico, en la letra de las canciones, pues al tratarse de una opera-rock, porque Tommy, no lo olvidemos, es una ópera rock, influye digo, en el texto de las canciones que resultan, escuchadas en los días actuales, un compendio de situaciones estrambóticas de infalntil sentido metafísico y pseudo-filosófico. Por todo ello resulta aún mas incomprensible el interés de plasmar este deslate argumental en castellano.
Pues lo hacen, y no seré yo el que diga que lo hacen  mal, o poco fiel al original, pero la carga ridícula e intensa no se la quita nadie, y hoy por hoy, este tipo de historias no funciona, no funciona ni de coña.
En cuanto al sonido, Barón Rojo intentan llevarlo lo mas cerca de sus dominios sónicos, el intento es sincero y bienintencionado, no me cabe duda, pero es que sónicamente tampoco es una obra que "case" demasiado con esa suerte de heavyrock-urbano que siempre han practicado los madrileños, pero estos, profesionales donde los haya, han intentado que la partitura de Townshend suene a Barón sin dejar de sonar a The Who, que suene a siglo XXI, sin dejar de sonar a pleno verano psicodélico californiano, con sus aciertos y equivocaciones, que es precisamente, esa mezcla, la que hizo del sonido lisérgico algo adictivo, magnético y embaucador.
Francamente, no hay un solo corte que me convenza, innecesarios muchos de los arreglos, lo mismo en algunos momentos crees estar escuchando a los Queen de Flash Gordon, que a uno de esos grupos que se dedican al falso folk irlandés, pero que es pop barato y simplón, secciones instrumentales excesívamente largas y repetitivas, otras demasiado pretenciosas, y la mayoría, rutinarias, predecibles y poco apropiadas.
Esfuerzo baldío, que además no soporta la comparación con el original ni un solo minuto y que deja en un lugar bastante incomodo la credibilidad como banda de Barón Rojo, algo que después de mas de treinta años de carrera no debería ocurrir ni en bromas, pero que a golpe de galleta sonora, desmigada en la partitura original y perdida en la arena del desierto ocurre.
No os voy a pedir que lo escuchéis, y menos si tenéis, como es mi caso, aprecio por la banda reina del heavy en España, pues aquí ni su capacidad como músicos les consigue salvar, algún solo guitarrero de Armando y poco mas...




Fallo que espero sepan reparar en su próxima entrega, donde imagino se limitarán ha ofrecer a sus incondicionales lo que saben hacer realmente, rock, de poderoso y metálico perfil, de épicas y orgullosas letras, y se olviden de experimentos raros que a estas alturas solo pueden perjudicarles, pues no creo que funcione ni siquiera comercialmente.
Sres. De Castro...otra vez será...su mas sincero admirador.
Addison de Witt.

martes, 17 de septiembre de 2013

...And Cine By Addison de Witt - "Perdición", (1944) - Billy Wilder.




LOS QUE LA HICIERON:

Dirección: Billy Wilder, (USA), B/N, 106 minutos, 1944.
Reparto: Fredd McMurray, Barbara Stanwick, Edward G. Robinson, Porter Hall, Jean Heather, Tom Powers.
Guión: Raymond Chandler y Billy Wilder, adaptando la novela de George M, Cain.
Música: Miklos Rozsa.
Fotografía: John F. Seitz.
Estudios: Paramount.



LO QUE PASA:

- "¿Como iba a imaginar que el asesinato podía oler a madreselva?...

Siempre que pienso en "Double Indemnity", titulo original del film, me viene esta frase a la cabeza, no lo puedo evitar.
Es lo piensa Walter Neff (Fred Mcmurray), agente de seguros de la compañía Pacific All-Risk Insurance Company, cuando, en la madrugada, desperdicia sangre, recuerdos y  amarguras a partes iguales en su despacho, mientras confiesa todo a una vieja grabadora y espera...¿que espera?... Realmente espera que ocurra lo que ocurre, realmente solo quería despedirse de su amigo, confesarle la verdad y decir adios a  su único amigo: Barton Keyes (Edward G. Robinson)...que es quien, avisado por el portero del edificio, llama a la policía entregando a su amigo, con el dolor y la desilusión escarificadas en el rostro...
Ya se ha confesado, lo ha grabado todo, ha dejado constancia de los echos que sin duda le llevarán a la cámara de gas, si es que sale con vida de esa noche, de esa noche de confesiones, de últimas demostraciones de virtud, de sangre propia, ensuciando el costado, y ajena...ensuciando las manos, ensuciando el cerebro...destrozado el corazón... 
Pero empecemos por el principio: A la vuelta a casa tras un día de trabajo, el agente Walter Neff pasa con el coche por casualidad por delante de una urbanizacion venida a menos, recuerda que en ella vive un cliente que tiene algunos seguros a punto de caducar, decide hacer un alto y visitarle con la intención de lograr una renovación de los mismos y no perder la comisión.
El cliente, El Sr. Dietrichson, no se encuentra en casa, la que si se encuentra es su mujer, Phyllis (Barbara Stanwick), joven, misteriosa y sensual...armada con una pulsera en su tobillo izquierdo que desde el primer momento destroza los nervios y el poder de auto-control del joven e impetuoso agente.
La señora Dietrichson convence a Neff para que haga firmar a su marido un seguro de accidente sin que el lo sepa, tiene miedo de que pueda ocurrirle algo en los pozos petrolíferos en los que trabaja, aunque su propósito es otro, es un propósito mucho menos piadoso, una oculta intención, asesinar a su marido, cobrar el seguro y deshacerse de su ahijada...



Neff se da cuenta enseguida de las intenciones de la turbadora Sra. Dietrichson y rápidamente se niega, pero de vuelta a casa, mientras rememora la madreselva, olor que invade la avenida de la casa de los Dietrichson,  - "Como iba a imaginar que el asesinato podía oler a madreselva?...- Walter Neff se sabe perdido, atrapado por esa mujer, sabe que lo hará, sabe que, sin buscarla, ha encontrado su "Perdición".
Tras una viscosa visita nocturna de Phyllis a Walter, rápidamente se ponen de acuerdo, lo mataran entre los dos, y además utilizarán una clausula de doble indemnización, que consiste en cobrar doble si el accidente se produce en un tren, harán que Dietrickson coja un tren, y tenga el accidente allí...
El único problema es el astuto e intuitivo investigador de la compañía: Barton Keyes (Edward G. Robinson), amigo de Neff, al que este da palique, además de encenderle los cigarros con cerillas, pues Keyes acostumbra a no tener fuego.
Aprovechando que el señor Dietrichson, tras un accidente sin importancia tiene que llevar muletas, le consigue su mujer convencer para que vaya a un viaje de negocios en tren, en el trayecto a la estación es asesinado por Neff, y sustituido por este en el tren, donde fingen una caída desde la plataforma del mismo...Todo a salido bien, ahora toca esperar y cobrar el seguro...
Hasta aquí la primera parte del film, en la segunda se relata como se cierra el circulo sobre la pareja, la angustia empieza a hacer mella en los personajes, los enanitos de Keyes (que habitan en su estomago y le advierten a golpe de úlcera que algo no va bien), empiezan a ponerle sobre aviso, lo que hace que fuerce la máquina del instinto y apriete la historia trazada por la pareja...
En la segunda parte, los asesinos empiezan a desmoronarse, empieza a cundir el pánico,
-"El asesinato es un viaje en tranvía, y la última parada es el cementerio, pero este viaje lo haremos juntos..."
Esta frase oscura, seca, amenazadora...premonitoria, sella la declaración de guerra en la pareja, un sálvese quien pueda...
De aquí al final, sudor, tensión y angustia, hasta el desenlace en la madrugada, en la oscura y polvorienta oficina del piso doce donde los cilindros de la gravadora serán los primeros en enterarse de todo de propia voz de Walter Neff.

LO QUE PIENSA ADDISON:

Obra Maestra, redonda y perfecta, hay casi mas que contar de la gestación del film, los problemas de Wilder a la hora de trabajar con Chandler, (un milagro de la espontaneidad que saliese algo así de aquella relación personal y profesional), los dimes y diretes para la elección de la pareja protagonista.
McMurray fue elegido tras varias negativas de George Rafft o Gregory Peck entre otros.
Tubo que ser el propio Wilder, quien tras una angustiosa charla, consiguió convencer a la Stanwick de la conveniencia para ella, como actriz, de meterse en la piel, bajo la peluca rubio platino, y dentro de la pulsera del tobillo de la Sra. Pyllis Dietrichson, pues era reacia al papel al pensar que era una mujer demasiado cruel, fria y envaucadora, y todo esto no podía suponer una buena imagen pública para la estrella que indiscutíblemente era la gran Stanwick, se equivocaba, desde este rol, Barbara Stanwick supero la barrera que separa a la estrella, eterna y brillante en el papel cuché, a la actriz respetada y saludada como artista.
Partiendo de un guión de hierro, indestructible, y una fotografía siempre idónea, claroscuros de autentico brillo narrativo en la casa de los Dietrichson, polvo y negrura, pesimismo y malos presagios en el aire encerrados en el pequeño apartamento de Neff, noches oscuras, días no demasiado claros para ser California, interiores iluminados de forma perfecta...una labor fotográfica importantísima a cargo de John F. Seitz.
Magníficos los actores, McMurray en el rol de su vida, mejor en los momentos claros que en los oscuros, pero lineal y compensado, sensacional la Stanwick, presentado a una mujer lasciva, traidora y sin escrúpulos, sensual hasta el punto justo, nunca fulana, pero si fatal, dispuesta a todo, ambiciosa y letal, enorme interpretación de una de las mas grandes del Hollywook clásico.
Y Edward G. Robinson, un hombre a un cigarro pegado, hablando de sus enanitos, sudando entusiasmo por su trabajo, mostrando ternura únicamente por Neff, y disfrazándola de respeto profesional... un hombre solo, triste y con pasado que se parapeta en su trabajo y sus cigarros para no pensar en su vida triste, que a partir del The End del film lo sera mas aún...


Una serie de secundarios que completan elenco y rellenan la trama con mas que corrección firman un reparto que brilla con luz propia contribuyendo a que "Perdición" sea la obra maestra que es.
Y Wilder, dirigiendo como los dioses, con pulso dramático, sabiendo cuando ser ligero y cuando pesado, adaptando el objetivo a la realidad psicológica de cada personaje en cada momento, sin pretender que seamos conscientes de la existencia de una cámara, que el publico solo "vea" la historia, manteniendo la tensión gracias a una labor de montaje perfecta, y a una dirección actoral de órdago, como corresponde a una leyenda, un trabajo maestro, justo y equilibrado.
Si el arroz es bueno, el pollo de corral y el marisco gallego...y encima la paella tiene el poso de la experiencia de haber albergado mil y un raciones y el cocinero es un avezado y amoroso creador de sabores, la paella sale cojonuda, no lo duden...Eso ocurre con esta maravilla del cine negro que en 1944 barrió en taquillas y opiniones críticas en medios escritos y oídos, y que se tituló "Perdición, (Double Indemnity)".